Si una palabra podía quedarse corta, Danna elegiría ''incomodidad''. Porque el ambiente estaba lleno de ella y no parecía ser suficiente para los espacios vacíos que se formaron con su presencia dentro de la habitación; que si bien no era una escena necesariamente asquerosa, puesto que no se consideraba una persona homofóbica, si era duro de asimilar la realidad de un enamoramiento unilateral. Corey expresó bastante claro su descontento, las palabras no hicieron falta y Dorian no parecía muy diferente.

Pues que algún rayo cayera sobre su cabeza por haberse preocupado tanto. Nadie podía hacerla cambiar de opinión en ese punto, esos dos ocultaban algo más que solo su relación entre hombres.

Dorian aterrizó sobre sus pies de una forma literal luego de estar en una nube bastante placentera para lo que en realidad le hubiese gustado. No debió pensar que Corey siendo impostor agregaba magnetismo a su personalidad. No debió hacerlo en absoluto y sin embargo, fue inevitable y por ello fueron encontrados en aquella situación comprometedora. El chico se sentía mal por las razones incorrectas ya que, lejos de preocuparle el pensamiento de Danna, se sintió egoísta por reafirmar lo conversado con la chica en la zona del reactor momentos antes. Se sorprendió de sí mismo al encontrarse teniendo esa clase de ideas, por lo que decidió completar las misiones que le quedaban en esa área en silencio.

Sí, el silencio reinó por mucho tiempo. Uno casi cómplice y que dejaba a Corey fuera de cualquier juego entre los presentes.

La tripulante salió primero, casi como si el aire dentro de la habitación le quemara. Dejando a los chicos solos de nuevo. Dorian pensó que era una buena cosa a diferencia de Corey quién veía a la chica como un futuro problema mayor. El pelirosa lo miraba con detenimiento, al de negro le gustaba estar en su punto de mira, aunque por alguna razón sentía al chico un poco perdido.

—No sé qué pasó, solo sentí esta necesidad... —, Dorian interrumpió el hilo de sus palabras, bufando como si lo que sea que estuviese por decir escapaba de su control y raciocinio —Como sea, ¿Qué vamos a hacer? Es evidente que sospecha de alguno de nosotros, sino es que de los dos —. El chico tenía bastante razón en eso, Corey pensaba qué, tomando en cuenta que la nave era demasiado grande y que las órdenes que Joseph yacían sobre sus hombros; no tenía más que idear un plan que por más que no lo quisiera, debía incluir a Dorian.

—Solo se me ocurre una cosa.

Max estaba cabreado, MUY cabreado.

No se suponía que a estas alturas, Corey siguiera en la maldita nave. No sabía a ciencia cierta lo que había hecho mal. Ya de por sí era malo ser su compañero por el simple hecho de que para nadie era un secreto su favoritismo por parte de Thompson. Sin embargo, lo peor de todo fue esa última votación. Los votos fueron demasiado divididos y para su desgracia, él había recibido algunos, lo que trajo como consecuencia que ninguno abandonara. Max se pasó las manos por el rostro, sin saber que hacer más que disimular su falta de planeación frente a las cámaras de seguridad.

Corey apareció tras su espalda poco después. Logrando que el rojo saltara sobre su sitio por la impresión. No escuchó sus pasos y se lo atribuyó a estar demasiado ensimismado con sus pensamientos. Observó al de negro en silencio antes de levantarse dispuesto a enfrentarlo; su rostro lucía igual de afectado por la situación en la nave.

—Vine a hablar contigo, no quiero que ninguno de nosotros muera—. La seriedad en su tono de voz hizo que Max se volviese precavido. A estas alturas del juego no sabía muy bien que hacer en realidad. La barra de tareas de los tripulantes no dejaba de subir y eso era una mala cosa.

— ¿Qué pasó? ¿Te peleaste con tu noviecito?—. Se burló el de rojo con una sonrisa divertida, le costaba creer en sus palabras y a Corey se le hacía difícil penetrar esa barrera llena de sarcasmo pero que en el fondo estaba llena de inseguridades. No quería ser malo, pero la circunstancias ameritaban que jugara sus cartas por más sucias y psicológicas que resultaran.

—Creo que, al igual que yo, nunca has visto regresar de esto a muchos compañeros—. Empezó Corey, notando enseguida el cambio del lenguaje corporal de Max; pasó de ser socarrón a tocar un punto sensible. A diferencia del hombre, Corey nunca sintió apego emocional por nadie dentro de Innersloth, Joseph lo había dejado bastante claro y no era como si estuviese demasiado interesado en las personas en general. No fue tan difícil, pero Max era un caso distinto. Dentro de la agencia siempre estaba acompañado, le gustaba ser el centro de atención en el buen sentido y cuándo poco a poco su grupo inicial fue mermando, su alrededor se volvió hostil.

