Capítulo 50

Advertencia este capítulo contiene lectura para adulto.

Candy dijo al tiempo de ponerse de rodillas y sacar de la bolsa de su vestido la cajita que Albert le regalo con los anillos.

Candy vuelve a preguntar — ¿Albert aceptas ser mi esposo?—

Albert muy confundido se acerca extiende su mano y le ayuda a parase, tomo un fuerte suspiro y respondió — Candy te amo, te he amado durante mucho tiempo, pero mi corazón y todo mi ser no podrán soportar si tú me vuelves a dejar —

—No Albert, créeme jamás te dejaría, no podría vivir un solo día sin ti, cuando me aleje de ti por falta de valor lo único que logre fue lastimar a todos a mi alrededor, perdóname pero créeme te amo, te amo más que mi propia vida — Dijo Candy al tiempo que se arrojó a sus brazos y levanta su mentón para buscar esos labios carnosos.

Albert siente que es un sueño, su amada lo acababa de besar se queda como estatua ya no sabía si estaba soñando o era la realidad, pero al sentir la calidez de sus labios, el perfume de rosas que salía por su boca, algo en lo más profundo de él le decía que no era un sueño.

El recibe gustoso el dulce y cálido beso que Candy le dio y ambos comenzaron a besarse muy tiernamente hasta que una fuerte lluvia comienza a caer.

A unos kilómetros de la selva la pequeña casa de Albert.

Entra muy asustada la joven guía preguntando — ¿dónde se fue señor William va a comenzar una gran tempestad? —

—Albert salió corriendo por esa vereda y se perdió de vista al inicio de los grandes árboles — Terry dijo un poco confundido por ver en la manera que la joven guía entra corriendo y preguntar muy asustada.

— Gracias ya sé dónde ir a buscarlo — dijo Yarah dando media vuelta para salir de la casa, cuando su madre entra enseguida gritando —A donde piensas ir, ya sabes que está apunto de comenzar gran tempestad tenemos que resguardarnos —

—Madre el señor William se fue a la selva, él no sabe cómo son las fuertes tempestad tengo que ir por él —

— Yarah ya no hay tiempo, si tu sales a buscarlo a ti también te va agarrar la tempestad —

—No madre deja ir — dijo la joven guía al tiempo de intentar salir por la puerta, pero su madre tomo muy fuerte su brazo que no la dejaba salir. Los dos hombres y el pequeño niño en brazos de su padre solo observaban como ambas mujeres comenzaban a pelear.

Ambas mujeres forcejeaban hasta que por fin la joven guía se liberó y salió corriendo por la pequeña puerta pero cuando la abrió ya era demasiado tarde ya había comenzado, al darse cuenta que ya nada podría hacer cerró la puerta y todos se resguardaron en la pequeña casa de Albert.

Terry le dio al pequeño Frank a su padre y comenzó a reforzar las ventanas con ayuda de las dos mujeres que se quedaron, ellas decían todo lo que tenía que hacer Terry para que la lluvia no destruyera la casa.

Terry solo obedecía a las mujeres porque algo en él le decía que era necesario para el bien de todos, al tiempo que acomodaba los muebles y reforzaba la pequeña puerta de la entrada pensó «Albert espero que cuides bien a Candy »

A unos kilómetros de la casa Albert. En medio de la selva.

— Vamos ven es por aquí — dijo Albert corriendo muy fuerte tomando de la mano a su amada, Candy solo corría siguiendo a su amado sin importar a donde fueran.

A unos pocos metros Candy vio una montaña con una grieta, Albert la guiaba directo a la grieta ambos entraron, al entrar Candy se llevó una gran sorpresa dentro de ella encontró un túnel que llevaba directo a una cueva en la entrada tenía varias ramas que bloqueaban la entrada.

Albert rápidamente retiro todas las ramas y extendió su mano para que Candy ingresara, ella sin dudarlo entra dentro de la cueva llevándose una gran sorpresa.

— ¡Albert tu hiciste todo esto, es hermoso!— dijo Candy sumamente sorprendida al tiempo de mirar por todas partes había una pequeña cocina, una cama, una mesita y todo lo indispensable para vivir.

