Después de caminar entre largas filas de tiendas que sus dueños trataron de hacer pasar por muggles; pero que fallaron en el intento por agregarles timbres, campanas e incluso chimeneas; llegaron a un pequeño espacio en el límite del prado que tenía un letrero donde decía "Weezly" empezaron a armar un par de tiendas de dos plazas cada una.

Al terminar se alejaron un poco para admirar su trabajo, nadie que viera las tiendas pensaría que pertenecen a unos magos, pero el problema sería cuando llegaran Bill, Charlie y Percy serían diez. Hermione notó que Harry pensaba lo mismo que ella, así que le dio una pequeña risa nerviosa cuando el padre de Ron se puso en cuatro patas y entro en la primera de las tiendas.

-Estaremos un poco apretados -dijo- pero entraremos. Entren a echar un vistazo.

Harry se agachó y entró a la tienda, Hermione dudando aún de como eso era posible entró a la tienda y se sorprendió al ver el interior.

Parecía un apartamento anticuado de tres habitaciones, baño y cocina, la decoración de la tienda era bastante peculiar, todas las sillas eran diferentes, tenían cojines de ganchillo, aparte de unas alfombras en colores chillones; estaba segura de que si su madre llegara a ver ese lugar querría redecorarlo por completo.

-Bueno es para poco tiempo -explicó el Sr. Weasley, paseándose un pañuelo por la calva y observando las cuatro literas del dormitorio-. Me las ha prestado Perkins, un compañero de la oficina. Ya no hace camping porque tiene lumbago, el pobre.

Agarró la tetera polvorienta y la observó por dentro.

-Necesitaremos agua…

-En el plano que nos ha dado ese muggle hay señalada una fuente -dijo Ron, que había entrenado a la tienda detrás de Hermione y no parecía nada asombrado por el interior de la tienda-. Está al otro lado del prado.

-Bien, ¿por qué no van por agua Harry, Hermione y tú? -el Sr. Weasley les entregó la tetera y un par de ollas-. Mientras los demás buscaremos lea para hacer fuego.

-Pero tenemos un horno -repuso Ron-. ¿Por qué no podemos simplemente…?

La castaña rodó internamente los ojos ante la pregunta estúpida de su amigo, pero no hizo ningún comentario ya que no quería iniciar una pelea con él.

- ¡La seguridad antimuggles, Ron! -le redordó su padre, impaciente ante la perspectiva que tenían por delante-. Cuando los muggles de verdad acampan hacen fuego fuera de la tienda. ¡Lo he visto!, además no podemos llamar la atención, ya que los muggles que están en las cabañas podrían sospechar.

Después de una breve visita a la tienda de las chicas, que era un poco más pequeña que la de los chicos, pero sin olor gato, Harry, Ron y Hermione cruzaron el campamento con la tetera y las ollas.

Con el sol que acaba de salir y la niebla que se levantaba, pudieron ver el mar de tiendas de campaña que se extendía en todas las direcciones. Caminaban entre las filas de tiendas mirando con curiosidad a su alrededor.

Desde que Hermione recibió la carta de Hogwarts, siempre tuvo curiosidad por saber si existían más escuelas mágicas, a sí que cuando llegó a Hogwarts comenzó a buscar en la biblioteca libros que hablaran sobre ello, de esa manera se enteró de la existencia de Durmstrang, Beauxbatons, Ilvermorny, entre otras escuelas que estaban alrededor de todo el mundo.

Los campistas empezaban a despertar, y las más madrugadoras eran las familias con niños pequeños, siempre le habían gustado los niños y tenía una gran conexión. Un pequeñín, que no tendría más de dos años, estaba a gatas y muy contento a la puerta de una tienda con forma de pirámide, dándole con una varita a una babosa, que poco a poco iba adquiriendo el tamaño de una salchicha. Cuando llegaban a su altura, la madre salió de la tienda.

- ¿Cuántas veces te lo tengo que decir, Kevin? No… toques… la varita… de papá… ¡Ay!

Acababa de pisar la babosa gigante, que reventó. El aire les llevó la reprimenda de la madre mezclada con el lloriqueo del niño.

- ¡Mamá mala! ¡ "rompido" la babosa! -a la castaña se le hizo sumamente tierna la manera en que hablaba.

Un poco más allá vieron dos brujitas, apenas algo mayores que Kevin. Montaban en escobas de juguete que se elevaban lo suficiente para que las niñas pasaran rozando el húmedo césped con los dedos de los pies. Se le hizo sumamente peligroso que unas niñas tan pequeñas estuvieran volando, si alguna vez llegaba a tener hijos no los iba a dejar subirse a una de esas cosas de la muerte que hacían llamar escobas hasta que cumplieran los siete u ocho años.

Un mago del ministerio pasó murmurando ensimismado.

- ¡A plena luz del día! ¡Y los padres estarán durmiendo tan tranquilos! Como si lo viera…

Por todas partes, magos y brujos salían de sus tiendas y comenzaban a preparar el desayuno, algunos prendían fuego con sus varitas, mientras que otros que trataban de encenderlo con cajas de cerillo tenían una mirada escéptica, como si les pareciera absurdo que eso fuera a funcionar. Unos magos africanos que usaban unas túnicas blancas conversaban animadamente mientras asaban algo que parecía un conejo sobre una lumbre color morado brillante, mientras que un grupo de brujas norteamericanas de mediana edad charlaban alegremente, sentadas bajo una destellante pancarta que habían desplegado entre sus tiendas, que decía "Instituto de las brujas de Salem". A medida que pasaban las tiendas podían escuchar pedazos de conversaciones, algunas las lograba entender, pero otras no debido a que el idioma que usaban no era uno de los que ella sabía.

