Todas las miradas estaban puestas en él, sin duda era el mejor de la clase y el chico más popular de la escuela. Tanto sus notas como su reputación era digna de envidiarse, de cierta manera podría decirse que lo tenía todo: era apuesto, carismático, inteligente y tenía su propia línea de productos. Y aun así, era completamente invisible para la única chica que le interesaba impresionar.
Nadie en la academia sabía que el GRAN y popular Jayce estaba enamorado de la rebelde e ingeniosa Sarah Fortune; también miembro del Luminary Club. Él había intentado a toda costa ser discreto para evitar que sus fans se lanzaran como lobos hambrientos a la dueña de sus suspiros, no obstante, debía existir un límite para ocultar un enamoramiento. Así que decidido a dar un paso al frente y como el gran estratega que era, ideó varios planes para atraer su atención que terminaron en estrepitosos fracasos.
Para Sarah, Jayce le era indiferente y esto le hería sobre todo en su ego. Siempre creyó ser el mejor en todo lo que se proponía pero simplemente no podía hacer que la hermosa pelirroja se dignará a verlo, es como si él no existiera en su mundo y eso le deprimía.
Viktor, su mejor amigo, harto de oírlo suspirar y golpear su frente contra su pupitre, rodo los ojos con actitud de hartazgo y se decidió a preguntar qué era lo que sucedía, aunque para él, Jayce era un libro abierto.
—Déjame adivinar— dijo cerrando el libro que leía antes de la interrupción de Jayce y lo asentó sobre la mesa de su pupitre. —Otra vez no te notó.
Jayce lo miró frustrado y recargo la mitad de su cuerpo cansado sobre su mesa.
—Me está volviendo loco, ni siquiera me nota ¿Qué estoy haciendo mal?— preguntó el chico soltando un largo suspiro.
—"Todo"—pensó Viktor más no dijo nada y lo dejo hablar.
—Cada que intentó hablar con ella, aparece alguien de la nada y no puedo acercarme ¡Ya no sé qué hacer! Incluso cuando podría hablarle en el club, nunca estoy solo el tiempo suficiente para poder intercambiar algunas palabras ¡Es tan frustrante!— dijo irguiéndose y aporreó su puño derecho sobre la madera.
Viktor lo miró impasible y luego dirigió su mirada hacia Sarah Fortune. El lugar de la pelirroja estaba ubicado al frente de la clase. En ese momento, se encontraba absorta en darle un rápido mantenimiento a sus pistolas cañón; regalo e invento de la madre de la chica. Una prodigiosa inventora egresada de la academia Durandal que hasta el día de hoy seguía fabricando armas para los estudiantes de su alma mater. No había pasantes en todo Durandal que no la conociera, incluso él, como futuro inventor, admiraba el trabajo de Lady Fortune. Sin embargo, seguía sin comprender porque Jayce parecía tan encaprichado con su hija Sarah, porque eso era, un capricho. No había nada de lógica en ese enamoramiento tan repentino.
Si bien Sarah era hermosa, brillante y ágil pero no destacaba menos o más que las otras chicas de la academia que babeaban por su ególatra amigo. Jayce nunca le había contado cómo fue que se había enamorado de ella. Estaba a punto de preguntarle cuando Sarah se volteó discretamente como si se hubiera dado cuenta que él la espiaba y posó sus ojos aguamarina sobre él. Se miraron un minuto cuando ella besó su propia mano y simulo soplar el beso hacia él al mismo tiempo que le guiño un ojo de manera coqueta.
Viktor sorprendido alzó sus cejas y trago saliva nervioso. Creyó haber visto mal ¿acaso Sarah acababa de coquetear con él? Debía ser un error, seguramente, aquel gesto había sido para Jayce, señaló discretamente a su amigo que seguía lamentándose en su pupitre y Sarah negó con la cabeza. Luego, él se atrevió a hacer lo impensable, se señaló así mismo y la chica asintió al mismo tiempo que formaba una larga y hermosa sonrisa en su rostro pecoso.
Viktor sintió que sus mejillas le quemaban y retrajo su mirada tratando de ignorarla. ¡Qué le sucedía a aquella chica, debía estar mal de la cabeza! ¡¿Por qué iba a preferirlo a él en lugar de Jayce?! Por supuesto, él era bastante inteligente y aunque no era sobresaliente en el combate, sus inventos le habían permitido mantenerse a la par que sus demás compañeros. Su próximo proyecto, sin duda, sería un rotundo éxito y no pretendía distraerse con una chica.
"El amor era una ilusión" creía rotundamente en esa frase y aun así, no supo explicar porque su corazón no dejaba de palpitar en su pecho.
— ¡¿Me estás escuchando?!—Jayce alzó su voz al ver que su amigo no le prestaba atención.
— ¿Qué?— Soltó Viktor sobresaltado y de pronto, sintió una inexplicable culpa, temía que Jayce hubiera visto el infantil gesto de la chica hacia él.
El rostro molesto de su amigo se transformó en uno preocupado al ver su cara.
— ¿Te sientes bien Viktor?—preguntó el chico olvidando su mal de amores. El rostro de Viktor estaba completamente colorado.
—No es nada, debe ser el clima, saldré a refrescarme— No se le había ocurrido una mejor excusa al joven inventor para alejarse de Jayce. No había hecho nada malo pero se sintió contrariado, seguramente, después de que se echará un poco de agua fría sobre su rostro se sentiría mejor y su mente se aclararía.
Se dirigió hacia la puerta para salir del salón bajo la mirada preocupada de su amigo cuando sintió que alguien más también lo estaba mirando; se trataba de Sarah.
Ambos volvieron a mirarse y él color de los ojos de la chica le recordó a los cristales que usaba en la construcción de armas. De un azul tan claro como el cielo y tan brillantes como un par de estrellas. Nuevamente, su corazón latió con fuerza y aporreo su puño derecho contra su pecho para acallarlo.
—Cállate, cállate… Si sigues así, todo mundo te va a escuchar— se dijo así mismo en voz baja intentando acallar a su corazón y sus sentimientos.
