[Los personajes pertenecen a Hajime Isayama y su respectiva obra]

Advertencias: ambientado en un Alternative Universe (AU) moderno, posibles spoilers disfrazados, paralelismos, citas y referencias, lenguaje vulgar y contenido sexual [smut].

Home Run pertenece a la colección de historias de Summer Bummer series, esta es una historia corta de cuatro capítulos centrada en Zeke Jaeger y Pieck Finger con sided EreAnnie [insinuación-mención]

Renuncio de cualquiera de los derechos de autor de las marcas e instituciones reales o citas hechas aquí.


I. Primera base

1

Una suave y relajada risa se hacía escapar de sus labios con presente gracia y delicadeza al rozar con éstos la fina orilla de la copa de vino que sostenía entre sus largos y delgados dedos, dejando encantado al hombre de anteojos redondos que, a un costado suyo, le observada con una bien disimulada sonrisa y fascinación con el rostro algo adormecido tras los tragos.

Llegó el momento en que, entre sus delirios, finalmente las miradas de ambos se encontraron y los pesados párpados de Pieck Finger se abrieron en grande de la impresión, así como sus mejillas sintieron un progresivo mayor ardor al del alcoholismo.

Ciertamente ahora se sentía algo insegura del cómo habría estado actuando durante toda la noche, y no le había quedado más que apartar el cristal de sus labios y erguirse un poco más sobre su espalda, pero entonces la incertidumbre cayó sobre el hombre mayor, propiciándole a apartar su atención hacia su copa y a dar otro sorbo de la misma.

— Lo lamento, sé que puede ser algo penoso — soltó Finger, dando un largo suspiro y volviendo a reír con sutileza conforme vacilaba entre el hombre y la botella en la mesa—, no suelo tomar así…

— Oh, no… No — refuta Zeke Jaeger, girándose de vuelta y casi de inmediato hacia la azabache, carraspeando y riendo nerviosamente por lo bajo antes de proseguir—, solo… realmente estoy disfrutando de esto.

Pieck resopló con alivio, mordiendo su labio con mucho cuidado, y volvió a reír entre nerviosa y narcóticamente. Ambos estaban ya algo fuera de sí como para estar del todo conscientes de sus acciones, reacciones o de su manera de comportarse.

Sin embargo, el tranquilo y agradable ambiente lleno de lujo, armoniosa música instrumental, las tenues voces y apenas perceptibles risas de mesa a mesa a sus oídos lo hacia idóneo de todo, menos incómodo.

Aun así, ninguno sabía cómo saltar al siguiente escalón.

2

— He tenido una noche maravillosa, no imaginas cuánto te agradezco por todo.

— No tienes por qué hacerlo, yo encantado — le dice Zeke, apretando su pequeña y suave mano entre la suya conforme su avanzar sobre el asfalto de la acera.

Finalmente la brecha de los pronombres formales habría quedado de lado entre ellos, luego de algunos cuantos años dirigiéndose de esa manera por cuestiones laborales y tras un par de meses vacilando entre su uso o no.

El contacto físico con un poco más de "invasión personal", no propia de la camaradería, podría considerarse ya una realidad, y la confianza estaba de sobra, de no ser porque aún quedaba una pared más por romper para seguir avanzando.

Habrían decidido bajar del taxi apenas en la esquina de la calle sobre la que se podían ubicar los apartamentos donde reside la azabache. Tras un largo viaje, una breve caminata y el considerable fresco viento de la ciudad, ambos sentían haber recuperado ya lo poco que faltaban de sus sentidos.

Situación que de alguna manera les habría conseguido alarmar a cada cual por su lado. Aunado a ello, su proximidad a la entrada del edificio y la poca interacción que compartían ya.

— Así que… ya estamos aquí — anunció Jaeger, inhalando profundo y bailando sobre la punta de sus zapatos conforme su mirada se clavaba sobre la puerta.

Ya no se encontraban más que a un par de metros del pórtico.

— Entonces, ¿vendrás la próxima semana? — le consulta Pieck con algo de indecisión, haciéndole un nuevo recordatorio de su invitación a desayunar.

