Los personajes de Ranma ½ no me pertenecen, de ser así muchos secundarios serían retomados.

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Fantasy Fictions Estudio

Aoi Fhrey

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Presentan:

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Mientras volvías

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Nota previa: esta historia inicia un día tres de enero y en ella Ranma tiene cuatro años al ser llevado de su hogar.


Día: 1

La mañana siguiente a la partida de mi familia fue bastante pacífica. Ningún sonido de los pies de mi pequeño corriendo por su habitación, nada de los ruidosos ronquidos de mi esposo durmiendo a mi lado. Solo silencio inundando mi hogar, pero no como un bálsamo de tranquilidad sino como una densa y pesada niebla que rodeaba la casa, que asfixiaba la vida silenciándola a la fuerza.

No me gustó para nada ese extraño mutismo.

Me cambié de ropa con una tensa calma, tratando de resistir el impulso de correr para tener el desayuno a tiempo, ir de prisa a la habitación de mi pequeño hijo y vigilar discretamente su carrera por vestirse y «sorprender» a mi esposo para su «práctica de artes marciales» matutina. Antes de doblar el futón me mantuve un largo tiempo observando la mitad sin usar, sentí que la suave tela se burlaba de mi situación casi como si estuviese diciendo: «ahora despiertas sola». Con prisa guardé la cama portátil en el armario para no pensar en el asunto.

Al descender a la planta baja de mi casa la situación no mejoró. La sofocante tranquilidad seguía presente de manera que encendí la televisión para tratar de ahogar el silencio con el sonido de plática humana, subí el volumen lo suficiente para que pudiese escucharlo desde la cocina, pero a pesar del sonido las palabras no tenían sentido para mí. Solo ruido incomprensible sin propósito ni esencia.

La comida recalentada del día anterior tenía un sabor extraño también, el arroz y las algas se sentían en mi paladar igual a una gruesa e insípida goma. Al final terminé mi desayuno casi por obligación arrojando simplemente los platos sucios en la cocina.

Salí a barrer la calle para alejarme un poco de una casa que me parecía extraña, la labor rítmica me calmó un poco hasta que vi a algunas vecinas conversando a unas puertas de distancia. Los brazos se me congelaron en cuanto me saludaron, con un poco de esfuerzo logré una sonrisa cordial y una pequeña reverencia.

Pero las palabras no salían.

¿Cómo hablar de una situación que ni yo misma entendía bien?

Por un momento me imaginé caminando hacia mi grupo de vecinas para tener una casual charla matutina:

«Buenos días, señora Tanaka. Oh sí el precio de las verduras está por las nubes de nuevo, oh la familia está bien. De hecho mi esposo partió anoche llevándose a nuestro pequeño hijo en un viaje de entrenamiento de muchos años.

¿Cuánto tiempo?

Ni idea, pero Genma me enredó con sus palabras idealizadas será un «hombre entre los hombres» al volver y acepté sin entender del todo, podrían ser unos quince o veinte años.

¿A qué lugar se fueron?

Ni idea, pero no me preocupo porque mi esposo era un errante experto en sus años de juventud. No señora Tanaka, no estoy preocupada. Persuadí a mi esposo a firmar una carta promesa para triunfar en ese viaje o morir por mi propia mano si fallaba. Mi pequeño niño también lo firmó, fue taaaan tierno de ver, él puso su pequeña palma entintada en el documento aceptando que yo lo mate si fracasa. ¿Qué debe hacer para triunfar?

Eso es fácil, mi niño solo debe convertirse en un ideal de novela clásica, un arrogante guerrero o algo así, no lo pensé mucho porque redacté el pacto con prisa. Ni yo misma sé lo que debe hacer para cumplir su parte. Pero estoy bien. Estoy taaan orgullosa de mi familia mutilada. Por cierto vio los nuevos muebles de la familia Hogura, en lo personal no me gustan las modas extranjeras pero…»

La idea me dolía tanto que entré casi corriendo de nuevo en la casa.

Solo para casi chocar con el papel que mi esposo firmó la noche anterior. Al mirar el documento de promesa en la mesa de nuestra sala no se sentía como la protección de mi honor como esposa, no se sentía como la garantía de triunfo en el arte del combate para Ranma, con la luz del día solo parecía un pedazo mutilado de mi familia, fue casi como ver el brazo arrancado de mi pequeño niño dejado como garantía.

Corrí hacia el horrendo trozo de papel con la idea de destruirlo.


—¡Ugh!


