Espero que este capítulo no os parezca demasiado corto ni demasiado soso. He intentado meter un poco de todo, y hay por ahí un par de conversaciones realmente importantes, así que andad con ojo :) Cada vez estamos más cerca de las verdaderas curvas, así que id agarrándoos, porque en el próximo episodio será cuando comience la acción. Creo que tendré oportunidad de subirlo en una semana o algo más, con suerte.
Las respuestas a los reviews al final. Una vez más, gracias por vuestro inestimable apoyo. No dejéis de comentar, ya sea para dejar vuestros ruegos, opiniones, sugerencias, consejos, críticas o tomatazos. Estos últimos los recibiré con deportividad. Todos los demás, con un agradecimiento inmenso.
Para quien le interese, he subido un nuevo one-shot en inglés sobre D'Jok y Tia, Sex, en una tónica algo más adulta. Me encantaría que le echarais un ojo.
Las canciones que aparecen en el capítulo son de Paramore y Bring me the horizon. El fragmento inicial, de gran importancia y para mí una de las frases más bonitas de toda la serie, es una cita del sexto capítulo de la primera temporada.
Sin más preámbulos, allá va.
Loyal.
"I was myself but I was more than myself! It was as if, all of the sudden, I was feeling a force awakening in me that have been asleep since I was born. That's it - since I was born!"
D'Jok (temporada 1, episodio 6).
-Pronto pasará.
La chica asintió, sin mirar a la figura que caminaba a su lado. Pronto pasará, la mentira más veces repetida a lo largo de la historia, solo a la altura de No me voy a enfadar y Esto no va a doler. Las manos le temblaban sin control en los bolsillos y la tenue oscuridad que sucede al anochecer arrojaba sombras terroríficas en los callejones más recónditos de Paradisia. Sentía una angustia punzante que le oprimía el estómago y que le obligaba a centrar todas sus fuerzas en no desmayarse. Porque por primera vez, Tia estaba asustada.
La noche anterior, en sueños, todas sus pesadillas se habían hecho ciertas. Sus miedos más profundos habían tomado forma. Había presenciado la muerte de Sonny en la silla eléctrica, con ella sentada en primera fila entre sus padres como quien acude a un espectáculo de circo. Había visto cómo un criminal de rostro desconocido usaba el multifluido para sembrar la destrucción y convertir a todos sus seres queridos en cadáveres o esclavos. Había sentido al Espíritu convertirse en una especie de masa maligna con vida propia que trataba de asfixiarla, del mismo modo que había escuchado decir que le había hecho a Sinedd la Niebla. Había vuelto a la Esfera para enfrentarse con un Rocket de mirada vacía al que no era capaz de derrotar y que la dejaba tirada en el suelo, herida y jadeante, antes de que una puerta se cerrara entre ellos y Tia ya no fuera capaz de abrirla para sacarle, por mucho que arañara, chillara y la golpeara. Y había visto a D'Jok entre una masa de gente sin rostro, y había tratado de correr hacia él, pero cuanto más corría más se alejaba, hasta el punto de desaparecer para siempre en las brumas de su mente. Se había despertado con la cara empapada en sudor y, sin más remedio, se había echado a llorar. Porque por primera vez empezaba a ser consciente de había alguien ahí fuera que tenía la más poderosa arma, capaz de asolar toda la galaxia, y que perder contra él era una posibilidad, mientras que ella solo era una cría jugando a meterse en los asuntos de los mayores, pero que no había nada que pudiera hacer. Nada.
Aún así, se dejó guiar por Tristan aquella madrugada a las entrañas del planeta, a los suburbios que no aparecían en las guías turísticas, que no reflejaban todo ese esplendor y esa oda a la modernidad que Primus trataba de edificar. Se preguntó cómo en una ciudad tan joven, tan artificialmente creada para satisfacer los caprichos de las clases más altas, podía haberse generado así de rápido un barrio marginal que poco tenía que envidiarle a los guetos de Génesis. Era la doble cara de la sociedad contemporánea e industrial. Un mundo pensado para incitar al consumo y al avance, pero también para albergar y cumplir los más bajos y primitivos instintos humanos, para cobijar el crimen y el desconcierto. Ahogó un jadeo al pisar un charco de agua marrón en el que se reflejaba la luz de una farola que a duras penas permanecía encendida.
Corso les esperaba a unos metros, con el rostro oculto y resguardado bajo una marquesina. Unas sirenas se escucharon a lo lejos y las voces y cánticos de una panda de borrachos reverberaron en la noche.
No había tiempo para formalidades. Tia dejó salir su voz estrangulada entre susurros ante la indicación del nuevo líder de los Piratas.
Le explicó que Maddox había accedido a verle y que ya le había explicado el lugar y la hora del encuentro. Le narró todo lo que sabía respecto la nueva lesión que había sufrido un jugador del Torneo implicado en el Netherball, esta vez Sinedd. En pleno entrenamiento, alguien había irrumpido buscando a Dame Simbai y a Artegor y tratando de explicar algo acerca de la Niebla. Y por último, le contó la conversación que había escuchado en la mansión de Primus. El monólogo, más bien.
-Así que ese hombre, sea quien sea, dijo que los jugadores estáis produciendo multifluido. Y que algo está siendo inyectado.- murmuró Corso.
La chica asintió.
-Y era una voz de hombre.- apostilló Tristan.
-¿Estás segura de que no reconociste quién era?
-Te juro que no, Corso. Hablaba en susurros. Era imposible distinguirlo.
Corso frunció el ceño y se apoyó en la pared de la estrecha calle en la que estaban, húmeda y mal pintada, justo en las traseras de un pub para maleantes que se había convertido en uno de los puntos de encuentro que los piratas usaban en Paradisia. Puntos que, desde luego, él no había revelado a Tia, cauteloso acerca de que supiera lo estrictamente necesario.
-¿Qué varones estaban allí esa noche? Podría haber sido cualquiera de los invitados.
Tristan comenzó a enumerar, contando con los dedos:
-Primus, Maddox, otro alto cargo de Technoid…
-Harris.- se apresuró en señalar Tia.
-Harris, - corrigió él – Kennet Vandler, Zeon Ghaffar, Cam Fernsby, Wonk Roomasa, Bertrall Achenbach, Bakura, Luur, Sinedd, Micro-ice, Aarch, Warren y D'Jok.
-Dudo mucho que Bakura, Aarch, Warren o D'Jok tengan algo que ver con el asunto.- comentó Tia con frialdad, absteniéndose de añadir a la lista los nombres de Vandler y Ghaffar, a los que apreciaba, consciente de que se encontraba ante dos ácratas que no compartían en absoluto sus simpatías ni las de sus padres.
