Nota de Autor: Perdón por la tardanza con la actualización, pero tuve problemas con mi internet durante toda la semana pasada y apenas hoy vinieron a arreglarlo, en compensación por la tardanza el capitulo de hoy es un poco más largo de lo normal. Debido a que estoy en mi primer semestre de preparatoria y acabo de iniciar época de exámenes he estado bastante ocupada terminando tareas y entregando proyectos, puede que tarde un par de semanas en actualizar el siguiente capitulo, el fin de semana voy a comenzar a escribir el siguiente capitulo y si todo sale bien debería estar publicado el domingo de la próxima semana; así que les piso paciencia. Igual les agradezco mucho que se tomen el tiempo para leerlo, no saben lo importante que es para mi .
Hermione se encontraba en un gran patio que tenía flores por todas partes, el olor que desprendían era simplemente embriagador se sentía segura en ese lugar. Estaba parada sobre un camino de piedras, levantó la vista para observar a un hombre bastante alto que se encontraba parado en medio de un templete de color blanco, sin saber porque empezó a caminar por el camino hacia él como si no controlara sus pies, a medida que se iba acercando lograba ver mejor al hombre, tenía cabello negro y del largo perfecto, ni muy largo ni muy corto, la camiseta que usaba se ajustada a sus hombros y brazos haciéndolo ver más masculino; cuando estaba a punto de subir los escalones del templete la persona se volteó a verla.
No tenía palabras para describir al hombre parado enfrente de ella, su cabello oscuro caía ligeramente sobre su frente, sus ojos negros que le dedicaban una mirada de adoración total le robaron un suspiro y tenía la nariz ligeramente torcida; Hermione siguió avanzando hasta que estuvo frente a él, se dio cuenta que era bastante más alto que ella, su cabeza llegaba un poco más debajo de su hombro por lo que sus ojos estaban directos en su pecho que se veía bastante trabajado. Levantó la mirada para poder seguir viendo esos ojos que le decían que podía confiar en él, bajó un poco la mirada a sus labios rosas, de repente unas ganas inmensas por besarlo comenzaron surgir en su mente, pero trataba de apartarlas.
-Te he extrañado mucho moya lyubov- no sabía que significaba eso último que le dijo pero parecía algo hermoso, no sabía quién era esa persona pero se sentía amada y segura estando frente a él; el hombre tomó un pequeño mechón de su cabello y lo metió detrás de su oreja para después pasar sus nudillos a lo largo de su mejilla.
Hermione se levantó agitada en su habitación y volteo a ver a todos lados para dejarse caer en su cama.
-Sólo fue un sueño- seguía muy confundida por su sueño, era la primera vez que lograba ver el rostro del chico que constantemente invadía sus sueños y no podía negar que era que era bastante guapo y la manera en que le habló le pareció simplemente hermosa.
Después de un rato de estar vagando en sus pensamientos comenzó a escuchar movimiento en la casa por lo que llegó a la conclusión de que todos se estaban preparando para partir; agarró lo primero que encontró que resultó ser un zapato de Ginny y se lo lanzó, pero su amiga siguió durmiendo, por lo que se levantó de la cama y se tiró encima de ella para despertarla.
-Gin es hora de despertar, vamos levántate.
-5 minutos más Her- claramente no se iba a despertar tan fácil por lo que recurrió a su segundo plan cuando esto ocurría.
-Ron y los gemelos se van a acabar todos los waffles y el tocino.
-¡Ya estoy despierta!- se paró tan rápido que Hermione terminó sentada en el piso riéndose de la reacción de su amiga -Esa fue una jugada injusta.
-Es la única forma de hacer que te despiertes sin usar magia y lo sabes.
Ginny se comenzó a tallar los ojos con sus manos tratando de espantar un poco el sueño mientras la castaña se levantaba e iba a su baúl para buscar la ropa que iba a usar.
-Primero me voy a bañar yo porque tardo menos bañándome, pero más arreglándome.
-Si, si hazlo.
Después de salir de la ducha comenzó a tratar de arreglar un poco su cabello, pero era una batalla perdida, sólo consiguió sujetar un par de mechones detrás de su cabeza con un lazo, Ginny salió del baño antes de lo que esperaba y se comenzó a vestir, al verla a Hermione se le vino a la cabeza el sueño que había tenido y se lo quería decir para saber qué opinaba acerca de él.
