ALERTA. 29/2/2016: VER ACTUALIZACIÓN AL FINAL.
Nota de autora al final. Larga pero deberíais leerla :)
El tiempo es sabio, esclarece y concede,
la libertad es la madre de todos lo bienes.
"Love is weakness". Lexa, The 100.
Él nunca había sabido lo que era querer. Jamás había sentido esa cosa caliente y pegajosa que llaman amor y que se extiende desde los dedos de las manos hasta los dedos de los pies, que te hace sentir acompañado incluso cuando estás solo. Y Sinedd llevaba toda su vida solo, incluso en el bullicio del dormitorio compartido en el orfanato, incluso en las largas mañanas en la escuela rodeado de niños ruidosos, incluso en las familias de acogida que se lo pasaron de mano en mano como si fuera un cachorro sin hogar. Si alguna vez había tenido algo parecido a amigos, le habían dejado en la estacada a la mínima oportunidad, como la panda de matones que le acompañaban en sus gamberradas de adolescente confiriéndole una falsa sensación de seguridad pero que no habrían dado un céntimo por él. A la hora de la verdad, cuando las cosas se ponían serias, ninguno le había abierto su puerta. Ninguno le había tendido una mano.
Sí, Sinedd siempre se había sentido solo. Sinedd nunca había sabido lo que era el amor. Hasta que la conoció a ella.
Era gracioso que hubieran coexistido durante tantos años sin llegar a conocerse realmente. Que sus existencias hubieran transcurrido tan paralelas sin entrelazarse. Como compañeros de equipo al principio, como rivales después. Para Sinedd, Mei no había sido más que una cara bonita que sabía dar golpes al balón con cierta gracia y firmar contratos publicitarios, la chica con la que nunca había intercambiado más de dos palabras sobre el campo y fuera de él, una cara tras la pantalla, un gesto altivo por encima del hombro, la que calentaba la cama de su enemigo. Durante los años en que habían jugado en equipos abiertamente enfrentados, había visto entre los Snow Kids las más diversas reacciones hacia él. D'Jok y Micro-ice le odiaban, y por supuesto el sentimiento era mutuo. Thran, Ahito y Mark eran lo bastante amigos de los otros dos como para haberse posicionado también en su contra cuando había sido necesario. Yuki y Tia siempre se habían movido entre la indiferencia y la cordialidad. Aunque estaban acostumbradas a oír a sus compañeros criticarle hasta quedarse sin adjetivos, la primera iba demasiado a su aire como para darle importancia y la segunda prefería abstenerse de juzgarle si no podía aportar una opinión de primera mano. La única excepción había sido Rocket, a quien realmente había llegado a respetar e incluso a apreciar. Él y el sobrino del entrenador eran más parecidos de lo que el resto quería admitir. Y en lo que concernía a Mei, bueno... Miradas de superioridad y casi repulsión que la chica no se molestaba en disimular. A él siempre le había causado gracia. Tan guapa y tan llena de amargura, solía pensar.
Y entonces la conoció. De verdad.
Y todo empezó como parte de su pacto con Primus. Él solo tenía que ayudarle a fastidiar un poco a D'Jok, y quitarle a su chica no era algo que le apeteciera especialmente habiendo otros métodos más radicales, pero podía llegar a resultar divertido. No había calculado los riesgos, y por idiota, se había enamorado de ella en el proceso. De la mujer que se escondía detrás de toda esa imagen, de toda esa pose. Mei se había abierto a Sinedd. Y cuando él se quiso dar cuenta de que no había vuelta atrás, era demasiado tarde. La quería.
Por eso ahora las manos le temblaban y le sangraban los nudillos y el corazón se le aceleraba en el pecho e incluso podía tocar los restos de lágrimas en su rostro desencajado. Porque él la quería y ella estaba postrada en una cama de hospital, porque había sido culpa suya, porque la quería, la quería, y no soportaba verla así, a ella, la única persona que le había hecho sentir amado. Y maldijo al amor con la cara entre las manos. El amor le había hecho débil. Mei le había hecho débil.
Y él tenía que vengarse de Magnus Blade.
[No dejes que la presión te impida seguir.
En las buenas cientos,
en las malas pocos de ellos vi.
Sé lo caro que puede salir un fallo...]
Miraba sin ver, removiendo con una cucharilla el café de su taza. Estaba inclinada sobre la mesa del salón, aún no lo bastante espabilada. A su alrededor, el mundo giraba en torno a la rutina habitual de las ocho de la mañana. Ane caminaba de un lado para otro tras ella buscando sus deportivas, Thran subía a ponerse la equipación, Mark veía dibujos sentado en el sillón mientras engullía un par de tostadas, Ahito se servía un vaso de leche en la cocina, y Micro-ice, con cara de pocos amigos, mojaba sin mucho entusiasmo una magdalena en su taza. El día estaba inusualmente nublado para el tiempo soleado que era norma en Paradisia, y la luz blanquecina y el aire que azotaba las palmeras hacía gruñir y maldecir al chico.
-Lamento que las presiones atmosféricas no tengan en cuenta tus sentimientos, Mice, pero en cualquier caso no habrías podido ir a la playa.- replicó Ahito desde la cocina. - Mañana es la final, ¿recuerdas?
-No lo digo por mí. Ya me has hecho tragar bastante sal durante los dos últimos meses.- resopló él, con el ceño fruncido. - Pero mi madre llegará en unas horas y lleva cinco días preguntándome por teléfono qué bikini debía traer, si el de flores o el de rayas. Juro por Dios que si no tiene ocasión de usarlo me lo pondré yo mismo, aunque tenga que nadar bajo la lluvia.
-En ese caso espero que no veamos el sol durante mucho tiempo.- sonrió abiertamente Ahito, sentándose junto a ellos.
-Ni se te ocurra decir eso.- exclamó Mark, que les escuchaba desde el salón. - Si llueve, serás tú el que aguante a mis dos hermanos pequeños metidos en casa todo el día. Y créeme, no es algo que estés preparado para resistir.
- Os conozco a ti y a Mice desde los cinco años. Vuelve a insinuar... Eh, oye.- Ahito, frustrado, estiró la mano y sujetó la muñeca de Tia, que alzó la cabeza, desorientada. - Llevas veinte minutos removiendo ese café, y no creo que vaya a cambiar de líquido a sólido. En cambio, yo tengo un dolor de cabeza terrible.
-Perdona.- murmuró ella, y pestañeó algo azorada. Últimamente vivía en las nubes. - Hablando de dolor de cabeza...
Estiró el brazo, ya libre, y cogió un par de pastillas que Dame Simbai le había dejado sobre la mesa para la jaqueca que no dejaba de atormentarla desde hacía un tiempo. Las tragó sin pensar, ayudándose con un sorbo de café.
-Así que tú también.
Miró a Ahito, que la observaba con una expresión extraña. Micro-ice, ajeno a la conversación, se incorporó, recogió su taza, y trotó escaleras arriba para vestirse.
-¿Yo también?- preguntó Tia sin entenderle.
-Los dolores de cabeza. Empezaron como un dolor leve que apenas notaba. Pero desde un poco antes de la semifinal, cada día son más fuertes.
Tia frunció levemente el ceño. A ella le había ocurrido lo mismo.
-Igual que yo. No le he dado importancia hasta que no ha empezado a ser más molesto. Qué extraño que nos pase a ambos.
-No somos los únicos. Por lo que me dijo Simbai, ha hablado con algunos de sus colegas, y hay más jugadores así. No son muchos, pero presentan el mismo cuadro clínico.
Tia abrió mucho los ojos. Aquello le sonaba demasiado. ¿Acaso no había sido uno de los temas de conversación más habituales en las últimas semanas las repentinas indisposiciones de Luur, Warren, Sinedd, Mei o Kernor, a las que, sin embargo, nadie había podido, o querido, dar una explicación lógica?
-¿Cuál crees que es el motivo?- murmuró. Sabía que había algo grave en todo aquello. Por eso bajó inconscientemente el tono de voz, aunque no estuvieran hablando de nada malo y, en realidad, nadie les estuviera escuchando.
Pero Ahito se mostraba igual de reservado al respecto.
-Vamos, Tia, ¿no lo has notado? Pensaba que lo habrías hecho. - al ver que ella no comprendía, explicó. - A mí estos síntomas me son familiares. La sensación de vacío en el estómago. El mareo repentino en determinados momentos, que dura apenas unos segundos. El aturdimiento. La falta de concentración. La fatiga.
Tia alzó las cejas, aún sin entender, y pese a su semblante serio bromeó:
-¿Narcolepsia?
-No.- él sacudió la cabeza y esbozó apenas el amago de una sonrisa. - El Fluido.