-Eh… ¿son mis ojos, o de repente todo se ha vuelto verde? -comentó Ron.

No eran los ojos de Ron, acababan de llegar a una zona donde las tiendas estaban cubiertas completamente de una espesa capa de tréboles, parecía que acababan de llegar al área donde se encontraban los irlandeses. De pronto oyeron sus nombres a sus espaldas.

- ¡Harry!, ¡Ron!, ¡Hermione!

Era Seamus Finnigan quien los estaba llamando, el era uno de sus compañeros de cuarto año en Gryffindor. Estaba sentado delante de su propia tienda cubierta de tréboles, junto a una mujer de pelo rubio cobrizo que debía de ser su madre, y su mejor amigo Dean Thomas que igual estaba en Gryffindor.

- ¿Les gusta la decoración? – les preguntó Seamus sonriendo cuando se acercaron a saludarlos- Al ministerio no le ha hecho ninguna gracia.

Hermione podía imaginar porque, ya que la decoración de los irlandeses llamaba mucho la atención.

-El trébol es el símbolo de Irlanda, ¿por qué no vamos a poder mostrar nuestra simpatía nuestro país? -dijo la Sra. Finnigan- Deberían de ver lo que los búlgaros han colgado en sus tiendas. Supongo que estarán del lado de Irlanda -añadió mirando a Harry, Ron y Hermione con sus brillantes ojitos.

Se fueron luego de asegurarle que apoyarían a Irlanda, pero como dijo Ron:

-Nadie se atrevería decir lo contrario rodeado de todos esos.

-Me pregunto que habrán colgado los búlgaros en sus tiendas -dijo Hermione.

-Vamos a echar un vistazo -animó Harry.

Vieron desde lejos las tiendas, ya que la castaña no quería salirse del camino hacia la fuente. El viento hacía ondear una bandera de Bulgaria, roja, verde y blanca, por lo que alcanzaron a ver, algunos pusieron afiches delante de su tienda de los que suponía eran los jugadores del equipo búlgaro.

Después de eso siguieron su camino hacia la fuente para buscar el agua, al llegar ya había una cola para recoger agua, así que se pusieron al final, justo detrás de dos hombres que tenían una acalorada discusión. Uno de ellos, un mago muy anciano, llevaba un camisón largo estampado. El otro era evidentemente un trabajador del ministerio, tenía en la mano unos pantalones de mil rayas y parecía a punto de llorar de exasperación.

-Tan solo tienes que ponerte estos pantalones, Archie por favor. No puedes caminar por ahí de esa forma, el muggle de la entrada ya está receloso.

-Me compré esto en una tienda muggle -replicó el anciano testarudo- los muggles lo usan.

-Lo usan las mujeres muggles, Archie, no los hombres. Los hombres usan esto -dijo el mago sacudiendo los pantalones que llevaba en la mano.

-No me los pienso poner, me gusta que me de el aire en mis partes privadas – replicó el anciano indignado.

Hermione tuvo que alejarse ya que le dio un ataque de risa por lo cómico de la situación, siempre le iba a divertir la manera en que los magos trataban de entender la cultura muggle, no volvió hasta que vio que Archie se fue con el agua.

Después de llenar las ollas y la tetera con agua regresaron al campamento, durante el camino se encontraron con varios compañeros de Hogwarts, como Oliver Wood, quien les dio la noticia de que había firmado un contrato con Puddlemere United para formara parte de la reserva, igual vieron a Ernie Macmillan que se encontraba con su familia, luego se toparon con Cho Chang quien le hizo un gesto con la mano a Harry a manera de saludo, Harry solo le devolvió el saludo con un asentimiento de cabeza, pero no se ruborizó ni se mostro que estuviese tan nervioso en comparación a cuando sucedió el accidente con Ginny.

-Han tardado siglos -dijo George cuando llegaron a las tiendas de los Weasley.

-Nos hemos encontrado con unos cuantos conocidos -explicó Ron, dejando la olla-. ¿Aún no han encendido el fuego?

-Papá se está divirtiendo con los fósforos -contestó Fred.

El Sr. Weasley no lograba encender el fuego, aunque no porque no lo intentara, el suelo a su alrededor estaba lleno de fósforos consumidos, pero parecía estar disfrutando como nunca.

- ¡Vaya! -exclamaba cada vez que lograba encender un fósforo, e inmediatamente lo dejaba caer de la sorpresa.

-Déjeme, señor Weasley – dijo Hermione amablemente al darse cuenta de que si el hombre seguía haciendo eso se iban a quedar sin fósforos, agarro la caja y le mostró como se hacía.

Al final lograron encender el fuego, aunque tuvo que pasar otra hora hasta que se pudo cocinar en él. Sin embargo, había mucho que ver mientras esperaban, ya que las tiendas estaban delante de una especie de calle que llevaba al estadio, el personal del ministerio iba y venía por ahí, el Sr. Weasley les explicó a Harry y Hermione quien era cada uno y lo que hacían, Hermione sabía de la existencia de algunos de los departamentos del Ministerio de Magia, pero desconocía que eran lo que hacían las personas que trabajaban en ellos, por lo que terminó siendo una manera provechosa de pasar el tiempo.

