La sonrisa de Bakugo Katsuki era un buen augurio para Enji. Todo lo que duró la reunión, el rubio permaneció en silencio, escuchando lo que el empresario tuviera que decirle. Si bien, al principio discutieron de un proyecto con más beneficio para la empresa de Katsuki, no era nada más que un incentivo para que el menor aceptara el verdadero trato. A Kirishima se le hacía extraño que su jefe, y amigo, saliera de la larga reunión tan de buen humor, y luego de subir al automóvil, permaneció un poco en silencio, hasta que la curiosidad le ganó. Sin embargo, lo único que obtuvo por respuesta, fueron insultos, gruñidos y miradas asesinas.
Al menos, hasta que llegaron al departamento del rubio, para desconcierto del pelirrojo. —Tráeme algo de beber —le ordenó a Kirishima, mientras se aflojaba la corbata, y se dejaba caer en el sofá de cuero negro. El pobre chico salió corriendo a la cocina, para minutos después, regresar. —Un whisky —soltó, rodando los ojos con fastidio, escuchando los pasos de su amigo alejarse hasta la cantina de su apartamento. La mirada carmín clavada en la mesita de centro, mientras las palabras de aquel hombre resonaban en su cabeza; la sonrisa volvió a su rostro, paseando la lengua por su labio inferior. —Hey, hermano… ¿de qué hablaron realmente tú y el señor Todorki? —si algo sabía bien Eijiro, era lo mucho que su amigo respetaba las reglas; no estaban revisando tratos ni documentación, o planeando un nuevo proyecto, y hace varias horas, su horario de trabajo había terminado. Dejó los portavasos en la mesa, y sobre ellos, los vasos con whisky.
—Teníamos razón, Kirishima —el pelirrojo paró a medio camino el trayecto de su vaso a su boca; pocas eran las veces que Katsuki le llamaba por su nombre, o en este caso apellido, y cuando lo hacía, era por estar de muy buen humor. —Ese maldito viejo solo nos propuso el proyecto para asegurar que aceptara su verdadera treta —Kirishima frunció el ceño; más parecía que Bakugo se había vuelto loco, balbuceando tonterías, y mirando a la nada, como psicópata de película gringa. —Y… ¿cuál era ese otro trato? —se aventuró a preguntar, dando un sorbo a su bebida, mirando con cautela a su amigo. — ¿Sabías que el vejete ese tenía un hijo omega? —la sonrisa maliciosa le provocó escalofríos a Kirishima, quien se movió incómodo en su lugar.
El silencio se instaló por un breve momento entre ambos, mientras Bakugo dejaba que su asistente recorriera mentalmente toda la información que tenía del imponente dueño de una de las empresas más grandes del país. — ¿Omega? —torció la boca, visiblemente confundido entre lo que sabía y lo que su amigo acababa de confesarle. —Pero bro… de sus cuatro hijos, solo dos fueron betas, y eso es lo más… "bajo" que se supo. Los otros dos fueron alfas… y uno de ellos se suicidó —soltó el pelirrojo, más incómodo con el tema de lo que creía. El rubio soltó una suave risa, ahogada contra el vaso de whisky. —Pues no —volvió a hablar, luego de un trago a su bebida. —Su hijo menor, el orgullo de Todoroki, en realidad es un omega… y lo ha disfrazado muy bien el maldito bastardo —confesó, con la malicia brillando en sus ojos. —Pero… ¿eso qué tiene que ver con la junta?
—Todo, idiota… el cabrón me ofreció el trato, a cambio de cerrar el pico al respecto, y aceptar casarme con su hijo —Eijiro casi se atraganta con la bebida, ante la confesión de su jefe. — ¿Realmente vas a aceptarlo? —no podía decirlo, pero todo eso no le agradaba, muy contra su moral. — ¡Pues claro que sí, animal! ¿Tú crees que ese vejestorio dejará todo su imperio en manos de un inútil omega? El bastardo entregaría la empresa, mientras le destrozan el culo en plena oficina —Katsuki comenzó a reír, terminándose de un trago el whisky, ignorando la forma en que Kirishima jugaba con su vaso entre las manos y su ceño fruncido. Algo que no le gustaba de su mejor amigo, era esa forma de tratar y hablar sobre los omegas. —Si me caso con ese mitad-mitad, yo pasaré a ser el heredero de las empresas Todoroki, y uno de los hombres más deseados de Japón, será mi perra… por donde lo veas, yo salgo ganando.
— ¿Y qué pasa si sus otros hijos también reclaman la empresa? Incluso antes de que… te cases —Bakugo miró con molestia a su amigo; a veces no podía creer lo tonto que podía llegar a ser. —Un par de inútiles betas no podrían mantener la empresa como hasta ahora. El mayor es un bueno para nada, que prefirió estudiar fisioterapia. Y la estúpida de su hija, es maestra; y hasta donde me contó el vejete, la tarada no tiene carácter alguno. No me sorprendería si terminara soltera, o casándose con algún cabrón que la maltrate —dio otro sorbo, como si lo que dijera fuera algo tan casual como hablar del clima. Era su mejor amigo, pero había veces en las que no sabía por qué eran amigos. Sin medir su fuerza, azotó el vaso en la mesita de centro, poniéndose de pie, y tomando su saco. —Mañana tienes una reunión a las 8:30 a.m., así que no bebas demasiado —recogió el resto de sus cosas, y revisó el celular en caso de que olvidara avisarle al rubio de alguna otra cosa importante. — ¡¿Eh?! ¿A dónde mierda vas?
—Este inútil beta irá a casa, con la patética beta que es su prometida —respondió con frialdad, mirando de soslayo a su jefe. Sentía lástima por el pobre omega que sería esposo de Bakugo; nadie merecía ser tratado de la misma forma en que es y sería tratado Shoto Todoroki. —Ahí está todo lo que necesitas saber para la junta de mañana. Buenas noches —lanzó un folder hacia la mesita, importándole poco que todo su contenido se esparciera; Katsuki tenía dos manos en perfecto estado, y las hojas estaban numeradas, podría arreglárselas solo con el pequeño desorden. Luego del portazo que anunció la partida del pelirrojo, Bakugo gruñó molesto. —Estúpido dramático de mierda —murmuró, dejando también su bebida de lado, para revisar la documentación. No es que lo contratara por nepotismo; Kirishima Eijiro había demostrado ser el mejor en su trabajo. Fuera de eso, no tenía nada bueno; pero despedirlo, sería un desperdicio de tiempo y dinero.