Pero me detuve a unos centímetros de tocar el documento. Aquella burla de garantía era lo único que me quedaba de mi familia. Un estúpido y frío papel.

Corrí a la planta superior de la casa en busca de una almohada y la puse con fuerza en mi cara. Lloré de dolor y grité de impotencia por haber aceptado semejante locura en mi vida.

En algún momento debí haberme quedado dormida, ya que al abrir los ojos el reloj indicaba que era una hora de la tarde bastante avanzada.

Me dolía la cabeza sin embargo me obligué a ponerme en pie de nuevo. El silencio ya no me parecía tan opresivo como unas horas antes, en todo caso era bienvenido, porque no tenía ganas de hablar.

Tampoco tenía nada que decir.

Lavé un poco de ropa con mucha más calma y cuidado del necesario para concentrarme en la labor y no pensar más.

Por la noche una cena recién hecha y el sonido de un poco de música me ayudó a ganar control de mi misma.


«Tal vez Genma se dé cuenta de la locura de ese viaje y regrese a casa por su propia cuenta, después de todo puede entrenar a nuestro pequeño aquí»—pensé con una pequeña dosis de esperanza.

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Esa pequeña chispa de expectativa me ayudó a dormir.

Día: 3

Decidí esconder el contrato de Genma en un cajón vació de la repisa más baja.

Fue difícil sostener el documento, ya que se sentía como alimento ligeramente descompuesto en mis manos.

En ese lugar no me molestará demasiado.

Día: 5

El pequeño viaje para comprar comestibles había demorado mucho más de lo previsto. Ir sin los constantes correteos de mi Ranma por la calle o los pasillos de las tiendas me detuvo mucho. No pude evitar el detenerme frente a varias máquinas expendedoras de jugos a mirar los sabores favoritos de mi niño.


«Naranja, mami. Uno de naranja, amarillo es el mejor color de todo el mundo mundial».


Casi podía ver los ojos de Ranma llenándose con asombro mientras insertaba las monedas en la máquina, el brillo extra en el azul de su mirada cuando manipulaba los «complicados botones» y su dicha al sacar la golosina de la base del dispensador.


«Gracias, mami. Eres la mejor mami del mundo mundial».


En la sección de los congelados tuve más retrasos al elegir los comestibles al casi escuchar a mi Genma:


«Puedes preparar lo que quieras, No-chan me encanta toda tu comida— y luego me miraba con esos ojos tiernos que me gustaban tanto para añadir—: pero si por casualidad puedes preparar algo de Tempura estaría bien.»


Soñar despierta me retrasó mucho, reajustar mis compras para comestibles de una persona en lugar de tres fue extraño.

Al final llevé a casa comida neutra y solo dos de los platillos favoritos de mi esposo e hijo.

En caso de que volviesen a casa durante la siguiente semana.

Día: 25

He decidido limitar la compra de favoritos «para mis extraviados» a un solo platillo favorito por semana. Un hecho curioso es que tengo un aumento de mis ingresos familiares. Decidí guardar el dinero extra que causa esta situación extraña en el banco, es una cantidad simbólica, pero podría sacar a la familia de problemas en algún momento en el futuro.

Según mis cálculos, Genma ya debe extrañar mis comidas. Mi esposo aunque diestro en preparar los alimentos básicos es poco imaginativo en cuanto a variaciones.

Con un poco de suerte esta locura terminará para el fin de mes.

Día: 32

El pequeño estallido de alegría que tuve cuando llamaron a la puerta por la tarde se volvió amargo cuando descubrí que no era mi extraviado esposo regresando con mi Ranma, sino un pobre vendedor de detergente regalando muestras gratuitas. No fue nada amable de mi parte el cerrarle la puerta en la cara al pobre trabajador, pero será una historia divertida para contarle a mi esposo cuando regrese. Espero que sea en los próximos días.

Día: 63

Mirar la lluvia por la ventana no es nada útil sin embargo con todas las labores domésticas hechas no tengo nada mejor que hacer. Por alguna razón saqué las toallas grandes y las coloqué en el cuarto de Ranma. No espero que mi esposo e hijo regresen a casa con este clima infame, pero estar preparada por si hoy ocurre no hace daño.

Por la noche la lluvia no cesa y la casa se siente tan fría que decido consentirme un poco con una bebida de chocolate. La idea no fue buena, ya que al primer trago recordé a mi pequeño.

Ojalá hubiese comprado un poco de sake para calentarlo en este momento. La bebida parece adecuada con este clima horrible y me quitaría la frialdad que siento en el cuerpo.

