Hola a todos, que les puedo decir, más que vamos aquí de nuevo. Baje la historia para poder editarla con más calma y tratar de corregir los errores que tenía, esperando no dejar alguno y sea más llevadera… Les mando un saludo y un gran abrazo a todos, más en especial a Dav-Higurashi, quien ha estado mandándome varios mensajes alentándome a continuar escribiendo, todos sus mensajes cuentan y perdonen que no les salude como siempre, pero no por ello crean que son menos importantes… Cuídense mucho, nos leemos pronto.


Después de la lluvia...Luz de luna…

Capítulo 1


La cálida luz del sol paso a través de las hojas de los arboles refractándose en varios tonos, como un caleidoscopio iluminando la escalinata del templo de la familia Higurashi.

La brisa soplo sus largos cabellos negros despeinándole, mientras varios pétalos de flor de sakura se dispersaban a través del viento, mismo que atraía su mirada hacia las flores mientras su hakama ondeaba...

3 años habían pasado desde que la perla de Shikón había sido totalmente reunida, de aquella breve despedida en el templo donde se encontraba el pozo. A momentos juraría que, a través del viento, podía escuchar el eco de su voz, llamándole, volviendo la mirada siempre a esa dirección encontrando solo el vació.

Resoplo por lo bajo y peino descuidadamente sus cabellos, tratando de que estos, volvieran nuevamente a su estado anterior, más nuevamente el viento soplo fresco, llevándose consigo varios pétalos nuevamente.

Poco a poco, los días en que viajaba a la época feudal, iban disolviéndose en sus recuerdos, como suaves ondas desdibujándose en el tiempo, preguntándose a veces si todo lo ocurrido solo había sido tan solo un sueño, más luego de ello se abrazaba así misma convenciéndose nuevamente que no era así.

Y es que era tan irreal todo, al sentir que sus sueños de aquellos días se mezclaban con la realidad, alimentando mucho más aquella melancolía que parecía haberse instalado de manera permanente en ella.

Un suspiro casi ahogado, salió de sus labios, mientras su mirada se posaba en la copa del árbol sagrado…

Recientemente había cumplido 21 años, y se hacía cargo del templo de su familia convirtiéndose en la sacerdotisa que llevaba el control de aquel pequeño santuario. En el cual fue protegiendo lo poco que a su familia a través de los años se le fue confiado. Ese era ahora su deber, el velar por aquellas reliquias que encerraban magia antigua y poderosa, sustituyendo a quien en años atrás llevaba tal faena. Ya que desgraciadamente, su abuelo quien llevaba ese trabajo a cargo, solo unos años atrás había sucumbido ante el sueño eterno.

Aunque sabía dentro de sí que eso no era lo que esperaba, lo que anhelaba su corazón y mucho menos era alguno de sus sueños, ella no podía darle la espalda su familia, ni a aquel legado, ya que después de todo, eso era lo que se esperaba siendo la hija mayor.

Las hojas secas nuevamente volaron, dirigiéndose al árbol sagrado... Y los recuerdos dentro de ella comenzaron a brotar, como si estos tuvieran vida propia.

No quería volver a volcarse en pensar, de ir reviviendo una y otra vez en su mente esa despedida.

Porque aun después del paso del tiempo... podía sentir en sus labios esa calidez sellada por los suyos al volver a reencontrarse entre toda esa oscuridad... –Sin pensarlo siquiera, poso su mano en sus labios mirando de manera perdida el horizonte- No… no quería recordarlo. ... no cuando sabía que nunca más podría volver a verlo…

El canto de un ave que paso cerca, hizo que reaccionara, volviendo su atención y sus pensamientos, en lo que debía de ser; dejándose envolver nuevamente en el ajetreo de la ciudad.

El ruido del claxon de los autos y los murmullos de la gente al pasar, se volvieron más intensos, llegando nuevamente aquel pensamiento relativo a su época, sobre lo que debía haber sido siempre su vida cotidiana, aunque dentro de ella, sabía que ya no podía ser igual que antes...esa vida…esa realidad de la cual estaba rodeada, ya no le llenaba.

No podía simplemente cerrar los ojos y pensar que todo eso solo había sido un sueño. ¿Cómo podría hacerlo, después de haberlos conocido? De pelear tantas veces hombro a hombro, apoyándose, curando sus heridas... cuidándose mutuamente, entre toda esa camaradería...

- ¿Qué será ahora de ellos?... –se preguntó internamente- Sango y Miroku habrían alcanzado la felicidad juntos, o al final también ellos separaron sus caminos.

