Disclaimer: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.


-En contra del destino-


Sasuke no era alguien que se hubiese pasado la vida fijándose demasiado en las mujeres. Le gustaban, sí, pero por ciertos motivos y obsesiones erróneas de las cuales intentaba redimirse, no había desarrollado mucho esa parte innata de la vida de un ser humano. Ni su sexualidad, ni su libido ni nada que tuviera que ver con el sexo opuesto había captado casi su interés en los primeros dieciséis años de su vida.

Sin embargo, él seguía siendo un ser de carne y hueso, que piensa, que siente, que ama. Porque Sasuke, a pesar de todos sus pecados cometidos, a pesar de ser quien era y de todo lo que había hecho, también conocía lo que era el amor. Por su familia, por sus amigos, por sus compañeros y por alguien que se había pasado media vida empeñada en salvarlo. No, no solo Naruto había querido que su mejor amigo regresara al sendero de la paz, sino que había una mujer que especialmente también había ayudado a lograr ese objetivo. Y lo había hecho no siendo irracional, sino siendo verdadera, sabiendo cuándo debía frenarlo, cuándo debía enfrentarlo y eso era algo que le agradecería para siempre. En cierta medida, fue una buena bofetada de realidad su determinación y lo ayudó a volver a ser, poco a poco, quien en realidad era.

Sakura, siempre había pensado, era un ser humano extraño. Lo era porque se empecinaba en que alguien con el pasado tan manchado y oscuro pudiera llegar a saber lo que era la felicidad. Él, al principio, no quería sucumbir ante sus propósitos. No quería porque sabía que esa felicidad que la chica le ofrecía no la merecía. Que, probablemente, todo el daño que una vez causó —también a ella— era completamente irremediable. Sin embargo, el tiempo y su cariño lo arrastraron a no pensar, a no analizar, a no obsesionarse con su misión de redención ni con sus pecados, sino a sentir. A sentir junto a una mujer que ciertamente se había desvivido por él a unos niveles que escapaban a la comprensión y razón humanas, pero sin la que jamás podría haber vuelto a encauzar definitivamente su camino y su destino.

Cuando partió de Konoha con la promesa de ver mundo y de intentar subsanar sus errores, Sakura le ofreció acompañarlo. Su respuesta fue clara: la negativa que le dio se debía a que ese viaje era solo de él, solo para él y ella no merecía en absoluto tener que soportar esa carga, pues le pertenecía a Sasuke Uchiha exclusivamente.

No pensó que la echaría tanto de menos en su primer, largo y solitario viaje. Se pasaba los días entretenido con las misiones, pero cualquier detalle le recordaba a su cabello o a sus ojos y las noches se le hacían insoportablemente largas mientras se reconocía a sí mismo que tal vez no hubiera sido una mala idea dejarse acompañar. Sus sueños, sus pensamientos y sus noches en vela eran exclusivamente de Sakura y no podía entenderlo demasiado bien al principio.

Sí, ciertamente, Sasuke nunca se había fijado demasiado en las mujeres, pero si había habido alguna que siempre había rondado su cabeza —para bien o para mal— esa había sido Sakura. Nadie más. Desde que eran pequeños incluso, siempre tenía en mente protegerla cuando eran compañeros de equipo. En esa época de su vida, probablemente lo hizo por sentimiento de camaradería, pero sí era real que siempre, durante toda su existencia, le había importado.

No estaba demasiado seguro, pero siempre había pensado que dos habían sido los detonantes de sus sentimientos por ella: la determinación con la que se enfrentó a él y el momento en el que despertó el Byakugō en la Cuarta Guerra Ninja. En esas dos ocasiones, Sasuke sintió una admiración inconmensurable por la que había sido su compañera de equipo.

¿Tenía sentido sentirse orgulloso de alguien que quiere matarte? A priori no, pero si Sasuke lo pensaba bien y con detenimiento, sí que lo tenía. Sakura estaba dispuesta a dejar sus sentimientos, sus anhelos, sus inquietudes y la vida de la persona de la que estaba perdidamente enamorada atrás por proteger a los demás, tanto a sus compañeros shinobis como a la población en general. Eso la convertía en una gran kunoichi; de eso no cabía ninguna duda. Y por supuesto, ¿quién no puede admirar a alguien capaz de realizar una técnica única que desarrolló una de las mejores ninjas de la historia y que incluso había sido Hokage de la Aldea de la Hoja?

