Antes de nada, quería decir que subiré este episodio en dos partes. Era tan sumamente largo que me he visto obligada a cortarlo, y dado que es en la segunda parte donde se concentra la acción, lamento que en esta no ocurra apenas nada. Subiré la segunda parte esta misma tarde o mañana a más tardar, porque aún debo editarla.
Respuestas a los reviews y nota de autora en el siguiente capítulo.
Disclaimer: canciones son de Fito y Fitipaldis, Adele y Devotchka.
Duele el corazón
cuando te lo dejas…
(20:08. 24 horas y 52 minutos para la final.)
-¿Recuerdas eso de que tengo ganas de volver a Akillian? Lo retiro.
Tia miró a Ane con una sonrisa. La chica había ido a sentarse junto a ella en el césped frente a la casa.
-Cambias rápido de opinión.- respondió Tia.
-Imagina cuánto tardaremos en volver a tener unas vacaciones como estas…
Tia supuso que tenía razón. Se abrazó las piernas y rió al observar cómo jugaban Ahito, Mark y Tristan con los dos hermanos menores de Mark. Habían improvisado una especie de partido de rugby que había dado como resultado varios revolcones por el suelo y la ropa manchada de verde, pero reían como locos y se lanzaban unos sobre otros con tanta fuerza que tenían que estar haciéndose daño, aunque ninguno diera muestras de ello.
Casi había anochecido, el cielo se tornaba añil y habían encendido los faroles de colores dándole un agradable aspecto al jardín. Los padres charlaban y comían en torno a la mesa. Una vez más, todos (o casi) aprovechaban el momento para juntarse: Aarch, Simbai, los siete jugadores, Mana-ice, los padres de Mark, Thran y Ahito y Ane, Mana-ice y Stella. Incluso Artegor y Clamp intercambiaban palabras cordiales con el resto. Tia sonrió con suavidad. Había algo en todo aquello como de familia, de fin de verano, que le dejaba en el cuerpo una sensación muy cálida, pero también algo triste.
-¿Echas de menos a tus padres?- preguntó Ane con suavidad, pasándole un brazo por encima del hombro.
-En parte sí, y en parte no. Es decir – contestó ella – estoy acostumbrada que se pierdan este tipo de momentos. Antes me dolía, pero ya he aceptado que es parte de su vida. Y tengo aquí a Stella, que es casi como una madre.
De hecho, aunque no fuera a manifestarlo en voz alta, incluso le tranquilizaba que sus padres no hubieran podido ir. Con todo lo que estaba ocurriendo en Paradisia, nadie estaba seguro allí. Cuantos menos estuvieran expuestos al riesgo, mejor.
-Y a mí, que soy casi como una hermana.- Ane le guiñó un ojo.
-No.- Tia rió y juntó la cabeza con la suya.- Casi no.
Ambas sonrieron, y Micro-ice se acercó para inmortalizar el momento.
-Así señoritas, muy bien.- tomó varias fotografías con la cámara que llevaba al cuello. – Tenemos que hacer un álbum para recordar Paradisia lo mejor posible.
-Ya lo creo. Viendo cómo habéis dejado vuestro cuarto Tristan y tú, dudo que Lord Primus vuelva a invitarnos.- se metió con él Ane.
-Cuando seamos los campeones de su Torneo, tendrá que hacerlo.- Micro-ice sonrió y se alejó de ellas.
Tia le miró irse a fotografiar a su madre haciendo poses ridículas, y se echó a reír. Junto a ella conversaban los padres de Ane con Thran y sus padres.
-¿Qué tal el acercamiento entre familias? ¿Pensando en los nombres de los nietos?
-Antes mi madre tendrá que buscar fecha para la boda. Está como loca con Thran.- Ane sintió que las mejillas se le encendían.
-Eso es genial. Le conocen de toda la vida. Saben que es un buen chico, o que finge muy bien serlo.- Tia sonrió con una mueca.
-Lo es.- asintió la otra. – Y supongo que a ojos de mi madre es una notable mejora respecto a los novios que tuve entre los catorce y los dieciséis años. Este al menos no es un delincuente juvenil en potencia ni está en camino de serlo. Que sepamos.
