Citas de Gary Jules, Miguel Hernández y Murakami.
Gracias, como siempre, por vuestros reviews, a los que he respondido abajo. Nunca dejo de apreciarlos :)
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.
"Y una vez que la tormenta pase, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro de si ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura. Cuando salgas, de ella, no serás la misma persona que entró. De eso se trata esta tormenta."
Aún obligó Simbai a D'Jok a permanecer en la enfermería dos días más. Hizo venir a un par de médicos para que ofrecieran una segunda opinión, y, cuando ambos acordaron que el chico estaba bien, al menos físicamente, no tuvo más remedio que darle el alta.
Así que finalmente D'Jok pudo salir de la camilla, y, si no por su propio pie, al menos casi. Cuando se negó rotundamente a volver a su cuarto en silla de ruedas, Micro-ice le dejó apoyarse en su hombro y lo acompañó pacientemente por los pasillos, mientras Mark caminaba detrás vigilándolos de cerca.
-Parezco un crío, aprendiendo a andar otra vez…- el pelirrojo hizo una mueca al décimo tropiezo, internamente abochornado, pero Micro-ice le sonrió.
-Por una vez tenía que ser yo el menos patoso.
Ane, Tia, Ahito y Thran les esperaban en la habitación, en un intento de que le resultara lo más acogedora posible. Desde que D'Jok había despertado, todos habían tratado de hacerle compañía por parejas o grupos en la enfermería para subirle la moral. Tia suspiró mientras recogía la ropa de Mice tirada por el suelo y la dejaba en una silla. Todas esas veces, D'Jok casi no había hablado. Les había observado en silencio, sonriendo ocasionalmente con poca naturalidad y haciendo alguna pregunta o comentario puntual. Nunca se le había dado bien fingir estar bien, y Tia veía a todas luces que lo que deseaba era estar solo. Y estaba profundamente preocupada por él, claro. Parecía consumido: la piel inusualmente pálida para su habitual tono tostado, marcas bajo los ojos, hundido entre almohadas como si estuviera totalmente exhausto y la barba creciendo por días haciéndole ver mucho más mayor, en contraste con el completo afeitado que solía llevar o al menos un ligero vello incipiente. No guardaba el más mínimo parecido con el joven fuerte y vital que siempre había sido. Incluso había algo en sus ojos – una muda tristeza, un vacío – que hacía a Tia encogerse ligeramente en el sitio.
-¡Aquí están!- exclamó Ahito con entusiasmo, y Tia se giró hacia la puerta para verles entrar.
-Han pasado casi diez años, pero hemos conseguido llegar al fin.- masculló D'Jok, con una leve sonrisa como amago de disculpa.
-Llevas días sin andar y caíste desde más de cincuenta metros, ¿qué esperabas?- trató de animarle Ane acercándose a él para darle un suave beso en la mejilla.
-Ambos tenemos que recuperar la forma ahora.- agregó Thran mostrándole el brazo en cabestrillo. – Si no queremos que estos…- hizo un gesto con la cabeza a Ane y Mice – nos roben el puesto.
-Ni en un millón de años.- D'Jok rió un poco y se llevó la mano a las costillas, dolorido, haciendo que todos dieran un paso al frente por si tenían que auxiliarle.
-Ven, siéntate.- le dijo Tia tímidamente, colocándole los cojines en la cama. El chico obedeció, contra todo pronóstico, y se sentó con ayuda de Tia y Ane. La rubia se preguntó cómo era posible que alguien tan potente físicamente hubiera perdido tanta fuerza. D'Jok parecía pensar lo mismo, pues estaba a todas luces agobiado.
-Así que, Tia…- dijo una vez estuvo acomodado, y ella se puso súbitamente nerviosa como una adolescente. – He oído que te has desenvuelto bastante bien como capitana.
La miró y le regaló una pequeña sonrisa, cargada del abatimiento que ya le acompañaba a todas partes, pero increíblemente dulce al mismo tiempo.
-Enhorabuena.- agregó. – Siempre has merecido ese título.
-Renunciaría mil veces a la banda de capitán con tal de tenerte de vuelta.- respondió ella con la garganta repentinamente seca, y le ayudó a acomodarse mejor para no tener que mirarle. Pero sentía sus pupilas en ella.
Por suerte, no tuvo que desear que se la tragara la tierra tras ese instante de sinceridad, pues Mark intervino:
-Entonces, ¿cuándo podrás volver a jugar?
D'Jok se encogió de hombros, como si ese tema le hastiara profundamente, y se frotó inconscientemente los moratones del brazo.
-Al parecer, tengo que empezar la rehabilitación. Simbai me ha hecho varias pruebas y, aunque parece ser que durante las semanas en Paradisia mi forma física ha mejorado exponencialmente, he perdido reflejos, coordinación, y capacidad motora.- comentó con aburrimiento. – Por no hablar de que soy incapaz de levantar un vaso de agua sin cansarme.
-¿Por el impacto?- preguntó Thran.
-Supongo que sí. No ha sido muy explícita al respecto. Sólo ha parecido sorprenderle el cambio que experimenté mientras estaba en el otro equipo… Dice que he ganado en masa muscular y en los partidos se me veía mucho más rápido.
-Es cierto que tienes músculos que no recordaba.- Micro-ice le guiñó un ojo y le lanzó un beso, sentado a los pies de su cama.
-Si sólo supiera cómo usarlos…- D'Jok sonrió de lado.
-¿Y has recordado algo?- preguntó Ane con delicadeza. Estaba sentada como un indio en el suelo, delante de Thran, que se había acomodado en la cama de Mice; la pareja aún no le había dicho a D'Jok que estaban saliendo. Según el chico, no querían agobiarle con más noticias.
-No.- D'Jok sacudió la cabeza. Estaba empezando a cansarse de hablar, pero una parte de él, diminuta y remota, sabía que necesitaba un poco de compañía. – Es decir, sé lo justo: que el Torneo de Paradisia ya ha tenido lugar, que me uní a un equipo rival, y que todo terminó accidentalmente con la explosión. Sé todo eso, porque es lo que os han pedido que me contéis, pero en mi cabeza los últimos meses parecen no haber existido. No recuerdo nada de ese planeta, del Equipo Paradisia, de la final. Y es extraño, porque parece que lo haya vivido otra persona, no yo.
