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Aun con la cadenciosa bruma...

El silencioso brillo a través de la noche

resplandeció...


Después de la lluvia… luz de luna

Capítulo 5


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Cuando por fin estuvo sola, no supo en sí como debía reaccionar.

Todo era tan confuso, tan complejo, que incluso no entendía el porqué de sus ojos no salían lágrimas. Su corazón se encogía atenazado, perdiendo igual la noción del tiempo en que se quedó ligeramente recargada en la puerta, al querer comprender un poco su situación.

Ella había regresado a un lugar extraño que no conocía, aunque este fuera el mismo lugar, todo era muy distinto a como ella recordaba. Peor aún, el haber escuchado la historia de la hija del terrateniente, había sembrado más la incertidumbre en su interior.

Simplemente no podía creer que aquel hombre que decía, era su padre habría erradicado a los demonios de la faz de la tierra, eso era para ella algo inverosímil, algo que se le hacía realmente imposible y que incluso que este fuera la razón de la muerte de varios monjes y sacerdotisas, solo por no perturbar aquella paz que decía haber construido. No dejando alegato a esa supuesta lealtad que había jurado al nuevo emperador, el cual temía que alguno de ellos se alzará en su contra.

Akitoki- dejó escapar de sus labios en un débil murmullo para sí mientras el recuerdo de aquel joven amable y distraído que algunos años atrás conoció durante su viaje, se anteponía en su memoria. Era seguro que no podría ser aquella persona, bien sabía que el tiempo no perdonaba, mucho menos a los humanos, que rápidamente sucumbían ante él.

Sin embargo, el terrible escalofrío que aún no abandonaba su cuerpo, atinaba a decir que se trataba de él. Si fuera así, entonces pudiera ser que el tiempo no había corrido como le habían dicho, he incluso pensando en ello crecía la esperanza de encontrarse nuevamente con sus amigos, más era tonto pensar así…

Estaba sola, y tenía que pensar en cómo escapar de ahí. Algo le decía que no debía creer en la falsa hospitalidad de esa mujer.

Estaba segura que solo estaba evaluándola, sólo para verificar que no fuera ella un problema más grande. Y poder deshacerse de ella, sin que nadie pudiera interponerse.


-Flash Back-


- A todo esto, me da un poco de curiosidad, el hecho en que una sacerdotisa, lleve consigo una espada a su lado y un arco a cuestas. -Dijo la mujer, mientras le examinaba con la mirada y acomodaba la pequeña taza de té de la cual había bebido.

-oh, sobre ello- Contestó Kagome cortésmente, como si eso no tuviera importancia, modulando a conciencia el tono de su voz-Es solo costumbre... El cargar con la pequeña herencia que un antiguo compañero me dejó.

-Entiendo…-Sonrió ligeramente, a su interlocutora—Pero como le comentaba antes, mi padre acabó con los demonios que acechaban las aldeas cercanas y no tenemos reportes de rapiña en nuestras tierras. Así que no hace falta que usted …bueno, entenderá, que solo nuestros vigilantes, pueden portar armas…


-Fin del flash back-


Soltó su cabello, al momento que terminó de colocarse el yukata que le proveyeron para dormir. Descansaría unas horas y antes del amanecer abandonaría el lugar de manera discreta, ese sería su plan a seguir.

Estaba a punto de guardar su ropa y colocar a Tessaiga en cerca de la puerta, para que su campo de energía le protegiera, cuando el sonido varias explosiones llamaron su atención, tomándola nuevamente para colocarla en la cadera, al igual que cogía rápidamente el carcaj con el arco.

Los gritos impasibles de los guardias la alertaron, anunciando la entrada de un monstruo a las inmediaciones del castillo, corriendo estos mismos a toda prisa para enfrentarlo.

Abrió la puerta corrediza, y salió a su encuentro, pero una gran nube de polvo le hizo retroceder un paso, y en acto reflejo cubrió el rostro con su brazo. Tosió un poco entre la espesura de la nube que anegaba el aire a sus pulmones, a la par que tozuda, avanzaba unos cuantos pasos protegiéndose del polvo que le nublaba su campo de visión.

La noche oscura, apenas era iluminada por el tenue fulgor del tumulto de estrellas que adornaban el cielo…

Su corazón latía presuroso ante la adrenalina de la cercana batalla, esperando dentro de sí, que al disiparse la nube de polvo poder encontrarse con aquel que era dueño de su tristeza, terminando así su pesadilla.

Fue ahí que lo vio, mientras orgulloso caminaba lento disipando a su paso la nube de polvo.

Levemente su cabello plateado oscilaba, al compás de sus pasos al igual que danzaba, aquel traje blanco adornado con sutiles detalles en rojo y morado iluminando con ello la noche, enmarcando elegantemente aquellas pulcras facciones.

No sabía que sentir en ese momento, su corazón dio un vuelco, ante el revoltijo de todas sus emociones.

Ante la alegría de ver un rostro conocido y el temor de que aquel ser se pronunciara su enemigo.

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-Seshoumaru…

- Pronunció en un susurro, casi más para ella. Ante el temor de su mirada férrea, carente de calidez. Si hubo algún cambio en el matiz de sus ojos, ella no lo noto por la escasez de luz.

-Ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos por última vez, Tessaiga.

La voz ceremonial de Seshoumaru que irrumpió el silencio le hizo levemente temblar.

-Después de ese desafortunado día para ti, escondiste tu energía, desapareciendo …

-Termino por decir, mientras quedaba a escasos metros de distancia.