-Miroku habría vencido sus temores y formado una vida junto a su amiga, casi hermana Sango?... y qué decir de Shippo, su tierno amigo ¿seguiría el pequeño en su compañía? Sin embargo, lo que le entristecía mas era no poder saber sobre él… sobre si le esperaba como antes cuando regresaba a su casa, ahí aun lado del pozo…

Eran tantas cosas que quería saber de ellos, tantas ganas de poder volver a respirar el aire puro de aquellas épocas, de abrazarle y borrar su tristeza… de mirarle .. de estar junto a él…

Pero, aunque su deseo de volver era tan fuerte, simplemente ya no podía hacerlo, porque el pozo devorador de huesos había quedado inservible...

- Las cosas son ahora como siempre habrían tenido que ser… -Pensó algo cansada, abrumada por sus sentimientos, soltando el aire en un suspiro, por el revoltijo de ideas que tenía en la cabeza, para nuevamente proseguir con su trabajo que en ese momento consistía en la limpieza del templo.

...

-Kagome!.. Kagomeee!..

–Se oyó fuertemente la voz de su madre a la distancia, mientras alzaba una mano llamándole.

-Ven por un momento al recinto, te buscan...

-Si... En un momento voy- Gritó de vuelta, respondiendo a su demanda seguido de suspiro. -Entonces acomodo la cubeta que contenía todavía un poco de agua y se dirigió en su dirección ..

El palpitar de su corazón, se hizo más evidente a medida que se acercaba a donde le llamaban. Era una sensación extraña que hacía años no sentía.

El viento soplo nuevamente, meciendo nuevamente sus cabellos e instintivamente se detuvo mirando hacia donde se encontraba el templo del pozo, como si este le llamara en un murmullo.

-Kagome!... por favor ven rápido... –Le apuro su madre, un poco impaciente al ver su tardanza.

Entonces, desvió la mirada del viejo templo y siguió con su camino...

En la puerta del templo principal, su madre le esperaba para brindarle el paso y luego seguirla.

Después de todo, era la gran sacerdotisa del templo Higurashi y era común que llegaran personas, solamente con el propósito de mirarle, para pedir algún tipo de amuleto o purificación.

El hakama rojo escarlata, voló un poco llamando la atención de su invitada a medida que sus pasos le acercaban a la sacerdotisa que era matizada con la luz cálida, reaccionando esta al verle, con saludo formal en total reverencia, la cual también imitó.

-Es usted... Kagome Higurashi?—Pregunto sorprendida y dudosa la joven de escasos 15 años de edad-

-Si... Soy yo, dígame en que puedo servirle... –Contesto con una sonrisa al estar cercas, mientras tomó asiento en forma ceremonial en el tatami.

- Mi nombre es Omoeda…Yuki

-Gusto en conocerle srita. Omoeda –Contesto cortes mente, poniendo suma atención a su interlocutora, notando en ella algunos rasgos familiares, más en ese momento, no podía descifrar muy bien de dónde.

-Provengo de una familia, que hace algunas generaciones fueron exterminadores de demonios – Promulgo Yuki con una voz un tanto ceremonial.

-Entiendo—Respondió de vuelta Kagome mientras trataba de seguir la plática, al igual que un escalofrió recorría su ser.

-A través de los años a mi familia, le han asignado una misión que fue siendo heredada de generación en generación. Esta orden ha sido dada hace casi 500 años, siendo designada a mi persona el poder cumplirla el día de hoy –Acto seguido, Yuki saco de una maleta, una caja de madera alargada y se la ofreció cortésmente, mientras hacia una reverencia. A demás de entregarle un pequeño paquete de cartas amarillentas amarradas con lo que parecía un pequeño corbatín verde...

Sus manos, por un momento temblaron, al reconocer el corbatín de su uniforme de la secundaria que con el paso del tiempo se mostraba desgastado. Mismo que había perdido en la última batalla contra Naraku.

-¿Pero cómo?... –Preguntó desconcertada por los objetos entregados por Yuki - ¿Cómo era posible, que alguien tuviera en su poder, algo como eso? - ¿Quién eres? ¿Quiénes eran tus ancestros...? ¿Por qué tu...? - Pregunto atropelladamente, mientras un enjambre de ideas pareció adueñarse de su cabeza

- No sabría decirle con exactitud señorita Higurashi, ha pasado tanto tiempo, desde que se nos encomendó esta misión, que yo en realidad dudaba un poco de que usted existiera de verdad... Pero al llegar aquí, al templo, por algún motivo, pude quitarme esa sensación.

Disculpe si no puedo darle más detalles sobre eso. He cumplido mi misión, los objetos que quedaron a resguardo de mi familia, ahora están en las manos de su verdadera dueña –La joven se puso en pie e hizo nuevamente una reverencia.