-Todo el mundo es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Pero lo mismo ocurre con la culpabilidad, Tia, no lo olvides.- contradijo Corso. – Ahora mismo todo el mundo es sospechoso, incluso Tristan o Micro-ice.
Tia no añadió nada, sino que se encogió de hombros y preguntó:
-¿Qué vamos a hacer?
-Vosotros, de momento, iros a casa. Si quiero ponerme en contacto contigo, lo haré a través de Tristan, como de costumbre.- entonces se giró hacia éste. – A ti te veo a la hora de siempre en el sitio que ya sabes. Que nadie te siga.
El chico asintió con la cabeza. Y sin despedirse, las tres figuras volvieron a perderse en la noche, uno caminando en una dirección y los otros dos en la opuesta.
[I need to feel something, cause I'm still so far from home.
Cross your heart and hope to die.
Promise me you'll never leave my side.]
Corso suspiró, apoyado en la precaria mesa. Observaba los documentos extendidos sobre la superficie, con varios de sus hombres mirando por encima de su hombro y Artie y Tristan sentados cada uno a un lado. Debían de ser las cuatro de la mañana y ninguno había pegado ojo en las últimas cuarenta y ocho horas, pero eso no había impedido a los piratas acudir inmediatamente a su llamado. Todas las unidades estaban movilizadas.
-Los potenciales sospechosos son Primus, el tal Harris, Vandler, Ghaffar, Fernsby, Roomasa, y Achenbach.- miró a los otros piratas y comenzó a repartir órdenes. – Billie, vosotros os encargáis de vigilar a Achenbach. Argon, tú y tus hombres poneos tras la pista de Roomasa y Fernsby. Vandler y Ghaffar son para el equipo de Kundera, sé que os divertiréis. Nosotros nos ocupamos de Primus y Harris. El resto de los nuestros se encargaran de facilitaros toda la ayuda que necesitéis desde Shiloh. Creo que ya sabéis cuál es el protocolo de actuación, ¿no?
Los mencionados asintieron, complacidos con el reparto. Tristan se inclinó un poco hacia delante.
-Corso, hay algo en lo que he estado pensando.- él alzó las cejas invitándole a continuar. – Maddox también estaba allí. Estamos confiando en él ciegamente, pero podría ser tan culpable de estar tras todo este embrollo como cualquier otro. ¿Y si es Maddox quien tiene el multifluido y ha inculpado a Sonny, y nosotros hemos corrido a contarle todo lo que sabemos, poniéndole sobre aviso?
El rostro del otro se ensombreció.
-¿Crees que no lo he pensado, hijo? Pero es un riesgo que teníamos que correr. Lo único que protege a ese bastardo que trata de hacerse con el control en la galaxia es que no tenemos ni idea de quién es. Si se trata de Maddox, mañana, cuando me reúna con él, será el día en el que le arranque la máscara- hizo una breve pausa, antes de añadir en un tono menos severo. – Nunca he sabido por qué, pero Sonny, de algún modo que escapa a mi conocimiento, confía en Maddox. Sí, Sonny odia Technoid y todo lo que representa, pero sabe que Maddox es un rival justo. No me preguntes el motivo, pero yo me fío ciegamente del criterio de Sonny, incluso si a veces ha tomado decisiones poco acertadas desde mi criterio.
Tristan bajó la vista, pero asintió despacio.
-No nos queda otra, a decir verdad.
-No. No nos queda otra.- Corso se incorporó despacio. – Muy bien, todo el mundo manos a la obra. Recabad tanta información como podáis y manteneos en contacto conmigo en todo momento. Procurad que no os cacen. Manteneos con vida.
Entonces giró la vista y miró hacia la luz que zumbaba en el techo de cemento, antes de añadir como para sí mismo:
-Yo también tengo trabajo que hacer.
[Come sink into me and let me breathe you in
I'll be your gravity, you be my oxygen
So dig two graves cause when you die
I swear I'll be leaving by your side]
Miraba la pared blanca que tenía en frente, perdido en reflexiones profundas. Todo en la estancia era de un color blanco, lo cual era, cuanto menos, irónico, o eso pensaba Sinedd. Todo allí parecía fuera de lugar. O puede que el único que estuviera fuera de lugar, tan negro y tan podrido, fuera él.
Estaba tumbado en la camilla con un par de cacharros anexionados a su cuerpo, en una sala de hospital aséptica y limpia. No había ventanas. Solo la luz de una lámpara fluorescente irradiaba desde el techo, dándole a su rostro una palidez mortecina.
Sentía una extraña pesadez en el cuerpo y el cerebro embotado, como si estuviera hecho de corcho. Cada pequeño movimiento exigía un gran esfuerzo por su parte, aunque implicara siquiera acariciar la sábana con la yema de los dedos. Tenía la sensación de estar en un mal sueño.
La habitación había bullido a lo largo del día con distintos visitantes que le contaron que había pasado varias horas inconsciente. Sus compañeros de los Shadows, Mei, el médico del equipo y un par de colegas a los que había mandado llamar ante la rareza del caso que les ocupaba, e incluso Artegor y Dame Simbai habían ido a verle, preocupados. La mayoría de ellos habían ido por compromiso o por curiosidad profesional. Sinedd era más consciente que nunca de que no llegaba contar con los dedos de una mano a las personas a las que de veras importaba. Le daba igual.
Dame Simbai había tratado de explicarle que se había visto sobreexpuesto a la Niebla Tóxica. Que había producido más cantidad de la que su organismo era capaz de tolerar. Según ella, el cuerpo humano no estaba preparado para soportar ese fluido del mismo modo que lo hacía un habitante de Shadow, pues resultaba tan tóxico como su propio nombre indicaba. Sinedd había sufrido las mismas consecuencias que Aarch y Artegor en su momento.
Pero, ¿por qué? ¿Por qué ahora?
Sinedd no era idiota. Sí, sabía que la Niebla no le hacía ni mucho menos un favor al funcionamiento normal de su organismo, pero también sospechaba que ese ataque no era casual. Estaba bastante convencido de que ese hijo de puta de Lord Primus estaba detrás.
