Corey salió de la enfermería un poco con los nervios a flor de piel. Estaba consciente de lo que había hecho y lo que traería como consecuencia; no era como si se estuviese arrepintiendo y eso no auguraba ser una buena cosa. Alguien debió haberle dicho lo imprudente que era darle la espalda a su compañero de forma tan descarada; sin embargo, como aquel dicho popular decía: una por una no es trampa y en ese juego, valía más cuidarse la espalda por cuenta propia.
En lo que a Dorian respectaba, Corey estaba un poco fuera de su elemento. Es decir, aquella reacción instintiva con el propósito de salvarle la vida fue increíble. Dorian sin notarlo despertaba en él ese sentimiento protector que muchas veces observó en su madre ante la mínima cosa que pudiese hacerle daño. El hombre comenzó a caminar en círculos frente a la puerta de la enfermería cual loco que buscaba la manera de hacer un bache en el suelo; sosteniendo la idea que Max tenía mucha razón en cuanto a gustarle el pelirosa. Si bien ya había pensado que le atraía su forma de ser en el tiempo que llevaban charlando, constatar que el chico ni siquiera preguntó el motivo de su acción le hacía perder la cabeza.
''¿Cómo puede confiar en mí tras haberlo sacado de aquí sin darle una explicación?'' —. Se preguntaba Corey. Quién desde la muerte de sus padres le había costado confiar de nuevo en las personas. Estuvo molesto con el mundo por un largo periodo de tiempo; así que encontrarse con alguien carente de suspicacia, era como un choque de realidades a través de varios espectros en su naturaleza los cuales creía había olvidado. Si miraba en retrospectiva, su vida amorosa no fue más que tener el papel del chico que era admirado desde lejos y del cual hablar suponía ser muy audaz. Solo bastaba conocerlo un poco para notar su problema con las relaciones humanas en general.
No es que fuese cruel, quizá un poco, pero que las verdades dichas de frente sonaran desalmadas era ineludible. Razón por la cual sus citas duraban poco; la mayoría de las veces fue incapaz de establecer una conexión emocional con alguien como para avanzar. Corey había llegado al punto de inflexión en las relaciones románticas donde estaba cansado de ver la misma expresión incómoda por no ajustarse a las necesidades de la otra persona.
''Hasta Dorian'' —. Pensó con un lánguido suspiro. —''Ese chico puede convertirse en mi ruina si pierdo el enfoque dentro de este maldito juego'' —. Y dado el estado en que había dejado a Max, aquel pensamiento era más un hecho que una probabilidad.
—¿Qué demonios ha sido eso Corey? —. El mencionado saltó sobre su sitio por el segundo que le tomó recordar que estaba siendo monitoreado. La voz de Joseph desde el auricular proveniente del interior del casco lo arrancó de sus pensamientos.
—Es mi manera de jugar —. Respondió Corey. Haciendo un amago de encogerse de hombros. Su voz salió un poco más rígida de lo normal; temiendo porque de pronto el hombre tuviese la capacidad de leer su reacción y descubriera su lío mental entorno a Dorian.
—¿Dejando atrás a tu compañero? ¿Enserio? Espero que eso no te saque de la nave muy pronto —. Retó el hombre antes que un sonido vacío indicara que la comunicación se había cortado. Corey apretó los puños hasta que dejó de fluir sangre por estos; estaba cabreado.
Max no salió pronto, hecho que tenía bastante sentido tomando en cuenta la paliza que le propició. Como había dicho, el no tener ninguna clase de arrepentimiento era un inconveniente para el papel que tenía dentro del juego; una cosa era que pensar que Max necesitara una lección por ser tan vanidoso a empezar una disputa siendo su compañero impostor. En pocas palabras, Corey había activado una bomba de tiempo que se convertiría en su propio obstáculo durante lo que quedaba de partida.
''Esto no puede ir mejor'' —. Espetó molesto consigo mismo. Sí, cometió un error. Así que era momento de comenzar a jugar enserio.
Dorian estaba sentado en una de las mesas redondas de la cafetería, había revisado varias veces su reloj y aún quedaban muchas tareas en su lista por hacer. Suspiró con cierto pesar pues no salía de su cabeza la extraña reacción de Corey, tampoco el repelús que sintió cuando las luces se apagaron ¿Qué tan mal estaba esa nave como para que sucediera tal cosa? Se preguntaba mientras entrelazaba sus manos para pedir encarecidamente a las fuerzas del universo que por favor nada malo sucediera.