La energía eléctrica falló en mitad de la noche y la lluvia sigue siendo intensa.

Espero que mis extraviados estén en un lugar cálido esta noche.

Día: 65

Debería sentirme satisfecha por mi impecable respuesta y conducta, pero no lo hago.

Ya que con el anuncio matutino de un tornado acercándose mis planes de lavado fueron olvidados de inmediato. El pequeño auto con altavoces avisó a los vecinos que se esperaba que la parte más intensa golpeara el distrito por la noche. Lo cual me da un tiempo muy justo para prepararme es difícil, pero no imposible. Desde luego como cualquier ciudadano responsable tengo bien aprendido lo que se debe hacer en una situación como esa. Descarté de inmediato mis ropas tradicionales por un viejo uniforme de trabajo que usé cuando Genma y yo pintamos las paredes de nuestra casa, saqué herramientas y tablas de la bodega para poner manos a la obra.

Sin embargo mientras avanza la mañana mis predicciones para proteger mi hogar demostraron ser… optimistas. Mi avance es muy lento. Levantar las tablas es complicado cuando lo hace una sola persona, con un clavo entre los dientes no puedo evitar el extrañar a Genma de una manera no tan cálida. Mi solitaria rabieta es interrumpida por un par de gritos.


—¡Nodoka-san! ¡Nodoka-san!


Y al girar la cabeza desde la escalera descubro a una pequeña multitud de vecinos frente a mi puerta. Con un poco de miedo ante una posible evacuación de emergencia bajo de la escalera metálica para descubrir la causa de la reunión:

El portavoz es el matrimonio Torahashi. Me informan de un grupo de trabajo creado para ayudar con el tornado. Es una prioridad tener las casas protegidas lo antes posible. No soy tonta, puedo ver que mi casa es la única en la cual se concentran la mayoría de los esfuerzos. Con un pequeño nudo en la garganta agradezco la ayuda. Mientras varias personas me asisten, el tema obligado sale a la luz.

La partida de Genma y Ranma tiene una respuesta que he tenido tiempo para ensayar. El discurso que preparé sale de mis labios de una manera sobria e impecable. Todos mis vecinos conocen el talento de mi esposo en el arte y mis palabras no dejan duda de la seriedad con la que yo tomo el voto a mi familia.

Antes de que el tornado llegue las protecciones a mi hogar están completas y la situación de mi familia ha sido contada de la manera correcta.

Debería sentirme satisfecha por mi impecable respuesta y conducta, pero no lo hago.

Mientras el viento y la lluvia rugen fuera de mi casa, tengo un doble anhelo oprimiéndome el pecho: en primer lugar quisiera refugiarme en los fuertes brazos de mi esposo como una suave flor anhelando ser protegida y en segundo lugar siento la necesidad de reconfortar a mi niño.

Mi casa está segura, pero me siento tan sola como si estuviese sola en plena calle durante la tormenta. El pecho me duele y tengo que repetirme que las lágrimas que corren por mi cara son por culpa del aterrador viento y lluvia.

La tormenta pasa, pero tardo mucho tiempo en tranquilizarme.

Día: 91

Un pequeño comercial animado anuncia cuadernos para el próximo regreso a clases. Mi pequeño Ranma debería estar ingresando a la escuela. Los palillos en mis manos se rompen misteriosamente. He sido muy ingenua al pensar que la locura de Genma solo duraría un par de meses. No puedo recordar si hablé del asunto educativo de Ranma con mi esposo antes de su partida.

Creo que es momento de hacer un cambio de pintura en la casa o un pulido completo de la madera en nuestro dojo.

Comprar una brocha muy pequeña para el proyecto demuestra ser una buena idea.

Día: 174

Es un hecho dolorosamente obvio que mi esposo no volverá por varios meses más, mi nueva idea es que veré al descarado hasta finales de diciembre. He comenzado una pequeña lista con las cosas de las cuales debo hablar con él. Visitas programadas y regulares son dos temas que están al inicio. Por otro lado si mi hombre se queda durante varios días usaré todos mis recursos para disuadirlo de esta locura y que entrene a nuestro niño usando el hogar como base. Pero para que ese truco de mi parte funcione debo estar en plena forma para tener a Genma aturdido por mi aspecto.

Y eso no pasará si me mantengo encerrada en casa todo el tiempo.

Una buena rutina de ejercicios es un esfuerzo necesario y un añadido bienvenido para mis días «desocupados».

