Los personajes de Candy Candy no me pertenecen
La Alegria de Mi Vida
Capítulo 1
Nota: Este capitulo tiene un poquito de contenido explicito, leanlo bajo su propio riesgo... :)
Era la madrugada del 20 de enero del año 2019, las calles de la ciudad de Chicago estaban desiertas. Ese año el invierno estaba siendo mucho más severo de lo normal, las congeladas aguas del lago Michigan y las enormes cascadas de hielo que pendían de los árboles, daban la impresión del que el tiempo se había detenido.
En la sala de emergencias del hospital Santa Juana, el más prestigiado de la ciudad, Flamy trabajaba en la computadora actualizando los archivos de los pacientes que recientemente había visitado, la joven se había graduado recientemente como doctora en medicina general y estaba haciendo su especialidad en ortopedia y traumatología. La noche había sido relativamente tranquila, la joven pensó que tendría tiempo de repasar sus notas antes del amanecer pues tendría un examen con el doctor Leonard, director del hospital y uno de los maestros más exigentes; estaba a punto de abrir su cuaderno cuando de repente el código rojo se activó. Inmediatamente, la joven salió al pasillo donde un grupo de doctores y enfermeras corrían junto con ella hacia la entrada de las ambulancias.
En cuanto el vehículo se detuvo, los paramédicos bajaron la camilla y comenzaron a reportar:
Paciente masculino entre 25 y 35 años de edad, caucásico, sufrió accidente de motocicleta, tiene el pulmón derecho perforado y aparenta varias fracturas.
Mientras las enfermeras tomaban los signos vitales, Flamy miro al joven que yacía en la camilla con un collarín y una mascarilla de oxígeno, estaba completamente pálido y sus labios comenzaban a tornarse azules. En ese momento el doctor Leonard apareció como ráfaga y ordenó que se le practicara una tomografía computarizada.
- Flamy, prepárese para entrar al quirófano de inmediato…
Mientras tanto, en una mansión de la zona más exclusiva de Illinois, un hombre tocaba con insistencia en las puertas de la recamara principal.
- ¡Señor Ardlay, Señor Ardlay!
- ¿Qué pasa George? ¿por qué tantos gritos?
- Acaban de llamar del Hospital Santa Juana, el joven William sufrió un accidente en la motocicleta y se encuentra grave, en este momento está ingresando a cirugía.
- ¡Dios mío! Mi hijo, se escuchó decir a una mujer al interior de la recamara. Unos minutos más tarde, una camioneta Lincoln, cruzaba a toda velocidad el majestuoso portal que fungía como entrada a la mansión. En ella viajaban William Connor Ardlay, un hombre de 62 años de edad, alto, de cabello rubio cenizo y ojos azules; a su lado, rezaba con fervor su esposa Priscila Ardlay, una mujer de 59 años delgada, elegante y distinguida también de cabello rubio, pero con ojos verde esmeralda. En el volante se encontraba George Villers, de origen francés quien era la mano derecha del señor Ardlay.
- Tranquila mujer, recuerda que has estado delicada de salud.
- Es que… si algo le pasa a mi hijo…
- Nada le va a pasar, está en manos del mejor médico de la región – dijo el padre tratando de auto convencerse.
Tan pronto como llegaron al hospital, les informaron que el joven aún se encontraba en cirugía y su estado de salud era grave.
Unos minutos más tarde una pareja joven arribaba al lugar...
- Mamá, Papá ¿Cómo se encuentra Bert?
- Lo están operando… Vincent gracias por venir – contestó Priscila mientras recibía el abrazo de su hija mayor y su yerno.
William Connor ni siquiera se movió. Estaba sentado con ambos codos recargados en las rodillas y las manos sujetando la frente inclinada, recordando la última vez que había visto a su hijo…
- ¡No lo hare! ¡No me puedes obligar!
- ¡Si lo harás! Ya es hora de que te comportes como el hombre que eres y asumas tus responsabilidades. Si no lo haces, puedes irte olvidando de esta familia...