—Solo hice unos pequeños arreglos — dijo Albert con una gran sonrisa y pregunto— ¿tienes hambre?, no hay mucho que comer solo tengo fruta que hay en los árboles, dulces y agua por el pequeño Frank que los traigo—

—Entonces tengo hambre de muchos dulces — dijo Candy y ambos comenzaron a reír jajaja.

—Cuando veníamos corriendo se escuchaba una gran tormenta, pero en este lugar casi no se escucha ningún ruido —

—Lo que pasa es que estamos debajo de una montaña, el primer día que llegue di un paseo con las personas de estos lugares y me informaron de esta montaña me comentaron que anteriormente había tribus que se alojaban por éstos alrededores, me enseñaron esta cueva y poco a poco comencé con los pequeños cambios—

Albert comenzó a contarle todo lo que había hecho desde que llego a esa cueva como empezó a introducir todos los muebles, le conto que casi todos los muebles los había construido al tiempo que ambos estaban sentados en la pequeña mesita comiendo los dulces del pequeño Frank.

Candy muy sorprendida del relato de Albert que se imaginaba como si ella estuviera viendo como construía los muebles, las horas pasaron que para ellos dos eran como unos pocos minutos.

Hasta que un fuerte rayo retumbo en la cueva, Candy salto del gran susto y dijo— Albert estas seguro que esta cueva es segura —

—Sí, antes de comenzar me asegure que la cueva no se derrumbara, pero por cualquier cosa tenemos una salida de emergencia, ¡mira!— dijo Albert enseñándole un agujero que estaba construido con metal, Albert le explico que si salen por el agujero ya estaban afuera.

Candy no dejaba de sorprenderse, Albert había pensado en todo y explano— ¡Acaso estabas planeando vivir aquí ¡—

—No tanto así, pero era por si algún día decidía quedarme un tiempo — dijo al tiempo de soltar una sonrisa para Candy era la mejor imagen que podía ver.

Siguieron platicado un poco más de todo sobre la construcción de la cueva hasta que la noche llego y comenzó a sentir un poco de frio Candy, Albert le dijo que se recostara en la cama y que se tapara con las pocas sabanas que había.

Candy un tanto afligida por ver que solo había dos sabanas, la primera cubría la cama y la otra estaba muy pequeña, ella solo miraba la cama hasta que escucho —No te preocupes por mí yo estaré bien no tendré frio —

—Albert pero está haciendo mucho frio — dijo Candy temblando de frio abrazándose ella sola con sus manos. Albert camina unos pasos acercándose a Candy al tiempo de quitarse su chaqueta y entregársela dándole un dulce abrazo.

Candy al sentir sus fuertes brazos rodeándola, su corazón siente que por fin esta en casa, sin oponer resistencia recibe gustoso su dulce beso. Candy piensa,

Primero me ve con su dulce mirada luego me acaricia la cara con sus fuertes y cálidas manos, sus dedos toca mi boca, por primera vez siento una fuerte llama naciendo en mi interior que solo se pagara con los besos de mi amado.

Veo como poco a poco su boca está muy cerca a la mí, no soporto mas esta espera las llamas de mi interior quiere salir por todo mi ser, él me toma con un tierno beso al principio siento que calma las llamas, pero el fuego en mi interior me pide más que voy hacer no quiero que se detenga.

Cuando siento que el tierno beso se va trasformando en un fuerte y apasionado beso yo le correspondo con esa misma intensidad, el introduce toda su boca siento que me empieza a faltar la respiración pero mi cuerpo reacciona de manera muy diferente abro más mi boca para que él tome de mí en cuanto quiera.

No logro comprende como mi cuerpo se mueve por sí solo, el poco a poco despega su boca de la mía, algo pasa en mí interior no quiero que pare solo escucho un murmullo a lo lejos que me dice — Tenemos que parar o no seré capaz de controlarme—

Pero en mi interior no quiere detenerse, no puedo controlar ese fuego que acaba de despertar, sin razón alguna me lanzo a sus fuertes y cálidos brazos alzando mi mentón para buscar la fuente que calma las llamas de mi interior.