Todos esos factores fueron unos buenos puntos a favor para darse cuenta de que el sentimiento que florecía en su corazón cada vez con más intensidad no era camaradería, no era amistad o simple admiración; era más, era mucho más fuerte y era tan grande que lo tenía descolocado y casi fuera de sí.

Por eso y a pesar de que iba en contra de lo que siempre había sostenido en su mente, al volver a Konoha ya no quiso irse de nuevo solo. Sakura ni siquiera tuvo que insistirle mucho e incluso se impresionó cuando él no dudó en aceptar su compañía.

El viaje había durado ya unos tres meses y aunque era algo duro, ninguno de los dos podía quitarse de la cabeza los avances que habían hecho como pareja. Su primer beso fue durante una noche llena de estrellas, pero sin luna. Bajo el calor de una hoguera que prepararon en mitad del bosque y después de una larga charla mucho más significativa de lo que las palabras que usaron demostraban, Sakura fundió sus labios con los de Sasuke con el ruido de la noche como único sonido ambiental y la luz del fuego iluminando sus siluetas. Por supuesto, fue ella la que propició el beso, pero el joven no se sintió amedrentado por su arrojo, sino que la correspondió enseguida, justo como su alma le dictaba que debía hacer.

A partir de ese momento, los progresos se habían ido produciendo poco a poco, pero siempre llegaba un punto en el que tenían que detenerse. Sasuke era quien no se sentía con la valentía o la seguridad suficiente como para llegar a más. Y Sakura lo entendía y no lo presionaba nunca porque si había esperado por él durante años completos, ¿qué más daba esperarlo un poco más? De todas formas, ellos ya estaban juntos, la confirmación de sus sentimientos era tangible y su relación era firme y real. Podía esperar para tener sexo todo el tiempo que él necesitara.

Pero Sakura no sabía que cada vez que avanzaban en ese campo, por mínimo que fuera el progreso, Sasuke se retrotraía en sus propios sentimientos, porque cada vez estaba más convencido de que no merecía tanto, de que no la merecía ni a ella ni todas las emociones tan especiales y genuinas que le brindaba.

Una tormenta muy fuerte estaba azotando el exterior durante esos días, así que no tuvieron más remedio que descansar en una posada. Sakura le propuso a Sasuke que se quedaran por algunos días, porque llevaban noches sin descansar adecuadamente y eso podría ser contraproducente para el desarrollo fructífero de sus misiones, así que acabó aceptando, aunque no le agradaba demasiado la idea.

La habitación era más que aceptable. Dormirían en futones, pero tenían un pequeño patio trasero y kimonos para ponerse cómodos y poder recargar energías antes de continuar con el viaje.

Aquella noche en la que un sentimiento lúgubre se coló entre ambos comenzó con un simple beso, que desencadenó otro y después algunos más que ya no fueron en los labios, sino en el cuello de Sakura o en el mentón del chico. Sasuke jadeaba con insistencia sin lograr contener apenas su excitación, pero ella encontraba esos sonidos maravillosos, ardientes y perfectos para el momento que estaban viviendo.

Tras besar durante intensos minutos su cuello y su clavícula, Sasuke se incorporó ligeramente, colocándose de rodillas para poder sujetarse, y desató el kimono de la chica. Después, apartó la tela despacio hasta dejar su abdomen desnudo al descubierto. Se quedó mirando sus pechos durante bastante rato, solo exhalando aire mientras los observaba con detenimiento. Sakura no se sintió molesta ni un solo segundo, sino más bien abrumada por cumplir con sus expectativas.

Finalmente, alzó su único brazo y rozó uno de los pezones de la joven con la yema de sus dedos. La forma en la que se estremeció hizo que se conmoviera y que quisiera seguir adelante, porque quería volver a producir aquella reacción tan sensual en su cuerpo. Siguió acariciando sus pechos, pero llegó un momento en el que necesitó más, así que se agachó y, apoyando el brazo en el futón, lamió y besó los pechos de la chica mientras ella se perdía entre gemidos repletos de placer.