- Ah, claro, se me olvidaba que para ser parte de esta familia uno tiene que ser un pelele. ¿no te bastó con imponerme una carrera? ¿ahora quieres imponerme también una esposa? Pues no, amo a Susana y me casaré con ella en una semana, te guste o no.
- Esa prostituta de quinta jamás entrará por esa puerta y si te atreves a casarte con ella desafiando mis órdenes, olvídate de que existimos. Así que ya lo sabes, más te vale que te hagas a la idea de casarte con la señorita Mackenzie porque no voy a faltar a mi palabra.
- Pues la próxima vez, empeñe su palabra en algo que tenga que ver con su vida, no con la mía.
Sin poderse controlar, el hombre cruzó el rostro de su hijo con un par de bofetadas, el joven lo miró con resentimiento y le dijo:
- ¿Hasta cuándo se cansará de arruinarme la vida? Y saliendo del estudio como alma que lleva el diablo, tomó su motocicleta conduciendo a toda velocidad e ignorando los ruegos de su madre que corría tras de él gritando:
¡Hijo no te vayas así, por favor regresa!
En el estudio, el padre aun sentía el ardor en la palma de la mano y un terrible pesar en el corazón, era la primera vez que le ponía la mano encima al joven quien era su único hijo varón y su máximo orgullo.
- Siempre has sido un hombre justo ¿por qué has tratado a nuestro hijo de esa manera? – reclamó la madre con lágrimas en los ojos.
- Está empeñado en casarse con esa mujer.
- ¿Le enseñaste el reporte del investigador?
- Claro, pero por supuesto no me creyó. Cree que lo inventé todo para obligarlo a cumplir el compromiso de los Mackenzie que, hoy por hoy, tu sabes que es la mejor opción para él. Además, salió otra vez con lo de la escuela…
- Tal vez si lo hubieras dejado estudiar veterinaria como quería en lugar de forzarlo a tomar administración y finanzas…
- ¿Acaso le hizo daño? Los negocios y las finanzas son algo que lleva en la sangre, mira nada más, apenas lleva tres años ejerciendo en la bolsa de valores y ya tiene su fortuna personal… de eso a andar por ahí todo lleno de excremento de animal y jugando con una mofeta hay mucha diferencia…
La llegada del doctor Leonard devolvió al hombre a la realidad. El galeno les informó que el joven tenía tres costillas y un brazo fracturados, además del pulmón derecho perforado, pero que esperaban que se recuperara satisfactoriamente.
Había tenido mucha suerte, según testigos se había desbarrancado a toda velocidad en la motocicleta, sin siquiera hacer el intento de frenar.
Las horas pasaban lenta y tortuosamente, mientras esperaban a que Albert, como lo llamaban, saliera de terapia intensiva, les habían dicho que tal vez tomara un par de horas para que se le asignara una habitación, pero ya habían transcurrido ocho y el joven aún no estaba en condiciones de ser trasladado.
Flamy regresó después de su examen y se encontró con la sorpresa…
- Jane ¿Qué pasa con el paciente de la cama 5206? ¿por qué no ha sido trasladado a piso?
- Es muy extraño, el doctor Leonard dijo que todo había salido bien, pero el paciente simplemente no reacciona, es como si no quisiera vivir – contesto la enfermera.
- Flamy miró las manos del joven y notó que sus nudillos estaban amoratados, como si hubiera estado envuelto en una pelea.
El cuerpo del joven no reaccionaba, pero su mente estaba más activa que nunca recordando el día anterior.
- Que tal Albert, ¿listo para el gran día?
- Hola Michael, jamás he estado más listo para algo en mi vida.
- Pues, ya que es tu último día de libertad Terry y yo hemos decidido celebrar…
- No, sabes que esas cosas no van conmigo.
- Tranquilo, solo invitaremos a algunos amigos a casa de Terry, tomaremos unos tragos un poco de música… tu sabes. De seguro también Susana saldrá con sus amigas.
- Si, dijo que iría a cenar con algunas compañeras de la obra.
- Ahí está, ándale anímate nos vamos a divertir.
- Esta bien.
- Nos vemos en casa de Terry a las diez.
