La base militar aérea Innersloth en sí misma, era una pequeña isla operacional que ocupaba parte del territorio delimitado con la frontera de la ciudad. A diferencia de un aeropuerto civil, se dedicaban a probar material estratégico y maniobrar aeronaves para un fin: estar preparados ante una potencial guerra. Aunque en la actualidad esto era improbable, toda preocupación era poca cuando de esa organización se trataba.

Dorian admitía que la inquietud en su interior se había transformado en la más pura emoción. Es decir, ¡estaba por conocer una base aérea! y su padre creía que armar tantos aviones de papel de niño no iba a servirle para nada. Claro que ni por los pelos se comparaba con verlos en vivo. Al chico no le quedó más de otra que asentir cuándo mencionaban su identificación en cada caseta de seguridad que atravesaron; y seguir a quiénes lo habían escoltado desde su domicilio sin tener idea hacia donde se dirigían. Supuso que por los autos blindados estacionados fuera de uno de los recintos, que rezaba en un letrero ser de conferencias, llegaba de último a la fiesta.

En efecto tuvo razón. Varios desconocidos charlaban ya de manera amistosa entre ellos; y cada par de ojos en esa habitación, se volvieron para mirarlo. ''Ahora soy el bicho raro que llega tarde, estupendo'' —. Pensó Dorian incómodo, sin embargo, no lo demostró y solo ocupó el asiento que estuvo más cerca. —''Rayos, no tengo la culpa que el conductor sea un adicto a los cigarrillos y en cada momento que hubo oportunidad se detuvo a fumar'' —. Se sentía fuera de lugar, quizá hubiese socializado de no ser porque ahora consideraba la idea de estar dentro de un salón de clases; donde todos pertenecían o buscaban hacerlo dentro de algún sequito.

Fue entonces que Dorian reparó en el hecho de no haber sido el último en llegar, otro chico se unió poco después. Lucía bastante parco; quizá le importara su impuntualidad en lo más mínimo. Pronto se daría cuenta que sus conjeturas eran un tanto apresuradas. Tras un escueto saludo a todos, el muchacho se sentó a su lado.

—¿Llegué tarde verdad? —. Le preguntó este en susurros. Dorian pensó que podría haber sido del tipo de persona que no se tomaría la molestia de dirigirle la palabra. Como si los impuntuales tuvieran jerarquías y Dorian fuese el príncipe de Gales. Fue una buena cosa que aquel chico sin saberlo, cambiara su apreciación.

—Un poco, yo también así que —. Le respondió encogiéndose de hombros. —Estamos a mano, me llamo Dorian —. Se presentó.

—Corey —. Respondió el pelinegro con una sonrisa.

—¡Hey tú! ¡El marica de cabello rosa! —. Gritó alguien, Dorian respiró hondo e hiso caso omiso al escuchar aquel despectivo comentario. Su indiferencia fue un gran: ''Me sabe a mierda tu opinión, gran imbécil''

Para su suerte, la situación no pasó a mayores. En cuestión de minutos la sala se sumió en un total silencio que rayaba lo sepulcral con la entrada de tres hombres; uno más alto que los otros dos y de contextura casi sacada de alguna revista de fisicoculturismo, se situó en el podio para darles la bienvenida. Dorian imitó el comportamiento de los demás lo más firme que pudo mientras escuchaba el discurso del hombre.

—Bienvenidos sean todos. Mi nombre es Joseph Thompson, para ustedes señor. Soy quién dirige esta organización. Les explicaré lo que deberán hacer una vez aborden la nave así que presten mucha atención—. La iluminación se atenuó y el hombre comenzó a explicar las diferentes tareas que podrían ser asignadas a medida que la presentación de fondo cambiaba.

» Sus tareas ayudarán al mantenimiento de la nave, por lo cual cada uno debe cumplirlas a cabalidad. La lista de estas y el mapa, serán digitalizados en estos brazaletes—. Uno de los que acompañaban a Joseph, colocó un maletín en la mesa, dentro aguardaban diez relojes para ser escogidos por cada uno de los tripulantes. El presidente continuó.

» Diríjanse a esa habitación para escoger sus respectivos trajes espaciales, serán trasladados dentro de veinte minutos. Mucha suerte a todos—. Informó finalmente el hombre antes de que las luces se encendieran.

