Fuyumi lo llevó a probarse un traje, Natsuo se había negado a participar en toda esa mierda. —No es algo que debamos festejar —escupió, sin atreverse a ver a su hermana. Ella sabía que tenía razón, pero no podían dejar que Shoto pasara por todo eso él solo. Necesitaba el apoyo de sus hermanos. Pero intentar convencer a Natsuo, era como discutir con una pared; al menos, logró hacer que fuera a la pequeña ceremonia que se llevaría a cabo entre ambas familias, y algunos socios de Enji Todoroki. —Te ves tan guapo, Shoto —la voz de su hermana lo hizo aterrizar. La chica acomodaba la solapa del traje blanco, mientras luchaba contra sus propias lágrimas. Lo sabía. Ella quería guardarse para si su pesar respecto a la situación; su hermano ya tenía bastante con lo que lidiar, como para añadirle la preocupación de verla triste. Y sin dudarlo, la abrazó con fuerza, hundiendo el rostro en el blanco cabello de la mayor.
—Gracias… hermana —la voz se le quebró, y solo se permitió derrumbarse, cuando sintió como las suaves manos de Fuyumi, lo envolvían lentamente, para luego apretar su cuerpo contra el de ella, tan fuerte como podía. —Lo siento tanto, Shoto —sollozó su hermana, aun intentando no llorar. El resto de la prueba, pasó en silencio, con la discreción de la empleada al notar los ojos enrojecidos de ambos hermanos. Los arreglos que le habían hecho al traje, quedaron a la perfección. Regresaron a la mansión a dejar todo lo que habían recogido para el "gran día". Shoto se encerró en su habitación al escuchar a su padre llegar. No hizo ningún ruido, hasta escucharle irse de nuevo. Tomó una bufanda, su abrigo, y mandó un mensaje a Midoriya. Voy en camino. Y sin avisar a nadie, salió de la casa, camino al departamento del pecoso.
—Hola, Shoto —saludó el menor con una sonrisa débil en el rostro. —Hola —la formalidad pasó a segundo plano. Izuku dejó que el bicolor pasara, mordiéndose la lengua al descubrirse a punto de preguntar ¿cómo estás? Era obvia la respuesta. Al día siguiente era su boda, una que no desea, y de la que no puede escapar. Una taza de té, algo muy normal entre ellos, que sin ofrecerlo ya, Shoto se sentó en la mesita de la cocina, esperando por su amigo y la bebida caliente. Por poco más de una hora, estuvieron frente a frente, hablando de trivialidades, en un intento de aligerar la atmósfera que la visita por si sola había creado.
— ¿Fue mucha molestia conseguirlo? —preguntó por fin Shoto, notando como Deku se tensaba en su lugar, relajándose de a poco. —No mucho. Iida me ayudó mucho; cuando llegamos, ya nos tenían varios modelos listos. Lo difícil fue elegir uno —dio un sorbo a su té, intentando sonreír, como si el tema fuera alguna de sus tareas triviales. —No es muy ornamentado, ¿verdad? —el pecoso negó. —No es tan sencillo como lo deseabas, pero luego de unos días, todos dejarán de prestarle atención. Pero… ¿estás seguro? Cuando tu padre lo vea-…
—No me importa —interrumpió el bicolor, cerrando los puños con tanta fuerza, que Izuku notó los nudillos blanquearse. —De todas formas me está vendiendo, y mi segundo género se sabría. Solo estoy adelantando las cosas —murmuró, sobando un poco sus manos luego de soltarlas. —Quiero verlo —el pecoso se puso de pie, en completo silencio, indicando al bicolor que lo siguiera. Al entrar a la habitación de Midoriya, Shoto lo encontró rebuscando entre su armario, hasta que caminó hacia él, con una caja entre las manos. Un grueso collar negro, descansaba sobre la seda blanca. Pequeños detalles dorados, ocultaban la unión del reforzamiento al collar, en la parte de la nuca; un pequeño cerrojo, descansaba orgulloso al frente, y a un lado, una pequeña llave plateada, de empuñadura ricamente tallada. —Espero que sea la talla adecuada. No pudimos medirla —habló Midoriya, observando como su amigo abría el collar, y se encaminaba al baño, para poder colocárselo.
Su mirada fija en el reflejo, parpadeó al escuchar el click del seguro. — ¿Y bien? —preguntó Deku, algo ansioso. Shoto comenzó a mover la cabeza, adelante y atrás, de un lado a otro y en círculo. Deslizó un dedo entre su piel y el cuero, intentando apartarlo, pero el accesorio no cedía a los jalones. —Es perfecto —exclamó, con una sonrisa. —Gracias.
No se quitó la bufanda en ningún momento. Incluso al llegar a casa, permaneció con la prenda alrededor de su cuello, mientras tomaba algo de comida, y la llevaba a su habitación. No dejó que nadie entrara a su alcoba; sus hermanos entendieron. Con su padre tuvo que poner el seguro. No, la sorpresa debía esperar hasta mañana.
La mañana llegó más rápido de lo que deseaba. Tampoco dejó que nadie le ayudase a arreglarse; con todo y el nudo en el estómago, se dio una ducha, vistiendo cada prenda de su traje, obligándose a no destrozar el conjunto. El cabello aún húmedo, fue acomodado de lado, con la línea en su lado izquierdo; con un estilo un tanto desordenado y ondulado. Acomodó el collar, mostrándolo con orgullo por encima de la camisa. —Ya es hora —la potente voz de Enji resonó al otro lado de la puerta. No respondió. Simplemente soltó un largo suspiro. Tomó una gabardina, y enredó una bufanda en su cuello, ocultando a la perfección el collar. Al salir de la habitación, pasó de largo a su padre, caminando con toda la dignidad que le quedaba, subiendo al auto que le esperaba. Adentro, sus hermanos mantenían silencio, mirando con pesar al menor.
El transcurso no fue diferente. El silencio pesaba en todos los pasajeros, menos a Enji Todoroki; el enorme hombre no ocultaba la enorme sonrisa de satisfacción ante el matrimonio del inútil de su hijo.
Al llegar al salón, a Shoto se le encogió el corazón: el lugar estaba bellamente decorado, tal como lo soñaría cualquiera para un día tan importante. ¿Así se veía la entrada al infierno? ¿La belleza antes del dolor interminable? Fuyumi llevó a Shoto a una habitación apartada, para poder ayudarlo a terminar de prepararse. La sonrisa de satisfacción de su hermano, dejó pasmada a la chica cuando vio el collar. —No me podré salvar de esto… pero tampoco lo dejaré fácil.