-Oye Gin.
-¿Si?
-Tuve un sueño sobre Darcy.
Ginny se giró tan rápido que su amiga pensó que se había lastimado el cuello.
-¿Qué soñaste?- preguntó mientras se sentaba a lado de ella preparada para escucharla.
-Estaba en el patio de una casa y había muchas flores diferentes, estaba parada sobre un camino de piedras que llevaban a un hermoso templete blanco y en medio de él estaba parado Darcy- la pelirroja puso una cara de sorpresa cuando dijo esto -Y sin darme cuenta comencé a caminar hacia él y cuando estaba cerca él se volteó hacia mí y pude ver todo su rostro.
Su mejor amiga soltó un leve chillido de emoción.
-¿Cómo era? ¿Era guapo?
-Tenía ojos negros y su nariz estaba un poco torcida, pero era bastante guapo, me sentí muy pequeña a lado de él porque era bastante alto- Hermione no mencionó que sus músculos estaban bastante marcados ya que sabía que su amiga iba a hacer muchas bromas sobre eso -También me dijo "Te he extrañado mucho moya lyubov" pero no tengo la menor idea de que significa.
-Bueno, dejando de lado lo romántico que suena eso y que era guapo, tenemos una pista, que en mi opinión es muy importante.
Hermione estaba confundida, no tenía idea de que pista podía haber en eso.
-¿Y cuál sería esa pista si puedo saber?
-Que él dijo eso y tu no entendiste que significaba, por lo tanto no puede ser creación de tu cerebro, porque habla un idioma que no conoces por lo tanto no es de Londres, Francia, Alemania o de algún país donde hablen español- sólo cuando Ginny le explicó fue que logró entender y tenía razón.
-Wow Gin, eres asombrosa, tienes razón.
-Lo sé- dijo mientras hacía un ademán de quitarse el cabello del hombro.
Hermione iba a hablar, pero la voz de la Sra. Weasley diciéndoles que bajaran las interrumpió.
-Hablamos de esto después, en este momento hay que concentrarnos en que vamos a ir a los Mundiales de Quidditch y nos vamos a divertir mucho.
-Tienes razón, ahora vamos abajo que me estoy muriendo de hambre y corremos el riesgo de que mis hermanos nos dejen sin desayuno.
Comenzaron a bajar las escaleras en silencio ya que aun tenían un poco de sueño y estaban cansadas, antes de llegar abajo comenzaron a escuchar el bullicio cotidiano de una casa donde viven varias personas.
-Por favor recuérdenme porque nos hemos levantado tan temprano- preguntó la menor de los Weasley a nadie en específico.
-Porque tenemos que dar un pequeño paseo cariño- le contesto el Sr. Weasley dulcemente, para nadie era un secreto que él amaba su hija ya que era su única niña y la más pequeña de la familia.
-¿Paseo?- preguntó Harry extrañado -¿Vamos a ir andando hasta la sede de los Mundiales?- a veces le sorprendía lo poco que procesaba las cosas su hermano pequeño, pero así lo quería.
-No, no, eso está muy lejos. Sólo hay que caminar un poco. Lo que pasa es que para ocasiones como esta en las que muchos magos se tienen que reunir usamos algo que se llama traslador ya que es una forma más discreta para viajar que usar escobas- le explico Arthur.
La castaña iba a agregar algo más a la explicación, pero la voz de la Sra. Weasley la interrumpió cuando abrió la boca.
-¡George!
-¿Qué?- preguntó con un tono de inocencia que no engaño a nadie.
-¿Qué es lo que tienes en el bolsillo?
-¡Nada!- exclamó mientras alzaba las manos sobre su cabeza.
-¡No me mientas!
La Sra. Weasley sacó su varita del bolsillo de su falda y apunto hacia George mientras decía "Accio"
Varios objetos de colores brillantes salieron volando de los bolsillos de sus pantalones, el pelirrojo en vano intentó agarrar algunos objetos, pero todos se fueron volando hacia las manos de su madre.