Tenían un trato. Una jugosa suma de dinero para Sinedd si le ayudaba a debilitar psicológicamente a D'Jok para conseguir que huyera hacia los brazos de Primus. En el proceso, Sinedd se hizo con la chica guapa, así que, ¿cuál era el problema? Era evidente que lo que Primus quería a toda costa era conseguir que el Equipo Paradisia ganara el Torneo. Los motivos que pudiera tener para ello, a Sinedd le habían resultado indiferentes. Suponía que buscaba ganar publicidad para impulsar su negocio, su pequeña y amada Paradisia. Además, si su dichoso equipo de cyborgs llegaba a la final, se aseguraba un puesto en cuartos en la Copa Galactik Football. Más dinero, más publicidad, más ingresos. Sinedd sabía que estaba dispuesto a usar a D'Jok para ello, presionándole hasta que no lo quedara nada: con Mei engañándole con Sinedd, la traición de su querida Tia, y Sonny en la cárcel y pendiente de la condena a muerte, D'Jok era una pieza frágil. Sinedd era consciente de que Primus no tenía límites; se había planteado incluso usar a Maya. Estaba todo planeado. Pero Sinedd había logrado convencerle de que cualquier daño que le fuera causado a la madre de D'Jok sólo serviría para apartarle del fútbol durante el resto de la temporada, y él tendría que buscarse otra estrella que tirara de su carro. Lo que Sinedd no sabía entonces es que Primus estaba dispuesto a tomar medidas más drásticas, como irse quitando del medio a todo jugador que supusiera una amenaza. Warren, Kernor, Woowamboo, Luur… Todos ellos formaban parte de equipos que se habían ido viendo las caras sucesivamente con el Equipo Paradisia, todos ellos eran igualmente piezas clave y todos habían sufrido extrañas lesiones producidas por el fluido. Los expertos habían quitado hierro al asunto en los medios de comunicación asegurando que habían descuidado su forma física en el ambiente de Paradisia, que les había incitado al ocio y al descanso más que al entrenamiento duro. Otros achacaban los lamentables y puntuales episodios a las condiciones ambientales, y culpaban a los propios futbolistas de no haberse preparado para ellas. Y ahora Sinedd había caído enfermo por culpa de la Niebla, apenas tres días antes de que se disputara la semifinal entre su equipo y el Paradisia.
Pero si Primus pensaba que se lo iba a quitar de en medio así como así, estaba muy equivocado. No, desde luego que Sinedd no iba a airear todo lo que sabía. Era lo suficientemente astuto como para saber que Primus se aseguraría de tomar unas represalias terribles. Y aunque él no tenía seres queridos que pudieran ser usados en su contra, temía por Mei y por sí mismo. No iba a permitir que a su novia le pasara nada. Porque ahora que por fin había encontrado un motivo para vivir, no podía permitirse ponerlo en peligro. Pero tampoco iba a facilitarle a Lord Primus que pasara por encima de él cuando hasta hace poco aún tenían un trato.
[Cause I'm telling you you're all I need.
I promise you you're all I see.]
-Porque mires el reloj cada cinco segundos no va a pasar el tiempo más rápido.
Tia miró a Tristan, quien estaba sentado en el otro extremo de la mesa del salón. El chico no había alzado ni siquiera la vista del cuaderno en el que tomaba notas al dirigirse a ella, pero Tia enrojeció. Eran las seis de la tarde, y Corso y Duque Maddox debían estar ya reunidos, pero Tristan parecía totalmente calmado. En cambio, ella estaba medio sentada medio arrodillada en la silla y no podía parar de mover la pierna a toda velocidad. Siempre había sabido mantener la calma. ¿Qué demonios le estaba pasando?
-Lo siento.- masculló, antes de intentar centrar su atención en las estrategias que apuntaba con vistas al encuentro del siguiente martes, cuando disputarían la semifinal contra las Elektras.
Los demás no les escuchaban. Mark, Ahito y Micro-ice miraban una película violenta tirados en el sofá. Aarch, Dame Simbai y Artegor habían ido aquella misma mediodía a ver a Sinedd y aún no habían vuelto. Ane estaba en la cocina preparándose una taza de té y Thran seguía arriba dándose una ducha. Tia suspiró, consciente de que no iba a ser capaz de concentrarse, y fue también a la cocina para tomar un vaso de leche. Tal vez una tila le iría mejor, pero la odiaba con todas sus fuerzas.
-¿Por qué estás tan guapa?- preguntó arqueando las cejas a Ane, que removía su té apoyada en la barra de madera. La chica llevaba un bonito vestido de rayas de manga corta y unas sandalias negras. Además, estaba peinada y maquillada como si no planeara pasar la tarde de domingo en casa.
- Voy a ir al cine con Thran.- respondió ella con una amplia sonrisa y algo sonrojada, a lo que Tia compuso un gesto travieso.
-Vaya, te lo tenías bien guardado.- canturreó, mientras ponía la leche a calentar en un cazo.
-Acaba de proponérmelo y no me apetecía decírtelo delante de todos esos. Son más cotillas que todas las octogenarias de Akillian juntas.- hizo un gesto con la cabeza señalando a sus compañeros, que estaban absortos en sus quehaceres.
-De modo que la cosa va en serio. Lo de ayer no fue un simple beso. – comentó Tia mirando a su amiga.
-Espero que no. En realidad, no sé qué esperar. Él me gusta mucho, y no creo que Thran sea de los que buscan solamente algo… físico.
-Te aseguro que no, puedes estar tranquila. Thran es de los de la vieja escuela. De los que te dejan a las diez en punto en casa y esperan cuatro meses antes de atreverse a darte la mano.- Tia sonrió con una mueca. Le recordaba a Rocket en ese aspecto, siempre tan comedidos. En el caso de su exnovio sabía que era por timidez. En cambio, en el caso de Thran, era todo pura caballería. Irónicamente, D'Jok también sabía ser un caballero, pero eso no servía en absoluto para ponerle freno a toda la intensidad que desbordaba en cada beso, en cada abrazo, cada vez que la acorralaba contra una pared hasta que ella se sentía arder.
-En cualquier caso – dijo Ane tras dar un sorbo a su té, ajena a lo que sucedía en la mente de su amiga. – tendremos que ver cómo se desarrollan los acontecimientos. Creo que eres la única que sabe lo que pasó ayer.
-¿Que os pasasteis la tarde besuqueándoos?- Tia puso morritos.
-Sí, eso.- Ane le sacó la lengua. – Así que, por mi dignidad, procura que Micro-ice no se entere, o pasará las próximas semanas haciendo bromas a mi costa.
-¿Semanas?- Tia se sirvió la leche en un vaso. – Ane, estoy segura de que lleva años preparándose chistes a costa de Thran y está esperando el momento oportuno para ello. Habla más bien de meses.
Ane puso cara de angustia, pero en ese momento escuchó los pasos en la escalera. Ambas chicas se giraron para mirar a Thran, quien bajaba arremangándose una bonita y veraniega camisa de color azul pálido que resaltaba las tonalidades azabache de su pelo. Al alzar la vista, su mirada topó inmediatamente con una Ane sonrojada hasta la raíz del pelo y una Tia que esbozaba una amplia sonrisa más propia de Mice o Mark planeando travesuras.
