Sorry por no tener tiempo para hacer una nota de autora en condiciones. Me redimiré en la próxima. Os tengo una buena noticia: en el próximo capítulo por fin tendrá lugar el tan esperado reencuentro con D'Jok ;)
¡Espero que os guste!
PD: La canción es de los Arctic Monkeys.
la douleur exquise.
"No te quiero por vos ni por mí, ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me lleve a quererte. Te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (…), me atormenta tu amor, que no me sirve de puente, porque un puente no se sostiene de un solo lado (…), para vos la operación del amor es tan sencilla, te curarás antes que yo y eso que me querés como yo no te quiero."
Julio Cortázar, Rayuela, Capítulo 93.
-Vamos, no pudo ser tan terrible.
-No, fue peor.
Ane resopló y se apartó con violencia el pelo de la cara. Tia y ella trotaban la una junto a la otra, dando vueltas alrededor del campo a modo de calentamiento, y ese mismo tiempo lo invertía en quejarse acerca de su vida sentimental. O la ausencia de ella, vaya.
-Fuisteis al cine y no te besó. Podría haber sido peor.- jadeó su amiga. Los chicos corrían a buen paso a unos metros por delante, y ellas aprovechaban el haberse quedado (intencionadamente) rezagadas para compartir confidencias. Como si no tuvieran todo el día para ello, pensaba Artegor observándolas fulminantemente desde el centro del campo, pero ellas ignoraban sus mudos reproches de forma deliberada.
-Sí, podría haberme confesado que es gay.- ironizó Ane.
-¿Ves? Haciendo balance, os fue bastante bien.- Tia sonrió de lado.
-¡Por favor, Tia, miró con más deseo a la protagonista de la película que a mí! Y no sé si te lo he mencionado, pero fuimos a ver un remake de La niña del exorcista.
La capitana tuvo que ahogar una risa.
-Al menos ahora sabes cuál es su tipo de chica. ¡Eh, Ane! ¡Oye, no te enfades!- exclamó al ver que ella maldecía y aceleraba el paso. – Tienes que reconocer que es gracioso.
Ane se detuvo al indicarlo Artegor y esperó a su amiga, aún con el gesto algo torcido. Tia llegó a su altura y comenzaron a estirar, siguiendo las órdenes del segundo entrenador.
-Para mondarse. Hagamos recuento.- Ane empezó a enumerar mientras se sentaba en el suelo con las piernas estiradas y trataba de tocarse las puntas de los pies sin doblarse. – El sábado me besa. Hasta ahí todo bien, todo maravilloso. El domingo me propone ir al cine en lo que aparentemente es la cita perfecta. Todo se tuerce cuando te propone a ti que nos acompañes…
-¡Eso no es culpa mía!- se quejó Tia mientras estiraba al máximo los brazos por encima de su cabeza, con las manos unidas.
-Lo sé, pero como comprenderás denota el mismo nivel de romanticismo de un trozo de tierra. Menos aún. Que un montón de estiércol. Que un montón de estiércol sucio de Wambas en un abrasador día del verano más cálido de la historia de la galaxia.
Tia rodó los ojos ante el dramatismo de la castaña.
-¿Y luego?
-Luego, querida.- señaló con especial énfasis, como si estuviera relatando algo realmente ofensivo. – Se pasa prácticamente toda la noche hablando de videojuegos, fútbol, un montón de cacharritos científicos con unos nombres tan enrevesados que parecía que estaba invocando a la lluvia en quechua, y… Ah, sí. Más fútbol.
Frunció el ceño al máximo. Realmente, la cita no podría haber ido peor.
-Verás, voy a contarte algo para tu sorpresa.- Tia se inclinó hacia ella y susurró: - Somos futbolistas.
-¡Y también somos chicos y chicas de diecinueve años, por todo el Fluido del mundo! ¿Por qué no puede ser la gente aquí un poco más normal y hablar de temas banales?
-La normalidad nunca ha sido un requisito para formar parte de los Snow Kids, Ane. Hay una cláusula al respecto en nuestros contratos.- bromeó Tia mientras la ayudaba a incorporarse.
-Me he dado cuenta.- bufó ella. – Pero lo que es aún peor…
En ese momento, la voz de Artegor interrumpió su interesantísima conversación. Todos sus compañeros estaban ya reunidos en torno al hombre, listos para empezar a jugar.
-¡Tia, Ane, no es la lengua lo que tenéis que entrenar! ¡Dejad de parlotear y venid aquí!
-¡Ya vamos!- gritó Ane antes de volver a girarse hacia su compañera, y continuar con la historia. – Lo que es aún peor: en un par de ocasiones bostezó y se estiró, ¡y no aprovechó ninguna de esas ocasiones para pasarme el brazo por encima!
-¡No!
-¡Sí!- exclamó Ane, ajena a la reacción fingida de su amiga, y aparentemente bastante satisfecha al pensar que se había escandalizado tanto como lo estaba ella. – ¡Y al despedirnos me chocó los cinco!
Tia se tapó la boca con las manos como si fuera lo más espantoso que había oído en su vida.
-¡Ane, Tia, no os lo voy a repetir!- gritó Artegor, golpeando repetidamente en el suelo con el pie.
-¡Ya va, ya va!- Ane hizo un gesto con la mano para quitarle importancia. – Así que, en resumidas, cuentas, no sé qué hacer. ¿Doy el siguiente paso? ¿Espero? ¿Le digo que ha sido un idiota?
-Ane, - suspiró Tia – siento decirte que, si vas en busca de consejo, has ido a pedírselo a la persona menos acertada. Soy todo un desastre en el amor.
-Pero eres una chica, ¿no?- y al ver que Tia se encogía de hombros y trotaba sin añadir palabra hacia el resto de sus amigos, se le demudó el rostro. - ¡¿No?!
[¿De verdad quiero saber
si este sentimiento fluye en ambos sentidos?
Me entristece ver que te vas,
de alguna manera esperaba que te quedaras.]
Ahogó un gemido al sentarse en la cama, envuelta en la toalla. Tenía la piel aún húmeda y tibia por la ducha, y varios mechones sueltos del moño caían haciéndole cosquillas en los hombros. El entrenamiento había sido demoledor. Aarch y Artegor parecían dispuestos a toda costa a superar las semifinales y ganar el Torneo al precio que fuera. Prueba de ello era el dolor de sus músculos, que le impedían a Tia hacer cualquier movimiento. Inclinarse para recoger la ropa limpia del cajón supuso todo un mundo. Ella como capitana tenía que trabajar más duro si cabía y servir de ejemplo a sus compañeros. No en vano las estadísticas la situaban como la máxima goleadora de la competición, sin que ella hubiera sido consciente hasta esa misma mañana, al leer la prensa durante el desayuno.
Suspiró. El cansancio físico la ayudaba, en cierta medida, a evadir su mente. Cerró los ojos y aprovechó ese breve instante de paz. Últimamente, todo eran quebraderos de cabeza que hacían del estrés algo a duras penas sostenible: el Torneo, el multifluido, los encuentros a hurtadillas con los piratas… Por eso, cuando Ane había acudido a ella para pedirle consejo acerca de Thran, lamentaba no haberle sido de ayuda, pero realmente se sentía un verdadero fracaso emocional. ¿Cómo iba a ayudarla, precisamente ella?
Lo cual la conducía justo a su gran asignatura pendiente: D'Jok. En las semanas que sucedieron a los días de máxima tensión en los que se concentraron su ruptura y discusión con el chico, la desaparición de este, su contrato con el Equipo Paradisia, y el terrible ataque de su indiferencia más absoluta, Tia había tratado de alejarle de su mente, de meterlo en un cajón y encerrarlo bajo cincuenta llaves. Pero la noche en que Micro-ice le dio el collar, todas sus defensas se vinieron abajo. Había supuesto el reconocimiento de un sentimiento que había tratado de ahogar por mucho tiempo: que le quería. Aún más, que estaba enamorada de él.
No era consciente de cuándo había empezado todo. Era evidente que se había sentido atraída por él desde hacía tanto tiempo que apenas podía recordarlo. Si es cierto eso de que los polos opuestos se atraen y que del amor al odio (aunque odio quizás fuera una palabra demasiado fuerte) sólo hay un paso, entonces Tia y D'Jok eran la viva imagen de ello. Tia había tenido que aceptar mucho tiempo atrás que él desprendía cierto magnetismo que le turbaba, aunque suponía que el noventa por ciento de las mujeres de la galaxia se sentían así. D'Jok era un chico terriblemente atractivo, y eso nadie lo podría negar jamás, en lo cual jugaban un papel esencial no sólo su físico atlético y su porte altivo, sino también su carisma abrumador y sus maneras fieras y apasionadas. Incluso su arrogancia resultaba seductora, con esa mirada que anunciaba a voces que estaba dispuesto a comerse el mundo a dentelladas. A reducirlo todo a llamas y ver cómo ardía.
Claro que Tia siempre se había jactado de no ser cómo las demás, de ser el estandarte de lo moral antes que de la atención al aspecto físico. Y era cierto, no era una persona superficial en absoluto. Pero también tenía hormonas, como cualquier otra chica de su edad, hormonas que le jugaban malas pasadas. Por no mencionar que poseía un lado totalmente impulsivo y visceral que no podía controlar. Entre ella y D'Jok fluía la química, y su cuerpo, que actuaba más veces de las que ella querría al margen de su cerebro, se dejaba arrastrar por esa especie de conexión que hacía que le temblaran las piernas y se le encogiera el estómago cada vez que él estaba cerca.