-Los recuerdos irán viniendo poco a poco, D'Jok. No debes agobiarte.- le tranquilizó Ahito. – No podemos contarte nada porque, según Simbai, tenemos que dejar que vuelvan solos. Pero te ayudaremos en lo que sea preciso.
Todos asintieron y le sonrieron para animarle, y él les devolvió el gesto.
-A propósito, ¿dónde está Maya? – preguntó, con el ceño algo fruncido. – No ha venido a verme aún.
Los rostros de sus compañeros se enfriaron repentinamente e intercambiaron un par de miradas de nerviosismo. No esperaban esa pregunta, y desde luego no sabían qué responder. El silencio se hizo en la habitación y Tia sintió los ojos de Micro-ice posarse en ella como dos signos de interrogación, recordando la conversación que había tenido con su madre antes de la final y que Tia había presenciado, en la que Mana-ice le había confesado que Maya había desaparecido sin dejar rastro.
-No…- D'Jok abrió mucho los ojos y se incorporó ligeramente. – Por favor, decidme que no estaba en Paradisia… Decidme que está bien…
La voz le tembló, aterrado por la perspectiva de que Maya estuviera herida, desaparecida o muerta. Tia se retorció las manos y se odió por no poder decirle en aquel momento la verdad, que Corso la estaba protegiendo, pero si lo hacía desvelaría su relación con los piratas delante de todos los demás.
-La verdad es que nosotros… No sabemos… - empezó Thran. Pero entonces Tia le interrumpió.
-Maya está bien, D'Jok. Le pregunté a Aarch por ella y me dijo que habían hablado y que está sana y salva. Él te lo contará más tarde.
Lo dijo rápidamente, sin detenerse a pensar. Nunca había sabido mentir, y aún menos a D'Jok, pero el chico debía de estar tan desesperado que se lo tragó. O eso, o Tia estaba haciéndose una mentirosa más hábil cada vez. No obstante, para los demás debía de ser obvio que mentía, porque todos se quedaron mirándola. Ella evitó sus ojos y los mantuvo clavados en el pelirrojo.
-Menos mal.- suspiró D'Jok. – Gracias, Tia. – entonces miró alrededor, como si hubiera recordado algo de golpe. – Eh, ¿y acaso no me llevé ni una sola maleta a Paradisia?
-Esto… Malas noticias, compañero. – Mark se rascó la cabeza. – Todo lo que llevamos se perdió en la explosión. No hubo tiempo para salvar nada.
Se calló cuando D'Jok alzó una mano sacudiendo la cabeza, pidiéndole que no continuara.
-Llegados a este punto, me da igual. Nada puede ir peor. ¡Un momento!- se miró la muñeca y cayó en la cuenta de que algo faltaba. - ¿También he perdido la pulsera de mi madre?
-¡Que no cunda el pánico! ¡Eso sí que lo he visto!- exclamó Micro-ice, contento de que hubiera algo que sí podía solucionar. - ¡Está en la enfermería! ¡Ahora mismo te la traigo!
Se incorporó de un salto y trotó hacia la puerta, aunque en el proceso de enredó con sus propios pies y casi dio de bruces contra el suelo.
-Claro, porque contigo va a estar taaan segura… - gruñó D'Jok, y Tia se compadeció.
-Tranquilo, iré yo para asegurarme de que ambos vuelvan en perfecto estado. ¡Mice! ¡Espera!
Apuró un poco el paso para alcanzar al chico, que iba ya casi por el ascensor. Juntos se encaminaron hacia la enfermería y recuperaron la pulsera de D'Jok, que Dame Simbai había dejado cuidadosamente en una mesilla. Regresaron juntos de nuevo al dormitorio, Micro-ice parloteando sin cesar y Tia interviniendo de vez en cuando aunque sin hacerle mucho caso, pero algo hizo a la chica detenerse y rogarle que guardara silencio.
-Shhhh.- le tapó la boca con la mano y caminó de puntillas hacia la esquina del corredor, seguida por el bajito. Ambos distinguieron con claridad las voces de Aarch, Artegor y Dame Simbai.
-Aarch, tienes que reconocerlo. Tú mismo lo has visto. No es capaz de dar dos pasos en línea recta. ¿Cómo pretendes que gane una Copa?
Tia se quedó de piedra. D'Jok. Trató de aguzar más el oído.
-Tenemos que darle tiempo, Artegor. Ya has oído a Dame Simbai. No sólo está débil, sino que además sufre estrés postraumático. El chico lo está pasando realmente mal y debemos ser comprensivos.
-Ser comprensivos no va a darnos ningún título. Deberías ir buscando un delantero para reemplazarle. No digo que no vaya a volver a jugar, pero, desde luego, no al nivel que exige la Copa.
-¿Pretendes que eche a D'Jok? ¿A nuestro delantero estrella? ¿A uno de los miembros originales del equipo?- recriminó Aarch.
-Tu delantero estrella ya no nos sirve de nada.- respondió Artegor mordazmente. – Vamos, tú mismo viviste algo igual, tras pasar por los Shadows. La propia Simbai fue testigo. Sabías que no podrías volver a competir, y lo asumiste.
Aarch no respondió. Debía de estar reflexionando sobre las palabras de su compañero. Y él insistió.
-D'Jok está acabado, Aarch. Hazle un favor al chico, y díselo cuanto antes.
Tia y Micro-ice se miraron el uno al otro, con los ojos como platos. Artegor, al parecer, se marchó tras sus últimas palabras, porque escucharon pasos que se alejaban. Tia se tapó la boca, incapaz de dar crédito a sus oídos. Y tras un breve silencio, Aarch volvió a hablar.
-¿Tú qué crees?- preguntó con suavidad. Dame Simbai se lo pensó durante unos segundos.
-Creo que, si realmente tienes tanta fe en D'Jok, deberíamos intentarlo. Pero Artegor tiene razón. No está bien.
-No podemos abandonarle.- a Tia le costó discernir sus palabras, porque lo dijo en un tono suplicante, casi desesperado. – Nosotros no hacemos eso.
-No, no lo hacemos, Aarch. Pero si quieres mantenerlo en el equipo, tendrás que volver a hacerlo competitivo. Y no va a ser fácil.
De nuevo volvieron a escuchar pasos que se alejaban. A juzgar por el sonido, rápido y ligero, se trataba de Simbai. Y poco después, fue Aarch el que se marchó del lugar. Micro-ice se asomó para cerciorarse, antes de abandonar su escondite junto con Tia.