-¿Nos vamos?- preguntó a la primera. Ella asintió a toda velocidad y tomó el bolso que había dejado sobre la encimera.
Thran se volteó hacia Tia con gesto amable.
-¿Quieres venir con nosotros al cine? Ponen una muy buena de Grant Wookabook y sé que te encanta.
-Sería genial, Thran, pero no voy a acoplarme a vuestra cita. Me gustan mis ojos tal y como están, - respondió en tono afectado – no quiero que Ane me los arranque.
Y se echó a reír al ver que esta se giraba, tratando de golpearla. Tia forcejeó entre risas, sujetándole las manos. Thran rodó los ojos con una sonrisa.
-Debí de suponer que ya lo sabrías. Mujeres.
-No necesito que Ane me lo cuente para saber que aquí fluye la electricidad, y no me refiero precisamente al cableado de la casa.- le dio unas palmaditas cariñosas en la cara. – Te conozco como la palma de mi mano, Thran. Id y pasadlo bien.
-¿Estás segura de que no quieres venir?- preguntó Ane más por educación que por otra cosa.
-He revisado mi agenda y no había ningún plan para hoy en ella llamado "Sujetavelas", así que sí, estoy segura. – les empujó suavemente hacia la puerta. – Venga, llegaréis tarde.
Ellos le dedicaron una radiante sonrisa y se despidieron con un "Hasta luego, vamos al cine" general, en voz alta. Pero sus compañeros estaban demasiado absortos mirando el televisor y mascullaron una poco audible despedida.
[And after all this time
I'm still into you]
Jamás olvidará el día en el que la conoció.
Tenía el pelo más rojo que había visto en su vida, y esa fue una razón más que suficiente para que I'Son decidiera acercarse a hablar con ella. Estaban sentados en la biblioteca de la universidad, a varias mesas de distancia. Él nunca había sido un experto en ligar con chicas; a sus dieciocho años, era más de sumergirse en sus libros de física buscando la cuna del conocimiento o pasar noches interminables jugando a póker y bebiendo cerveza entre amigos siempre escasos y siempre ruidosos. Pero había algo en ella que incitaba a acercarse y a preguntarle algo del tipo de ¿Nos hemos visto alguna vez antes? Y eso es exactamente lo que hizo.
La chica alzó los ojos de un ejemplar demasiado gordo como para poder resultar en absoluto interesante y levantó dos cejas muy rojas casi hasta la raíz de su rojo cabello. Y valga Dios que era jodidamente guapa, la muy maldita. Demasiado para su alcance, quizás. Pero I'Son se había levantado especialmente carismático y también especialmente irreverente, características, por lo demás, que eran dos pilares básicos de su identidad como ser humano, junto a un pragmatismo y un sentido de la lógica apabullantes y una ambición que sería su perdición algún día, aunque, por supuesto, él no tenía ni la más mínima idea.
Lo dudo, respondió ella, con un tono que dejaba claro que no iba a rebajarse a hablar con él. E I'Son, ni corto ni perezoso, arrastró una silla al tiempo que respondía:
-Entonces me pregunto por qué hemos tardado tanto tiempo. Me llamo I'Son, encantado de conocerte.
La chica le evaluó con la mirada.
-Soy Ayla, piérdete.
Para su sorpresa, él se echó a reír a carcajada limpia, atrayendo miradas fulminantes de las mesas de alrededor. Ayla también le miró como si nunca la hubieran ofendido de tal manera antes, y frunció el ceño antes de reprocharle.
-¿Es que no sabes que esto es una biblioteca?
-Jamás en mi vida me lo habría imaginado.- pestañeó él. – Soy nuevo en la ciudad, ¿sabes?
-¿Ah, sí? ¿Y en el lugar del que te escapaste lo de acosar a desconocidas es costumbre? Porque siento decirte que aquí lo consideramos delito.
Sus ojos de un castaño intenso llameaban y sus manos de uñas cortas y bonitas agarraban el libro con fuerza. Tenía las pestañas tan largas que se le enredaban unas con otras, dando a su mirada un aspecto cautivador.
-Pero si no somos desconocidos, Ayla. Llevamos dos minutos hablando y ya sé tu nombre, qué estudias, de dónde eres y que tienes un rechazo sistemático y patológico a cualquier demostración de simpatía. Eres un libro abierto, más aún que ese que vas a acabar destrozando como sigas imaginando que es mi cuello.
Las cejas de Ayla se hundieron hasta formar una sola línea fulminante que hizo que I'Son sonriera aún con más ganas.
-Tú no sabes nada de mí.
-Bueno, creo que discrepamos.- I'Son se echó hacia atrás en la silla y flexionó los brazos, apoyando la nuca en las palmas. – Por tu forma de hablar eres, obviamente, de Akillian. Reconozco perfectamente el acento porque mi padre es de allí, aunque me crié en Habrón. Además, sostienes un manual bastante grande sobre Historia de la escritura, con lo cual, o bien estudias en la facultad de Filosofía y Letras, o bien deberías buscarte seriamente un hobby.
Ayla enrojeció hasta que su rostro adquirió el mismo color que la melena que caía lisa sobre sus hombros. Miró al chico de cabello color arena y expresión insolente como si deseara más que nada en el mundo poder hacerle explotar con solo un pestañeo.
-Tienes razón, debería buscarme un hobby. Por ejemplo, podría ir contigo de biblioteca en biblioteca dedicándome a espiar a la gente.
I'Son rió entre dientes.
-Ayla, se me ocurre otra infinidad de cosas que tú y yo podríamos hacer en nuestros ratos libres.
Los chistidos se hicieron más fuertes a su alrededor, pero Ayla estaba demasiado indignada como para hacerles caso siquiera. Miraba a I'Son como si no pudiera creer que tanta falta de vergüenza fuera posible.
-¿Crees que no conozco a los capullos como tú? Me has mirado, has creído que tenías alguna posibilidad de llevarme a la cama, has tratado de hacerte el gracioso y has pensado que un par de trucos que en otra ocasión te habrán abierto las piernas de alguna pobre idiota te servirían conmigo. Pues siento decirte que no es así. Si pretendías divertirte a costa de alguien esta tarde, te has equivocado escogiendo.
-Eh, eh, cuánta agresividad.- I'Son alzó las manos en señal de paz. - ¿Quién juzga a quién ahora? En ningún momento he pensado que fueras idiota, dejando a un lado, claro que eres de Letras, ni mucho menos esperaba reírme de ti, sino más bien contigo, pero veo que el sentido del humor es la gran asignatura pendiente de las chicas en este sitio.
Y ahora sí, Ayla parecía a punto de abalanzarse sobre él para coserle la cara a puñetazos.
