2 de mayo de 1998. Escocia.

La batalla de Hogwarts era solo un preludio de lo que se avecinaba para el mundo mágico. Una prueba más, pues el comienzo del fin aún se demoraba.

Ese día, Harry Potter descubrió que había sido el horrocrux que Tom Riddle nunca planeó. Decidido, caminó al bosque prohibido con un solo objetivo; morir. Cerniendo su varita con fuerza, bajó de la oficina de su antiguo director. Mientras bajaba las escaleras, creyó, por un segundo, que la vista le fallaba, que lo engañaban sus ojos al ver por un pasillo destruido, a una chica con cabello castaño correr desesperada. Parpadeó un par de veces, quizá su mente le estaba jugando una mala pasada, se sacudió un poco para aclarar sus pensamientos y siguió a paso firme y con convicción hacia su destino.

Sin embargo, al llegar al punto de encuentro, no había absolutamente nadie. Harry temió lo peor, temía que fuera una emboscada o alguna trampa; pero sobre todo temía que Tom estuviera entrando, en ese preciso momento al colegio por la puerta de enfrente.

Lentamente, se abrió paso entre la brumosa niebla, se adentró aún más en el bosque, con cada pisada sentía como a través de sus zapatos, la humedad de la tierra hacia que fuera todo más suave, como lo hacia hundirse un poco más.

Atónito y confundido ante la soledad que lo rodeaba, regresó con premura al castillo. Al entrar por la puerta principal, los toscos brazos de Ron lo rodearon con tanta fuerza que casi pierde el equilibrio.

–Pensé que te había perdido amigo…Qué ¿qué pasó Harry? … dónde, dónde está él-

El azabache miró a su amigo con un su semblante sumamente serio –No lo sé.

–Eso no… no puede ser bueno, ¿cierto?-

–No Ron. Eso definitivamente no es bueno. Necesito…. mmm, necesito hablar con Hermione.

Ron lo miró perplejo.

– ¿Ella no está contigo?-

Harry palideció. No fue una visión. Su mente no lo habia traicionado.

[….]

4 de abril de 1999, Mansión Malfoy.

Le dio escalofríos regresar a la mansión. Pero con la varita en mano, apuntando a su objetivo, ese escalofrío sucumbió. Contuvo el aliento, sentía sus ojos picar mientras las lágrimas amenazaban con escapar. Se le estaba acabando el tiempo.

La guerra daba su ronda final y ella llevaba horas buscándolo en ese inmenso lugar y, en su desesperación, ya comenzaba a perder las esperanzas.

Hermione lanzó un Impedimenta al primer mortífago que se cruzó en su camino. El sujeto paró en seco.

– Quítate la máscara – siseó ella, mientras su corazón se paralizaba y el agarre de su varita vacila. Sí, sin duda perdía el control. Sus emociones comenzaban a controlar su estado mental.

–Ahora– Le ordenó. Y si su voz no se tornara titubeante y temblorosa, quizás habría tenido mayor efecto.

Sin embargo, el tipo de túnica negra, alzó las manos en señal de rendición, dejando escapar una risa nerviosa. Sorprendentemente obedeció.

La castaña parpadea confundida. Si no es él, definitivamente tendrá que asesinarlo.

Con una mano el sujeto frente a ella lentamente retira el artefacto amarillento y desgastado. Ella sintió su corazón latir con fuerza, sus latidos zapatearon vehementemente contra su pecho y no pudo evitar jadear con desesperación justo en el instante en que el hombre en su campo de visión desenmascara su rostro.

Ojos grises la miraron. Se descubría su rostro sucio y maltratado, con hendiduras provocadas por ĺas heridas de la batalla. Su cabello rubio estaba un poco más largo, sin su toque aristocrático, había desaparecido toda la fineza de sus rasgos. Lucía cansado, ojeroso y mucho más pálido.

Pero ahí estaba, enfundado en su uniforme de asesino, pero frente a ella. Su cuerpo respondió como un imán, corrió a sus brazos y tiró en ellos solo para comprobar que no estaba soñando.

Estaba vivo.

–¿Me extrañaste Granger?-

Draco Malfoy tendría que dejar de engañarse, ciertamente volver a verla le devolvió el alma al cuerpo, había pasado demasiado tiempo en la boca del lobo creyendo que se volvería loco, o peor, que jamás volvería a verla.

