Esa noche tendría una cita especial con el hombre que llegó a su vida y lo revolucionó todo en tan poco tiempo, con sus detalles, su amabilidad, su paciencia, su delicadeza, su sensatez y su madurez le hizo creer que, quizás, su corazón podría sentirse vivo nuevamente porque desde aquella vez que sufrió una decepción amorosa que la hizo encerarse en la monotonía de la empresa que con tanto esfuerzo levantó sin ayuda de nadie, decidió cerrarle las puertas al amor.

Terminaba de arreglar su cabello delante del espejo, luciría un vestido de verano color azul cielo, de falda holgada y mangas cortas, en su cintura un cinto plateado muy fino con una hebilla en forma de corazón y un par de zapatillas pegadas al suelo, sabía que irían al campo, fue la única información que logró obtener después de tanta insistencia por su parte, pero nada más, sus pensamientos se interrumpieron al escuchar el timbre de la casa, parecía una adolescente enamorada, debía controlarse, si no, sus nervios no la dejarían disfrutar del momento.

"buenas noches", abrió la puerta y con lo primero que se encontró fue con un ramo de orquídeas preciosas, la noche comenzó bien.

"orquídeas para la mujer más hermosa de mi vida", muy seductor entró a la casa, cerró la puerta, la sostuvo por la cintura y la besó, en su presencia no podía contenerse, lo volvía loco y más con ese atuendo y su inconfundible perfume que inundaba todos sus sentidos.

"se supone que saldremos a una cita", bromeó alejándose de su abrazo, debía poner las flores en un jarrón con agua.

"luces radiante esta noche", la elogió relamiendo los labios para que el sabor de ese beso que acababan de compartir, se quedara impregnado en cada rincón de su ser.

"miren quien habla, si no fuera porque estoy desesperada por saber cuál es la cita sorpresa que me tienes preparada, no te dejaba salir de aquí con ese juego de hilo, tendré que tener mucho cuidado no vayas a ser secuestrado por cualquier mujercita por ahí", seguía bromeando ahora desde la cocina donde acomodaba las flores.

"a quien único permitiré que me secuestre es a una sola mujer", no dejaba de seguirle la corriente.

"¿conozco a la afortunada?", se negaba a ceder ante ese juego de ambos.

"es una trigueña de pelo muy largo, de ojos café los que me vuelven totalmente loco y qué hablar de su cuerpo el que me tiene embobecido y cuando camina hechiza a todos a su paso, ahora mismo estoy en su casa a punto de llevarla a pasar la noche más romántica de su vida porque soy totalmente suyo y de nadie más y su nombre es Regina Mills", se acercaba a ella lentamente y no le quitaba los ojos de encima.

"me parece muy bien señor Nolan, porque esta noche es solamente nuestra", redujo la distancia que le quedaba para unir sus labios en otro beso que les quitó el aliento a los dos.

"bebemos irnos", rompió el beso el cual se estaba excediendo de tono y creía que no soportaría la tentación de tenerla tan cerca, le había prometido que respetaría sus espacios y en los dos meses que llevaban saliendo no habían tenido un encuentro íntimo, aunque oportunidades les habían sobrado, pero no quería presionarla, ni faltarle al respeto de ninguna manera.

"vamos", acarició sus mejillas y caminaron hasta la puerta, cerraron la casa, se montaron en el auto y él condujo hasta el lugar donde le tenía preparada la sorpresa.

"permítame señorita Mills", se bajó del auto y le ofreció su mano para ayudarla a bajarse.

"mi príncipe encantador", muy gustosa tomó su mano.

Abrió la cajuela del auto para sacar una cesta, "el lugar está cerca, caminaremos solo un poquito", Regina asintió y él la abrazó por los hombros mientras que ella escurrió su mano por las espaldas masculinas.

"es una noche muy hermosa", el cielo estaba estrellado y la luna brillaba más que nunca.

"más porque estoy contigo y puedo tenerte entre mis brazos", respondió él, Regina detuvo el paso para besarlo, esas palabras casi la hacen llorar.

"me tendrás en tus brazos", sus inseguridades comenzaban a desaparecer ante sus gestos, no era una muchachita inexperta, pero prefería andarse con cuidado.

"ya estamos cerca", decidió ignorar sus palabras, continuaron caminando hasta que llegaron, era una pequeña pradera a la orilla de un lago natural donde el agua corría con tanta libertad que el sonido de la corriente era como una balada romántica.

"¡esto es asombroso, David!", exclamó al verse rodeada de la belleza del campo, el asombro no la dejaba cerrar la boca.

"¿te gustó?", preguntó mientras extendía una manta blanca y colocaba la cesta con una botella de vino, dos copas y una cena especial.

"me encantó, no me imaginé nada parecido", confesó y lo ayudó con la organización de la escena.