Dorian se acercó al maletín, apreciando como cada uno llevaba su respectivo nombre grabado. Era un poco más grande que un reloj común sin embargo, no dejaba de tener un diseño bastante elegante y tecnológico. Notó que Corey estaba a su lado, el hombre tomó el suyo con una total seguridad que le pareció atractiva, intentó actuar igual; pero solo ganó que fuera este quién atajara su reloj en el aire cuando casi se le cae.

—¡No te burles! —. Le retó avergonzado en susurros Dorian.

—No lo hago —. Corey le dedicó una sonrisa ladina y le pidió que lo siguiera. Dorian lo hizo, ofuscado por haber querido impresionarlo sin razón lógica aparente.

Ambos se dirigieron al cuartel donde procederían a desinfectarse y escoger el traje. A decir verdad, no tenía expectativas más allá de uniformes muy parecidos a los de los miembros de Innersloth. Pero se llevó una colorida sorpresa; no supo si les estaban tomando el pelo pero no daba crédito a quienes seleccionaron los más excéntricos tonos con una gran sonrisa en la cara. Corey por su parte había sido más rápido en tomar el color negro y cuando Dorian estaba dispuesto a llevarse el celeste ya que era su color favorito, el chico de antes creyó que era el momento ideal para llamar la atención de una forma muy rastrera.

—¿Qué pasa no sabes que tono iría mejor con tu cabello? —. Se burló quién portaba el traje de color rojo, para ser sincero, Dorian ni siquiera quería saber su nombre. Pero no se estaba dejando amedrentar por nadie tampoco.

—Tienes razón, supongo que para ti fue más sencillo —. Respondió con un tono igual de burlón. Tomó el traje rosado aposta para obtener la reacción que buscaba. —¿Este me quedaría muy bien cierto? ¿Qué opinas? ¿Debería poner un salvavidas de flamenco en mi cabeza para que combine, o estaría bien una máscara de cuervo para que seamos pareja?

El rojo explotó en rabia y se fue directo a la sala de desinfección. Dorian pudo jurar que lo maldijo mil y un veces en silencio. Estaba satisfecho con eso, aunque sabía podría ser contraproducente debido a que estarían trabajando juntos. No le sorprendería si quisiera hacerle la vida de cuadritos; con esa resolución su ansiedad incrementó y solo pudo suspirar entretanto se apretaba el puente de la nariz. Sin ser consciente que el peso de aquel pensamiento, cobraría sentido más adelante.

Corey, quién vio el intercambio de palabras muy de cerca, consideró que Dorian había jugado unas cartas muy interesantes. Conocía a Max y el hombre era un matón por naturaleza, su palabra debía ser la última lo quisieran o no. Por lo que no le resultaría raro que aquellos comentarios insolentes siguieran apuntando a Dorian. Admiraba su valentía, ¿Pero cuánto estaba dispuesto a soportar? Por alguna razón que definió como diversión momentánea, se dijo a sí mismo que debía seguirlo para averiguarlo.

—Pues a mí me gusta tu cabello—. Comentó Corey, Obteniendo la atención del chico. Dorian le sonrió en condescendencia ya que apreció sentirse apoyado por alguien en ese lugar. —Además no sé tú, pero a mí me parece que quiere tener la marca que usas, solo que es un imbécil sin tacto —. Esta vez fue el turno de ambos para reírse, eludiendo las miradas furtivas de los demás que acompañaban al rojo.

—Sin problemas se lo hubiera dicho pero ya vez como han resultado las cosas—. El pelirosa rió. —Supongo que será un dolor en el culo todo el rato—. Suspiró. —Y yo que pensaba que esto podría ser interesante y educativo.

Corey no respondió a eso, por lo que el tema dejó de tener importancia cuando fueron llamados. Dorian entró primero, la habitación simulaba ser una de pánico como en la película del mismo nombre, con la diferencia que esta era automatizada. La voz mecánica le indicó que alzara los brazos y vapor proveniente de unos ductos de ventilación, sacudieron su cuerpo con fuerza. Tuvo que apañárselas para no caer al ejercer demasiada presión en la planta de sus pies. Luego de eso estuvo listo para salir y vestirse.

Sin embargo, había un problema: ¿Cómo carajo se supone que se coloca un maldito traje espacial? El pelirosa en verdad parecía pez fuera del agua, es decir, todos ya estaban preparados y él solo sufría por no tener un manual de instrucciones. Por más que disimuló el rojo lo notó y comenzó otra ronda de acoso. Sin embargo, cuando el arrepentimiento parecía ser una buena idea, Corey salió de la habitación de desinfección con una cara de pocos amigos, que cambió al ver la expresión derrotada de Dorian.