Y no es que la cosa hubiera empezado a raíz de su breve pero intenso romance, no. Ella le había deseado desde hacía mucho, desde antes incluso de su ruptura con Rocket o de que Mei y D'Jok lo dejaran, es más, desde antes incluso del Netherball. Pero muchas veces confundía ese deseo con la exasperación que él le causaba y no era capaz de diferenciarlos, porque sí, D'Jok la sacaba de sus casillas y todos en el equipo lo sabían, no era ni mucho menos un secreto. Lo cual no excluía el hecho de que D'Jok le ponía más que nadie.
Suspiró y se tapó la cara con las manos. ¿En qué momento había dejado que esa mera atracción evolucionara al amor? ¿Por qué no lo había visto venir? Quizás por eso se había empeñado tanto en dejarle claro a él que lo que mantenían era puramente físico, y había huido despavorida al más mínimo gesto romántico por parte de él. Le aterraba implicarse emocionalmente, por eso no quería asumir que D'Jok la quería. Porque, por irónico que sonara, le daba miedo volver a ilusionarse, volver a experimentar la emoción de las primeras veces, del amor, de ir construyendo una relación paso a paso, y que luego se derrumbara, arrollándola a su paso. Había tenido tanto miedo de que D'Jok le hiciera daño que no había dudado en ser ella quien le hiriera, a él, una de las personas más importantes en su vida, por miedo a que fuera como todos.
Lo cual, por otra parte, había demostrado ser, pensó no sin cierto enfado. Porque sí, porque las palabras de Mei se le habían clavado como dardos. Se sentía insignificante. ¿Cómo podía haber llegado a sentir D'Jok algo por ella, cuando había tenido a cuantas mujeres había querido y más, cuando le había bastado chasquear los dedos para abrir la cama de cualquiera? ¿Cómo podía parecerle ella deseable comparada con todas esas chicas, comparada con Mei?
Suspiró. Tenía el mismo nivel de atractivo para el género masculino que Luur, si no menos. ¿Por qué, entre todas las personas del mundo, había tenido que ser en ella en quien se fijara D'Jok? ¿Quizás porque le parecía un reto?
Esa opción no le hacía sentir mucho mejor. Por un momento, se sintió agradecida de no haber pasado a un nivel superior con él, es decir, de no haber mantenido relaciones. Comparado con el historial sentimental de D'Jok, el suyo propio provocaba risa. Daba para un par de monólogos y varios chistes, de hecho. Tres chicos en toda su vida. Un par de besos a los catorce con un chico cualquiera, cuatro años en una relación tan monótona como atormentada y algunos encuentros esporádicos con… Con lo que fuera que había sido D'Jok para ella
Soltó un lamento y se metió entre las sábanas en ropa interior, sin ni siquiera molestarse en vestirse. Al día siguiente se jugaban las semifinales y más le valía descansar y no darle demasiadas vueltas a la cabeza durante la noche, aunque estando tan sumamente cansada lo veía difícil. Cerró los ojos y se dio la vuelta, mientras escuchaba a Ane entrar de puntillas en el dormitorio, también lista para acostarse.
Tuvo que contener un gruñido. Renunciar al Torneo, cambiar de identidad y huir a algún país remoto a vivir como ermitaña en algún monte perdido cada vez resultaba un plan más apetecible.
[¿Llevas algún as escondido bajo la manga?
¿No tienes ni idea de que estás loca por mí?
He soñado contigo casi cada noche esta semana.]
La casa hervía de excitación a apenas sesenta minutos de que comenzara el encuentro contra las Elektras. Los jugadores revoloteaban de arriba a abajo por toda la casa, preparando sus bolsas, guardando la equipación y buscando algún guante perdido, en el caso de Ahito. Aarch y Artegor aguardaban de brazos cruzados junto a la puerta principal.
-¡Vamos, Snow Kids, el autobús llegará en cinco minutos!- exclamó el primero, acostumbrado a las prisas y los olvidos de última hora de sus chicos.
Tia bajaba totalmente preparada, concentrada en la pantalla de su holófono y en los mensajes de apoyo que iban llegando ya. El grupo de chat que compartían los Snow Kids y algunos de sus familiares, como Mana-ice o los padres de los gemelos, echaba humo. Sus propios padres habían preferido animarla por privado, llamándola esa misma mañana, lo cual era un hecho sin precedentes, pues solían estar demasiado ocupados para telefonear y normalmente preferían mandarle un mensaje de felicitación tras las victorias o un escueto consuelo en treinta caracteres. Nicolai y Abira no creían en la compasión, y menos hacia su hija. Ya desde la más tierna infancia la habían educado para no obtener jamás un no por respuesta y para que lograra sus objetivos al precio que fuera. El fracaso no merecía ningún tipo de palabras de aliento, ninguna clase de "Has hecho lo que has podido", "Lo importante es participar" o "Ya lo harás mejor a la próxima". No, el fracaso era absolutamente inaceptable, y exigía ser lo bastante fuerte como para volver a ponerse en pie y nunca dejarse caer en lamentaciones ni en la autocompasión.
Pero esa mañana, su padre parecía bastante excitado. Llevaban una semana de viajes sin descanso representando a Luna Obia en numerosas cumbres y encuentros. Tia no recordaba que hubiera tenido jamás una agenda tan apretada, ni siquiera cuando ella era una niña y el matrimonio nunca pasaba una semana completa en casa. En Zaelion, el ámbito diplomático era extraordinariamente complejo, debido a la multiplicidad de planetas y razas que poblaban la galaxia, lo que hacía la convivencia y la paz sumamente frágil y diversificaba en gran medida los intereses de sus habitantes. Nicolai y Abira eran astutos y buenos en su trabajo, tenían mucha mano izquierda (más que ella, eso seguro) y podían conseguir prácticamente cualquier cosa con un par de palabras. Su red de contactos era extensa y variada hasta el extremo, como resultado de veinte años de carrera diplomática. Además, en Zaelion cada planeta contaba con un único embajador para representar sus intereses y entablar lazos con el resto de mundos, no un gran número de ellos dirigiendo las embajadas de un sinfín de ciudades extranjeras, como solía hacerse en el pasado. Era por eso que los padres de Tia se habían pasado toda su vida de planeta en planeta, ejerciendo labores de representación y escuchando las súplicas de todos los conciudadanos que vivían fuera de Luna Obia. En realidad era bastante peculiar, pues ni Nicolai ni su mujer eran de Obia. Ambos habían nacido en Akillian, pero Nicolai había vivido en el satélite desde los once años, cuando sus padres le mandaron allí a estudiar al instituto más prestigioso de toda la región Gamma.
Tia sonrió con cariño. Antes no les entendía y vivía constantemente enfadada con ellos, pero el rencor había desaparecido. Y su padre le había comunicado al hablar que, con suerte, pronto tendrían una noticia que celebrar con ella. Sentía curiosidad, aunque se imaginaba en parte de qué se trataba. A sus cuarenta y cinco años, tras dos décadas de carrera imparable, Nicolai merecía de una vez ascender a un puesto lo suficientemente importante. Tenía la preparación, la experiencia, el dinero y las influencias que necesitaba. Estaba preparado para despegar.
Justo cuando iba a guardar el holófono en el bolsillo, una nueva notificación la tomó totalmente desprevenida. Un nuevo mensaje en la bandeja de entrada, aunque lo que le sorprendió francamente fue el destinatario de este:
Mei [17:51 14/12/1015]: Siento mucho lo que pasó ayer. Me pasé de la raya. Espero que podamos volver a pasar algo de tiempo juntas. Mucha suerte en el partido, estoy segura de que ganaréis, capitana.
Se sintió íntimamente emocionada por las palabras de su amiga. Por mucha distancia que hubieran puesto de por medio, Mei siempre sería Mei, una persona insustituible en su vida, para bien y para mal.
Tia [17:52 14/12/1015]: Ambas nos pasamos, pero dejémoslo atrás. Perdóname también. Llámame cuando tengas un rato. Aunque los dos partidos se jueguen simultáneamente, una parte de mí pensará en ti y te deseará toda la suerte del mundo. Go, Mei, go! :)
Bloqueó la pantalla y lo guardó en su bolsa, aliviada de haber podido solucionar el pequeño roce. Poco a poco, todo volvía a su sitio. Ahora lo importante era ganar, y después pensar en Sonny y en todos los peligros que les acechaban sin que se dieran cuenta.
Mice y Ahito pasaron trotando a su lado y Tia sonrió levemente. Aarch le dedicó una sonrisa y le abrió la puerta con gentileza.
-¿Lista, capitana?
-Lista, entrenador.
Y caminó hacia el autobús, que les esperaba tras la verja. Mientras, Tristan, Thran, Ane y Mark bajaban listos las escaleras de la casa. Al llegar al último escalón, Ane llamó a Thran suavemente.
-Thran.
-¿Sí, Ane?- el se detuvo y la miró con amabilidad. Los otros dos se detuvieron a mirarles también, lo que la hizo sentir algo incómoda.
-He pensado que, tal vez, podríamos hacer algo hoy tras el partido.
No le pasó por alto la mirada pícara que intercambiaron Mark y Tristan, pero prefirió ignorarles. Estaba haciendo un esfuerzo descomunal por no morir de la vergüenza.