Max tomó una posición defensiva, como si todo su cuerpo quisiera protegerse de algo que iba más allá de su entendimiento. Las palabras de Corey resonaron en su cabeza cual cacofonía terrorífica que despertó ciertos miedos ocultos en lo más profundo de sus memorias. Fue inevitable pensar en esos días de adolescencia, cuándo creía que con solo sonreír podría comerse al mundo y formar lazos de amistad inquebrantables.

Pero la vida le fue demostrando que las cosas dentro de aquella agencia militar, estaban por lejos de ser honestas: traiciones, decepción y mentiras marchitaron su alma, volviéndolo todo lo contrario a lo que una vez fue.

Nada mejoró cuándo un día de graduación, Max paseaba por un corredor en busca de cierto agente y encontró una camilla en medio del pasillo con lo que claramente era un cuerpo. El cual lo único que lo separaba de conocer la verdad, era una delgada sábana blanca que Max retiró curioso; sus manos temblorosas descubrieron el cuerpo de Drake, su mejor amigo. Quién se suponía debía estarse graduando también. Tras casi volverse loco, la presidencia solo respondió: ''Lo asesinó un tripulante dentro de Polus, estamos investigando al responsable''.

Sin embargo, nadie nunca le volvió a dar respuestas, solo se resignó y juró que vengaría su muerte. Sin saber que en el fondo todo había sido preparado a la perfección para despertar la peor parte de su personalidad y así volverse el impostor perfecto.

—Entonces ¿Qué sugieres?—. Le preguntó al fin Max a Corey. Quién lamentaba tener que jugar sucio, pero era la única manera de congeniar con ese hombre que solo pensaba en matar tripulantes a diestra y siniestra. Previo al juego, Joseph le había dado un informe sobre el caso de Max y su amigo asesinado, lo que sirvió como catalizador para su plan.

—Hacer un doble asesinato—. Respondió con determinación.

Dorian había llegado al área de administración trotando; su pulso acelerado mientras deslizaba múltiples pantallas en el panel táctil frente al pase de la tarjeta de identificación. Según Corey, la mesa contenía un mapa escueto donde podría visualizar la ubicación de los demás tripulantes. Una vez tomó nota mental de los iconos que pertenecían a los tripulantes restantes, salió disparado a encontrarse con la primera: Danna.

Minutos antes (Cuarto de electricidad)

— ¿Un doble asesinato? ¿Cómo lograrás reunir a los tripulantes que quedan en una misma habitación?—. Preguntó Dorian mientras terminaba la descarga de unos archivos. Corey sopesó la pregunta por un par de minutos, realmente no sabría a ciencia cierta cómo hacer tal cosa cuando lo más seguro fuera que ninguno de los tripulantes que quedaban confiaran en él.

Todo parecía cuesta arriba en ese punto. Corey se estaba quedando sin ideas hasta que Dorian mismo lo interrumpió.

—Encárgate de Max ¿Dónde nos encontramos?—. El de negro no tuvo tiempo para sorprenderse de la participación de Dorian, de hecho el chico tampoco. Actuaba bajo el dicho: ''En situaciones desesperadas, tomar medidas desesperadas''. Dorian quería vivir, aun con el nudo en el estómago que significaba llevar a esas dos personas a una muerte segura.

El ambiente estaba algo tenso cuándo los tres llegaron al área de seguridad, y es que no era para menos pues al menos Danna; no se terminaba de creer el hecho que Dorian les pidiera ayuda porque de pronto ''tenía miedo''. El de rosado sabía que era una excusa que carecía del peso suficiente, sin embargo para ese punto del juego, negarse era difícil dado que todos se sentían de la misma manera.

Max desde su sitió sonrió ladino al escuchar pasos fuera del área de seguridad. El brillo de las pantallas confundía el dela hoja afilada de su cuchillo, el impostor escuchó ruidos provenientes de la alcantarilla y confiado, se levantó de la silla a la espera de cualquiera que entrara por la puerta.

—Tengo que aceptar la energía desviada del reactor, no se vallan sin mí—. Dijo la de naranja señalando dentro de la habitación, sin saber que aquellas serían sus últimas palabras.

Danna se había quedado afuera con Dorian mientras este intentaba arreglar otro desorden de cables, o era lo que intentaba hacer. Lo que resultó de todo eso fue un borrón de gritos y sangre esparcida en el suelo como una pintura digna de ser abstracta. Max cumplió con su parte del plan, mató a la de naranja pero el plan con Corey no estaba resultando, ni lo haría tampoco.

Cuando Danna entró para cerciorarse de la tripulante, se encontró con la terrible escena. La chica de violeta gritó; sacando a Dorian de sus pensamientos. El chico entró seguido de la chica y su rostro se volvió del color de una hoja de papel o peor. Ambos salieron corriendo como el infierno de ahí, dejando al de rojo sin habla. Max soltó el cuerpo y sus pies se movieron a la alcantarilla, mayor fue su sorpresa; rabia y decepción al encontrarla vacía.

Corey lo había engañado y ahora, estaba fuera del juego.