Por un momento se sintió ofendida por la actitud que había tomado el demonio en su forma de tratarla.

Como si no existiera, como si ella no estuviera ahí presente, Seshoumaru garrafalmente la estaba pasando de lado, dirigiendo totalmente su atención hacia la espada que cargaba en un costado.

Aquello pintaba para mal, no era que esperará una acogida distinta por parte de él, sin embargo, aceptaba que su comportamiento le había trastocado en el fondo.

Aquella mirada que le mandaba, era claramente una advertencia.

No sabía si sentirse ofendida ante el comentario del demonio, al no tomarle en cuenta. Mas no estaba en ese momento en sus cabales, y no podía simplemente dejarle pasar el hecho.

-Pensé que el tema de Tessaiga, había quedado en el pasado—

Contraatacó al momento, que alzó el arco apuntando en su dirección. Mientras sentía, como sus manos temblaban.

-Mujer…

Seshoumaru fijó su mirada sobre la suya, modulando su frío tono levemente pausado.

-Tengo la curiosidad de saber... ¿el por qué? Tessaiga se encuentra en tu poder. -Dijo calmadamente mientras avanzaba un poco más.

-Sabes que, por derecho Tessaiga, me pertenece y que no permitiré que un sucio humano la posea...

-No te acerques. —Gritó al momento que tensó la cuerda del arco decidida a disparar.

—Aunque entiendo lo que dices, Tessaiga apareció ante mí y solo por ello no te la entregaré.

Es la espada de InuYasha, y no descansaré hasta que no se la devuelva … -``Por ese motivo regrese…por InuYasha...por…''

Pienso al momento que nuevamente fijó la mirada en él. Saliendo de mis propios pensamientos, centrando toda mi atención, ante el peligro que Seshoumaru representa.

El piso tiembla ante las pisadas de varios hombres.

-La sacerdotisa se está enfrentando sola al demonio, debemos ayudarle…

Grita un hombre, alentando a los demás guardias del palacio.

Varios hombres salen corriendo, interponiéndose entre Seshoumaru y yo, alejándome algunos metros mientras ellos mismos le rodean con arcos, lanzas y alabardas mientras que otros tantos se quedan atrás preparando algunas arcaicas armas de fuego.

-Debemos de proteger a toda costa el castillo y a nuestra señora. -

Grito otro guardia que fuertemente sujeta una lanza. -No dejaremos que el demonio avance más. Siéntase segura mi señora, acabaremos rápidamente con él.

Todo pasa tan rápido, que ni siquiera fui consciente de lo que sucedió.

En fracción de segundos vi el tenue fulgor dorado, creando algunas ondas en el aire y varios de los guardias, salen disparados por el aire, mientras sus armas caen todas hechos añicos.

-No me gusta que me interrumpan... - Dijo aquel demonio apenas el último de los hombres caía estrepitosamente al suelo.

-No se acerquen! -gritó esperando con ello me hagan caso a los soldados. Mientras Seshoumaru posa toda su atención en mí.

-Y bien mujer, estás lista, para entregarme de una vez por todas a Tessaiga. O será que estás dispuesta a perder tu vida en una pelea estúpida.

-Creo que ya sabes la respuesta.

Contestó altanera, mientras escucho el caos en gritos al igual de como varios guardias llegan al relevo...

Lanzo una flecha intentando hacerle retroceder, pero Seshoumaru, la esquiva grácilmente mientras se acerca de manera peligrosa, proyectando sus garras hacia mí.

-Basta! Ya no se acerquen. -

Grito nuevamente ahora a los guardias, mientras comienzo a disparar una a una mis flechas, retrocediendo y esquivando torpemente sus ataques.

-Fuego!... - Gritó un guardia al momento que la hija del terrateniente llega al lugar ante el gran alboroto que genera la batalla. varios disparos salen en su dirección, a lo cual con ligero movimiento Seshoumaru dispersa las balas, con aquel apéndice que bien parecería un letal látigo envuelto en luz.

-Veo que no dejaran de molestar los estúpidos humanos. Piensan que, con sus pobres artilugios, pueden sobrepasar mi poder. -La mirada de Seshoumaru se ensombrece, cambiando poco a poco el matiz a uno allegado al escarlata.

-No tengo porqué soportar esta humillación... Yo, Lord Seshoumaru, no estoy de humor para este tipo de sandeces... Mujer... Entrégame a Tessaiga de una vez por todas. -Añade enfurecido.

-No dejen que se acerque la sacerdotisa…¡fuego!- grita a la par la terrateniente. Que dé solo escuchar la mención de Tessaiga quiere entrar en la batalla -No dejen con vida a ese demonio, la espada no debe de salir del palacio.

Todo es tan confuso y está pasando demasiado rápido.

Apenas pudo ver sus movimientos, de aquella movilidad casi inaudita. Si bien fue breve el tiempo en que ella parpadeó, le sorprendió de sobre manera, el verlo enfrente de ella a segundos de darle el golpe final. Sus garras que supuraban veneno, eran apenas detenidas por su arco, mientras que la resonancia de Tessaiga era cada vez más atemorizante. Entonces, cuando ya sentía desfallecer un halo de luz apareció frente a ella, seguido de una terrible oscuridad.

….

...

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Aún, un corazón inmóvil

Sabe sobre la deficiente imperfección.

Porque…

Oh! dime porque...

puede ser tú… esa razón,

De que este corazón se mueva…

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Continuará...

Sakurai Alighieri


Espero que vaya quedando mejor... :) No olviden comentar, para animarme a continuar con la historia...