"ven, siéntate a mi lado", le extendió una mano para invitarla, ella no lo dudó, "traje tu vino predilecto", recibió una amplia sonrisa y procedió a servir el vino en las copas, "brindemos, porque esta noche sea especial", extendieron las copas.

"salud", ella siguió el brindis y ambos bebieron de tan delicioso vino.

"¿te parece si cenamos ahora?", preguntó David.

"me parece una excelente idea", no se dijo otra palabra, degustaron de la cena en absoluto silencio, solo sus ojos se robaron el show al mirarse intensamente diciendo mil palabras que no se atrevían a salir de sus labios.

Entre los dos recogieron todo dentro de la cesta y se acostaron uno del lado del otro mirando hacia el cielo.

"mi madre me dijo un día que si una pareja miraba al cielo en una noche estrellada su unión sería bendecida por los dioses", tomó las manos de Regina para besarlas dulcemente.

Parecía que el comentario de David, había sellado sus labios, fue tan hermoso escucharlo y cuánto deseaba que esa profecía se cumpliera con ellos, su corazón palpitaba rápido, las palabras no salían, el aire se detuvo en su garganta, y David se dio cuenta de su estado porque siguió hablando.

"para que la luna y las estrellas sean los únicos testigos, quiero darte algo", sacó de su bolsillo una cajita cuadrada muy pequeña y la abrió, "este anillo ha pasado de generación en generación en mi familia, mi madre al morir me lo dio para que se lo entregara a la mujer de la que mi corazón se enamorara", Regina no pudo contenerse, sus lágrimas brotaron de sus ojos sin pedir permiso, le estaba confesando sus más profundos sentimientos, "quiero que lo tengas tú, no es una propuesta de matrimonio, solo quería que las estrellas bendijeran nuestra relación…", no pudo terminar su intervención, los labios de Regina lo silenciaron, con un beso hermoso, apasionado, cargado de sentimiento, él acariciaba sus espaldas con tanta devoción como no queriendo dejarla ir, ella enredaba sus finos dedos femeninos en los cortos cabellos de David, el aire hizo falta, pero ninguno de los dos daba el primer paso, al contrario, se debatían a ver quién se rendía primero, la danza de sus labios era tan perfecta y sincronizada que romper el momento de magia era un pecado, pero lamentablemente hubo que ceder ante las leyes naturales y se separaron casi desmayados.

El silencio fue su mejor compañía por unos minutos, en los que David no perdió el tiempo para poner el bello anillo plateado con una pequeña piedra dorada en su dedo anular y dejó pequeños besos en su frente ya que todavía reposaba encima de su cuerpo.

"la semana que viene debo irme a Francia, hay unos negocios que debo atender allí, ¿quieres venir conmigo?", terminaron haciendo negocios juntos después de que ella invirtió en la asociación benéfica que David dirigía, ayudar a los necesitados, era algo que tenían en común.

"hago unos arreglos en la empresa y nos vamos hasta el fin del mundo si quieres", David sonrió ante sus palabras.

"¿la reina malvada, dejará su empresa por una semana?", así era conocida en la empresa por ser implacable ante lo mal hecho y tan perfeccionista con el trabajo, él lo sabía porque en el poco tiempo que llevaban trabajando juntos se dio cuenta de que Regina era la mejor en lo que hacía y dirigía su empresa con mano dura.

"si un apuesto caballero me hace una propuesta a la cual no puedo negarme, pues la empresa que me extrañe", comentó y David se inclinó para darle un corto beso.

Entre caricias y besos, pasaron toda la noche en aquella pradera bajo las estrellas a la luz de la luna, una que otra anécdota sobre su niñez los hizo reír, Regina le contó cómo fue que terminó viviendo en esa ciudad después de haber llegado con la ilusión de vivir allí un sueño de amor inolvidable el que resultó ser una gran pesadilla y al verse sola en una ciudad tan grande como Nueva York, tuvo que pensar con cabeza fría y construir su futuro, levantó la empresa Mills con el poquito dinero que le quedaba y la ha cuidado con mucha devoción, David por su parte, le contó que su fortuna la heredó de su padre a quien amaba y respetaba por ser un hombre honesto y generoso quien amó mucho a su madre y le enseñó buenas lecciones de vida, ambos escucharon sus historias atentamente, tanto así que ni cuenta se dieron de que el sol comenzaba a salir.

"debemos marcharnos", razonó David después de un ataque de risa de ambos al darse cuenta de que estaba amaneciendo.

"gracias", comenzó a levantarse de la manta y le agradeció.

"¿por qué?", no entendía.

"por regalarme esta noche maravillosa", sus ojos se unieron en una mirada intensa que atravesó su corazón y desnudó su alma, fue en ese mismo instante que tomó una decisión muy importante, lo abrazó fuertemente y él correspondió el gesto.