La bombilla se encendió. La corriente eléctrica volvió a fluir. Y Tia lo comprendió. No había reparado en los síntomas hasta que Ahito no se lo había dicho, pero era cierto que llevaban días ahí. Se sentía agotada, poco ágil mentalmente y con una especie de vacío que atribuía a factores como el cansancio de la competición o simple tristeza reprimida. Pero finalmente todo cuadraba. La vitalidad y fuerza que el Espíritu le insuflaba a sus pulmones parecían haberse desvanecido sin que ella hubiera podido evitarlo.
-¿Son los mismos síntomas que tuviste tú durante la última Copa? - aventuró a preguntar, con la boca seca.
-Minimizados en una centésima parte, pero sí. Supuse que tú los notarías también, porque el Espíritu es más fuerte en nosotros. Y el malestar se está manifestando precisamente en los que tenemos un fluido más poderoso. Simbai me lo explicó. - Ahito se encogió de hombros al ver la sorpresa en Tia. - Ya sabes, hablamos mucho desde lo de mi enfermedad. Tuve que pasar mucho tiempo en Akillian con ella y me contó muchas cosas acerca del Fluido.
Por un momento, Tia casi le envidió. El Fluido era un misterio para ella, pero por algún extraño motivo, nunca había preguntado a nadie al respecto. Entendía la curiosidad de Ahito, no obstante, y empezaba a contagiársela a ella.
-Entonces, ¿el Espíritu es más fuerte en algunos miembros del equipo que en otros?
-Sí, aunque puede ejercitarse, claro. Ninguno de nosotros le hemos sacado todo el provecho que podríamos. Normalmente rendimos a entre un cuarenta y un sesenta por ciento de su capacidad.
-¿¡Solo!?- exclamó Tia. Con el Espíritu se sentía invencible, y sin embargo, parecía ser que jamás había sobrepasado mucho más de la mitad de su potencial.
-Sí, solo. Aún así es más fuerte en ti, en mí, y en D'Jok.- titubeó un instante antes de seguir. Ambos lo sintieron, pero ninguno dijo nada. - Hemos llegado a alcanzar un setenta o un setenta y cinco por ciento. Los tres oscilamos en el mismo rango.
-¿Nadie ha llegado al cien por cien?- preguntó Tia.
-¿Te refieres a en el Galactik Football? Creo que solo Aarch. Según Simbai, una vez llegó a duplicar el potencial normal.- respondió Ahito, no sin cierto tono de reverencia. - Imagínate poder jugar llegando a usar un doscientos por cien.
-Vaya...- miró por la ventana, sumida en sus propios pensamientos. Lo que le había dicho Ahito era impresionante, pero había algo que le inquietaba aún más. Ya no eran sólo jugadores que habían estado en la Esfera los que acusaban problemas físicos, sino también el resto. Aquello era, indudablemente, resultado del multifluido. Debía de ser una cantidad realmente grande la que había en Paradisia si comenzaba a afectarles de ese modo. Y lo peor es que ni siquiera sabían si habían terminado de inyectarlo en el núcleo del planeta. En el caso de que eso no hubiera ocurrido aún, no quería ni pensar hasta qué extremos de desgaste podían llegar ella y sus compañeros. ¿Era algún tipo de consecuencia de la exposición al multifluido? Apretó los puños sin darse cuenta. Debía averiguarlo.
-¿Y Tristan, a propósito?- preguntó Mark desde el salón, como su hubiera recordado al chico de golpe.
- Ha salido a correr.- respondió Ahito llanamente mientras se incorporaba. El chico debía de haber madrugado mucho, pues cuando Mice se había levantado él ya no estaba y su cama estaba perfectamente hecha. - Ha mandado un mensaje para que no nos preocupáramos. Según él, hace un día estupendo.
-¿Un día estupendo?- exclamó Mark. - Estupendo para quedarse en casa haciendo patchwork. Ese chico está como una cabra.
Tia frunció el ceño. En ese momento de su vida, no podía estar más de acuerdo con Mark.
[Escarmentados y curtidos,
ya aprendimos lo jodido que es seguir en pie
y seguimos a pesar de todo.]
Los pasos en la escalera la avisaron de que era él quien se aproximaba. Con el tiempo, había aprendido a reconocer a todos por el sonido de sus pisadas. Pegó la oreja a la puerta y escuchó cómo entraba en el baño y cerraba. Tia salió deprisa de su cuarto, echó un vistazo alrededor para asegurarse de que nadie la viera y abrió sin dudarlo la puerta del servicio, cerrando rápidamente tras sí.
-¡Eh, eh!- exclamó Tristan, que se había quitado la camiseta para empezar a ducharse. - Tu dormitorio es la puerta de al lado, por si lo habías olvidado. ¿O es que quieres que te explique cómo se usa la ducha, Tia? Verás, empiezas a desnudarte...
Hizo el amago de bajarse los pantalones, pero Tia se sonrojó y estiró las manos para detenerle balbuceando un "No, no, para". La piel del chico estaba inusualmente fría, por lo que pareció agradecer el hecho de que lo tocara. Y casi parecía divertirle el bochorno de su compañera.
-Has estado toda la noche fuera, ¿verdad?- le preguntó con expresión seria. Él se encogió de hombros.
-¿También vas a preguntarme con quién he estado y si he bebido?
-Deja de evadir el asunto con sarcasmos, Tristan, no soy estúpida.- replicó ella con dureza. Quizás demasiada. Al darse cuenta, relajó la expresión. Y quitó las manos de encima del chico. No obstante, su tono de voz pareció funcionar, porque Tristan dejó caer sus defensas y abandonó la máscara de indiferencia. Resopló, y en su cara se reflejó lo exhausto que estaba. Antes de hablar, se inclinó junto a ella y cerró con pestillo.
-De acuerdo. - reconoció. - Sí, he estado toda la noche con los piratas, buscando el multifluido, pero no hay ni rastro. Al ser indetectable, todas las tecnologías del mundo resultan inútiles.
-¿Dónde habéis buscado?
-En prácticamente todas partes. En teoría, debería tratarse de una reserva en el subsuelo, desde donde es transferida al núcleo de Paradisia. Nos hemos recorrido palmo a palmo toda la red de galerías y túneles que hay bajo tierra. Nos hemos metido en las alcantarillas. Nos hemos adentrado incluso en el mar, hasta donde los corales nos permitían avanzar. Según Corso, el depósito debe estar en algún punto bajo los pabellones de entrenamiento anexos a las residencias de los equipos.
Ella permaneció pensativa, con ese gesto que Tristan ya conocía tan bien.
-¿Dices que hay túneles bajo la superficie? ¿Con qué fin?
-En casi todos los planetas los hay. Conectan de manera rápida y segura lugares estratégicos. Suelen emplearse para transportar mercancías importantes, para desplazamientos de los cuerpos de seguridad que requieren gran velocidad, para traslados de personalidades importantes en caso de amenaza... En muchos casos, se convierten, como en Génesis, en el lugar idóneo para todo lo ilegal.
Tia asintió. Estuvo en silencio un momento, como recordando, y entonces inspiró hondo. Algo le decía que tenía que contarle todo lo que había hablado con Ahito durante el desayuno acerca de los síntomas físicos de los jugadores. Así lo hizo, y Tristan se ponía más y más serio a cada palabra.
-Cada vez nos queda menos tiempo. - susurró la rubia al finalizar su relato.
Casi se arrepintió, porque Tristan pareció mucho más preocupado que antes. Casi desesperado. Nunca le había visto así. Estaba acostumbrada a su aspecto de joven confiado que sabe que controla la situación, siempre con un as sobre la manga. Pero aquella situación, desde luego, se escapaba a su dominio.
-¿Estás enfadado conmigo?- murmuró Tia en clara alusión a la noche anterior, casi como una cría asustada que sabe que ha disgustado a sus padres. Tristan la miró. Clavó sus ojos de tormenta en los suyos. Y Tia se sintió invadida.
-No, Tia, no estoy enfadado.- contestó con una calma casi dolorosa. - Creo que ha sido una estupidez por tu parte y una falta de responsabilidad y sentido común que se lo hayas contado a Thran. Sólo reza porque Corso no se entere. Los chivatos no merecen ningún tipo de piedad para nosotros, pero desde luego menos para él. No va a tener compasión contigo, créeme, independientemente de lo mucho que hayas podido ayudarnos.
-Me cortará la lengua y machacará uno a uno todos los huesos de mi cuerpo hasta que le suplique que me mate.- respondió ella con tono monótono, con un humor negro oculto en su voz.
-¿Crees que es una broma? ¿Algún tipo de cuento infantil que contamos a los niños en Shiloh?- Tristan entornó los ojos, molesto por su actitud. - He visto a hombres mayores y maś fuertes que tú pedir clemencia entre gritos de agonía mientras eran torturados. Prometí protegerte, Tia, pero no puedo protegerte de nosotros mismos. Y mucho menos de ti.
