La mañana siguiente la recibió con una pluma en la boca y unas garras clavándose en su pecho, en ese momento agradece volver a ser más plana de lo que ya era porque si no, eso hubiera dolido más de lo que dolía ahora, el animal que clavaba sus garras era el búho que le había entregado la carta el día anterior y llevaba otra.
"Te veré frente al despacho de director luego del desayuno.
-Hagrid."
El búho de la misma manera que llegó se fue, sin que ella pudiera verlo, se lavó los dientes con un cepillo que los elfos del colegio le dejaron y una pasta de dientes de una marca que no conocía, por no decir que el sabor casi la hace vomitar, se peinó un poco y arreglo su ropa, no le quedaba de otra más que asistir con la misma ropa que ayer hasta que le llegara su equipaje.
Al salir de su habitación se encontró con otras chicas que parecían ser de su mismo año, estaban susurrando cuando la vieron salir y luego se fueron sin decir nada, Cherry no había notado aquello hasta que las vio irse lo cual le hizo sentir algo avergonzada, ¿y si estaban hablando de ella? Jamás había sido muy segura de su misma y eso causaba que su lista de amigos sólo tuviera dos nombres.
Ahora que había pasado toda la emoción del primer día caminaba en silencio y atenta por el castillo preguntándose si podría volver a sentarse junto a Harry y los demás o si quizás les molestara su presencia.
—¡Hydrangea! ¡Aquí!
Casi se le saltan las lágrimas cuando vio al mismo Harry Potter haciéndole señas para que lo viera, sea pena por ella o no, siempre agradecería ese gesto de su parte.
—¿Por qué llevas la misma ropa de ayer? -pregunto Hermione sentada frente a ella.
—No tengo más ropa…
Cuando termino de decir eso y tomo una rebana de pan tostado le cayó sobre el plato una gran maleta, fue con un estruendo tan fuerte que llamó la atención de todo el comedor, al parecer llegó justo para la entrega de correo de los búhos, detrás venían más búhos con más maletas, pareciera que su tía le dijera que podía quedarse a vivir ahí el tiempo que quisiera, un maullido adolorido la alarmó, encima de todo ese desorden había un transporte para mascotas y dentro se encontraba su pequeña gata rayada.
—¡Katt!
Se lanzó al instante a abrir el transporte y dejar libre al pobre minino, se podía imaginar lo que sufrió volando sobre el océano atlántico cuando la vio aferrada con las garras del suelo de la maleta y con todo el pelo erizado. La gata salió corriendo y ella esperaba que luego de encontrar un lugar seguro fuera ayudada por la señora Norris y era eso o tener que pedir ayuda a Hagrid para encontrarla.
—¿Todo esto es tu ropa? -Ron escupió la comida de su boca.
—Y debe ser solo de verano, leí que en Latinoamérica no tienen inviernos tan fríos como aquí.
Ella deseaba decirle que en otros era verano la temporada fría, pero eso la llevaría a una explicación demasiado larga y de la que ella tampoco era muy conocedora, tomó todas las maletas y aprovechando que eran con cuatro ruedas las alineó y empezó a empujarla fuera del comedor, se perdería el desayuno, pero debía ver que ropa aún podía usar con su tamaño actual.
—¿Qué es todo esto? ¿Como es posible que tu equipaje llegue ahora y haciendo todo este alboroto? -Filch aparecía frente a la puerta del comedor chocando con las maletas de Cherry.
Luego de una larga disculpa para el conserje y de explicarle su situación pudo irse a su sala común, en el camino se encontró con el profesor Flitwick, corrió hacia él y se arrodillo para pedirle un gran favor, sabía que era el mejor en encantamientos y ella no sabía dónde estaba la profesora McGonagall, le pidió que usará un hechizo para que su ropa se acomodar a su cuerpo actual.
Con un movimiento de la varita las maletas se abrieron y la ropa se encogió al instante, luego desapareció con un pequeño chasquido.
—Su ropa esta arreglada, el director Dumbledore nos explicó su caso y de paso las mande directamente a su habitación.
Cherry dio un pequeño grito de alegría y abrazo al profesor de encantamientos, le había ahorrado mucho trabajo con eso, rápidamente luego de despedirse se dirigió a su casa, cuando llegó al pasadizo con lo barriles se dio cuenta que debió hablar con alguien de Hufflepuff para que le abra el pasadizo.
