Asesinato / Muerte

Dicen que la vida de una persona pasa frente a sus ojos en un segundo, justo antes de la muerte. Pip jamás creyó en esos cuentos de ancianas, al menos hasta que estuvo en agonía. La voz de Seras llamándolo sonaba distante, su visión era borrosa y el dolor punzante de las heridas cedía por un adormecimiento en el cuerpo.

Aunque trató de no pensar en nada más que en la voz de la draculina, su traicionera mente lo llevó años atrás, cuando era un niño larguirucho y llorón de doce años.

Recreó el momento justo en qué sus temblorosas manos accionaron el gatillo. Con su experiencia actual se dio cuenta de que fue solamente suerte que el tiro diera directamente en el pecho, perforando un pulmón e impidiendo que la víctima se volviera victimario una vez más.

Decir que fue suerte sonaba irónico a estas alturas, realmente fue su destino todo el tiempo y no hizo más que firmar el contrato de mercenario con aquel primer asesinato.

El caza recompensas que irrumpió en su casa, yendo tras la cabeza de su abuelo al final terminó convirtiéndose en el premio que Pip reclamó entre los conocidos de la familia (mercenarios igual).

Sonrió forzadamente mientras encendió un cigarrillo con las pocas fuerzas que le quedaban. Pudo sentir el frío cuerpo de Seras arrastrándose hacia él y se alegró de morir en ese momento, en ese lugar, con esa profesión de vida que decidió llevar tras el primer asesinato que cometió. Al final no pudo salvar a su abuelo, pero cada maldito segundo de esa maldita existencia había valido toda la jodida pena.

«Un asesinato, una muerte»