Parte dos del capítulo 27. Ojo, no os saltéis la primera, que es el chapter anterior.


[Ahora, has visto su cara.
Y sabes que hay un lugar
en el sol

para todo lo que has hecho.]

(18:30. Dos horas y media para la final.)

D'Jok removió el vaso que sostenía en la mano y los hielos tintinearon contra el cristal. Guardó la otra mano en el bolsillo del pantalón de traje y miró el estadio bajo ellos. Estaban en el palco de Lord Primus, con una visión privilegiada del terreno del Dome Stadium. El público empezaba a llegar a las gradas, para asistir a la celebración previa al partido, y mientras tanto Primus había congregado a varios de sus invitados en un cóctel. Por allí pululaban desde las jugadoras del equipo con sus largos vestidos, hasta el Duque Maddox, algún que otro empresario, un par de celebridades y varias figuras políticas.

Nikki se acercó a él y se enroscó sensualmente en su brazo.

-¿Nervioso, capitán?- preguntó con coquetería, y pestañeó mirándole deliberadamente los labios.

D'Jok la observó, tan bella y con su pelo tan claro, enfundada en un largo vestido negro que dejaba su espalda al descubierto, y casi sintió como si viajara en el tiempo. Dolía. De modo que apartó la mirada, observó los palcos laterales, donde empezaban a llegar los jugadores de los demás equipos, y volvió a girar el rostro hacia ella.

-¿Por qué iba a estarlo?- respondió con pereza. - Voy a ganar.

Y se dejó besar, con parsimonia.

-Léeme el programa.- pidió Ahito a Micro-ice. Estaban congregados en círculo en uno de los palcos al lado del de Primus.

-Primero Lord Primus dará un discurso inaugural.- leyó Mice en el panfleto de papel que le habían entregado al entrar. - Luego habrá un partido de Technodroids patrocinado por Technoid, a continuación actuarán interpretando un par de canciones... ¡Anna Mae y Ronan!

Los demás mostraron su entusiasmo.

-... después un espectáculo acrobático, y... ¡No os lo vais a creer!- exlamó Micro-ice. Pero Tia ya no le escuchaba, sino que estaba mirando hacia las gradas.

-¿Qué asientos les han asignado a nuestras familias?- preguntó. Thran se acercó a ella, y señaló con el dedo hacia las gradas que tenían justo en frente.

-Allí. Sector A, fila 30, según me dijo mi padre. Todos los acompañantes están allí.

-Bien.- respondió ella, y le dirigió una mirada significativa que el chico captó.

-No entiendo a qué viene esta tontería de hacer una fiestecita antes de la final.- comentó Mark. - Preferiría liquidar esto cuando antes. He hecho un precioso hueco en mi estantería para el trofeo.

-Lord Primus es un anfitrión excéntrico.- Tristan se encogió de hombros, e hizo un gesto con la cabeza hacia el palco principal. Tia y Tristan estaban seguros, aún sin haberlo comentado con el otro, de que aquella celebración era una distracción para que la detención de Sonny Blackbones se produjera sin altercados. La cual, si todo iba según lo previsto, tendría lugar en poco más de media hora.

La chica echó un vistazo a la sala acristalada donde Primus se rodeaba de sus invitados, a poco más de cinco metros de ellos. Distinguió claramente el cabello rojo de D'Jok, y el estómago le dio un vuelco. Pero antes de poder pensar en el chico, y en lo mucho que sus compañeros deseaban y temían verle en el campo, vio, a unos metros de él, al Duque Maddox.

Frunció el ceño, pensativa. Había algo que no encajaba, y no sabía bien qué era. Se sumió en sus propias reflexiones durante varios silenciosos minutos, mientras que sus amigos charlaban con el resto de jugadores. Y entonces llamó a Tristan, aún sin apartar la vista de Maddox.

-¿Sí?- inquirió él, acercándose a su lado.

-¿Quién dijiste que sería el infiltrado de Technoid que ayudaría a escapar a Sonny?- preguntó en un susurro. Había algo en su voz que despertó la curiosidad de Tristan.

-Vesto Maddox, el hijo del Duque. ¿Por qué?- y al ver que ella no contestaba, sino que desviaba la mirada y empezaba a musitar muy deprisa su nombre, una y otra vez, se aproximó más. - Tia, ¿qué sucede?

-Vesto.- murmuró ella de nuevo, ahora más alto, clavando sus ojos en el chico, pero como si estuviera viendo algo diferente. Y entonces la verdad cayó sobre ella con su propio peso: - ¡Tristan! ¡Tenemos que avisarles!

-¿De qué hablas?- exclamó él, mirando alrededor. Tia le ignoró y, agarrándole del brazo, le arrastró entre la gente y le guió al pasillo, donde nadie les escuchara. Tiró de él hacia la esquina, lo más alejados posible de la puerta, y le arrinconó contra una pared. Estaba totalmente acelerada.

-Tristan, tienes que escucharme atentamente, y, sobre todo, tienes que creerme.- puso ambas manos en sus hombros, porque él necesitaba entender.

-Por todo el Fluido, Tia, explícame qué demonios pasa.

-Vesto es el aliado de Harris.- sentenció ella, sin dar rodeos, y al ver la cara de incredulidad de él, se apresuró a recalcar:- Sé que parece una locura, pero estoy segura al cien por cien de que es él.

Tristan se había puesto muy serio, y la miraba con esa cara que decía a todas luces que aquello no tenía ni pies ni cabeza.

-Tienes razón, Tia, es una completa locura.- chasqueó la lengua. - ¿Has tomado algún tipo de sustancia? ¿Te has dopado?

-¡Piénsalo!- exclamó ella, desesperada. - Vesto Maddox está jugando a dos bandas. Él es el otro topo de Technoid, y fingiendo ser nuestro aliado para liberar a Sonny, va a asegurarse de que eso nunca ocurra. Sólo tienes que repasar las evidencias. Vesto Maddox es el vicepresidente de Technoid. ¿Quién nos dijo Corso que había contratado a Harris?

Tristan dudó un segundo antes de contestar:

-El... vicepresidente de Technoid.