La escuchó sollozar contra su pecho y enredó sus brazos posesivamente alrededor de su cintura. Era suya.

– Creí que… que.. Oh Dios, Malfoy, yo creí que, que tú...-

Shhh …- susurro suave contra su oído- Estoy aquí Hermione, el puto mundo puede caerse en ese mismo instante si quiere-. Le dijo aspirando con ansia el aroma de su enmarañado cabello castaño, este olía a sangre seca y muerte. Pero por fin, después de tantos meses, ella estaba a su lado; a salvo.

Disfrutaron con ahínco ese momento hasta que ella dejó de sollozar y él acunó su rostro entre sus manos, depositando cálidos y reconfortantes besos alrededor de su semblante magullado.

Cuando su respiración normal volvió y pudo articular una oración. Ella lo reprendió.

-Eres un idiota-

Draco río. Y Hermione juró que era la primera vez que le veía una sonrisa genuina.

–Soy tu idiota-

–Dos años Draco y yo… yo tengo algo que debo decirte…

-Aunque a decir verdad, Granger la interrumpió – Si esta es siempre la recompensa... Pegó su frente con la de ella dibujando pequeños círculos en sus mejillas – … siempre pagaré el precio por ello.

Se miraron y el marrón profundo se encontró con el mercurio líquido de los ojos de su mago. Tiene que decirle, debería de hacerlo, pero, en cambio, eligió besarlo. Ya habría tiempo para hablar de ello.

Lo besó con amor y con un desespero que dolía, mordió su labio inferior dándole a saber el hambre y la necesidad acumulada en todo ese tiempo… Un besó tan vital como el aire en sus pulmones, y cuando ella lo mordió, Draco no pudo evitar esbozar una diminuta sonrisa de satisfacción.

Ese besó para él fue un pacto, y su corazón de serpiente arrogante, se doblegó ante la leona que sería la eterna dueña de su vida.

Sus lenguas danzaron al ritmo de sus corazones sangrantes; odio y amor, una peligrosa combinación, de la que solo algunos pueden resurgir o sucumbir tanto al amor, como a la perdición. En esos segundos en los que disfrutaban del rencuentro, de saberse en los brazos del otro, se creyeron triunfantes de su fatídica situación. Pero la vida nunca es justa, y uno de los dos pagaría por su error. Primero fue la pasión, después vino la esperanza y por último, esperaban un perdón que quizás , algún día llegaría.

De repente una chispa verde atravesó con fiereza rozando sin piedad a los jóvenes amantes que acababan de encontrarse. El maleficio asesino golpeó a uno de ellos con vehemencia, sin misericordia. Cruel y despiadado, así como la misma persona que se atrevió a lanzarlo.

Un mortífago esbozó una sonrisa petulante llena de satisfacción a través de su máscara. El asesino desconocido dejó escapar sin temor una risa sombríamente ensordecedora, justo cuando uno de ellos caía al suelo; inerte. En la oscuridad, un grito agudo y lleno de dolor retumbó en las paredes de la legendaria y vieja biblioteca de Mansión Malfoy.

Un año después

Camina con parsimonia, como lo hace cada mes rumbo al cementerio del Valle de Godric.

No piensa en nada, como de costumbre, y evita las preguntas de su acompañante a toda costa. Deja que ella venga para hacerle compañía, porque considera que es la única que entiende un poco su agonía.

Aunque…

¿Qué sabe Pansy Parkinson acerca de su dolor? …nada. Aún no comprende como insiste en querer servirle de compañía cada que se levanta con ánimos para venir de vista. Y evita pensar en que ella sí tiene quien la espere a solo dos cuadras de ese sitio lúgubre y frío, donde el olor a muerte siempre está presente.

La pareja atraviesa la pequeña reja de hierro oxidado y camina unos cuantos pasos más adelante, afortunadamente está ubicada cerca de la entrada. Y ahí, en la primera fila a la izquierda, está la tercera tumba de la derecha… por primera vez después de tantos meses, se da cuenta.

En este lugar, ella ya no es la primera.

Cuando se detienen frente a la lápida de mármol blanco, Pansy saca su varita y con un encantamiento hace aparecer un hermoso adorno de flores. Una corona que, según su mejor amigo, son sus flores favoritas.