Parecía atormentado, como si realmente le importara. Y por un momento, Tia tuvo miedo. Fue consciente de dónde se estaba metiendo, de la tela de araña en la que había entrado por su propio pie y que lentamente la estaba envolviendo, sin escapatoria posible.
-Creo que el mayor castigo que puedes recibir, sin embargo, es saber que ahora también has puesto en juego su vida.- sentenció Tristan.
Tia se encogió, abrazándose a sí misma. De repente, todo aquello había dejado de ser un juego, una aventura de una joven intrépida que se cree capaz de salvar al mundo sólo porque en una ocasión Sonny Blackbones la tomó a bordo en su nave. Pero era frágil, vulnerable. Era una pieza más en una enorme partida de ajedrez. Podrían apartarla del tablero de un manotazo en cualquier momento. Al final, alguien descubriría que había estado envuelta en los asuntos de los piratas y que conocía toda la verdad y se la quitarían de en medio sin dudarlo. Y no sólo estaba poniéndose en riesgo a sí misma, sino también a Thran y a todos sus seres queridos. Tanto el equipo como sus padres podían sufrir las consecuencias de sus actos. ¿Qué estaba haciendo? Sólo era una niña. Tenía que salir corriendo, huir de toda la verdad, dejar de mirar a los ojos a los jugadores de la partida. El problema es que algo le decía en su interior que era tarde.
-¿Y qué pasó con Stevens? - preguntó con voz desmayada. - Él me habló a mí sobre el multifluido antes de que Sonny lo hiciera.
Tristan apretó las mandíbulas.
-Stevens, como todos nosotros, ha tenido que pagar un precio. Lo que hizo fue tan estúpido como lo que has hecho tú, pero ya no hay vuelta atrás.
Tia suspiró y sonó casi como un sollozo. Vio su propio rostro en el espejo, repentinamente blanco, casi cadavérico. Como si ya estuviera muerta.
-Oye, ¿estás bien?- Tristan debió de darse cuenta, aunque aquello, francamente, le pilló de imprevisto. No era consciente de que se hubiera pasado.
-Tengo miedo...- balbuceó Tia. Era la única explicación coherente que podía darle. Finalmente, comenzaba a desmoronarse, como si fuera una castillo de piedra sostenido en precario equilibro que resiste azote tras azote hasta que la ráfaga definitiva lo tumba al suelo. Peor, como un castillo de naipes. Porque así se sentía ella. Como una débil estructura de papel.
-Tranquila, Tia.- trató de consolarla él, y estiró los brazos. Tia se dejó abrazar, y cerró los ojos, rodeando su cintura desnuda con los brazos. Tristan le frotó la espalda. - Yo también lo tengo. Todos lo tenemos. Pero estás siendo muy valiente.
-Yo sólo quería que Sonny fuera libre y que D'Jok volviera a casa.- murmuró ella. Su sentido de la lógica, al que había amordazado por un momento en un pequeño rincón de su mente, le gritaba que se estaba comportando de un modo infantil. Pero Tia la ignoró. - No quería esto. No quería nada de esto.
-Lo sé. Mañana todo se habrá acabado. Sonny estará sano, salvo, y de vuelta con nosotros. Y cuando acabe el Torneo, D'Jok volverá al equipo.
-¿De verdad?
Tristan depositó las manos en los hombros de la rubia y la apartó ligeramente, para que pudiera mirarle a los ojos, y viera la convicción en ellos.
-De verdad.
Tia asintió despacio. Pensó que debía de resultar una imagen lamentable, pero se equivocaba. Así, asustada y pequeña, a Tristan le tomó casi más cariño que cuando era independiente y fuerte. O quizás le gustó la combinación de ambas cosas, la suma de las dos mitades; el saber que había una parte en ella que le necesitaba. Que creía en él. Y todo eso era absurdo e inapropiado, ya que él estaba allí para cumplir una misión y esta consistía principalmente en limitarse a echarle un ojo y asegurarse que no se metiera en problemas por culpa de todo lo que sabía, pero le había cogido cariño. Y supo que no estaba allí sólo porque Sonny se lo hubiera encomendado poco antes de caer preso. Es que realmente la seguridad de esa chica le importaba. No merecía que aquella absurda batalla se la llevara por delante.
-¿Qué va a pasar?- preguntó Tia. - Con la galaxia, con todos nosotros... ¿Y si no podéis ganarles?
-Tia...- él esbozó una media sonrisa. - Los buenos siempre ganan.
Y, por primera vez en todo el día, ella consiguió sonreír también.
[Mantén despiertos tus sentidos,
Confía si te dan motivos,
Corre si tienes que hacerlo, amigo, el tiempo es oro.]
- Me mintió.
Las palabras retumbaron en la enorme sala sílaba por sílaba. La penumbra ensombrecía de un modo extraño los relieves en el artesonado del techo, los animales disecados que adornaban la pared como triunfos, y a la figura, también en parte muerta, sentada en la butaca del rincón. Si Lord Primus se asustó, no dio señal de ello. Miró a Sinedd de reojo y caminó hacia su escritorio, dejándose caer en su silla como una enorme masa de roca.
-No recuerdo haberlo hecho en ningún momento, mi joven amigo.
Sinedd no se acercó a él. Se quedó sentado como si fuera el dueño del lugar, con las piernas indolentemente apoyadas en el reposabrazos y jugueteando con un abrecartas que había tomado del escritorio, haciéndolo girar entre sus dedos.
-¿Quién te ha dejado entrar?- preguntó el magnate. Se echó hacia atrás y le miró con expresión inescrutable. Sabía que Sinedd era una pieza delicada. Era impredecible y no tenía nada que perder. Eso precisamente era lo que le convertía en un peligro para sus planes.
-Su secretaria sabe que hay un pacto entre nosotros, ¿recuerda? No he tenido que convencerla. Al menos, eso es lo que ella y yo creíamos.
-Y lo sigue habiendo.- contestó Primus con tranquilidad. Entonces, Sinedd cambió de postura, bajó los pies al suelo y se inclinó mucho hacia delante.
-Ese pacto no incluía a Mei.- siseó. Su expresión era amenazante, o eso era lo que Primus podía discernir entre la sombras que le rodeaban. El hombre permaneció callado un momento, irritando al joven, hasta que finalmente intervino.
-No me digas que te has enamorado de ella.- y se echó a reír. Se echó a reír sin remedio, sujetándose incluso la tripa, y humillando así aún más a Sinedd. Él se incorporó de golpe, furioso. - Parece que no eres mejor que D'Jok, ¿eh?
Primus siguió riendo, hasta que algo pasó volando junto a su cara. Escuchó un ruido seco y abrió los ojos como platos, con la risa congelada en la boca. Sinedd había arrojado el abrecartas y este había pasado rozándole hasta clavarse en la pared.
-¡No juegue conmigo, Blade!- gritó Sinedd. -¡Ella quedaba fuera de esto!
Se aproximó a él a zancadas y apoyó las palmas de las manos en el escritorio, echándose hacia adelante para mirar al hombre, que se había quedado totalmente quieto. El chico parecía desquiciado, con el pelo cayéndole desordenado sobre los ojos.
-Va a respetar mis condiciones. Le conviene hacerlo.- amenazó. - Recuerde que sé demasiado. Sé de sus artimañas para atraer a D'Jok, sé lo de su equipo de cyborgs, sé lo que hizo para que metieran a Blackbones en la cárcel. Bombardeó Génesis para paralizar las obras y conseguir que se jugara su Torneo y luego usted y sus subordinados de Technoid consiguieron manipular las imágenes de las cintas de seguridad para inculpar a Blackbones. No le interesa que me vaya de la lengua, y amenazar con matarme no le servirá de nada porque no sabe hasta qué punto he guardado el secreto o no. Así que deje a Mei en paz y limítese a ganar usando a su equipo de máquinas y a D'Jok.
Primus seguía sin mostrar expresión. Escuchó las palabras amenazantes de Sinedd con el rostro inescrutable de una estatua, y cuando él acabó, sólo respondió con voz serena:
-Me temía que algo pasaría. Creo que a quien no le conviene hablar es a ti, querido muchacho.
Sinedd frunció el ceño.
-¿A qué está jugando ahora? ¿A qué se refiere?
Con una lentitud deliberada y casi exasperante, como si no quisiera despertar a la bestia, Blade se sacó una diminuta llave del bolsillo y se inclinó para abrir el cajón de su escritorio. En este había tan solo una pequeña agenda negra, un cuaderno y un sobre color sepia. Cogió el último y, tras haber cerrado de nuevo con llave, lo arrojó encima de la mesa, indicándole a Sinedd con un gesto de la cabeza que lo abriera. Él lo hizo, no sin cierta desconfianza. Y para su sorpresa, todo lo que encontró fue una fotografía. Un hombre de cabello oscuro como el carbón y rostro anguloso, una mujer pálida de melena castaña y ojos de un azul tan oscuro que parecía negro, y un bebé en los brazos de ella, con los ojos de idéntico color y su incipiente cabello tan negro como la noche más profunda. Sinedd sentía que se quedaba sin aliento.