—¿Dorian necesitas ayuda? —. Le preguntó, el mencionado no captó ningún dejo de sarcasmo en aquella pregunta, por lo que asintió a regañadientes. —Bien fíjate, lo abres aquí para meter tus pies y presionas esto —. Al final Corey accionó un botón que en automático ajustaría el material a su cuerpo. Como toque final fue colocarse el casco, que también le ayudó el moreno. —Listo.

—Muchas gracias Corey, seguro debí parecer estúpido—. Se rió. Corey con una agilidad inhumana estuvo listo en cosa minutos; dejando a Dorian boquiabierto pues, no es como si le hubiesen entregado un tutorial de cómo hacerlo. El hilo de sus pensamientos se rompió cuando se dirigió a él.

—No creo que debas decir eso, el no saber algo y buscar una solución no te hace menos—. Respondió. —Y quién te haga sentir así, es porque no está del todo seguro de sí mismo—. Esas palabras no iban dirigidas a Dorian, sino a Max, quién observó de reojo a Corey con una mirada asesina. Pero Dorian no presenció la disputa silenciosa de los hombres ya que estaba demasiado ocupado en serenar su cabeza y el sentimiento extraño que generaron dichas palabras en su interior.

''¿Quién es este Corey y porqué me estoy replanteando mi sexualidad ahora?'' —. Pensó Dorian con aprehensión. Tampoco es como si las únicas dos novias que tuvo en toda su corta trayectoria de vida fueran la mejor respuesta a su duda repentina. Una lo había forzado en la primaria porque según ella Dorian debía ser su pareja, pero él nunca le devolvió algún saludo y esta solo comenzó rumores sin fundamentos con los otros niños para llamar la atención. La segunda fue en secundaria, pero no recordaba haber sido abnegado, de hecho, fue más por la presión social de sus compañeros al enterarse que la chica le había confesado sus sentimientos. Su relación duró un par de semanas a lo sumo. Así que en pocas palabras, de su sexualidad y el amor en general, no sabía mucho por cuenta propia.

Pronto resolvió que debía estar malinterpretando las cosas. Corey era la única persona que le había hablado, eso no significaba que fuera de forma afectiva ni mucho menos romántica sin embargo. Ni siquiera se conocían del todo como para llegar a esa conclusión; aunque Dorian se estaría mintiendo si negaba no haberse emocionado un poco al ser defendido por alguien que según él, era atractivo. Suspiró y dejó de darle vueltas al asunto, no quería proveer más motivos al rojo para que lo hostigara y mucho menos si podría estar Corey de por medio. Pero Dorian no pudo desembarazarse de aquellos pensamientos por más que se obligara.

''La roca'' Thompson (Porque así había bautizado Dorian al presidente en su mente ya que su propio nombre desencajaba con su figura) hizo acto de presencia de nuevo frente a los tripulantes. El hombre sirvió de guía hasta el mecanismo que los trasportaría a la nave. A decir verdad fue ahí cuando se dio cuenta cuan evolucionado estaba el mundo; la robótica y la ciencia estaban en su apogeo por lo que cosas como esas no dejaban de impactar a Dorian. Menos cuando no sabía de otra cosa que no fuese buscar dinero para mantener la salud de su padre y no del hombre pisando la luna por primera vez en la historia.

—Esté es el trasportador de la nave nodriza The Skeld, en este momento cada uno tiene asignada su lista de tareas, pueden hacer reuniones de emergencia si notan alguna irregularidad sin embargo, tienen que ser solo para eso. ¿Estamos claros? —. Determinó el hombre.

—¡Señor, si señor! —. Respondieron todos al unísono.

Uno a uno fueron adentrándose en el portal; Dorian estaba muerto de miedo y se quedó rezagado para infundirse fortaleza. Pero el mantra no le estaba funcionando del todo. La reticencia sumado al pavor de quedar con la mitad de su cuerpo en un multiverso paralelo, no le gustaba en lo más mínimo. Además, la expresión de: ''¿Qué mierda estás esperando niño?'' de la roca, tampoco era de ayuda.

Corey mantenía una expresión serena mientras aguardaba el momento ideal para ayudar a Dorian con su debate mental. Cuestión que le seguía sorprendiendo a decir verdad; pues prefería estar solo antes que intentar ajustarse a alguien. Pero no conforme con eso, se había sentado junto al pelirosa por inercia al llegar. Sabía leer a las personas y fue sencillo ver que las intenciones de la mayoría en participar, siempre eran las mismas: obtener fama y prestigio. Dorian era diferente y ello lo movía a saber la verdadera razón de que estuviese ahí.