Pansy traga saliva mientras observa cómo su amigo cambia de un semblante armonioso a uno abatido y tembloroso.

Draco Malfoy se hinca enterrando sus rodillas en la hojas secas esparcidas por la tierra, y con una mano temblorosa, acaricia la leyenda escrita en letras doradas.

Hermione Jean Granger

1979-199

Amada

Hija, madre y amiga.

Siente las palabras arder a su tacto y su voz se quiebra.

– Hola , Hermione.– Susurra para él mismo. Inclina la cabeza mientras solloza amargamente frente a la tumba de la mujer que fue y sera el amor de su vida.

Parkinson suelta los hombros, no por indiferencia, sino por mera impotencia.

–Draco – La voz de Pansy es cautelosa...- Vamos... levántate.

Cuando percibió que sus palabras flotaron en el aire, se arrodilló junto a él y meditó por unos segundos lo que temía que tendría que decir.

– Escúchame, ¿está bien?

Pansy suspiró pesadamente.–...Harry me dijo que después de la batalla en Hogwarts, ella desapareció. Que él y Weasley creyeron que ustedes habían huido juntos...

Su amigo no se inmutó.

… la buscaron por semanas, no dejó rastro, ni pista de su paradero, la única que sabía lo que estaba ocurriendo, murió ese mismo día y con ella su secreto.

Ella fijó su mirada en la fría lápida y un escalofrío le recorrió el cuerpo. Miró de soslayo como Draco levantó la vista...

–Dime Pans. ¿Cómo jodidos voy a explicarle a mi hija, que su madre fue asesinada por ir a buscar al estúpido doble agente de su padre?

2 de mayo de 1999

Después de que Voldemort asesinara a Harry, ella sabía que estaba perdida. Si su amigo se sacrificaba, todo aquel que fuera hijo de muggles tenía su sentencia firmada.

Y Draco no podría volver con ella.

Tenía que proteger lo más preciado del fruto del amor que él le había dejado. A toda costa. Pero había un detalle: él no lo sabía. No sabía qué ella estaba embarazada.

Un plan B, que ella y su amiga Nimpahdora Thoks crearon como contingencia.

"Si lo ves, solo dile que estaré bien… no le digas a nadie más, y Tonks…por favor, por favor... cuídate, Teddy espera por ti."

No obstante, ese día, Bellatrix Lestrange mató a su sobrina y se llevó el paradero de la castaña consigo.

Andromeda Tonks se levantó la mañana del día cinco de abril del año noventa y nueve con el corazón en un hilo. Un año después de la muerte de su hija Nimphadora junto a su esposo Remus, ella no se había sentido tan ansiosa desde ese fatídico día…

Hermione no había vuelto a su casa y tampoco tenía noticias de ella.

La semana anterior, Andrómeda le suplicó que no fuera en busca del padre de su hija. Ella insistía en que el resto de la Orden vendría a buscarla si algo malo sucedía, tenía la certeza de que su hija había hecho lo correcto y le diría a alguien el paradero de la mejor amiga de Potter. Hacía hincapié en que las malas noticias viajan demasiado rápido.

Pero Hermione haciendo alusión a su carácter de chica Gryffindor, dejó a su pequeña Lyra en brazos de Andrómeda Tonks la mañana del tres de abril del noventa y nueve, para ir en busca del hombre que amaba y traerlo sano y salvo.

Dos días después de la batalla final, Andromeda apareció en el número 12 de la calle Grimmauld Place con una pequeña niña en brazos de apenas tres meses de vida. Sorprendentemente, no se había equivocado y Arthur Weasley fue el testigo que Nymphadora había dejado. Llegó a la casa que tantas veces había visitado en su infancia, para encontrar un escenario completamente desolador.

Al caminar por el pasillo, rostros familiares desfilaron por su campo de visión. Algunos con asombro, otros desilusión, pero todos frunciendo el ceño ante su inesperada presencia. Ella buscó entre los presentes y vislumbró a su sobrino cerca de la chimenea con ambos brazos apoyados sobre esta.

Ese día Draco Malfoy conoció y supo que tenía una hija. Lyra tenía el cabello ondulado y castaño de su madre, pero también había heredado los ojos grises de él, su padre.