-Bueno, primero tendremos que ganar, ¿no?- bromeó él.
-Obviamente.- explicó ella. - Pero hay un festival en la playa. Música. Atracciones. Comida. Fuegos artificiales. He pensado que podríamos ir, si te apetece.
Él lo pensó un momento.
-No estoy seguro, esta noche me apetecía quedarme con Clamp jugando a un nuevo juego de batalla. ¿Por qué no se lo dices a Tia?
Ane se sonrojó, presa del bochorno. Se sentía rechazada. Después de lo del otro día, pensaba que le gustaba, pero él no hacía más que darle largas. ¿Qué le pasaba a ese chico?
Afortunadamente, un ángel de la guarda, también llamado Tristan, decidió intervenir.
-Vamos, Thran, tienes todas las noches del año para quedarte en casa. Paradisia, fiesta y una chica guapa – enumeró con los dedos – se alinean muy pocas veces en la vida.
-Sí, tío.- Mark le hizo eco. - No te equivoques, si yo fuera Clamp me sentiría halagado, pero hasta él tiene ojos tras esas gafas y entendería que prefirieras ir a la playa con nuestra Ane.
Ella les sonrió tímidamente, agradecida, y miró de nuevo a Thran, que parecía replanteárselo.
-Visto así, tenéis razón. De acuerdo, Ane.- le dijo a la chica, cuya cara se iluminó. - ¡Espera que se lo diga a Ahito, le encantan los festivales en la playa!
Y echó a correr, dejando a tres personas totalmente patidifusas.
[¿Cuántos secretos puedes guardar?
Porque hay una melodía que encontré,
que de alguna manera me hace pensar en ti,
y la pongo en modo repetición,
hasta que caigo dormido]
-¡Vamos, Mice, aquí!
-Demonios, ¿por qué está tan guapa?
El moreno miró a Yuki desde la distancia antes de sacar de banda y chutar el balón hacia Mark. Llevaban veinticinco minutos de partido e iban uno a uno, goles cortesía de Tristan y de Zyra por ambas partes. Él mismo había tenido un par de ocasiones de gol, pero las chicas se lo estaban poniendo duro, más que muchos equipos profesionales con fama de imbatibles. Además, ver a Yuki en la portería le desconcertaba. Ella les había tratado con total naturalidad y les había deseado mucha suerte antes del encuentro, pero no podía evitar seguir loco por la pelirroja. En ese momento, pensó en D'Jok. Él le diría que dejara sus sentimientos a un lado. Y lo mismo intentaba pedirle Tia.
-Lo estás haciendo muy bien.- pasó junto a él y le dio una palmada en el hombro. - Hoy vas a marcar, tienes que hacerlo. Esto es una semifinal, ¿me oyes?
Micro-ice asintió y ambos corrieron a asistir a Tristan, que le pasó el balón a la capitana. Ella trató de pasar la línea de medio campo, pero Tessa, defensa de las Elektras, se hizo con el balón.
Mientras, en su propia defensa, Thran y Ane estaban teniendo pequeños problemas de coordinación. La chica se mostraba fría y poco comunicativa; cualquiera, incluso él, podía darse cuenta. Aunque Ane intentaba evitar que sus asuntos personales interfirieran en el juego, no se mostraba precisamente amable con su compañero, dirigiéndole incluso un par de miradas que habrían servido para congelar el infierno.
Por eso, antes de que se dieran cuenta, las rivales se habían acercado peligrosamente al área. Mark le arrebató el balón a Zyia pero Tessa se interpuso de nuevo en su camino y esquivó a Ane con habilidad. Antes de que Thran pudiera quitarle el esférico, ella le pasó a Yulen, a quien, de hecho, debería estar cubriendo el chico. Yulen chutó con fuerza y Ahito no logró llegar a tiempo. El marcador se posicionó dos a uno para el equipo de Yuki, pocos minutos antes del final del primer tiempo.
Aarch cerró los puños con rabia.
-¡Maldita sea!- gruñó. - ¡Ahito, deja de dormirte en los laureles!
-Hacemos lo que podemos, míster.- se quejó Mark.
-No, no lo hacéis, y lo sabes. Estáis jugando a nivel de principiantes. ¡Menos que principiantes! Más os vale espabilar en la segunda parte, o ya podéis despediros del Trofeo.- se giró a mirar a Simbai. - ¿Cómo están?
-Todo en orden, Aarch.- ella se colocó las gafas. - Apenas han experimentado desgaste. El entrenamiento de las últimas semanas es evidente. Su estado físico es envidiable.
-Ya lo habéis oído. No tenéis excusa para perder.- les dijo el entrenador a sus chicos a través del auricular. - Artegor, ¿cómo va el partido Shadows-Paradisia?
-Cuatro a dos para Paradisia, Aarch.- contestó el hombre. Aarch alzó las cejas, sorprendido. - D'Jok está imparable, y por mucho que intente jugar a su nivel, Sinedd está débil. Dudo que aguante todo el encuentro.
Aarch ansintió y devolvió la vista a la pantalla, preocupado. Por Sinedd y por sus propios jugadores. Y más que nunca, preocupado por D'Jok.
[Cariño, los dos sabemos
que las noches se hicieron principalmente
para decir cosas que no puedes decir mañana cuando sea de día.]
Se dejó caer en la silla como un peso muerto. Los dos guardias armados y protegidos hasta los dientes salieron de la estancia ya tan conocida para él, aunque Sonny Blackbones no podía quejarse. La sala de interrogatorio era incluso más acogedora que la celda donde llevaba preso ya demasiado tiempo por un crimen que no había cometido.
Se revolvió en el asiento, con las manos encadenadas apoyadas sobre la mesa de madera, y ahogó un gemido de dolor. Durante la redada en Paradisia había sufrido un tiro en el costado que probablemente le habría lesionado alguna costilla, pero la atención sanitaria que había recibido era mínima. Le trataban como alguien indigno de compasión y mucho menos de respeto. En el tiempo que había pasado allí había adelgazado visiblemente y se sentía débil, muy débil, como un perro apaleado y abandonado. En su celda de alta seguridad no entraba la luz del día, por lo que ya no sabía distinguir el día y la noche. Una vez a la semana le sacaban de allí para preparar su pobre defensa con un abogado de oficio a todas luces comprado para perder el juicio de antemano. Durante las largas horas que pasaba en su prisión, trataba de hacer un mínimo de trabajo físico para que sus músculos no se atrofiaran, pero la celda era tan pequeña que temía haber olvidado cómo se andaba o corría, y se agotaba pronto. Lo único útil que podía hacer era recordar (su juventud, su vida de pirata, pero sobre todo a su mujer), pensar en D'Jok y tramar la venganza contra Blade. Ahora que conocía sus planes, tenía que asegurarse de evitar que se saliera con la suya.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de la puerta al abrirse. Su abogado, un hombre gris de poco más de cuarenta años con traje de corbata y canas, entró en la sala y se sentó frente a él. Llevaba en la mano el mismo maletín de siempre.
-Buenas tardes, señor Blackbones.
Él suspiró y se recolocó en la silla, no sin cierto esfuerzo.
-¿Qué hay?- murmuró con voz ronca.
-Como sabes – comenzó el hombre sin mirarle siquiera a la cara, ordenando los papeles que extrajo de su maletín – tu juicio se celebrará en cuatro días. La tarde anterior a la celebración de este serás trasladado desde Paradisia a los Juzgados de Lyra. Tu caso será tratado por la Corte Suprema.
-Qué honor.- masculló él, aferrado a la ironía y a la arrogancia como últimas armas que le quedaban en la vida.
-He terminado de preparar tu defensa.- el idiota seguía sin mirarle, hasta el punto de que a Sonny le entraron ganas de estrangularle, aunque sabía que no era la mejor idea dado que estaba a punto de ser condenado. - Aunque no hay razones que puedan esgrimirse para lograr tu libertad, trataré de que te sea conmutada la pena de muerte a los treinta años de cárcel que pedía inicialmente el fiscal. Los delitos de los que se te acusan son, entre otros, piratería, asociación ilícita, apología del terrorismo, rebelión, sedición, desacato, posesión de armas, desobediencia a la autoridad, instigación y múltiples daños y estragos. ¿Conforme?
-No podría estarlo más.- respondió Sonny con sarcasmo, estirando la mano para coger el boli que le tendía el abogado junto con los documentos que debía firmar. Si no supiera que varios guardias le estaban observando desde detrás del espejo y escuchando toda la conversación (a pesar de que, en teoría, era ilegal), ya le habría clavado el bolígrafo en el ojo. Recordó cómo una vez había conseguido zafarse de un comisario de Technoid usando la pluma que este llevaba en el bolsillo. Oh, los viejos tiempos.
Echó un vistazo a los folios grapados que tenía delante, y su sorpresa fue mayúscula. Allí no había ningún tipo de declaración que debiera ser firmada y rellenada. Pasó la mirada a toda velocidad por las palabras mecanografiadas. Lo que tenía entre las manos era un mensaje de sus hombres en clave, en dialecto de Akillian, explicándole el plan que urdían en colaboración de Duque Maddox para sacarle de prisión. Alertándole para que estuviera preparado.