-¿Qué problema tienes con que estudie Humanidades?
-No pienso que seas estúpida, o de lo contrario no habrías llegado a una universidad de tanto prestigio como esta, pero estás hablando con un estudiante de Física. La inferioridad es evidente, por mucho que trate de adecuar mi registro para que no te resulte difícil entenderme.- él sonrió burlón. No sabía por qué, pero le encantaba hacerla de rabiar.
-No, permíteme a mí hablarte en términos que te resulten conocidos. Si en una partícula de metano eliminamos cuatro átomos de hidrógeno y un carbono, ¿cuántos átomos quedan? – y antes de dejarle contestar prosiguió. – Cero, exacto, como la gracia que tienes. Así que lárgate a jugar a tu laboratorio y no salgas de allí hasta que no aprendas a hablar con otros seres humanos sin que esa pretenciosidad que te sobra salga a relucir con cada sílaba que pronuncias. Supongo que tu única amiga es una probeta y por eso te cuesta tanto entender que tus intentos de hacerte el gracioso están totalmente fuera de lugar.
I'Son parpadeó. Justo en el instante en el que cerró la boca, Ayla supo que se había pasado, pero era tarde, y además, se lo había ganado por ir de listo. Se mordió la punta de la lengua, sin saber si añadir algo o no, pero entonces habló él:
-En realidad la probeta tiene un sentido del humor bastante pobre, pero quien se lo pasa de lo lindo con mis chistes es el matraz.
Y Ayla no pudo reprimir una sonrisa de esas que sólo es capaz de arrancarnos alguien a quien acabamos de conocer unos minutos antes.
-¿Vas dejar que te invite a un café?- aventuró él.
-Sabes cuál es la respuesta.- masculló la chica, aún sin borrar la sonrisa de su cara, y centrando la vista en su libro.
-Entonces pienso seguir viniendo cada día y sentándome a tu lado hasta que esa respuesta cambie.- prometió mientras se incorporaba, listo para ir a por sus cosas y sentarse junto a ella.
-No va a cambiar.
-Eso pensaban quienes afirmaban que existía una única galaxia y mira ahora. Las reglas están para cambiarlas, Ayla.- y le guiñó un ojo antes de caminar hacia su mesa.
Y cumplió su palabra. Siguió cumpliéndola, día tras día. Tuvo que aguantar los intentos por parte de ella de ignorarle, el silencio, las miradas fulminantes, las horas perdidas. Aguantó. Y las reglas finalmente fueron reescritas. Porque I'Son habría de esperar un año y cuatro meses, pero finalmente ella aceptó el café que le ofrecía. Recuerda ese día a la perfección porque Ayla llevaba el pelo suelto y un jersey blanco que a él le recordaba a todo lo bueno del mundo, y ahí fue cuando empezó la suerte.
Eso es, a decir verdad, todo lo que le queda a Sonny Blackbones en ese momento. Recuerdos.
[Some things just make sense
And one of those is you and I.]
No fue una decisión premeditada ni mucho menos. Estaba sentada en un taburete, sorbiendo su taza de leche humeante y mirando por la ventana, cuando se le ocurrió. Y pensó que era lo justo. Por eso, subió apresuradamente a su habitación, se cambió la ropa de estar por casa por un peto y se recogió el pelo alborotado en una coleta y volvió a bajar con premura. Cuando lo dijo en voz alta, sus amigos la miraron. Y Ahito le preguntó si podía acompañarla.
Ambos caminan por la calle, el uno junto al otro. El sol estaba cada vez más bajo en el horizonte, por suerte, porque había sido un día caluroso como Tia recordaba pocos.
¿A dónde iban? A ver a Mei.
Le había llegado la idea de manera espontánea, pensando en Sinedd y en lo mal que lo debía estar pasando su amiga. Y recordó que ahora Mei estaba prácticamente sola. Y que por mucho que se hubieran distanciado y por mucho que le doliera que su relación ya no fuera la misma, merecía saber que tenía apoyo. Ahito, uno de los mejores amigos que Mei había tenido en los Snow Kids, se ofreció para ir también sin dudarlo.
Por el camino, charlaron animadamente. Ahito no era la típica persona que Tia esperaba que ahondara con ella en temas profundos, abstractos, reflexivos, y eso le agradaba. Para eso ya tenía a Thran, con el que podía pasar horas debatiendo sobre filosofía o política. No es que Ahito fuera menos inteligente, pero era una persona llana, despreocupada y tremendamente sencilla y algo simplista, que reducía el mundo casi al absurdo. Tenía una mirada inocente y optimista que Tia admiraba en cierto modo. Por eso, prefería charlar con él de música, de fútbol, de gustos en común, el tipo de conversaciones que tendría con un primo de su edad. Por eso le sorprendió detectar cierta preocupación en las tenues arrugas de su frente.
-Es una tontería, no importa.- respondió él cuando la chica le preguntó.
-Vamos, Ahito, te conozco bien. Puedes contármelo.- le animó ella. - ¿Es por Mei? ¿Te preocupa que pueda sucederle lo mismo a ella?
Él se miró los pies y permaneció en silencio antes de contestar.
-Sí y no. Es evidente que me asusta un poco que la Niebla pueda hacerle algo a ella también, aunque, si bien es menos tolerante a ella que Sinedd, y eso es obvio, también lleva expuesta menos tiempo.- vaciló un momento. – Es que… veo lo que les está pasando a esos jugadores. A Sinedd, a Warren, a Luur… Y pienso en la enfermedad que yo tuve, la que aún siento que sigo teniendo. – se miró las palmas de las manos, las venas en los brazos, como si pudiera sentir la magia azul fluyendo a través de sus venas. - ¿Y si les pasa lo mismo que a mí? ¿Y si el Espíritu, o la Niebla, o el Calor de Wambas, en última instancia, no son buenos? ¿Y si estamos sufriendo las consecuencias de un poder que no podemos controlar?
Tia tragó saliva. Ahito la había sorprendido francamente. Nunca había pensado en ello siquiera. No se imaginaba lo terrible que tenía que resultar para él saber que el Espíritu, el mismo poder que a unos les daba fuerza (empezando por ella misma), parecía querer atacarle desde dentro.
-No lo había pensado.- confesó. - ¿Temes sufrir una recaída?
-Sí.- afirmó él. – Y me gustaría poder saber por qué nos sucede esto, por qué solo a unos pocos, y porque a tantos precisamente ahora.
-Tal vez sea cosa de este planeta.- murmuró Tia. – Hay algo en él que me inquieta. Es algo que no puedo explicar. Como si toda la belleza de este mundo fuera… Letal.
