Katsuki Bakugo no había nacido en una posición favorable; lo único que le ayudaba, era su inteligencia, y su segundo género. Nacido en una familia de "baja casta", nunca estuvo conforme con su posición social. Si bien, su padre era un alfa, al igual que sus abuelos, no eran personas tan ambiciosas. Masaru Bakugo había creado una una pequeña empresa, nada extravagante y suficiente para mantener a su familia; Mitsuki, a pesar de su personalidad extrañamente explosiva para una omega, tampoco pedía demasiado, amaba a su esposo y a su malhumorado hijo. Claro que buscaba lo mejor para su "pequeña mierdecilla"; por eso siempre aprobaba la mayoría de las acciones del rubio.
Y aun así, la relación de Katsuki con sus padres, no era del todo buena. No entendía cómo es que sus padres, teniendo los medios, no aspiraban a algo mejor. Pero él no era como ellos. En la escuela, siempre destacó por sus calificaciones, aunque no tanto como por su reputación de bully hasta la secundaria; título que perdió valor en la preparatoria. En la universidad, siempre destacó en las materias, graduándose con honores, y el máximo de créditos. Llevado por su ambición, logró crear un proyecto para poder agrandar la empresa de su padre. Cuando salió de la universidad, la pequeña empresa que un día heredaría, había crecido, a ser una mediana empresa. Pero él quería más.
A pesar de ser tan joven, logró crearse una imagen en la industria. Un demonio de los negocios, con una gran reputación. Se decía que tenía un gran ojo para los negocios; y una avidez para lograr grandes contratos. Su cartera de contactos estaba llena de grande empresarios, y las fuertes empresas comenzaban a entrar en su campo de negociación. Apenas si lograba juntas con uno o dos grupos de inversionistas, tanto nacionales como internacionales. En esos casos, no le importaba si era rechazado cruelmente; hasta él sabía que un empresario de su calibre, no podía conseguir cosas tan grandes como concretar un trato con grandes corporativos. Al menos, aún no.
Por eso, no puede con la sorpresa de que Enji Todoroki, el CEO de una de las empresas más importantes de Japón, decidió contactarlo, para ofrecer un trato con beneficios para ambos; más para él. Una parte le decía que no podía haber nada bueno en aquella "oportunidad"; pero la ambición le decía que necesitaba arriesgarse, no podría conseguir otro chance como aquel. Tenía bastante experiencia, así que estaba seguro que lograría evitar que le vieran la cara. No tardó en recibir el reporte que la Asistente Kamiji, de Endeavor Corporation, había preparado para el trato. Sin embargo, fue la misma mujer, que durante una llamada momentos antes, le había hecho saber de la insistencia de Enji Todoroki, por reunirse lo más pronto posible.
—Lo siento, pero por las próximas dos semanas, estaré en un viaje de negocios, no podré reunirme con el Señor Todoroki —su dedo se posó sobre sus labios, haciendo que su asistente se quedara congelado en el marco de la puerta. Eijiro Kirishima miraba algo nervioso a su jefe, mientras este sonreía ladino, recargándose en el respaldo de su silla, sin apartar el teléfono de su oreja. —Entiendo, pero debe comprender que no puedo tirar a la basura la renovación de un contrato que me asegura ganancias —con un movimiento del dedo, llamó al pelirrojo, quien jugaba con un paquete entre las manos. En completo silencio, cerró la puerta, acercándose lentamente al escritorio de su amigo y jefe, esperando a que el temperamental hombre por fin colgara. —Comprendo, pero su plan de negocio no me asegura nada por el momento, ni a corto ni a largo plazo, así que tal vez no crea ne-… muchas gracias. Mi asistente la contactará para afinar detalles —un par de palabras amables más, y Katsuki colgó el teléfono, con una arrogante y enorme sonrisa en el rostro. — ¿Alguna vez te han dicho que eres un manipulador de primera? En serio, a veces me das miedo —soltó Kirishima, entregándole el paquete recién llegado; el nuevo reporte del trato que Enji Todoroki ofrecía. —Es culpa de esa tonta. No sé cómo alguien tan estúpida logró ser la asistente en jefe de alguien como el viejo de Todoroki.
Se notaba de buen humor, algo bueno para el día. — ¿Cuándo mierda te di permiso de sentarte? —Eijiro pegó un brinco, levantándose de la silla frente al escritorio. —Toma esto, y vete a trabajar —lanzó el reporte que Moe había enviado. —No te preocupes, Blasty. La Asistente Kamiji envió una copia para mí, está en mi escritorio —respondió con una sonrisa, devolviendo a Bakugo su reporte. — ¿Entonces por qué carajo sigues en mi oficina? ¡Lárgate ya! ¡Y más te vale tener el reporte en 5 minutos! Que luego te daré mis notas para que arregles la porquería que seguro escribirás —Kirishima entrecerró los ojos, notando como su tarde tranquila se esfumaba por el horizonte. Luego de informar de otras cuestiones, el pelirrojo dejó la habitación, permitiéndole a Katsuki continuar con su trabajo. Releyó el nuevo reporte; el negocio que proponía Enji no era la gran cosa, bien podía contratar a otras empresas que estuvieran en su nivel, obteniendo resultados en menor tiempo de lo que su empresa podría crear. Había algo más con esa reunión; y mentiría si dijera que no tenía curiosidad de saber que era.