-¡Exacto! - él suspiró y se revolvió el cabello, y Tia albergó una esperanza. Sabía que cualquier otro la tomaría por loca, pero Tristan se fiaba de ella. Inexplicablemente, se fiaba de ella. De modo que insistió: - ¿Recuerdas la firma en los correos? Un círculo, y el nombre Melvin. El círculo es por Vesta, la diosa del fuego del hogar en la Antigua Roma: era el símbolo que usaban para representarla. Estoy segura de que Maddox nombró a su hijo en su honor. Melvin, por otro lado, es el segundo nombre de Vesto Melvin Slipher, uno de los astrofísicos más importantes de todos los tiempos. Descubrió la velocidad radial de las galaxias, y eso es lo que permitió a nuestros antepasados encontrar la manera de llegar a Zaelion. De sobrevivir.

Se abstuvo de decir cómo había llegado a esas conclusiones, pero definitivamente el libro de Thran había sido una pista esencial, y también D'Jok. Dejó que procesara toda la información, mirándole a los ojos. Tristan parecía tratar de razonar a toda velocidad, de analizar la lógica de sus palabras. Tia le instó suavemente:

-Tienes que avisar a los piratas.

-No puedo hacerlo.- siseó el rubio. Y de repente pareció muy mayor, y también muy cansado. - Corso me avisó de que cambiarían la frecuencia de radio que empleábamos para comunicarnos y de que se desharían de sus localizadores, para que si les atrapaban, nadie pudiera relacionarlos conmigo. Es algo que hacemos en cada misión. Siempre tiene que quedar un hombre solo, incomunicado del resto, para que pueda finalizar la misión si es necesario.

Ella le miró con decisión, sus ojos verdes relampagueando. Parecía totalmente convencida de su misteriosa epifanía.

-¿Entonces?

-Intentaré ponerme en contacto con ellos. Puede que aún sigan en la base.- dijo, y Tia suspiró aliviada.

-Yo iré contigo.

-Por encima de mi cadáver.- se negó él.- Tú vas a quedarte aquí, sana y salva.

-No voy a dejar que vayas sólo.- contestó ella, obstinada. Tristan resopló. ¿Cómo podía ser tan cabezota? - En ningún sitio estaré más segura que contigo.

Tristan abrió la boca para replicar, pero en ese momento alguien les llamó desde la puerta del palco. Ambos se giraron para ver a Thran, a unos metros de ellos.

-¿Qué estáis haciendo ahí?

Tia agarró a Tristan del brazo (se estaba convirtiendo en una costumbre) y caminó hacia el defensa.

-Escúchame, Thran.- explicó antes de que Tristan pudiera decir esta boca es mía. - Tristan y yo tenemos que irnos. Es una cuestión de vida o muerte.

-Tú no vas a ir a ningún...- empezó él, pero la rubia le ignoró.

-¿Pero qué ocurre?- preguntó Thran, impactado.

-Ahora no puedo contártelo.- prosiguió ella. Su determinación era férrea.- Prometo que volveremos para el partido. Hasta entonces, si los demás te preguntan, invéntate lo que sea.

-Tia, no sé qué voy a decirles. Quedan dos malditas horas para la final.- protestó él.

-¡Diles que Tristan y yo estamos enrollados! ¿De acuerdo? Que estamos por ahí echando un polvo.- e ignorando las caras de estupor de ambos chicos, agarró a Tristan de la mano y echó a correr. Dejando a Thran patidifuso.

[Para siempre no es tanto tiempo.

Y en tu alma
han hecho un millón de agujeros,
pero nunca los dejas ver.

Venga, es hora de irse.]

(19:07. Una hora y cincuenta y tres minutos para la final.)

Los pasos retumbaban por los pasillos de roca, excavados en el subsuelo. Precarias barras de metal sostenían el techo de piedra en los lugares más inestables, y unos cuantos focos cada pocos metros iluminaban pobremente los pasadizos. La figura más alta se detuvo cuando llegaron a una especie de escala que ascendía por la pared hasta lo que parecía la tapa de una alcantarilla, e instó a la otra a subir.

-Esto es una locura.- siseó Tristan, ascendiendo delante de ella. - Estás loca de atar. Corso tiene razón.

-¿En lo de que estoy loca?

-No, en lo de que tienes un puto problema acatando órdenes.

Tia esbozó una media sonrisa. Tristan levantó la tapa apenas unos centímetros para asegurarse de haber llegado al lugar correcto, y entonces salió. Tendió una mano a la chica para sacarla de ahí antes de volver a colocar la tapa en su sitio. Habían ido a parar detrás de unos densos setos que cerraban la parte trasera de la Comisaría de Paradisia. Ambos se arrastraron y observaron entre el follaje. La nave de Technoid que iba a encargarse de trasladar a Sonny hasta Lyra estaba estacionada allí mismo, en la explanada de asfalto. Varios guardias acompañados de droides descendieron al abrirse la compuerta.

-Nos han pedido que transportemos un par de cajas con armas.- escucharon que decía uno de los soldados. – Que las traigan los robots.

-Antes vayamos a por Blackbones. Cuanto antes lo tengamos encerrado, mejor.

Ese era Vesto. Ambos lo reconocieron con facilidad: alto, de unos treinta años, con una cuidada barba negra y un rostro afilado. Atractivo y de voz autoritaria. En su pecho brillaba una ristra de medallas militares y portaba un arma en el cinturón.