-Les dije que destruyeran todo esto- exclamó claramente furiosa, la Sra. Weasley sosteniendo en la mano lo que Hermione creía eran los dulces que habían desencadenado la pelea de ayer -Vacíen los bolsillos, no estoy en contra de su trabajo chicos, pero estos dulces pueden llegar a ser peligrosos y no los van a llevar a un lugar donde cualquiera los podría comer.
Los gemelos empezaron a sacar todo lo que tenían en los bolsillos bajo la atenta mirada de su madre, era claro que habían tratado de sacar la mayor cantidad posible de dulces de la casa, pero aun así Molly, que no estaba convencida de que eso fuera todo, comenzó a lanzar encantamientos convocadores para encontrarlos todos.
-¡Accio!, ¡Accio, ¡Accio!- fue diciendo mientras los caramelos restantes iban saliendo de lugares impredecible como el forro de la chaqueta de George y el dobladillo de los jeans de Fred.
El ambiente estaba un tanto tenso cuando los gemelos agarraron sus mochilas y salieron por la puerta trasera con el entrecejo fruncido, la Sra. Weasley se inclinó para dejar un suave beso sobre la frente de su esposo.
-Bueno pásenla bien y pórtense como Dios manda; Bill, Charlie y Percy llegarán al medio día- los despidió la matriarca mientras el Sr. Weasley, Harry, Ron, Hermione y Ginny se iban por el oscuro patio siendo seguidos de cerca por Fred y George.
Hermione se puso a observar el entorno que los rodeaba, hacia fresco y la luna todavía brillaba sobre sus cabezas, un pálido resplandor en el horizonte era lo único que indicaba que dentro de poco amanecería, podía escuchar el débil sonido de los grillos a su alrededor y la manera en que las hojas de las copas de los árboles se movían debido a la suave brisa. Amaba estos momentos donde poda sentirse en paz y aunque escuchaba la charla de Arthur y Harry no le importo, ya que ella iba más adelante con Ginny enganchada a su brazo.
-Oye Her- le habló la pelirroja, Hermione hizo un leve asentimiento con la cabeza indicándole que siguiera hablando -¿Te gustó?
-¿Ah?- volteó a ver a su amiga confundida.
-Sabes a que me refiero- hizo un gesto con la mano como si con eso ella pudiera entender, aunque la castaña seguía igual de perdida -Darcy- dijo como si fuera obvio.
-Oh eso.
-Si eso.
-No se Gin, pero lo que sí sé es que me sentí amada y protegida cuando estaba frente a él, pero ni siquiera sé quién es, aparte es de ese tipo de chicos que intimidan un poco cuando lo ves, era bastante alto- dijo recordando como su cabeza apenas llegaba a su hombro.
-¿Pero no lograste reconocerlo ni un poco?, ¿estás segura de que no lo has visto antes?
-Estoy muy segura, créeme que no podría olvidarme de él, sentí como si tuviera una conexión con él- cada vez estaba más segura que lo que tenía no eran simples sueños y que había algo mucho más profundo e importante de lo que creía.
Estuvieron caminando un rato más hasta que por su visión periférica pudo ver como el Sr. Weasley señalaba algo delante de ellos, pasado el pueblo de Ottery St. Catchpole, donde se alzaba una enorme montaña.
-¿Qué tipo de objetos son los trasladores?- preguntó Harry con curiosidad, Hermione supuso que es de lo que estuvieron hablando mientras caminaban ya que no les había prestado atención.
-Bueno en realidad pueden ser cualquier cosa, pero no deben llamar mucho la atención, desde luego, para que los muggles no los agarren y jueguen con ellos, deben ser cosas que para ellos simplemente parezcan basura- respondió el Weasley mayor -Aún tenemos que caminar un poco más chicos.
Ginny agarró el brazo de su amiga haciendo que caminara más lento y se quedaran detrás de todos.
-Creo que se quién podría saber un poco más sobre lo de los sueños- le dijo su amiga.
-¿Enserio?- la pelirroja asintió muy segura -¿Quién?
-Bill tuvo que estudiar magia antigua mientras se preparaba para ser rompe maldiciones y desde entonces le encanta leer sobre eso, aparte de que soy su hermana favorita y me quiere demasiado por lo que no hará preguntas, bueno, sólo me preguntara si tengo algún problema, pero eso es todo, el respeta mi privacidad- afirmó muy segura.