-Creo que lo más cerca que ha estado Thran de cometer un delito ha sido irse a la cama sin lavarse los dientes.- comentó Tia, y Ane se echó a reír.- Pero ya no hay quien se fíe de los chicos. Mi único novio, el tímido silencioso con aires de santo que jamás había roto un plato y que prácticamente solicitaba un documento firmado a mis padres para poder acariciarme la rodilla, acabó desapareciendo durante varios meses, practicando un deporte ilegal, golpeándome, casi agrediendo a Luur en el campo y largándose un año después sin dejar rastro. Créeme, si yo fuera tu madre, no habría elegido fecha para tu boda con Thran: la habría oficiado yo misma.
Sus palabras no aparentaban dolor ni lamento, solo una marcada ironía que rayaba en el humor. Se incorporó al acabar de hablar y decidió ir a por una copa, o un par de ellas, pero entonces Ane la llamó cuando estaba ya a varios pasos.
-Eh, Tia.
Ella se giró, y se enfundó las manos con aire casual en los bolsillos traseros de los pantalones.
-Supongo que te lo han dicho mil veces, pero merecías algo mejor que eso.
Y la mirada de la chica, que la observaba sentada sobre el césped, aseguraba que no lo decía por decir, ni por cumplir con sus papel de amiga. Sino que firmemente lo creía.
-Sí que lo han hecho, pero siempre ayuda saberlo.
Y continuó su camino para apurar lo que quedaba de una solitaria botella de whisky sobre el impecable mantel blanco. Se sirvió hasta la última gota, aunque odiaba el sabor, porque, joder, la galaxia como ella la había conocido hasta ese momento podía estar a punto de desaparecer para siempre y de albergar una dictadura, o peor, una guerra, y ella estaba allí rodeada de sus seres queridos y no le importaba un cuerno, por un instante, lo que pudiera pasarle a nadie. Por primera vez, no le importaba en absoluto. Y el alcohol que se estaba sirviendo era el mismo que D'Jok le había dado a probar aquella lejana noche, cuatro meses atrás, en su balcón, cuando Mei se había ido y ellos estaban solos y juntos bajo el cielo estrellado. Era su whisky favorito, el que tomaba cuando de vez en cuando se servía una copa, o cuando salía con sus amigos, o el que se permitía después de un día duro y largo. Y ella lo odiaba, pero el fuego en la garganta le recordaba a él. Era como tenerle de vuelta.
-Micro-ice, quiero preguntarte algo.
Mice, que tomaba en ese momento un bocadillo de una bandeja, se giró hacia su madre.
-Sí, mamá, Aarch sigue soltero, pero por enésima vez, no creo que tú y él…
-No es eso. Aunque no veo por qué no. Sigo siendo una mujer muy atractiva.- Mana-ice sacudió la mano, con el ceño fruncido. – Pero se trata de otra cosa… ¿Sabes cuál es el hotel en el que se aloja Maya? Ha cambiado de teléfono y no sé cómo localizarla.
Micro-ice parpadeó y miró a su madre sin comprender lo que decía.
-¿Maya? ¿Cómo voy a saberlo? Ni siquiera sabía que estuviera en Paradisia. Supongo que como D'Jok está en el Equipo Paradisia ahora, se estará quedando con ellos.
-¿De qué hablas?- Mana-ice se llevó las manos a la cintura. – Maya vino a Paradisia hace meses. Una semana después que vosotros, de hecho. Me dijo que D'Jok estaba muy presionado por el Torneo y quería venir para estar con él y apoyarle. Y D'Jok aún estaba en los Snow Kids entonces.
-Mamá.- Micro-ice se había puesto realmente serio, y por su semblante parecía incluso alarmado. – Maya no ha estado en Paradisia, eso te lo puedo asegurar.
-Eso no es posible.- replicó Mana-ice con nerviosismo. - ¿Dónde está entonces? ¿Dónde lleva todo este tiempo?
Micro-ice le puso las manos en los hombros para tranquilizarla al ver que estaba realmente preocupada. Y alguien, unos metros más allá, estaba más preocupada aún. Porque Tia había oído toda la conversación. Su mirada se encontró con la de Mice, por encima del hombro de Mana-ice. En los ojos verdes de la chica había pánico.