Tia frunció el ceño, y pensó en la dificultad de las circunstancias. Tristan la había guiado por los túneles subterráneos de Paradisia, esos acerca de los que le había hablado unos días atrás, hasta el sótano donde solían reunirse con los piratas. Tal y como sospechaban, ya habían desmantelado su cuartel secreto. No obstante, aprovecharon la ocasión para fisgonear por la casa vacía y coger un par de prendas que el antiguo inquilino había dejado por allí abandonadas. Acto seguido se habían apresurado hasta un tugurio, el mismo en el que Tristan le había indicado una noche a Tia que iba a reunirse con sus camaradas, y el joven le había dejado un mensaje al propietario, que limpiaba vasos con un trapo y lo observaba todo con aire suspicaz. Ese hombre era uno de los enlaces con los piratas, y por eso Tristan le pidió que tratara de ponerse en contacto con ellos. Tres simples palabras le confió: "Es una trampa". Y entonces, con Tia a su lado, dejó que el hombre les guiara hasta el almacén y, tras entregarle algo a Tristan que la chica no llegó a ver, ambos gatearon por un conducto de aire, volvieron a las galerías subterráneas y corrieron hacia el área de la Comisaría, él delante abriendo el camino, ella detrás, sus pasos resonando en la penumbra. Se preguntaba cómo era capaz de orientarse en aquel lugar. El chico la había obligado a ponerse una de las viejas sudaderas que habían encontrado en uno de los dormitorios de la casa (tan vieja que comprendía que el dueño no se la hubiera llevado al mudarse) y a cubrirse la boca y el pelo con un pañuelo, como si fuera un velo, para que no pudieran reconocerla. Pareces una guerrillera, había murmurado Tristan atándoselo en la nuca y luego colocándole la capucha.

-¿Qué vamos a hacer?- preguntó Tia en un susurro, mirando la nave.

-Qué voy a hacer.- corrigió él, y ella rodó los ojos como diciendo "Sí, claro". – En primer lugar, te voy a dar esto.

Bajó la cremallera de su sudadera y sacó del interior dos objetos que Tia tardó en identificar, pero cuando lo hizo, abrió mucho los ojos: eran dos pistolas láser. Eso era lo que le había entregado el hombre del bar, que entre sus muchos negocios se dedicaba a traficar con artefactos no precisamente legales. De hecho, había suministrado con balas a los piratas en más de una ocasión.

-Asumo que no has disparado una de estas en tu vida, y espero que no tengas que hacerlo hoy, pero al menos debes saber lo básico.- le tendió una, la más pequeña, a Tia, que la recibió con manos algo temblorosas. – Sólo tres pautas: apunta bien, pulsa el gatillo para disparar, y trata de no disparar por accidente. Si lo haces, al menos que no sea a tu propio pie.

Entonces se giró, y volvió a observar la escena. Los androides habían arrastrado dos enormes cajas de casi dos metros de altura hasta allí, y ahora iban hacia el interior escoltando a los cuatro hombres uniformados que caminaban hacia el edificio. Estaban a punto de sacar a Sonny, de eso no había duda.

Por un momento, a Tia le llamó la atención que no hubiera periodistas retransmitiendo la escena, y entonces cayó en que gran parte de ellos estarían en el estadio y el resto grabarían directamente la llegada a Lyra, un momento realmente histórico. Probablemente Lord Primus habría hecho todo lo posible por alejar de allí a la prensa, con tal de centrar toda la atención en la final de su torneo.

-No tenemos mucho tiempo, de modo que hay que trazar un plan.- murmuró Tristan.- Tal vez pueda correr hacia la cola de la nave cuando estén a punto de despegar. Si no me equivoco, debe de estar dotada de una salida de emergencia en la parte inferior que se abre desde dentro y desde fuera, cerca del motor, en la zona de almacenaje. Si la nave no se ha elevado lo suficiente, treparé hasta ella. Tú puedes distraerlos…

-Tengo una idea mejor.- susurró Tia, que parecía haber superado el momento de miedo al verse con un arma en las manos y ahora estaba acuclillada junto a él, pálida, pero con expresión decidida. Y Tristan, definitivamente, odiaba esa expresión con todas sus fuerzas. – Cuando yo te diga, echa a correr detrás de mí.

-¿Qué?

-¡Ya!

Tristan no tuvo tiempo casi de reaccionar; guiado por su instinto, siguió a toda velocidad a la chica. Ella, a la velocidad del rayo, salió de su escondite y recorrió en décimas de segundo la distancia entre los arbustos y las enormes cajas de madera. Entonces Tristan, sin que ella tuviera que decírselo siquiera, supo cuál era su intención. Al ser más alto, podía llegar hasta la parte de arriba de la caja; levantó la tapa y agarró a Tia a la altura de las rodillas para auparla. Ella se deslizó al interior de la caja y entonces tendió la mano para ayudarle a subir. Tristan se impulsó pisando una de las junturas entre las tablas, y, aferrando la mano de Tia, se dejó caer en el interior con ella. Ahogó un quejido de dolor al caer sobre un montón de rifles y se apresuró a cerrar la tapadera de nuevo tras ellos, justo un segundo antes de que los androides y los soldados volvieran a salir.

La caja estaba en penumbra y el espacio que tenían era diminuto, pues estaban hechos un ovillo sobre un montón de armas negras, que gracias al cielo estaban descargadas. Tia estaba arrodillada, clavándose varios mangos en las rodillas, totalmente pegada al chico, que trataba de hacer equilibro apoyando ambos brazos en cada pared de madera.

-Te voy a matar. Juro por mis padres que si no nos matan hoy, seré yo quien acabe contigo.- musitó él, muy bajo pero con la bastante rabia como para que ella le escuchara.

-Shh. Ya vienen.

La chica observó por las rendijas y vio como dos androides se acercaban, cada uno de ellos para empujar una de las cajas hacia el interior de la nave. Miró a Tristan con terror al darse cuenta de que estaban colocándole un candado a la tapa, de modo que, si volcaba, no tirase el contenido. Él la miró igualmente preocupado, pero hizo un gesto dando a entender que ya se ocuparían de eso.

-Juraría que estas cajas pesaban menos.- escucharon que decía uno de los androides, empezando a moverla. Ambos sintieron la sacudida al ser arrastrados.

-Calla y llévalas dentro.- replicaba el otro.- Si Vesto te oye quejarte una sola vez más hará que te desconecten.

Tia y Tristan trataron de guardar el equilibro, y prácticamente la respiración, mientras los robots los conducían dentro de la nave.

Pasaron unos minutos más hasta que se detuvieron. Parecía que los habían dejado en algún tipo de almacén, porque todos los ruidos llegaban lejanos y distorsionados, como si estuvieran al fondo de una bodega. Apenas entraba luz. Dejaron pasar al menos diez minutos más antes de pegarse a la pared de la caja para mirar.