—Bien Cherry rompiste el récord a ser pendeja -dijo en español.
Justo en ese instante un chico salió del pasadizo, era alto de cabello negro y ojos grises, aquel color tan inusual fue lo que llamó la atención de la chica, pero lo dejó pasar con gracias algo torpe de parte de ella, por suerte logró llegara a su habitación, ahí estaban sus cosas y encima de la cama Katt estaba dormida.
—Veo que llegaste más rápido que yo.
Busco entre su ropa algo un poco más cálido que lo que llevaba pero que a la vez sea lindo, a diferencia de su cuerpo adulto que difícilmente le quedaba algo bien, su cuerpo de 11 años lucia bien en cualquier prenda, se decidió por un vestido corto negro y unos tacones rosas, por suerte había comprado unas medias del color de su piel que podía usar para el frío.
Se miró al espejo y no podía creer que fuera la misma persona, a su parecer se veía como una modelo, definitivamente no cometería el error de volver a engordar. Tomó un abrigo delgado del mismo color que sus tacones, se hizo dos trenzas algo desordenadas y salió par a irse al despacho del director, en ese instante recordó que no tenía nada de dinero para esas compras y volviendo a su habitación busco entre toda la ropa, fue ahí cuando abrió el bolsillo del transportador de mascotas, dentro había una carta y una billetera llena de dinero.
"Hola cariño, no puedo creer que enserió el mundo mágico que tanto viste y leíste el último año sea real, más aún que tu estés de estudiante ahí, ¡del otro lado del mundo!
No te preocupes, aunque te esté mandando casi toda tu ropa no te estoy desalojado, solo no sabía qué clase de ropa te llevarías si tuvieras el tiempo de empacar, se sobre el clima allá gracias al señor Hagrid, así que te mande todo el dinero que pude para que compraras lo que necesitaras, de ser posible le pedí al señor que te abriera una cuenta en el banco de magos para que no perdieras tu dinero, te conozco muy bien.
Espero y pases un buen año, no olvides mandarme cartas para cualquier cosa.
Con cariño tu tía Amy."
Termino de leer la carta antes de salir del pasillo frente a la casa de Hufflepuff solo para chocar nuevamente con Malfoy, por suerte él logró darse cuenta antes y la detuvo, pero dejó caer sus cosas en el proceso al igual que la chica con su billetera que se abrió dejando caer los billetes y algunas monedas.
—Perdón, otra vez. -dijo aún en los brazos del rubio, quien la dejó caer al poco rato.
Se levantó sacudiendo un poco su ropa y pudo notar la mirada intensa del Slytherin, la inseguridad atacó otra vez y pensó que quizás no se veía tan bien como vio en el espejo.
—Ten más cuidado, ¿es que acaso no ves por donde caminas? -aparto la mirada de ella y empezó a recoger sus cosas para irse.
Ella al igual que la última vez se agacho para ayudarlo y de paso recoger sus propias cosas.
—Antes de que te vayas, ¿puedes decirme como llegar al despacho del director Dumbledore?
Una pequeña pausa dio lugar a un seco "No" de parte del rubio, ella siguió insistiendo unos minutos más hasta que resignado la guio parte del camino hasta la torre del director, frente a la estatua de gárgola estaba Hagrid quien le saludo sacudiendo su mano a la distancia, cuando ella le iba a agradecer a Draco por ayudarla este había desaparecido.
—Llegas algo tarde -dijo el semi gigante con algo de diversión en su voz
—Perdón tuve problemas con la ropa, luego tropecé con alguien y andaba algo perdida.
Hagrid río, su risa era profunda y causaba una sensación de estar frente a papá Noel, se acercaron a la gárgola y diciendo las palabras "Fizzing Whizbee" esta abrió camino a la oficina del director, era tan caótica como el día anterior pero ahora encima del escritorio había un búho cornudo que ella conocía bien y junto a él estaba el pájaro de Dumbledore, el fénix Fawks, sin duda estaba próximo a convertirse en cenizas, se preguntó qué tan cliché sería que le sucediera lo mismo que a Harry y el pájaro muriera frente a ella, mientras pensaba en eso el director salió de sus aposentos asustándola.