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Ginny se encontraba acostada sobre el catre que le correspondía en su tienda, ya que los demás estaban ocupados afuera charlando o haciendo cualquier otra cosa, decidió aprovechar ese tiempo para practicar un poco de meditación.

Aún tenía problemas para controlar su magia cuando tenía emociones muy fuertes como el enojo o la tristeza, y en una ocasión Hermione le contó que había leído que la meditación ayudaba a aliviar los síntomas de las personas que sufrían de estrés. Cada día desde entonces medita antes de dormirse o cuando no tiene nada que hacer.

Tenía cerrados los ojos y la mente en blanco, estaba concentrada en sentir como su magia fluía por cada parte de su cuerpo, en sentir como toda su magia estaba en paz.

Abrió los ojos y se quedó viendo el techo de la tienda sintiendo como su cuerpo estaba relajado. Después de unos minutos se sentó con una pierna sobre la otra, sabía que estaba prohibido usar su varita fuera de la escuela, pero podía hacer magia sin varita.

Puso sus manos frente a ella y cerró los ojos concentrándose en la manera en que sus dedos cosquilleaban por la magia. Al abrir sus ojos pudo ver como una esfera de luz flotaba sobre su mano, una pequeña sonrisa apareció en su rostro cuando pudo mantenerla por unos veinte minutos sin que aumentara su tamaño antes de perder la concentración por el alboroto que estaban haciendo afuera.

Había decidido que ya había hecho mucho por ese día y salió de la tienda para ver porque hacían tanto alboroto.

Al parecer Bill, Charlie y Percy acababan de llegar y todos los estaban saludando. La pelirroja se acercó a Bill y Charlie y les puso un brazo sobre el hombro a cada uno, a manera de abrazo, con Percy dejó de tener esas demostraciones ya que a él no le gustaba que lo abrazaran.

-Hola enana -dijeron mientras le daban un beso en cada mejilla.

-Hola ancianos -les respondió sonriendo.

- ¡Ey!, no somos ancianos -le dijo Bill indignado.

-Eres 11 años mayor que yo -le dijo mirándolo divertida.

-Tiene razón, ya eres anciano -de burló Charlie.

-Tú eres 9 años más grande, no te salvas – le dijo Ginny.

-Chicos vengan a comer -los habló su padre.

Estaban comenzando a servirse los huevos y salchichas cuando su padre se puso en pie de un salto, sonriendo y haciendo gestos con la mano a un hombre que se les acercaba a zancadas.

- ¡Aja! -dijo- ¡El hombre del día! ¡Ludo!

Ludo Bagman era la persona menos discreta que Ginny hubiese visto desde que llegó. Llevaba una túnica larga de quidditch con gruesas franjas horizontales negras y amarillas, con la imagen de una enorme avispa estampada sobre el pecho. Su aspecto era el de un hombre de complexión muy robusta en decadencia, y la túnica se le tensaba en torno de una voluminosa barriga que seguramente no había tenido en los tiempos en que jugaba en la selección inglesa de quidditch.

- ¡Ah, de la casa! -les gritó Bagman, contento. Caminaba bastante gracioso, al parecer estaba emocionado- ¡El viejo Arthur! -dijo resoplando al llegar junto a la fogata- ¿Vaya día, eh? ¡Vaya día! ¿A que no podíamos pedir un tiempo más perfecto? Vamos a tener una noche sin nubes… y todos los preparativos han salido sin el menor tropiezo… ¡Casi no tengo nada que hacer!

Ginny vio como detrás de él pasaba un grupo de magos del ministerio muy ojerosos, señalando los restos de algún tipo de fuego mágico que arrojaba al aire chispas de color violeta hasta una altura de seis o siete metros.

Alcanzó a ver como Percy se ponía al lado de su padre con la mano extendida hacia Ludo Bagman. Ella sabía que solo lo hacia porque quería causar una buena impresión, ya que lo había escuchado hablar cientos de veces de lo mal que dirigía su departamento.

-Ah... si-dijo sonriendo el patriarca- Este es mi hijo Percy, que acaba de empezar a trabajar en el ministerio... y este es Fred... digo George, perdona... Fred es éste de aquí... Bill, Charlie, Ron... mi hija Ginny... y los amigos de Ron: Hermione Granger y Harry Potter.

Bagman reaccionó cuando escuchó el nombre de Harry, pero como era habitual, su mirada se dirigió hacia la cicatriz que tenía en la frente. Odiaba que las personas hicieran eso porque sabía que eso incomodaba a Harry.

-Éste es Ludo Bagman -continuó presentando Arthur-. Ya lo conocen gracias a él hemos conseguido unas entradas tan buenas.

El hombre sonrió e hizo un esto con la mano restándole importancia.

En cuanto vio que su padre y Bagman iban a comenzar a hablar decidió que lo mejor sería empezar a comer, así que comenzó a servirse un par de salchichas y un poco de huevo, cuando iba a sentarse junto a Hermione vio que su hermano Bill estaba sentado solo, era el momento perfecto para preguntarle sobre lo de Hermione.