-Creo que no hay nadie.- musitó Tia.

Por entre las rendijas de la madera, podían distinguir una enorme sala casi a oscuras, llena de cajas y aparatos, a todas luces, destinados al mantenimiento.

-Vamos a salir.- susurró Tristan. – Ahora, tienes que seguirme intentando hacer el menor ruido posible. Vamos a buscar a Sonny.

Tia tragó saliva, pensando en cuántos guardias encontrarían por el camino. La nave parecía estar despegando, a juzgar por el ligero ruido de los motores justo bajo ellos. Tristan tomó su pistola y pulsó el gatillo, antes de instar a Tia a cerrar los ojos y apartarse hacia atrás tanto como el pequeño espacio permitía. Un rayo láser salió del arma y el chico trazó una circunferencia en la madera. Luego la agarró suavemente con las manos metiendo los dedos entre los huecos y tiró hacia él. El agujero era lo bastante grande como para permitir salir a los dos. Una vez fuera, Tristan cogió un par de metralletas del interior y colocó de nuevo el trozo de madera en su sitio, antes de girar la caja con ayuda de Tia para que la circunferencia quemada quedara mirando a la pared y así nadie reparara en ella al entrar. Como suponía que las balas estaban en la otra caja de madera, repitió el proceso: abrió un círculo, quitó la madera, cogió un par de cajas de balines que, efectivamente estaban en el interior (Bingo, susurró), y volvió a colocar el panel en su sitio para acto seguido poner ese lado mirando hacia la pared.

-Sonny necesitará un arma.- explicó. Le entregó a Tia una de las metralletas y balas, de manera que cada uno tuviera dos armas. Entonces echó un vistazo a la enorme bodega en la que se encontraban. – Afortunadamente, conozco este modelo de nave. Pertenece a la serie B-N9 de Technoid. Está destinada a usos militares. – al ver las cejas alzadas de Tia, explicó: - He participado en incursiones otras veces. Prácticamente todos estos trastos son idénticos. Estamos en la bodega, con lo que deduzco que nos encontramos en la parte trasera, en uno de los flancos. Se destina a almacenaje y mantenimiento. Sí, ¿ves?- señaló hacia el centro de la sala, donde una de las chapas metálicas soldadas que conformaban el suelo era de un color ligeramente más clara que el resto. – Esa es la tapa del motor, el único acceso interno, pues normalmente se reparara desde fuera. La parte delantera de la nave, en cambio, está destinada a los comandos y a la tripulación y en el otro flanco trasero están los calabozos.

Tenía el ceño fruncido y Tia le miró con admiración, aunque él no se dio cuenta. Nunca le había visto tan adulto, tan intrépido, tan grave. Parecía un Tristan totalmente diferente. El que ella conocía era, al fin y al cabo, un joven futbolista encantador de sonrisa bonita. Este era un hombre hecho por y para la acción.

Tristan se encaminó hacia la puerta metálica de un extremo de la sala, y ella le siguió. Asomó ligeramente la cabeza para asegurarse de que no hubiera moros en la costa y salieron a una especie de vestíbulo, bastante amplio. Había una pequeña puerta en el otro extremo, y dos más grandes en cada una de las paredes laterales. Una, la de mayor tamaño y a su izquierda, era la de embarque. La otra, la de la derecha, a juzgar por el ruido que provenía del otro lado, guiaba a toda la zona de pilotaje.

-Me juego el cuello a que Sonny está tras esa puerta.- murmuró él señalando a la más pequeña.

-Y también un par de guardias.

-Sí. Supongo que eso va a ser un problema.- el rubio hizo una mueca.

Se aproximaron sin hacer ruido a la pared y, siguiendo las instrucciones de Tristan, Tia se pegó al muro y se quedó a un lado de la puerta. Él se colocó al otro y, armándose de decisión, la empujó levemente.

La puerta se abrió poco a poco. Para los dos androides y el hombre que había en su interior custodiando la celda de Sonny Blackbones, fue una gran sorpresa ver cómo esta se abría lentamente y, sin embargo, no había nadie que la hubiera empujado, pues tanto Tia como Tristan estaban apretados contra el muro. Uno de los hombres, con el ceño fruncido y el arma lista, se acercó al marco para asomarse. Y justo en el momento en que sacó la cabeza, Tristan le asestó con el codo con todas sus fuerzas, dejándole inconsciente. El hombre solo pudo ahogar un "¡EH!".

-¿Qué demonios…?- exclamó uno de los robots.

Antes de que los androides tuvieran tiempo de reaccionar dando la alarma, Tristan entró en la estancia y abrió fuego contra ambos con su pistola y dos chorros de luz emanaron. En dos certeros disparos, acertó a los circuitos centrales y, con un chispazo, los robots cayeron al suelo. Tia no tuvo tiempo siquiera de sorprenderse, pues se precipitó al interior de la sala. Esta estaba dividida a la mitad por unas barras láser que dejaban al prisionero atrapado al otro lado. La chica se acercó, con el corazón en un puño, y su mirada se encontró con la de Sonny. Se bajó levemente el pañuelo para que él la reconociera.

-¿Tia?- balbuceó él, como si estuviera frente a una aparición.– Y Tristan. ¿Qué hacéis aquí?

Tia fue incapaz de decir nada. Sólo le miró, con un nudo en el estómago y los ojos húmedos. Porque después de tanto esfuerzo, de tanta angustia, realmente estaba ahí. Sonny estaba ahí. Demacrado, débil, en los huesos, pálido hasta lo enfermizo y aparentemente con dificultades para incluso mantenerse en pie. Pero vivo.

-Hemos venido a sacarte de este sitio, jefe.- respondió Tristan, también tratando de contener la emoción de haberle encontrado y con la adrenalina palpitando en las venas. Tia se agachó y levantó una placa de metal que cubría el brazo de uno de los androides, donde recordaba, gracias a su vieja aventura con los piratas, que se encontraba la tarjeta de acceso.

-¿No se supone que me sacaría uno de los hombres de Technoid?- preguntó Sonny, con la voz ronca, mientras Tia acercaba la tarjeta al escáner.