-¿Pero tú les has oído?- exclamó indignado. - ¿Qué demonios se han creído?
-No doy crédito.- Tia sacudió la cabeza. Las palabras del equipo técnico la habían dejado completamente trastocada, y asustada por el incierto futuro de D'Jok.
Micro-ice observó con expresión de enfado el otro extremo del pasillo, por donde los tres se habían marchado. Su ira fue reemplazada por preocupación cuando se giró hacia Tia, aunque mantuvo los puños cerrados.
-¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a decírselo?
Tia se lo pensó, y decidió:
-Por el momento no. Pero ya les has oído.- miró a su amigo y la decisión relampagueó en sus ojos. Apretó los puños y afirmó: - Hay que volver a hacer a D'Jok competitivo. Y esa va a ser nuestra misión.
Y Micro-ice asintió rápidamente, satisfecho con el plan.
[All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces.
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere.]
No debería haber vuelto a la mansión. No era una buena idea. Pero eso Magnus Blade no podía saberlo.
Inmediatamente tras conocer el terrible infortunio a bordo de la nave de Technoid y la huida de Sonny Blackbones, la decisión lógica había sido volver a su monumental despacho, meditar una solución y ponerse en contacto con Harris, aunque implicara perderse el primer tiempo de la final de su propio Torneo. Blackbones conocía la verdadera identidad de Blade y gran parte de la naturaleza de sus planes, y ahora había escapado.
-Vamos, Harris…- se sentó frente a la pantalla de su ordenador con las manos entrelazadas. La llamada se estaba produciendo, pero su socio no respondía. ¿Dónde demonios se había metido? Le había prometido que la inyección del multifluido en Paradisia iba a transcurrir precisamente durante la final. ¿Estaba demasiado ocupado supervisando la operación desde la distancia?
No había terminado de formular Lord Primus el pensamiento cuando sucedió.
-¿¡Pero qué demonios?!- exclamó cuando el suelo se sacudió violentamente bajo sus pies. Duró tan solo unos segundos, pero fue el tiempo suficiente como para hacer temblar la enorme lámpara del techo, caerse los libros de la estantería y tambalearse el propio hombre sobre su silla. Y no había recuperado aún la compostura cuando un segundo seísmo, mucho más violento y más prolongado, hizo retorcerse los mismísimos cimientos de su mansión.
Miró con expresión atónita como los ventanales se resquebrajaban y escuchó gritos a lo lejos, en el exterior. Algo terrible ocurría en Paradisia.
-¿¡Qué está sucediendo!?- giró la mirada hacia la pantalla y vio su propio reflejo aterrado. - ¡Harris! ¡Harris!
El suelo no dejaba de sacudirse bajo sus pies y el ruido ensordecedor parecía consumirlo todo como una despiadada bestia saliendo de su guarida y destruyendo y devorando cuanto encontraba a su paso. Escuchó a lo lejos una sirena y una voz remota por megafonía retransmitiendo un anuncio de la Sociedad del Fluido, y poco después los primeros sonidos de derrumbamientos y ladrillos cayendo. Y en ese mismo momento, el rostro delirante de Harris apareció en la pantalla.
-¿Sí, Primus? ¿Puedo ayudarte en algo?
-¡¿Qué es esto!?- gritó Primus agarrando los bordes de la pantalla. - ¡¿Qué le está haciendo tu fluido a mi planeta?!
-Ah, sí. Me temía que algo así pasaría.- respondió Harris, con una sonrisa que le heló los huesos a Blade.
-¿Y por qué no estás haciendo nada para solucionarlo? ¡Esto no formaba parte del trato!-rugió el hombre, mientras pilas y pilas de objetos caían de las estanterías y dos cuadros se descolgaban, golpeando el suelo.
-Lo siento, pero nuestro trato ya terminó. Hasta la vista, Blade.- y con una última sonrisa, la imagen se cortó. Lord Primus profirió un grito desgarrado al aire. ¿Cómo podía haber sido tan estúpido? ¿Cómo se había dejado engañar?
Su pequeño y hermoso mundo se estaba hundiendo hasta los cimientos, y no había nada que él pudiera hacer, salvo huir. Abrió apresuradamente el cajón del escritorio y extrajo su preciada libreta, listo para echar a correr. Pero había algo que tenía que hacer antes. Dirigió una mirada hacia el otro extremo de la habitación, hacia uno de los pocos cuadros aún intactos. Se apresuró hacia él y lo retiró hacia un lado, dejando al descubierto la caja fuerte. Introdujo el código y abrió la compuerta. En el interior, permanecían perfectamente protegidos dos pulcros maletines negros. Lord Primus los tomó y decidió que debía ir a los jardines de la mansión, donde se encontraba su nave personal, antes de que fuera más tarde. Antes, quiso asegurarse de llevar todo el dinero posible encima. Tomó uno de los maletines y puso la combinación. Pero entonces, la sacudida más violenta hasta el momento lo derribó.
El hombre se desplomó en el suelo y vio, horrorizado, como los dos maletines se deslizaban por el suelo a varios metros de él. Uno de ellos se abrió de par en par y su contenido se desperdigó por toda la estancia. Billetes y billetes volaron por el aire como si fueran fuegos artificiales en el cielo.
Lord Primus se lanzó como pudo a por ellos, a tratar de atrapar tantos como fuera posible. El terremoto era cada vez más y más fuerte y escuchaba perfectamente el tintineo de la lámpara sobre su cabeza, pero no podía irse. No podía dejar allí su dinero. Tenía que llevárselo…
Un pavoroso temblor de tierra vino sucedido por el sonido de un crujido por encima de él y lo siguiente que Primus sintió fue un dolor agónico. La lámpara de araña había caído, los cristales quebrándose aquí y allá en torno al hombre, y él, atrapado bajo la forja.
-¡No!- gritó, asustado como nunca antes lo había estado. - ¡Socorro! ¡SOCORRO!
Era el fin.
[And their tears are filling up their glasses
No expression, no expression.
Hide my head, I want to drown my sorrow.
No tomorrow, no tomorrow.]
En la sala se respiraba la paz más absoluta. La habitación era de un blanco inmaculado, y ese blanco lo cubría todo: las paredes, el suelo, la superficie de los muebles. Incluso la luz que emanaban las lámparas del techo parecía blanca. El ambiente inspiraba pureza y calma, y también aquellos que lo ocupaban.
