Escuchó en el aire el lamento de un sueño, era tan débil que tuvo que alzar sus orejas para poder ubicar de dónde provenía. Meneó su cabeza de un lado a otro con suavidad y colocó sus manos cerca de sus orejas para poder ubicar la fuente del sonido.

— Dime dónde estás e iré a reconfortarte—murmuró concentrada la cervatilla.

El sueño no parecía estar muy lejos de donde ella se encontraba, así que se irguió sobre sus cuatro patas abandonando el suave follaje donde hace poco descansaba. Tomó su cayado entre sus manos y dando gráciles brincos se dirigió hacia el sueño que la necesitaba.

El sol comenzó a ocultarse mientras Lillia avanzaba entre los árboles, quería darse prisa antes de que la noche cayera completamente. Había escuchado de criaturas que asechaban en la oscuridad y tenía miedo de toparse con una; aun así, no podía evadir su deber.

Pronto encontró al dueño del sueño, era un hombre con una extraña máscara sobre su rostro y de largos cabellos oscuros. Dormía sentado con su espalda recargada a la raíz de un enorme árbol, en sus manos sostenía un par de espadas como si esperara que alguien lo atacará. Lillia no supo decir si se trataba de un humano, había algo raro en él y temió que si se acercaba demasiado la atacara, siempre podría dormirlo en caso de que fuera hostil pero se sentía indecisa. El sueño continuó quejándose, Lillia sabía que las pesadillas intentaban infectarlo e incapaz de abandonarlo se dio valor para acercarse hacia el durmiente.

Pasos pequeños y temblorosos, con mucha cautela para no perturbar al dueño del sueño. Sostuvo su cayado con fuerza y lo pego contra su pecho mientras avanzaba con indecisión. Se paró frente a él y le pareció que la máscara del hombre la miraba. Apartó aquellos pensamientos y evitó mirarla, estiró su cayado hacia él y cerró sus ojos para favorecer su concentración y adentrarse en sus sueños. Debía purificarlo; Madre Árbol contaba con ella.

Era el ocaso, el terreno era llano y una ligera lluvia caía. Lillia escuchó el sonido del metal chocando, se acercó hacia la fuente del sonido y observó a lo lejos a dos hombres luchando. Era un sueño del pasado, los humanos con remordimientos los tenían constantemente. El soñante estaba tan absorto en su combate que ignoró completamente su presencia.

— ¿Es esto lo que te atormenta querido sueño? ¿El pasado?— pensó Lillia mientras miró como el dueño perdía el combate y caí lánguido en los brazos de su atacante

La oscuridad comenzó a arrasar con el sueño y Lillia corrió hacia el soñante.

— ¡No dejes que te devoré! ¡Esto ya sucedió! ¡No puedes dejar que las pesadillas te consuman!—gritó ella con desesperación.

"Era mi hermano y no pude evitar que termináramos así. No pude evitar que él terminará así, le falle"

—Por favor, muéstrate, déjame ayudarte—suplicó Lillia sintiendo como la oscuridad atrapaba su cuerpo.

"En vida no encontré la manera de reparar mis errores y en la muerte no encontré descanso ¿Cómo podrías tú ayudarme?"

—Tal vez no pueda reparar tus errores pero puedo darle paz a tus sueños ¡Por favor, muéstrate!— contestó Lillia y aporreo la punta de su cayado en el suelo creando luz en forma de raíces que se esparció por todo el lugar cuando estaban a punto de devorarlo todo.

Silencio y penumbra. La luz de Lillia no había suficiente para iluminar el corazón del sueño pero al menos podía ver donde caminaba. Había agua en el piso y estatuas destruidas a su alrededor, camino entre ellas buscando al durmiente, lo encontró en medio de todas ellas, en un claro de luz, estaba de rodillas frente a sus espadas rotas clavadas en el piso. Estaba a punto de hablarle, cuando vio que una energía roja y azul envolvía su cuerpo, luchaba contra algo que intentaba dominarlo y lo vio resistirse con todas sus fuerzas.

— ¡Basta, déjalo en paz!— gritó Lillia brincando hacia él lo más rápido que pudo.

El dueño del sueño la miro preocupado y estiró su mano al frente para pedirle que se marchara.

—Vete, no quiero hacerte daño… Esto es demasiado fuerte—

Lillia lo miro angustiada, detrás de él una figura roja empezó a materializarse. Era la pesadilla, si el soñante continuaba así, le daría fuerza y ambos quedarían atrapados en sus sueños. Ella se hincó con sus cuatro patas frente a él y tomó sus mejillas para obligarlo a mirarla. Con suavidad pego su frente a la de él y sus ojos se posaron en el otro.

El soñante pudo sentir como las manos de la cervatilla temblaban de miedo pero la vio mantenerse firme. Debía estar asustada pero ahí estaba, siendo valiente por su bien. Nunca nadie había tenido un gesto así por él.

—Mientras yo exista, no dejaré que esa pesadilla te consuma, ahora puedes descansar en paz. Deja que la luz de Madre, aparte tus pesadillas y guíe tu sueño… Yone— le dijo ella y la energía que lo envolvía fue apaciguándose.

Él poso sus manos sobre la de ella y sintió una paz que hace mucho tiempo no existía. Poco a poco la oscuridad fue retrocediendo y el lugar se transformó en un bosque soleado lleno de cerezos.

— ¿Cuál es tu nombre?— preguntó Yone sintiendo que despertaría en cualquier momento.

Lillia sonrió y le dijo su nombre.

Yone despertó sobresaltado y se levantó buscando a la cervatilla por todas partes. ¿Acaso la había soñado? No, había sido demasiado real para ser producto de sus sueños. Al recordar la gentileza y calidez de la chica sintió que su corazón se inundaba con emociones que creía ya no tener, estaba tan absorto que le tomó por sorpresa escuchar el crujir de una hoja y por inercia, lanzó una de sus espadas hacia el origen del sonido. El metal se clavó en el tronco de un árbol y escuchó a alguien caer de bruces contra el piso y gritar un "¡Eeep!" asustado.

La voz le pareció demasiado familiar y se aproximó a ver de quien se trataba. Descubrió a la cervatilla en el piso, temblando de miedo con sus patas extendidas en el piso.

—No me hagas daño ¡Eep!— suplicó la chica y cerró sus ojos mientras se cubrió el rostro con sus manos.

—Lo lamento ¿Te encuentras bien… Lillia?— dijo Yone extendiendo su mano frente a ella.

Ella abrió un ojo y luego el otro, vio la mano de Yone extendida y decidió aceptarla.

—Gra... gracias—soltó la cervatilla apenada y con un marcado sonrojo sobre sus mejillas.

Yone sonrió debajo de la máscara. Aquella criatura era demasiado amable, algo puro digno de ser protegido por su espada.