-Es una larga historia.- se limitó a mascullar Tristan. Las rejas se desvanecieron y Sonny caminó hacia ellos. Tia no pudo contenerse y se lanzó a abrazarle. Sonny pareció sorprendido al principio, pero le correspondió al abrazo de inmediato, antes de separarse.

-Tenemos que coger los paracaídas y largarnos. ¿Dónde se supone que están?- le preguntó Tristan, sin tiempo para preámbulos, tendiéndole su metralleta. Y a juzgar por la expresión de Sonny, la respuesta no iba a gustarle.

-En la cubierta principal.

Tristan maldijo por lo bajo y Tia reprimió un gemido de angustia. Lo difícil empezaba ahora.

Y no sabía hasta que punto.

Porque, en ese mismo momento, el hombre al que Tristan había golpeado recuperó la consciencia y, de inmediato, se incorporó y se precipitó hacia los comandos alertando a gritos a sus compañeros.

-Mierda.- gruñó Tristan, y al ver que no les quedaba otra, echó a correr tras él. Los otros dos le siguieron a toda prisa, Sonny prácticamente cojeando. Tristan miró por encima del hombro y ordenó- ¡Tia, ganaré tiempo para que vayas a por los paracaídas! ¡Cuando los consigas, lárgate tú con Sonny! ¡Yo me ocupo de los guardias!

Ella no tuvo tiempo siquiera para responder, pues Tristan empujó de una patada la puerta de la cubierta principal, que el hombre acababa de cerrar tras sí, y entraron de lleno. Tia apenas podía controlar su respiración acelerada. Lo que vivió en esos minutos jamás sabría explicarlo después, pero mucho tiempo después aún conservaría la imagen: ellos tres entrando en la gran sala, decenas de soldados corriendo hacia ellos, armas abriendo fuego en todas direcciones. En ese instante pensó, realmente estuvo convencida, de que iba a morir. Eran tres, pero sólo Tristan suponía una amenaza real. En cambio, los otros eran más de veinte, y estaban entrenados y preparados para afrontar ese tipo de situaciones. Inmediatamente, Tia siguió un acto reflejo y le lanzó su metralleta a Tristan, sabiendo que él sería más útil con ella entre las manos. El chico abrió fuego y lo mismo hizo Sonny, liquidando a hombres a una velocidad impactante. Los dos piratas se agacharon tras dos mesas de mando, usándolas como trincheras. Sonny tiró de ella para obligarle a ponerse a cubierto también, pero en el proceso contuvo un grito de agonía: una bala le había alcanzado al hombro.

Tia le miró, presa del pánico. El hombre llevó la otra mano al lugar donde le habían herido, haciendo presión, y su mirada se encontró con la de la chica.

-Deja que te la cubra…- acertó a articular ella, tratando de quitarse el pañuelo de la cara, pero Sonny la detuvo.

-No, escúchame.- Sonny le sujetaba muy fuerte la muñeca, y Tia estaba convencida de que era más por hacer frente a su propio dolor que por retenerla. El sonido de los disparos y los gritos era insoportable. - Tristan sólo no puede con ellos. Es una garantía de muerte segura. Espera a que haya liquidado a los suficientes y entonces gatea hasta el otro lado de la sala, con el arma en la mano, y coge los paracaídas.- gimió. - Alguien tiene que quedarse atrás conteniendo a los soldados mientras los otros dos logran escapar.

Había algo en sus palabras, o en la expresión de su cara, que hizo que Tia estuviera totalmente convencida al instante de que Sonny pretendía ser quien los distrajera. Que estaba dispuesto a quedarse atrás, proporcionándoles a los dos una forma de huir.

-Pero… Si mata a todos…

-No. No puede.- respondió Sonny con dureza, y entonces soltó la muñeca de Tia y, en su lugar, usó esa misma mano para cubrir aquella en la que la chica sostenía el arma. – Ahora. Ve a por los paracaídas. Y, cuando vuelvas a ver a D'Jok, dile que le quiero. Cuídale por mí.

Tia le miró largamente. Y entonces lo supo. Al igual que supo, en el momento en que vio a los primeros soldados cayendo entre charcos de sangre, que no sería capaz de matar a nadie, supo en ese instante que no sería capaz de dejar a Sonny ni a Tristan detrás, ni tampoco sería capaz de quedarse ella. No era lo bastante fuerte, ni lo bastante valiente. Por eso, decidió ser una cobarde. Decidió que no podía hacer lo que le pedía ninguno de los dos. Decidió que, si se quedaba ahí, estaría perdida; todos lo estarían. Así que echó a correr.

En la dirección contraria a la que le indicaba Sonny.

Salió de la sala a la velocidad del rayo, dejando atrás a ambos. Estos apenas tuvieron tiempo para sorprenderse o maldecirla, especialmente Tristan, centrado como estaba en el tiroteo. La chica corrió hacia la bodega, hacia el punto de partida, en la parte trasera de la nave, guiada por un misterioso impulso. Escuchó cómo alguien corría tras ella, y, apuntando por encima del hombro, disparó al hombre, que cayó al suelo, herido en la pierna y aullando de dolor.

Entró a la enorme sala de las cajas con la respiración acelerada y las manos temblorosas y se dirigió al lugar donde, según Tristan, estaba el motor, al rectángulo en el que el suelo era más claro. Se dejó caer sobre sus rodillas y tanteó los bordes, hasta que finalmente encontró los pequeños tornillos, invisibles para el ojo. Echó un vistazo alrededor. Si esa área estaba destinada al mantenimiento, entonces debía haber herramientas no muy lejos.

Vio la caja roja con un asa a unos metros, junto a un par de rollos de cuerda, y supo instantáneamente que era lo que estaba buscando, pues era idéntica a la que Thran usaba para guardar sus tuercas, brocas y trastos similares de nombres impronunciables. Se lanzó hacia ella y la abrió frenéticamente.