Se separó de nuevo. Ya solo quedaba concretar la unión. Sabía la teoría, pero no la práctica, aunque no debía ser tan difícil. Abrió su kimono y sujetó su miembro entre sus manos para llevarlo hacia la entrada femenina, pero justo cuando lo iba a hacer, no pudo continuar. No, porque Sakura lo miraba como si fuera su único faro de esperanza, la luz que lo iluminaba todo y eso lo asustó tremendamente y le recordó quién era y todos los pecados que cargaba sobre su desgastada alma.

Cerró su kimono y se levantó para dirigirse hacia la otra parte de la habitación. Abrió la puerta corredera y se sentó en el escalón que separaba la habitación del jardín. Necesitaba aire fresco por varias razones, pero la primera y más importante era que necesitaba pensar.

—Sasuke-kun… —musitó la chica mientras se sentaba en el futón y observaba su espalda y cómo su cabeza estaba orientada hacia el cielo nocturno. Había dejado de llover por fin, pero el olor a mojado impregnó toda la estancia. Una ligera brisa se coló en la habitación, así que Sakura tuvo que cubrirse el torso para resguardarse del frío.

—Lo siento —profirió el chico sin titubeos—. No puedo…

—No pasa nada, no es necesario que lo apresuremos si tú no estás seguro. Te esperaré el tiempo que sea necesario, en serio.

Sasuke se sintió algo avergonzado al escuchar aquellas palabras. ¿Cómo se suponía que debía contestarle a eso? No estaba inseguro en sí ni le faltaban ganas de hacerlo, simplemente es que no se sentía con derecho de mancillarla de esa forma. Su pasado era tan oscuro que materializar esa unión podría llevarla al más profundo abismo, él mismo podría arrastrarla y no quería eso. Jamás lo querría para la persona que más le importaba en la vida.

Se levantó en silencio y comenzó a vestirse. Sakura siguió observándolo sin poder hablarle, sin encontrar las palabras que lo convencieran de que nada malo había sucedido aquella noche entre los dos.

—Pasaré la noche en otro sitio.

—Pero… ¿dónde vas a ir a estas horas? Es tarde y puede volver a llover en cualquier momento.

—Volveré mañana —espetó mientras salía por la puerta del jardín, sin darle oportunidad a Sakura de seguir intentando retenerlo.

Ella se acercó a cerrar la puerta y después se acostó en el futón, tapándose inmediatamente con la manta hasta el cuello, pero no consiguió que se le fuera el frío del cuerpo, a pesar de que había aumentado la temperatura de la habitación.


Sasuke no regresó durante el día, pero tampoco mintió cuando dijo que llegaría a la posada antes de que pasaran veinticuatro horas. Cuando Sakura volvió por la noche a la habitación después de tomar un baño, allí estaba: sentado en el escalón de nuevo y mirando el cielo. Muchas veces, le hubiera gustado saber qué se le pasaba por la cabeza cuando se quedaba tan pensativo, porque quería comprenderlo mejor y no era alguien que acostumbrara a hablar de sus sentimientos.

Lo acompañó y se quedaron los dos juntos en silencio durante muchos minutos, pero llegó un momento en el que Sakura necesitó hablar.

—Creía que tendría que ir a buscarte de nuevo.

Sasuke sonrió con melancolía y la joven no supo si esas habían sido las mejores palabras que pudo haber escogido en ese preciso instante.

—Lo siento, Sakura. Siempre estoy dándote problemas.

—No, no. Claro que no. Esto ni siquiera es un problema real. No me importa…

—No lo entiendes. Es que no… no puedo seguir con esto.

Sakura sintió sus ojos humedeciéndose, pero se concentró en que las lágrimas no cayeran.

—¿No quieres que te siga acompañando? ¿O es que simplemente no quieres estar conmigo?

Sasuke suspiró con tristeza. Se restregó la mano contra la cara con hastío y frustración y se dispuso a ser sincero con ella por primera vez sobre lo que sentía. Eso, al menos, se lo debía.

—No me merezco que estés conmigo. Ni que me acompañes ni que me trates bien ni que me beses. Nada.

—Pero…

—Si ni siquiera soy capaz de hacerte el amor, joder. Cuando te miro y pones esa cara me siento tan pequeño… y solo puedo recordar que quise matarte y que si fuera por mí no estarías aquí.