A la hora indicada ambos jóvenes se estacionaban en frente de una lujosa residencia. Terry era hijo del Duque de Grandchester y la famosa actriz Eleanor Baker quien se había retirado de la actuación para dedicarse de lleno a su familia. Sus padres vivían en el Reino Unido, Terry se había graduado en Arte Dramático y su carrera comenzaba a despuntar en los Estados Unidos donde vivía con todas las comodidades. Terry, Michael y Albert se habían conocido en el Colegio San Pablo y desde entonces habían sido los mejores amigos, tanto así, que el hijo del Duque había elegido Chicago como su lugar de residencia para estar cerca de los otros dos jóvenes cuyas familias eran muy poderosas en la región.
Al llegar a la puerta principal, notaron que estaba abierta…
- Que raro, parece que no hay nadie – dijo Michael llamando a Terry.
A lo lejos, se podía escuchar música por lo que los jóvenes se adentraron en la casa pensando que los demás estaban en alguno de los salones.
La música provenía de la recamara de invitados que se encontraba en el primer piso. Al abrir la puerta, Albert no podía creer sus ojos, ahí estaba Susana a gatas con Terry penetrándola por detrás mientras ella le hacía sexo oral al director de la obra.
- ¡Maldito bastardo! – grito William propinándole tremendo puñetazo a Terry que cayó de lado…
- Am..or yo… intentó hablar Susana quien se atraganto con el miembro del director.
El rubio, fuera de sí, comenzó a golpear a ambos hombres empujando a Susana quien fue a dar a un rincón.
- Albert, cálmate por favor los vas a matar – decía Michael tratando de sujetarlo, pero en ese momento el rubio parecía tener la fuerza de un oso…
- ¡Tú lo sabias! Por eso me trajiste aquí – dijo golpeándolo de igual manera.
Sin saber cómo, el rubio se encontró de repente conduciendo su motocicleta a toda velocidad por las empinadas pendientes de la zona residencial exclusiva que estaba enclavada en lo alto de una montaña a las afueras de la ciudad. El viento y las lágrimas en sus ojos le impedían la visibilidad hasta que al llegar a una curva se desbarrancó sin siquiera frenar.
El pulmón del joven, había sido reparado durante la cirugía, pero era el dolor y la opresión en el lado izquierdo de su pecho lo que le impedía respirar.
Al mismo tiempo, Michael llegaba visiblemente golpeado y con la cara desencajada a la sala de espera…
- Michael ¿Qué te paso? ¿te encuentras bien? – preguntaba Rosemary.
- ¿Cómo se encuentra?
- No hemos podido verlo, sigue en terapia intensiva…
- Juro que yo no sabía – dijo el joven cubriéndose la cara mientras lloraba desconsoladamente.
- ¿De qué estás hablando?
- Terry y yo sabíamos qué tipo de mujer es Susana y tratamos de advertirle a Albert en diferentes ocasiones, pero él creía ciegamente en ella diciendo que solo eran chismes, por su carrera como actriz.
- La semana pasada nos dijo que se casaría el día de hoy… después Terry me comentó que haría lo que fuera necesario para evitar que Albert se uniera a esa mujer. Ayer por la mañana me llamó y dijo que estaba organizando una pequeña despedida de soltero para Albert, pocos amigos, música y aperitivos; también dijo que estaba en medio de un llamado y me pidió que le llamara al Albert para invitarlo; yo lo hice pero cuando llegamos a su casa no había ninguna reunión, en lugar de eso, encontramos a Susana sosteniendo relaciones sexuales con Terry y el director de la obra… Albert se puso como loco y los golpeó, yo traté de detenerlo pero me acusó de haberlo llevado ahí con conocimiento de causa y me golpeo de igual forma. Después ya no supe de él…
- ¿Cómo están los demás? Terry está sumamente golpeado, el otro hombre tuvo suerte porque estaba tan drogado que cayó en el primer golpe, piensa que se golpeó cuando estaba bajo la influencia de los estupefacientes.
- George, averigua por favor cual es la situación legal de Albert – pidió el señor Ardlay.