-Sé dónde están tus padres, Sinedd.
[Nada dura eternamente, la verdad esta ahí fuera,
las cosas no suceden siempre como uno espera.]
-Vamos, deberíamos volver antes de la hora de comer. - Ahito miró su reloj, que marcaba la una menos diez. Sus compañeros caminaban junto a él, traspasada la valla que rodeaba el recinto de la residencia. - Aarch quiere empezar el entrenamiento de la tarde a las cuatro para que hayamos podido terminar para cuando lleguen nuestros padres.
El día, que había amanecido nublado, se había ido despejando poco a poco. El sol se atrevía a brillar tímidamente tras una nube y la tibia arena de la playa empezaba a ser colonizada por los turistas. El planeta, ya palpitante de vida desde la llegada de los Snow Kids, rebosaba más actividad que nunca. Nuevos grupos de aficionados llegaban para ver la final, y las calles estaban aún más llenas si cabe. Los Snow Kids trataron de encontrar un atajo menos transitado en su camino a la residencia de los Shadows, pues querían visitar a Mei. Con todo, cada pocos minutos tenían que detenerse a firmar algún autógrafo o a hacerse una foto con algún forofo entusiasmado.
Thran, que encabezaba la marcha entre Ane y su hermano, echó un vistazo atrás. Micro-ice les seguía conversando con Mark y Tia y un poco más atrás estaba Tristan, con aire pensativo. Había tratado de hablar con él esa mañana pero el entrenamiento se lo había impedido y después Artegor le había pedido que se quedara un momento para hablar sobre sistemas defensivos. Cuando por fin había podido ir a buscarle al cuarto que compartía con Mice, Ahito y Tia habían llegado para instarles a cambiarse de ropa, pues querían ir a visitar a Mei. Ane y Tristan realmente no tenían nada de relación con la chica, pero Aarch había creído conveniente que fueran todos como equipo. Y desde luego, Thran no iba a quejarse de que su novia caminara junto a él, intercambiando miradas cariñosas de vez en cuando y enredando sus dedos con los de él. Sonrió levemente y entonces trató de centrarse de nuevo.
-Voy a hablar con Tristan. Quería preguntarme algo.- le dijo a la chica. Ella asintió levemente y le miró quedarse rezagado para ponerse a la altura del rubio.
Tristan alzó la cara cuando vio que Thran le esperaba. Tia también se dio cuenta, pero no dijo nada. En lugar de eso, instó a Mark y a Micro-ice a caminar un poco más deprisa.
-Hey.- saludó Tristan a Thran con un amago de sonrisa.
-Hola, colega. Se te ve cansado.
-Lo estoy.- reconoció Tristan. Caminó unos pasos más con la vista el suelo y entonces la dirigió a Thran. - Así que lo sabes, ¿eh?
Directo y sin rodeos. Como a Thran le gustaba.
-Me temo que estamos juntos en esto.- Thran simplemente se encogió de hombros. Cuando Tia le había confesado absolutamente todo sobre los piratas y el multifluido, no había dado crédito a sus oídos. Casi lo había tomado por una invención de la rubia. Y aunque no le agradecía que se lo hubiera contado (ni siquiera sabía por qué lo había hecho, ni cómo había acabado la propia Tia metida en todo eso) y no había podido pegar ojo en toda la noche dándole vueltas a la cabeza, sabía que estaba tan metido en el ajo como ellos dos. E iba a tener que respaldarles.
-Así que pirata, ¿eh? Hay que reconocer que tienes clase.- miró a Tristan y le vio esbozar una sonrisa y darle ligeramente con el codo. - Escucha...- alzó la vista para asegurarse de que sus compañeros no le miraban y empezó a hablar en un tono de voz más bajo. - Sé que esto va a parecerte una locura, pero me he dado cuenta de algo. ¡Tia!
Llamó a la chica. Ella se dio la vuelta y les miró algo aturdida, pero les dijo algo a Mark y Micro-ice para que siguieran caminando y esperó a los otros dos. Thran vio que Tristan le miraba con aire interrogante.
-Ya te he dicho que estamos juntos.- explicó con sencillez. - Lo que sepamos, deberíamos saberlo los tres.
-¿Qué sucede?- preguntó Tia, poniéndose al otro lado del defensa.
-He reparado en algo, y creo que es importante. Veréis, los holos en los que entrenamos están hechos un material dúctil, el BMG, que impide las fugas de Fluido. Está especialmente diseñado para ello, así como otros materiales, como un tipo de vidrio laminado denominado silioaluminato. Dichos materiales contienen el Fluido en su interior e impiden cualquier tipo de escape.
-Lo siento, Thran, pero me he perdido... ¿por qué debería importarnos?- preguntó Tristan con poco tacto, manifestando en alto lo que pensaba también Tia.
-Déjame acabar.- pidió Thran, antes de seguir con la explicación.- Tia y yo hemos visto BMG hace poco, pero no en forma de placa, sino tubular. Es decir, - agregó al ver las caras cada vez más desorientadas de sus amigos - anoche, en el puerto, vimos unos barcos en el área restringida portando unas especies de tubos fabricados con ese metal. Al principio pensamos que era una labor de mantenimiento, pero hoy, en el entrenamiento, me he dado cuenta de que el material es el mismo que el que compone los holoentrenadores. Y de que los pabellones de entrenamiento de todos los equipos se encuentran en la línea de la playa, formando media esfera.
Thran les hizo detenerse y señaló con la mano la línea de la costa, para que los otros se hicieran a la idea. Entonces su dedo apuntó hacia el Dome Stadium y el Big Arena, justo en el centro del agua , a unos quinientos metros de la playa, justo en el centro de la parte recta de la media luna imaginaria que trazaba esta.
-Imaginad la playa como si fuera un queso y partidla por la mitad. Figuraos que los dos estadios son el centro del círculo que teníamos antes, ahora medio círculo. Cada pabellón es equidistante respecto a ese centro.
-¿Y qué pasa con...?- empezó Tristan. Pero Tia se había dado cuenta. Abrió mucho los ojos.
-Los estadios... Anoche dijiste que era difícil evacuarlos.- articuló excitada por el descubrimiento. - Pero es al contrario. Lo difícil es acceder a ellos.- y miró a Thran, que le devolvía la mirada orgulloso por su hallazgo. Entonces agregó en un susurro:- El multifluido está debajo de los estadios.
-Y se alimenta no sólo a partir del Fluido que generan los jugadores en cada partido, sino además del que les llega a través de unos tubos subterráneos que salen directamente de los holoentrenadores de los equipos participantes y que están anclados al fondo marino, en una zona en teoría protegida para que nadie pueda saber de su existencia.
Tristan se detuvo en seco. Las palabras de Thran rebotaban en su mente como miles de esferas diminutas que se golpeaban atropelladamente entre sí. Observó la playa, observó los estadios, observó el pabellón de entrenamiento de los Snow Kids en la lejanía, y los cálculos le cuadrararon como una compleja ecuación matemática súbitamente despejada. Claro que él y los piratas habían considerado la posibilidad de que los depósitos estuvieran debajo de las residencias de los equipos, pero tras adentrarse en la tierra no habían encontrado nada... porque habían pasado por alto el sistema de tuberías. Y también habían explorado el fondo marino, pero la barrera natural de los corales les había impedido avanzar. Si hubieran seguido sólo unos metros más, se hubieran topado con los largos tubos que iban a desembocar a los estadios.
-Tengo que ir a decírselo a los piratas.- murmuró. Alzó la vista y observó a sus dos compañeros, mirándoles con nuevos ojos, especialmente a Thran.
-Y tienes que hacerlo ya.- ratificó Tia.
[La vida tiene sus misterios, sus sobresaltos.
Te va a tocar correr con los pies descalzos.]
Los dos hombres corrían como sombras, rápidos y ágiles, ocultos tras las siluetas de las naves estacionadas en la última dársena del astropuerto, desde la que salían los cargueros y las patrullas espaciales. Ambos llevaban una pistola láser agarrada firmemente. Uno de ellos, el más moreno, instó a su compañero a agacharse cuando un grupo de de militares pasó junto a ellos y subió a uno de los montacargas.
-¿Ves a los demás?- susurró Artie. Davison asintió. Desde el otro extremo del enorme pabellón, Tré, escondido tras unas cajas de mercancías junto a Kate, le hizo un gesto con la cabeza. A varios metro de distancia permanecían ocultos Ajax y Hawkins, y al alzar la vista vio a Enzo y Elián agachados en la plataforma superior, observando la escena desde arriba.