Cogió el puñado de destornilladores sin pensar demasiado, y comenzó a probar suerte uno tras otros hasta que finalmente uno encajó. Giró deprisa, retirando los tornillos que fijaban la placa al suelo. De vez en cuando lanzaba miradas sobre su hombro, esperando que nadie entrara.

Con un sonido celestial, el último tornillo salió de su agujero, y Tia levantó rápidamente la superficie, revelando el misterioso engranaje interno de la nave. No le costó localizar el motor, grande, negro, rugiente. Sabía que el depósito de combustible debía encontrarse cerca, por lo que sólo tenía una oportunidad. Y, cegada por la imprudencia, sabiendo que estaba cometiendo un acto casi suicida, abrió fuego contra el cuadrado negro sin ningún tipo de reparo, disparando una y otra vez.

Supo que había acertado cuando escuchó una especie de estallido que indicaba el fallo en el motor, totalmente perforado. Sonaba como las hélices de un helicóptero atascándose. La nave dio varias sacudidas y, súbitamente, una estridente alarma empezó a resonar y las luces rojas de emergencia se adueñaron de la estancia.

Tia no tuvo más tiempo para dudar. Corrió de vuelta hacia la zona de los comandos, en busca de Tristan y Sonny. Al entrar, la escena le resultó horrible. Sonny estaba tirado en el suelo sosteniéndose el hombro ensangrentado, Tristan solo disparaba con una metralleta en cada mano a los hombres que aún le hacían frente. Estaba cubierto de sangre, delante de Sonny, cubriéndole para que no le alcanzaran los disparos. La sirena sonaba a todo volumen y el resto de los soldados trataban de hacer algo por recuperar el control de la nave, Vesto entre ellos, repartiendo órdenes a gritos.

-¿Qué has hecho?- exclamó Sonny al ver a Tia, reprimiendo el dolor. Pero ella le ignoró, y llevó a cabo el que, definitivamente, iba a ser el acto más imprudente de todos. Usó el Espíritu.

Una nube azul, como una esfera, se formó en torno a ella. Sonny abrió mucho los ojos, y también los guardias de Technoid. La chica echó a correr de nuevo, esta vez al frente, sin miedo al tiroteo. Estaba usando el Espíritu de escudo.

Había localizado los paracaídas desde el primer momento, al otro lado de la estancia. Corrió hacia ellos, sabiendo que era la última oportunidad que tenían de sobrevivir. Tia los aferró como si le fuera la vida en ello, y corrió de vuelta hacia los otros.

-¡SÍGUEME!- le gritó al rubio. Cada vez se sentía más débil, y sabía que no aguantaría mucho más la barrera protectora, de modo que la dejó caer un instante, antes de formarla de nuevo, esta vez más grande, acogiendo en ella también a los dos piratas. Tristan tiró al suelo una de las armas, agarró a Sonny pasando el brazo por debajo de los suyos, y la siguió tan rápido como pudo. Y entonces, Tia escuchó el gemido ahogado.

Se dio la vuelta justo a tiempo para ver cómo Vesto Maddox, que había entrado en el perímetro del campo de fuerza sin que ella se diera cuenta, se había lanzado sobre Tristan y forcejeaba con él. Trataba de asfixiarle con el propio rifle del chico, mientras que el otro hacía fuerza empujando hacia el lado contrario. Tristan tenía el rostro contraído. Tia no sabía qué hacer. Dudaba, con la pistola en la mano, y la otra elevada emanando fluido. De repente, Vesto consiguió arrojar la metralleta a un lado y sus dedos se cerraron en torno al cuello de Tristan. Le estaba estrangulando.

Tia no tuvo que disparar. Alguien tomó la decisión por ella. Sonny, tirado en el suelo a unos metros de los dos hombres, se arrastró por el suelo y se la arrebató antes de disparar, sin dudar ni un instante, a ambas piernas de Vesto. Este gritó, y Tristan aprovechó el momento para deshacerse de él y golpearle con la metralleta en la cabeza, dejándole sin sentido. Tia le ayudó a incorporarse a toda prisa.

-Tenemos que llevárnoslo.- dijo Tristan en alusión a Vesto, con la voz rota y el rostro rojo. – Lo necesitamos para interrogarle.

Se apartó de Tia, agachándose para coger al hombre y cargarlo sobre su espalda, con gran dificultad. Tia, por su parte, ayudó a Sonny a levantarse y le hizo apoyarse en ella para andar. Se encaminaron deprisa hacia la puerta de la cubierta principal, volviendo al vestíbulo de las cuatro puertas, y Tia le lanzó uno de los paracaídas a Tristan. Ella ayudó a Sonny a abrocharse las correas como Clamp les había explicado una vez que debía hacerse y luego se puso las correas auxiliares en torno a su propio cuerpo, pegándose al hombre de modo que ambos pudieran usar el paracaídas. Vio que Tristan hacía lo mismo, colocándose a Vesto delante. Entonces el rubio disparó hacia el escáner de la compuerta principal y, con un chispazo, esta cayó pesadamente, abriéndose por completo. La ráfaga de aire casi les arrastró y, al estar inclinada la nave, tuvieron que hacer un esfuerzo por lanzarse hacia fuera pues el aire les empujaba al interior. Con toda la fuerza de sus huesos, Tia subió por el suelo en pendiente, arrastrando a Sonny tras ella, y se dejó caer al otro lado.

Precipitándose al vacío.

Estaban a cientos de metros de altura. Paradisia parecía una miniatura bajo sus pies, una enorme masa de mar y edificios microscópicos. La nave caía por delante de ellos, y se estrellaría minutos antes de que ellos tocaran tierra firme, causando la muerte de todos los que iban a bordo. Tia se sintió caer y caer, las lágrimas que empapaban su rostro secándose en segundos. Sonny, apenas consciente, tiró de la cuerda del paracaídas al ver que Tristan hacía lo mismo, y la enorme tela se desplegó tras ellos en el mismo instante en el que la nave chocaba contra la tierra y volaba en pedazos, causando una explosión de fuego y humo. Justo entonces vieron como la nave pirata que debía recogerlos se aproximaba, la tripulación lista para socorrerlos.

Pero Tia ya no tenía fuerzas para hablar siquiera. Se dejó rescatar, incapaz de mantenerse en pie.