Se dejó caer junto a él, todos estaban sentados sobre unas mantas para evitar ensuciarse con el césped húmedo.

-Hola Billy

- ¿Qué necesitas? -le preguntó directamente su hermano.

- ¿Por qué crees que necesito algo? -le contestó sorprendida.

-Porque me dijiste Billy, y sólo lo haces cuando quieres algo.

-Eso no es cierto -dijo con falsa indignación la pelirroja-. Pero en esta ocasión, si necesito saber algo, y se que tu sabes la respuesta -. Terminó sonriente.

Bill enarcó una ceja en señal de curiosidad, pero al momento en que iba a hablar llegó Charlie y se sentó al otro lado de Ginny.

- ¿De qué hablan? -preguntó curioso.

-De que, Gin- Gin, necesita saber algo que yo sé.

- ¿Ah sí? ¿Qué cosa?

-No lo sé no me lo ha dicho -contestó Bill encogiéndose de hombros.

-Si me dejaran hablar podría decirte -dijo molesta por ser interrumpida.

-Bueno prosigue -habló Charlie.

Ginny se quedó viendo unos segundos a Charlie, debatiendo internamente si sería buena idea hablar sobre eso con el presente, al final decidió que hacerlo.

-Bueno, sé que te gusta estudiar magia antigua, y quería saber si sabes algo sobre sueños.

- ¿Sueños? -preguntó Bill curioso-. Tendrás que ser más específica.

-Sueños con una persona, para ser más exacta la misma persona en todos los sueños.

- ¿Con una persona? -cuestionó Charlie preocupado -Ginny asintió con la cabeza.

- ¿Estás bien Gin?, ¿pasó algo? -le dijo Bill demostrado preocupación por su pequeña hermana.

-Si todo está bien, no se preocupen, es simple curiosidad.

-Bueno, pues no recuerdo haber leído mucho sobre la influencia de los sueños en la magia, pero normalmente suelen representar un lazo entre ambas personas. Tendría que saber el contexto de la situación para ser más exacto.

Ginny consideró contarle sobre Hermione y Darcy, pero no quería decir algo que no le correspondía a ella, por lo que decidió contarle, pero omitiendo el nombre de Hermione.

-Es que una amiga de Hogwarts me contó que desde que tiene memoria ha tenido sueños con el mismo chico, y yo le dije que le iba a ayudar a descubrir que significaban o porque los tenía.

-Oh, ya entiendo -dijo seriamente Bill-. Siendo esa la situación creo que tu amiga es alguien afortunada.

- ¿Afortunada?,¿por qué? -interrumpió Charlie.

-Si lo dejas hablar lo sabremos genio -le contestó Ginny dándole un golpe en la nuca.

-Está bien, pero no tienes por qué ser tan agresiva -dijo mientras se pasaba la mano por la nuca.

-No seas dramático -puso los ojos en blanco la pelirroja.

-No soy dramático, solo dio la verdad Gin- Gin.

-Basta los dos, déjenme hablar -los calló Bill.

-Perdón -dijeron al mismo tiempo.

-Continuo, recuerda haber leído sobre la unión de almas, no me interrumpan -dijo al ver que ambos comenzaban a abrir la boca-. Una unión de almas sucede cuando dos personas están destinadas a estar juntas, desde que nacen comparten ese vínculo. No había mucha información sobre eso en la biblioteca a la que yo tenía acceso en Gringotts, solo decía que uno de los vínculos era tener sueños con el otro, otro vinculo es que pueden llegar a sentir las emociones del otro. Es todo lo que se, pero seguramente existe más información, sólo que es clasificada, ya que es muy raro que eso suceda, creo que suele pasar una vez cada quinientos años, no estoy seguro la verdad.

Ginny estaba totalmente impresionada con la información que acababa de escuchar, no sabía como sentirse. Hermione es su mejor amiga y estaba emocionada porque ella tuviera algo tan especial con alguien, pero también estaba asustada ya que ella sabía que la magia antigua podía ser muy peligrosa.

- ¿Esto tiene algo peligroso? ¿Algo que pueda lastimar a mi amiga? -le preguntó preocupada a Bill.

-No lo sé, Gin.

Sabía que era importante que le dijera a Hermione lo que había descubierto, pero no sabía como se lo iba a tomar. Conociendo a su amiga, ella iba a querer investigar y leer todos los libros existentes sobre la unión de Almas.

Decidió que lo mejor sería decirle cuando estuvieran en el expreso de Hogwarts, quería que disfrutara el mundial y el tiempo que le quedaba antes de que iniciaran las clases y se estresara con todas sus clases.

o.0.O.0.o

El día del mundial había llegado y todos en el equipo se encontraban nerviosos y emocionados por salir al campo a jugar, durante todo el día solo estuvieron jugando a las cartas, leyendo un libro o simplemente charlando entre ellos. El entrenador Mark Belov era conocido por ser estricto en cada uno se sus entrenamientos, sin embargo, era fiel creyente que demasiado de algo nunca es bueno, por lo que le dijo al equipo que se tomaran el día para relajarse y divertirse un poco.

Nadie podía salir de la tienda de campaña que se les había sido asignada, ya que los fans solían ser muy intensos y en ese momento se encontraban rodeados por cientos y cientos de ellos.