El me recibe sin ningún obstáculo abre sus fuertes brazos, siento al contacto como sus manos acarician mi espalda, mi cuerpo sentía como las fuertes llamas crecían en mi interior, sus manos se colaron debajo de mi ropa, rozando todo cuando encontraban a su paso y provocando con ello pequeños gemidos -ooohh-que nunca en mi vida había pronunciado.

Al realizar estos gemidos, siento como el interior de mi amado algo cambia sus caricias son más fuertes me toma de mi cintura al tiempo que ambos caminamos unos pocos pasos para caer en la pequeña cama.

Abrí las piernas y despejé el camino para que entrara en mí, yo recorría su espalda con mis pequeñas manos, atrayendo su cuerpo al mío, que las fuertes llamas nos consumieran a los dos fundiendo nuestros cuerpos en uno solo.

Ciento que no puedo soportar todo el fuego que emana mi cuerpo, pero creo que esto apenas está por comenzar, me besa por todos lados que yo no me puedo alcanzar comienza deslizarse por el cuello, con sus fuertes manos me va desabotonando el vestido hasta quitármelo.

Sigue besándome y ahora está en mi pecho, solo escucho unos murmullos que dicen que no había visto algo tan hermoso, pero no pongo mucha atención solo ciento como mi cuerpo me pide a gritos que no se detenga y sin más vuelvo a gemir de placer, que hace que mi amado baje más ahora está en mi ombligo, siento un poco húmedo mis bragas.

El sigue más abajo y siento su aliento fresco en mis bragas con sus fuertes manos toca mis caderas y baja mis pantaletas hasta que siento su aliento fresco dentro de mi ser y un gran grito sale de mi ser -oooohhh ,si- que no fui capaz de contrólame.-

Con mis piernas alrededor de su cuello, sus manos en mi cadera y su aliento fresco en lo más profundo de mí ser, mi cuerpo arde de tanto placer.

Él se aleja muy despacio, no quiero que se detenga pero escucho un murmullo que me dice amor estas listas, no entiendo bien de que me habla lo único que deseo es que él, no se aleje de mí que no pare.

Veo como se quita su ropa comienza con su camisa y sigue con su pantalón quedo totalmente deslumbrada, sin razón alguna se monta en sima de mí, siento como se introduce, le doy todo el acceso que quiera tomar de mí, siento un cálido y duro miembro que empieza acariciarme con este acto, mi piel se estremece y gimo de placer -oooohhh-

Cuando siento una gran embestida que se introduce dentro de mí ser, al comienzo pensé que no podría resistir, pero al ver esa dulce mirada me pierdo entre sus ojos y ambos gritamos de placer haaa...ooooohh...siii

Comienzo a gemir muy fuerte, el reacciona me toma con más fuerza sus manos en mis caderas su boca en mi pecho y ambos comenzamos una daza que nunca imagine que mi cuerpo bailara también a su lado.

Las llamas de nuestros cuerpos hacen que nos fundemos en un solo ser, no puedo parar dé gemir, el hace que siga gimiendo cada vez con más intensidad mmmmm...ohhhh , el me sique besando por todo mi pecho, escucho como me dice al oído -no sabes cuanto te deseaba- pero yo me encuentro con un éxtasis y solo gimo diciendo yo también…ohhhh.

No sé cuánto tiempo estuvimos uno encima del otro subidas y bajadas pero ambos no parábamos de danzar, al terminar él se aleja de mi muy despacio dándome un profundo beso cayendo a mi costado, abrazándome con sus fuertes y cálidos brazos.

El me abraza y me cubre con la sabana, por fin comprendo que solo existí para él, por fin puedo estar en paz mi cuerpo y mi alma se encuentran en casa.

Ambos nos aferramos uno en brazos del otro no necesitábamos decir ninguna palabra, ambos sabíamos que fue algo maravilloso, viéndonos fijamente nos quemaos dormidos.

En la mañana siguiente A unos kilómetros de la selva. La casa Albert.