Levantó la vista y miró a su abogado. Él le contemplaba fijamente, sin pestañear, con sus ojos acuosos totalmente inexpresivos tras las gafas. Y entonces comprendió. El hombre que tenía ante él estaba siendo controlado por sus piratas, con alguno de los chips que en numerosas ocasiones habían empleado instalado en la nuca, bien oculto por el cuello de la camisa.
-Tenga cuidado de rellenar todos los espacios y no olvide agregar la información que considere necesaria. - articuló el abogado. Sonny hizo un asentimiento y redactó, a toda velocidad, todo lo que había descubierto desde que estaba en la cárcel para que sus hombres lo supieran. Vertió toda la información que pudo acerca de Magnus Blade, alias Lord Primus, el multifluido y su conexión con Paradisia.
Una vez que hubo acabado, le tendió las hojas de vuelta.
-Eso es todo.- afirmó, con expresión inescrutable.
-Le veré el próximo martes en los Tribunales.- respondió el otro mientras guardaba los folios y el bolígrafo en su maletín, bloqueado con un código. Se incorporó. - Allí daremos el último repaso a su defensa.
Con suerte, aquello no iba a ocurrir.
Sonny asintió, pero el hombre no le vio. Iba hacia la puerta ya y, tras mostrar una tarjeta al lector, salió de la estancia.
[Arrastrándome hasta ti,
¿alguna vez pensaste en llamar,
cuando has tenido la oportunidad?
Porque yo siempre lo hago.]
-¿Cómo va el encuentro entre Snow Kids y Elektras, Callie?
-No sé qué les habrá dicho Aarch a sus jugadores, Barry, pero han saltado al campo con energías renovadas. Han sabido reservar fuerzas y están aprovechando el esfuerzo extra que han tenido que hacer las Elektras en la primera mitad. Ese desgaste va a jugarles en contra frente a los vigentes campeones.
Callie Mystic, frente a la cámara, retransmitía el partido para Deportes Arcadia desde el palco de la prensa.
-¿Y qué puedes decirnos de los Shadows?
-Mei ha logrado subir el marcador a tres goles para su equipo, pero rápidamente Nina 8 ha marcado el quinto gol para el conjunto rojo. Lo de estas chicas es inhumano. Ahora parece que... ¡Un momento, nuevas noticias en el Big Arena! ¡Los Snow Kids avanzan hacia la portería!
En efecto, Micro-ice corría ya bien adentrado en el terreno rival. Se deshizo con gran agilidad de dos adversarias, y cuando una tercera salió a su encuentro, le pasó el balón a Tristan. Él corrió, chutó para Mark cuando empezó a verse presionado, recibió la pelota de vuelta y de nuevo tocó para Mark. El chico regateó a Genette y saltó a Kris gracias al fluido. El Espíritu le permitió saltar varios metros, y cuando Tia apareció veloz como un rayo por detrás de la defensa de las Elektras, no lo dudó y puso el balón perfecto para la centrocampista. Ella, con su clásica pirueta, elevó el esférico con una patada y salió disparada tras él. Cuando estaba a doce metros de altura, lo golpeó con toda la potencia de su cuerpo. Yuki se lanzó, pero no logró detenerlo, y Tia cayó grácilmente dando volteretas.
-¡Increíble! ¡Dos a dos! ¡Los Snow Kids vuelven a igualarse!- exclamó Callie, presa del entusiasmo.
Mientras ellos celebraban el gol, en el Dome Stadium la situación era muy diferente. Mei miraba el marcador con desesperación. Iban cinco a tres, y jamás lograrían remontar. Las jugadoras del Equipo Paradisia eran duras y violentas. No mostraban ningún tipo de debilidad en su defensa. Y D'Jok era aún peor. Aunque su soberbia no había crecido hasta el máximo exponente, su competitividad sí. Sinedd, presa del orgullo, estaba a punto de desfallecer con tal de ponerse a su altura, pero Mei sabía que era misión imposible. Había visto las miradas socarronas que le dirigía el pelirrojo a su novio. Se estaba tomando su propia y personal revancha. Tras cada gol que había marcado, Nikki corría a colgarse de su brazo, mirándole con coquetería, y él le devolvía el gesto con arrogancia implícita en la sonrisa que curvaba sus labios. Era obvio que había algo entre ellos. Mei frunció el ceño. Bueno, en ese momento estaba bastante más preocupada por Sinedd. El chico no había podido usar la Niebla en todo el partido. Sabía que le estaba costando un esfuerzo brutal controlarse, pero corría el riesgo de sufrir un colapso si lo hacía. Ella misma estaba al borde del desfallecimiento, pero tenía que esforzarse por él, porque era importante para Sinedd ganar. Se apartó el pelo del rostro y, con expresión decidida, corrió para hacerse con el balón.
-Mei parece dispuesta a toda costa a ser quien anote el cuarto gol. En cuanto a las Elektras, tratan de deshacer el empate, pero los Snow Kids no se lo están poniendo fácil.- relataba Mystic.
-¡Ane, a Thran!
La chica obedeció a Artegor. Thran se hizo con la pelota, pero cuando estaba a punto de pasársela a Micro-ice, una jugadora de las Elektras apareció de la nada y lo interceptó. Rápidamente, en una triangulación perfecta, recuperó el balón, y cuando Ane llegó hasta ella, era tarde. La jugadora se lo había pasado a Zyia, que chutó con potencia.
Los Snow Kids contuvieron la respiración al mismo tiempo. Aarch apretó los puños. Artegor se inclinó hacia el monitor.
Ahito, envuelto en el Espíritu, saltó al otro extremo de la portería a apenas cinco minutos del final del partido y detuvo la trayectoria del balón. Sus compañeros respiraron aliviados y Aarch cerró los ojos, dando gracias a algún dios.
Sin perder ni un solo instante, el portero lanzó el balón con fuerza hacia su hermano. La reacción fue inmediata. Thran pasó a Ane, Ane corrió varios metros y pasó a Mark, Mark saltó a varias jugadoras, chutó hacia Tristan, y él rodeó a dos rivales antes de pasarle a Tia. La capitana se encontró de frente a Tessa, que consiguió robarle la pelota provocando que la chica cayera al suelo de paso. Tia apretó la mandíbula y golpeó el suelo con el puño.
No hubo tiempo para lamentaciones. Micro-ice se hizo de la nada, recuperó el esférico y lo elevó antes de saltar, presa del fluido. Con una enorme explosión, dio una voltereta sobre sí mismo y golpeó el cuero con fuerza. El balón golpeó un palo, pero en vez de rebotar, su trayectoria de desvió, y aunque Yuki se tiró hacia él, entró por la escuadra contraria. Los Snow Kids ganaban.
Mice cayó de rodillas al suelo, pero no tuvo ni un instante para levantarse. Los demás se precipitaron hacia él y formaron un montículo de cuerpos en el suelo, celebrando ya la victoria.
-¡Bravo, Micro-ice!- exclamó Aarch con una sonrisa radiante en la cara.
-¡Tres a dos! ¡Los Snow Kids han remontado!- contaba Callye a la cámara. - Sólo quedan unos segundos, por lo que podemos considerarles ganadores de esta complicada semifinal. Desde luego, las Elektras no se lo han puesto fácil.
Aún en el suelo, Ane lanzaba sus brazos alrededor del cuello de su amigo mientras los demás daban saltos y Tristan alzaba las manos hacia Mark, que chocó los cinco con una sonrisa en los labios.
-Sabía que lo harías, lo sabía, lo sabía...- murmuraba Ane al borde de las lágrimas en el hombro de Mice, que le daba palmaditas en la espalda.
-¡Estamos en la final!- cantó Ahito cuando el pitido anunció el final del encuentro, con el brazo echado sobre el hombro de su hermano. Sus justas rivales se acercaron a ellos en una muestra de digna deportividad.
-Bien jugado, Snow Kids.- les sonrió la capitana antes de estrecharle la mano a Tia. - Iremos con vosotros en la final.
-Muchas gracias. Nos lo habéis puesto realmente difícil. Tenéis toda nuestra admiración. - contestó ella.
-Merecíais estar en esa final tanto o más que nosotros.- Thran se aproximó a ambas, con su prima agarrada de su brazo. La pelirroja se giró, buscando a alguien con la mirada. Finalmente le vio. Micro-ice sintió su mirada y se la devolvió.
-Bonito gol, Mice.- Yuki le dedicó una sonrisa casi imperceptible.
-Gracias. Bonitas paradas.- le contestó él, antes de girarse y dirigirse hacia la plataforma que bajaba a recogerlos. Sus compañeros le siguieron, con el gusto de la victoria en los labios. En el caso de Micro-ice, se sentía doblemente ganador. Tia se dio cuenta, y le agarró la mano. El chico la miró.
-Tenía un presentimiento.- le susurró la de ojos verdes, antes de imitar a los demás y saludar a la multitud que rugía. Sin saber lo que, en ese mismo momento, sucedía en el Dome Stadium.
También el pitido del fin del encuentro había sonado ya, pero en ese caso no había celebraciones ni cantos, pese al aplastante seis a tres que había dado la victoria al Equipo Paradisia. Los espectadores, consternados y aterrorizados, dirigían su mirada al centro del campo.
Formando un semicírculo, las jugadoras y su capitán miraban la imagen que tenía lugar a unos metro de ellos, sin saber qué hacer o si acercarse. D'Jok hacía el ademán de aproximarse, pero entre dos compañeras le agarraban de ambos brazos.
