Continuando con la actualización... :)


Después de la lluvia... Luz de luna.

Capitulo 4


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La hora de partir había llegado...

Kagome se encontraba un poco nerviosa antes de dirigirse al pozo. Había preparado su mochila con lo necesario para su estadía, la cual no estaba segura que fuera corta. Debía ser precavida, ahora que iniciaba ese viaje, por ello trato de vestirse de manera más cómoda, con unos pantaloncillos cortos en color negro y una blusa rosa de manga larga, haciendo juego con tenis negros.

Anudó su cabello en una coleta y busco entre sus ropas un suéter ligero para llevarse... preparó su arco y varias flechas además de un pequeño botiquín que su hermano regalo al enterarse de su decisión. Aunque no estaba muy segura de que, si lo necesitaba, al final aceptó llevarlo por seguridad, al fin y al cabo, esta vez no sabía lo que le deparaba su viaje...

Entonces bajo para despedirse de su madre y su hermano...

Por el caos que mantenía en su cabeza, no había notado que su madre se notaba un poco desmejorada, en sus ojos se marcaban algunas ojeras. En sí, después de que se desmayó, no había sentido ningún tipo de energía que proviniera del pozo o de Tessaiga. No había querido ir al templo del pozo, porque temía que este le absorbiera como la primera vez. Y creía prudente que se preparara antes de volver a viajar por el ..

-Kagome… estas preparada para partir, hija?... –Pregunto su madre al verle vestida de esa manera...

-Si mamá, ya estoy lista...

La mayor de los Higurashi sonrió al ver el atuendo que Kagome había elegido, estaba por demás decir algo sobre ello, ya que seguramente su hija lo hubo elegido por la comodidad por si llegaba a entablar algún tipo de confrontación. Se lamentaba porque no podía darse ni una ligera idea de lo que su hija antes hubo enfrentado, ni el hecho de que ella se sobre exigiera desde que volvió. Con todo ese trabajo físico, al entrenarse en las artes marciales y ni qué decir de las veces que se encerraba en el templo en donde practicaba el enfocar en un solo punto su energía espiritual. Era seguro que Kagome siempre estuvo segura que volvería, por ello quería ser más fuerte...

-Bien... –Esbozo la mujer que, al levantarse, dio un ligero traspié...

La energía contenida, la energía que esa noche sintió correr a través de su cuerpo, volvía a sentirse de una manera tan apabullante, que se sorprendió de sobremanera, al darse cuenta que era su madre quien había hecho casi desaparecer la energía...

-Mamá! ¿Pero qué?... –Sus ojos se abrieron como platos corriendo junto a ella para abrazarla e impedir que cayera...

-Disculpa Kagome, no pensé que se volviera tan fuerte a pasar las horas... yo...

-¿Por qué lo hiciste?... ¿Por qué?... ¿Por qué no me lo dijiste antes? -Pregunto desesperada al sentir como la resonancia que provenía del templo, era casi lacerante...

- Solo trataba de nivelar los campos energéticos, para que el pozo no fuera tan inestable, pero creo que ya no soy tan buena como en años anteriores... –Levemente sonrió, tratando de aminorar el estado de alarma de su hija- Más Kagome, no debes de preocuparte, estoy bien, me recuperare a medida que descanse un poco.

-Pero? - Soltó de manera nerviosa...

-Vamos Kagome, hija... –Ella sonrió de vuelta—Todo estará bien...

Al comprender lo que su madre estaba haciendo, trato de tranquilizar su semblante. Seguramente aquella energía desaparecería, al momento en que saltará nuevamente por el pozo.

-Bien, entonces me voy... Por favor despídeme de Souta cuando vuelva, yo sé que se molestara conmigo por irme así, pero estoy segura que podré regresar para que me rete

-No es necesario que te apresures—Dijo su madre al ver la ansiedad que se dibujaba en el rostro de su hija, al darse cuenta de lo que estaba haciendo - Estoy segura que puedo manejar aquella energía un par de horas, así que Kagome, no apresures tu partida.

-No es eso, es… -Kagome trato de mentir, más nada razonable le venía a la mente, así que solo sonrió - No es eso… yo…

-Lo se … - Dijo en un susurro la señora Higurashi- Entregando un pequeño paquete a Kagome. – Promete que los ocuparas alguna vez… - Termino por decir, dándole la oportunidad a su hija de salir de aquel lugar…

Kagome se abrazó a su madre por última vez, conteniendo las lágrimas, para luego salir corriendo en dirección al pozo… no quería llorar, no debía, se estaba volviendo realidad su deseo, aunque era agridulce la forma en que este se realizaba. Abrió de forma rápida el templo, y bajó las escaleras no sin antes mirar por última vez su casa, tomando fuertemente el arco, al igual que afianzaba el carcaj a su hombro.

