- ¿Todo listo? - preguntó Souichi.
El pequeño grupo asintió, tomando sus mochilas con las pocas provisiones, medicina y ropa necesaria para reubicarse.
Japón subestimó la propagación de un nuevo virus, puesto que este estaba del otro lado del océano y, de manera inmediata, cerraron las fronteras a cualquier barco o aeronave que no fuese de su patria. Creyendo que, al estar aislados en su isla, podrían investigar una cura en poco tiempo sin riesgo de contagio; lo que no sabía, en un descuido, uno de sus investigadores fue contaminado por un sujeto de prueba.
Y así fue como Japón se inundó en el caos; vulgarmente se les denominó "zombies", puesto que su piel se podría, además de que cazaban a otros humanos para alimentarse.
- Tomen sus armas, no usen la munición a menos que sea necesario. - ordenó Mako, tomando un su fiel katana y un hacha; Souichi y Morinaga eran los únicos que cargaban con un fusil, además de un hacha, el resto tenía bates de metal y un revolver en caso de emergencia.
El pequeño grupo era de aproximadamente diez personas, entre ellas estaban: Morinaga, Souichi, su hermana Kanako y Hiroto. Mako era un antiguo integrante del yakuza, y pudo brindar la mayoría del armamento, pero no era un líder. Una noche terminó en un callejón sin salida, con 3 zombies acercándose de manera amenazante, sabiendo su destino tomó una navaja de su bolsillo y se dispuso a acabar con su vida, hasta que un rubio llegó blandiendo una espada, o eso parecía, y decapitó a uno de ellos, para luego atravesar el pecho de otro. El último zombie le gruño en modo de ataque, pero no contó que el rubio le golpeara con un pedazo de madera una de sus piernas, logrando partirla. El zombie cayó, arrastrándose con intención de morder; Souichi lo esquivó con facilidad, le tendió la mano a Mako y se lo llevó de ahí. Esa misma noche le juró lealtad a su salvador.
Lograron ubicar la central de camiones de Nagoya, y gracias a que tenían a un chofer de autobuses, decidieron escapar de la ciudad hasta llegar al bosque Aokigahara, donde afirmaban muchos sobrevivientes que los zombies no se adentraban al bosque. Era un lujo que aún hubiese internet y electricidad. Tardarían media hora caminando hasta la central, si es que estaba despejado.
Souichi y Morinaga encabezaron la caminata, dejando en medio al resto del grupo y a Mako detrás de ellos, protegiendo la retaguardia. Caminaron lo más rápido y sigilosamente posible, ayudándose de la poca iluminación que había en las calles, teniendo que esquivar varios coches que estorbaban en el camino, escombros de edificios que habían sido consumidos por los incendios, partes de coches que se habían impactado cuando la gente huía en caos, muchos trozos de zombies, muchos cuerpos a medio comer. El único sonido audible era el de sus pisadas y las exclamaciones de asco por parte de muchos al ver la carnicería que había en las calles.
- Souichi, mira. - Kanako tomó la mano de su hermano y le señaló una tienda de conveniencia que estaba a unos metros a la izquierda, dentro de una calle que daba a unas residencias, parecía intacta. Souichi hizo una señal para que dejaran de caminar.
- ¿Qué sucede, jefe? - preguntó Mako.
- Hay una tienda que no ha sido asaltada por ahí. - señaló.
- Creo que deberíamos continuar, en las gasolineras podríamos hacer eso. - comentó una chica del grupo.
- Concuerdo con la señorita, estamos a unas cuantas calles de la estación, es demasiado arriesgado. - apoyó un chico con uniforme de secundaria.
- ¿Qué pasa si hay infectados en las tiendas de las gasolineras? Es un viaje largo y nada nos garantiza que haya combustible más adelante. - exclamó Kanako.
- Es muy arriesgado, tonta. Logré contar unos quince zombies allí atrás, estoy seguro que al menos uno nos escuchó. - le regaño el chico. Algo bueno de la situación, es que los zombies son prácticamente ciegos en las noches, pero con una audición amplificada. Esto significaba que cuando escuchaban algún ruido, iban a paso lento hasta el sitio del ruido, también descubrieron que los disparos los vuelven agresivos, y corrían con intención de aniquilar.
- Cállense los dos. Jefe, ¿qué debemos hacer? - Mako los observó feo, logrando que ambos dejaran de pelear.
- Señor Kato, ¿sabe cuántas gasolineras hay en el recorrido? - preguntó al chofer.
- Si, joven Tatsumi. Hay al menos nueve gasolineras, pero solo las primeras dos tienen tienda de conveniencia, de ahí hasta las últimas dos. - explicó el chofer.
- Si el autobús tiene el tanque lleno, ¿cuántas gasolineras podríamos recorrer hasta quedar vacíos? -
- Al menos unas cinco, si es que la carretera no tiene obstáculos. - era algo malo que los autobuses no fuesen tan rendidores. - Por lo general es un viaje de cuatro horas, pero podría ser más tiempo, dependiendo de los daños que haya. Si nos quedamos sin gasolina, entonces sería una caminata de al menos 3 días, caminando por lo menos 10 horas al día. -
- Decidido, iremos por suministros y medicamentos, después continuaremos a la central de autobuses. - dictó Souichi.
- Ya lo escucharon, vayan por eso. Nosotros cuidaremos que nada se acerque, dense prisa. - Mako corrió calle arriba, quedando a unos 5 metros alejado de la tienda, desenfundó su katana y se dispuso a vigilar.
- Tengan cuidado. - Morinaga les regaló una sonrisa, tomó con fuerza el hacha y junto a su senpai hicieron guardia al inicio de la calle.
El resto del grupo caminó hacia la tienda, esperando encontrar algo más que pan rancio y latas de atún.