-¿Crees que nos ayudaría?- inquirió la castaña no muy segura.
-Por supuesto, no te preocupes, yo le preguntare y te diré todo lo que él me diga.
-Muchas gracias Gin- agradeció abrazando a su amiga, la quería mucho y no sabía que haría sin ella, ya que la menor de los Weasley resultó ser uno de sus mayores apoyos aparte de sus padres y Harry.
-Vamos chicas, no se queden atrás- les habló el Sr. Weasley.
Caminaron con dificultad por el oscuro, frío y húmedo sendero hacia el pueblo. Sólo sus pasos rompían el silencio; el cielo se iluminaba muy despacio, pasando del negro impenetrable al azul intenso, mientras se acercaban al pueblo. Para este punto Hermione ya se encontraba cansada, ya que no estaba acostumbrada a hacer tanto ejercicio, en general no estaba acostumbrada a hacer ejercicio, pero Ginny parecía demasiado fresca, estaba respirando normal y caminaba tranquilamente.
-No entiendo cómo es que no estás cansada, yo siento que voy a morirme y aún no llegamos- le dijo mientras tomaba grandes bocanadas de aire.
-Eso es porque te falta hacer ejercicio, si me hicieras caso y salieras a correr conmigo no tendrías estos problemas, y considerando que Harry, mi hermano y tú siempre se andan metiendo en problemas y corriendo por sus vidas, deberías al menos intentarlo. Al principio te vas a cansar, pero conforme lo establezcas como una rutina tu cuerpo se va a acostumbrar y ya no te va a faltar el aire ni parecer que fueras a morir como ahora- a lo largo del año pasado Ginny le estuvo insistiendo para que fuera a correr con ella por las mañanas antes de clases, pero siempre declinaba su oferta, pero tomando en cuenta lo que dijo su amiga y aceptó que tenía razón.
-De acuerdo, en cuanto regresemos a Hogwarts saldré a correr contigo.
-¿En serio?- Hermione asintió -No te vas a arrepentir- dijo contenta su amiga.
-Bueno eso ya lo veremos.
Cuando emprendieron la subida por la colina de Stoatshead no les quedaba fuerzas para hablar, y a menudo tropezaban en las escondidas madrigueras de conejo o resbalaban en las matas de hierba espesa y oscura.
-Uf- jadeó el Sr. Weasley quitándose las gafas y limpiándolas con el suéter -Bien, Hemos llegado con tiempo. Tenemos diez minutos…
Hermione y Ginny llegaron en último lugar ya que a la castaña se le complicaba subir y su amiga se quedó con ella para que no se sintiera mal.
-Ahora solo falta el traslador- dijo el Sr. Weasley volviendo a ponerse las gafas y buscando a su alrededor -No debe ser muy grande…
Todos se dispersaron por la colina para buscar el traslador; sólo llevaban un par de minutos cuando un grito rompió el silencio.
-¡Aquí, Arthur! Aquí, hijo, ya lo tenemos.
Al otro lado de la cima de la colina se podían ver dos siluetas altas.
-Amos- dijo sonriendo el Sr. Weasley mientras se dirigía a zancadas hacia el hombre que había gritado mientras los demás caminaban detrás de él.
El patriarca Weasley le dio la mano a un mago de rostro rubicundo y barba escasa de color castaño, que sostenía una bota vieja y enmohecida.
-Chicos este es Amos Diggory; trabaja para el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas. Y creo que ya conocen a su hijo Cedric.
Cedric Diggory, un chico muy guapo de unos diecisiete años, es capitán y buscador del equipo de quidditch de la casa de Hufflepuff.
-Hola- saludó Cedric tímidamente mirándolos a todos.
-Merlín, quien dejó a ese bombón suelto- le susurró Ginny a Hermione para que solo ella pudiera escucharla.
-¡Ginny!- le dijo en voz baja con tono de reproche.
-¿Qué? Sabes que tengo razón Herms, míralo, es absolutamente atractivo. Uff, y ni hablar de lo que esa ropa esconde, lo vi un par de veces en el entrenamiento de quidditch- dijo mientras hacía un esto de abanicarse con la mano.