[Este es el final.
Aguanta la respiración y cuenta hasta diez.]
(22:27. 22 horas y 33 minutos para la final)
-¿Qué hacéis aquí? Venís antes de lo que habíamos acordado. ¿Cómo os habéis librado de ellos?
Artie dejó entrar a los dos jóvenes con nerviosismo, echó una ojeada fuera, y entonces cerró la puerta de nuevo.
-La fiesta ha acabado antes de lo esperado.- Tristan se encogió de hombros. – Tia tiene algo que deciros.
Se abstuvo de decir, claro, que la fiesta aún no había terminado, pero que Thran se estaba encargando de encubrirlos.
-¿Qué sucede?- inquirió Corso al verlos llegar. Estaba en su puesto de mando, frente a la mesa repleta de planos, y más de veinte piratas (desde luego más de los que Tia había visto jamás en aquella sala) le rodeaban. Por un momento se sintió intimada y le dio algo de vergüenza intervenir ante tanta gente, pero recordar lo que ocurría le hizo recobrar la decisión.
-Es Maya, la madre de D'Jok. Ha desaparecido.- vio que Corso alzaba sutilmente las cejas. – Según Mana-ice se fue de Akillian hace meses, al parecer para venir a Paradisia. Pero créeme, Maya, no ha pisado siquiera este planeta.
Corso estuvo en silencio durante unos segundos interminables. Y entonces contestó:
-Bien. ¿Algo más, o podemos empezar a hablar de lo verdaderamente importante?
Tia escuchó a Tristan suspirar tras ella, pero la chica no daba crédito a sus oídos. Dio un paso hacia delante.
-¿Es que no lo entiendes? Esa mujer está relacionada con Sonny, es la madre de D'Jok, es más, es gracias a ella que el hijo de vuestro jefe está vivo hoy, y me parece lo bastante importante como para…
-No, Tia, eres tú la que no entiende.- Corso se reclinó hacia delante, irritado por la indignación de la chica.- Maya no es un problema ahora mismo. De modo que siéntate y empecemos a hablar de Sonny, que es quien importa aquí. Deja de intentar jugar a hacerte la puñetera heroína y tratar de salvar a todo el mundo cuando ni siquiera eres lo bastante lista como para mantener tu pellejo a salvo.
-Tampoco es que a vosotros se os dé muy bien mantener a salvo vuestro propio trasero.- Tia ladeó la cabeza, con la rabia palpitando en su voz. – Ya que estoy segura de que Sonny se encargará de pateároslo cuando sepa que habéis dejado que una mujer inocente desaparezca sin dejar rastro.
Corso se incorporó y Tia, si no hubiera estado tan enfadada, se habría asustado. Todos la miraban y sabía que no estaba haciendo especialmente grandes méritos para ganarse el reconocimiento de esa gente, más bien al contrario, pues para empezar la mayoría no entendía si quiera qué pintaba ella ahí; pero en ese momento sólo le importaba su propia necesidad de justicia.
-Corso, déjala…- trató de intervenir Tristan.
-No.- le atajó él. – No es de mí de quien tienes que defenderla, Tristan. – entonces miró de nuevo a Tia. – Ya no es que te creas muy lista, chica, es que tienes un maldito problema con las figuras de autoridad. Y aquí la autoridad no se cuestiona: se acata. Porque cuando tú aún vienes, yo ya fui tres veces, y cuando empiezas a preocuparte por Maya, yo llevo meses garantizando que ella esté sana y salva, tal y como Sonny me pidió cuando este Torneo dio comienzo. Yo sé dónde está Maya, no tú, pero el hecho de que yo lo sepa y garantice su seguridad al igual que estoy garantizando la tuya debería bastarte. Así que ahora – trató de sonar menos duro, menos frío, si mucho éxito – sé una buena chica, siéntate, y escucha a los mayores.
Añadió la última frase entre dientes. Artie y Bennet intercambiaron una mirada y Tristan estaba en tensión, dispuesto a intervenir si la cosa se torcía. Tia le sostuvo la mirada a Corso con firmeza, aún con los brazos cruzados y expresión digna, y entonces obedeció. Se dejó caer en una silla.