Los Shadows estaban acuclillados en el suelo, esperando a que bajara la nave de atención médica. Arrodillado en el suelo, pálido, y al borde del desmayo, Sinedd aferraba el cuerpo inerme de su novia, tratando en vano de reanimarla.
[Cálmate y frunce los labios
perdón por interrumpir,
es solo que estoy constantemente a punto
de intentar besarte.]
-¿Y bien?
Aarch se giró hacia sus jugadores. Ellos, duchados, limpios y agotados tras el partido, esperaban las noticias que su entrenador tenía que transmitirles.
-Se recuperará. Ha sufrido el mismo tipo de desvanecimiento que Sinedd, culpa de la Niebla. Sólo necesita descansar.
-¿Por qué la Niebla les hace eso?- preguntó Tia, abrazada a sí misma y especialmente pálida.
-El cuerpo humano no está hecho para tolerarla del mismo modo que lo hace el organismo de los habitantes de Shadow. Ellos son inmunes a su toxicidad. Una sobrexposición puede resultar prácticamente mortal. Artegor y Aarch también sufrieron sus consecuencias.- explicó Simbai.
-¿Y por qué no lo dejan?- inquirió Thran, sentado en el sofá junto a sus compañeros.
-¿Por qué no podía dejar Rocket el Netherball? ¿Por qué el Equipo Paradisia ha absorbido a D'Jok? ¿Por qué tardé años en abandonar los Shadows, pese a estar muriendo lentamente?- intervino Artegor con tono severo. - El jugador acaba devorando a la persona. Muchos nos convertimos en esclavos de nuestro deseo de ganar. Acabamos perdiendo el norte.
Los jugadores guardaron silencio, profundamente conmocionados.
-No os preocupéis por Mei.- habló Aarch con suavidad. - Estará bien. Vosotros simplemente relajaos, lo tenéis bien merecido. ¿Por qué no salís un rato?
-Haced caso a Aarch. Os vendrá bien.- intervino Simbai con delicadeza.
-Supongo que tenéis razón.- Mark se encogió de hombros. - Vamos a cambiarnos y bajemos al festival de puerto, venga. Mañana todos podremos visitar a Mei.
Aunque era lo último que le apetecía en ese momento, Tia sabía que el entrenador tenía razón, así que fue la primera en seguir a Mark y en animar a sus amigos a incorporarse. Ellos lo hicieron con desgana. Según subían al piso superior, Tristan se acercó disimuladamente a ella. Esperó a que todos estuvieran en sus cuartos para hablar:
-Hay novedades. Voy a ir a reunirme con los demás. Al parecer, han logrado hablar con Sonny.
Tia le miró con los ojos como platos y miró rápidamente alrededor. Estaban solos en el pasillo en penumbra.
-¿Han averiguado algo?
-Primus está detrás de todo esto.- sintetizó el joven pirata.
La chica ahogó un jadeo y se cubrió la boca con las manos. No podía ser. Todo ese tiempo, el poderoso magnate había formado parte de la trama que poseía y controlaba el multifluido.
-¡Sabía que no era de fiar!
- Al parecer, es uno de los implicados en el asunto del multifluido, y es gracias a él a quien están recolectando tanto a costa de los jugadores. Ahora no puedo darte detalles.- se apresuró a explicar. - Te lo contaré todo luego.
-Claro. Ten mucho cuidado.
-Lo haré.- sonrió él. - Excúsame con el resto. Si a las doce no os he encontrado en el puerto, ven a buscarme al bar El cíclope tuerto, en la calle Tulipán, a unos quince minutos andando de la parada del Llano. Recuérdalo, ¿vale?
Antes de que ella pudiera contestar, trotó hacia la planta inferior. Tia suspiró y entró en su cuarto. Lo primero que vio fue a Ane tumbada bocabajo en la cama, y, frunciendo levemente el ceño, cerró la puerta y se sentó junto a ella.
-¿Ahora vas a decirme qué te pasa con el idiota de Thran?
La respuesta llegó ahogada por la almohada.
-Que es idiota.
Y los siguientes veinte minutos, Tia dejó a un lado a Primus, el multifluido y Technoid y se limitó a escuchar en silencio a su amiga y a tratar de consolarla. Finalmente, logró convencerla de levantarse y ponerse guapa para ir con ella a festejar a la orilla del mar, aunque ninguna estuviera especialmente de humor festivo.
-¿Por qué no te pones el vestido blanco largo? Es muy veraniego.- se levantó y abrió el armario de la chica. - Yo puedo ponerme ese de rayas que tanto de gusta.
No solo lo que dijo, sino el tono en que lo dijo, fueron suficientes para Ane para ser consciente del enorme esfuerzo que estaba haciendo Tia por animarla. ¿Tia hablando de vestidos? Debía de estar realmente preocupada por ella.
Así que, hizo de tripas corazón, y se levantó.
A las diez en punto exactas y británicas, los chicos esperaban en el comedor a que ellas acabaran de prepararse. Las tripas de Micro-ice empezaban a rugir.
-Más les vale darse prisa. He oído que en el festival hay unos puestos que sirven comida de toda la galaxia: hamburguesas de avestruz de Xenon, sopa al estilo Xzion, asado de Wambas...
-Chaucraut de Akillian...- añadió Ahito con ojos soñadores.
-Chaucraut.- Mice cerró los ojos con expresión de delirio. - Mi madre lo prepara como nadie.
-En un par de días tendrás a tu madre preparándote todo el chaucraut del mundo, Micro-ice, no te preocupes.- comentó Thran con las manos en los bolsillos. - Supongo que mañana por la noche a más tardar llegarán nuestras familias, como de costumbre.
-Lo había olvidado.- Mark se golpeó la frente.- Ya veréis qué caras se les quedan a nuestros padres cuando vean esto. Mis hermanos pequeños van a disfrutar de lo lindo jugando en la playa.
-Vienen los jefes. La diversión se acaba.- suspiró Micro-ice, antes de girarse hacia Thran – A propósito de eso... ¿Listo para conocer a tus suegros?
-¿A mis suegros?.- Él parpadeó.
-No seas tonto, ya los conoce.- intervino Ahito con una sonrisa burlona.- Al fin y al cabo, los señores Wholf solo viven a unas cuantas casas de diferencia.
Thran tenía cara de no estar enterándose de qué iba todo el asunto.
-¿Estáis hablando de los padres de Ane?
Los otros tres intercambiaron una mirada que decía "Típico de Thran".
-Eres tan listo para unas cosas y tan obtuso para otras...- Mice se desperezó y se puso en pie. - Esa chica se muere por tus huesos y eres el único que aún no se ha dado cuenta.
Thran parpadeó. ¿De veras Ane estaba colada por él? Es cierto que hacía un par de días se habían besado, pero no había esperado que la chica quisiera algo más. No sabía que tuviera que dar el siguiente paso.
Y, ¿qué había de él? ¿Quería algo con Ane? Bueno, tenía que reconocer que la chica le gustaba, y mucho. Conectaban. Era guapa, divertida, amable y habladora. Sabía seguir su veloz hilo de pensamiento, o al menos intentarlo, y jamás le trataba como una causa perdida como el resto de sus amigos cuando comenzaba a divagar sobre tecnología en voz alta. Simplemente le escuchaba y le regalaba su completa atención. Estaba claro que él le importaba, y que le apreciaba tal y como era.
-Casi puedo ver el humo saliendo de su cabeza.- agregó Micro-ice con un susurro.
-Escúchame, hermano.
Ahito se había levantado y se inclinó ligeramente hacia su gemelo, que seguía desconcertado.
-Tienes la oportunidad de no cagarla. Aprovéchala, o perderás a esa chica.
-Y créeme, es un barco que yo sí estoy dispuesto a tomar.- intervino Mark con una sonrisa socarrona. - Sólo recuerda avisarme cuando decidas pasar de ella para que pueda ir a su cuarto a consolarla.
Thran no respondió, simplemente frunció los labios, y en cualquier caso las pisadas en las escaleras interrumpieron la conversación de los chicos y les hicieron girarse. Tia y Ane bajaban a su encuentro, la primera con un vestido de rayas que le había prestado su amiga y la segunda con un vestido blanco hasta los pies, de tirantes, ceñido a la cintura. Thran olvidó por completo sus razonamientos al verla. Parecía una princesa venida del mar.
Micro-ice silbó.
-Si por algo ha valido la pena venir a Paradisia es por ver esto.
-Y por las chicas en bikini, amigo, no lo olvides.- Ahito alzó los ojos al cielo en gesto de adoración divina y miró de nuevo a sus compañeras. - Estáis muy guapas, chicas. ¿Vamos?
-Vamos.- Ane sonrió, y Thran no pudo apartar la vista de ella. Durante años la había mirado, había reparado en la luz que irradiaba su sonrisa, en la mirada dulce de sus ojos amables, en la naturalidad de sus gestos y en su vitalidad, y sin embargo jamás la había contemplado como en aquel momento. El momento en el que al fin era consciente de que, si él quisiera, aquello podría ser suyo. Sólo tenía que estirar la mano.
Así que es lo que hizo.
Repentinamente, ignorando a sus amigos que se encaminaban hacia la salida y a Mark que se giraba a hablar con él, pasando por alto las miradas de sorpresa y el gesto atónito de Ane, tomó su rostro entre ambas manos y la besó.