La tienda de campaña era más como un gran apartamento, tenía cinco habitaciones son un baño cada una, una sala con varios sillones colocados alrededor de una mesa de café y a un lado de la sala se encontraba una pequeña cocina con lo esencial para cocinar cualquier cosa.

En ese momento Viktor estaba junto a Alexei y Clara sentado en uno de los sillones leyendo un libro sobre hechizos y maldiciones.

-Mmm… ¿Viktor? -habló Clara.

- ¿Si?

-Quería preguntarte si haz vuelto a tener otro de esos sueños que habías dicho -dijo nerviosa, ya que no sabía como reaccionaría el buscador-. Es que desde que lo comentaste he tenido mucha curiosidad, pero no me tienes que decir si no quieres, porque bueno lo entenderí…

-Clara eres mi amiga, somos una familia, no me importa que me preguntes -la interrumpió tratando de calmar a la mujer-. Y en respuesta a tu pregunta, no, no he tenido más sueños con la chica. Lo cual no es raro ya que no los tengo tan seguido, pueden pasar meses sin que tenga un solo sueño, al igual que puede pasar que tenga dos en una semana.

-Uhmm, que… curioso.

-Sí, lo sé, pero no quiero hablar de eso, prefiero estar concentrado en el juego de hoy -dijo tratando de que Clara no hiciera más preguntas, confiaba en ella, pero no estaba seguro de querer que alguien más se enterara de lo que estaba pasando.

-Oh, si, no te preocupes lo entiendo.

-¿Ya llegó Nik, Viktor? -le cuestionó Alexei.

-Si, llegó ayer en la noche.

- ¿No se supone que estaba aquí desde el martes? -puso cara de confusión Clara.

-Llegó el martes y estuvimos recorriendo un poco de Inglaterra con mis padres y mis otros hermanos, pero Nikolay recibió una llamada del departamento de aurores y tuvo que volver a Bulgaria.

Estuvieron un rato más platicando sobre las familias de cada uno hasta que llegó el momento de ir a los vestidores del estadio para comenzar a prepararse.

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Conforme avanzaba la tarde, la emoción aumentaba el camping, como una neblina que se hubiera instalado en allí. Al oscurecer, el aire aún estival vibraba de expectación, y, cuando la noche llegó como una sábana a cubrir a los miles de magos, desaparecieron los últimos vestigios de disimulo: el ministerio parecía haberse resignado ya a lo inevitable y dejó de reprimir los indicios de magia que surgían por todas partes.

Los vendedores se aparecían a cada paso, con bandejas o empujando carros en los que llevaban cosas extraordinarias: escarapelas luminosas (verdes de Irlanda, rojas de Bulgaria) que gritaban los nombres de los jugadores; sombreros puntiagudos de color verde adornados con tréboles que se movían; bufandas del equipo de Bulgaria con leones estampados que rugían realmente; banderas de ambos países que entonaban el himno nacional cada vez que se las agitaba; miniaturas de Saetas de Fuego que volaban de verdad y figuras coleccionables de jugadores famosos que se paseaban por la palma de la mano en actitud jactanciosa.

Hermione se sentía abrumada como solía pasar cuando estaba rodeada de tantas personas y tanto ruido, pero aún así estaba disfrutando pasar tiempo con sus amigos.

-He ahorrado todo el verano para esto – escuchó que le dijo Ron a Harry mientras caminaban con ella entre los vendedores, comprando recuerdos. Aunque Ron se compró un sombrero con tréboles que se movían y una gran escarapela verde, adquirió también una figura de Viktor Krum, el buscador del equipo de Bulgaria. La miniatura de Krum iba de un lado para otro en la mano de Ron, frunciendo el entrecejo ante la escarapela verde que tenía delante.

La castaña pensaba internamente que, si la figura se parecía al Viktor Krum real, el chico probablemente sería del tipo que está enojado todo el tiempo, básicamente parecía tener un carácter de perros.

¡Vaya, miren esto! -exclamó Harry, acercándose rápidamente hasta un carro lleno de montones de unas cosas de metal que parecían prismáticos excepto en el detalle de que estaban llenos de botones y ruedecillas.

Harry les terminó comprando unos omniculares a ella y Ron, Hermione por su parte decidió comprar un par de pequeñas banderas y una bufanda de Bulgaria, no era fan del deporte, pero había leído sobre ambos equipo, y le pareció que los búlgaros tenían muy buenas posibilidades de ganar.

Regresaron con los demás para esperar la señal para ir hacia el estadio, después de un rato escucharon el sonido fuerte y retumbante de un gong al otro lado del bosque, y de inmediato se iluminaron entre los arboles unos faroles rojos y verdes marcando el camino al estadio.

- ¡Ya es la hora! -anunció el Sr. Weasley, tan impaciente como todos los demás-. ¡Vamos!

Agarraron todo lo que habían comprado y, siguiendo a Arthur, se internaron en el bosque siguiendo el camino marcado.

Se podía sentir la emoción y alegría de todas las personas a su alrededor, y n poco de esa emoción la contagió y la hizo soltar una sonrisa.

Caminaron durante unos veinte minutos hasta que llegaron a la sombra del estadio que resultó ser de un tamaño colosal, estaba impresionada por la magnitud del lugar y el buen trabajo que hizo el ministerio. Debido al tamaño del estadio, la castaña solo pudo alcanzar a ver los inmensos muros dorados que rodeaban el campo, calculó que dentro debían caber al menos diez catedrales.