[Sabes que tienes que hacerlo.
Todos dependen de ti.

Ya lo sabes.

Sí, ya sabes cómo acabará esto.]

(20:50. Diez minutos para la final.)

-¡¿Me estás diciendo en serio que falta menos de un cuarto de hora para que comience la final y nos faltan dos jugadores, la capitana entre ellos?!- bramó Artegor.

Aarch suspiró, con el rostro entre las manos. Estaba sentado en vestuario, demasiado derrotado como para enfadarse, mientras sus jugadores le miraban con mil emociones desfilando en sus rostros.

-Tienen que aparecer. No pueden haberse esfumado.- mascullaba Ahito.

-Tal vez hayan hecho un D'Jok y de pronto los veamos con el uniforme del Equipo Paradisia.- comentó Micro-ice, tratando quizás de bromear para relajar el ambiente, pero fallando en el intento.

-¿Qué vamos a hacer si no vienen? ¿Retirarnos?- protestó Mark, realmente cabreado con sus compañeros.

-No creo que haga falta.

Todos se giraron al escuchar la voz tras ellos. Porque Tristan y Tia acababan de llegar al vestuario, tras más de una hora sin dar señales de vida. Y, como si nada hubiera pasado, cada uno de ellos caminó hacia su taquilla, listos para cambiarse. Si alguien reparó en que estaban inusualmente pálidos, no lo dijo.

-¿¡Pensáis que esto es normal!?- exclamó Artegor. - ¿Dónde demonios estabais?

-Por ahí.- respondió Tristan encogiéndose de hombros, y cambiándose de camiseta. Tia ni siquiera se giró a mirarles, sino que sacó su equipación y se entretuvo más de lo necesario abriendo una botella para beber agua.

Todos les miraron como si no pudieran creerlo. Y todos estallaron a la vez en quejas. Todos, excepto dos personas.

-¿A qué coño estáis jugando?

-¡Esto es una final!

-… buscándoos por todas partes.

-¡Merecéis la expulsión!

-No sé si os dais cuenta de…

Aarch y Thran, no obstante, miraban la escena en silencio. Tia y Tristan aguantaron el chaparrón como pudieron, terminando de vestirse. Y su impasibilidad solo irritaba más a los otros.

Hasta que, finalmente, el entrenador alzó la voz.

-Basta.- ordenó, acallando al resto. – Lo que Tia y Tristan han hecho es una irresponsabilidad, pero es ante mí ante quien rendirán cuentas más tarde. Ahora, vuestra prioridad es la final.

Los Snow Kids contuvieron un par de protestas más y obedecieron al entrenador, de mala gana.

-Llevamos preparándonos para este momento meses. No voy a daros ningún tipo de discurso, ni sermón, ni arenga. Sólo una súplica: no la caguéis.- los chicos se sorprendieron, pero él prosiguió.- Sé que podéis hacerlo. Sé que estáis listos para esta final. Sólo vosotros tenéis la capacidad de ganar, si os comportáis como un equipo, y no os dejáis llevar por vuestros sentimientos.

Todos eran conscientes de que se refería no sólo a la irritación de sus jugadores con sus dos compañeros, sino también al reencuentro con D'Jok en el campo. Y ellos comprendieron.

Acabaron de prepararse, Micro-ice, Mark y Ahito más relajados y casi disculpándose con Tia y Tristan por sus reacciones ("Lo importante es que habéis llegado", dijo Mice). Y todos salieron en fila, listos para salir al campo.

-Eh, Tia.

Ella se giró, al oír que Ane la llamaba. Ambas iban las últimas.

-¿Tampoco vas a decirme a mí dónde estabas?

Tia jamás le había escuchado a la chica un tono de voz semejante, cortante, casi agresivo. La rubia se encogió de hombros, pues no estaba como para aguantar más drama ese día.

-Estaba con Tristan en el cuarto de la limpieza. Había mucha presión encima y él llevaba preservativos en la cartera. No creo que necesites detalles.

Aunque los chicos iban delante, sabía que la habían oído, pues escuchó cómo Micro-ice contenía la risa y Mark palmeaba a Tristan en el hombro. Sin embargo, eso sólo enfadó más a Ane, que bajó el tono de voz y agarró a su amiga del codo, obligándola a detenerse.

-Mira, Tia.- murmuró con cara de enfado y mirándola fijamente a los ojos.- No sé en qué andas metida, sólo sé que nos estás ocultando algo a todos y que, por si fuera poco, has metido a mi novio en medio. Le has hecho mentirme por ti.

Tia le devolvió la mirada, y había algo en ella, una sombra tras sus párpados, que le hizo un nudo en la garganta a Ane. Sus dedos vacilaron contra la piel de Tia. Y, aún sin saber de qué se trataba, Ane sólo estaba segura de una cosa: aquella chica no era la misma que se había levantado a unos metros de ella esa misma mañana. Había cambiado.

-No es el momento, Ane.- respondió Tia. Como una plegaria. Y fue su tono de voz el que hizo que la otra decidiera dejarlo ir.

[Deja que caiga el cielo, y cuando se desmorone,
permaneceremos en pie orgullosos.

Le plantaremos cara a todo, juntos.]

El estadio rugía. La afición vibraba. Millones de vidas expectantes confluían en ese lugar único, en ese momento único, latiendo con la magia del fluido. Y en el centro de esa espiral de ruido y de luz, los Snow Kids.

-Dos uno para el Equipo Paradisia, pero aún no ha acabado la primera parte.- decía Aarch en sus auriculares. – Vamos a remontar.

Tia, en cambio, no estaba tan segura. Se sentía más débil a cada momento, y una sola mirada a Tristan le sirvió para saber que el chico también estaba al límite de sus fuerzas, no sólo físicas, sino también psicológicas.

El Equipo Paradisia era imbatible. Por muchos esfuerzos que hicieran los de Aarch, las otras siempre eran un poco más rápidas, un poco más fuertes, un poco más ágiles. Y D'Jok, sin ninguna duda, era el peor de todos. Era fiero y competitivo, no demostraba ningún tipo de escrúpulo. Estaba en todas partes en todo momento, aparecía aquí y allá y se hacía con el balón, más poderoso de lo que jamás había sido. Su rostro se convertía en una máscara al mirar a sus antiguos compañeros, y eso sólo les afectaba más. Porque podían batir a un rival, pero no a un amigo.