—Me alegra que su equipaje llegara a tiempo, veo que tiene buen gusto para la ropa -la miro de arriba a abajo, dejando algo incomoda a la chica.
No hubo mucha platica luego de eso, le dio unas indicaciones a Hagrid y cuando se dio cuenta ya estaba diciendo las palabras para transportarse por los polvos flu.
(...)
El callejón Diagon estaba algo vacío cuando llegaron, lo que indicaba que solo antes de las clases se llenaba al máximo, aun así había algo de gente andando por ahí, Comprar el uniforme y los libros fue más rápido de lo que pensó, también quería comprarse un búho pero Hagrid la detuvo, dijo algo sobre que los búhos que vendían después de las clases no eran los más domesticados, cuando por fin llegaron a la tienda de Ollivander's ya era casi mediodía y Cherry se sentía algo cansada, quería comprar rápido su varita e irse a un restaurante a comer algo, pero que equivocada estaba.
—Mmh, quizás esta funcione Madera de sicomoro con núcleo de pelo de unicornio, 30 cm y una flexibilidad sorprendentemente suave.
Le impresionaba la calma del vendedor, más cuando casi había vaciado su tienda y había destrozado una pared, la varita era de un color madera claro y estaba algo torcida en la punta, en base había unas cuerdas de color más oscuro y desgastado que parecían sueltas más abajo, no parecía tener una buena apariencia y ella pensaba que quizás se rompería tan solo la agitara.
Movió la varita y una luz salió de la punta, se movió alrededor de ella para luego subir y destrozarse en pequeñas partículas de color verde.
—Quizás esa no sea la indicada, debería ver otro material si lo desea...
—Me quedo con esta - le interrumpió la chica extendiendo su mano hacia la cara del viejo hombre, él le dio una pequeño e imperceptible sonrisa.
Al salir de la tienda pasaron por un pequeño puesto donde vendían diferentes artículos mágicos, la tienda no era cerrada como las demás, esta mostraba sus artículos de forma abierta, lo que más llamó la atención de la chica fue una pequeña piedra de color blanco con toques dorados, le recordaba a las piedras que encontrabas en los ríos, aunque esta la más grande que había visto en su vida.
—Está piedra es especial para la varitas -apareció de repente un hombre bajito de pelo canoso y le acercó la piedra- esta piedra es un cuarzo blanco, si lo pones en la empuñadura de tu varita absorberá la energía negativa a tu alrededor y la podrá usar como energía positiva en tus hechizos, recomendada para aquellos magos que buscan combatir las artes oscuras.
La explicación del hombre le parecía a aquella que te daban los estafadores y se preguntó si era cierto aquello, pero desde que compró su varita sintió que le faltaba algo a esas cuerdas sueltas, dejó que el hombre pusiera el cuarzo blanco en la base y le pagó la cantidad correspondiente.
Mientras esperaban la comida en uno de los restaurantes del callejón Diagon, Cherry examinaba su nueva adquisición la cual parecía hecha para ella y de algún modo la hacía sentir más calmada.
—¿Te ha gustado tu nueva varita? -preguntó Hagrid una vez llegó la comida- aunque no creo que necesites del cuarzo blanco.
—¿Tú crees? Me gusta como quedo, le da un aire... Místico.
Lanzo una risa ante sus propias palabras, todo en el mundo mágico era algo místico su varita solo era un gramo de arroz en todo eso.
—Por cierto, necesito comprar unas cosas en el mundo muggle.
El semi gigante solo asintió, una vez con el estómago lleno se dirigieron a la salida que se encontraba en el caldero chorreante, era un lugar algo oscuro y olía a humedad, sin duda un lugar donde ningún muggle se acercaría. Se dirigieron a la primera papelería que pudieron encontrar cerca del bar y allí ella compró dos cuadernos, uno con la portada celeste que contenía hojas con pequeños cuadros dentro y otra con portada rosa junto con un conejo blanco en medio, ese tenía hojas en blanco, también compró un bolígrafo de tinta negra.
—¿No te basta con los pergaminos y las plumas? -Hagrid podía hablar a penas con todas las cosas 1ue cargaba.
—No se me hace cómodo tomar apuntes en un pergamino, así que para evitar problemas compre un cuaderno normal.