- Descuide, Terry declaró que se había peleado en la calle con unos borrachos.
- Dios mío, pero ¿Cómo es posible que las cosas hayan llegado a tanto por esa mujer? – Comentó Priscila
- Señora, Albert la amaba de verdad... Será mejor que me vaya, mis padres me esperan afuera, por favor dígale a Albert que de verdad lo siento.
Más tarde, el doctor Leonard autorizó la entrada de una persona solamente para ver a Albert. William tomó asiento junto a la cama de su hijo y espero a que la enfermera se retirara, luego comenzó a hablarle diciendo:
- Hijo, Michael nos contó todo, no puedo ni imaginar cómo te sientes, pero no estás solo, aquí tienes a tu familia para apoyarte… yo… estoy muy arrepentido de las cosas que te dije la última vez que nos vimos – dijo al tiempo en que gruesas lágrimas comenzaron a rodar sin control por sus mejillas y continuo:
- Eres un excelente ser humano, incapaz de ver la maldad en los demás, estoy orgulloso de ser tu padre y, aunque de momento quizás no lo veas, sé que el futuro traerá para ti cosas buenas. Lucha, no dejes que esto apague tus ilusiones, tu madre, tu hermana y yo te necesitamos.
Un par de horas después, les notificaron que el joven por fin saldría de terapia intensiva y sería trasladado a una habitación privada.
Mientras tanto, en el colegio San Pablo, la joven Candy Mackenzie, celebraba con sus amigas, Annie Britter, Patricia O'Brien y Eliza Leagan el término del periodo de exámenes.
- ¡Yupi! Al fin puedo respirar – gritaba mientras giraba alegremente con los brazos abiertos.
- Vaya que sí, este periodo la hermana Lane sí que estuvo más que estricta – comentó Patty
- Lo bueno es que ya pronto vendrán las vacaciones ¿te quedarás de nuevo a las clases avanzadas Candy?
- No, iré a casa, mis padres quieren hacer una celebración especial por mi cumpleaños, con toda la familia…
- Al fin vas a cumplir 18 y serás mayor de edad para salir con nosotras – dijo Eliza
Candy era una joven muy inteligente y ejemplar; hija de Sigfred Mackenzie, patriarca del Clan Mackenzie, su hermano Alfred era varios años mayor que ella, estaba casado y tenía dos pequeños niños. Sobra decir que Candy era la consentida de ambos, una joven independiente y muy alegre que ganaba el corazón de todos los que la conocían por su gracia y buen corazón.
En Chicago, Albert se recuperó después de pasar unos días en casa de sus padres; luego decidió comprar una propiedad en Lakewood, un lugar hermoso y tranquilo desde donde controlaba las operaciones financieras de la bolsa de valores a través de su computadora.
Los Ardlay estaban felices de haber recuperado a su hijo, sin embargo, era imposible ignorar que algo dentro de él había cambiado para siempre. Desde aquel día, jamás había mencionado a Susana o a cualquiera de sus dos amigos y se convirtió en un hijo ejemplar: se alejó de vida bulliciosa de Chicago, contestaba las llamadas de su madre y estaba presente en cumpleaños y ocasiones especiales, siempre con un carácter tranquilo y afable. Parecía que había perdido el ímpetu y las ganas de vivir y simplemente se dejaba llevar por el paso del tiempo.
Por su parte, Terry vendió la propiedad y se mudó a Nueva York para seguir con su carrera de actuación, Michael tomó las riendas del negocio familiar y Susana fracasó como actriz dedicándose a hacer películas porno.
En el mes de mayo, la fiesta de cumpleaños de Candy había sido todo un suceso y la joven estaba sumamente feliz. Esa noche, cuando todos los invitados se habían retirado sus padres decidieron hacer de su conocimiento lo que habían dispuesto para su futuro…
Continuara…
Hola, esta es mi nueva locura que se me acaba de ocurrir esta mañana, es un minific de pocos capítulos, probablemente dos o tres… espero que les guste. Dejenme saber si lo continuo o de plano lo descartamos... :)