-¡Mark!- exclamó Thran, y con un pase largo colocó el balón para el delantero. Este corrió con el esférico entre sus pies, pero al aparecer Nina frente a él tuvo que pasarle a Micro-ice. El moreno avanzó hacia la portería, listo para marcar su segundo gol. No obstante, D'Jok apareció junto a él y le arrebató la pelota, haciendo a Micro-ice caer en el proceso. El moreno observó a su mejor amigo desde el suelo, dolorido. D'Jok le miró un segundo, como dudando si tenderle la mano, o eso quiso creer Mice. En el rostro del pelirrojo se reflejaba la indecisión. Tia dio un paso al frente, con la boca seca. Pero un grito de Nikki 4 hizo a D'Jok reaccionar.

-¡D'Jok, marca ahora!

El chico sacudió la cabeza, como volviendo a la realidad, y entonces echó a correr hacia la portería contraria. Nadie se interponía en su camino. Con una explosión de fluido, saltó, se elevó hacia el cielo, más alto que nunca, mientras los fanáticos chillaban y clamaban su nombre. Echó la pierna hacia atrás, preparado para chutar.

Y entonces pasó.

No fue una explosión, no fue un terremoto, sino una mezcla de los dos que hizo vibrar los cimientos del estadio y al planeta encogerse, como a punto de resquebrajarse. Y, con un pequeño estallido, como un cortocircuito, el Espíritu de D'Jok desapareció y el cayó, precipitándose contra el suelo. Golpeó el terreno con un ruido seco y se quedó allí tirado, como un muñeco de trapo, mientras Tia corría hacia él en un grito eterno, asustada. Más asustada que en el momento de enfrentarse a la muerte.

Todo se volvió un caos. Porque lo peor estaba ocurriendo. El multifluido había sido inyectado al planeta, y ahora Paradisia se estaba desmoronando.

Los chillidos de pánico se prolongaron en el infinito, la gente tratando de huir del estadio como animales acorralados. Nadie sabía lo que pasaba, pero sólo sabían algo: la tierra se hundía bajo sus pies.

El aviso de la Sociedad del Fluido llegó en apenas instantes, entre el ruido de las sirenas de los servicios de emergencia y los gritos. Se autorizaba a los jugadores a usar el fluido para rescatar a tantos civiles como fuera posible. Los Snow Kids habían perdido la conexión con Aarch. Sin dudarlo ni un instante, Tia se giró hacia sus compañeros, todos ellos congregados en torno a D'Jok sin saber qué hacer, e instó a Thran:

-¡Tenéis que llevarlos a la nave! ¡Llevad a nuestras familias, y encárgate tú de Stella!

Thran asintió y todos, incluido Tristan, le siguieron. Tia se arrodilló junto al cuerpo del pelirrojo, y comprobó que aún tenía pulso. Estaba pálido, como sumido en un profundo sueño, y la chica le acarició un momento el rostro antes de pasar el brazo por debajo de los suyos y levantarlo del suelo. D'Jok era más grande y pesado, pero gracias al Espíritu, Tia podría cargar con él.

-Venga, nos vamos a casa.- le susurró.

Y eso hizo. Le llevó hasta la nave donde habría de reunirse con el resto. Listos para huir de aquel paraíso, súbitamente transformado en infierno.

Tia, con ayuda de Simbai, tendió a D'Jok mientras sus compañeros iban llegando, trayendo cada vez a más gente. Ella ayudó a subir a varios antes de dejarse caer en el suelo, junto a la cabeza del antiguo capitán, mientras la médico del equipo comprobaba sus signos vitales.

Tia contuvo un suspiro.

Volvían a casa. Sí. Estaban yendo a casa.

Y D'Jok estaba con ellos.


Cerca del final

donde todo empieza.


Y aquí la segunda parte. ¿Qué pensáis? No me tiréis tomates, por favor, la escena de la nave ha sido horrible de escribir. Pero lo más importante es que finalmente tenemos a D'Jok y a Sonny de vuelta *aplausos* *it's been 84 years*. En el próximo capítulo el pelirrojo estará de una vez por todas reunido con sus compañeros, veremos las interacciones con estos, y sabremos más de lo que ocurrió en Paradisia en esos últimos minutos de agonía.

Podéis ver todas las imágenes que he ido creando en la cuenta de tumblr nillyardonis.

Muchas gracias a todos por leer, y especialmente a aquellos que dejan reviews.

Harmonystar: Mil gracias por comentar! Me alegro de que te gusten Ane y Tristan, adoro a ambos. Yo también espero poder seguir con Lo inesperado, aunque estoy algo atascada. ¡Besos de fresa para ti!

AquaAtenea: Ay, muchas gracias por todo, guapísima. Tus reviews siempre me resultan muy constructivos. Me alegro de que Ane y Tristan sea de tu agrado, a mí me gusta muchísimo escribir sobre ellos y les he cogido mucho cariño como escritora. En estos me ha sido muy difícil, pero me gustaría incluir algún flashbacks sobre ellos, y más escenas en los próximos capítulos entre Thran y Ane. Te las dedico todas! Jaja

Muchos besos y sigue diciéndome lo que piensas. Cuídate!

Niove: ¿Qué tal estás, preciosa? Me has preocupado mucho Espero que estés mejor, desde aquí te mando toda mi energía para que puedas reponerte. Si te sirve de algo a mí me hace muy feliz leerte y ver que estás ahí, eres una chica maravillosa. Me alegro de que te gusten Ane y Thran, como bien dices Ane es para mí esa amiga alegre y natural en la que una siempre puede confiar para que le levante el ánimo, y Tristan es un chico más profundo de lo que parece, no es el típico chico mono, sino una persona valiente, leal, fuerte. Me apasionan ambos.

Espero que te haya gustado el capítulo. Muchos muchos besos, amiga.