Jamás pensó en la posibilidad de utilizar como bolígrafo una pluma y peor aún escribir en un pergamino, aun así, sabía que tendría que acostumbrarse si no quería sacar una T de troll en las tareas, más aun conociendo el temperamento de su profesor de pociones.
El regreso a Hogwarts fue algo ajetreado con todas las bolsas de compras, antes de volver se había puesto el uniforme, aunque le había hecho un cambio, en vez de los típicos zapatos cafés se puso unas zapatillas deportivas blancas y esperaba que con lo largo de la túnica no se le notarán, no cambió su peinado ya que no tenía muchas energías para pensar en otro y así asistió a la cena del gran comedor.
Al llegar muchos la volvieron a mirar de forma extraña y ella no sabía si era por sus zapatos o por el color de su corbata, era amarilla con líneas negras los colores de Hufflepuff, pudo notar como Harry quiso levantar su mano para que ella se sentará en la mesa de los Gryffindor, pero al ver su uniforme la bajo otra vez, él y sus amigos no estaban tan seguros de su era buena idea que alguien fuera de su casa se sentará con ellos. Tomó aire y con paso firme se dirigió hacia la mesa de Gryffindor, paro frente al asiento reservado para ella y se sentó bajo la atenta mirada de los que estaban a su alrededor.
—y... ¿Qué creen que cenaremos esta noche? -pregunto con su cara roja de la vergüenza.
Ron no soporto las ganas de reír, siendo seguido por los demás causando que Cherry se pusiera aún más roja, ella le dio un codazo en las costillas y también comenzó a reír.
El fin de semana se la paso recorriendo el castillo y conversando tanto con profesores como con sus compañeros de casa y amigos, Hermione le ayudó a ponerse al día con las tareas que los profesores le permitieron entregar tarde, todos excepto Snape quien se negó a hablar con ella. Cuando comenzó las clases fue tal y como había imaginado, lunes le tocó encantamientos, como había perdido muchas clases ella tenía prohibido utilizar su varita sin la supervisión del profesor Flitwick, rápidamente pudo aprender los nombres de los hechizo pero confundía los movimientos y una que otra vez o golpeaba a alguien o le explotaba algo en la cara, transformaciones le fue algo mejor de lo que esperaba ya que principalmente tenía que tener en la mente con mucha concentración la imagen de lo que quería transformar así que con la imaginación que tenía pudo cambiar el color de la cerilla que le dio la profesora McGonagall.
—Muy bien señorita, pero aún va muy atrasada -dijo señalando a sus compañeros que ya habían obtenido agujas de sus cerillas.
A pesar de que ella era un Hufflepuff, no resultó ser la más brillante en herbología y menos cuando una de las plantas le lanzó tierra a la cara cuando sin querer le arranco una hoja, sin duda su materia menos favorita, pero la materia que más odio esa semana fue historia de la magia, compartía la clase con los de Slytherin y sin darse cuenta en vez de anotar lo que el profesor Binns decía acabo cayendo totalmente dormida sobre su escritorio, si no hubiera sido porque alguien pasó sin querer una pluma en su rostro se hubiera perdido el almuerzo.
Por otro lado, las clases de Defensas contra las artes oscuras fueron más sencillas, se preguntó si el profesor Quirrel -que también era mitad Voldemort- enseñaba de la forma correcta o quizás era que no enseñaba bien y todo lo que aprendía era incorrecto, lo único que sabía hasta ahora era que antes de sus clases debería tomar medicina para su alergia, ya que el olor a ajo causaba un ataque de estornudos en ella, cuando salió del aula sus ojos lagrimeaban de la picazón que sentía y fue directamente a la enfermería, la doctora Pomfrey fue algo dura con ella pensando que quizás era una excusa para no asistir a su siguiente clase pero cuando los estornudos cambiaron a tos le dio un medicamento y una nota para el retraso, su mala suerte atacó cuando salió de la enfermería y recordó que la clase a la que llegaba tarde era la de pociones, ya de por sí no tenía las notas de las primeras dos semanas y ahora llegaba tarde a su primera clase.