Las ocho figuras estaban reunidas en torno a la mesa. Llevaban idénticos hábitos y en su rostro se reflejaba la serenidad, especialmente en el de la criatura que encabezaba la reunión. Brim Simbra.
-Bienvenidos al Consejo Extraordinario. Brim Balarius, Dame Gendra, Brim Ethos. – los tres miembros a su derecha asintieron al escuchar sus nombres. Gendra era una cíclope de avanzada edad y Ethos procedía de Unadar – Brim Aspen, Dame Simbai, Brim Xendre, Dame Naveen. – los de la izquierda hicieron los mismo. Aspen procedía de Xenon, y Dame Simbai asistía a la reunión como un holograma, al no poder presentarse físicamente. Xendre, por su parte, era de Shadow, y Naveen venía de Shiloh y debía de rondar los cuarenta años. La mujer tenía la piel oscura y gesto severo.
-Este Consejo está integrado, tal y como estipulan las actas para situaciones de crisis, por un representante de cada uno de los fluidos más importantes de la galaxia: - comenzó Brim Balarius, el secretario del Consejo – el Grito Metálico, la Onda Mental, el Espíritu, la Niebla Tóxica, el Rugido, el Calor de Xenon, el Resplandor y la Semilla de Shiloh.
-Es la primera vez desde la Glaciación de Akillian que nos hemos visto obligados a convocar al comité, pues los acontecimientos acaecidos en Paradisia así lo exigen.- dijo Brim Simbra, con las manos unidas bajo el rostro en posición reflexiva. – Todo parece señalar que el motivo tras los la explosión que ha llevado a la destrucción del planeta ha sido, del mismo modo que ocurrió en Akillian un día, el Fluido.
-¿El metafluido de nuevo? Creí que había sido destruido.- intervino Brim Aspen, con cierta perplejidad.
-Y así fue. Nada de metafluido queda en la galaxia.- respondió Brim Simbra con suavidad. – Si así fuera, todos nosotros lo habríamos sentido. En cambio, ninguno de nosotros detectó nada fuera de lo común.
-Si se me permite intervenir, Brim Simbra… Eso no es totalmente cierto.- habló Simbai, haciendo que todos se giraran a mirarla. – Como ya transmití a la Sociedad del Fluido, no sólo yo, sino también muchos otros compañeros estaban preocupados por la salud de nuestros jugadores.
-Efectivamente, nos expusiste en su momento tus sospechas acerca de que las lesiones que sufrieron varios futbolistas, como Kernor, Warren y Woowamboo, hubieran sido provocadas por la resonancia, pero no tenemos evidencias que lo señalen, querida Dame Simbai. Para ello, los jugadores tendrían que haberse visto expuestos a su propio Fluido, y en ningún momento hemos detectado ninguna irregularidad en el Grito Metálico, o en el Rugido, o en el Resplandor.- Brim Balarius frunció levemente el ceño.
-No se trata sólo de ellos.- Dame Simbai negó con la cabeza. – He hecho varias pruebas a D'Jok y sus niveles están totalmente alterados. Otros dos Snow Kids, Ahito y Tia, son también catalizadores, y en los días previos a la explosión su salud fue empeorando poco a poco: mareos, dolor de cabeza, cansancio. También yo pude sentirlo, como también reporté en su momento.
-¿Y por qué no se le escuchó? – increpó Dame Gendra, girándose hacia Simbra. En lugar del líder, respondió nuevamente Brim Balarius:
-Brim Simbra ya se reunió con Dame Simbai el día anterior a la final para tratar este asunto, y según tengo entendido ambos decidieron que aguardarían a que finalizara el Torneo para hacer las pertinentes pruebas médicas y tratar de dilucidarlo. Pero podría haber mil motivos.- Brim Balarius comenzó a enumerar con vehemencia: - la propia atmósfera del planeta, la radiación solar o incluso la composición química del agua produciendo una reacción con los componentes del Fluido de los jugadores. Sabemos bien que algo así es posible. El Fluido no se adapta del mismo modo a todos los ambientes.
-Así que decidisteis, sin consultar a nadie, que lo sabio sería ignorar la alerta de Dame Simbai y esperar al final del Torneo, aún a riesgo de exponer aún más la salud de los futbolistas.- protestó duramente Brim Xendre.
-¿Estás cuestionando las decisiones de nuestro líder?- inquirió Brim Balarius, inclinándose casi de forma amenazadora hacia su compañero.
-Calma, por favor, calma.- rogó Brim Simbra. – No es este lugar para la discordia, sino para velar por la seguridad de todas las criaturas de la galaxia. El motivo por el que consideré oportuno esperar, Brim Xendre, era precisamente por llevar la investigación con tanta discreción como fuera posible. Desde el mismo momento en que fue anunciado el nuevo Torneo, la Presidenta de la Liga se puso en contacto con nosotros, rogándonos que tratáramos de detenerlo, pero fue imposible encontrar irregularidad alguna que nos lo permitiera. Decidimos que lo más inteligente sería vigilar con detalle la situación en el planeta, como todos sabéis, pues todos habéis asistido a las reuniones de la Sociedad. Si hubiera habido algún tipo de anomalía, deberíamos haberlo sabido.
-Y la había.- sentenció Dame Naveen, con tono grave.
-Y la había.- afirmó Brim Simbra. – Y ninguno de nosotros ni el resto de miembros de la Sociedad, que tratan de regular y supervisar el uso del Fluido, la encontramos.
-Lo siento, pero creo que estoy algo perdido. – Brim Ethos se echó hacia delante en su silla. Su rostro metálico era inescrutable. – Todos estamos convencidos de que la explosión la causó el Fluido y, sin embargo, no hemos detectado ningún uso irregular.
-Exactamente.- afirmó Brim Balarius. Brim Simbra asintió despacio, con la mirada fija en el otro extremo de la sala, en la pared en blanco. El resto le observó, esperando una reacción. Al ver que no intervenía, Dame Gendra trató de animarle a ello.
-¿Entonces…?
No tuvo que responder Brim Simbra. En su lugar fue Dame Simbai la que concluyó, con total solemnidad, la teoría que llevaba meditando y fraguando durante semanas en su cabeza:
-Un Fluido artificial e indetectable.