La espada que permanecía clavada en el piso del pozo, pareció reaccionar apenas se acercó al pozo para de una vez por todas saltar, cuando de pronto su hermano Souta, llegaba corriendo hasta el templo…

-Kagome! Lo prometiste. – Grito Souta fuertemente con unas cuantas lágrimas en los ojos - debes de cumplir tu promesa! No importa cuánto tiempo te tome... tienes que volver…

-Si Souta… Lo haré …. –contestó Kagome con una ligera sonrisa antes de saltar y desaparecer a través del pozo. - Te lo prometo…

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La luz en azul intenso apareció rodeándole y el viaje se tornó un poco inestable, al momento que ella saltó dentro del pozo, sintiéndose a medida que los minutos pasaban un poco perturbada… tenía miedo, aquella transición en el tiempo había sido cansada en extremo. Cuando sintió la tierra firme bajo sus pies, suspiró en alivio, al sentirse a salvo de quedarse atrapada en el limbo.

Las hojas secas de los árboles se desperdigaban a través del pozo, mientras que el cielo azul se reflejó en sus ojos cuando miro hacia arriba. Entonces, el miedo desapareció y pudo relajarse un poco. Seguramente, al salir del pozo, Tessaiga desapareciera de sus manos, volviendo con su legítimo dueño. Y nuevamente ella podría mirar sus ojos, como lo hacía antes, y así poder contener un poco su corazón.

Después de todo, ella había vuelto, pero nada de eso ocurrió…

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Le tomó un poco de tiempo el poder salir del pozo ya que las cuerdas que usaba anteriormente estaban en muy mal estado, dando trompicones sin querer al tratar de sacar su equipaje.

cuando al fin pudo salir del pozo, se recargo en el pozo un momento para poder admirar el paisaje, dándose cuenta que todo parecía estar igual, aunque se sentía tan diferente.

Los rojizos rayos del sol estaban cayendo, iluminado las arboledas que estaban junto a los sembradíos, mientras la brisa suave mecía las ramas y los arbustos. Al igual que la aldea se miraba un poco más prominente.

Con cuidado tomó su mochila y se la pasó al hombro, al igual que su arco. Y como pudo reacomodo a Tessaiga en su cadera. ¿Cuánto tiempo habría transcurrido desde ella se fue? Se preguntó mientras miraba los alrededores y no reconocía del todo el lugar. Mientras algunos aldeanos preparaban las pequeñas farolas que comenzaban a ser encendidas, para recibir a la oscuridad de la noche.

Una joven mujer paso no muy lejos de donde se encontraba con un pequeño a su espalda, mas solo al verle esta salió huyendo de ella. Era como un dejavu, eso ya lo había vivido antes en su primera visita. No podía ser tan poco previsora en esa ocasión, así que busco un buen lugar para esconderse y poder cambiarse de ropa nuevamente, al darse cuenta que de nuevo estaba sola.

Era bueno que empacara las ropas que usaba en el templo.—Pensó al ver que estas le darían la libertad para moverse entre la gente y poder obtener un poco de información, al igual conseguir posada. Aunque sinceramente, no las queria seguir usando.

-Disculpe. busco a la sacerdotisa de la aldea, podría decirme donde le encuentro. – Pregunto a una aldeana que parecía un poco recelosa al verle, más no recibió respuesta de aquella mujer, que sin motivo aparente se alejó de ella con una mirada aterrada -

- Pero qué le ocurre, no tenía por qué ser tan grosera…- Murmuró más para sí, al notar lo renuentes que las personas eran.

- La sacerdotisa de la aldea, tiene poco que murió. – Contestó una anciana que miraba, las peripecias que pasaba-

- Oh! señora … Yo no quise … - Trato de excusarse- Entiendo… - Respondió de vuelta Kagome ante aquella noticia.

-La buscaba por algo especial señorita? Es que hay algo que deba exorcizar en esta aldea. – Dijo la mujer que claramente estaba perdiendo la calma, al pensar que algo andaba mal, al mirar el arco y la espada que mantenía con ella.

-No es eso… solo soy una viajera, que buscaba un poco de información—comentó Kagome, de manera tranquila para que la mujer volviera a la calma. -Bien- No quedará más que acampar a las afueras del pueblo, en lo que pienso bien en qué hacer – Pensó para sí, mientras daba la vuelta y caminaba un poco para alejarse de ahí. No sabía qué hacer, no tenía una pista de donde se encontraban sus amigos o si ellos todavía se encontraban con vida…

-Pero igual, porque no visita a la hija del terrateniente. —dijo de pronto la mujer al ver el desaliento de la joven —Ella es muy amable, además de que estaba en espera de que llegara el nuevo sacerdote o sacerdotisa para hacer un ritual para la buena fortuna en su palacio. Después de todo, por sus ropas y ese arco, deduzco que usted también es sacerdotisa…

-Bueno yo… -contesto un poco dudosa Kagome, al sentirse un poco nerviosa ante la forma que la mayoría de los aldeanos comenzaban a mirarle y a murmurar a sus espaldas – Como usted se ha dado cuenta, también lo soy, más no vengo por el puesto vacante. Sin embargo. –Sus palabras quedaron a medias, ante la llegada de algunos aldeanos que montaban a caballo.