Entro y le entrego la nota de retraso, lo único que podía ver era el suelo, no se atrevía a alzar la mirada, pero luego recordó que era de mala educación recibir un castigo mirando al suelo, alzó su mirada y casi se pone a llorar, Snape la miraba de la forma más fría que podía existir y con un movimiento de la cabeza la mando a sentarse. La mayoría de sus compañeros de casa ya tenían pareja para la clase y a Cherry no le quedó más de otra que hacer el trabajo sola, a él profesor no le intereso que ella supiera tanto de pociones como Dudley Dursley y que quizás derritiera su caldero así que los estudiantes alrededor de ella se alejaban poco a poco, para la sorpresa de todos -pero no para la de Snape- Cherry consiguió realizar su poción en el poco tiempo que le quedaba y que esta estuviera decente ante la perspectiva del profesor.
—Dos puntos para Hufflepuff -murmuró el profesor de pociones, haciendo que solo Cherry lo escuchara y lo mirara totalmente sorprendida- Ahora que terminaron sus pociones, para la próxima clase quiero un metro y medio de los usos de las garras de dragón en polvo, pongan sus pociones en sus frascos y déjenlas en mi escritorio.
Al salir la mente de Cherry seguía por las nubes, jamás en toda la semana imagino que hubiera podido ganar puntos para su casa y menos en una clase a la cual había llegado tarde muy tarde, su mente aterrizó cuando luego del almuerzo ese jueves tuvo otra clase compartida con los Slytherin, vuelo, por suerte la clase no era necesariamente obligatoria y solo era un repaso que les daban a los alumnos de primer y segundo año, para desgracia de ella fue la primera y quizás única clase que tendría cuando se dio cuenta de que su magia no reaccionaba de buena manera a la escoba.
—Señorita Hydrangea, entiendo que no asistió a mis dos clases anteriores, pero estar unos centímetros sobre el suelo debería ser lo más básico.
—Eso intento -la chica estaba de cabeza, todo iba bien hasta que luego de estar a más de un metro sobre el suelo su escoba se giró dejándola de cabeza- creo que la escoba no quiere cooperar profesora.
Con la ayuda de la señora Hooch volvió a ponerse derecha, pero en el instante en que la soltó la escoba giro para el lado contrario y Cherry estuvo a punto de caerse si no hubiera sido porque se agarró con toda su fuerza al palo.
Mientras la profesora de vuelo le daba indicaciones sobre cómo volver a ponerse en la posición correcta, pudo notar como sus demás compañeros ya volaban alrededor del campo y como la mirada de Malfoy se burlaba de ella. Al final de la clase, luego de casi vomitar por el mareo de estar de cabeza, la profesora le dijo que no era necesario que volviera a las clases de vuelo y que ella se encargaría de hablar con él director sobre eso.
La mañana del viernes fue la tan esperada llegada de la escoba de Harry, el jamás le contó sobre que había entrado al equipo de quidditch pero como se la paso leyendo en su teléfono la noche anterior, había calculado el día de la llegada, las lechuzas con el gran paquete, la nota de la profesora McGonagall y el asombro de Ron, todo era casi igual y ella pensaba que no estaría envuelta en eso hasta que se dio cuenta que estaba en medio del pelirrojo y el peli negro así que no tuvo de otra más que leer la nota.
—¿Por qué la profesora te dio una escoba nueva? -su voz sonaba monótona y desinteresada, pero con la emoción de los chicos ellos no lo notaron.
Ron la tomó del brazo y junto con Harry fueron a la salida para abrir el paquete, antes de llegar a la puerta los guardaespaldas de Draco les cortaron el camino y le quitaron el paquete.
—Una escoba -dijo Draco con la cara retorcida por el enojo y los celos- rompiendo las reglas y envolviendo en tus problemas a una chica de otra casa, ¿qué pretendías Potter? ¿Quizás utilizarla de chivo expiatorio?
—No es cualquier escoba -se puso ron delante de la chica- es una Nimbus 2000, mejor que tu vieja Comet.
—Además Cheré es nuestra amiga -Harry también se puso delante de ella- y fue gracias a ti que tengo esta escoba.
La chica los hizo a un lado a ambos cuando Draco iba a comenzar a hablar, no quería que hubiera tanto rencor entre los tres y sabía que el siguiente comentario de parte del rubio sería muy dañino.