Y Ahito asintió, dando a entender que le sucedía lo mismo. Ninguno habló durante unos minutos, perdidos en sus propios pensamientos. Estaban llegando a la residencia de los Shadows.
Cuando Mei vio a sus amigos, fue como si una oleada de calma se extendiera por su cuerpo. Estaba sentada en suelo, junto a la puerta de la enfermería, donde Dame Simbai examinaba a Sinedd. Le había pedido que esperase fuera, y la chica, hecha un nudo de nervios, se había dejado caer contra la pared del pasillo. Era la tercera exploración que le hacían en lo que iba de día.
De modo que, cuando vio a Tia y Ahito aparecer por el otro extremo del corredor, se incorporó y fue a abrazarles, como una hija que corre hacia los brazos de sus padres.
-¿Cómo estás?- preguntó Tia, tomando suavemente sus manos.
-Asustada.- contestó ella. No hacía falta que lo jurase. Bajo sus bonitos ojos azules había unas profundas ojeras que desentonaban totalmente dentro de la armonía de su rostro.
-¿Qué es lo que le ha pasado?- preguntó Ahito.
-Según Dame Simbai y el médico del equipo, es lo mismo que les sucedió a Aarch y Artegor. La Niebla le hace daño. Ha abusado de ella.- explicó Mei.
-¿Tú estás bien?- inquirió Tia con una mirada de preocupación.
-Sí, perfectamente. No he notado nada diferente.- aseguró la otra. – Aún así, apenas usé la Niebla durante el entrenamiento. No me gusta usarla. Me hace sentir… Enfadada. Exhausta a veces.
Ahito ladeó el rostro, visiblemente consternado, y Tia suspiró.
-¿Podrá jugar la semifinal?
-Está dispuesto a hacerlo aunque tenga que ir con el gotero puesto y con la bata de hospital.- resopló. - Dice que jamás se perdonaría no jugar ese partido, ni me perdonaría a mí que se lo impidiera.
-Muy Sinedd.- masculló Ahito.
"Y muy D'Jok", pensó Tia, pero no dijo nada. En última instancia, todos eran iguales. Incluso ella.
-Simbai dice que no puede prometerle que vaya a estar en condiciones de salir al campo, al menos no a disputar todo el partido. Es dentro de tres días, al fin y al cabo. Él ha tenido que jurar que no empleará la Niebla si le permitimos jugar.
-Espero que se recupere.- murmuró Tia.- Tiene que estar pasándolo realmente mal.
Nunca pensó que fuera a sentir compasión de Sinedd. Nunca pensó que fuera a verle tan vulnerable.
-Así es.- suspiró Mei. - ¿Por qué no dejáis que os invite a un café? Realmente lo necesito, y así podremos charlar un rato. Siento que hace siglos que no nos vemos.
Sus excompañeros aceptaron, y se dejaron guiar a la cafetería que había nada más cruzar la calle. Allí, conversaron sobre un poco de todo, aunque más con cordialidad que con verdadera confianza. Mei les preguntó qué tal estaban todos y les aseguró que les encantaría pasar un día con todos ellos, ir a almorzar, divertirse como en los viejos tiempos, y les prometió que les llamaría. Pero Tia sabía en lo más hondo que era del tipo de llamadas que nunca se acaban produciendo.
-¿No tienes nada que contarme?- le preguntó Mei en un momento en el que se quedaron solas, cuando Ahito fue al baño.
Tia la miró, sin saber bien a lo que se refería. ¿Era una pregunta inocente o había conocimiento de causa detrás?
-No.- respondió con llaneza. – Mi vida en los últimos meses se ha reducido a trabajar duro. Fútbol y más fútbol.
-¿Ningún chico?- Mei esbozó una sonrisa sutil, jugueteando con la cucharilla de su taza de café vacía.
-La verdad es que entre entrenamientos y partidos, no me queda mucho tiempo para las citas.- dijo Tia con tono sarcástico. – Ni me apetece, en realidad. No creo que sea el mejor momento.
-¿No has sabido nada de Rocket?- preguntó Mei.
Tia sacudió la cabeza. En realidad, cada vez pensaba con menos frecuencia en Rocket, porque había otra ausencia que la atormentaba muchísimo más, y no sabía cómo sentirse al respecto.
-No. Espero que esté donde esté, se encuentre bien, pero ya no nos debemos nada.
Mei la analizó en silencio, haciéndola sentir tan incómoda que Tia tuvo que bajar la vista. Sentía como si sus ojos la atravesaran y trataran de escarbar en su mente. Probablemente, estuviera recordando lo mal que lo pasó durante la segunda Copa, y así era. Mei estaba francamente sorprendida de que lo hubiera superado con tanta entereza. En realidad, no le había quedado otra. Y había pasado casi un año desde que él se había ido sin dejar rastro. Para Tia, Rocket se había convertido en un desconocido. Todos los recuerdos que tenía en común con él parecían pertenecerle a otra persona, como si hubieran ocurrido en otra vida. ¿Seguía siendo la misma? ¿Había cambiado? ¿Cómo hacer para no perderse dentro del nuevo caos que parecía reinar en sus vidas?
-¿Y de D'Jok? ¿Nada nuevo?- preguntó Mei a bocajarro. Honestamente, la pilló desprevenida. Se sorprendió a sí misma respondiendo con un comentario punzante, que distaba mucho de ser una respuesta a su pregunta.
-Tú fuiste su novia durante tres años y medio. Deberías saberlo mejor que yo.
Había dureza en el tono con el que lo dijo, y Mei se dio cuenta. Torció ligeramente la boca. Durante unos minutos, ambas se miraron fijamente a los ojos, como midiéndose. Muy lejos de ser las mejores amigas que habían sido por tanto tiempo.
-Tres años y medio con pausas, idas, venidas, y terceras personas, si te interesa saberlo.
Aquello fue totalmente inesperado. Tia abrió la boca, sorprendida. Sabía que Mei y D'Jok se habían dado un tiempo en más de una ocasión, que en su relación había habido muchos picos, periodos buenos y periodos terriblemente malos, y que habían llegado a estar un par de meses separados. Pero desconocía que hubiera habido cuernos ni nada por el estilo. Mei pareció leerle la mente.
-No, Tia, no me refiero a las chicas que D'Jok se tiraba cada vez que tenía la oportunidad, cuando discutíamos y yo le pedía que lo dejáramos temporalmente. La verdad es que nunca perdió el tiempo. Pero esas no me interesan, ya no. A él no le importaban lo más mínimo.- su voz se volvía más y más fría por momentos. – Las que de verdad me preocupaban eran las que se abrían paso a su corazón. Las que me lo quitaban por momentos, sin ni siquiera darse cuenta. No sé si en algún momento fuiste consciente, pero desde que Rocket se fue a jugar a Netherball, pasabas más tiempo con mi novio que yo misma.
