Disclaimer: Santo Oda que estás en Japón, santificado sea tu manga y tus personajes tan shippeables.

Notas de la autora: Para el día 3 del fictober realizado por el grupo de Facebook "Club de Lectura de Fanfiction" (Como que ya me estoy cansando de repetir esto una y otra vez XD)

Compartiendo prendas

Lo había descubierto infraganti, quizás eso fue lo que más lo encendió en el momento. Tenía ganas de agarrarlo del cabello, botarlo sobre la hamaca, alzarle el vestido, apartarle el calzoncillo o bóxer o lo que fuese que un espadachín utilizase bajo la ropa y meterle toda la pija sin compasión. Quería hacerle todas las cochinadas del universo, porque tenía que aceptarlo, Zoro siempre le había parecido atractivo a pesar de ser un hombre y viéndolo juguetear con sus cosas, es decir, las cosas que le habían regalado en la isla Momoiro, no había hecho más que terminar de encender la llama.

—Ni te atrevas a burlarte de mí —dijo Zoro amenazante tratando de encontrar sus katanas. —, ¿o tengo que recordarte que estas cosas son tuyas?

—No son mías —La voz de Sanji extrañamente no tenía el tono burlón que Zoro hubiera esperado. —, solamente fueron un regalo.

—Eso las convierte en tuyas, maldito degenerado. —Zoro se relajó, se había preparado para pelear, pero al parecer, eso no sería necesario.

—Pues, yo no soy el que viste con esa ropa, así que… —Encendió un cigarrillo antes de seguir hablando. —. Así que puedes quedártelas, no me interesa.

Se acercó peligrosamente soltando el humo de su tabaco muy cerca del rostro enrojecido del espadachín.

—Solo quería saber que sientes tú al ponértelas —le sonrió de medio lado, casi con malicia, aspirando profundamente el humo que salía de los labios de Sanji. —. Te he visto.

Zoro sabía cómo darle vuelta al asunto y Sanji no tuvo más opción que admitirlo.

—¿Tienes algún problema con eso?

—El que parece tener problemas con eso eres tú.

Roronoa se sentó en una silla solitaria que tenía en el puesto de vigía, abrió las piernas para encontrar mayor comodidad y alzó el vestido para que le llegara un poco más arriba de las rodillas descubriendo así las piernas que curiosamente llevaban una malla de red.

—Eso no es mío. —dijo refiriéndose a las mallas mientras se acercaba a la silla que ocupaba el espadachín con suavidad. Estaba consciente de que ambos estaban jugando el mismo juego y el perdedor sería el que cediera primero.

—Lo sé, ¿Quieres ver lo que hay más allá?

Definitivamente no esperaba una proposición tan directa y decidió arriesgar.

—¿Qué hay más allá?

—Si quieres verlo, debes comértelo.

Eso era lo único que Sanji estaba esperando, saber que el espadachín guardaba las mismas ganas, con este conocimiento no tuvo otra opción que dejarse ir.

El rubio se arrodilló frente al de tez oscura y levantó el poco trecho que quedaba para encontrarse al fin con eso que tanto ansiaba.

—Y luego soy yo el degenerado —rio apenas viendo como el miembro de su camarada se escabullía imponente entre los hilos rotos de la malla.

Abrió la boca para tragar por completo el falo, lo sintió grueso y largo invadiendo su boca hasta llegar a su garganta. Sintió las manos hoscas de Roronoa posarse sobre su cabeza, jalándole el cabello, marcando el ritmo que el espadachín necesitaba para alcanzar el clímax.

No podía respirar y el glande de tanto en tanto golpeaba su campanilla provocándole arcadas.

—Aguanta un poco más. —La voz de Zoro se tornó más gruesa, parecía una fiera gruñendo de placer.

Zoro siguió penetrando la boca de Sanji sin darle oportunidad de respirar, sentía los dedos del cocinero clavarse en sus piernas rogando que parase, pero estaba a punto de alcanzar el orgasmo y no iba a detenerse, después de todo, sabía que el cejas rizadas podía aguantar un poco más. Quería hacerlo sufrir, no lo iba a matar.