Condujeron hasta la casa de Regina sin dejar de acariciarse por todo el camino.

"mi hermosa dama, la dejo bien sana en la puerta de su casa y aunque me duela el corazón por tener que apartarnos deb…", los besos de Regina lo silenciaron, si seguía así no sabría si podría contenerse.

"¿nervioso, David Nolan?", preguntó entre sus labios.

"no me provoques, Regina Mills, te lo advierto", se negaba a seguirle el juego, la deseaba más de lo que se daría el lujo de expresar.

"o si no, ¿qué?", dejó sus labios y le habló muy bajito al oído.

"mejor me voy", bajó sus manos de su cuello y comenzó a caminar hasta la puerta sin darle la espalda.

No podía creer lo que estaba ocurriendo, se estaba yendo, pero ella no lo permitiría, corrió y se le prendió del cuello nuevamente, "no te vayas", le susurró en su oído.

Esas palabras erizaron toda su piel, los pelos se le pusieron de punta y todo su cuerpo se encendió de puro deseo por la mujer que invadía sus pensamientos y sus sueños, "¿estás segura?", decidió mantener la calma antes de perder el control de la situación.

"nunca he estado más segura en mi vida", seguía hablándole en el oído.

"después de esto no habrá marcha atrás", continuaba persuadiéndola aún en contra de su voluntad.

"¿marcha atrás para qué?", preguntó muy curiosa.

"para pertenecerte por completo", ambos rieron por ese comentario.

"cierra la puerta", a él le quedaba más cerca, se desprendió de su abrazo e hizo lo que ella pidió.

Cuando la casa quedó totalmente cerrada, la cargó en sus fuertes brazos y ella lo abrazó por la nuca para no caer, sus ojos no dejaron de mirarse intensamente durante todo el trayecto hasta la habitación de Regina, donde David la depositó en la cama con mucho cuidado y antes de hacerle compañía, cerró la puerta para tenerla a su total disposición.

Los ojos de Regina lo miraban expectantes de su próximo movimiento, pero no se andaría con urgencia, quería disfrutar cada instante, se paró en la punta de la cama para deleitar sus pupilas con su belleza y atraparla en su mente para que esa imagen tardara en borrarse.

Cuando se extasió y lo creyó prudente, se inclinó para quitarle las zapatillas, Regina lo observaba recostada en sus codos, continuó su labor, acariciando sus estilizadas piernas hasta subirse por completo en la cama, quería memorizar cada rincón de su cuerpo, por eso no dejó de acariciarla ni de explorar con sus manos su tan sedosa piel hasta que llegó a sus labios, los que tanto ansiaba besar, ese beso fue majestuoso, se entregarían el uno al otro, sin reservo, por eso quería hacerla pasar un momento inolvidable y así lo hizo, pasaron toda la mañana envueltos en el calor de sus cuerpos, le parecía mentira estar con ella de esa forma, lo había soñado tanto que varias veces se tuvo que preguntar si era real, pero la realidad, superó todas sus fantasías por mucho.

"ya despertaste, perezosa", bromeó al entrar a la habitación con una pequeña bandeja con una ensalada de frutas y una botella de champan con dos copas.

"¿qué es todo esto, David?", al abrir los ojos se dio cuenta de que su cuerpo estaba completamente cubierto con pétalos de flores.

"me tomé la atribución de invadir tu jardín y cortar unas cuantas flores para que te hicieran compañía mientras yo preparaba esta deliciosa merienda", sonrió muy seductora ante la explicación.

"dime que no estoy soñando y que lo que acaba de ocurrir no fue una ilusión", nunca imaginó que se sentiría de esa forma en sus brazos y que se volvería a sentir viva.

"acabas de hacerme el hombre más feliz del mundo así que es completamente imposible que haya sido una ilusión", le aseguró y ella le extendió la mano para que se sentara a su lado en la cama.

"gracias, por ser tan paciente conmigo", se inclinó para besarlo, moría por sentir sus labios nuevamente, la verdad era que cuando abrió los ojos lo extrañó al punto de sentir miedo porque se hubiese marchado sin despedirse siquiera.

"gracias a ti por ser tan extraordinariamente hermosa, ya te lo dije, me tienes a tus pies, Regina Mills, soy tu esclavo a partir de hoy", sirvió las copas de champan y comieron ensalada de frutas, y el resto de la tarde y la noche fue inolvidable.

Pronto llegó la mañana y David tuvo que marcharse para recoger su maleta para el viaje, ella iría a la empresa para dejarlo todo organizado, de los boletos se encargaría él, quería ir en un asiento justo a su lado no se apartaría de ella ni a sol ni a sombra.

"nos vemos en la empresa, mi vida, ponte más hermosa para que a tu socio el señor Nolan se le haga la boca agua al verte", era esa su reacción cada vez que la veía.

