"Otro día, otra cacería de brujas"

Advertencias: Fic histórico. Nyotalia.


Nikolai las había descubierto desde que escaparon del Sacro Imperio Romano, rastreó sus pasos por Francia hasta por fin dar con ellas en ellas en España. Pasó meses rondando a su alrededor sin que ellas se percataran, intentando recabar información sobre su origen, sin excito alguno, ya que para el ojo de todos en el pueblo eran muchachas huérfanas, comunes y corrientes humanas sin nada resaltable.

Él ni siquiera conocía sus nombres, pero las reconocía como personas de su misma especie: ellas eran brujas. Y si lo hubieran querido ya habrían cubierto todo el pueblo en llamas, como los humanos habían cubierto a cientos de su especie a lo largo del continente.

Él sabía perfectamente que esa era la razón por la cual huían, por la cual las tres estaban tan lejos de sus hogares, viajando entre las caravanas de gitanos o por sus propios medios, manifestando un par de alas y la forma de un ave de rapiña. Aquella vida que tuvieron que resignarse a adoptar se debía a que Europa era dominada nuevamente por el miedo.

Las observaba entre la multitud reunida en la plaza del pueblo, toda la gran masa de espectadores para la quema de una mujer acusada como "bruja". El juez sentenció sus delitos, destacando entre ellos la muerte de un recién nacido, el hijo de uno de los mercaderes más importantes de la zona.

El fuego se esparció por las columnas de paja hasta subir por la estaca, cubriendo a la figura humana en rojas llamas que sólo le dieron un largo sufrimiento en sus últimos momentos de vida.

Aquello era a sus ojos un acto de salvajismo y para los ojos del pueblo como un acto de justicia o seguridad, pero para las verdaderas brujas era una advertencia con un mensaje claro "Vete, aquí jamás estarás a salvo en este lugar". Aunque realmente los sitios seguros para ellas se estaban agotando.

Las perdió de vista antes de que el pueblo recobraba su ritmo normal y los gendarmes custodiaban el espacio hasta que el fuego se extinguiera. Apretó los puños, seguiría rastreándolas, deseaba conocerlas, saber sus nombres, la edad que aparentaban, su verdadera edad, su origen y cómo fue que sus vidas se conectaron.

—Nikolai, ¿has terminado con el trabajo que te asignó la señorita Edelstein? —sus pensamientos se vieron interrumpidos por su compañero de trabajo, un sirviente de mayor rango que él.

—Aun no, Daniel, pero dile que me dé un par de horas más y conseguiré lo que me pidió.

—Más te vale, necesitamos tener todo listo antes de partir mañana.

Ellas se escabulleron cuando la multitud empezó a dispersarse, dirigiéndose a la cabaña en las cercanías del bosque, la cual habían adoptado como su temporal refugio. Sabían que tarde o temprano los oficiales harían una inspección, además tenían en contra que tres mujeres viviendo juntas sin un hombre era bastante sospechoso.

—¿De quién fue la genial idea de venir a España? —decía Alice mientras guardaba sus pocas pertenencias.

—Nicoleta.

—No me culpen, no es mi culpa que la caravana que amablemente nos aceptó viniera para acá —la rumana echaba con furia su ropa en una bolsa de cuero. Suspiró intentando clamarse, porque la cabeza empezaba a punzarle— ¿Saben quién era la mujer?

—Era la partera, lo escuché de la mujer del panadero. Analizando eso y sus acusaciones, creo que al mercader se le hizo fácil culparla por la muerte de su hijo —sentenció Nora, guardando unos cuantos frascos con hiervas que utilizaba para sus pociones— Abuso de poder, venganza y levantó el miedo, dos inocentes muertos en un mismo día por distintas razones.

—No sería la primera vez que vemos algo así —comentó Alice— ¿Recuerdan Mecklemburgo hace diez años?... ¿el juicio de la doctora?

—Claro, el recuerdo aun es vívido… ojalá hubiéramos podido ayudarla —Nora hizo una mueca mientras terminaba de empacar sus cosas.

—Estoy harta de que esto sea tan común… otro día, otra cacería de brujas —Nicoleta sujetaba un cuchillo, cortando algunas cuerdas que mantenían colgados parte de sus amuletos— Ahora el problema es decidir adónde ir.

—¿No podemos volver a tu reino, Alice?

—Necesitaríamos viajar en barco y si volamos como lechuzas tendríamos que dejar todas nuestras pertenencias… y ya estoy cansada de "comenzar de nuevo".

Un sonoro golpe contra la puerta las alertó. Las tres retrocedieron hasta el fondo de la cabaña luego de escuchar un grito que les heló la sangre: —¡Sé que están allí dentro, brujas! ¡Abran la puerta!

—El candado esta puesto, en lo que intenta romperlo tenemos tiempo de desaparecer —susurró Nora, segundos antes de que el cerrojo de la puerta explotara.