Sakura sujetó su rostro y lo giró para que la mirara. Por primera vez en mucho tiempo, fue capaz de ver la incertidumbre que sus ojos negros transmitían y su miedo enorme a quedarse solo.

—Yo también intenté matarte. ¿Tampoco te merezco entonces? —le preguntó ella mientras le sonreía de forma algo triste.

—No es lo mismo…

—Sí lo es. Ambos tuvimos el deseo de acabar con la vida del otro, me dan igual los motivos. Pero ahora estamos juntos y sé que nos queremos y que somos felices por fin, aunque nunca lo digamos. Si quieres dejarme, no te puedo detener. Así que si mañana me despierto y no estás, regresaré a Kohona sola. Es tu decisión y la voy a respetar, pero eso no va a cambiar lo que siento por ti ni lo que tú sientes por mí.

Sakura le dio un beso corto en los labios y después se levantó. Fue hacia el futón y se acostó, dándole la espalda a Sasuke, que se quedó mirándola hasta que, después de mucho rato, sintió su respiración ralentizándose e interpretó que ya se había quedado dormida.

Pensó durante muchas horas en su propuesta. Sabía que abandonarla la dejaría devastada, pero tal vez sí que era lo mejor para ella. ¿Y para él? ¿Era eso lo mejor? ¿Era lo que realmente quería? No, claro que no.

En los últimos tiempos había aprendido a dejar de ser egoísta y a pensar también en el bienestar de los demás, pero quería volver a serlo aunque fuera durante un tiempo breve. Quería porque era feliz, su alma estaba tranquila y había encontrado una persona maravillosa con la que compartirlo absolutamente todo. No quería perder algo tan especial.

Se puso de pie, cerró la puerta y se dirigió por fin hacia el futón, donde Sakura dormía. Se había dado la vuelta y ahora estaba tumbada bocarriba. Se agachó junto a ella y le apartó un mechón de pelo del rostro para después acariciárselo. Sakura se despertó y en cuanto pudo enfocar su vista en la penumbra de la habitación, le acarició la mano con suavidad y sonrió entre lágrimas.

—Sasuke-kun… te has quedado.

Sasuke la besó y después apartó las lágrimas de su rostro con su pulgar mientras la miraba a los ojos, que le resplandecían de emoción y alegría.

—Siento haberte despertado.

—No pasa nada —dijo mientras alzaba sus brazos para abrazar su cuello y volver a besarlo.

Por el impulso del gesto, se tumbó encima de ella mientras se apoyaba sobre su brazo y se colaba por debajo de las mantas. El instinto ganó de nuevo y pronto ambos comenzaron a mover sus cuerpos contra el del otro. Sasuke gemía continuamente de forma queda en el oído de Sakura y ella, excitada como pocas veces en la vida, colocó sus piernas alrededor de la cintura del chico, haciendo que sus movimientos y su respiración se aceleraran.

Lo apartó un poco para quitarse el kimono y después hizo lo mismo con el suyo, provocando que ambos se sentaran sobre el futón. Entonces, Sakura se quedó mirando su intimidad, que palpitaba con deseo. No lo dudó demasiado y condujo su mano hacia allí, haciendo después movimientos a un ritmo medio mientras observaba las reacciones del chico para continuar con más intensidad. Así lo hizo al comprobar que cerraba los ojos y seguía gimiendo. Pero de un momento a otro, Sasuke sujetó su mano para detenerla mientras la miraba con los ojos entrecerrados y jadeando con vehemencia.

—Si no te detienes, no podré seguir… —susurró con voz ronca.

Sakura entendió. Apartó la mano y volvió a besarlo, dedicándose a rozar la comisura de sus labios con la lengua. Al separarse, se tumbó y Sasuke observó por primera vez su cuerpo completamente desnudo. Se colocó entre sus piernas y comenzó a acariciar una de ellas. Sakura tembló y él miró sus ojos. No, no había tenido esa reacción por miedo o nerviosismo, sino porque estaba demasiado expectante por lo que iba a suceder a continuación. Por lo tanto, no la defraudaría.