Día: 210

Por primera vez desde que inició esta locura estoy agradecida con la ausencia de Genma. Me he consentido mucho con los alimentos y la vida sedentaria ganando más peso del que imaginé.

Recuperar mi resistencia y deshacerme de los kilos extras en mis caderas va a tardar más tiempo del que pensé, pero todo el trabajo valdrá la pena si consigo que mi esposo e hijo estén en casa más tiempo.

Día: 245

Mi proyecto de acondicionamiento físico no resultó de la manera que esperaba. Aunque gané varias compañeras de entrenamiento en el parque también apareció un grupo de mirones desagradables. Cuando asusté a esas malas excusas de hombres con mi espada de madera creí que el problema estaba resuelto.

Honestamente me sorprendió que mis supuestas nuevas amigas comenzaran a murmurar malos rumores sobre mi persona cuando no escuchaba.

«¡Incitar a los hombres con mi ropa provocadora! Bah.»

Eran prendas que aunque occidentales eran completamente discretas y útiles para el entrenamiento. No funcionó el mencionar que espero el regreso de mi esposo quien es un hombre viril y mucho mejor que cualquiera de esos remedos masculinos y que sospecho todavía nos miran a hurtadillas.

Una de las mujeres incluso tuvo el descaro de afirmar que yo era una mujer abandonada por mi conducta escandalosa.

Yo no volveré a ese parque, pero Takahashi-san no podrá sonreír sin recordar que uno de sus dientes es falso.

Día: 304

He comprado un regalo de navidad para mi Ranma, me adelanté casi dos meses a la fecha, pero no puedo dejar de pensar en su carita sonriente cuando vea mi sorpresa. Es un pequeño carro de bomberos de color rojo brillante con sonido y unas pequeñas luces amarillas que iluminan bastante bien. Lo probé al llegar a casa y casi siento como si el regalo fuese para mí.

Estoy segura de que amará el juguete.

La «ropa de batalla» que planeo usar para mi plan con Genma todavía puede esperar. Los ensayos para «el baile de cortejo» llevan un buen ritmo para estar disponibles a mediados de diciembre. Tendré a mi esposo salivando de deseo y ambos disfrutaremos de nuestro dulce reencuentro.

Día: 311

Mis compras navideñas están tiradas en el suelo de la habitación. Mi completa atención se centra en la pequeña postal en mi mano. Leo las breves palabras de mi esposo una y otra vez tratando de comprender, quiero encontrar otro significado en el mensaje, pero nada cambia.

[Ranma avanza bien… ya verás que en un par de años lo tendré dominando las bases del estilo libre.]

La idea es tan evidente que me lastima: Genma no piensa volver a casa ni de forma ocasional, no podre verlo ni a él ni a mi niño por muchos años.

Con un pánico aplastante busco alguna pista en la postal. El sello dice que proviene de una de las islas más remotas del país. Una de las pocas cosas que hablé con Genma fue un acuerdo para que permaneciera cerca del sitio de sus cartas por si yo deseaba responder.

Me sorprende la velocidad con la que se mueve el pincel en mi mano, pero he redactado algo muy breve junto al número telefónico de mi hermana para que se comunique. Tiene que parecer una orden de su esposa y no el grito lleno de pánico de una madre.

Debo hablar con Genma cuanto antes, incluso si es en una llamada telefónica necesito negociar su regreso a casa.

Día: 315

—Tú aceptaste el plan, No-chan. La formación del niño recién empieza y llevará años antes de que esté preparado, no puedo ir a la capital por culpa de tu nostalgia. Adiós.

—¡Genma Saotome, no te atrevas a cortar la llamada!

—Ranma me llama, querida. Te escribiré en cuanto pueda.

—… ¿Genma? ¡GENMA!

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Continuará…

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Nota:

El concepto de que Nodoka aguarda por muchos años es bien conocido, pero me he preguntado si no hubo dudas o temores tras su elección. Muchas de sus ideas pueden parecer ingenuas para quien conoce el futuro, pero ella no conoce el acuerdo con la familia Tendo y no puede comprender del todo las motivaciones de su esposo para irse. En muchos relatos se retrata a esta mujer como una despiadada mujer obsesionada con su ideal. Una idea que parece absurda cuando se le pide explicarla en el canon. Creo que una espera tan prolongada le afectó de muchas formas. Son muchos años de soledad en los que prácticamente se dice que esperó como un mueble en su hogar, si bien eso puede parecer poético considero que es muy duro para una esposa y madre.