Las muestras de sorpresa corrieron como la pólvora por toda la mesa. Los integrantes se miraron entre sí e intercambiaron susurros que reflejaban su incredulidad. La voz de Brim Xendre se alzó sobre las de los demás.
-¿Es eso posible?
Sus ojos estaban fijos en Brim Simbra, al aguardan una respuesta por su parte. El resto calló y esperó también. Y finalmente Brim Simbra salió de su silencio.
-Aparentemente.- dejó caer las manos que permanecían bajo su rostro y aferró los reposabrazos. – Desde este momento, no tomaremos decisión alguna sin la aprobación de, al menos, cinco de los miembros de este Consejo. Y considerando todo lo actualmente expuesto, determino que nuestra primera medida será enviar a un cuerpo especial a Paradisia tan pronto como se reduzca el nivel de riesgo, para que recojan tantas pruebas como puedan. Todos los jugadores pasarán por un examen médico y los resultados pasarán inmediatamente a disposición de la Sociedad, para evaluar los índices del Fluido. Y Dame Naveen,- se giró hacia la mujer. – te confío la misión especial de traer a esta misma sala en un plazo de cinco días al pirata Sonny Blackbones.
La última orden de Brim Simbra fue suficiente para despertar el revuelo.
-¡Pero Technoid lo ha declarado principal enemigo público!- exclamó Brim Aspen, entre los comentarios poco discretos de los demás.
-Es un hombre perseguido por la justicia, ¿cómo vamos a hacer eso?- inquirió Brim Ethos.
-Las leyes de la galaxia no pueden aplicarse entre las paredes de esta sede.- respondió Brim Simbra. – Nos ampara nuestra propia jurisdicción. Y, puesto que Sonny Blackbones es el principal sospechoso de haber causado la explosión en Paradisia, deseo que sea entrevistado por este comité. Nadie podrá juzgarlo por aquello que revele dentro de esta estancia. Y creo que no es necesario recordaros, compañeros, que todo aquel que viole las reglas de confidencialidad será penalizado por la Sociedad.
-¿Alguien se opone a las medidas anteriormente enunciadas?- preguntó Brim Balarius. Nadie dijo ni una sola palabra, por lo que éste determinó: - Bien. Nos vemos aquí en cinco días.
Y Dame Simbai frunció el ceño. Preocupada.
[And I find it kind of funny,
I find it kind of sad…]
-¿Señor?
La conversación entre Aarch y Artegor se vio interrumpida por la suave voz de la chica. El entrenador y su ayudante se giraron y vieron a Tia asomada por la puerta del despacho, que permanecía abierta.
-Hola, Tia.- Aarch sonrió levemente y dejó sobre la mesa los papeles que le mostraba a Artegor. – Pasa. ¿Querías algo?
-Tengo algo que decirle.- la chica dio unos pasos y se retorció las manos, nerviosa. Dirigió una mirada hacia Artegor, que alzó una ceja. Aarch se dio cuenta.
-Adelante. Ambos te escuchamos.
Tia suspiró, pues había querido una conversación en privado con el míster, pero obviamente era imposible.
-Verá… Esta mañana D'Jok me ha preguntado por Maya.- explicó. – Sé que se supone que ninguno de nosotros conoce su paradero, pero… Bueno, no quería decírselo. Así que le he mentido.
-¿Que le has mentido?- Aarch frunció levemente el ceño
-Sí.- ella afirmó con la cabeza y se miró las manos, demasiado tímida como para aguantar la mirada de ambos durante tanto tiempo. – Es decir, sé que Maya está bien, pero no puedo decirle a nadie cómo lo sé. Por eso le he dicho que sé que está bien porque me lo había dicho usted.
Sabía que estaba sonando como una estúpida, pero no iba a decirle la verdad a nadie, y mucho menos delante de Artegor. Rezó internamente porque Aarch no se enfadara con ella.
-¿Y por qué rayos le has dicho eso? ¿Qué se supone que va a hacer Aarch ahora?- le reprendió Artegor a la joven sin piedad y con un exceso de irritación.
-No, Artegor, está bien.- Aarch alzó la mano y sonrió a Tia, sorprendiéndola. No había previsto esa reacción. – Has hecho bien, Tia. Hablaré con D'Jok después.
Artegor miró a su amigo con una ceja alzada. Aarch sabía que más tarde le acusaría de blando, pero en ese momento no le importaba. Porque la realidad es que él sabía dónde estaba Maya. Y sabía que Tia también. Por eso, en realidad, no iba a tener que mentirle al chico.
-Gracias, señor.- respondió Tia con una leve sonrisa, y fue a darse la vuelta, pero recordó algo de golpe. - ¡Ah, lo olvidaba!
No obstante, no miró al entrenador, sino Artegor.
-He oído la conversación que tuvieron antes con Dame Simbai. Sé que no está bien, pero quizás no deberían hablar sobre el futuro de uno de sus jugadores en mitad de un pasillo.- su tono se había endurecido ligeramente y miraba al hombre con un huracán en la mirada. – Y quiero que sepan que D'Jok no está acabado. Él y yo se lo vamos a demostrar. Y como se atrevan a echarle de este equipo, les aseguro que van a quedarse sin equipo al que entrenar. Ahora, si me disculpan, me voy a comer.
No les dio tiempo a responder, sino que se giró con determinación y abandonó el despacho. Artegor alzó mucho las cejas y tardó poco en despotricar.
-Pero, ¿qué demonios se ha creído? ¿Escuchando a escondidas al equipo técnico? ¿Así es como has enseñado a tus jugadores?- increpó a Aarch. - ¿Vas a dejar que te hable así?
Aún le molestó más ver la sonrisa que se formó en la cara del hombre.
-Sí, así es como les he enseñado. Y no podría estar más orgulloso de ellos.
Y Artegor gruñó. Definitivamente, Aarch se estaba volviendo loco.
[… The dreams in which I'm dying
Are the best I've ever had.]
Los Snow Kids almorzaban y charlaban con ánimo entre sí cuando Tia entró en el comedor. Se acercó a tomar su bandeja con ambos platos y el postre y tomó asiento entre Mark y Ahito. Se alegró al ver que D'Jok al fin se les había unido.