—Ya podemos Salir— dijo el Duque levantándose de una pequeña silla.

—Si caballeros ya estamos a salvo—respondió la madre de Yarah al tiempo de levantarse y abrir la puerta.

—Madre me voy tengo que encontrarlo— dijo Yarah al tiempo de salir corriendo a buscar al señor William, todos se quedan muy sorprendidos por la actitud de la joven guía, también Terry quería salir corriendo a buscar a Candy, pero sabía que era mejor ya no estar en el camino de ellos.

Las horas pasaron y la madre de Yarah comenzó a preocuparse los hombres ya se habían regresado a su hotel, durante un tiempo la esperaron para traer noticias pero al trascurrir el tiempo y ver que no regresaba decidieron irse.

La madre de Yarah daba vueltas en su pequeña casa y decidió mejor salir a buscarla cuando ya iba a salir de su casa ve a su hija como regresa muy triste caminando muy despacio, cuando por fin entra a su casa dice— ¡Lo busque por todas partes pero no lo encontré!—

— Tranquila, ya tendremos noticias del señor William—

—No madre sabes bien que la selva es muy peligrosa hay muchos animales y luego con tempestad quien sabe que fue de ellos — dijo Yarah al tiempo de comenzar a llorar y refugiarse en los brazos de su madre.

Su madre la consuela y le dice —Es el destino que así lo quiere—

Los días pasaban ya casi iba a ser un mes y todos los días Yarah salía a buscar al señor William, su madre tristemente la observaba ya que sabía que si durante los primeros días no se encontraban, era muy difícil de que se encontraran con vida.

Un día la madre de Yarah recibido un telegrama del señor Terrece G. Graham diciendo que regresaban a Inglaterra, si llegaba a recibir noticias del señor William Albert Andrew notificarle, el telegrama era muy claro, los hombres que conoció esa noche en la tempestad, también se dieron cuenta que había una gran posibilidad que ya no se encontraban con vida.

Pero su hija no quería aceptarlo por el gran amor que sentía al señor William, la joven guía buscaba por varios lugares gritando— Señor William, Señor William soy Yarah — gritaba lo más fuerte que sus pulmones resistían de nuevo al atardecer se da media vuelta y regresa a su casa.

Unos hermosos ojos verdes observaban como la joven guía se da media vuelta y regresa por donde llego, Candy se queda pensó « Quien será esa joven que busca a su amado» regreso de su pensamiento cuando escucho —Mi amor que estás viendo—

—Una joven de cabello rizado estaba gritando tu nombre ¿Quién es Albert? —

—mmm mi amada sintiendo celos por mí— dijo Albert al tiempo que una sonrisa se dibujó en su rostro.

—No son celos es curiosidad — Candy respondió muy rápido haciendo un gran puchero, Albert al ver el rostro de su amada la toma por la cintura y deposita un dulce beso, se aleja poco a poco dice—¿Ya estas lista para regresar?—

— ¡Sí, vamos ¡— dijo Candy con una gran sonrisa al tiempo de extender su mano a sumado, ambos caminando muy despacio, Candy suelta su mano y se detiene por un momento observando por última vez esa hermosa montaña que durante un tiempo fue su casa regresa su mira al frente cuando escucha—¿Quieres regresar? —

—No, ya es tiempo de volver vamos…— Candy corre para alcanzar a su amado y por un segundo piensa « es hermosa esta montaña pero el pequeño que crese necesitara mas espacio, hay ocasiones que el final es el principio de algo maravilloso »

Fin.

Pienso en ti cuando amanece,

en los primeros rayos de luz

asomándose por mi ventana.

Pienso en ti por la tarde,

al escuchar todos los ruidos

de la gente hablando.

Pienso en ti antes de dormir,

cuando me pongo mi piyama

y me lavo los dientes.

Pero en mis sueños es el

único lugar que te veo,

Mi amado William Albert Andrew.

Autor: Mary Sabym

Les doy las gracias a todas ustedes por seguirme en mi primer Fic, gracias a Karla Andrw y a Mayra Exitosa por todo.

Saludos a todo mundo.