El rencor en sus palabras era tan obvio, que Tia sintió ganas de echarse a llorar. Porque por primera vez se dio cuenta de que D'Jok sentía algo por ella incluso estando con Mei, de que ella era la única que parecía no haberlo visto, de que incluso Mei lo sabía. Y que en algún lugar de su corazón, aunque fuera pequeño y recóndito, debía de odiarla por ello.
Y, por otra parte, ella sabía que D'Jok no era ningún santo, que había tenido sus pequeñas conquistas. Pero pensaba que todo eso había sido antes de salir con Mei. Y ahora se enteraba de que, durante todo ese tiempo, había habido otras. Chicas de una noche, chicas sin rostro, que no habían supuesto nada para él. Sólo un desahogo. ¿Cuántas habrían sido? ¿Cinco? ¿Diez? ¿Más? ¿A cuántas había tocado y besado como había hecho con ella, además de, obviamente, Mei?
Se sintió muy sucia de repente, pequeña y miserable. Por suerte, vio como Ahito volvía, porque estaba deseando huir de allí y enterrarse bajo las sábanas de su cama.
-Yo… Mei… Lo siento…- balbuceó. – No tenía ni idea. De veras.
Iba a llorar, definitivamente. Miró a Mei, pero ella, contra todo pronóstico, no parecía enfadada. Ni satisfecha. En su cara sólo re reflejaba la amargura.
-Adiós, Tia, me alegro de haberos visto.
Y se incorporó para marcharse sin añadir nada. Tia la vio salir y cruzar la calle sin mirar atrás, con su larga coleta castaña balanceándose de un lado para otro. La sintió a años luz.
Ahito llegó con gesto sorprendido, sin tener ni idea lo que pasaba
-Pero, ¿a dónde va? ¿Por qué no se ha despedido?
Y Tia no pudo darle respuesta.
[So you can drag me through Hell
If it meant I could hold your hand
I will follow you cause I'm under you spell
And you can throw me to the flames.]
-Es sumamente importante que haya accedido a venir, Duque Maddox.
El máximo dirigente de Technoid parecía opinar lo mismo. Los dos hombres estaban sentados frente a frente a ambos lados de una pequeña mesa en el almacén de un antro en la zona de peor calaña de toda Paradisia, frecuentada por contrabandistas y maleantes, el tipo de compañía, en definitiva, que a Corso nunca le faltaba. El dueño era un viejo miembro de los piratas de Sonny y les había habilitado la estancia para que pudieran celebrar su encuentro allí. Maddox, fiel a su palabra, había llegado sin ningún tipo de micrófono ni escucha. Por todo mecanismo de seguridad, uno de sus guardaespaldas privados le acompañaba, y esperaba apostado en la barra. La conversación que mantenían era plenamente confidencial.
-El vídeo que me has enseñado parece probar la inocencia de Blackbones, eso es cierto.- asintió el anciano de rostro severo. – Conozco el sistema de vigilancia de Génesis como la palma de mi mano, pues formé parte del equipo encargado de proyectarlo antes de que me ascendieran. Efectivamente, hay una cámara en el lugar exacto en el que según tú ese robot de Bleylock dejó caer la bomba que se ha usado para inculpar a Blackbones.
-Y apuesto a que el que está detrás de todo esto se las ha apañado para borrar las imágenes captadas por esa cámara. En el vídeo sólo se nos ve a Sonny y a mí entrando en el callejón, el momento de la explosión y la huida inmediatamente posterior. Todo está dispuesto para apuntar a Sonny como culpable de las explosiones de Génesis.- se cruzó de brazos. – Pero, créame, Duque, si hay algo que nosotros no somos es terroristas.
Maddox frunció el ceño, sopesando la información que Corso le había revelado.
-Conozco vuestro sistema de actuación y ciertamente nada encaja. Cada vez que los piratas lleváis a cabo un sabotaje, hay una finalidad detrás. Pero no hay nada que pudierais obtener con la destrucción de Estadio Génesis y la suspensión de la Copa.
El hombre pensó en sus propias palabras por un instante, y aparentemente Corso hizo lo mismo. Aunque ya lo había hecho muchas veces, y secretamente, sin comentárselo a sus compañeros, había llegado a la conclusión a la que Maddox llegó en ese mismo instante. La luz se hizo en el interior de su cerebro.
Y fue tan simple como dos palabras:
-¡Lord Primus!
Corso asintió despacio.
-Así es. Si hay alguien que gana algo al anularse la Copa, es, desde luego, Primus. Y al conseguir que se encarcele a Sonny mata dos pájaros de un tiro, pues evita que el pirata más temido de la galaxia, que anda tras su pista, le dé caza. Por si no se lo he contado, Sonny tenía mucho interés en venir a Paradisia, pese al peligro que eso suponía y que significó su detención. Pero ahora es cuando entiendo que Sonny siempre supo que Primus estaba detrás de todo el asunto.
Maddox rumiaba en voz baja las averiguaciones que tan súbitamente se le habían presentado ante los ojos. Corso le había informado también de todo lo relacionado con el multifluido, aunque se abstuvo de contarle la conversación que Tia había escuchado en casa de Primus, y que sospechaba que se había producido entre el propio Primus y otro interlocutor; que había sido Primus quien había afirmado que algo estaba siendo inyectado y que estaban usando a los jugadores para producir multifluido.
-Entonces, Lord Primus tiene el multifluido, ¿no?- dijo Maddox, ajeno a todo ello, aunque aparentemente siguiendo el mismo hilo.
-Eso parece. Y también tiene un aliado en Technoid, o un par de buenos hackers a su servicio, lo que explicaría cómo ha sido capaz de manipular los vídeos para usar ante toda la galaxia a Sonny como cabeza de turco.
-Fue una jugada maestra, sin duda. – asintió Maddox como si estuviera hablando de una partida de ajedrez y no de una posible crisis que podría estar a punto de desencadenar el caos y una nueva Guerra del Fluido en Zaelion. – Lo que me gustaría saber, más por curiosidad que otra cosa, es, ¿qué pinta la hija de los embajadores de Luna Obia en todo esto?
Había una nota de humor en su voz, pero Corso se sintió algo incómodo. No quería meter a la cría en todo eso, aunque se merecía que le dieran un punto.
-Quiere conseguir a toda costa la libertad de Sonny, no solo porque es una muy buena amiga de su hijo, sino porque se siente en deuda con él. Una vieja historia.- respondió al ver la cara de curiosidad de Maddox. – Además, es una especie de venganza personal. La Esfera le quitó algo muy importante para ella, y, por ende, el multifluido y quien lo maneja. Es gracias a Tia que hemos podido probar que el vídeo era falso.- reconoció.