Tenía la ferviente necesidad por ir a buscar a Corey ya que si algo no podía negar era sentirse seguro a su lado; también por revisar que los demás tripulantes estuviesen haciendo bien sus tareas, sería el colmo si de pronto perdieran el rumbo por haber subestimado tal responsabilidad y terminaran entrando a un agujero de gusano para vagar por toda la eternidad. La sola idea le angustiaba, había visto las películas suficientes como para saber que todo terminaría mal e imaginar que no vería a su padre era inconcebible. Con esa resolución se levantó de la mesa; su pulso alterado y su respiración demasiado agitada. Sin embargo ignoró el malestar y haciendo acopio de cada gramo de su fuerza, fue en la dirección donde había dejado a Corey.
El de negro iba saliendo en ese momento del pasillo, bastó ver los movimientos débiles del rosado para crisparse ante la idea de haber resultado lastimado de alguna forma por Max. Fue a su encuentro con pasos largos y sujetando sus hombros logró sentarlo en el banquillo para cerciorarse por sí mismo que su uniforme no portara manchas de sangre por algún lado. Al notar su respiración agitada o mejor dicho la falta de esta, Corey accionó el botón que abría el casco.
—Estoy aquí Dorian, respira conmigo —. Instruyó mientras tomaba entre sus manos el rostro del pelirosa. —El aire es seguro, mira —. Corey se quitó el suyo y tras pegar su frente con la de Dorian respiró hondo.
El rosado se aferraba al traje de Corey como si la vida se le fuera en ello, hacía tiempo que no sufría un ataque de pánico. Por lo que en verdad apreciaba la ayuda que estaba recibiendo por parte del moreno. Siguió su respiración acompasada hasta que la suya fue regulándose poco a poco; dejándolo débil y mareado.
—Gracias Corey, si no hubieses llegado yo… —. Susurró Dorian algo tembloroso. Ni siquiera había notado que el rostro de Corey estaba muy cerca, demasiado.
—No importa, no pienses en eso. Nada va a pasarte —. Afirmó el de negro, depositando toda su atención en el maravilloso color amatista de los ojos de Dorian y maldiciendo en su interior el factor guantes que no dejaron tocar su piel. —Lo prometo—. Y con aquella simple frase, había firmado una sentencia a su propio pellejo si no cumplía con su palabra. No supo si fue por lo bien que se sintió que Dorian se apoyara en él o lo frágil que parecía, pero Corey estaba determinado a protegerlo y no había punto de retorno.
Al cabo de un rato en el cual estaban ensimismados el uno con el otro, decidieron separarse en silencio. Las orejas del pelirosa se calentaron exponiendo su vergüenza; Corey no se encontraba de una forma muy diferente. La promesa era en lo menos que Dorian estaba pensando, es decir, el tono de su voz era lo suficientemente extraño como para preguntar a qué se refería: si ayudarlo con otro ataque de pánico o a no morir electrocutado realizando alguna tarea. Cual sea fuera el caso, Dorian creía que la forma de sus labios era un tanto más interesante a sus dudas recientes. Más temprano que tarde, aquella normalidad que los mantenía embelesados se resquebraría. Porque nadie preparó a los tripulantes para despedirse de su propia seguridad a bordo de The Skeld.
El de amarillo se disponía a realizar una de sus tareas, en compañía del verde iban hablando de lo impresionante que era participar en Among US y otras cuantas cosas mientras caminaban hacia el cuarto de electricidad. Pasaron un rato largo ya que la puerta estaba cerrada y no hallaban la forma de como abrirla; hasta que cierto sonido atrajo la atención del amarillo. Desde un pequeño tablero ubicado en el marco de la puerta, parpadeaba una luz roja.
—¿Quizá la puerta se dañó? —. Propuso el verde mientras observaba por encima del hombro de su compañero, una cantidad de interruptores dados de baja. —¿Qué podemos hacer para abrirla? Espera, espera ¿Qué demonios vas a hacer? —. Preguntó con seriedad.
—Supongo que pasar los interruptores ¿Quizá así la puerta nos dé la bienvenida a Narnia? Yo que sé—. Respondió un poco acojonado a decir verdad. Entonces procedió a pasar el primero, ambos enseguida vieron para todos lados con miedo de haber jodido la nave. Pero en vista que nada explotó o cayó del techo, continuaron hasta que el último dio luz verde.
—Casi me meo encima de los nervios tío—. Comentó el de verde, burlándose de sí mismo. No hubiese sabido cómo reaccionar si de pronto medio techo volara hacia el infinito y más allá por su imprudencia. Tampoco supo hacerlo cuando se percató del motivo por el cual empezó a gritar el amarillo.
