Había sido suficiente, no podía permitirse continuar del mismo modo, ya no podía ignorar lo que sentía por él. Prefería intentarlo y que la rechazará de una vez por todas a continuar sin hacer nada al respecto.
No podía excusarse de haber nacido sin voz para no hablar de sus sentimientos, después de todo, lo peor que él podía decirle era "No" ¿Cierto?
Sin importar cual fuera su respuesta quería oírla, deseaba escuchar su voz hablándole aunque fuera una sola vez. ¿Cómo sonaría su voz? ¿Qué tipo de tono tendría?
Desde hace unos meses atrás, cada que Sona se dirigía a participar en la orquesta de su ciudad tomaba el tren y se encontraba con ese chico al otro lado del andén. Al principio, lo vio como una casualidad y después, le pareció curioso que siempre estuviera ahí los dos en la soledad de la espera, a la misma hora.
Era difícil no reparar en él, tenía un aspecto de lo más singular. Un mechón de su flequillo pintado de color añil, una larga y oscura trenza que le llegaba hasta la cintura; un parche que cubría su ojo izquierdo. Vestía siempre un par de jeans desgastados, unas anchas botas de cuero negro y una chamarra del mismo color con algunos parches de lo que supuso eran bandas de música underground o quizás, logos de videojuegos. No podía saberlo con seguridad, su único conocimiento era de la música clásica que ella solía tocar en la orquesta.
Le llamaba la atención que él siempre cargara detrás de su espalda el estuche de un bajo. Habría deseado escucharlo tocar al menos una vez, quizás ambos podían unirse a través de la música pero no tuvo el valor de acercarse a hablar con él ni una sola vez. Se había conformado con verlo a lo lejos mientras fingía leer un libro.
Así que lo cerró con resolución, lo guardo en su bolso y cuando se decidió a tomar las escaleras que la llevarían al otro extremo, una escena la dejó perpleja. El chico de la trenza estaba pelando contra otros dos chicos en el andén, parecía estar asaltándolo aunque desde ahí no podía asegurarlo porque comenzó a llover en ese momento.
Ella corrió y agitó sus manos para que sus asaltantes lo dejaran en paz pero estos la ignoraron campalmente, estaban demasiado ocupados golpeando al chico para quitarle sus pertenencias. Sona trató de buscar ayuda y vio al policía de la estación a lo lejos, intento gritar para atraer su atención pero por supuesto, solo algunos quejidos salieron de su garganta y la lluvia que comenzó a tomar fuerza no ayudaba mucho.
Desesperada al ver que al pobre chico ya lo tenían al piso y esculcaban sus bolsillos. Pensó en hacer algo que atrajera la atención de los maleantes, miro su bolso y determino que era demasiado pequeño para causar algún impacto. Luego, miro el estuche de su querida Etwahl recargado en la zona de asientos y dudo. Aquel instrumento tenía un significado sentimental para ella pero el tiempo apremiaba.
Así que tomó a Etwahl con resolución de una orilla, dio dos vueltas con él en sus manos girando sobre su mismo eje y cerró los ojos mientras lanzó con fuerza a su amado instrumento que cayó contra las cabezas de los atacantes del chico noqueándolos al instante. Etwahl produjo un sonido estridente al caer, lo suficientemente fuerte para alertar al policía y pudiera socorrer al chico.
Sona respiró aliviada y se dejó caer de rodillas. Nunca en su vida había hecho algo tan imprudente y sintió que se quedó por un momento sin aire cuando se dio que el chico al que deseaba confesarse la miraba a través de la lluvia que caía en el carril del tren.
El movió su mano e hizo un ademán, ella no podía creer lo que acababa de hacer ¿Él le estaba diciendo "Gracias" en lengua de señas? ¿Cómo era posible? ¿Acaso sabía de ella?
Esas y más preguntas se formularon en su mente. De pronto, el sonido de la lluvia le pareció la melodía más hermosa que hubiera escuchado en su vida.