-Bien.- dijo él. La tensión pareció relajarse. – Ahora necesito que todos me escuchéis atentamente.
El nutrido grupo de piratas de aproximó, unos agachándose en el suelo, otros inclinándose un poco para oír mejor. Un plan se estaba cociendo.
-En los últimos días, en una serie de operaciones llevadas a cabo por nuestros hombres, hemos seguido y observado a los invitados a la cena que tuvo lugar en casa de Lord Primus, también llamado Magnus Blade, para tratar de averiguar quiénes de ellos están involucrados en el asunto del multifluido. – paseó la mirada por todos los presentes. – Tras rastrear sus acciones en la red, comprobar sus transacciones económicas y vigilar los encuentros que han mantenido en los últimos días, estos son los que tenemos.
Arrojó sobre la mesa varias fotos a tamaño folio. Todos se asomaron para ver mejor. Artie empezó a recitar los nombres, pero no era necesario: todos sabían de quiénes se trataban.
-Cam Fernsby, presidente de Gaia Inc., la empresa informática más importante de la galaxia, que proporciona la mayoría de software empleados en Zaelion, a nivel tanto de usuario como de grandes corporaciones, Technoid entre ellas. De hecho, tiene tanto dinero que podría comprar Technoid si quisiera. – explicó. - Wonk Romasa, accionista mayoritario y fundador de un holding que aúna bajo su firma a más de treinta empresas distintas, desde alimenticias hasta armamentísticas. - pasó al siguiente, y Tia sintió una especie de puñalada que le hizo apartar la vista cuando reconoció al amigo de sus padres. El propio Artie se tomó una ligera pausa.- Zeon Ghaffar. Ministro de Deportes desde hace tres años, asesor del Canciller durante diez, senador desde hace quince, militante en el Partido Demócrata por Zaelion desde su juventud, entre otras cosas. Una de las figuras más sólidas y respetadas del panorama político.
Si los dos primeros habían sido una bomba, ahora los piratas empezaban a susurrar cada vez más fuerte. Un par de exclamaciones de protesta se alzaron, pero Artie se hizo oír por encima. Y señaló a la última foto, que hizo que a Tia se le parara el corazón. Era el hombre del pelo blanco, el del día de la cena.
- Kliment Harris.- pronunció Artie con solemnidad. – Mano derecha de Bleylock en la sombra sin que lo supiéramos siquiera. Antiguo Jefe del Departamento de las Regulaciones para el Fluido en la Liga. Había aceptado ese puesto tras diez años de servicio militar para Technoid, con brillante desempeño en la lucha contra los usos ilegales del fluido en los planetas de la Franja, que aún no se han sometido a las normas de la Sociedad del Fluido. El vicepresidente de Technoid le ofreció un nuevo puesto en Technoid en Inteligencia Militar, y Harris lo tomó sin dudarlo. Ascendió escalones hasta llegar a Comandante, uno de los más altos rangos. Es el principal cerebro tras todo este complot. Él contactó uno tras uno con los distintos inversores, tres de ellos los que ya he mencionado, aunque no son todos, ni de lejos. Lord Primus era su principal aliado.
-Ayer mismo, en una operación coordinada, varios de los nuestros vieron cómo Primus entregaba a Harris un cargamento de multifluido.- explicó Bennet. - Dos naves pirata siguieron de manera furtiva a la nave de Harris para tratar de localizar su base. Le perdieron en un campo de asteroides, muy cerca de Puerto Estrella, el arsenal militar más importante de Technoid.
-¿Y conseguisteis una muestra de multifluido?- inquirió Tristan.
-Así es.- asintió Corso. – Y nuestros científicos trabajarán en ella para poder producir lo que hemos denominado el antimultifluido.
Tia comenzaba a sentirse algo mareada algo tanta verborrea, términos y datos. Sólo podía pensar en las fotos sobre la mesa. En cambio, los piratas estaban asombrados hasta casi el límite de la excitación ante la perspectiva de una complicada misión avecinándose.
-Y Harris, ¿está sólo en Technoid? ¿O sabéis si tiene más cómplices?- preguntó Tia, aunque su propia voz le sonaba lejana.