El de amarillo había perdido todo el color del rostro ante la mórbida escena que se les presentó. Recordaba cómo horas antes el azul había pedido su ayuda en alguna tarea que su cerebro ignoró igual que su petición. Y ahora, yacía inerte sobre un charco de sangre. Se acercó enseguida y comenzó a gritar por ayuda; las piernas del verde se movieron poco de pues que su cerebro terminó de registrar lo que estaba sucediendo: Habían asesinado a alguien.
—¡Maldición! ¡¿Está muerto?! —. Gritó angustiado el verde, con las manos en la cabeza y caminando de un lado a otro.
—¡Busca ayuda! ¡No te quedes ahí parado imbécil! —. Le reclamó el amarillo en respuesta mientras sostenía el cuerpo del hombre. Una escena que rayaba lo satírico que podía ser la muerte y la importancia que generaba sobre la vida una vez que ya no se tenía. Como llorar frente a una tumba de un extraño solo porque la situación lo ameritaba. El amarillo sabía que el de azul estaba muerto ¿Pero qué podían hacer en medio de la nada?
El verde reaccionó y salió corriendo lo más rápido que sus piernas pudieron por las áreas cercanas, pero no había nadie cerca. Decidió que sería conveniente dar una alerta de emergencia dadas las fatídicas circunstancias; el presidente de Innersloth tenía que saber lo que sucedido. En el camino se topó con el rosado y el negro, quiénes se miraron entre sí extrañados. El hombre sin dudar abrió la caja de acrílico que protegía al botón y presionó con fuerza.
—¡Necesitamos reportar esto! —Le gritó a Dorian y a Corey. Todas las bocinas de la nave comenzaron a trasmitir por medio de una voz mecánica que cada tripulante debía detener lo que estaba haciendo para dirigirse con carácter de urgencia a la sala principal de la nave. Dorian no entendía nada, quiso preguntarle al hombre pero este ya había salido disparado por donde había venido. Aun no lo sabía, pero el de verde fue en busca de su compañero para cerciorarse que seguía vivo y en el mismo sitio. Amarillo gritó del susto al ver al chico aparecer tan agitado cual maratonista. Se levantó dejando el cadáver atrás de quién ni supo su nombre, para salir corriendo hacia la sala donde ya estaban reunidos. Todo el mundo se sorprendió al ver su traje lleno de pinceladas escarlatas.
—¡Un cadáver! ¡Hemos encontrado un cadáver! —. Anunció el de amarillo, con todo el miedo desbordándose en sus palabras —¡Asesinaron al Azul! —Bramó.
Las exclamaciones y expresiones de horror no se hicieron esperar. Quedaba bastante claro que las manchas en el traje del amarillo no eran otra cosa más que sangre; razón por la cual el pánico se dispersó en aquella sala como pólvora. Pálidos y angustiados por tal suceso, comenzaron una tertulia de angustia y desasosiego.
—¡¿Qué haremos ahora?! —. Exclamó Danna, la chica con el traje color violeta. Estaba tan nerviosa que su voz salió entrecortada. —¡¿Quién demonios fue el responsable?! — Aquella pregunta cayó sobre todos como un balde de agua fría. Casi por reflejo, todos dirigieron sus miradas al amarillo; este no los culpaba, lucía demasiado sospechoso sin embargo, el gran detalle era que él no había asesinado a nadie.
—¡¿Por qué todos me ven así?! ¡Estaba con él! —Espetó molesto mientras señalaba al de verde.
—¡Es verdad! nosotros íbamos a electricidad y nos topamos con la puerta cerrada. No teníamos la más mínima idea de cómo abrirla así que tomó algo de tiempo encontrar los interruptores. No había nadie además parecía que el cuerpo llevaba tiempo ahí— Explicó el hombre haciendo amagos con sus manos a medida que hablaba. Los tripulantes si bien no terminaban de aceptar la situación que amenazaba sus vidas con una explicación tan vaga, muchos pensaron que tenía sentido dado que algunos se habían quedado encerrados en habitaciones, como Dorian.
—Nosotros estábamos en la enfermería y también se ha cerrado la puerta, además ¿Qué con la luz? ¿Notaron que se fue por unos momentos y luego regresó? —. Habló Dorian, todos asintieron. Algunos como la de naranja, procedieron a sentarse dado a que era demasiada información para sobrellevar.
—Esto lo tenemos que informar —. Determinó ella mientras se levantaba. —No podemos pasarlo por alto.