-Deberíais pedirle que se uniera a vuestra tripulación, aunque bastante tengo con los quebraderos de cabeza que me dais como para meter a futbolistas de por medio. Te contaré un pequeño secreto, Corso.- se inclinó ligeramente hacia él, con un aire de camaradería. – El poder en esta galaxia no lo tienen los políticos, ni los empresarios, ni los militares, por mucho que nos esforcemos en invertir millones de créditos en fabricar armas con las que intentar crear una falsa sensación de seguridad en los ciudadanos. El poder lo tenéis los piratas, y también los futbolistas. Sois héroes contemporáneos, representáis una especie de ideal romántico de lucha contra la adversidad, Además, dais espectáculo – le guiñó el ojo. – Sois el espejo en el que se mira la gente. Por eso yo no puedo ni nunca he podido matar a Sonny, ni se me habría pasado por la cabeza. ¿Meterle entre rejas? Claro que me habría ahorrado muchas preocupaciones innecesarias, y varias flotas aniquiladas. Pero hay que dejarle a la gente un referente. Es todo lo que tienen.
Corso asintió con la cabeza. Ese hombre empezaba a despertarle simpatía. Sabía de lo que hablaba. Había vivido lo suficiente como para saber que el mundo era más complejo que una mera oposición entre bandos, entre buenos y malos.
-Concuerdo plenamente con sus palabras. ¿Asumo, pues, que va a ayudarnos a sacar a Sonny de ese agujero?- preguntó, tan directo como de costumbre.
-Yo no puedo sacarle, Corso, y asumo que un hombre astuto como tú comprende perfectamente por qué. ¿Qué imagen dará ahora Technoid si, de la noche a la mañana, soltamos a Sonny Blackbones, quien lleva en prisión dos meses, decimos que todo ha sido un malentendido y que no sabemos quién ha bombardeado Génesis y ha destrozado los hogares de cientos de personas, pero que estamos bastante seguros de que Lord Primus está envuelto en el asunto?- negó con la cabeza lentamente y chasqueó la lengua. – No, yo no puedo hacer eso.
-¿Entonces? ¿Va a lavarse las manos?- inquirió Corso con quizás demasiada fiereza.
-En ningún momento he dicho eso, pero puedo garantizarle a Sonny el mejor abogado y una defensa justa en el juicio.- se echó hacia atrás en el asiento.
Corso resopló. Le frustraba enormemente que Maddox no entendiera la gravedad del asunto.
-No lo entiende. No hay ningún escenario posible en el que Sonny vaya a tener un juicio justo. ¿Es que no lo ve?- apretó los puños. – Se lo quieren quitar de en medio. Dudo mucho que llegue siquiera vivo a los Tribunales de Lyra. Lo liquidarán antes, de un modo u otro. Esos cabrones no van a permitir que él tenga ni la más mínima posibilidad de seguir arruinándoles los planes.
Pero Maddox alzó las cejas, como si no comprendiera en absoluto todo lo que le decía.
-Oh, Corso, creo que todo esto es un terrible malentendido. Yo te he dicho que Blackbones tendría la mejor defensa del mundo, pero en ningún momento he afirmado que fuera a llegar al juicio.
Y ahí fue Corso el que puso cara de haberse perdido completamente y de no saber por dónde iban los tiros.
-¿A qué se refiere con eso?
-Bueno, a que estamos en la jurisdicción de Paradisia.- Maddox tamborileó con los dedos en la superficie de madera. – La Guardia de Paradisia será la encargada de montar a Blackbones en una nave y llevarlo a Lyra. Pero el día F (llamémoslo así por ser el mismo día de la final), puede que una nave pirata sea perseguida por una flota de Technoid y se vean obligados a entrar en la atmósfera de Paradisia, y, accidentalmente, en un intento de disparar a los piratas, Technoid dispare a la nave donde va Sonny Blackbones. No la destruirá, por supuesto, pero será suficiente para abrir una brecha en el casco lateral y que Blackbones aproveche la oportunidad para dejarse caer, siendo afortunadamente recogido en pleno descenso por los suyos. Por supuesto, se tirará con paracaídas. La seguridad es lo primero. El paracaídas se lo proporcionará instantes antes uno de mis hombres, que formará parte por motivos de seguridad de la unidad de Paradisia encargada de llevar a Sonny a Lyra, y que también será recogido sano y salvo por los piratas. Fingiréis secuestrarlo por unos días y luego Technoid heroicamente lo rescatará, porque nos importan nuestros hombres por encima de todo.
Corso siguió el hilo de argumentación de Maddox, no sin cierto esfuerzo. Y cuando éste acabó de hablar, sólo pudo pronunciar una palabra:
-Brillante.
Vlad: muchas gracias por tus comentarios, eres una de las lectoras más fieles y siempre me anima ver tus reviews. Agradezco inestimablemente tus críticas (que son de las buenas, de las constructivas). Has llegado a alguna conclusión importante, aunque obviamente no puedo desvelar nada ;) Veo que Sinedd no es santo de tu devoción, y he de confesar que tampoco de la mía, al menos al nivel de D'Jok (creo que está claro jajaja) pero me parece un personaje intrigante, misterioso y con mucha miga, y que ha jugado un gran papel en el desarrollo de los acontecimientos. ¡Un beso gigantesco!
Niove: no hay palabras para describir la inmensa alegría que sentí al ver que habías comentado, y no solo una vez, sino dos. Te he echado muuuucho de menos, dejando tus comentarios en Ad astra, que siempre me animan tantísimo. Espero que te esté gustando cómo avanza la historia. Besos enormes para ti y cuídate mucho, bonita :3
AquaTenea: me ha pasado algo muy gracioso contigo, no sé si fue una casualidad o el destino, pero precisamente un par de días antes de ver tu review había leído por azar un fic tuyo sobre Luna y Neville que me había gustado una barbaridad, y al ver tu nombre entre los comentarios pensé "¡No puede ser!". Me alegro muchísimo de tener una lectora nueva y de que estés dispuesta a dejar tus comentarios, que la verdad es que me escasean. También he visto el review que has dejado en Momentos. Y encima gallega, con lo que quiero yo a los gallegos. Chica, si es que vales tu peso en oro! Un beso grandísimo, nos leemos! :)
He de decir, a propósito de todo esto, que he notado la ausencia de varixs lectorxs. Maki-chann, harmonystar, verdigrie/somniloque, Gatonegro, DarkShadows1999, Nyan-cat, , Oukyn. Espero que sigáis leyendo, para ti todos y cada uno de los que me leéis sois increíblemente importantes. Os mando muchos besos y todo mi amor.