-Hay asientos para cien mil personas -les explicó el señor Weasley cuando observo la expresión de sombro de Harry y Hermione-. Quinientos funcionarios han estado trabajando todo el año para levantarlo. Cada centímetro del edificio tiene un repelente mágico de muggles. Cada vez que se acercan hasta aquí recuerdan de repente que tenían una cita en otro lugar y se marchan.

-¡Asientos de primera! -dijo la bruja del ministerio que estaba delante de la puerta, al comprobar sus entradas-. ¡Tribuna principal! Todo derecho escaleras arriba, Arthur, arriba de todo.

Siguieron el camino que la mujer les dijo hasta que llegaron al final de las escaleras donde se encontraba una pequeña tribuna ubicada en la parte más elevada del estadio, justo a mitad de camino entre los dorados postes de gol. Contenía unas veinte butacas de color rojo y dorado, repartidas en dos filas. Hermione tomó asiento junto a los demás en la fila de delante y observó el entorno que la rodeaba.

Miles de magos y brujas tomaban lugar en sus asientos, todo estaba envuelta en una misteriosa luz dorada que parecía provenir del mismo estadio. Desde aquella elevada posición, el campo parecía forrado de terciopelo. A cada extremo se levantaban tres aros de gol, a unos quince metros de altura. Justo enfrente de la tribuna en que se hallaban, casi a la altura de sus ojos, había un panel gigante. Unas letras de color dorado iban apareciendo en él, como si las escribiera la mano de un gigante invisible, y luego se borraban. Al prestar atención Hermione se dio cuenta que lo que aparecía en la pantalla eran anuncios:

La Moscarda: una escoba para toda la familia: fuerte, segura y con alarma antirrobo incorpora da...

Quitamanchas mágico multiusos de la señora Skower: adiós a las manchas, adiós al esfuerzo... Harapos finos, moda para magos: Londres Paris, Hogsmeade...

Apartó la vista de la pantalla y volteó a ver alrededor de la tribuna para saber con quienes iban a compartir, pero hasta el momento eran los únicos en el lugar, alcanzó a ver diminuta criatura que estaba sentada en la penúltima butaca de la fila de atrás. Comenzó a detallar más a la criatura, y se dio cuenta que era un elfo doméstico, llevaba puesto a modo de toga un paño de cocina y se tapaba la cara con las manos.

- ¿Dobby? -escuchó que decía Harry, al parecer no era la única que había notado la presencia de la pequeña criatura.

Cuando devolvió la vista hacía la diminuta creatura vio como levantaba la cara y la inclinaba hacia un lado.

- ¿El señor me acaba de llamar Dobby? -chilló el elfo de forma extraña, el sonido agudo de su voz hizo que Hermione supusiera que era una hembra.

Al parecer también a Ron y el Sr. Weasley les pareció interesante el intercambio de palabras, ya que se encontraban girados en sus asientos mirando en dirección del elfo.

-Disculpe -le dijo Harry a la elfina-, la he confundido con un conocido.

- ¡Yo también conozco a Dobby, señor! -chilló la elfina. Se tapaba la cara como si la luz la cegara, a pesar de que la tribuna no estaba excesivamente iluminada-. Me llamo Winky, señor… y usted, señor -En ese momento pareció que sus ojos captaron la cicatriz de Harry, ya que abrió los ojos en señal de reconocimiento-. ¡Usted es, sin duda, Harry Potter!

-Si, lo soy

Winky y Harry intercambiaron un par de oraciones más, Hermione estaba sorprendida por todo lo que había dicho la elfina, sabía que estas criaturas eran tratadas como esclavos, si bien podía haber magos que trataran a sus elfos domésticos como criaturas que se merecen respeto, también había otros que los maltrataban.

Durante la siguiente media hora se encontró pensando como podría ayudar a todos los elfos que estaban en la misma situación de Winky, pero no pudo llegar a ninguna conclusión ya que comenzaron a llegar más personas a la tribuna, y el Sr. Weasley y Percy se paraban a cada nada cada para estrecharle la mano a magos que claramente eran muy importantes.

Cuando llegó Cornelius Fudge, el mismísimo ministro de Magia, la reverencia de Percy fue tan exagerada que se le cayeron las gafas y se le rompieron. Muy avergonzado, las reparó con un golpe de la varita y a partir de ese momento se quedó en el asiento, echando miradas de envidia a Harry, a quien Cornelius Fudge saludó como si se tratara de un viejo amigo. Ya se conocían, y Fudge le estrechó la mano con ademán paternal, le preguntó cómo estaba y le presentó a los magos que lo acompañaban.

-Ya sabe, Harry Potter -le dijo muy alto al ministro de Bulgaria, que llevaba una esplendida túnica de terciopelo negro con adornos dorados, el pobre hombre parecía no entender sobre que estaba hablando Fudge, así que Hermione decidió probar suerte preguntándole si entendía alemán.

-Disculpe, ¿entiende usted alemán? -le preguntó en alemán.

Una sonrisa apareció en el rostro del hombre, alegre de encontrar a alguien que lo ayudara a entender la situación.

- ¡Sí, así es, me podría traducir que es lo que dice el ministro, señorita…?

-Hermione Granger -se presentó- el señor Fudge le estaba presentando a Harry Potter, el niño que vivió -no se sentía cómoda llamando así a su amigo, pero tenía que hacerlo para que el hombre entendiera.