—¿Cómo se supone que haremos tal cosa? No he visto nada que nos comunique con Innersloth todavía, además la única voz que se ha escuchado es la de advertencia —. Intervino Corey, señalando lo que creyó conveniente; dirigiendo de forma fugaz su mirada hacia Max. La postura del hombre era tensa igual que los demás, aunque debajo de todo ese aspecto empático se podría notar que estaba relajado. El de negro no estaba preocupado por los demás por ahora, sino de su compañero. Se estaba preparando para darle vuelta a sus posibles señalamientos por venganza.
—¡Con un demonio! Tiene que haber algo, ¡estamos aquí para ganar una maldita copa, no para que alguno de ustedes psicópatas, nos asesine! —. Acusó el amarillo señalando a todos los presentes, lo que trajo como consecuencia el malestar colectivo. Max en ese instante palmeó la mesa con fuerza, provocando que el silencio cayera sobre la sala.
—¿Acaso te estás escuchando imbécil? Vienes aquí a reportar un cadáver el cual solo tú y este, —. Espetó señalando al verde —Han encontrado ¿Pero nos llamas asesinos a nosotros? Disculpa pero no veo a nadie más con su uniforme teñido con la sangre de nadie aquí —. Se quejó con indignación. Max era líder por naturaleza, su seguridad al hablar solo causó que la desconfianza se sembrara en las mentes de todos. Lo que era su objetivo desde un principio, más que hacer cualquier movimiento en contra de Corey; quedaban todavía demasiados tripulantes.
—Esperen, esperen, vamos a calmarnos —. Expresó Dorian, interrumpiendo el monólogo del rojo. —Estamos demasiado alterados como para emitir juicios a diestra y siniestra. Es verdad que el amarillo luce demasiado sospechoso, pero ni siquiera tenemos pruebas que lo demuestren. Mucho menos tomando en cuenta el testimonio del verde —. Y mentira no era, en eso la mayoría también estuvo de acuerdo sin embargo, el miedo por sus vidas era mayor y no daba cabida a la racionalidad por los momentos.
—¿Entonces propones algo mejor niñito oxigenado? —. Preguntó Max con un tono de voz que a Dorian no le gustó para nada. Corey intervino antes que Dorian respondiera a aquel comentario despectivo.
—Expulsar al impostor de la nave—. Planteó Corey con seriedad —Eso lo descalificaría del juego automáticamente, es lo más lógico que se me ocurre. Además por lo que he notado, en el área de navegación hay otra cámara como esa —. El de negro señaló el aparato que los apuntaba desde varios ángulos de la cafetería. —Podríamos ver las cintas para obtener pruebas más específicas ¿no? —. Todos volvieron su vista hacia esa dirección y asintieron un poco más calmados. A diferencia de Max, Corey no era soberbio así que muchos comenzaron a pensar con mayor claridad.
Dorian observaba con atención la rectitud de Corey al hablar, es decir, estaban tratando un tema delicado como lo era un asesinato; pese a ello no dejaba de dar una opción bastante rentable mientras que él hacía lo imposible por mantenerse en la misma página que los demás. La situación era demasiado peligrosa como para ignorarla, pero también le parecía injusto echar a una persona solo porque su sentido del peligro lo confundía.
La tensión interna en el cuerpo de Corey era tal que sentía como perlas de sudor frío se abrían paso por su cuello. Había refutado directamente la palabra de Max quién a diferencia de sí mismo, tenía mayor facilidad para manipular a las persona mediante la intimidación. Su intención era clara, sin embargo, debía hacer algunos aliados antes que todo terminara peor de lo que se proyectaba en un futuro próximo. Dorian sin saberlo ayudó a contrarrestar la mala actitud del rojo ganándose el favor silencioso de varios, con lo cual se imaginaba que Max estaría mordiéndose la lengua.
—¿Entonces seguimos como si nada hubiese pasado? —. Insistió el rojo con un chasquido de lengua. Le hubiese gustado sacar a alguien de una vez pero también debía admitir que la situación actual no era tan mala después de todo. Al fin y al cabo logró lo que quería: sembrar el miedo y la duda en todos los tripulantes. Corey también había empezado a jugar con la psicología de una manera no tan directa, hecho que le advertía que el tipo era de armas tomar y no podía subestimarlo.
—Incorrecto, nada seguirá siendo como antes. Ninguno es tan tonto como para pensar así. Pero si queremos salir lo más pronto de aquí, debemos terminar las misiones—. Dijo la de naranja. —Sugiero que estén atentos y cualquier cosa lo reporten por favor—. Demandó. Todos estuvieron de acuerdo y terminaron por separarse en diferentes direcciones para seguir realizando sus tareas, con el miedo pisándole los talones.