-No está solo.- respondió Corso, con lentitud. – Hay alguien más… Hemos podido hackear alguno de sus emails, y tiene varios correos internos con un usuario cuya identidad somos incapaces de desencriptar. Al parecer, es la otra mente tras todo esto. Ese individuo usa varias direcciones diferentes, pero es obvio que siempre es la misma persona, tanto por el modo de expresarse como por la firma: el nombre Melvin inserto en un círculo.
-Melvin…- susurró Tia en voz baja.
-Podría ser cualquiera.- resopló Tristan.
-Ya nos encargaremos de eso.- instó Corso. – Ahora, ocupémonos del siguiente tema: operación rescate de Sonny. Abrid bien los oídos, porque no voy a repetirlo…
[Siente la tierra moverse, y después,
escucha a mi corazón romperse de nuevo.
Esto es el final.]
(13:16. 6 horas y 44 minutos para la final).
-Relájate. Estás hecha un flan.
Tristan se agachó frente a ella y le posó una mano en la pierna. Tia estaba hecha un ovillo en el sofá, sin poder parar de morderse las uñas. Acababan de terminar el último entrenamiento antes del partido decisivo y todos estaban cambiándose o matando el tiempo hasta la hora de comer.
-Es la final. ¿Cómo quieres que esté?
-No es tu primera final.- contestó él. – Lo harás tan bien como de costumbre. Al fin y al cabo eres doña Perfecta.
-¿Así es como me llamáis a mis espaldas?- sonrió ella levemente.
-Solo yo, porque me gusta cómo combina con "chico de playa".- Tristan se encogió de hombros y ella esbozó una sonrisa más grande. – Trata de relajarte, aunque vaya contra tu naturaleza. El partido y la misión irán como la seda.
Tia se mordió el labio. Tristan estaba en lo cierto. Corso les había dejado fuera del plan de rescate a Sonny, y sabía que era lo lógico, porque ellos tenían que concentrarse en jugar ("Tu lugar está en el campo y el lugar de Tristan está contigo", había explicado el hombre varias veces), pero aún así no podía evitar pensar en si el plan de los piratas funcionaría o no.
-¿Crees de veras que irán bien?- preguntó en un susurro.
-Hemos hecho cosas mucho más peligrosas.- la calmó él, tras mirar alrededor. Se inclinó un poco hacia delante y cubrió las manos de la chica, que ella retorcía frenéticamente, con las suyas. – El mismísimo Capitán General de Technoid, hijo además de Maddox, es el hombre que ha mandado infiltrado el Duque para ayudar a Sonny a huir. ¿Qué deberíamos temer?
Ella asintió, ahora más segura. Debía confiar en que esa gente sabía lo que hacía. Miró a Tristan con agradecimiento, y entonces un carraspeo hizo que ambos giraran la cabeza hacia la puerta del salón.
Ane les observaba con la cabeza algo ladeada y expresión extraña. Tristan soltó las manos de Tia y se incorporó.
-Tia. Thran me ha preguntado dónde estás. Creo que quiere hablar contigo de algo.- dijo la chica.
Tia asintió tras musitar un "Gracias" y se incorporó para ir a buscar a su amigo. Al pasar junto a Ane, esta la siguió atentamente con la mirada. Luego frunció el ceño, se giró hacia Tristan, y se marchó.
-¿Thran?
Tia asomó la cabeza al cuarto de su amigo. Estaba solo, leyendo un grueso tomo en el sillón junto a la ventana. Él alzó la cabeza al oír su voz.
-Ane me ha dicho que querías verme.- dijo la chica. - En realidad, también yo quería hablar contigo.
-Claro.- Thran colocó el marcador y dejó el libro sobre la mesa antes de incorporarse. – Pasa.
Tia obedeció y se aproximó a él. Echó una ojeada al ejemplar y esbozó una sonrisa torcida al ver que se trataba de un manual de astrofísica.
-"El método Doppler y el descubrimiento de la velocidad radial". Lo terminé hace unos días. Siento decirte que el protagonista muere.
Thran sonrió y sacudió la cabeza.