"el señor Nolan tendrá que comportarse en la empresa", parecía que no podía conseguir que apartara sus manos de su cuerpo y a ella le encantaba, pero era la empresa, donde, aunque todos la odiaban por su seriedad, debía mantener su imagen.

"como usted diga mi señora, prometo comportarme", le dio un último beso y levantó la mano derecha para concretar su juramento.

Se despidieron en contra de su voluntad, Regina se arregló y organizó una pequeña maleta con lo básico para un viaje, si hubiera sido por ella, empacaba la casa cada vez que tenía que viajar, pero sabía que no era posible, por eso se conformó con esa pequeña maletica.

Al llegar a la empresa, su secretaria la esperaba con su café matutino, y una agenda cargada de trabajo, reuniones y compromisos, los que tendría que atender durante el día, llamó a su abogado y hombre de confianza a quien le dejaría encargado el mando de la empresa durante su ausencia, luego procedió a tachar uno por uno los puntos de su apretada agenda del día, ni tiempo tuvo para almorzar y para cuando se dio cuenta el apetito se le había esfumado, solo tuvo un respiro entre reunión y reunión al recibir un mensaje de su apuesto caballero quien le decía que la extrañaba y su sonrisa fue tal que por suerte estaba sola en el salón de reuniones, de lo contrario hubiese tenido que dar todo tipo de excusas ante los ojos fisgones.

"señora, me retiro, espero tenga éxitos en su viaje de negocios", su secretaria era quien primero llegaba a la empresa y quien último se retiraba, siempre era muy eficiente en su trabajo y la mantenía muy contenta.

"Robyn, muchas gracias por tu apoyo en el día de hoy, fue intenso", la rubia asintió con la cabeza.

"me encanta trabajar con usted", fueron sus últimas palabras, salió de la oficina y cerró la puerta, al poco rato ella también se retiró de la empresa, David le había enviado un mensaje con la hora que partiría el avión y casi ni le quedaba tiempo para arreglarse y pedir un taxi hasta el aeropuerto, por eso se apresuró y logró llegar tan puntual como le gustaba.

"te extrañé durante todo el día, intenté verte en tu oficina, pero Robyn me informó sobre tus reuniones y no quise importunarte", luego de un beso apasionado y hambriento, le dijo mirándola a los ojos.

"pensé que no sobreviviría, estoy agotada", poco le importaba, estar ahí con él era la gloria.

"me encargaré de quitar todo ese cansancio, déjalo en mis manos", le guiñó un ojo y entraron al salón de espera del aeropuerto, debían chequear los documentos, cuando menos se lo imaginaron estaban encima del avión a punto de despegar, entre caricias, besos y abrazos no respiraban.

Algunas horas más tarde, Regina se quedó totalmente dormida y recostó su cabeza en el hombro de David, él gozó con verla descansar con tanta paz, pero también cayó vencido por el sueño y el cansancio.

La claridad que se coló por las pequeñas ventanitas del avión anunció el amanecer, por lo que ambos arrugaron los ojos en señal de que la claridad les molestaba, pronto escucharon que estaban a punto de aterrizar, se ajustaron los cinturones de seguridad y en un abrir y cerrar de ojos estaban entrando al hotel donde David reservó la habitación para ellos.

"necesito un baño, estoy extenuada", dejó las maletas en una esquina y anunció su entrada al baño, pronto David la siguió.

"prometí que borraría tu cansancio y lo cumpliré", comenzó lavando su cabello y masajeando delicadamente su cabeza, enjuagó la espuma para luego llenar de gel una esponja muy suave la que pasó por todo su cuerpo con mucha paciencia, eliminó cada rastro de espuma y se levantó de la bañadera para tomar una toalla, la que extendió para envolver a Regina en ella, hizo lo mismo con una para él y salieron abrazados del baño.

"si sigues con esas atenciones me mal acostumbrarás", le advirtió cuando intentó sacarse la toalla.

"permíteme", le impidió su acción, "todavía no termino", la guió hasta encima de la cama donde la acomodó boca abajo, le aplicó una crema muy olorosa y masajeó todo su cuerpo, fueron tan deliciosas sus atenciones que poco tiempo después de que el masaje comenzara, Regina se había quedado profundamente dormida, él terminó su misión, se bajó de la cama, se puso una ropa interior y se acostó a su lado donde no tardó en seguirla en un sueño profundo, el cansancio le pasó factura.

