Dulce Recompensa
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Los personajes del "Castillo Ambulante o Vagabundo" son propiedad de Diana Whynne Jones y la animación es obra de Miyazaki. Los cuales tomé prestados para desarrollar las ideas que se formaron en mi imaginación.
Esta historia participa del desafío lanzado por la Pagina #EsDeFanfics. La cual es la séptima entrega del #Flufftober.
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Día 07: Uno está enfermo
Sophie arrugó el ceño por decima vez durante los minutos que llevaba dentro de la habitación, justamente cuando un sonido se repetía cada cierto tiempo. El panorama solo empeoró al abrir las ventanas para iluminar esas cuatro paredes.
—Sophie—la voz ronca y congestionada terminó atrayendo su atención. Su corazón se agito ante la deplorable imagen que veía.
El varonil rostro de Howl poseía una tonalidad más pálida de lo acostumbrada, lo único que resaltaba era el rojo en su nariz congestionada, contrastando con el brillo en su mirada celeste, consecuente de superar la fiebre que lo abatió horas antes.
El temblor en sus manos húmedas era la prueba de que ella fue su compañera durante la lucha, la terquedad de ambos se unió hasta que lograron salir vencedores.
—Lo lamento, esto es mi culpa—musitó con voz quebrada cuando por fin logró expresar la sensación que inundaba su corazón.
Esa mañana hojeando un libro de cocina, se decidió por innovar con un platillo, pero para su pesar no poseía la mayoría de los ingredientes. Howl ofreció la idea de hacerlos aparecer con magia. Iniciando así la discusión número cien, sobre si era o no justo solucionar todo con un simple "Abracadabra".
Si no dejará que su obstinación la cegara, podría haber evitado que el azabache saliera refunfuñando con la idea de comprarlos el mismo. Tal vez habría notado el cielo completamente encapotado de nubes grises, fue demasiado tarde cuando el primer trueno resonó, sacudiendo todo el castillo, fue que termino aceptando su error.
Ansiedad, al ver como la lluvia azotaba con fuerza todo a su alcance, las horas seguían avanzando, sin obtener alguna noticia del azabache.
—¿Por qué no regresaste? —cuestionó con recelo, su pareja era lo suficiente listo para comprender que pasaría el encargo, si su salud estaba de por medio.
Rememorar la imagen de Howl en la puerta del castillo cargando bolsas, destilando agua de lo mojado que estaba. Sin importarle su estado, saltó a sus brazos tratando de calmar el miedo que sufrió por su ausencia.
El regaño no demoró en caer, que ella no aceptara el uso de la magia en algunas cosas que cualquier ser humano puede realizar por si mismo, no significaba que esa regla lo incluyera a el mismo. Howl era libre de emplearla para su uso personal, siempre se manejo de esa manera y Sophie no deseaba cambiarlo.
—Ya no hagas más rabietas— la voz del joven mago era apenas un murmullo—Todavía faltan demasiados años para que mi ex ama de llaves haga acto de presencia.
La peli plata, negó ante la manera que empleaba para desviar o menguar la temperatura de la situación.
—Ven…—la llamó levantando el cobertor que lo cubría.
Sophie iba a rechazarlo, pero al verlo castañear los dientes terminó aceptando. En su prisa para que el azabache no siguiera tozudo, se acomodó de manera que cuando este se durmiera, podría escapar sin alertarlo en el proceso.
Sus mejillas se sonrojaron al sentir como sus brazos la rodeaban, dejando que su cabeza reposara en su pecho. Estaba acostumbrada a las muestras de cariño, pero esta era demasiada íntima para el poco tiempo que llevaban como pareja.
Intentó llamarlo, solo tuvo un silencio como respuesta. Su respiración lenta y tranquila clara señal de que estaba dormido. Con cuidado levantó su mano hasta alcanzar la cabeza masculina, deslizando con suavidad sus dedos entre las hebras azabaches.
—Tendré que añadir una nueva cualidad a la larga lista que tienes—su voz comenzó a disminuir, el cansancio estaba comenzando a afectarla, sus párpados comenzaron a cerrarse lentamente.
Howl se removió con suavidad, sus ojos estaban abiertos, mientras que una sonrisa se dibujaba en sus labios.
«Valió la pena el sacrificio» pensó con convicción. No importaba las consecuencias de estar bajo la lluvia, la sola presencia de la mujer que amaba era suficiente para aceptar cualquier suceso a futuro, principalmente si las recompensas eran tan dulces como la que estaba viviendo ahora.
Mañana seria un día nuevo, por ahora solo disfrutaría de tenerla entre sus brazos.
Fin.