El chico estaba sentado justo en frente de ella. Llevaba una camiseta del bonito verde bosque que siempre le había favorecido tanto y por un instante casi parecía el D'Jok de siempre. Seguía algo pálido y ojeroso, pero se había afeitado y su rostro volvía a asemejarse al del joven al que ella había conocido años atrás. D'Jok vio que la chica le observaba, y le devolvió la mirada.
-Hola.- saludó, con una leve sonrisa.
-Hola.- Tia sonrió también, y vio por el rabillo del ojo cómo Micro-ice, sentado junto a D'Jok, les miraba de reojo. – Tienes buen aspecto.
-Solo necesitaba una buena ducha.- respondió él encogiéndose de hombros. – Y algo de comida de casa.
Señaló su propia bandeja. Al fin había abandonado la comida de hospital, y los restos de ensalada y chuletas en su plato lo reflejaban.
-Tienes que terminártelo todo. – le regañó Ane, que había escuchado la conversación. – O no te dejaremos volver a los Snow Kids.
-Poco a poco.- masculló él.
Tia le miró con ternura antes de dirigir la mirada a su propio plato y comenzar a comer. Todos los demás habían terminado prácticamente, y hablaban entre risas y planes sobre qué hacer aquella tarde.
-Los entrenamientos siguen suspendidos, así que podemos quedarnos hasta tarde. ¿Y si compramos cerveza esta noche y jugamos a las cartas en alguna habitación?- propuso Mark.
-¿Y si mejor jugamos a la botella?- contestó Micro-ice e hizo el intento de besuquear a su amigo, que trató de zafarse de él entre risas. – O mejor a las tinieblas. Pero no puedo prometer que no vaya a agarrarme a alguna teta por accidente.
Guiñó un ojo a las chicas.
-Con lo que has engordado en Paradisia, Micro-ice, tus tetas son más grandes que las mías.- Ane puso los ojos en blanco, y cuando él murmuró "No es difícil" se estiró para darle una colleja por encima de la mesa.
-O podemos probar con algún videojuego.- sugirió Ahito. – De los cientos que tiene mi hermano.
-¿Para qué? Va a ganarnos a todos.- comentó Mark, y Thran, que en ese momento tenía la boca llena de manzana, asintió con solemnidad.
-No importa, lo pensaremos más tarde. Me voy al salón a ver las semifinales del Campeonato de Snowboard de Akillian.- dijo Ahito incorporándose. - ¿Venís?
-¡Ya estamos tardando!- Micro-ice se levantó de golpe y Mark y Thran le siguieron. - ¿Señoritas?- miró a D'Jok y Ane. - ¿Tia?
La chica puso los ojos en blanco.
-Me gustaría terminar de comer, gracias.
-Yo voy a ver a mis padres a la tienda.- dijo Ane. – Os veo esta noche.
-Yo me uno más tarde, chicos.- respondió D'Jok. – Id yendo sin mí.
-De acuerdo.- Thran le sonrió. – Si necesitas ayuda…
-Os avisaré.- atajó D'Jok, abrumado por la ayuda que parecía necesitar a todas horas. De manera que los otros cinco se fueron, y él se quedó a solas con Tia en el comedor vacío.
La chica le miró, no sin cierto nerviosismo. Era la primera vez que estaban a solas desde su regreso. D'Jok se quedó mirando fijamente la puerta por donde acababan de marcharse a sus amigos y luego desvió los ojos hacia Tia, que bajó la vista no sin cierto rubor y se dedicó a juguetear con la comida de su plato. Alguien parecía haber desatado un torbellino en el interior de su estómago que había arrasado con su hambre de repente.
-¿Qué tal estás?- preguntó D'Jok con un deje casual, como quien coincide en el ascensor al volver a casa.
-Bien, supongo.- Tia sacudió la cabeza y se atrevió a mirarle de nuevo, aunque por poco tiempo. Decidió concentrarse en llevarse el vaso de agua a los labios y tragar para humedecerse la boca seca. ¿Cómo era posible que estuviera hecha semejante manojo de nervios? Solo era D'Jok. Su amigo. El chico con el que había pasado tantas y tantas horas y que la había visto crecer. El que la había besado en la penumbra.
Había algo en el ambiente, una especie de alto voltaje que parecía estar a punto de estallar al más mínimo paso en falso. Era el instante que Tia había anhelado durante largos minutos, durante noches en vela observando el techo de su cuarto, en Paradisia. Y ahora que había llegado, ni siquiera sabía qué decir.
-¿Estás segura?- preguntó D'Jok. No entendía por qué la chica no le miraba, y tuvo que reprimir el impulso de estirar la mano y alzarle el rostro por la barbilla.
-Claro. Eres tú el que ha estado una semana en el hospital. – Tia sonrió ligeramente. – No deberías preguntar siquiera.
No vio a D'Jok encogerse de hombros, pero le escuchó decir:
-Quién sabe. Me he perdido demasiadas cosas.
Y fue su tono quizás, una especie de abatimiento pero también un sentimiento reprimido, lo que hizo que Tia finalmente le mirara. D'Jok casi suspiró cuando sus ojos de un color imposible se toparon con los suyos, con esa mirada tan de Tia. Una mirada que ocultaba una inocencia remota, la ingenuidad de quien contempla el mundo por primera vez, pero al mismo tiempo repleta de sabiduría. Y fue la limpieza de su verde lo que hizo que D'Jok añadiera:
-Perdóname por no haber estado aquí para cuidarte.
Una ola de dulzura inundó a Tia. Recordó las palabras de Aarch en la enfermería: "Así es D'Jok. Puede parecer egoísta, pero una necesidad interior le lleva a proteger siempre a aquellos que lo necesitan. O a aquellos que cree que lo necesitan. Y tú tiendes a creer que no necesitas ser protegida, ¿no?". Y debía ser que D'Jok había cambiado su vida desde el instante en que entró en ella. Porque desde que le tenía a él, había descubierto que era bonito tener a alguien que la protegiera.
No le respondió. Sólo ladeó un poco la cabeza y formuló la pregunta que llevaba días martilleando en su cabeza.
-D'Jok, ¿qué recuerdas exactamente?
A él pareció sorprenderle y puede que incluso disgustarle ligeramente, porque se echó hacia atrás y apretó el puño que descansaba sobre la mesa. Tia se arrepintió al instante.