Horas más tarde, Regina abrió los ojos y la confusión se apoderó de ella, no sabía dónde estaba, pero al sentirse envuelta por los brazos de David y protectoramente fundida a su cuerpo con su cabeza en su pecho y respirando el mismo aire, se sintió aliviada, y se quedó muy tranquilita para pensar y meditar en lo ocurrido, jamás pensó que volvería a sentirse así con un hombre, su corazón comenzaba a traicionarla, abrió y cerró los ojos varias veces, de ninguna manera podía estarse enamorando nuevamente, no la pasó bien la primera vez, pero sus sentimientos hacia el hombre que la sostenía celosamente aún dormido, crecían con el paso de los días, en varias ocasiones se vio tentada a confesárselos, pero el miedo la superaba y sus labios se mantenían sellados.

"¿descansaste?", la voz ronca de David la sacó de sus pensamientos.

"mucho", contestó.

"¿qué tal si vamos a comer, tengo mucha hambre?", la propuesta le pareció brillante, también tenía hambre.

"encantada", aceptó y sin demorarse mucho, ambos se arreglaron y salieron del hotel a un restaurante el que David conocía muy bien.

"siempre que vengo a Francia visito este restaurante, es de los mejores", informó cuando veían la carta que el mesero les entregó una vez se sentaron a la mesa.

"y de seguro muy bien acompañado", vio su reacción por encima del libro que sostenía, sus mejillas se tornaron rojas de la vergüenza.

"sé que tienes una mala referencia sobre mí, que tus amigas te envenenaron la cabeza en mi contra, pero me gusta serle fiel a mis parejas", se defendió recordando ese incidente de cuando se conocieron.

"¿y es mentira que eres un riquillo muy sociable con las mujeres?", preguntó ahora mirándolo a los ojos, para que no tuviera oportunidad de mentirle en su cara.

"eso no es mentira", le dio la razón, ella se enorgulleció por eso.

"no te preocupes, me encargaré de hacerle saber al mundo entero que eres mío para que nadie se atreva a mirarte siquiera", salió la Regina posesiva.

"me encanta que lo sepas, solo te pertenezco a ti", reafirmó sus palabras y extendió sus manos para sostener las de ella.

El mesero llegó en ese mismo momento e interrumpió su intercambio, ordenaron, cenaron en completa armonía y salieron del restaurante a caminar por las calles de Francia por el resto de la noche, hasta que llegaron al hotel, al otro día David debía comenzar con sus obligaciones de trabajo.

Los rayos del sol eliminaron toda la oscuridad de la habitación y Regina se despertó, sabía que estaría sola por lo que desayunó y decidió ir de compras, así ocurrió los próximos días, mientras David trabajaba, ella se encargaba de conocer la ciudad y de sacar muchas fotos para el recuerdo, su soledad no duraba mucho, siempre que regresaba al hotel, David la esperaba y trataba de darle la mayor atención para que no se sintiera olvidada, así visitaron museos, fueron a una tienda de artesanía donde les hicieron una pareja de pulsos de cuero con sus nombres, fue una experiencia hermosa.

Así llegó el día de la partida, pero les quedaban unas cuantas horas antes de ir al aeropuerto y como David había terminado con sus negociaciones, decidió dedicarse en cuerpo y alma a ella.

"un coctel de la reina de las frutas para la reina de mi corazón", ambos estaban en una de las piscinas del hotel tomando un baño de sol.

"delicioso", tomó un sorbo de la copa que le ofreció.

"acabo de enterarme de una fiesta que habrá esta noche, ¿quieres que vayamos?", no sonaba mala la idea de compartir unas horas en esa fiesta.

"la idea es estupenda", aceptó, además, negarse a una invitación de él estaba fuera de discusión, esas pequeñas vacaciones a su lado le sirvieron para convencerse de que se había enamorado y sería capaz hasta de ir al infinito mientras se lo pidiera.

"seré el hombre más envidiado de la noche", le dijo con mucha picardía.

"con lucirme con esa altivez que te caracteriza, será suficiente", le aconsejó.

"entremos a la piscina, nos vendría bien un chapuzón", se terminaron el coctel y fueron a nadar.

"qué baño más refrescante, de verdad nos hacía falta", comentó Regina abrazada a su cuello en la parte más honda de la piscina, allí estarían casi solos y aprovecharon para acariciarse y pasar un rato romántico.

"me muero por quitarte ese traje de baño con mis propios labios", le susurró en su oído, escalofríos inundaron su cuerpo, estuvo a punto de seguirle la corriente, pero estaban en público.

"pues tendrás que esperar un poquito, dudo que lleguemos a la fiesta a tiempo", la razón volvió a su cuerpo, estaba en lo correcto.

"tendré que conformarme con verte lucir esas poquitas ropas sin encargarme de lo que provocas en mí", dijo con un puchero de niño inconforme.

"así parece", besó su cuello y se abrazaron fuertemente.

"por ahora me rindo", siguió sus caricias y dejó besos cortos en su cuello.

"tengo frío", comentó Regina.

"sigamos con el baño de sol", comenzaron a salir de la piscina.

El resto de la tarde se quedaron allí hasta que fue la hora de arreglarse para la fiesta.