Artie se llevó la mano al auricular de su oreja y lo presionó, escuchando con atención. Entonces comunicó a Davison:
-Noticias de Bennet. Creen que lo han encontrado. Corso va a mandar una cuadrilla.- siguió escuchando en silencio antes de agregar: - También ha recibido noticias del grupo de Argon. Fernsby está implicado. Vandler descartado según el grupo de Kundera.
-Veamos si podemos decir lo mismo de este.- contestó Davison. Y habló a través del pequeño comunicador en su muñeca. - División Omega. Aquí Davison, de la División Sigma. ¿Me reciben?
-Saludos, División Sigma, aquí Corban. Estamos en posición.- respondió una voz a través de su auricular. Ajax, Tré y los demás escuchaban también al hombre gracias a sus pinganillos. - Los escuadrone están también desplegados. Listos para iniciar la maniobra a vuestra señal.
-De acuerdo, División Omega. El sospechoso está llegando. Manteneos alerta. Corto.
Hizo un gesto con el índice y el pulgar a las otras tres parejas, y estos devolvieron la señal, preparando las armas. Entonces, se escuchó cómo la puerta de acceso se abría, y los ocho piratas se refugiaron aún más en las sombras.
Lord Primus, alias Magnus Blade, entró con ritmo pesado, acompañado por dos de sus hombres y varios robots que se dirigieron a las puertas de entrada laterales y a los montacargas y los bloquearon para impedir el acceso. Acto seguido, Primus hizo una señal al tipo a su izquierda y éste se apresuró a subir a una nave comercial estacionada a tres amarraderos de distancia de donde se encontraban Kate y Tré, que se aferraron a sus armas y se cubrieron con cuidado el rostro. Pero el hombre no dio señal de verlos, sino que subió a la nave y poco después bajó seguido por varios operarios que arrastraban cuidadosamente con máquinas cuatro enormes cajones de unos cinco metros por tres de alto.
Davison cerró los ojos con fuerza.
-¿Lo sientes?- susurró Artie. El joven asintió deprisa. Artie alzó la vista y miró a Kate, y pese a que tenía el rostro cubierto, supo que ella también lo había sentido. Ambos jugadores, portadores de la Semilla de Shiloh, podían detectar la enorme fuente de Fluido a unos metros de distancia.
- Atentos.- comandó Davison.
Lord Primus avanzó al frente del grupo y se aproximó a la última nave estacionada en el hangar. La compuerta de esta se abrió y descendió con paso lento un individuo de pelo claro y rostro pálido, al que los piratas pronto identificaron como Harris. Soldados y androides de Technoid le rodeaban.
-Y ahí tenemos al topo de Technoid...- murmuró Ajax por el comunicador.
Primus se aproximó a Harris, e indicó sin palabras a sus hombres que transportaran los cajones hasta el borde de la nave. Una compuerta lateral se abrió y varios robots los arrastraron hasta el interior de esta.
Sin perder ni un segundo, Tré, Kate, Hawkins y Ajax se pusieron en marcha. Los dos primeros se deslizaron a toda velocidad mientras los otros dos les escoltaban, con las armas preparadas para disparar en caso de que alguien les viera. Kate se agachó tras un reactor de la nave, con Tré tras ella con la pistola apuntando a los guardaespaldas de Primus, y sacó un diminuto dispositivo del bolsillo trasero de sus pantalones. Pulso un botón y el dispositivo liberó unas especies de ventosas que se adhirieron con rapidez a la parte inferior del reactor. Miró a Tré y ambos se escurrieron hasta ocultarse tras la cabina de una pequeña grúa que había tras ellos. Ajax y Hawikins siguieron apuntando, y lo mismo hicieron Davison, Artie, Enzo y Elián desde sus posiciones.
-¿Está todo?- preguntó Harris.
-Hasta el último milímetro cúbico.- contestó Primus. - Todo lo que hay en esas cajas es suyo.
-Bien. Veo que es usted un hombre de palabra.- Harris se colocó los guantes de seda blanco que cubrían sus manos con elegancia.
-¿Está seguro de que no quiere quedarse a ver la final? Va a ser un verdadero espectáctulo.- Lord Primus se apoyó en su bastón.
-Estoy seguro de ello.- respondió Harris con desidia. - Pero tengo asuntos importantes que tratar. Aquí llega nuestro pacto, pues.
-Hasta que Paradisia tenga definitivamente Fluido propio, querrá decir.- Primus le miró con la astucia de un zorro.
-Ya me ha entendido, mi lord.- Harris no se molestó en mirarle siquiera. - Será mejor que me vaya. Estaré pendiente de la final, se lo aseguro.
Primus estiró la mano y se la estrechó.
-Seguiremos en contacto.
-No lo dude.
Y con esas últimas palabras, Harris se dio la vuelta y subió con los suyos a bordo de la nave, mientras Primus le observaba. Tré acercó la boca al micrófono.
-La nave está despegando. Inicien el protocolo, Equipo Sigma.
Lord Primus esperó a que la nave hubiera despegado para dar media vuelta y marcharse, al parecer bastante satisfecho. Repartió varias órdenes a los robots para que desbloquearan las puertas y se retiraran. Con paso rápido, caminó hacia la puerta de entrada al hangar y desapareció por ella. Los piratas esperaron antes de replegarse y huir en uno de los montacargas que llevaban a la azotea del edificio. Desde allí, observaron la nave de Harris perderse más allá de la atmósfera de Paradisia, ignorante de que tres naves piratas le estaban siguiendo.
[El odio esta en el aire y casi ni se puede respirar,
aquí para hacer mal es poderoso cualquiera.]
La excitación era casi palpable en el ambiente como algo tangible que les cubriera con su velo. Cansados, nerviosos, emocionados y triunfantes, listos para la final del día siguiente, los siete jugadores se preparaban para la última noche antes del partido que lo decidiría todo. Los nervios les escalaban por el pecho y provocaban el tan conocido cosquilleo en su estómago con el que habían aprendido a convivir. Tras tantos partidos y tres finales, ninguno de ellos se había acostumbrado aún a esa sensación, al cara o cruz, al todo o nada, al ahora o nunca. Y sabían que jamás lo harían.
Terminado el entrenamiento, Aarch había mandado decorar el jardín de la casa para la ocasión. Los chicos se habían puesto lo más decentes posible para recibir a sus familias, para que les vieran felices, descansados, tostados por la luz de más de sesenta amaneceres y atardeceres. Eran incapaces de reprimir una sonrisa.
Tia paseó por el borde de la piscina, mojando el pie de vez en cuando para refrescarse. Sus piernas desnudas metidas en un pantalón corto vaquero brillaban con un sano color dorado, casi inusual en ella, cuya piel salpicada de ligeras pecas en las mejillas y en los hombros solía tener un claro tono crema. Su fina camisa blanca de tirantes se mecía levemente con la brisa. Era verano. Todo en ella, todo en el aire que la rodeaba olía a verano.
Un poco más allá Micro-ice y Mark jugaban a pasarse una pelota de playa, peligrosamente cerca de las guirnaldas extendidas de árbol a árbol y de las mesas con comida y bebida. Ane y Thran estaban agachados junto a los setos, el joven mostrándole las luciérnagas a la chica, que sonreía entusiasmada y trataba de atraparlas con las manos. Dentro de la casa, Ahito terminaba de prepararse, y Dame Simbai convencía a Clamp para llevar camisa, y Aarch y Artegor sonreían y hablaban apoyados en la mesa del salón. Y todo era tan mundo, todo tan casa, tan sincronizado, que Tia ya se sentía ganadora sin haber ganado. Porque todo lo que tenían, todo lo que eran, se aproximaba cada vez más a la perfección. Y confiaba (porque tenía que hacerlo) en que pronto volverían a estar completos.
-Parexces satisfecha.
Se giró a mirar a Tristan, que se aproximaba con las manos en los bolsillos de sus bermudas vaqueras y un polo blanco que resaltaba el gris de sus ojos, el oro de su pelo, su piel morena.
-Tengo motivos para estarlo.- respondió ella con una sonrisa, y entonces hizo un gesto con la cabeza hacia él. - Parece que volvemos a ir conjuntados.
Tristan miró, y al reparar en la coincidencia de colores y la alusión a la noche de la cena en casa de Primus rió.
-Espera, necesitas un distintivo.- tomó una de las flores de hibisco que decoraban el jarrón de la mesa del porche y se acercó para colocársela en el pelo, justo sobre la oreja. - Ahora sí que eres una verdadera chica de playa.
Tia se echó a reír.
-Que tú me digas eso es un honor.
Se giró y sumergió en el agua el pie derecho hasta el tobillo. Tristan la miró, de espaldas a él, con los últimos rayos de sol bañando el agua con un color anaranjado y la tela fina de su blusa dejando adivinar el trazo de su silueta. Y sonrió para sus adentros.