-Disculpa. No… No debería…
-Recuerdo cada uno de los partidos.- respondió él. Tia parpadeó ligeramente. El chico se había puesto súbitamente serio, pero no parecía reticente a hablar. – Tu gol contra las Rykers. Me acuerdo de la invitación al Torneo Paradisia. Me acuerdo de Maddox anunciando que mi padre había sido acusado de atacar Génesis. Y me acuerdo de lo duro que fue saber que Mei se había ido, del sentimiento de estar rompiéndome en mil pedazos. La rabia. La impotencia.
Se quedó en silencio y el corazón de Tia dio un vuelco. Recordaba todo tipo de eventos inconexos, pero nada que le concerniera a ella. Quizás no le importaba lo suficiente. Tal vez no la había querido tanto, después de todo.
Definitivamente, se había quedado sin hambre. No quería que él notara lo mucho que le había afectado y aún menos que le pidiera una explicación, así que decidió formular una excusa y marcharse.
-Pero tú me ayudaste.- continuó él cuando la chica estaba a punto de incorporarse. Aquello la pilló tan desprevenida que le miró con un aire de sorpresa que a D'Jok no le pasó inadvertido. – Me ayudaste a superarlo, Tia, y eso no lo he olvidado. No he olvidado momentos que tal vez a ti te parecieran insignificantes, como aquella noche en el balcón, la fiesta en Génesis y lo guapa que estabas, el paseo del día siguiente. Ni he olvidado el día que Ane encontró el Espíritu y salimos juntos a celebrarlo. No he olvidado que dormiste a mi lado esa noche, ni nuestro juego.
-Do ut des.- Tia sonrió. Y su estúpido corazón se había acelerado de golpe. Y la tristeza había vuelto a abandonarla, como si se hubiera subido a una montaña rusa emocional. – Nada de eso fue insignificante en absoluto para mí.
-Me sigo acordando de tu película, de tu color, de tu estación preferida. De que te obligaban a tocar el piano y a llevar vestidos. De quién te besó por primera vez. De lo que te conté sobre mi madre. – Tia le sostuvo la mirada con el deseo destrozándole los labios. Eran sus ojos, el modo en que la observaba. Quería besarle. Si él le daba una sola señal, le besaría. D'Jok prosiguió: - Y siento no acordarme del resto, de qué es lo que hice después para que parezcas tan asustada de estar conmigo, de qué ha ocurrido todos estos meses. Solo espero que no haya cambiado nuestra amistad.
Él estiró la mano y acarició gentilmente la suya. Estaba caliente y era el tacto más agradable que Tia recordaba haber sentido en meses, aunque sus siguientes palabras la aniquilaron poco a poco:
-Eso eres para mí, una buena amiga. Siempre te he considerado como una hermana pequeña, y quiero que eso siga siendo así. No voy a dejar que nada lo estropee, ni mucho menos voy a ponerlo en juego.
Y una vez más, Tia se hundió hasta lo más profundo. En un instante, él había pulverizado todas sus esperanzas. Así es como la recordaba, como una hermanita, nada más. Así es como siempre la recordaría. Ella tuvo que fingir una sonrisa y reunió fuerzas para no llorar y para apartar lentamente su mano de la del chico.
-Gracias.- murmuró con la voz algo rota, aunque aparentemente él no se dio cuenta. De manera que Tia se incorporó y se despidió lo más dignamente que pudo. – Será mejor que me vaya a dormir un rato, estoy algo cansada. Espero verte esta noche.
D'Jok asintió y le sonrió, con un aire demasiado fraternal. La rubia se giró para marcharse antes de que cedieran sus defensas. Pero cuando iba a salir, él la llamó.
-¿Tia?
Le dirigió una mirada por encima del hombro.
-¿Sí?
D'Jok se debatió unos instantes antes de continuar y preguntarle:
-¿Dónde está Mei? ¿Está bien?- dudó un segundo. - ¿Sigue con Sinedd?
Tia se mordió la punta de la lengua y aferró con fuerza el tirador de la puerta antes de ser capaz de responder:
-¿Por qué no la llamas y preguntas tú mismo?- intentó controlar su tono de voz para que no fuera muy cortante, con poco éxito. – Apuesto a que le gustará.
No vio que el chico parpadeaba confuso. Más confuso de lo que llevaba días estando, casi más confuso de lo que podía soportar. Tia no fue consciente de que no era la más destrozada en aquella sala.
-Sí, supongo que eso haré…- murmuró, pero en cualquier caso no pudo seguir, porque ella se marchó dejándolo completamente solo.
[I find it hard to tell you
because I find it hard to take.]
Ella adoraba mirar el cielo surcado de estrellas, planetas y naves espaciales. Aseguraba querer atraparlas con la memoria, contarlas una a una, perder la cuenta y volver a empezar. En cada viaje a través de la galaxia, por breve e insignificante que fuera, solía pegar su graciosa nariz contra el cristal y enumerar mentalmente los colores del universo. Lila, añil, púrpura, azul, blanco de polvo estelar. Y él sonreía. Ayla observaba el mundo con intensidad, y él la observaba a ella, porque, en gran medida, era esa mujer quien delimitaba los límites de su mundo con los bordes de su cuerpo. Y eran los colores de Ayla los que I'Son repasaba en su cabeza. El verde oscuro de sus ojos, verde musgo moteado con briznas de hierba. El color cremoso de su piel sobre la que alguien había dejado caer con gracia pequeñas pecas doradas. El color borgoña que sombreaba su cabello cuando la luz no lo alcanzaba y el rojo que lo hacía relucir casi dañando a la vista bajo el sol de verano. Le gustaba ese rojo. Parecía querer llamar la atención, querer decir "Estoy aquí. Yo no me he ido". Rojo pasión. Rojo ella. Rojo como la sangre que le incitaba a quererla.