Se pusieron en alerta dispuestas a dar batalla, una singular luz provino de las manos de Alice, Nicoleta empuñó su cuchillo y en su otra mano invocó fuego, mientras que Nora hacía levitar las piedras regadas por el suelo. La puerta se abrió de golpe, levantando el polvo y los restos de madera generados por la explosión, el hombre pálida piel y cabello platinado entró en la cabaña, observando a las brujas detenidamente.

—No esperaba una bienvenida tan grosera, más vale se relajen y me escuchen —expresó con total seriedad.

—¡Largo! —exclamaron al unísono, lanzando un ataque leve hacia el extraño.

Nikolai reaccionó rápido, creando una pared de hielo frente a él, bloqueando los ataques de las tres— No estoy aquí para lastimarlas, porque soy uno de ustedes.

—¿Por qué deberíamos confiar en ti? —Alice no bajó la guardia, ni tampoco sus compañeras.

—Por qué llevo tiempo observándolas y, al igual que ustedes, ya no hay sitio en el que este a salvo. Vengo a proponerles algo.

Sacó un pergamino con el sello de la familia Edelstein, desplegándolo frente a ellas —La señorita Anneliese Edelstein se mudará mañana a la región italiana de Friuli, para administrar las tierras que su familia tiene allí, necesita mucamas.

—¿En verdad crees que estaremos a salvo en el norte de Italia? —espetó Nicoleta, tomando el pergamino y leyendo el contenido, era un contrato que especificaba las condiciones del trabajo.

—Por favor, los Benandanti han disminuido y serán una amenaza menor si trabajan para una mujer noble. He estado bajo el cuidado de la señorita Edelstein por un buen tiempo y es alguien confiable a quien no le afecta la histeria por la brujería.

Consideraron esa posibilidad por un momento, y odiaron admitir que él tenía algo de razón, una mujer de estatus noble podría proteger bien a sus sirvientes, aún bajo las sospechas de brujería siempre y cuando el noble no estuviera involucrado en ellas. Las tres lo miraron nuevamente con cierta confusión.

—¿Por qué quieres ayudarnos?... seguro quieres algo a cambio.

—Porque quedamos pocos en el mundo y si quiero algo y eso es que me enseñen todo lo que saben. Hay cuestiones de la magia que nunca llegué a aprender debido a que fui exiliado y perseguido de mi reino… es lo único que busco de ustedes.

—Danos un momento —Nora tomó la mano de sus compañeras y se acercaron para hablar sobre ello.

Comparándolo con todas las opciones de escape que tenían, era arriesgado, aun más confiar en un brujo que se presentara de la nada con interés en ellas; no tenían dinero para viajar y mucho menos sabían que sitio elegir para asentarse, al menos con el trabajo les aseguraban una vivienda, comida y salario. Maldijeron al mismo tiempo el estar en esa encrucijada, pero las tres sabían que, aunque no les gustara, esa era la mejor opción que tenían ahora.

—De acuerdo, mis hermanas y yo lo hemos decidido— dijo Alice sin soltar las manos de sus compañeras— Aceptaremos el trabajo, puedes decírselo a su ama y aceptaremos enseñarte algunas cosas.

—Gracias —el chico hizo una reverencia— Terminen de empacar y vendré por ustedes, nos iremos a Italia al amanecer.

Ellas asintieron y le pidieron se marchará, arreglando la puerta luego de que se alejó. La desconfianza hacia él se mantendría viva a pesar de todo lo que hiciera por ellas, siendo una bruja sólo podías confiar en tus hermanas.

La mañana llegó, Nikolai compartió un carruaje con las brujas luego de presentárselas a Anneliese Edelstein, quien se mostró más que complacida con su eficacia para encontrar sirvientas sanas y fuertes.

Sonreía en sus adentros, sabiendo que su persecución había llegado a su fin. Deseaba que Anya pudiera felicitarlo, claro, si ella estuviera viva, pero sus enseñanzas aún seguían vivas en su mente y en su corazón, sobre todo aquella clave que se convertiría en su motivación todos estos años escondido: Las brujas guardan todo su poder en el alma y el corazón, así que cuando una muera debes ingerir su corazón para absorber sus poderes, mientras más corazones consigas más poderoso serás, tanto que podrás rebasar los límites de la propia hechicería y de la vida.

Las brujas más poderosas que había visto en Europa estaban sentadas a su lado.

Natalya soñó sobre él, reconociéndolo como el fantasma que a veces se aparecía en su habitación.


*Benandanti: eran miembros de un culto cristiano campesino. Su objetivo fundamental era combatir a los brujos y a las brujas (a veces denominados malandanti) para impedir que hicieran el mal. Esto durante el siglo XVI.

La historia de este capítulo se sitúa en el siglo XVII.

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