—Toma, es tu favorito —la voz de Izuku, fue seguida por un platito con una rebanada de pastel red velvet. Un pesado suspiro escapó de sus labios, enderezándose en el banquillo. Ni siquiera tenía apetito. — ¿Al menos ya le conociste? —Izuku dudó bastante en sacar el tema, recargándose en la barra, para poder ver al menor. La respuesta de Todoroki, se redujo a solo fruncir el ceño, y jugar con la cuchara y la rebanada de pastel. — ¿Y? —le costó formular el resto de la pregunta, pero quería ayudar a su amigo, y para eso, necesitaba conocer todo el problema. —Es un asco… al igual que el viejo —con cuidado, empujó el platito, haciendo una seña con la mano a Uraraka, quien no tardó en acercarse a dejarle un vaso con agua. —Lo siento, Todoroki, pero sabes que no servimos alcohol —se disculpó la chica, antes de alejarse, mirando con tristeza a Deku.

El bicolor solo asintió con la cabeza, sin atreverse a mirar a nadie. —Aceptó casarse conmigo, solo porque así obtendrá la empresa de mi padre. También me ve como un mero objeto que utilizar para obtener más poder… un trofeo que poder presumir al mundo entero —su mano, enredada en el vaso, comenzó a ejercer más fuerza, hasta que el cristal cedió a la presión, creando un gran sonido al quebrarse. La clientela volteó, sobresaltada ante el ruido; el agua caía de la barra, mientras Izuku intentaba hacer que su amigo abriera la mano para quitarle los trozos de vidrio, en caso de que estuvieran incrustados. —Ven —ordenó, haciendo que el bicolor se pusiera de pie, guiándolo por encima de la barra, hasta la puertecita, dejándolo pasar detrás de esta.

Los dos permanecieron en silencio, sentados en la banquita que había en el cuarto dedicado para los empleados; de a ratos, Shoto soltaba un gruñido debido al dolor, recibiendo como respuesta, la mirada seria de Izuku. —Listo. Por suerte, ningún trozo fue tan grande como para necesitar sutura —habló por fin el pecoso, guardando las pocas cosas que no había usado del botiquín médico. —Lo siento. Luego compraré un nuevo juego de vasos para reponer ese —habló Todoroki, sin moverse de su lugar, mirando la mano vendada. —No es necesario —la voz de Midoriya se escuchaba más lejana, antes de sentir su peso caer en la banca. —Entiendo que estés enfadado, pero no puedes venir a asustar a los clientes —recriminó, antes de suavizar sus facciones, y tomar las manos de su amigo entre las propias. —Te ayudaré a buscar una solución a todo esto.

El bicolor negó con la cabeza, mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas en completo silencio. —No la hay. No hay solución alguna que me saque de ese maldito contrato —su voz apenas si se escuchaba; su cuerpo lentamente se inclinaba hacia el frente, hasta que su frente topó con el hombro del pecoso. Izuku se sentía impotente ante el sufrimiento de su amigo; deseaba ayudarlo, pero por más que lo pensara, ninguno de los planes que lograba procesar en su mente, daban buen resultado. —Midoriya —la voz de Todoroki lo trajo de vuelta a la tierra, notando como la poca luz que venía del local, lograba iluminar tenuemente la habitación. —Quiero pedirte un favor —añadió, enderezándose, y limpiando sus mejillas con la manga de su abrigo. El pecoso frunció el ceño, asintiendo sin dudar, con la determinación de ayudar a su amigo, brillando en sus preciosos esmeraldas.

—Necesito que me consigas un collar —el pecoso parpadeó un par de veces, antes de entrar en pánico. —Por favor. Yo no puedo ir a conseguirlo… confío en ti. Sé que lograrás comprarme uno de la mejor calidad.

— ¿Para qué lo necesitas?

—No quiero ser marcado por ese malnacido —fue la escueta y seca respuesta del bicolor. —Y quiero que te quedes con la llave. Él no te conoce, si yo me quedo con la llave del collar, fácilmente me la podría arrebatar en algún celo. No quiero estar enlazado a esa cosa por ningún medio que no sea un simple papel. Por favor —el chico siguió suplicando, mientras Midoriya sudaba un poco. — ¿Cuándo es tu… boda? —incluso pronunciar la palabra le provocaba incomodidad. —La próxima semana —tanto su voz como sus ojos, no expresaban vida alguna. —De seguro, más que boda, lo ha de ver como su funeral —Izuku adivinó los pensamientos de su amigo. —Bien; tendré que hacer un par de llamadas, y faltar un par de días, pero conseguiré el collar antes de la boda —rascó su nuca, un tanto agobiado por todo lo que le esperaba en esa faena. —Muchas gracias, Midoriya —la suave voz de Shoto contra su oído, le petrificó un momento, mandando toda su sangre a sus pecosas mejillas. —No… es nada, Todoroki —murmuró, correspondiendo el abrazo de su amigo.