Jugaban a inventar historias para el firmamento. Tumbados en el suelo del cuarto de I'Son, bajo la claraboya que abría una ventana a la inmensidad, crearon mil vidas paralelas. Aquella nave, murmuraba Ayla apuntando con su dedo, está pilotada por un alienígena de un solo ojo. Cambió el otro por su nave espacial, y como ya no ve por el lado derecho, cree que la galaxia es una línea recta. Lleva décadas avanzando sin que nadie lo pare. Algún día, llegará hasta el borde del universo y caerá por un acantilado que le dejará de nuevo en el extremo contrario. I'Son la miraba de reojo, fascinado. La convicción de Ayla hacía parecer todas las historias ciertas. Jamás había dejado que la vida, llena de trampas y traiciones, le empañara la mirada. Conservaba la integridad y la inocencia como una bandera. No era estúpida ni hacía gala de ello. Creía en la honradez sin caer en la ingenuidad como un insulto. Y aquella de allí, continuaba señalando a otra, aquella va a Habrón. Lleva pasajeros de Akillian que desean ver el mar. Uno de ellos llenará una botella de agua salada y se la llevará a casa para regalársela a su hija. Su hija no puede ver, pero la olerá. Cuando huela el mar, sabrá exactamente cómo es Habrón, desde la arena de las playas hasta las gaviotas que vuelan por el cielo. Gracias a esa niña, tu hogar y el mío estarán juntos dentro de una botella.
-Sonny.
Aquella voz, como tantas otras veces, le arrastró de su letargo y le obligó a encarar la realidad. Sonny, con las manos a la espalda y observando la galaxia a través del cristal de su camarote, se giró hacia Corso.
-¿Sí?
-Vesto sigue sin decir palabra. Lo hemos intentado, pero no podemos arrancarle nada.- Dio un paso al frente. – Si solo me dejaras…
-No.- negó Sonny con una rotundidad agresiva. Corso, que jamás había temido a nada, había aprendido con el paso de los años a ser cauto cuando su líder hablaba de ese modo, pronunciado cada sílaba a golpe de fusta.
-¿Por qué no?- aún así, se atrevió a insistir. – Hemos torturado a muchos otros antes y nunca te ha importado. ¿A qué vienen esos escrúpulos?
Sonny frunció el ceño y le observó con cierto enojo, pero Corso no se dejó intimidar. En lugar de eso, se aproximó un poco más hasta ponerse a su altura.
-Vesto es nuestro rehén y será tratado con respeto mientras yo lo mande.
-¿Acaso él mostró respeto?- espetó Corso. - ¿Mostró respeto por ti, dispuesto como estaba a matarte antes incluso de que la nave aterrizara en Lyra? ¿De veras crees que, siendo aliado de Blade y Harris, iba a permitir que tuvieras un juicio justo? A ese hombre lo mandaron para destruirte, Sonny…
Trató de hacerle entrar en razón. Sonny era su superior, pero también era su amigo. Había sido su amigo durante más de quince años, y le mataba verle débil. Le dolía el rastro de cada herida que le habían infligido, la marca de bala en su piel quemada, los golpes que aún no habían desaparecido de su cuerpo, las cicatrices que ya jamás abandonarían su rostro. Todo el mal que le habían causado lo sentía como propio.
-Es el hijo de Maddox. Y, hasta donde sabemos, Maddox es un aliado.- contestó con firmeza.
-Hasta donde sabemos.- repitió Corso entre dientes. - ¿De veras crees que está de nuestra parte? Te recuerdo que fue él quien ordenó que fuera su propio hijo a comandar la operación de tu traslado con el pretexto de que sería el encargado de ayudarte a escapar.
Sonny resopló y se mordió el labio. Corso hablaba con sabiduría, pero aún así, él estaba convencido de que Maddox no tenía nada que ver con los planes de su hijo. Era una voz interior la que se lo gritaba. ¿Por qué iba a inmiscuir a Technoid en los planes de Lord Primus? ¿Qué ganaba él con el multifluido y, en última instancia, con la destrucción de Paradisia? No encajaba, lo mirase por donde lo mirase.
-Dejemos que pasen unos días. Yo mismo volveré a hablar con Vesto a su debido tiempo.
Corso asintió sin añadir nada y se dispuso a retirarse. La voz de Sonny le detuvo en el último momento.
-Y, Corso… ¿hemos tenido noticias de mi hijo?
-No, Sonny.- contestó él, algo dubitativo.- Ninguna noticia desde que Clamp nos informó que había despertado, finalmente.
-Debería estar allí con él.- masculló el hombre, con las manos en los bolsillos apretadas de rabia. – No aquí, a años luz.
-Estará bien. Es fuerte.- trató de convencerle Corso.- Tú mismo lo has dicho, debemos esperar. Pasaremos unos días en la Franja hasta que sea lo bastante seguro regresar a Shiloh.
Sonny sacudió la cabeza afirmativamente.
-Quiero volver a hablar con Tristan y Tia tan pronto como sea posible. Hay partes en esta historia que aún no me han quedado claras.
-Mandaremos traer a Tia una vez estemos instalados de nuevo en Shiloh. Respecto al chico, no sé si se alegrará mucho de verte. En este momento debe de estar felizmente sentado en el taller de Kozma sacando brillo a la chatarra. - resopló Corso. – Tu vida por mi libertad, fueron sus palabras. Sabes que te salvó, y que su única condición que fue nunca más tuviera que montar a bordo de una nave pirata.
-Hasta que acabara la misión.- matizó Sonny. – Pero esta misión no ha acabado, mi viejo amigo. Es más, acaba de empezar.
Y esbozó una leve, una pequeñísima sonrisa. Corso se hizo eco del gesto. La acción estaba a punto de comenzar de nuevo.
[When people run in circles
It's a very, very mad world.]
Alexa: ¡bienvenida, preciosa! Intentaré actualizar tan seguido como me sea posible. Espero que te esté gustando la historia y que me hagas llegar tus críticas.
Maki-chann: Ay, ver a alguien que está tan loca como yo por D'Jok y Tia me emociona jajaja me alegro un montón de leerte y de ver tu nombre entre los reviews, lo he echado en falta. Eres maravillosa. Nos leemos!
Harmonystar: Menuda notaza… Enhorabuena y gracias! Espero sacar un sobresaliente a la próxima ;) Me siento fatal por haber dejado en pausa Lo inesperado, pero como ya dije me quitaron el portátil, tenía esa historia ya terminada y ahora no sé por dónde arrancar porque siento que nunca va a quedarme como yo quería :( Pero prometo que lo intentaré. Yo también te he echado de menos. Muchos besos y seguimos leyéndonos!
AquaTenea: una de las mejores cosas de actualizar es leer tus comentarios jaja. D'Jok está de vuelta bastante sano y bastante a salvo, aunque parece que le va a costar salir de esta… Te sigo debiendo alguna escena ThranxAne más, no se me olvida, intentaré meterlas por donde pueda J Muchos besos, cuídate