—Muy bien ustedes tres, ya basta de tonterías -tomo a Ron y Harry de cada brazo- puedes si quieres hablar con un profesor sobre la escoba de Harry, si quieres puedes decir que me iban a usar para pasarme la culpa, pero no servirá de nada, siquiera los mandaran a limpiar los baño y le quiten la escoba, pero no los expulsaran como tanto quieres así que no tengas tantas esperanzas.
Se fue con los chicos cuando llegó el profesor Flitwick y pudo ver como Malfoy hablaba con él, pudo ver como cambiaba su expresión a una de más enojo y se ponía rojo, cuando dieron la vuelta a la esquina los soltó y se apoyó en la pared, sin duda ganó puntos menos con Malfoy.
—En serio no te íbamos a utilizar de chivo expiatorio Cheré -dijo ron nervioso.
Cuando alzó la mirada vio las caras llenas de nervios en ambos, le causaba risa y ternura aquello, les hizo una seña a ambos para que se agacharan un poco y con su mano le dio un pequeño golpe a cada uno.
—Espero que hayan aprendido a como se debe manejar eso -dijo luego acariciando sus cabezas, para luego comenzar a hacer presión- no pueden ir peleando por ahí, sean más listos la próxima vez. Además ¿qué es eso de que gracias a él ganaste esa escoba?
—Rompieron las reglas, no puedo creer que te premiarán por eso -Hermione apareció detrás de los chicos causando un grito en los tres.
—No nos des esos sustos Hermione, quiero seguir viva lo que resta del año.
El pelirrojo comenzó a discutir con la chica sobre quien sabe que, mientras se dirigían a la torre de Gryffindor a guardar la escoba de Harry, Cherry se negó totalmente a subir las escaleras, dijo que si no era totalmente necesario ella los esperaría allí abajo, la primera clase las compartía con ellos y se sentó junto a Harry para ponerlo atento teniendo que bajarlo de su nube de quidditch, luego de esa clase a diferencia del trío de oro ella tenía la hora libre y se dedicó a pasear un rato por los alrededores del aula de su siguiente clase.
—¿Cheré Hydrangea?
Se sorprendió cuando tres chicas de su casa la llamaron, no había hecho conversación con casi nadie de Hufflepuff y hasta le sorprendía que recordarán su nombre teniendo en cuanta que ahora era casi una fantasma, les respondió con un sí cuando la chica de cabello rojizo la abrazo.
—Oh dios, vimos cómo te trató Malfoy -estaba al borde de las lágrimas- nos preocupamos tanto, per fue increíble como te las arreglaste para resolverlo todo, ¿verdad chicas?
Las otras dos asintieron también limpiándose las lágrimas, Cherry seguía sin entender lo que sucedía pero de algún modo se alegraba que alguien de su casa luego de una semana le hablaran para algo que no fuera la tarea o pasarle algo de tinta. Las tres se presentaron como Rose, la chica que la abrazo y las otras dos como Ellen y Alma las gemelas, todas eran de familias mágicas y le dijeron que podían contar con ellas cuando tuviera problemas.
La clase que toco luego del corto descanso fue encantamientos, durante esa semana se había puesto al corriente con las clases y ese día daría una pequeña prueba para demostrarlo, ese día compartía clases con los Slytherin otra vez. Cuando la clase estuvo a puntos de empezar y sacaron sus varitas, Cherry se dio cuenta de que había perdido la suya, busco por los pocos bolsillos de su túnica, debajo del escritorio y en el asiento, pero no la encontró y cuando el profesor llegó a su lugar la miró con algo de decepción.
—Lleva aquí usted una semana y me sorprende que no recordará algo tan básico como traer su varita -quería ponerse a llorar, el profesor más bondadoso de todo Hogwarts, después de Dumbledore, la estaba regañando por no tener su varita- me temo que se restarán puntos a su casa por eso.
Sus compañeros empezaron a quejarse en voz baja, noto que eso era mucho peor que cuando los muggles se ponen a gritar al profesor por algo como eso, en ese instante Draco apareció detrás del profesor y le entregó algo, ella no entendía lo que decían, solo pudo ver como la miraba sin interés, chasqueo la lengua y se fue a sentar de nuevo en su asiento.