El ministro búlgaro abrió los ojos, reconociendo por fin a la persona que tenía enfrente.

-Disculpe señorita, ¿qué fue lo que le dijo y en que idioma? -le preguntó Fudge curioso.

-Le pregunté se hablaba alemán y después lo expliqué lo que usted le había dicho, ministro.

-Oh, muchas gracias señorita. No soy muy bueno en idiomas, para estas cosas tengo que echar mano de Barty Crouch, ¿le molestaría ayudarme un poco más? -le preguntó cortésmente.

-Sería un placer.

Justo en ese momento Lucius Malfoy, junto a la que Hermione creía que era su esposa y su hijo Draco.

- ¡Ah, Fudge! -dijo el señor Malfoy, tendiendo la mano al llegar al ministro-. ¿Cómo estás? Me parece que no conoces a mi mujer, Narcisa Malfoy, ni a nuestro hijo, Draco.

- ¿Cómo están? -saludó el Sr. Fudge sonriendo e inclinándose ante la Sra. Malfoy-. Permítame presentarle al señor Oblanks… Obalosk… al señor. Es el ministro de magia búlgaro -al terminar de hablar dirigió na mirada a Hermione pidiéndole que le tradujera al ministro.

-El señor Fudge le quiere presentar a Lucius Malfoy -trató de decir el nombre del mago sin poner ninguna expresión que delatara su desagrado hacia el sangre pura.

El ministro hizo una leve inclinación de cabeza en dirección a los Malfoy a modo de saludo, y procedió a sentarse al lugar que estaba libre al lado de Hermione.

-Disculpe señorita Granger -habló una vez que se sentó.

-Sí, ministro -dijo curiosa del porque un hombre tan importante le hablaba.

-No deseo ser indiscreto, pero noté que el señor Malfoy no era de su agrado, ¿puedo preguntar por qué?

-Oh, bueno, es que los Malfoy son sangre pura -respondió Hermione.

- ¿No le agradan los sangre pura? -preguntó extrañado.

-No me refiero a eso, creo que no fui clara, ellos son una de las familias que creen en la pureza de la sangre.

-Oh, comprendo -dijo lentamente-. Sabía que en esta parte de Europa aún había quienes creían en la pureza de la sangre, pero no creí que estuvieran dentro del ministerio. Y me imagino que su desagrado hacia los Malfoy es porque usted es nacida de muggles ¿cierto?

-Si, así es -dijo sorprendida-. ¿Cómo lo sabe?

-Bueno, en Bulgaria los magos no son tan prejuiciosos, y la mayoría hacen muchos tratos con muggles o trabajan junto a ellos. Cuando me dijiste tu nombre te reconocí -respondió tranquilamente.

-Oh no sabía eso.

Ludo Bagman llegó a la tribuna con una gran sonrisa en el rostro, estrechó la mano de un par de magos.

- ¿Todos listos? -preguntó Bagman-. Señor ministro, ¿qué le parece si empezamos?

-Cuando tu quieras, Ludo -respondió Fudge, complacido.

Ludo Bagman sacó la varita, se apuntó con ella a la garganta y dijo:

- ¡Sonorus! -Su voz se alzó por encima del estruendo de la multitud que resonaba en el estadio y retumbo cada rincón de las tribunas-. Damas y caballeros... ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos a la cuadringentésima vigésima segunda edición de la Copa del Mundo de Quidditch!

Los espectadores gritaron y aplaudieron. Ondearon miles de banderas, y los discordantes himnos de sus naciones se sumaron al jaleo de la multitud. El enorme panel que tenían enfrente borró su último anuncio (Gomitas multisabores de Bertie Bott: jun peligro en cada bocado!) y mostró a continuación: BULGARIA: 0; IRLANDA: 0.

-Y ahora, sin más dilación, permítanme que les presente a... ¡Las mascotas del equipo de Bulgaria! -Las tribunas del lado derecho, que eran un sólido bloque de color escarlata, bramaron su aprobación.

-Me pregunto qué habrán traído -dijo el señor Weasley, inclinándose en el asiento hacia delante-. ¡Aaah! -De pronto se quitó las gafas y se las limpió a toda prisa en la tela de la túnica-. ¡Son veelas!

- ¿Qué son vee…?

Un centenar de veelas acababan de salir al campo de juego, y la pregunta de Harry quedó resuelta.

Hermione había leído en un libro de la biblioteca de Hogwarts sobre ellas, las veelas son mujeres semi-humanas con una asombrosa belleza. El libro decía que sus miradas, y especialmente su baile, son mágicamente seductoras, capaces de seducir a la mayor cantidad de hombres humanos, lo que los lleva a realizar acciones extrañas a fin de acercarse a ellas. Se cree que las veela tienen su propio tipo de magia, el cual no requiere una varita.

También cuando las veela están enojadas, sin embargo, se transforman en algo parecido a arpías, sus rostros se convierten en cabezas de aves crueles con pico, mientras que le nacen alas con escamas largas que brotan desde sus hombros, y pueden lanzar bolas de fuego de sus manos, pero esto sólo lo pueden hacer las veelas puras.

-Talvez quieras decirles a tus amigos que se cubran los oídos -le avisó el Sr. Oblansk mientras se ponía lo que parecían ser tapones de oídos.