Los ojos de Ane se abrieron de par en par, al igual que los del resto. Thran, en cambio, los cerró. Sus labios volvieron a encontrarse, y desde aquel momento supo que no podría vivir sin aquel tacto. Las mariposas en el estómago de Ane volaron en desbandada y se propagaron por todo su cuerpo, desde los dedos de las manos hasta los de los pies. Entonces Thran se apartó, pero se mantuvo cerca, muy cerca, con las manos aún en su cara. Sus ojos la miraban apremiantes y perforaban la superficie hasta llegar al centro mismo de su ser. Ane sintió como un intenso rubor se apoderaba de sus mejillas.
-Perdón por haber tardado tanto, pero, ¿quieres salir conmigo?- preguntó el chico. Y Ane rió entre dientes, casi sin dar crédito a lo que oía.
-Más vale tarde que nunca, ¿no?
Y le besó de vuelta.
[No sé si sientes lo mismo que yo,
pero podríamos estar juntos si tú quisieras.]
Luces, ruido, y un sinfín de gente desbordaba aquella noche el puerto de Paradisia. Familias con hijos, grupos de amigos, parejas tomadas de la mano... Todos deambulaban de acá para allá, sentándose a beber algo refrescante en las terrazas, montando en las numerosas atracciones o acercándose a escuchar a los cantantes callejeros que aportaban la nota musical por sólo un par de monedas en la funda de sus guitarras. Tras los fuegos artificiales que habían dejado a todos con la boca abierta, Micro-ice y Mark habían arrastrado a los otros cuatro a la montaña rusa. Thran y Ane caminaban con los dedos entrelazados y compartían de vez en cuando pequeñas muestras cariños que hacían que a Tia le fuera imposible no sonreír y provocaban bromas e histriónicos gestos de asco por parte de Mice.
-¡Otra vez, por favor!
-Micro-ice, habéis montado en esta atracción cuatro veces. La primera vez fue divertida, e incluso la segunda. Pero ya nos hemos cansado de esperarte aquí abajo saludándote con la mano como si fueras nuestro hijo de cinco años.- se quejó Ane sentada en un banco, donde ella y los otros esperaban a que el moreno se cansara de subir una y otra vez.
-Si Micro-ice fuera mi hijo, le habría dado en adopción hace mucho tiempo.- respondió Ahito.
-Yo le habría arrojado río abajo metido en una cesta.- añadió Tia.
-¿Una cesta con una viga atada, quieres decir?- Mark sonrió, ganándose una mirada furibunda de Micro-ice, pero Ane echó un brazo por encima al chico antes de que pudiera replicarle.
-No les hagas caso. Mamá Ane va a invitarte a un helado,, ¿quieres?
-Y eso significa que será Papá Thran quien tenga que pagarlo...- comentó Mark a Ahito por lo bajo, pero al ver la expresión fulminante en el rostro de Tia, se calló de golpe.
-Cuidado con ese machismo, Mark. No peleamos por el sufragio para nada.
Y echó a caminar con aire digno, con Ane corriendo a engancharse de su brazo y Thran mirándola con una sonrisa divertida.
-¿Su... qué?- atinó a preguntar Micro-ice, pero Mark se encogió de hombros.
Media hora después había olvidado la conversación por completo y lamía con cara de satisfacción un cucurucho de dos bolas que le había comprado su amiga, fiel a la palabra que había dado. Los seis amigos paseaban ahora tranquilamente. Mark y Thran encaminaban la marcha charlando animadamente, Ahito y Ane les seguían hablando acerca de música y algo más que Tia no atinaba a oír y finalmente la rubia cerraba el grupo a unos metros del resto, con Micro-ice caminando a su lado. Habían decidido ir a sentarse tranquilamente a un embarcadero, algo más alejados de la aglomeración de gente.
Tia miró al cielo y contempló las estrellas. Buscó el lugar donde en teoría debía estar Akillian, pero una pequeña nube ocultaba el planeta. Sí podría vislumbrar en cambio Luna Obia, a escasa distancia de Akillian, así como el brillo remoto de Génesis, y mucho más apartada del estadio estaba la estación espacial de Lyra, donde en apenas tres días iban a llevar a Sonny...
-¿Qué se cuece en tu pequeña cabeza humana?- preguntó Micro-ice mientras se relamía, después de terminarse su manjar de barquillo, chocolate y fresa.
Tia sonrió pero se encogió de hombros.
-Pensaba en casa. En Akillian.
-Ya.- Micro-ice alzó los ojos y buscó el planeta, pero tampoco logró verlo. - Nunca pensé que fuera a decir esto, pero lo echo de menos.
-Parece mentira que llevemos aquí.. ¿Cuánto? ¿Dos meses?- Tia sacudió la cabeza.- Es extraño. Siento que ha pasado rápido y a la vez es como si hubiera sido una eternidad. Como si todo lo que fuéramos antes, todo lo que hemos sido, estuviera a años luz.
Micro-ice comprendió, y apartó la mirada del cielo para dirigírsela a ella. Los astros se reflejaban en sus ojos verdes, y era como si las constelaciones estuvieran atrapadas en su interior.
-Es decir...- Tia volvió a hablar. - Todo ha cambiado de pronto y es como si ninguno nos hubiéramos dado cuenta. Mei, Yuki, D'Jok, Rocket..., ¿dónde han quedado? ¿Por qué tuvieron que dejarnos? - hizo una breve pausa. - Hace ya un año que Rocket se fue, Micro-ice. Un año exacto. Se ha convertido en un recuerdo borroso, y eso es aún peor que el dolor, la indiferencia es un sentimiento terrible, porque es como si la intensidad de todo lo que vivimos se hubiera visto reducida a nada. Solo queda una cicatriz, pero la herida ha desaparecido. No puedo evitar preguntarme si alguna vez existió realmente, ¿entiendes? Es difícil de explicar. Es como si todo fuera un sueño, algo que hubiera vivido otra persona. Como si no me hubiera ocurrido a mí.
Sintió cómo un nudo se le formaba en la garganta. Tal vez Micro-ice pensaba que era estúpida, nada, sin embargo, más lejos de la realidad. No sabía en qué momento él se había convertido en su confidente, pero esa nueva posición no disgustaba a ninguno. Al contarse el uno al otro sus pensamientos y descubrir un nuevo nivel de profundidad en su relación, uno que Tia sólo había tenido con Rocket, Mei y de algún modo con D'Jok y Micro-ice nunca con nadie, ambos se sentían más cerca. Más cerca el uno del otro y también, de alguna manera, más cerca de él. Era lo más importante que compartían, más incluso que su propia amistad. D'Jok era un vínculo definitivo e irreversible entre Tia y Micro-ice. Por mucho que Tia hubiera sido amiga de Mice antes incluso de ser amiga de D'Jok, por mucho que su relación hubiera sido buena cuando ni siquiera miraba al pelirrojo a la cara, el hecho de compartirle a él en cierto sentido estrechaba su lazo de manera definitiva. Para Micro-ice, Tia era más que una amiga; era la chica a la que amaba su hermano. Para Tia, Micro-ice era casi de la misma sangre que... que D'Jok. No su novio, su amigo, el chico al que quería. D'Jok era D'Jok. Sin matices posibles. E intentar abarcar la complejidad de su relación con un solo término le parecía un insulto para todo lo que significaba.
Al hablar de él sin mencionarle, ambos le sentían cerca. Eso es lo que hacía que D'Jok siguiera siendo real. Ambos le encontraban en las palabras del otro.
-Es mejor así, ¿no crees? Eso significa que estás preparada para avanzar.- respondió Micro-ice, serio como pocas veces en su vida. Y entonces lo preguntó. - ¿Y D'Jok, Tia? ¿Es una herida abierta?
Ella no tuvo que pensar la respuesta.
-Duele todos los días.
Micro-ice asintió con comprensión. Deseaba bromear, deseaba hacer un comentario propio de él que relajara toda la presión del ambiente, deseaba hacerla reír y que entonces los dos olvidaran ese momento. Pero no podía.
-Va a tener que acabar volviendo. Cuando termine el Torneo y regresemos a Akillian él tendrá que venir. Allí está su casa, y si no es por nosotros, al menos tiene que pensar en Maya.- el chico se mostraba absolutamente convencido. - Sonny volverá a ser libre, porque... Bueno. Porque es Sonny Blackbones. Hará entrar en razón a D'Jok.
-¿Estás seguro?- preguntó Tia. Ella misma se había dicho todo aquello con absoluto sentido de la lógica, pero aún así no podía evitar dudar.
-Como de que el mundo es mundo y Sinedd es un capullo.- Mice sonrió y ella le imitó. - Conozco a D'Jok desde que teníamos tres años. Es muy intensito, el pobre. Cuando se enfada tiene que llevar su cabreo hasta el final por orgullo, no le queda otra. Pero D'Jok siempre, siempre, siempre perdona. Y no guarda rencor. Algo bueno tenía que tener el muy cabeza hueca.
-Supongo que sí.- contestó ella. Pero entonces se acordó de golpe de las palabras de Mei. De lo que habían hablado la chica y ella dos días atrás. La pregunta escapó de sus labios sin que tuviera tiempo para reflexionar.
-Mice. ¿D'Jok fue infiel a Mei?
A bocajarro. La cara de Micro-ice cambió por completo. Mostrando una mezcla entre precaución y desconfianza.