—Tiene suerte esta vez señorita, su compañero encontró su varita en la entrada -puso la varita sobre la mesa- no le restare puntos a su casa ya que se resolvió rápido, en cambio por su compañerismo cinco puntos para Slytherin.
Mientras salía del aula luego de clases golpeaba sus mejillas para poder quitar el color rojo de la vergüenza, decidió que tan solo llegara a su habitación cosería un bolsillo para su varita en la falda y este llevaría un cierre, pensó en buscar a Draco para darle las gracias sobre su varita, pero no lo encontró, la última clase que tuvo antes de la cena fue historia de la magia la cual pasó casi toda la clase dormida de nuevo, así que tampoco pudo hablar con el rubio.
"Creo que durante todo el año tendré que pedirle sus apuntes a Hermione" pensó mientras era la última en salir del aula.
No pudo seguir pensando mucho cuando dos chicos vinieron y tomándola uno de cada brazo la secuestraron hacia las escaleras movibles, grito cuando estas empezaron a moverse y trato de zafarse del agarre, pero ya cuando la soltaron estaban frente al cuadro de la señora gorda.
—¡Ustedes! -antes de que pudiera reclamarlo a Harry y Ron, la señora del cuadro les pidió la contraseña.
—Perdón, pero queríamos mostrarte la escoba que me mandaron -Harry se veía de lo más emocionado mientras corría hacia la habitación de los chicos.
Quería reclamar de que tenía que ver ella con eso pero los chicos ya la habían arrastrado ahí y ella no quería volver a pasar por las escaleras, cuando se acercó hacia la cama del peli negro, la escoba estaba ahí sobre las mantas y para ella se veía como en las películas con su mango de madera brillante y las letras doradas, Ron se puso a hablar con Harry sobre escobas y quidditch mientras ella miraba alrededor la habitación, desde la ventana podía ver el lago negro y por un instante creyó ver uno de los tentáculos de la bestia marina que ahí vivía.
—Si me hago amiga de Draco y entrará a la sala común de Slytherin... ¿Creen que podría ver a la bestia marina?
El silencio le hizo dar cuenta de la locura que había dicho, estaba ahí con dos Gryffindor en su territorio y lo mejor que pudo decir fue sobre hacerse amiga de un Slytherin, para colmo del enemigo de Harry. Cuando miró hacia atrás esperaba la cara enojada de Ron, pero en vez de eso ellos habían dejado la habitación, sacó su teléfono para ver la hora eran las 7:17, hacía casi diez minutos que ellos se habían ido y ella estaba ahí sola. Fue a la sala común hecha una furia para gritarles a esos dos peros solo encontró al pelirrojo Weasley sentado comiendo unas galletas, ella se acercó con su peor cara de enojo y le quito las galletas.
—Me traen aquí en contra de mi voluntad y luego me dejan tirada en su habitación, ni siquiera me dejaron comer la cena -se sentó junto a ron a comer las galletas que le quito.
—Perdón fue la emoción.
El chico trato de robarle una galleta, pero ella alejo al instante la bolsa, mientras peleaban por los pocos dulces de la bolsa una chica se acercó por detrás de ellos, era Hermione quien iba con los brazos cruzados y una bolsa en una de las manos.
—Se meterán en problemas, no puedes dejar entrar a otra persona que no sea de nuestra casa.
—Eso no te incumbe Hermione...
Cherry le dio un golpe en la cabeza, le dio la razón a la chica castaña, ella pensaba ir en algún momento a la torre en Gryffindor, pero no de esa manera y menos con la mala experiencia que tuvo con las escaleras, Hermione le entrego la bolsa que llevaba, al abrirla se encontró con diferentes pasteles de calabaza, crema y otros sabores, además de piezas de pollo.
—¿Como?
—Vi como estos dos animales te arrastraron, imaginé que no habrías podido comer la cena así que traje algo conmigo -Ron giro la cabeza poniendo una cara graciosa y en una chillona pero baja repetía las palabras de la castaña.
—¿Sabes cuánto te amo Hermione?
Gracias a la chica de Gryffindor pudo regresar a su dormitorio a tiempo para la hora de dormir, al día siguiente pudo dormir hasta las once de la mañana como era su costumbre antes de llegar Hogwarts y aunque se perdió el desayuno no le importaba mucho ya que el almuerzo comenzaría en unos minutos.