"iré a la recepción", anunció David cuando terminó de vestirse, Regina no salía del baño.

"en unos minutos estoy lista", escuchó sus palabras y salió de la habitación.

No mintió, se aseguró de que su vestuario estuviera perfecto y siguió a David, esperó el ascensor y caminó por todo el lobby del hotel hasta que lo vio.

Esperaba el taxi que vendría a recogerlos para ir hasta la fiesta y ni cuenta se dio de que Regina venía, lo supo al sentir que lo acariciaba por las espaldas y sintió su inconfundible perfume.

"estoy lista", suavemente se volteó para tenerla frente a frente y tuvo que abrir la boca asombrado por su belleza, lucía un vestido negro mangas largas todas de encajes, extremadamente corto y ajustado a su figura, las espaldas al descubierto al igual que sus hombros, un par de tacones altísimos, una gargantilla dorada a juego con sus aretes, el cabello suelto y un pequeño monedero dorado colgado de su brazo con una cadenita muy fina.

"no cooperas conmigo Regina Mills", dijo juguetonamente y le guiñó un ojo, "estás…deslumbrantemente hermosa, no me equivoqué cuando dije que sería el más afortunado de la fiesta", un pequeño beso fue su respuesta ante tan hermosos elogios, no fue muy largo pues el taxi llegaba en ese mismo momento, la ayudó a subir y la siguió, llegaron a la fiesta, era una disco, se sentaron en una mesita muy cerca de la pista de baile y David se encargó de traer los tragos para los dos.

Casi no podían conversar por el volumen de la música la que los contagió luego de que varias rondas de Martini entraran en sus sistemas.

"¿bailamos?", ofreció David y Regina lo siguió.

Bailaron todos los temas, ya el cansancio los estaba venciendo, además, los altos tacones de Regina no cooperaban mucho, se dispusieron a retirarse de la pista cuando una canción romántica se escuchó en el lugar, David aprovechó y la sostuvo por la cintura, la fundió a su cuerpo y bailaron no uno, varios temas lentos, parecían uno solo, Regina se movía contra su cuerpo seductoramente, provocándolo, el autocontrol se le escapaba lentamente, se había contenido demasiado durante todo el día, se permitió disfrutar un poco más de sus provocaciones hasta que no pudo más.

"¿por qué no nos vamos?", propuso en su oído.

"pensé que nunca lo pedirías", estaba disfrutando mucho de la fiesta y de su compañía, pero quería disfrutar de otra forma, por eso comenzó a provocarlo, sabía el efecto que lograba en él.

"eres malvada", Regina rió ante ese comentario, salieron de la pista de baile, ella recogió el monedero que había dejado encima de la mesa, pidieron un taxi, los llevó al hotel y cuando entraron al ascensor, David lo detuvo para comenzar a besarla desesperadamente, ella correspondió con la misma intensidad, sus manos se perdieron en sus cuerpos, se acariciaban con agilidad y las cuatro paredes de aquel cajón de metal les quedaron pequeñas.

"David", no recibía respuesta, su concentración estaba en besar la piel de su cuello, la que estaba descubierta y a su completa disposición, "debemos ir a la habitación", tampoco escuchó nada, ahora sintió que le llevó hasta una de las esquinas y la obligó a levantar sus piernas para acariciarlas también, le fue fácil, pues el vestido era muy corto, "mi amor", se reprimió por lo que acababa de salir de sus labios, pero consiguió lo que quería, su atención.

"dime mi vida", la miró intensamente que en un momento se sintió completamente desnuda ante sus ojos.

"mejor en la habitación", no apartó su vista devoradora de ella, tocó el botón rojo y el ascensor continuó funcionando, no veían la hora de llegar, casi corrieron por el pasillo.

"al fin solos", comentó David y ambos se desplomaron en el sofá de la habitación donde desesperadamente comenzó a despojarla de su ropa con sus labios, "te prometí que haría esto", ella lo miraba con devoción, sus ojos cargados de deseo por ella la hacían sentir una mujer amada.

"nadie te detiene", correspondió a sus caricias y la noche no les bastó, cada rincón de la habitación se llenó con su pasión y la intensidad con que se hicieron el amor.

Al amanecer, despertaron y fueron para el aeropuerto, siete horas más tarde, aterrizaron en Nueva York.

"fue un viaje inolvidable, mi vida", se despedían en la puerta de la casa de Regina.

"lo mejor fue tu compañía", acarició sus mejillas, esos ojos azules como el cielo, se iluminaron como un diamante.

"nos veremos mañana en la empresa", besó sus labios para la despedida y partió, sin sacarla de su mente ni un momento, el camino hasta su casa fue corto, pensaba descansar el resto del día, pero una visita muy inesperada interrumpió sus planes y transformó su vida para siempre.