Hermione dejó salir una pequeña risa mientras veía como los demás le devolvían el saludo, a excepción de los gemelos que parecía que aún no superaban que Hufflepuff le ganara a Gryffindor en el partido de quidditch
-¿Ha sido muy larga la caminata Arthur?- preguntó el padre de Cedric.
-No demasiado, vivimos al otro lado del pueblo, ¿y ustedes?- preguntó el Sr Weasley.
-Hemos tenido que levantarnos a las dos ¿verdad, Ced? ¡Que felicidad cuando tenga por fin el carné de aparición! Pero, bueno, no nos podemos quejar. No nos perderíamos los Mundiales de Quidditch ni por un saco de galeones… que es lo que nos han costado las entradas más o menos. Aunque, en fin, no me ha salido tan caro como a otros…
Amos Diggory echó una mirada bonachona a los hijos del Sr. Weasley, a Harry y a Hermione.
-¿Son todos tuyos, Arthur?
-No, sólo los pelirrojos- aclaró el hombre señalando a sus hijos -Ella es Hermione, amiga de Ginny y Ron, y él es Harry otro amigo…
-Por las barbas de Merlín ¿Harry? ¿Harry Potter?- exclamó el Sr. Diggory abriendo los ojos como si tratara de ver mejor.
-Eeeh… sí- contestó Harry.
Hermione sabía que Harry ya estaba acostumbrado a que las personas reaccionaran de esa forma al conocerlo, pero seguía sin gustarle, ya que sentía que era hostigaste.
La castaña escuchó cómo el padre de Cedric empezaba a hablar sobre quidditch y su mente automáticamente se alejó de esa conversación, y empezó a recordar todo lo que había vivido hasta ese momento, y sabía que todavía le faltaba mucho más por vivir.
-Ya debe ser casi la hora- escuchó que decía el Sr. Weasley -¿Sabes si esperamos a alguien más, Amos?
-No. Los Lovegood ya llevan ahí una semana, y los Fawcett no consiguieron entradas- repuso el Sr. Diggory -No hay ninguno más de los nuestros en esta zona, ¿o sí?
En cuanto Hermione escuchó que mencionaban a la familia de su amiga volteo a ver a Ginny sonriéndole, ambas habían conocido a Luna Lovegood el año pasado en Hogwarts y desde ese momento se hicieron amigas de ella.
-No que yo sepa- dijo el Sr. Weasley -Queda un minuto. Será mejor que nos preparemos.
Miró a Harry y Hermione.
-Harry, lo único que tienes que hacer es tocar el traslador, con un dedo basta, Hermione me imagino que tú ya sabías eso -le dijo a la castaña con una pequeña sonrisa, la adolescente se ruborizó un poco.
Con cierta dificultad, debido a las voluminosas mochilas que llevaban y la cantidad de personas, los nueve se reunieron alrededor de la vieja bota que sostenía Amos Diggory.
Todos permanecieron en pie, en un apretado círculo, mientras una brisa fría barría la cima de la colina; nadie habló, Harry pensó que si algún muggle apareciera en ese momento esa escena le resultaría bastante rara: nueve personas, entre ellas dos hombres adultos, con grandes mochilas, sujetando una bota vieja y asquerosa.
-Tres…-empezó a contar el Sr. Weasley – dos… uno…
Justo cuando el patriarca Weasley terminó de contar, Hermione sintió como si tiraran de su ombligo hacia delante con fuerza, sus pies se habían despeado del suelo. Iban todos a una enorme velocidad en medio de un remolino de colores y de una ráfaga de viento que golpeaba en sus oídos. Tenía el dedo medio pegado a la bota, como por atracción magnética.
Entonces sintió como sus pies tocaban tierra, pero no pudo mantener el equilibrio por lo que calló a lado de Ginny que se encontraba debajo de un Harry muy sonrojado, cuando levantó la vista pudo ver que Cedric y los señores Weasley y Diggory permanecían de pie, mientras que todos los demás se habían caído al suelo.
Harry seguía con su sonrojo mientras balbuceaba disculpas a la pelirroja debajo de él y se levantaba.
-Ehh… per…perdón Gin- el azabache le ofreció una mano para ayudarla a pararse.