—No pasará nada, confía en mí—. Dijo el de negro con seguridad, ofreciéndole la mano al rosado.

—¿Cómo puedes estar tan seguro de lo que dices? Disculpa Corey, por querer tener mi cuerpo en una sola pieza—. Farfulló Dorian con desconfianza. Si bien las palabras de este lograron provocar un poco de la seguridad que carecía en esos momentos, su temor era más fuerte.

—Vamos juntos si eso te hace sentir más seguro, no nos queda mucho tiempo, Además esperan por nosotros para comenzar —. Resolvió Corey, observando de reojo la expresión amenazante del presidente Thompson. Dorian asintió tras armarse de valor, sujetó la mano del hombre y cerró los ojos con toda la fuerza que reunió.

—Escúchame; si no cruzo completo será tu responsabilidad, tendrás que decirle a mí… —Sus palabras murieron en su garganta cuando sintió como toda su existencia era absorbida con fuerza. Lo que para Dorian parecieron largas horas de incertidumbre, fueron tan solo segundos.

—Abre los ojos ya estamos aquí —. Informó Corey. Pero el pelirosa no estaba seguro de siquiera poder mantenerse en pie por más tiempo. Cayó de rodillas, emocionado por sentirlas y poco a poco se cercioró que en efecto su cerebro respondía a todas las partes de su cuerpo.

''Estoy completo, gracias al cielo''—. Pensó. Al abrir los ojos, se sorprendió de como Corey estaba de pie frente a él como si nada, cuando la mayoría también sufría en sus propias carnes las consecuencias de teletransportarse. ¿Era de piedra acaso?

Notó una vez pudo levantarse, que estaban dentro de una habitación con asientos de seguridad y un panel con una computadora a un costado. El portón que supuso era la entrada a la nave estaba cerrado, por lo que según la única lógica que discernía, la forma de abrirlo debía estar en el aparato. Corey estuvo en ello antes de decir cualquier cosa, el pelinegro tecleó un par de veces hasta encontrar lo que necesitaban.

—Supongo que es aquí, donde dice start —. Le dijo a Dorian quién se acercó con curiosidad.

—Eso creo, todos los juegos comienzan así ¿no? —. Concordó y tras clickear el botón, un estrepitoso sonido les alertó; la compuerta iba a abrirse. Por lo que todos se reunieron muy cerca para mirar como poco a poco fue descubriéndose la sala principal de la nave The Skeld.

Era un espacio enorme: mesas redondas ubicadas en las esquinas, que eran de menor tamaño en comparación con la que portaba aquel botón de emergencia el cual la roca había mencionado antes, era el único mobiliario de la nave. Algunos, por no decir la mayoría de los tripulantes comenzaron a tocar el material que poseían con gran admiración. Dorian solo observaba anonadado la infraestructura interna desde su sitio.

—Tripulantes, reúnanse —. Demandó el rojo con autoridad. Al parecer ya tenían un líder proclamado en una democracia fantasma. —Ya saben lo que tienen que hacer, cualquier cosa en la que necesitéis ayuda no duden en preguntarle a uno de sus compañeros, ¡empecemos esto! —. A Dorian le dio la impresión que el rojo no se estaba incluyendo, más no le prestó demasiada atención.

Todos se separaron, algunos en pequeños grupos hasta que tanto Corey, como Dorian, se quedaron solos. El segundo presionó un botón en su brazalete, mismo que proyectó con gráficos asombrosos a una distancia prudencial de su rostro, el mapa de la nave. Funcionaba por GPS con lo cual el punto rosado era su posición actual y los amarillos, a los que debía ir para hacer sus tareas.

—Tengo que arreglar un cableado en el almacén ¿Tú? —. Le preguntó a Corey en tanto ajustaba su cinturón con herramientas.

—También debo ir allí, te sigo —. El moreno le abrió el camino con la mano y Dorian se rió con el gesto teatral antes de comenzar a caminar por el pasillo central. El almacén quedaba casi al final.

—Gracias, por lo de antes —. Se animó Dorian a romper el silencio finalmente. —Estaba muy nervioso y por eso dudé, en realidad comencé a hacerlo desde que llegué ¿sabes? No sabía si había tomado la decisión correcta. Así que gracias otra vez por sentarte y hablar conmigo.