Llegó a la empresa muy temprano y puntual como tanto le gustaba, a primera hora tuvo una reunión muy importante con su abogado, debía conocer las novedades de la empresa durante su ausencia, casi no pudo concentrarse pensando en David, lo que sucedió en el viaje, cada aventura vivida, además, lo extrañaba, estaba considerando seriamente proponerle que vivieran juntos, moría por amanecer en sus brazos cada mañana y despertar con su beso de buenos días, pero se quedó con los deseos, ese día resultó que el trabajo no le dejó tiempo para distracciones.

"señora Mills, ¿tiene alguna información sobre el señor Nolan?, necesito que me firme unos documentos", le resultó muy extraño que faltara a la empresa.

"no lo he visto hoy", comentó y de pronto ella y la secretaria sintieron un toque en la puerta de su oficina, "adelante", uno de los guardias de seguridad hizo su aparición.

"buenas tardes señora, no quiero molestar, pero este sobre es para usted", extendió la mano y tomó el sobre.

"gracias", el guardia asintió con la cabeza y se retiró, seguido por Robyn quien la dejó sola para que leyera el contenido del sobre.

Sus ojos quedaron atónitos al leer la única palabra que contenía el sobre, en letras corridas, manuscritas y con una tinta que reconocería hasta con los ojos cerrados, aquel PERDÓNAME fue como si mil dagas se le clavaran en el corazón a la misma vez, lágrimas brotaron por sus ojos arruinando su maquillaje, otra vez ocurrió, su corazón se abrió para el amor y otra decepción lo rompió en pedazos, estaba comprobado, el amor no era para ella, su destino era vivir sola, cerró los ojos y lloró en silencio hasta que creyó que sus ojos se habían secado, qué equivocada estaba.

A la hora que decidió abandonar la empresa, ya era de noche, manejó hasta su casa, se dio un baño e intentó dormir, David no salía de su mente y de su corazón tardaría mucho en partir, pero se propuso salir adelante y dejarlo de querer, a partir de esa noche y durante los próximos cinco meses, su vida volvió a convertirse en una pesadilla monótona, de la empresa a la casa y de ahí a la empresa nuevamente, se perdía en el trabajo para no recordar los momentos que vivió con David, quien ni señal de vida dio durante todo ese tiempo, solo envió a su abogado a que continuara con sus negociaciones, fue mejor así, sabía que sus sentimientos hacia él no los tenía superados aunque se engañaba diciéndose a sí misma que lo había olvidado, que ya por él no sentía nada, toda esa mentira se derrumbó justo el día que cumplían siete meses de haber comenzado su relación.

Despertó temprano sin deseos de ir a la empresa, pero no, debía ir, de esa forma distraería su mente, desayunó, y partió, al llegar su secretaria le informó que casi no tenía compromisos ese día, por lo que se perdió en su ordenador para adelantar unos documentos, pero sus pensamientos la traicionaron, fue inevitable no pensar en él, le dolía en el alma no verlo, no recibir sus besos, sus caricias, los cuales seguían en su piel como un tatuaje, tampoco podía olvidarse de cómo fue que se conocieron y de cómo comenzó su historia de amor.

Quería hacer una gran inversión en una Asociación Benéfica y su abogado gestionó también una negociación importante con el dueño, a quien solo conocía por el nombre, pero resultó que organizó una fiesta de beneficencia y una de sus amigas le consiguió una invitación y de paso se ganó todo un repertorio negativo del anfitrión, no paraba de hablar sobre sus aventuras con las mujeres, a quien usaba y desechaba cuando no le eran útiles, también le comentó que se la pasaba viajando por todo el mundo y que tenía una mujer en cada puerto como un marino, esa información la tuvo muy presente, no quería ni encontrarse con él, pero las sorpresas de la vida, no colaboraron mucho con lo deseado.

Caminaba muy animada conversando con uno de los socios de su empresa por uno de los amplios salones de aquella gran fiesta, cuando tropezó con un hombre y derramó todo el contenido de su copa en el tan elegante traje, no sabía dónde esconderse de la vergüenza por lo ocurrido, intentó limpiarlo y quedó peor al mirarlo a los ojos, donde cayó rendidita, un rubio alto, de piel tan blanca como la nieve y sus ojos tan azules como el cielo, hasta la voz se le perdió, por suerte no abrió su boca al quedar conectada a su mirada.

"perdóneme", se disculpó apenada.

"debería ver por dónde camina", respondió con mucha parsimonia, "pero a tan elegante y refinada dama, le perdono todo", le guiñó un ojo.

"permítame ayudarlo a limpiar este desastre", ofreció un poco sonrojada por la actitud del desconocido.

"no se preocupe, yo me encargo, soy David Nolan", le extendió la mano para presentarse.