-¿A qué viene eso?
-Mei me lo contó.- Tia se encogió de hombros. - Y quiero saberlo. Necesito saber, bueno...
-Que puedes confiar en él.- Micro-ice sacudió la cabeza. - Eso es exactamente lo que tanto le ofendía, aunque no lo dijera, ¿sabes?
-¿A qué te refieres?- Tia frunció el ceño.
-A tu falta de confianza en él.- Tia abrió la boca para protestar, pero él siguió. - No lo niegues. Dudabas de que él te quisiera realmente, dudabas de que le importaras, dudabas de su capacitación como capitán y de sus intenciones cuando Rocket se esfumó... Todos tenéis tan asumido que D'Jok es competitivo y prepotente que no veis nada más allá de eso. No veis que también es generoso, compasivo y valiente. Esa actitud le molestaba de todos, pero especialmente le dolía cuando venía de ti, aunque fingiera no darle importancia. Pero yo sí que me daba cuenta, y eso que soléis tomarme por estúpido.
Tia se quedó sin palabras. Nunca hasta ese momento había pensado que D'Jok pudiera sentirse así. Pero Micro-ice tenía razón, y eso la hacía avergonzarse de sí misma. Comenzaba a darse cuenta de lo mal que había llegado a tratar a D'Jok sin darse cuenta, como si tuviera derecho a ello. El chico había recibido sus comentarios despectivos y sus malas miradas sin enfadarse nunca, más bien al contrario, siempre había tratado de ayudarla, e incluso... Incluso, según había confesado, se había enamorado de ella. ¿Cómo podía haberlo hecho? ¿Qué había visto en Tia, que se había comportado con él como un ser terrible?
Micro-ice la observó en silencio y debió de darse cuenta del cambio repentino de estadio de ánimo que experimentó la chica, porque decidió romper el silencio.
-Escucha, Tia, no voy a defender a D'Jok porque sé que no puedo, aunque eso no le convierte en un demonio. Sí, estuvo con otras.- reconoció. - Siempre se le han dado bien las chicas, supongo que porque es carismático y porque en vuestra opinión es atractivo aunque a mí me parece que tiene cara de estar oliendo mierda.- rodó los ojos con gesto de broma, casi como si él pudiera escuchar su comentario y responderle con otro igual. - Ligaba mucho cuando estábamos en el instituto y obviamente ligó aún más cuándo se convirtió en una estrella, ya sabes, todo ese rollo de su "gran destino". Cuando Mei, una de las chicas más espectaculares que he visto en mi vida, con perdón, se fijó en él, ¿qué iba a hacer? Perdió los huevos por ella. Cualquiera, incluido tu santo Rocket, lo habríamos hecho también.- ignoró el ceño fruncido de Tia. - Pero por sus formas de ser chocaban constantemente, eso ya lo sabes. Más de una vez se dieron un tiempo, y en esas ocasiones, si a D'Jok se le ponía por delante una chica lo bastante atrayente, bueno... No podía evitarlo. Era instintivo. Creo que trataba de llenar un hueco... No sólo literalmente, claro.- sonrió con una mueca por su propia broma, pero Tia cada vez estaba más seria. - Luego siempre se arrepentía. Decía que no sabía por qué lo había hecho. Entonces Mei volvía llorando, o él volvía a Mei de rodillas, tenían una apasionada reconciliación y volvían a ser felices y pasionales durante las siguientes dos o tres semanas, dos meses a lo sumo. Y vuelta a empezar.
-¿Nunca se... implicó con ninguna de esas chicas?- preguntó Tia. Todo aquello la estaba dejando helada.
-¿Que si llegó a sentir algo por ellas? No que yo sepa.
-¿Y cómo puedes pretender que confíe en él?- Tia apretó los puños. Ahora era ella quien estaba molesta con D'Jok. Trataba de ser objetiva, pero no podía, y tampoco como mujer.
-Porque te quería.- Micro-ice alzó las cejas como si fuera algo obvio.
-Verás, en teoría también quería a Mei.- replicó ella con tono cáustico.
-Sí, después de haberse fijado en ti.
-¿Por qué lo hizo? Yo no entro en ese perfil de chica que me describes.- trató de sonar más confiada de lo que se sentía, aunque no estaba segura de haberlo logrado. - ¿Cómo pudo fijarse en mí?
-¿No crees que seas el tipo de chica guapa, con un cuerpo increíble y tremendamente femenina?- al ver que negaba con la cabeza, agregó: - Pues tienes razón, no lo eres.
Tia se encogió, como si la hubiera golpeado. Micro-ice acababa de meter el dedo en la llaga, en una muy delicada. Sintió un dolor real en el estómago. Pero él continuó:
-Para él, eras más que eso.- ahora se mostró infinitamente más amable. - ¿Por qué nunca ninguna de las otras consiguió retenerle a su lado? Porque no le llenaban en absoluto, ni siquiera Mei. Y tú sí. No me preguntes a mí en qué sentido exactamente porque es él el que se enamoró de ti. Es algo que tenéis que arreglar vosotros.
Tia no contestó de inmediato, sino que meditó acerca de sus palabras. Sí, tenía que hablar de muchas cosas con D'Jok. El problema era que no sabía cómo ni cuándo iba a hacerlo.
-Gracias, Micro-ice.- murmuró. - De veras.
Él logró esbozar una sonrisa y le puso una mano en el brazo antes de girarse y caminar hacia los otros, sentados en el extremo del embarcadero, esperándoles. Tia hizo de tripas corazón y le imitó, pero sus palabras quedaron como escritas con pintura fresca en su mente.
[Quizás estoy demasiado ocupado siendo tuyo,
como para enamorarme de alguien nuevo.]
-Tristan me ha escrito un mensaje. Al parecer se ha encontrado con unos conocidos de Shiloh y por eso no ha venido a buscarnos, pero ya está en camino.
Thran miró a sus compañeros con las manos en los bolsillos, apoyado en el ventanal de su cuarto. Ellos asintieron, sentados en el suelo. Estaban echando una partida de cartas, pues, aunque hacía un rato que habían llegado a casa y era casi media noche, estaban demasiado espabilados como para acostarse. No obstante, Aarch les había dado instrucciones claras de volver antes de las doce. La final estaba cerca y ellos tenían que entrenar.
-¿Qué será todo ese movimiento en el puerto?- preguntó el chico al volverse para escudriñar tras el cristal, quizás más dirigiéndose a sí mismo que a ellos.
-Thran, a veces creo que te falla la memoria a corto plazo.- Micro-ice repartió las cartas. - Se llama feria y acabamos de llegar.
-Eso no, cabeza de chorlito. Me refiero a esos barcos.
Tia alzó las cejas con sorpresa y se levantó también para mirar. En efecto, un par de barcos se encontraban a flote no muy lejos de la costa, y de ellos sobresalían lo que en la oscuridad parecían un par de grúas.
-¿Qué hay de raro?- le preguntó la chica. - Serán simples labores de mantenimiento.
-Que esa es una zona protegida.- le explicó Thran, con el ceño fruncido y sin apartar la vista. - Ya sabes, por los corales. En teoría, está estrictamente prohibido entrar más allá de las boyas amarillas, tanto para embarcaciones como para bañistas. Lord Primus siempre ha sido muy claro al respecto. Es un área de especial interés natural.
Tia frunció los labios los labios. Los demás no les escuchaban, pues no entendían por qué tenía que ser todo aquello importante. Pero para la chica sí lo era. Y al parecer Thran también se daba cuenta de que en ese planeta sucedían cosas extrañas.
-Los hemos visto al ir al puerto. Cargaban unos tubos enormes, como cañerías.- murmuró. - No me había fijado.
-Están justo en la trayectoria entre la playa y los dos estadios. Siempre me ha sorprendido que estuvieran construidos en altamar. Supone todo un problema para la evacuación.- divagó Thran. Entonces sacudió la cabeza, como si saliera de un sueño. - Supongo que tienes razón. Serán labores de mantenimiento.
Él se apartó de la ventana, pero Tia permaneció allí plantada con persistencia. No escuchaba las voces de sus amigos, ni veía las luces de la fiesta de la playa, ni podía concentrarse en nada más que en sus propios pensamientos. Estaba absorta.
Micro-ice gritó entusiasmado cuando ganó esa ronda y fue entonces cuando sacó a la rubia de su ensoñación. Ella suspiró. Últimamente estaba todo el día sumida en sus propios pensamientos, más aún de lo normal. Miró a Thran, que estaba de pie a su lado mirando con una sonrisa el baile triunfante de Mice, y le dijo:
-Voy a traer algo para beber. ¿Me ayudas a subir los vasos?
Él asintió distraídamente y la siguió. Los otros cuatro ni siquiera repararon en que habían salido del cuarto, concentrados como estaban en el juego.
-¡Eh! ¡Eso es un as! ¡Esta mano la he ganado yo!
-¿Cuál es un as, lista?
-¡Ese!
-Estamos jugando con unos, no con ases.
-¡Eso no es verdad! ¡Ahito, dile que no es verdad!
-Mice, eres un tramposo.
La discusión se prolongó durante varios minutos, hasta que fue interrumpida:
-¿A qué vienen esas voces? Parecéis un grupo de fans peleándose por una foto mía.
Tristan acababa de llegar, y les miraba con una ceja enarcada.
-Tú no tienes fans, Tristan.- se mofó Micro-ice.