- Muchas gracias por atenderme Señorita Higurashi, me retiro... Es seguro que usted, necesita un poco de privacidad para que pueda revisar con calma lo que le ha sido confiado...

Entonces la joven mujer se retiró, dejándola con muchas más dudas….

….

…..

Como si fuera un eco…

La voz de InuYasha…

En ese momento…

Resonaba…

Claramente… en mi cabeza….

...


Flash Back


…..

-Oye tú! ¡te dije que te quitaras la ropa!...

La voz de InuYasha, llegaba clara y de manera grosera, a lo cual volteo a verle indignada totalmente por su petición. La luz del sol estaba en lo alto y el murmullo del caudal de un río nos rodeaba.

¿Acaso, era un tipo desvergonzado?... ¿cómo podía pedirme eso? Si apenas nos habíamos conocido y mucho peor, el apenas me miraba y se comportaba de manera tan nefasta conmigo... - ¿Cómo dijiste? —pregunte ofuscada, retando a que repitiera sus palabras.

El palideció y movía sus manos rápidamente -No... No me mires así...-Dijo de repente, tratando de calmar la situación. - No te estoy pidiendo de que te desnudes, solo que te vuelvas a colocar esas ropas extrañas, con las que llegaste...

-Es porque te recuerdo a esa sacerdotisa llamada Kykio? -Grito indignada por su petición- ¿O es acaso por qué, eres tan tonto que piensas que puedes confundirme con ella?...

-No es nada de eso! -Contrarresto, mientras agachaba sus orejas como perrito regañado-

-Entonces qué es? Desde que estas aquí, no he escuchado que me llames por mi nombre ni una sola vez. Por si se te ha olvidado, te recuerdo que mi nombre es Kagome... Ka-go-me... y no atenderé a ninguna de tus peticiones si no me llamas amablemente por mi nombre...

-Eso ya lo sé! – Grito a la par ofendido- Además, quien te crees tú para decirme que te confundo con Kykio, -En voz más baja murmuró – Ella era mucho más alta y más bonita que tú...

-Pero como te atreves?... Eres... eres

- Su mirada turbada se fijó en mí, mientras se daba cuenta de la torpeza de sus palabras, como si con ella quisiera pedirme perdón - Noo.. yooo... no quise decir eso... - dijo in-prudentemente

InuYasha!... – grite ofuscada- Abajo!

...


Fin del flash back


...

Se había quedado solamente ahí estática, con la mirada perdida...

Su madre, que había presenciado todo en silencio, se acercó a ella después de unos instantes, tomándole por el hombro hizo que tomara nuevamente conciencia de su presencia, sacándole de ese extraño trance...

Aquel recuerdo era tan vivido, que podía haber jurado que había escuchado su voz... –Respiro un poco más hondo, para luego dejar escapar el aire, casi con desgano ... Parecía que nuevamente se estaba sumiendo en una inmensa tristeza.

-Kagome, te gustaría tomar una taza de té? Le pregunto amablemente su madre, con una débil sonrisa a lo que la joven negó con la cabeza.

-Unm! Nop..! Gracias mamá, pero todavía tengo mucho trabajo pendiente, no he terminado el aseo del templo y aún me falta purificar algunos talismanes, te parece si lo dejamos para más tarde. –ligeramente sonrió, tratando con ello de ocultar, toda la turbación que había causado en ella la visita. Con cuidado se fue levantando de donde estaba, con intenciones de salir del templo y dirigirse a uno aledaño mucho más pequeño, en el cual se sentía mucho más cómoda. No tenía intención de que aquella sensación que oprimía su pecho, fuera causa de preocupación a su madre.

-Pero? — intervino nuevamente su madre, con alusión del paquete recién recibido. -

- Más tarde y con calma revisare lo que contiene... –Contestó con una leve sonrisa mientras trataba a toda costa de salir de aquel lugar... -

-Kagome! - Le llamó nuevamente su madre, haciendo que detuviera su paso y volteara a verle- No sería mejor, que los llevarás con los talismanes y de paso los purificaras. Ya ves lo que pasó la otra vez con .. –La frase de ella se cortó de pronto, al saber que su hija le hubo comprendido, ni siquiera ella tenía intenciones de pronunciar de nuevo ese nombre, ya que tenía miedo que su mirada se tornará aún más melancólica–

Débilmente sonrió ante ese atisbo de preocupación, para que su madre se sintiera más tranquila- Tienes razón mamá, no podemos arriesgarnos a que un espíritu de casi 500 años, se libere por un descuido mío, no cuando ya no tenemos a InuYasha de nuestro lado...

Entonces regreso, tomando los paquetes de sus manos para segundos después encaminarse al siguiente templo...

...

….


Continuara…

Sakurai Alighieri