Se acercó a ella, y de pie a su lado, la miró jugar a provocar pequeñas ondas en la superficie.
-¿Ya habéis salvado tú y tus compañeros el mundo?- preguntó la chica, concentrada en sus propios movimientos.
-Estamos en ello. La buena noticia es que ya no tienes nada más de lo que preocuparte. Los chicos buenos nos encargamos de todo.
Tia le miró y esbozó una sonrisa. Una sonrisa pura, fresca, como las de antes de que todo empezara. Casi tan auténtica como las que le había dedicado a D'Jok casi dos meses atrás, en una noche de verano de un día como aquel, después de la fiesta de bienvenida de Lord Primus en la playa, cuando ambos se escaparon y se sumergieron juntos en aquella misma piscina sin más ropa que la interior y sólo la piel interponiéndose entre ellos. Besos húmedos, lentos, calientes. Cuerpos pegados en el agua,tela que se transparentaba. Parecía que hubiera pasado una eternidad desde entonces.
-¿Qué tal está Mei?- preguntó Tristan.
-Está bien.- contestó Tia. - Débil, pero consciente. Probablemente tenga que alejarse unos meses del terreno de juego, y especialmente de la Niebla Tóxica.
Tristan asintió en silencio. Tia recordó la sonrisa frágil de su amiga al verles llegar y el tacto de su mano entre las suyas, como si necesitara aferrarse a ella. Pero estaba sana y salva, y eso era lo importante. Decidió cambiar de tema.
-¿Qué vas a hacer cuando esto acabe, Tristan? ¿Después de Paradisia?
-No podré quedarme en el equipo, si es a lo que te refieres.- respondió él, con las manos en los bolsillos en un gesto casual. - Tengo que cumplir con mis obligaciones con Sonny y los piratas. Probablemente me deje caer una temporada por Shiloh.
Ella asintió en silencio. Le miró con intensidad durante unos largos segundos antes de confesar:
-Voy a echarte de menos.
Y era cierto. Tristan y ella habían desarrollado un vínculo extraño. No se trataba de amistad, no se trataba de compañerismo. Era algo más parecido a la camaradería. Sí, eso era. Camaradería. Tristan la cubría y ella trataba de cubrirle a él. Entre ellos no cabía nada más complejo que la red de intrigas y secretos que les había arrastrado a una complicidad no escogida, pero inevitable. Tristan había llegado y se había amoldado a su vida porque así debía de ser, porque así lo habían dispuesto, y Tia había acatado. Y en el camino habían estado juntos y habían llegado a conocerse e incluso a comprenderse. Él no podía ocupar el mismo puesto que Micro-ice o Thran o Ahito, jamás podría ocupar tampoco el puesto de D'Jok, ni el de Ane, ni el de Mei. Pero eso no le hacía menos valioso y necesario para ella.
-Yo también a ti.- respondió él. No lo dijo por decir. Iba a echarla de menos, de verdad. Gracias a esos seis jugadores, la estancia en el equipo se le había hecho algo más que una simple misión. Se había sentido a gusto, aceptado. Y desde luego ella había jugado un papel fundamental en ese proceso. Le había hecho sentir algo más que una pieza en un tablero. Le había recordado que había belleza en el mundo, no sólo la dureza de la vida del pirata, la sangre, una pistola siempre preparada por si acaso, las noches de huida, el suelo duro, el hambre y el pan. Le había recordado que aún existía la delicadeza.
-¿Vendrá alguien de tu familia a verte?- preguntó Tia.
Tristan sacudió la cabeza.
-Es mejor que no.- se limitó a responder. Miró el agua durante un largo rato y sintió a Tia escrutándole como si fuera un acertijo indescifrable. Y en realidad lo era, y sabía que eso era lo que despertaba la curiosidad de la chica. Ella, que siempre necesitaba tener todas las respuestas, hasta las de las interrogaciones no escritas, no se atrevía a preguntar. Así que habló. Por primera vez en toda su vida, habló.
-Yo nací en un planeta muy, muy pequeño de la Nébula de Shiloh. Se llama Habrón. Dudo mucho que te suene. También Sonny Blackbones creció allí.
-Lo conozco.- respondió Tia tímidamente. Tenía miedo de hablar y entonces interrumpirle y que él decidiera detener su relato, pero Tristan no lo hizo. Habló. Para ser recordado, habló.
-Poca gente lo hace. Solía ser un planeta casi virginal, de bosques y largas playas y hombres de mar. Yo nací en la más pequeña de sus aldeas, Ugariz. Medio centenar de casas apiñadas en la costa, amontonadas unas sobre otras y pintadas de colores, una hilera de barcos atracados en el puerto, gaviotas, pescadores con las redes echadas al hombro, viejas sentadas a la sombra de las tapias, flores en los balcones, un viejo malecón y críos que aprenden a nadar antes que andar. Así es la vida allí. O solía serlo.
Tia sonrió extasiada. Casi podía evocar el paisaje en su mente.
-Debías de ser muy feliz.
-Lo era.- respondió Tristan. Pero no parecía feliz al recordar. Una bruma con tintes de nostalgia y tristeza escondida se materializó en los bordes de sus ojos. - Mi hermano y yo nos pasábamos el día jugando y haciendo de las nuestras con los demás niños. Pescábamos cangrejos, fabricábamos nuestros propios barcos de juguete, hacíamos carreras en el agua, asaltábamos los botes como si fuéramos bucaneros. Mi padre salía cada día a faenar a las cuatro en punto de la madrugada y llegaba a las ocho con la pesca del día y la ropa empapada. Siempre llevaba barba y siempre olía a mar. En ocasiones nos dejaba acompañarle, pero solía decir que éramos demasiado pequeños, que el mar era demasiado peligroso para dos niños, y que el trabajo a bordo era duro. Pero nosotros nos hacíamos los fuertes, no nos quejábamos jamás y tirábamos de las redes con la fuerza de un adulto. Después, al mediodía, iba con los otros pescadores en camión a la capital a vender en la lonja lo que habían conseguido sacar y con lo que les pagaban regresaban al pueblo, bebían vino en la taberna de la plaza y llevaban la comida a casa. Mi madre se pasaba las mañanas en la caseta del puerto con mi hermana pequeña desenredando las cuerdas y encerando la tela de las velas o cosiéndolas bien para que no se rompieran. Otras veces iba al bosque y regresaba con moras, setas, castañas... Clío quería acompañarnos a mi hermano y a mí también, claro, pero era demasiado pequeña. Sigue siendo pequeña, en realidad.
-¿Cuántos años tienen ella y tu hermano?- preguntó Tia, con curiosidad.
-Clío ha cumplido quince. Stevens, veintitrés.
La rubia abrió muchísimo sus ojos de un verde imposible, tanto que parecía que se le fueran a salir de las órbitas..
-¿Stevens? ¿Como el pirata? ¿Tu hermano es Stevens?- debía de ser un error. Debía de ser otra persona. Pero Tristan asintió con una pequeña sonrisa.
-El mismo.
-Jamás lo habría imaginado.- balbuceó Tia. Todo ese tiempo había estado ahí, y ella sin saberlo. Era cierto que tenían el mismo pelo rubio, la misma complexión alta y atlética, pero, por supuesto, eso jamás la habría llevado a atar semejantes cabos.
-Él y yo nos unimos a los piratas por el mismo motivo. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.- frunció el ceño, ignorando la sorpresa de Tia. - Debía de tener doce años, Steve acababa de cumplir los catorce y Clío rondaba los seis. Los de Technoid llegaron con los tanques y colonizaron el planeta, derrocaron al gobernador en la capital y pusieron en su lugar a uno de sus generales. Les interesaba explotar nuestros recursos. Habrón es un planeta rico en carbón, madera y metales que querían usar para fabricar armas. Soldados y androides armados nos obligaron a abandonar nuestras casas, y a todos aquellos que se resistieron les dispararon o amenazaron con detenerlos. Mi padre se unió a otros hombres que se oponían a la invasión, tomaron las pocas armas que teníamos, apenas un par de picos, arpones y alguna escopeta. Todo se volvió caótico.- su tono de voz se endureció. - No sabía qué estaba ocurriendo, pero jamás olvidaré a la gente huyendo en desbandada por las calles de piedra, a los soldados prendiendo fuego a nuestras casas, a los niños llorando en la calle. Mi padre trató de abatir a uno de los comandantes. Un tiro en la frente le derribó.
Se paró un momento a recuperar el aliento con una honda inhalación, Tia mirándole conmocionada. Le escuchaba encandilada por su relato, por el tono bajo y salmódico de su voz, que le hacía casi evocar las escenas con todo su dramatismo y provocaba que el corazón se le encogiera en el pecho.
