Mako se encontraba vigilando la zona sur de aquella calle, por suerte no había rastro alguno de los estúpidos zombies. Estaba tan concentrado en eso que no escuchó a alguien acercársele por detrás, se mente volvió a la Tierra cuando sintió algo tomarle del hombro. Soltó un chillido poco digno de un yakuza, que logró omitir para no atraer a los cadáveres andantes, se volteó agresivamente con intención de atacar; logró detenerse a tiempo y no dañó al amigo de su jefe.
Hiroto tenía una expresión de terror, pero logró sacar una sonrisa.
- Perdón por asustarle, pero por más que le llamaba… no respondías. - explicó Hiroto.
- Fue mi culpa, tranquilo. ¿Puedo ayudarle en algo? - Mako regresó a su posición anterior, enfundando su katana. Hiroto caminó a un lado del yakuza, viendo de frente a la nada.
- Me preguntaba… ¿por qué le es tan devoto a Tatsumi-san. - aún en medio del desastre, no se sentía cómo referirse a Souichi por su nombre, aunque el mismo Souichi pidió que le hablaran de "tú". - Considerando que ha enfrentado cosas igual de gráficas a lo largo de su vida como yakuza, creí que usted sería quien tomara el mando. -
- El jefe ha demostrado más que suficiencia al mantenernos con vida, no deberías cuestionar eso. - contestó algo enfadado por la insolencia de aquel chico.
- No me mal entienda, pero usted está más que preparado en el uso de armas, además de tener que manejar situaciones estresantes con la cabeza fría. Pero todos hemos notado en como nunca ha dudado en que Souichi-san logrará llevarnos a un lugar seguro; puedo preguntar… ¿qué le hizo confiar de esa manera en él? - preguntó Hiroto.
Mako volteó a verlo.
- Me salvó la vida… fue más que suficiente. - contó, en su voz se podía notar un tono de orgullo.
Hiroto se asombró, volteando detrás para ver a Souichi hablar con Morinaga sobre algo, mientras aún estaba atento a su entorno.
- ¿Quieres oír la historia? - dijo Mako. Hiroto asintió.
Mako miró a la luna, recordando aquella noche donde encontró su nuevo propósito en la vida, proteger a su salvador.
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- Lo que daría por una fumada. - Mako se encontraba acostado en el sofá de su casa.
Cuando los zombies atacaron, él estaba junto a sus compañeros yakuza vendiendo sus "servicios" de protección a restaurantes y tiendas, con el fin obtener ingresos, puesto que no podían obtener drogas del exterior para comercializar. Fue estúpido por parte del yakuza en creer que todo estaría bajo control y podrían aprovecharse de la situación; a duras penas logró escapar de esas "cosas", aún podía recordar los gritos de horror de sus amigos, el sonido de la carne siendo arrancada de sus cuerpos, la calidez de la sangre de sus amigos siendo salpicada por la voracidad de los malditos muertos-no-tan-muertos.
Se sentó en el sofá, harto de su miseria, estaba algo desesperado en que su muerte tardara en llegar y decidió hacer algo estúpido, tomó un revólver que había dejado sobre la mesa; salió de su casa, que estaba en un callejón sin salida, y decidió tantear su suerte mientras iba por unos cigarros a la tienda más alejada de su zona.
En el caminó se encontró con grupos pequeños moviéndose a quien sabe dónde, perros vagando por las calles en busca de comida, y muchos insectos dándose un festín con aquellos que se convirtieron en un festín para los zombies, si tuviese que elegir… preferiría estar muerto a ser una de esas malditas cosa, envidió a los restos podridos y continuó vagando.
Hasta ahora los zombies parecía ignorar su existencia, cosa que le dio coraje. La tienda de conveniencia estaba destruida, y claramente asaltada. Gruño de frustración, entró para tratar de encontrar al menos un cigarro suelto, pisó varios envoltorios del suelo, haciendo ruido innecesario. Estuvo un largo rato rompiendo botellas de vidrio, bebiendo las cervezas que aún no se habían llevado, tirando varios anaqueles hasta que tuvo un golpe de suerte. Encontró una cajetilla de cigarros debajo de una mopa, sonrió y rápidamente la abrió. Sacó un cigarrillo y se guardó la caja.
Se puso el cigarro en la boca, y buscó a su alrededor un encendedor, encontrando uno rosa sobre el mostrador, encendió la punta y dio una profunda calada, sintiéndose satisfecho por el humo en sus pulmones, exhaló satisfecho, había completado su misión; aun con cigarrillo en mano, salió de la tienda con dirección a su casa. Ignorando que varios le seguían.