Sanji estaba al borde del colapso, necesitaba aire urgentemente y juró que si la situación se extendía un segundo más no dudaría en arrancarle el pene de un mordisco. Para suerte de ambos, un líquido espeso y viscoso invadió el paladar del rubio y poco a poco empezó a bajar por la faringe.

—Trágalo todo si quieres respirar.

Sanji aguantó las arcadas. El sabor del semen no era nada agradable, era una mezcla de sabores salados y agrios además que la consistencia lo hacía difícil de tragar. Al final terminó por engullirlo todo y por fin salió de la prisión que significaba la mano sobre su cabeza.

—¿Te gustó mi sabor?

—Preferiría morir antes que volver a tragármela —Le lanzó una mirada asesina antes de recobrar el sentido común. —. Ahora te toca pagar—Sanji se levantó mientras aflojaba su cinturón y pudo vislumbrar un brillo especial en los ojos del espadachín. —Te la vas a comer entera, y no precisamente por la boca.

El rubio jadeaba mientras liberaba su erección ante el rostro de Zoro.

—Da la vuelta. —Sanji estaba dispuesto a obligarlo si eso era necesario.

Necesitaba con urgencia clavarle el mástil en el culo y estuvo a punto de utilizar las más sucias artimañas para poder darse con el gusto, sin embargo, su sorpresa fue grande cuando Zoro se acomodó en la silla, recostándose levemente y alzando las piernas dejando al descubierto que el agujero de las mallas llegaba mucho más atrás, como si lo hubiese planeado todo.

—No soy de esos que piensan que la masculinidad se mide por el que da o se deja dar, espero que pienses igual, porque después de esto voy a cogerte como si no hubiese un mañana.

La voz de Zoro sonaba tan malditamente sensual y verlo así, tan dispuesto a todo solo hizo que la calentura de Sanji subiera aún más. Empapó su glande con la saliva que escupió en su mano y lo penetró salvajemente arrancándole gemidos de dolor que luego se convirtieron en placer.

El movimiento, en un principio errático, poco a poco logró crear un ritmo constante, sentía los pliegues de piel rozar y apretar todo su falo y tras algunas estocadas más, por fin terminó dentro del espadachín. No tenía control sobre su cuerpo. Pequeños espasmos se albergaron en toda su anatomía y cayó rendido sobre el cuerpo del otro.

Se quedaron en esa posición durante algunos minutos y por fin regresaron a la realidad.

Sanji llamaba a todos sus nakama, el desayuno estaba listo y si algo lo molestaba en exceso, era que la comida se enfriara.

Uno a uno fueron llegando y ocupando su debido lugar en la mesa para empezar a comer. El último en llegar fue Zoro quien pasó por alto las frutas apiladas en su plato y pasó de largo para agarrar un trozo de carne, sin embargo, una mano suave lo detuvo.

—No va a matarte comer frutas de vez en cuando. —La casi imperceptible sonrisa de Sanji le dejó ver a Zoro que claramente tenía otras intenciones, y aunque no supiera a ciencia cierta lo que tramaba, decidió que lo mejor sería hacerle caso, después de todo, habían pasado más de un mes teniendo encuentros diarios en el puesto de vigía, intercambiando prendas, inventando juegos de rol, comprando diversos accesorios para complementar la amplia gama de vestidos que habían adquirido. Al rubio se le podrían ocurrir un sinfín de cosas para asegurar el placer mutuo.

—No lo hará. —Confirmó él mientras se metía un trozo de piña a la boca.

Fin

¿Ustedes sabían que supuestamente comer más fruta y menos carne mejora el sabor del semen? Al parecer Sanji lo descubrió de alguna manera y terminó agarrándole el gusto XD.

Para la portada de este fic me inspiré en mi queridísimo Ladybeard (amo a este hombre).