-Clío empezó a chillar y echó a correr hacia su cuerpo. Mi madre vio cómo un soldado apuntaba y corrió, le agarró del brazo y lo tiró al suelo. Antes de que se diera cuenta, otro hombre la disparó por la espalda.
La rabia se agolpaba en su voz, una rabia alimentada por los años. Al fin Tia entendía el motivo de su odio hacia Technoid y todo lo que representaba. De su desconfianza hacia el Duque Maddox, incluso si en aquella época él aún no dirigía la corporación.
-En ese instante sentí que enloquecía. Traté de llegar hasta sus cuerpos, pero uno de nuestros vecinos, Kozma, el mejor amigo de mi padre, me detuvo. Me agarró de un brazo y a Stevens del otro y mandó a su mujer que cogiera a Clío. Corrimos atravesando todo el pueblo, esquivando al gentío, a las balas y a los puños. Los gritos y el humo estaban por todas partes. Kozma y Selene nos montaron en la camioneta y condujeron durante toda la noche hasta la capital, donde Technoid se había hecho con el control absoluto. Consiguió que unos primos suyos nos alojaran a los cinco. Pasamos un mes en aquella casa, el peor mes de mi vida. Clío lloraba todas las noches llamando a mis padres. Kozma supo que no había sobrevivido casi nadie, ni siquiera los niños. Los de Technoid ocuparon las tierras de Ugariz, se hicieron con nuestros recursos, construyeron una fábrica en la cala y dieron una única opción: rendirse y trabajar para ellos o morir. Los pocos supervivientes comenzaron a trabajar en la nueva fábrica, en condiciones inhumanas, a juzgar por las noticias que nos llegaban. Los que habían huido, poco más de treinta personas, se habían refugiado en la capital de Habrón, como nosotros. Se reunían en la clandestinidad, porque el nuevo gobierno tenía ojos y oídos por todas partes. Se rumoreaba que los senadores habían huido al exilio y que habían encarcelado al antiguo gobernador y a su familia. Nadie sabía nada. Technoid lo controlaba todo y la capital y el resto de provincias estaban prácticamente incomunicados entre sí, aunque todo el mundo conocía la desgracia de Ugariz y se solidarizaba con nosotros. Los piratas se enteraron, por supuesto, al fin y al cabo todos sabíamos que tenían su base en Shiloh. El mismísimo Sonny Blackbones, se decía, iba a sacarnos de allí. Iba a rescatar a su gente. Y así ocurrió.
-¿Los piratas fueron a por vosotros?- preguntó Tia.
-Sí. Nos llevaron a Shiloh, con ellos. A cambio, debíamos prestarles ayuda. La mayoría de los que estábamos allí éramos supervivientes de Ugariz, así que queríamos vengarnos de Technoid. Accedimos sin dudarlo. Sonny y los suyos nos proporcionaron un hogar a Kozma, a Selene y a mis hermanos y a mí, al igual que al resto. Por supuesto, esperaban un pago. Selene, y Clío cuando empezó a ser lo bastante mayor, trabajarían en la cantina por la que solían pasarse los piratas cada vez que llegaban de sus misiones, listos para celebrar, beber y armar mucho jaleo.- arrugó la nariz. Obviamente le desagradaba la actitud de no pocos de sus compañeros. - No es un trabajo agradable, claro, pero Selene aceptó de contado. Es una mujer fuerte, sacrificada. Nos ha querido como una madre.- suspiró. - En lo que respecta a Kozma, se ofreció a unirse a la tripulación, pero le rechazaron porque era demasiado mayor. Querían a Stevens en su lugar.
Tristan apretó la mandíbula. Tia supo que esa parte de la historia le escocía tanto o más que el resto.
-Pero si sólo tenía catorce años...- murmuró. Todo aquello le resultaba descorazonador.¿Dónde había estado el Gobierno entonces? ¿Y el Senado? ¿Y los Miembros del Parlamento? ¿Qué habían hecho los diplomáticos, sus padres entre ellos, para detener a Technoid? Nada. Nada en absoluto.
-Para ellos, era mejor así. Cuanto más jóvenes, antes aprenden, o eso dicen. Ni siquiera fue una decisión de Sonny. El que le reclutó fue el capitán de uno de los barcos de su flota. Trataba a Steve como si fuera una rata, le gritaba a menudo, se burlaba de él. Stevens echaba pestes de él cada vez que volvía a casa, cada dos o tres semanas. Sonny vio a mi hermano durante una de las misiones y rápidamente se fijó en él. Cuando se enteró de que era uno de los chicos de Habrón, se empeñó en tomarle bajo su cuidado. Y así ha sido desde entonces.
-¿Y tú, qué hacías?
-Yo trabajaba con Kozma reparando naves en Shiloh, en un viejo taller no muy lejos de nuestra casa. Estuve allí hasta los diecisiete años, cuando los piratas me reclutaron también. A mí, en cambio, nunca me han apreciado como a mi hermano. Él se ganó el respeto de todos ellos, incluso el de los más veteranos, y especialmente el aprecio de Sonny. A mí me siguen considerando un mocoso escurridizo y de lealtad dudosa.
Tia parecía sorprendida. A sus ojos, Tristan era leal, decidido y valiente, en absoluto un crío endeble.
-Pero te mandaron aquí. Te encomendaron esta misión. Deben de confiar en ti.
-Me mandaron como castigo a mi hermano. - respondió Tristan con tono cortante. - Él se fue de la lengua al contarte lo del multifluido, y aunque pocos son los que lo saben, Sonny, por mucho que le estime, sabía que no podía quedar impune. Por eso, le obligó a quedarse en Shiloh y me envió a mí a Paradisia, sabiendo que me podría jugar la vida. Las misiones en solitario son peligrosas. No hay quien te cubra la espaldas. Si alguien te descubre, estás muerto.
Tia se dio cuenta de que estaba dolido, de que no comulgaba con los piratas, al menos al cien por cien. Tristan se había unido a ellos por un compromiso, pero en el fondo, la vida era para él una penitencia. Una esclavitud. Huérfano a los doce años, lo había perdido todo, excepto a sus hermanos. Ahora se veía obligado a deberle lealtad a un grupo de hombres de los que dudaba y que no creían en él con tal de poder garantizarle un plato y un techo a su hermana pequeña. Se limitaba a obedecer, mientras esperaba que pasaran los años y su deuda se viera saldada. Y en ese momento, sería libre, por primera vez desde que era un niño. Porque no era menos esclavo que aquellos vecinos suyos que trabajaban para Technoid en una fábrica de sol a sol. A todos ellos, sin excepción, la libertad les había sido arrebatada. Qué terrible.
Y entonces Tia lo entendió. Que el mundo en el que vivían no era blanco o negro. Que ni ellos eran los buenos ni los otros eran los malos. Porque Technoid había causado un mal que jamás antes habría podido imaginar, pero aquellos a los que ella ayudaba tampoco eran unos santos. Que el sistema en el que vivían, la supuesta democracia, no era tan perfecto, si permitía semejantes injusticias. Que vivían en una galaxia que se destruía a sí misma, en la que la gente se mataba entre sí sin ningún tipo de pudor. Y todos se usaban unos a otros. Primus a los jugadores, Technoid a Sonny, Sonny a Tristan. Y al final, ¿qué? ¿Con quién iba a estar ella? ¿A quién iba a apoyar? ¿O acaso era mejor que ellos, si también había infringido dolor al chico al que más quería en el mundo?
Comprendió, al mirar a Tristan y verle tan sólo y tan fuerte entre tanta destrucción, que los seres humanos nunca lograremos sobreponernos completamente a los horrores de la vida. La pérdida nunca dejará de derrumbarnos. Y cuando nos rehagamos a nosotros mismos del barro, el recuerdo de las ruinas nos acompañará siempre con el fantasma de una ausencia, perenne, sostenida en el tiempo. Porque por mucho que nos empeñemos en engañarnos, hay heridas que jamás desaparecerán del todo. El dolor disminuye, amaina, pero siempre nos quedará una cicatriz como recuerdo de nuestra propia fragilidad.
Y solo podemos seguir.
Así que abrazó a Tristan. Echó los brazos alrededor de su cuello, en un gesto tan sencillo y tan pleno. Y él le correspondió. Porque algo en ella – el pelo rubio, los ojos claros, la intensidad desgarrada de sus gestos- le recordaba a su hermana. Y él estaba allí, y seguía vivo. Y cuando todo eso pasara, sería hora de aprender a vivir de nuevo tras tanto tiempo sólo sobreviviendo. Limitándose a respirar y a no dejar que le mataran.