-Es usted sacerdotisa? Preguntó un hombre de manera hosca, al momento que desmontaba de su caballo…

-¿Tiene algún problema con ello, si así fuera? – corto Kagome ante la incómoda situación-

-Mi ama, la hija del terrateniente le espera, así que debe de seguirme…

-Discúlpeme... pero creo que se equivoca… Yo no busco la vacante, solo soy una simple viajera- Aludió Kagome, tratando de zafarse.

-Es que acaso usted está rechazando la invitación de la princesa?

En un momento había sido rodeada, y no era de su parte lo más listo el negarse, sin mediar palabra, otro hombre desmontó, ofreciendo su caballo para que subiera, mirando con gran interés el bulto que era la gran mochila amarilla que cargaba también con ella.

Su camino hasta la casa más opulenta, fue corto montada en el caballo del cual proveyeron aquellos soldados. mirando a aldea, se dio cuenta que esta había cambiado demasiado, había muchas más casas y los aldeanos parecían más desconfiados ya que la miraban aterrados mientras avanzaba custodiada por ese séquito de hombres.

Cuando las grandes puertas del castillo se abrieron, noto la riqueza que prodigaba aquel terrateniente, más la atmósfera era un tanto incómoda, con tantos pares de ojos que miraban en su dirección.

-Por aquí, Sígame… -nuevamente la voz de ese hombre se dejó escuchar, sacándola de sus cavilaciones, haciéndole reaccionar.

Los sirvientes que estaban presentes murmuraban, al momento que recorría el camino señalado, más no lograba descifrar, el porqué del temor o fascinación hacia su persona. Al llegar a un amplio salón, que daba vista a un hermoso jardín zen, aquel hombre le pido que esperara desapareciendo por el lugar de donde vino... pronto llegaría la terrateniente.

-La sacerdotisa, espera por usted, mi señora. - Dijo parsimonioso el soldado una vez que había cumplido su misión.

-Gracias, en un momento estaré con ella-Contesto al momento que una de sus sirvientas, ayudarán a vestir un hermoso traje de seda.

Cuando el sonido de la puerta que se deslizaba, llamó su atención, fijó su vista en su dirección. La joven mujer que entraba por esa puerta, era en todo lo que podía describir como toda una princesa, aparentaba una edad de 16 años pero todo en ella era una contradicción. Su ropa y sus cabellos castaños, eran pulcra mente cuidados, sus iris violetas se fijaron en ella, más, la mirada que esta le proveía, no era como las anteriores princesas que, a través de su viaje, conoció. En ella no había inocencia. Al contrario de su apariencia hermosa, su mirada era analítica y en ocasiones fría.

Sintió un extraño escalofrío.

Detrás de ellas un grupo de sirvientes entraron, disponiendo frente de ellas, lo indispensable para que se llevará a cabo un banquete.

Soy la hija del terrateniente Houyó- dijo de pronto la joven mujer, que tomaba asiento a la cabeza de la mesa, y le invitaba a sentarse frente a ella, de una manera un tanto ceremonial- Mi nombre Koharu...

Ella le imitó al saludarle, haciendo una reverencia por cortesía, para poder aligerar la atmósfera tan densa que ella sentía. Mi nombre es Higurashi Kagome- Acotó ella tranquilamente, mientras tomaba asiento justo donde habían dispuesto.

-Oh que maravilloso! El poder llamarse como la gran sacerdotisa que destruyó al demonio Naraku junto a la perla de Shikón -Respondió sin más la princesa, mientras miraba su reacción- Aunque sería estúpido de mi parte, pensar que tú seas esa sacerdotisa, siendo tan joven. Es tan tonto pensar en eso, al consciente de cuánto tiempo ha pasado desde que desapareció la perla…

Aquella declaración le tomó por sorpresa, que en ese instante quería preguntar justamente cuánto tiempo había transcurrido, más no quiso mostrar su desconcierto. -He escuchado muy poco sobre la historia de la perla de Shikón, a mi mentor, no le gustaba abundar sobre ese tema- Dijo de pronto Kagome, esperando a que la princesa acotara algo más.

-Eso sí que es raro- Dijo de pronto la joven princesa que recibía una pequeña taza de té- pensaba que, en la formación de las sacerdotisas, era un tema prioritario la perla de Shikón, tal vez sea porque tu mentor no es muy reconocido o sea muy joven y quisquilloso. Pero igual no creo que sea tan importante -Terminó por decir la mujer que fijaba su mirada en ella, como si buscara algo en ella.

-Lo que pasa es que vengo de un lugar lejano, y no estaba familiarizado con ese tema, por ello me embarque en este viaje, para recolectar conocimientos y experiencias.

-Entiendo… -Dijo de pronto la mujer no muy convencida - Mi padre convivió por un poco tiempo con esa mujer en un viaje, es una lástima que no esté en este momento, ya que seguramente sería muy feliz de compartir sus vivencias, y puede que le interese a usted, el conocer una pequeña parte de la historia de la perla y de cómo aquella sacerdotisa le ayudó en convertirse en lo que es hoy.

-Si es una lástima ..- Dijo Kagome mas para si-

-Es una historia fascinante, la de mi padre, el gran general Houyó Akitoki.

...

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Continuara...

Sakurai Alighieri