-No te preocupes Harry, es bastante difícil lograr caer bien la primera vez- Ginny sólo tenía un ligero sonrojo, pero sorprendentemente estaba hablando con normalidad y parecía bastante tranquila.
Cuando Hermione estuvo de pie se dio cuenta del lugar donde estaban, se encontraban en un páramo con una ligera neblina, enfrente de ellos se encontraban unos magos de aspecto cansado que vestían como si fueran muggles.
Vio que el Sr. Wealey se acercaba a ellos para saludarlos, pero no le prestó mucha atención ya que estaba más concentrada en ver cómo Harry volteaba a ver disimuladamente a Ginny quien parecía que estaba buscando algo en su mochila.
-Hey Gin -habló la castaña a su amiga.
- ¿Sí? -le contestó distraídamente.
- ¿Qué fue eso con Harry?
- ¿Eso qué? - le respondió volteando a verla con confusión.
-Porfavor, Harry estaba demasiado nervioso, incluso se sonrojó y demasiado déjame decirte.
-Sólo estaba apenado porque cayó justo encima de mi -le dijo despreocupadamente.
-Gin, yo conozco a Harry, y él muy pocas veces se pone nervioso o se sonroja, sólo lo he visto nervioso antes de un partido de quidditch
-Herms…-le dijo en un tono de advertencia.
-De acuerdo, me calló.
- Vamos chicas hay que seguir caminando- las interrumpió el padre de la pelirroja.
Se encaminaron por el páramo desierto, incapaces de ver gran cosa a través de la niebla. Estuvieron caminando por veinte minutos, durante los cuales Hermione sólo pudo pensar en lo complicados que eran sus mejores amigos, ella había notado la manera en que Harry miraba a Ginny, y la manera en que se comportaba cuando estaba cerca de ella, no lograba entender como era tan valiente como para enfrentarse a un basilisco y a cientos de dementores pero le daba miedo aceptar sus sentimientos por la pelirroja. En cambio, la menor de los Weasley se reusaba a creer que el niño que vivió lograra tener sentimientos que fueran más allá de la amistad hacia ella, sin duda eran un par complicado, y sólo iban a lograr estar juntos cuando cada uno aceptara que se quieren.
Salió de su ensoñación al darse cuenta de qué se habían detenido frente a una casita de piedra que tenía una verja. A l otro lado alcanzó a ver lo que suponía eran las tiendas de todas las personas que habían asistido al evento, las tiendas se extendían frente a ella hasta alcanzar el horizonte y terminar antes de los límites del bosque.
-Aquí nos despedimos mi querido amigo- dijo el Sr. Diggory, ya que a ellos les había tocado en otro prado.
-Claro, claro, nos veremos después Amos- le respondió cordialmente Arthur.
Amos Diggory hizo un ademán mientras comenzaba a caminar, pero Cedric se retrasó un poco y volteó a ver directamente a Ginny.
-Hasta luego Gin.
-Nos vemos Ced.
Luego de eso el chico comenzó a trotar tratando de alcanzar a su padre. Hermione estaba ligeramente sorprendida por la manera en que el Hufflepuff y su amiga se habían despedido, pero al ver la forma en que los gemelos y Ron estaban viendo entre Cedric y Ginny tuvo que reprimir una carcajada ya que no era el momento, los gemelos estaban viendo a Cedric como si pudieran matarlo con la mirada y Ron tenía le ceño fruncido y la boca ligeramente abierta mientras veía a su hermana.
Sin embargó al voltear a ver a Harry sólo aseguró más sus pensamientos acerca de que él estaba enamorado de la pelirroja, estaba viendo a Cedric como si lo odiara y fuera el culpable de todos los problemas del mundo; sin dudas era bastante divertido.
-¿Gin, Ced?, ¿Desde cuándo tienen tanta confianza?- le dijo Ron a la menor de los Weasley, a su lado Harry la miraba como si preguntara lo mismo, atento por la respuesta.
- Sinceramente Ronald, eso no te incumbe en lo más mínimo- le contestó Ginny rodando los ojos.
-Es cierto, ella no te debe explicaciones, no eres su padre- la castaña se puso del lado de su amiga al instante.