— ¡Por supuesto! Cómo olvidarlo — responde el mayor, siendo casi tomado por sorpresa, de no ser porque consiguió conectar la información pronto. No quedaba nada más por decir —. Siento que ya es mi momento de retirarme…

Echaba un vistazo a la hora en su muñeca con algo de incertidumbre, procediendo entonces a tomar con cuidado del mentón de Finger entre su mano para alzar su rostro hacia su persona, consiguiendo avivar los nervios de la misma.

No obstante, la ilusión de la azabache se derrumbó en cuanto pudo sentir los labios del mismo rozar apenas su frente, para que acto secundo y casi de inmediato se apartase.

Ni en la adultez uno terminaba de deshacerse de situaciones así.

— Ojalá tengas una linda noche, nos veremos esta semana en la oficina — le sonrió, acariciando una de sus mejillas y volviendo a guardar sus manos en los bolsillos de su saco, esperando a que la joven se despidiese y entrase al complejo para poder retirarse.

Mas no contaba con que la misma fuese a tomar la iniciativa, o siquiera se le habría pasado la idea por la cabeza, hasta que los labios de la misma atraparon los suyos de manera súbita.

La mujer de apenas metro cincuenta y cinco se estiraba, apoyada apenas por el corto tacón de sus zapatillas, jalando de su saco y parándose sobre las puntas de sus pies, al menos hasta que el más alto cedió, inclinándose hacia ella y reduciendo la diferencia de alturas, permitiendo a la misma descansar y finalmente alcanzarle a acariciar por las revestidas mejillas en medio de sus besos.

Cuidadosos y posesivos besos impregnados del fuerte y dulce aroma del vino tinto que habrían compartido durante toda la noche.

La pequeña cintura de Finger siendo rodeada y apresada por el brazo de Zeke Jaeger, atraída hacia su cuerpo y profundizando el contacto entre ambos, algo a lo que su cuerpo comenzaba a acostumbrarse y le llevaba a aferrarse de igual manera ante las celosas caricias que ahora compartían entre la intensidad con la que sus labios se buscaban.

Por lo menos hasta que finalmente se apartaron y se detuvieron a tomar un poco aire, inflando sus pechos con el suficiente aire, todavía difusos entre cobardes cabeceos que parecían querer guiarles a más.

— Buenas noches… — musitó Pieck, no apartándole la vista de encima conforme retrocedía muy de a poco y lentamente contra sus espaldas.

— Buenas noches…


Hallo, Meine Leser! Ya no tengo excusas por las actualizaciones, sólo me queda decir que la universidad y el trabajo me consumen, pero por fin pude escribir algo que medianamente me gustó para publicar, porque aunque no crean, sigo escribiendo muchísimo, pero soy muy desidiosa y perezosa. Lo tenía en borradores desde junio de 2018, originalmente iba a ser Yelena, no Pieck, dado que recién se había dado su aparición, pero pues conforme abarcaba las ideas y los borradores, me terminó convenciendo más ésta versión.

Tengo como dos horas y media haciendo y re-haciéndolo, me tomó mucho poder por fin darle una pulida y no siento que sea lo mejor, pero ya empecé por algo para el bloqueo de escritor que traigo y para mi ya poca habilidad para la narración. Como mencionaba arriba, sólo serán unos cortos cuatro capítulos, eso sí, bastante a lo kinktober. Mi idea era publicarlo junto con todo Summer Bummer durante el verano, pero no hice nada y se llegó el otoño, JAJA. Así que ni modo, pero con la temática del mes se me vino la inspiración.

Just in case:

En la cultura adolescente estadounidense, el béisbol es a menudo utilizado como una metáfora o eufemismo para el grado de intimidad sexual logrado en los encuentros o relaciones íntimas. En la metáfora, que prevalece luego de la Segunda Guerra Mundial, las actividades sexuales se describen como si fueran acciones en un partido de béisbol.

Aunque los detalles varían y lo harán durante el escrito, según las definiciones generalmente aceptadas, esta primera base se refiere a: beso en la boca, de preferencia abierta y con lengua.

Les dejo este para nada sexual capítulo introductorio. Ojalá lo disfruten y me cuenten qué tal les pareció, ¡nos leemos!