Justo cunando se volteó a ver a sus amigos escuchó como la música empezaba asonar por todo el estadio y las veelas comenzaron a bailar.

Vio como Harry se levantaba de su asiento y se acercaba a la valla que los separaba de caer a una muerte segura, comenzó a poner un pie en ella, como si quisiera saltar.

-Harry, ¿qué haces? -le habló Hermione, pero parecía que no la escuchaba.

La música cesó y las veelas dejaron de bailar, al parecer eso bastó ara que Harry y Ron, que se encontraba en la misma situación de Harry, recobraran la razón y volvieran a sus asientos con las mejillas sonrojadas. La multitud estalló en grito de protesta.

-Y ahora -bramó la voz de Ludo Bagman- tengan la bondad de alzar sus varitas para recibir a… ¡Las mascotas del equipo nacional de Irlanda!

Una cometa de color oro y verde entró al estadio como disparado, dio una vuelta al terreno de juego y se dividió en dos cometas más pequeños que se dirigieron a toda velocidad hacia los postes de gol. Repentinamente un arcoíris se formó y se extendió de un lado a otro del campo de juego conectando las dos bolas de luz.

La multitud exclamaba su asombro y fascinación, a continuación, se desvaneció el arcoíris, y las dos bolas de luz volvieron a juntarse y se abrieron: formaron un trébol enorme y reluciente que se levantó en el aire y empezó a elevarse sobre las tribunas para después explotar, comenzaron a caer monedas de oro.

- ¡Maravilloso! -exclamó Ron.

Cuando Hermione volteó a ver hacia el cielo estrellado pudo alcanzar a ver a unos hombrecillos con barba y chalecos rojos, cada uno de los cuales llevaba una diminuta lámpara de color oro y verde.

- ¡Son leprechauns! -explicó el padre de Ron, alzando la voz por encima del tumultuoso aplauso de los espectadores. La castaña no recordaba haber leído sobre estas criaturas, así que hizo una nota mental para investigarlo al regresar a Hogwarts.

- ¡Aquí tienes! -dijo Ron, muy contento entregándole a Harry un puñado de monedas de oro en la mano-. ¡Por los omniculares! ¡Ahora tendrás que comprarme un regalo de navidad!

Ambas mascotas de los equipos desalojaron el campo de juego después de que la multitud se calmó un poco.

-Y ahora, damas y caballeros, ¡demos una calurosa bienvenida a la selección nacional de quidditch de Bulgaria! Con ustedes... ¡Dimitrov!

Una figura vestida de escarlata entró tan rápido montada sobre el palo de su escoba que sólo se pudo distinguir un borrón en el aire. La afición del equipo de Bulgaria aplaudió como loca.

- ¡Ivanova!

Una nueva figura hizo su aparición zumbando en el aire, igualmente vestida con una túnica de color escarlata -Zograf, ¡Levski!, ¡Vulchanov!, Volkov! yyyyyyyyy ¡Krum!

- ¡Es el, es el! -gritó Ron, siguiendo a Krum con los omniculares.

En el momento en que Krum entró al campo de juego las personas empezaron a gritar en señal de apoyo.

Su rostro apareció en la pantalla donde antes se estaban presentando unos anuncios, tenía el cabello negro y la nariz ligeramente torcida. Cuando Hermione vio la pantalla se quedó sin palabras, fue como si todo el mundo desapareciera, el sonido estruendoso del estadio había desaparecido y ya no podía ver nada más que no fuera el rostro de Viktor, era él. Viktor Krum es Darcy.

Sujetó el brazo de Ginny, que se encontraba sentada al lado de ella, su amiga volteó a verla ya que le había sujetado su brazo con bastante fuerza.

- ¿Herms? ¿Estás bien? -le preguntó preocupada, pero la castaña no respondió, se encontraba en shock y no podía hablar-. ¿Hermione, que pasa?

Salió de su estupor al momento que el rostro de Viktor desapareció de la pantalla, volteó a ver a Ginny con los ojos como platos y la boca ligeramente abierta.

- ¿Viste algo? ¿Qué pasó? -la pelirroja seguía preocupada ya que Hermione no hablaba.

-Es él -dijo con un hilo de voz.

- ¿De qué hablas? ¿Te sientes bien?

-Ginny, es él, Darcy.

- ¡Qué! ¡Donde está! -dijo sorprendida volteando a ver hacia todos lados como si de esa manera pudiera encontrarlo.

-Krum

- ¿Krum? -preguntó extrañada mientras inclinaba la cabeza.

-Viktor Krum es Darcy -dijo en voz baja para que solo ellas pudieran escucharlo.

-¿Viktor Krum es Darcy? -repitió asombrada, Hermione sólo se limitó a asentir con la cabeza- ¡Por Godric!

.o.0.O.0.o.

Nota de autor:

¡Hola, holaa!

¿Cómo se encuentran hoy?

Perdón por la hora en la que estoy subiendo este capítulo, pero lo acabo de terminar apenas.

¿Qué piensan de la historia hasta ahora?

¿Prefieren los capítulos largos o cortos?

¿Qué les pareció este capítulo?

Si ustedes quieren que suceda algo en específico, pónganlo en los comentarios y lo tomaré en consideración.

Eso es todo por hoy, recuerden que los quiero mucho.

Chau