-Chicos dejen en paz a su hermana y síganme- dijo el Sr. Weasley para después empezar hacia verja donde un hombre estaba observando la tienda, al verlo Hermione reconoció que era un mugle, probablemente el único de la zona. Al escuchar sus pasos se volteó a mirarlos.
-¡Buenos días!- saludó alegremente el Sr. Weasley
-Buenos días- respondió el hombre.
-¿Es usted el señor Roberts?
-Sí, lo soy. ¿Quiénes son ustedes?
-Los Weasley…Tenemos reservadas dos tiendas desde hace un par de días, según creo.
-Sí- dijo el Sr. Roberts, consultando una lista que tenía clavada a la puerta con tachuelas-. Tienen una parcela allí arriba, al lado del bosque. ¿Sólo una noche?
-Efectivamente- repuso el patriarca.
-Entonces ¿pagarán ahora? -preguntó el señor Roberts.
- ¡Ah! Sí, claro… por supuesto… -Se retiró un poco de la casita y le hizo una seña a Harry para que se acercara-. Ayúdame, Harry -le susurró, sacando del bolsillo un fajo de billetes muggles y empezando a separarlos-. Éste es de… de… ¿de diez libras? ¡Ah, sí!, ya veo el numero escrito… Así que ¿éste es de cinco?
-De veinte -lo corrigió Harry en voz baja, incómodo porque se daba cuenta de que el señor Roberts estaba pendiente de cada palabra.
- ¡Ah, ya, ya…! No sé… Estos papelitos…
- ¿Son ustedes extranjeros? -inquirió el Sr. Roberts en el momento en que el señor Weasley volvió con los billetes correctos.
- ¿Extranjeros? -repitió Arthur perplejo.
-No es el primero que tiene problemas con el dinero -explicó el señor Roberts examinando al patriarca Weasley-. Hace diez minutos llegaron dos que querían pagarme con unas monedas de oro tan grandes como tapacubos.
- ¿De verdad? -exclamó nervioso el Sr. Weasley. El Sr. Roberts rebuscó el cambio en una lata.
-El camping nunca había estado así de concurrido -dijo de repente, volviendo a observar el campo envuelto en niebla-. Ha habido cientos de reservas. La gente no suele reservar.
- ¿De verdad? -repitió tontamente el señor Weasley, tendiendo la mano para recibir el cambio. Pero el otro hombre no se lo daba.
- Sí -dijo pensativamente el muggle-. Gente de todas partes. Montones de extranjeros. Y no sólo extranjeros. Bichos raros, ¿sabe? Hay un tipo por ahí que lleva falda escocesa y poncho.
- ¿Qué tiene de raro? -preguntó el señor Weasley, preocupado.
- Es una especie de… no sé… como una especie de concentración -explicó el señor Roberts-. Parece como si se conocieran todos, como si fuera una gran fiesta.
En ese momento, al lado de la puerta principal de la casita del Sr. Roberts, apareció de la nada un mago que llevaba pantalones bombachos.
- ¡Obliviate! -dijo bruscamente apuntando al señor Roberts con la varita.
El señor Roberts desenfocó los ojos al instante, relajó el ceño y un aire de despreocupada ensoñación le transformó el rostro. Hermione reconoció los síntomas de una persona que sufría una modificación de la memoria.
- Aquí tiene un plano del campamento -dijo plácidamente el señor Roberts al padre de Ron-, y el cambio.
-Muchas gracias -repuso el señor Weasley.
El mago que llevaba pantalones bombachos los acompañó hacia la verja de entrada al campamento. Parecí muy cansado, tenía una barba azulada de varios días y profundas ojeras. Una vez que salieron del alcance de los oídos del muggle, el hombre le explicó al Sr. Weasley.
-Nos está dando muchos problemas. Necesita un encantamiento desmemorizante diez veces al día para tenerlo calmado. Y Ludo Bagman no es de mucha ayuda. Va de un lado a otro hablando de bludgers y quaffles en voz bastante alta. La seguridad antimuggles le importa un pimiento. La verdad es que me alegraré cuando todo esto haya terminado. Hasta luego, Arthur.
Y, sin más, desapareció.
-Creía que el señor Bagman era el director del Departamento de Deportes y Juegos Mágicos -dijo Ginny, sorprendida-. No debería ir hablando de las bludgers cuando hay muggles cerca. ¿no les parece?