Caminó con parsimonia, distraído entre fumar y morirse ahí mismo. Cuando sintió que alguien le tomaba del hombro, volteó la cabeza para mandarlo a la mierda cuando notó que este, era un puto zombies. Y no sólo eso, otros tres se acercaban a unos metros de distancia. Asustado, trató de zafarse, pero el zombie tenía un buen agarré, llevó peligrosamente so boca a su hombro; desenfundó el revólver y le pegó un tiro a la cabeza, provocando que sesos salieran volando, y que el zombie terminara el suelo, ya inmóvil. Un aullido le heló la sangre, cuando notó que los tres zombies corrían en su dirección.
Por miedo, corrió como nunca hasta la seguridad de su hogar,
Logró mantener cierta distancia gracias a los obstáculos en el camino, dobló hacia el callejón y corrió hasta el fondo, pero solo encontró botes de basura. El sonido de pisadas lo alertaron, eran los tres infelices, pero parecían más tranquilos, como si estuvieran rastreando. Notó que estos alzaban la nariz, como olfateando algo. Voltearon hacia su dirección y caminaron con lentitud.
El puto olor del cigarro lo había delatado.
Apuntó con su revolver a los tres infelices y accionó el gatillo, con la horrible sorpresa de que este solo chasqueara. Abrió el tambor y se dejó caer de rodillas, estaba vacío. Había tomado un arma prácticamente vacía como protección. Esa noche moriría.
Vio con morbo como esos tres se acercaban, su corazón palpitaba como loco. Sabía que este era su fin…
No lloró, total, eso es lo que quería, ¿no?
Sacó su fiel navaja, la desplegó lo más que pudo; llevó la hoja afilada a su abdomen, rezó a sus familiares para que lo recibieran en el otro mundo. Ellos estaban a unos pies de distancia, pudo sentir la punta afilada pinchar su piel, estaba a punto de perforarse cuando él apareció.
- ¡Ey! - exclamó una voz.
Tanto él como los zombies voltearon.
Un rubio con anteojos hizo un ataque directo, cortó de un tajo el cuello de uno de los zombies, que cayó en un ruido sordo. Aquella hoja gris estaba manchada de un negro alquitrán, pero eso no impidió a que el rubio terminara clavándosela en el pecho del segundo zombie, el extremo salió de la espalda del zombie, y este también cayó. El último zombie solo gruño, colocándose en posición de ataque, se lanzó hacia el chico, quien logró esquivarlo por los pelos. El destino le sonrió a su salvador, quien encontró un trozo bastante largo de madera; lo tomó, y en la segunda embestida del zombie logró golpearle con fuerza en una rodilla, provocando que esta se desprendiera del cuerpo. El zombie terminó en el suelo, tratando sin éxito en colocarse de pie.
Mako miró asombrado por la poca iluminación de la luna como aquel rubio se ponía a su nivel, puso su cálida mano encima de las suyas, logrando que bajara la navaja de su estómago.
- ¿Te mordió? - preguntó, el negó como respuesta. La voz de aquel extraño era tranquilizadora.
- Te ves bien, vámonos. - dictó, ayudándolo a ponerse de pie.
- Me equivoqué de callejón… - comentó.
- ¿Vives por aquí? - Mako asintió.
- Iremos a tu casa, empacarás solo lo necesario. -
Esquivaron al zombie que se arrastraba, lanzando mordidas hacia ellos.
Mako lo guio hasta su casa, cerraron la puerta rápidamente. Se quitó su camisa, que estaba asquerosa por la sangre del zombie que había disparado, dejando al descubierto sus tatuajes.
- Entonces… eres un yakuza, interesante. - comentó el rubio. Sintiendo algo de pudor, tomó la camisa más cercana que había y se cubrió.
- Me llamo Mako. -
- Souichi… las armas son eficaces contra esos bastardos, pero el sonido de detonación los irrita, trata de no usarlas a menos que sea cuestión de muerte. - explicó. Mako se sorprendió por el dato. Sacó la cajetilla de cigarros y le ofreció a su salvador, este le rechazó.
- Otra cosa, tienen un gran sentido del olfato. De noche están casi ciegos, así que… no fumes, es malo para tu vida. - miró la cajetilla en sus manos y la dejó caer al suelo.
- ¿Tienes de casualidad más armas? - pregunto Souichi.
- Demasiadas, la verdad. - rio, era bueno ser un yakuza después de todo.
Lo llevó al cuarto donde tenía su gran colección de fusiles, ametralladoras y de hasta granadas, Souichi le explicó más o menos lo que necesitarían para sobrevivir.
Esa misma noche hizo un juramento, aquel rubio se había arriesgado en un combate contra esos bichos, salvándolo. No le exigió un pago por ello, o fue arrogante con él, sino que lo había integrado a su grupo, tratándolo como a un igual, como un amigo que no veía desde hace tiempo.
Juró seguirlo hasta su muerte, le apoyaría ciegamente, a su líder… su salvador.
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Hiroto se asombró por la historia, y comprendió el devotísimo de Mako.
- Hiroto, necesito hablar con Mako. - Souichi apareció detrás de ellos.
El ex bartender asintió y regresó a donde estaban el resto del grupo, dejando al par a solas.