El mundo volvió a ordenarse en la belleza del caos, y aunque Tia se sentía algo triste, algo le susurraba al oído que había que tener esperanza. No sabía por qué, era algo intuitivo, un sexto sentido. También a ella le tocaba dejar de sobrevivir y regresar a la alegría de las pequeñas cosas. A Ane gritando feliz porque había atrapado una luciérnaga, a Thran manchado de césped en las rodillas y acuclillado mirando a su novia, a Mark y Micro-ice haciendo piruetas tontas e innecesarias para pasarse la pelota por el puro placer de hacerlas, a Dame Simbai pegando en la mano a Clamp para que no tocara ningún plato, a Ahito durmiéndose despacio y sin hacer ruido en las escaleras del porche, a Aarch y Artegor hablando del pasado sin hacerse heridas.
Tia sonrió, aún abrazada a Tristan, sin saber que pronto, muy pronto, en cuestión de horas, volvería a estar completa. Volvería a sentir el tacto de aquel a quien tanto anhelaban.
[Tras la fatiga un merecido descanso.
Saboreo mis victorias porque conozco el fracaso.]
El grupo de piratas se deslizaba por los oscuros pasillos con el rostro oculto y el corazón acelerado. Deambulaban por el artificial inframundo particular erigido en el corazón de Paradisia, bajo los dos Estadios, sepultado bajo el mar. La enorme presión y el zumbido de fondo vibraban en sus oídos. Saltaron unos cuantos cables que sobresalían de la pared como amenazadoras serpientes pitón y sortearon a un par de patrullas de robots que vigilaban la zona. Corso encaminaba la marcha y Artie y Bennet le seguían de cerca, cubriéndole las espaldas. Iban allí donde la intuición les guiaba, pues no había plano capaz de orientarles. Pero finalmente llegaron a una especie de bóveda metálica que servía de antesala al lugar de donde brotaba el sonido y que emanaba una intensa luz. Corso asomó el rostro por la esquina, sin atreverse a salir, y lo que vio le hizo abrir la boca de par en par.
En el centro de la inmensa sala, una esfera gigante de cristal encerraba la mayor cantidad de Fluido que jamás hubiera llegado a imaginar, de un intenso tono violáceo. Incluso él era capaz de sentir la energía que desprendía.
De la esfera salían varios conductos que penetraban en el suelo y que debían de ser los que sirvieran para inyectar el multifluido en el núcleo del planeta. En torno a la esfera, había cilindros no tan grandes pero igualmente altos, que contenían una menor cantidad de multifluido, y conectados a unos cables que descendían del techo, probablemente de los Estadios.
-¿Cuánta cantidad de fluido hay aquí?- preguntó Artie, atónito. Ninguno lo sabía, ni siquiera eran capaces de estimarlo. Pero sabían que el suficiente como para causar terribles estragos.
Unos veinte robots y droides, supervisados por un par de humanos, y totalmente ajenos a ellos, trajinaban en torno a las máquinas. Corso y los otros dos se aproximaron en silencio, escondiéndose con cuidado detrás de un panel de control. Se acercaron a los dos humanos.
-Harris ya se ha llevado su parte, y esta noche saldrán otras dos naves llevando el contenido de los cilindros.- explicaba uno.
-¿Cuánto hay en la esfera?
-Según los cálculos actuales, dos mil metros cúbicos. La cantidad que se precisa para abastecer a Paradisia, que tiene un diámetro de tres mil setecientos ochenta y cuatro kilómetros, es de tres mil doscientos. Dado que ya inyectamos mil cien metros cúbicos en la primera operación, si seguimos el ritmo actual, dentro de unas doce horas habremos alcanzado la cota necesaria
-A tiempo para la final.- respondió el otro. - De acuerdo a las instrucciones que hemos recibido, el trabajo debe estar finalizado para cuando acabe el primer tiempo.
-Entendido.
-Y recuerda, no queremos sorpresas. Durante la anterior operación, se produjo el seísmo que tanto enfureció al jefe.
-¿A cuál de todos?- preguntó el otro con sorna.
-A Vest...
Un fuerte ruido metálico hizo que se sobresaltaran. Nada había ocurrido, tan sólo que una máquina de carga había volcado. Uno de los hombres se acercó rápidamente a los robots para repartir órdenes. El que había hablado con voz más autoritaria se dio la vuelta y desapareció por el pasillo por el que habían llegado los piratas, que se miraban entre sí con idéntico gesto de estupor. Corso reaccionó rápido, y señaló hacia una mesa de laboratorio que había a unos metros de ellos. En la mesa había varios tubos de ensayo del mismo material que la esfera que contenían pequeñas dosis de multifluido.
-Agarra un par de ellos y larguémonos.- susurró Bennet, mientras cargaba su arma. Corso corrió rápidamente hacia los tubos y agarró un par de ellos, introduciéndolos en el interior de su bolsillo. Un par de robots se giraron, pues creían haber detectado un movimiento, pero volvieron al trabajo al no ver nada. El hombre se había agachado tras la mesa, y allí permanecía con el corazón acelerado. Con un gesto, indicó a sus compañeros que se apresuraran en salir de allí. Lo tres salieron corriendo, sólo encontrando a un par de robots en un corredor a los que liquidaron sin grandes problemas. Huyeron de las profundidades de los Estadios, con el multifluido oculto y nuevas revelaciones.
[Cree en ti mismo y nada te será imposible.
La obediencia es ciega, amigo, la palabra, libre.]
¡Hola hola! Espero que este capítulo os haya gustado. Como veréis, el desenlace de los sucesos de Paradisia se aproxima, concretamente en el próximo capítulo, según tengo planeado. A no ser que me enrolle como de costumbre, claro.
El notición es que en el próximo volverá a aparecer... Tatatachán... ¡D'Jok! Se producirá el tan esperado reencuentro y mi intención es que salten las chispas.
Alguien me planteó la pregunta en un review (seguid dejándolos, por favor, los necesito tanto cómo el oxígeno que respiro) de qué significaba Ad astra, y no estoy segura de haberla contestado. Sí, tengo memoria de pez. Por si acaso, respondo ahora. Ad astra es un proverbio latino que significa Hasta las estrellas. Para mí, plasma en gran medida importantes simbolismos del fic y la personalidad de D'Jok, su destino, y el de sus compañeros: alcanzar brillante fama. El proverbio completo es Ad astra per aspera, es decir, Hasta las estrellas salvando las dificultades.
Niove: gracias por comentar, como de costumbre. Espero que hayas pasado unos bonitos meses de diciembre y enero y que vuleva a saber de ti pronto. Muchos besos para ti y cuidate mucho amiga.
Harmonystar: gracias por tus ánimos, eres una de mis lectoras más asiduas y lo que más me agrada es que siempre dejes review! Tranquila, en un par de capítulos D'Jok tendrá que hacer frente a todo lo que ha dejado patas arriba... Aunque no sé si Tia podrá enfadarse con él xD
AquaTenea: muchas gracias, realmente me entusiasma leer tus comentarios y ver que estás ahí capítulo a capítulo. Tus aportaciones me ayudan un montón. Es cierto que el otro capíulo me quedó quizás excesivamente largo, y aunque en la conversación de Tia y Tristan surgieron datos que ya sabíamos, recuerda que ellos no lo hacían; para ellos descubrir que Lord Primus aka Magnus Blade está detrás de todo el lío del multifluido y de la condena de Sonny es una verdadera novedad. Prometo que te regalaré una escena Thran y Ane muy pronto! Yo también los adoro, y te adoro a ti! Gracias de nuevo por tu dibujo y tu apoyo, cuídate muchísimo guapa
**Por otra parte, quería decir un par de cosas. En primer lugar, recomiendo de nuevo leer el fic To the rescue de mi amada verdigrie, que aunque está en inglés, es fantástico. Por otro lado, me gustaría saber qué pensáis acerca de los personajes que he inventado (¿os gustan Tristan y Ane? ¿les veis defectos?) y si créeis que los personajes originales están OoC. ¿Estoy siendo fiel a su personalidad? Para finalizar, AquaTenea ha hecho un genial fanart y os animo al resto a que, si queréis, hagáis lo mismo. Si ella está de acuerdo con gran orgullo publicaré el enlace para que lo veáis o bien lo pasaré por privado a quien me lo pida. Sólo si ella está de acuerdo, eso por supuesto. Gracias y requetegracias por todo :D **
Espero vuestros reviews, como siempre. Muchos besos!
ACTUALIZACIÓN 29/2/2016. Aunque no he tenido tiempo para escribir el nuevo capítulo, he editado un par de imágenes de D'Jok y Tia. Iré subiendo más enlaces según vaya creando otras nuevas. Tengo en mente hacer alguna sobre Thran y Ane.
Los enlaces son los siguientes (borrad los espacios)
es . tinypic view . php ? pic=2duijop&s=9 # . VtSydTbSnIU
es . tinypic r / 2v11yk0/9
Ambas imágenes son mías. Si tenéis problemas para verlas, contactad conmigo por MP.