-Te sorprendería saber cuántas me llaman en mitad de la noche, Mice, mientras tú roncas como un oso.- él esbozó una sonrisa mientras se quitaba la chaqueta. No tardó en darse cuenta de que faltaba alguien: - ¿Y Thran y Tia?
-Creo que han dicho que iban a la cocina a subirnos algo de beber.- dijo Ahito distraídamente mientras barajaba. - ¿Quieres jugar?
-Empezad esta ronda sin mí. Voy a cambiarme de ropa.
Él salió sin añadir nada, aunque con el ceño algo fruncido. Había entrado a la casa por la puerta del porche, que estaba justo al lado de la cocina abierta, y no había visto a sus dos amigos. Quizás era un alarmista, pero con todo lo que estaba ocurriendo en Paradisia les gustaría poder tenerlos controlados en todo momento, especialmente a Tia. Era su misión, al fin y al cabo. Sonny le había mandado para tenerlos a todos vigilados, pero especialmente ella, porque la chica sabía más de la cuenta y eso podía suponerle un riesgo. Si Tristan fallaba en su trabajo, no se lo perdonaría en la vida. Y Sonny tampoco.
Pero no tuvo que seguir sucumbiendo al alarmismo. Al bajar a la planta inferior, vio a los dos amigos cogiendo una jarra de limonada y varios vasos para subirlos con aspecto despreocupado. Tia sonrió a Tristan.
-Eh, Tristan. No te hemos oído llegar.
-Y yo no os he visto al entrar.
Lo dijo no sin cierto tono de sospecha. En lugar de contestar, Thran apiló varios vasos en una torre y dijo:
-Voy llevando estos.
A Tristan no se le pasó por alto la seriedad que manifestaba y lo escueto de aquellas simples palabras, como si no estuviera de humor para hablar. ¿Había ocurrido algo desde que él se había ido? Siguió su movimiento con la vista, y cuando él hubo desaparecido escaleras arriba, miró de nuevo a Tia. Ella tenía los ojos fijo en él y esbozaba una sonrisa inocente. Demasiado inocente. Tristan frunció aún más el ceño, con las manos en los bolsillos, pero ella habló antes de que pudiera hacer ninguna pregunta:
-¿Y bien? ¿Vas a contármelo?
Tristan lo sopesó un momento, pero finalmente decidió dejarlo ir y se aproximó a ella. Tia retrocedió instintivamente, hasta que ambos acabaron en el rincón, casi detrás de la nevera, con el chico inclinado hacia ella. Pensó abochornada que si alguien llegara en ese momento pensaría que lo estaba ocurriendo era algo totalmente distinto a la realidad. Y supuso que esa era la intención de Tristan; disimular. El pirata habló bajo.
-He estado con los piratas. Han usado al abogado de Sonny instalándole un chip para controlar sus acciones y de ese modo poder pasar información a Sonny del plan de huida sin levantar sospechas, de manera que ese día esté preparado para lo que tiene que ocurrir.- su voz era apremiante.- Él nos ha contado que Lord Primus se dejó caer por su celda. El muy cerdo, pensando que Sonny ya no podría delatarle, le contó todo. Al parecer, Lord Primus no es su verdadera identidad. Se trata de Magnus Blade, uno de los piratas más temidos de todos los tiempos. Era el capitán de la Black Manta. Sonny era su brazo derecho, pero se acabó rebelando contra él y su propia tripulación le desterró porque perseguía fines egoístas que violaban el código y el modo de actuación de los piratas. Lo único que le interesaba era enriquecerse hasta el punto de asaltar a gente inocente, civiles. Nosotros no hacemos eso.- sentenció con dureza. - Sonny ocupó su lugar y Blade lleva esperando toda la vida para vengarse. Decidió crearse una nueva identidad y empezar de cero en el mundo de los negocios hasta convertirse en el poderoso millonario que hoy conocemos, de maneras poco lícitas. Esa es una de las razones por las que Sonny estaba tan empeñado en venir a Paradisia. Al ver a Primus en la holotelevisión, reparó en el parecido con Blade. Blade por su parte sabía que vendría y lo preparó todo para atraparle cuando eso ocurriera. Era una trampa.- apretó los puños, como culpándose a sí mismo por no haberlo imaginado. - Parece ser que Primus está asociado con toda una trama de individuos a los que Bleylock convenció con sus planes. Quieren controlar el fluido único. A Primus le prometieron una cuantiosa suma de dinero si se aliaba con ellos. Él les proporcionaba multifluido y a cambio obtenía la suficiente cantidad de este como para inyectarlo en el núcleo de Paradisia.
El rostro de Tia estaba lívido. La chica se apoyó en la encimera como si le costara procesar todo aquello. En su cabeza sólo cabía una pregunta:
-¿Por qué quiere hacer eso?
-Para devolverle a Paradisia un fluido.- explicó el chico. - El planeta perdió el suyo por culpa de la Tercera Guerra.
-Con un fluido propio, un equipo capaz de usarlo y un Torneo propio, los beneficios de Blade se multiplican exponencialmente.- susurró Tia. - ¿Así que sólo le mueve el interés económico?
-Principalmente. También la venganza.
La miró con preocupación, alzando las manos con cautela como para posarlas en sus brazos, en sus hombros, como si buscara la manera de reanimarla, de hacer que desapareciera de su cara el desfallecimiento. Pero no fue necesario. Porque entonces el gesto de ella se endureció y se alzó de nuevo en su estatura.
-¿Crees que por eso fichó a D'Jok? ¿Porque le parecía que de algún modo hacía daño a Sonny?
Tristan se dio cuenta de la urgencia de su pregunta. De la respuesta que necesitaba.
-Es probable
La chica suspiró. Cada vez había más piezas del rompecabezas que comenzaban a encajar, pero también quedaban huecos que la tenían al borde de la desesperación. Recordó algo de repente:
-Esa es la conversación que escuché en la mansión... Están produciendo el multifluido a través de los jugadores. Pero, ¿cómo?
Tristan asintió despacio. Esa misma interrogación le había hecho él a Corso poco antes.
-Eso es lo que tenemos que averiguar. Según Sonny, debe haber una especie de depósitos donde lo están acumulando.
-¿Vais a destruirlos?
-No podemos. Es potencialmente peligroso, un paso en falso y todo el planeta podría volar en pedazos. Semejante cantidad de multifluido tiene el poder de destrucción de decenas de bombas nucleares, Tia. Tenemos que llevarnos una muestra para poder fabricar lo que Sonny ha denominado el antimultifluido.
En ese momento, Tia recordó una conversación, aquella noche mientras cenaban en casa de Primus.
"-¿No se supone que los dos equipos finalistas del Torneo ganan el pase directo a semifinales de la Copa?- preguntó Micro-ice a Aarch en confidencia.
-Así es.- Aarch bebió con el ceño ligeramente fruncido, y dirigió una mirada rápida a Adim antes de girarse hacia el chico. – Al menos es una de las negociaciones a las que llegaron.
-Realmente es el premio más apetitoso.- comentó Tia. – Es decir, una Copa Galactik Football siempre valdrá más que un Torneo Paradisia. Muchos aquí se darían con un canto en los dientes si quedaran en segundo puesto con tal de asegurarse la presencia en semifinales.
-Supongo que Lord Primus estaría encantado si su equipo llegara a la final. Ganarían el derecho a jugar la Copa sin haber pasado siquiera la fase de grupos.- dijo Micro-ice. - Más publicidad para él ¿no? Al fin y al cabo parece que es lo único que quiere."
Se lo contó a Tristan.
-Qué estúpidos fuimos. Micro-ice ya se había dado cuenta. Primus está dipuesto a cualquier cosa con tal de conseguir ingresos, incluso a usar a los jugadores para obtener un fluido lo bastante potente que permita ganar a su equipo. El pase a la Liga significa más dinero.
-Así es. Ese hombre no tiene escrúpulos.
Tia se acercó un poco más a él, de manera casi apremiante.
-Tenéis que detenerle. - era una petición desesperada que exigía una promesa a cambio. - Ese hombre, el multifluido... Es una amenaza para toda la galaxia.
Ahí sí, Tristan le puso ambas manos sobre los hombros, tratando de calmarla, y de calmarse de ese modo a sí mismo.
-Te prometo que lo haremos, Tia. Le detendremos.- ella pareció tranquilizarse y le miró con cierta dulzura, la luz cálida de la cocina alumbrando parte de su rostro y ensombreciendo la otra. - Ahora lo más importante es encontrar el multifluido para extraer una muestra y sacar a Sonny sano y salvo de su encierro. Cuando le tengamos de nuevo con nosotros arreglaremos cuentas con Primus y averiguaremos quiénes están detrás de todo esto. Y acabaremos con ellos.
Tia asintió, y no puedo evitar estirar los brazos y lanzarlos alrededor del chico, buscando un punto de apoyo. Tristan la abazó también, acariciándole la espalda para tranquilizarla. Si él mismo estaba casi desbordado por la situación, y llevaba años siendo pirata, ¿cómo no habría de estar aquella muchacha?
-Tengo que decirte algo- dijo ella contra su hombro, con cautela. Tristan se apartó un poco para mirarla. Hizo un gesto con la cabeza para indicarle que continuara. Ella vaciló un momento antes de confesar, con toda la serenidad del mundo:
-Se lo he contado a Thran.