Corey estaba un poco descolocado, si bien Dorian no era la única persona que alababa sus dotes de oratoria, era la primera a la que Corey prestaba atención. Al menos el chico confirmaba una de sus teorías sobre que participar en Among US no fue una opción premeditada. También sabía que debía alejarse cuanto antes. Cuando llegaron al área de almacén, Corey se dio cuenta que no le había respondido a Dorian por haber estado ensimismado en sus pensamientos; pero no fue necesario decir nada tampoco ya que se habían centrado en localizar el tablero.

—Entonces, ¿Siempre eres así de callado y serio? —. Preguntó Dorian, más por sacar un tema de conversación que otra cosa, aunque se dio cuenta cuan subjetiva era su pregunta y los colores se le subieron al rostro.

''Genial, ahora seguro va a pensar que estoy flirteando, bueno un poco sí, pero joder es un desperdicio no hacerlo si puedo ver alguna otra reacción que no sea lejana'' —. Pensó el pelirosa con consternación.

—No siempre, contigo me he reído más en dos horas que en varios años —. Barbulló con una sonrisa ladina que hizo desear a Dorian que la tierra se lo tragara y lo escupiera en Marte. Terminaron de sacar la tapa y Dorian se enfocó en su tarea porque no quería seguir imaginándose el rostro del hombre. Varios cables estaban rotos y cada uno tenía un código de color en específico, en poco tiempo descubrió la forma de unirlos y se avocó a ellos.

—¿Por qué estás aquí Dorian? —. Le preguntó Corey, el muchacho ni se inmutó de su tarea y le respondió a medida que seguía en lo suyo.

—Por mi padre, hace un año y medio sufrió un accidente y no puede seguir trabajando —. Comenzó, buscando la cinta aislante para unir los cables. —Las facturas de hospital son caras, ya sabes, necesitaba el dinero. Antes de mandar mi solicitud perdí uno de mis trabajos de medio tiempo, por lo que digamos fue una medida desesperada. No tenía mucha fe de que resultaría seleccionado pero aquí estoy —. Finalizó su historia, dejando a Corey pensando en lo que se sentía tener una familia.

—¿Y tu madre? ¿Ella sabe que estás aquí? —. Siguió Corey. Hasta ahora solo había escuchado sobre su padre y por el gesto tenso en el cuerpo del rosado, supo que era un tema delicado. No obstante, le sorprendió la entereza de su tono de voz al responder.

—No sé dónde está —. Se encogió de hombros negando. —Nos dejó a mi padre y a mí por un viaje de negocios pero hasta ahora no he sabido nada de ella —. Dorian suspiró con algo de pesar. Tenía edad suficiente como para investigar por su cuenta el paradero de su madre, quizá había un poco de rencor oculto en lo más profundo de su corazón por haberlo dejado solo. Pero también tenía miedo, mucho, por siquiera sostener las terribles respuestas que alguien pudiese darle al respecto. Prefería apreciar la felicidad que le dejaba la ignorancia por el momento.

» Pero hemos hablado mucho de mí, ¿Tus padres saben que estás en el espacio ahora mismo? —. Se rió ligeramente por lo inverosímil que sonaba esa pregunta, pero se quedó en silencio antes el raro ambiente que se formó entre ellos.

—Están muertos, ambos —. Habló el moreno con languidez —Fue en un accidente, eso me dijeron cuando desperté —. Corey no dijo más nada porque no hacía falta.

—Rayos, lo siento mucho —. Expresó Dorian afligido.

—No te disculpes, yo pregunté primero —. Animó al chico tocando su casco como si de acariciar a un cachorrito se tratara. —Ya que hemos terminado aquí, el siguiente ¿Dónde está? —. Preguntó para cambiar de tema, Dorian entendió y se dispuso a buscar en el mapa de su reloj.

—Navegación —. Informó y señaló el pasillo contiguo —Es por allí subiendo —. Indicó y echaron a andar en aquella dirección. Dorian veía la espalda de Corey al caminar, el hombre le sacaba casi una cabeza o dos de altura, se preguntaba cuan solo se habría sentido desde la partida de sus padres. Se prometió que cuando terminara el juego, lo buscaría y le invitaría un café. Aún sin siquiera saber que para llegar a eso, debían pasar muchas cosas que no resultarían tan agradables y que incluían a su nuevo amor platónico.