Se agachó y comenzó a besar su pierna derecha, subiendo cada vez más hasta llegar a su muslo. Lo besó y lo lamió despacio, haciendo que ella gimiera y se retorciera sobre el futón ligeramente. Después, se centró en hacer lo mismo con su pubis. Parecía que quería torturarla de alguna forma, pero cuando la joven sintió su lengua en su clítoris por fin, se dio cuenta de que no. De que el placer que sintió en ese momento había sido inigualable debido a aquel juego previo. Él siguió moviendo su lengua de forma circular y cambiando el ritmo y la intensidad mientras comenzaba a acariciar su pezón con sus dedos.

Sakura deslizó una de sus manos sobre el cabello de Sasuke mientras continuaba gimiendo. Y él no la desatendió ni un solo segundo hasta que el orgasmo llegó con una fuerza que nunca había sentido con anterioridad.

Entonces, Sasuke se puso de rodillas de nuevo y observó la forma en la que la joven respiraba de forma entrecortada. También lo miró y después asintió. Él comprendió de forma inmediata, así que le abrió un poco las piernas y entró completamente de una sola vez.

Ambos gimieron. Se produjo un cúmulo de sensaciones tan enorme que, al principio, no pudieron moverse. Solo se miraban entre la oscuridad de la noche, en la que solo podían adivinar la silueta de sus cuerpos, pero en la que se sentían completamente seguros con respecto al amor que tenían por el otro.

Sasuke comenzó a moverse despacio, sujetando su pierna contra su cintura. Sin embargo, cuando dio las primeras estocadas y vio que Sakura cerraba los ojos, se mordía los labios y agarraba las sábanas entre sus manos debido al placer que estaba experimentando, decidió aumentar la fuerza y velocidad con las que movía sus inexpertas caderas. Llevó la mano hacia su cintura para poder afianzar el agarre y moverse con mayor libertad y Sakura abrió los ojos para mirarlo y sonreírle.

—¿T-te gusta…? —preguntó ella de forma algo tímida.

Sasuke se sonrojó ligeramente, pero no apartó la vista de sus ojos verdes y simplemente asintió con energía para que ella pudiera apreciar el gesto aun en la oscuridad de la noche.

Los movimientos continuaron hasta que Sasuke sintió que ya no aguantaría más, así que decidió acariciar el punto máximo de placer de la chica de nuevo mientras seguía embistiéndola. Las palpitaciones de la carne contra la carne hicieron que explotara por fin y después se tumbó sobre el cuerpo desnudo de Sakura, que lo recibió acariciándole el cabello, la nuca y la espalda con delicadeza.

Tras unos minutos, se tumbaron en el futón el uno al lado del otro. Sasuke le sonrió. Todo lo que era actualmente era gracias a ella y nunca, jamás, tendría forma de pagar su deuda. Intentaría compensarla quedándose a su lado.

Decidió que sí, que volvería a ser un poco egoísta. Sabía que no era merecedor de nada de lo bueno que le estaba sucediendo, ni del amor de Sakura ni de su calor ni de su consuelo, pero también era totalmente consciente de que la necesitaba junto a él. Así que decidió que sería feliz, aunque no lo mereciera, y que se redimiría de todos sus errores y pecados estando con ella.

Después de todo, en esta ocasión, no creía que fuera adecuado ir en contra del destino.


FIN


Nota de la autora:

Los chicos gimiendo son todo lo bueno de este mundo, he dicho.

Esta historia es la primera que escribo de esta pareja y la verdad es que me ha gustado mucho hacerlo, porque además ya le tenía ganas. Pienso que Sasuke debió ser muy MUY inseguro en los primeros estadios de su relación con Sakura, así que de ahí surgió esta idea, sumado a mi mente calenturienta y mis ganas de escribir algo +18 después de mucho tiempo sin hacerlo.

En un principio, el sasusaku ni siquiera me gustaba demasiado, pero viendo Boruto (sí, yo soy de las que lo leen y ven xd) y tooodo el desarrollo que ahora sí han tenido, pues no me queda más remedio que enamorarme de ellos, además de que Sasuke tiene el mejor desarrollo posible y actualmente me encanta todo lo que hace, dice y bueno, que lo amo jaja. Así que nada, espero que os haya gustado y que me contéis qué os ha parecido.

¡Gracias por leer!