-Sí, es verdad -admitió el señor Weasley mientras los conducía hacía el interior del campamento-. Pero Ludo siempre ha sido un poco… bueno… laxo en lo referente a la seguridad. Sin embargo, sería imposible encontrar a un director del Departamento de Deportes con más entusiasmo. Él mismo jugó en la selección de Inglaterra de quidditch, ¿saben? Y fue el mejor golpeador que han tenido nunca las Avispas de Wimbourne.
Cuando empezaron a caminar para llegar a la zona que les correspondía Hermione agarro del brazo a Ginny retrasándose un poco para que los demás no escucharan su conversación.
-Un gracias por haberte salvado de tus hermanos sobreprotectores no estaría mal, ¿sabes?
- ¡Oh! Perdóneme mi salvadora, gracias por sus amables servicios -le contestó burlándose la pelirroja.
-Ok, ya que eso quedó claro, creo que usted señorita me debe un par de respuestas.
- ¿Ah sí?
-Si, así es
- Y según tú, ¿cuáles son esas respuestas? – le preguntó entrelazando su brazo izquierdo al derecho de la castaña.
-Para empezar, ¿Por qué Cedric Diggory te dice Gin?, si se supone que solo tu familia, Neville, Luna, Harry y yo te decimos así.
- ¿Recuerdas que te había dicho que lo había visto un par de veces en los entrenamientos de quidditch? -Hermione hizo un gesto afirmativo con la cabeza- bueno, pues, puede que talvez haya hecho más que eso -dijo nerviosamente.
- ¿Cómo qué? -inquirió la chica mayor- cuéntame todo bien.
-Un día fui al campo de quidditch para estudiar un poco y volar cuando todos se fueran, cuando llegué Hufflepuff estaba entrenando, así que me quedé en las gradas leyendo. Cuando su entrenamiento terminó y todos se fueron baje al campo con una de las escobas de la escuela, después de que terminé una serie de giros; que déjame decirte son bastante difíciles, y volar a toda velocidad escuche que alguien comenzó a aplaudir, volteé a ver quien era y vi a Cedric sentado en las gradas viéndome -hizo una pausa para voltear a ver a su amiga y saber si estaba entendiendo.
-Aja, sigue.
-Bueno, cuando baje él me dijo que había regresado porque había olvidado sus guantes y me felicitó por mi forma de volar, comenzó a decir que estaba sorprendido por la forma en que volaba y me dio unos consejos para girar más rápido. El punto es que desde ese momento el me prestaba su escoba y me veía practicar, algunas veces nos quedábamos hablando hasta que era hora de la cena.
-Wow, entonces eres amiga de Cedric.
-Así es.
-Eso no explica porque dejas que te llame Gin, la primera vez que Neville te dijo que si te pusiste roja y empezaste a decir que tu nombre era Ginny.
-¡Es que casi no lo conocía!
-No cambies de tema.
-Bueno, un día cuando estaba saliendo de herbología los de quinto año estaban entrando y Cedric escuchó cuando Luna me decía de esa forma, así que cuando estábamos en el campo de quidditch el me dijo Gin. Le deje que me dijera así porque me prestaba su escoba y me ayudó bastante con mi técnica de vuelo, aparte me escuchó varias veces mientras me desahogaba, y yo a él, me pareció correcto.
-Ok, es entendible, pero ¿por qué no me lo habías dicho antes? -Hermione estaba extrañada de que su mejor amiga no le hubiese contado algo como eso.
-Porque creí que si te enterabas exagerarías todo y comenzarías a hacerme preguntas sobre él todo el tiempo
-Oh lo entiendo…
-Chicas no se queden atrás -les gritó el padre de Ginny
-Después seguimos hablando de esto ¿vale? – le preguntó la pelirroja.
-Vale.
Hermione estaba contenta de que su mejor amiga se estuviese abriendo más a conocer personas nuevas, ya que después de lo que pasó en su primer año le costaba un poco confiar en los demás, sobre todo si se trataba de hombres. Sabía que quedaba un largo camino por recorrer para que Ginevra volviera a confiar a las personas y dejara de tener esas pesadillas, a parte de los ataques de ansiedad y de pánico, pero ese era un gran avance.