-Sólo es lectura ligera para relajar la mente.- contestó, y entonces cambió radicalmente de tema. – Anoche tuve que inventar una excusa para encubriros a ti y a Tristan. Hasta donde los demás saben, él y yo te encontramos llorando en la cocina porque tus padres no han venido a la final y le pedí que te acompañara a dar un paseo para tranquilizarte, ya que estar rodeada de las familias de tus amigos no ayudaba.
-Así que por eso Mark me ha dado esta mañana un abrazo durante el desayuno y me ha dicho que podía quedarme con uno de sus hermanos y Micro-ice ha divagado durante media hora acerca de que es absolutamente normal y humano llorar al acordarnos de nuestros seres queridos. Creí que simplemente echaba de menos a su hámster. – Tia se dio una palmada en la frente. – Menos mal. Gracias, Thran.
-Sí, bueno.- él se sentó en el borde de su cama. – La verdad es que no me siento muy cómodo mintiendo.
Tia tomó aire profundamente, y tomó asiento a tu lado.
-Yo antes era terrible, pero después de tanto hacerlo te acostumbras. Especialmente cuando no tienes elección.
-No me dejaste otra, ¿no?- Thran no la miró, sino que observó la pared de enfrente. - ¿Por qué, Tia? ¿Por qué decidiste involucrarme en todo esto?
Ella se encogió de hombros. Esperaba esa pregunta. Llevaba días haciéndolo.
-Porque confío en ti.
-También en los demás.
-Tenías que ser tú, ¿de acuerdo?
-¿Y cuál es el motivo? ¿Porque soy inteligente y es gracias a mí a quien supisteis cómo y a dónde transportaban el multifluido?- Thran se giró al fin a mirarla.
-Está bien, Thran. Sí. ¿Eso es lo que quieres oír?- exclamó Tia. Le molestaba que se pusiera a la defensiva. Ella tampoco había querido formar parte de todo eso. – Te lo conté porque sólo tú podrías ser capaz de encontrar la respuesta, pero también porque alguien tenía que saberlo, alguien tenía que ayudarme a hacer lo que tengo que hacer, y, sin lugar a dudas, si he de confiar en alguien va a ser en ti, por mucho que te pese.
Ella se incorporó, y Thran la siguió con la mirada.
-¿Ayudarte en qué?
-Mira, Thran. El principal motivo por el que te lo conté es porque necesito que entiendas que un loco ahí fuera está intentando administrar una cantidad brutal de multifluido al núcleo de Paradisia, y no sabemos qué consecuencias tendrá, pero podrían ser terribles. Sólo tienes que pensar por un instante en el terremoto de hace un par de semanas y sus estragos, o en lo que el Espíritu le hizo a Akillian, o en el rastro de destrucción que las Guerras del Fluido sembraron por toda la galaxia. Y mientras tanto, todos nuestros seres queridos van a estar aquí, ignorando el peligro al que se exponen. – se explicaba casi con desesperación. – Todos ellos van a estar dentro del Estadio: Ahito, tus padres, Ane, Stella, Micro-ice, D'Jok… Y si algo ocurre, si algo les pasara…
Fue incapaz de continuar. Tuvo que darle la espalda y se cubrió la cara con ambas manos antes de lograr calmarse de nuevo. Las dejó caer despacio y se giró para mirarle.
-Por eso tienes que jurarme que, si lo peor sucediera durante la final, me ayudarías a sacarlos a todos del estadio y a ponerlos a salvo.- vio que Thran se incorporaba. – Por favor.
Él se acercó a ella y la miró en silencio durante largo rato. Tia no sabía a ciencia cierta qué bullía en su cabeza en ese momento, y estaba segura de que jamás lo resolvería, porque así eran todos ellos: un montón de gente incomprensible, llenos de incógnitas, de misterios sin resolver. Y el cerebro de Thran era el mayor de todos. Pero Tia sabía que él le entendía, que tenía ese lado lógico y analítico del que el resto carecía y que permitía que, pese a su aparentemente modestas aptitudes emocionales, les comprendiera a todos tan bien. Y si no a todos, al menos a ella.
Y como además, tenía un gran corazón y siempre le interesaba un poco de riesgo, supo que sus palabras serían:
-Claro que lo haré, Tia. Cuenta conmigo.
