10/06/2005

Brooklyn, Nueva York.

"Bip... Bip... Bip..."

Escuchó el molesto sonido del despertador, recordándole que debía asistir a la escuela.

El lado bueno es que ya era viernes, por lo que tendría dos días libres para descansar de la escuela, sobre todo de sus molestos compañeros de escuela, y dentro de un par de semanas más empezarían las vacaciones de verano.

Se vistió, buscó su bolso y bajo las escaleras hacia la cocina para buscar su desayuno.

— Charlene se te va a hacer tarde, tienes que ir a clases.

Escuchó la voz de su madre quien le tendió una bolsa de papel con su comida.

— Gracias mamá... -dijo la niña tomando la bolsa y corriendo hasta la puerta.

Antes de llegar la voz de su madre la detuvo.

— Recuerda que vas a pasar el fin de semana con tu padre...

La pequeña asintió y salió.


El timbre de salida sonó anunciando que los niños por fin eran libres de irse a sus respectivos hogares.

— Charlie ¿qué vas a hacer este fin de semana? podríamos hacer una pijamada... -dijo una niña afroamericana mientras que subían al autobús.

— No lo sé Nicky... Este fin de semana voy a estar con papá... -dijo la pequeña haciendo una mueca.

— Lástima, tal vez la próxima semana podamos hacerla... A mi mamá y papá les encantaría que fueras a casa.

— Sí, tal vez mamá me de permiso para la semana que viene...

Una pequeña voz infantil se escuchó detrás de ellas, haciendo que la pequeña morena frunciera el ceño.

— Por supuesto, por que ustedes son tan pateticas que seguramente tus padres necesitan que esten juntas para que no sean tan desastrosas.

Charlie soltó un gruñido, sin embargo, antes de que pudiese decir algo el autobús frenó de golpe asustando a los niños.

Unos hombres altos, con capuchas y armas subieron al autobús, causando gritos de pánico entre los que lo abordaban.

— ¡Guarden silencio si no quieren que los mate!

El conductor intentó atacar a uno por la espalda pero fue golpeado por uno de los hombres.

— No me digas que intentas hacerte el héroe -soltó una risa macabra.

El sonido del gatillo sonó mientras el pobre hombre caía inerte al piso.

Charlie tomó a Nicky del cuello de su blusa y la arrastró hasta llegar a una ventana.

— Nicky vamos, tenemos que irnos... -susurro Charlie, agradeciendo mentalmente que su padre le haya enseñado que hacer en un caso como ese.

— Pero...

— ¡Vamos! hay que saltar ahora que están distraídos...

Abrieron la ventana del autobús listas para saltar, cuando un grito las distrajo.

— ¡Atrapenlas!

Las habían descubierto e iban hacia ellas.

En un movimiento Charlie empujó a Nicky por la ventana mientras que ella era arrastrada hacia dentro.

— ¡Charlie!

— ¡Corre! ¡busca ayuda! -logró decir antes de que todo se volviera negro.


Editado el 18/11/2019