Se paralizó al escuchar ese nombre, el dueño de la Asociación Benéfica en la que invertiría su dinero y con quien tendría una cita al otro día, no lo podía creer, tragó pesado y habló, "Regina Mills, encantada", correspondió su gesto y se tranquilizó al no recibir ninguna reacción por su parte, al parecer no la conocía, pero pronto lo haría, además, ella se encargaría de eso, tenía que verlo nuevamente.

Llegó muy puntual a la cita con el apuesto caballero, por supuesto, no le demostraría su interés, no era mujer de ofrecerse ni mucho menos, solo que las alas de su corazón se cayeron al pasarse exactamente dos horas esperándolo, la impuntualidad no la toleraba, y menos, la falta de respeto, se impacientó esperando en el recibidor de la empresa, se dispuso a retirarse cuando lo vio llegar, tan fresco como una lechuga y con una sonrisa en sus labios que casi consigue acabar con su molestia, no fue así.

"vaya, nos volvemos a encontrar, señorita Mills", la reconoció y le habló con tanta desfachatez que le dieron deseos de matarlo allí mismo.

"lo que es la vida", fingió una sonrisa y lo siguió hasta la oficina, donde ambos se sentaron para hablar de negocios.

Largas horas de trámites tediosos, firmas de documentos legales y un poco de seducción por su parte bastaron para que ella quisiera desaparecer del lugar de inmediato terminaron su reunión.

"me acepta una invitación a cenar, señorita Mills, para compensar mi llegada tardía", se atrevió a echarle sal a la herida.

"no puedo", fue su respuesta inmediata.

"usted sí que es rápida, ni lo pensó", dijo con ironía.

"no seré una más de sus conquistas, es mejor solo tener una relación de negocios", exteriorizó su furia.

"creo que tiene un concepto muy erróneo sobre mí, le pido solo una oportunidad para hacerla cambiar de opinión", merecía al menos el beneficio de la duda, lo pensó por unos segundos, no le haría daño a nadie que tuviera una cena con el caballero.

"acepto", antes de arrepentirse habló.

"muy bien, enviaré una limosina por usted esta noche a las ocho en punto", asintió y se retiró del lugar.

Cumplió con su palabra, a la hora acordada, una limosina se estacionó en su casa y la llevó a un restaurante muy lujoso, donde ya David la esperaba, al parecer quería esmerarse en crear una nueva imagen ante sus ojos, porque en los próximos días, la llenó de simples detalles, le enviaba flores, la invitaba a salir, y como decidieron que trabajar en su empresa sería lo mejor, organizó una oficina cerca de la que ella ocupaba y comenzaron a pasar mucho tiempo juntos, lo que facilitó a que aceptara su propuesta de ser su novia.

Abrió los ojos para darse cuenta de que ese recuerdo, provocó que sus lágrimas brotaran libremente por sus mejillas, arruinaran su maquillaje y mojaran algunos documentos en los que trabajaba, se levantó, fue al baño, retocó su maquillaje, arregló su cabello y retomó la compostura, no podía seguir así, algo debía hacer para borrar de una vez y para siempre ese sentimiento de su corazón.

"señora Mills", escuchó la voz de Robyn.

"un momento", anunció desde el baño.

"el señor Nolan ha solicitado verla", las piernas le temblaron y la respiración se le detuvo al escuchar ese nombre, y para colmo de males, quería verla, ¿cómo le diría a su corazón que nada existía entre los dos?, ¿cómo se comportaría ante su presencia, ante su mirada?, se llenó de valor.

"mándalo a pasar, Robyn", salió del baño y se acomodó en su silla de trabajo, con las manos abajo, las sentía temblar y no podía darle el gusto, que la viera así.

"hola, Regina", cerró la puerta al entrar.

"hola, David", correspondió su saludo, pero la verdad era que, no sabía qué decir.

El silencio invadió la oficina, él solo la miraba sin querer pronunciar palabra, cuánto daba por explicarle, porque supiera el motivo de su ausencia, de su abandono, de su cobardía, las palabras no salían, vino a verla por última vez porque se iría del país y necesitaba tenerla frente a frente para decirle lo que realmente sentía.

"¿a qué viniste, David?", esa pregunta salió de sus labios sin sentimiento alguno.

"quería…Regina… yo…", tuvo que detenerse, para respirar, ya sus ojos no le permitirían continuar.

"señor Nolan, su esposa ha roto la fuente", interrumpió Robyn y David se levantó como un rayo, Regina lo siguió para ver a una muchacha trigueña embarazada quien añoraba por su presencia, al fin algunas piezas comenzaban a completar el rompecabezas.

No pudo con la escena y regresó a su oficina, recogió sus cosas y salió de allí disparada, bajó las escaleras para que nadie la viera, sentía que no podía contenerse, caminó sin rumbo por las calles, parecía un alma en pena, sentirse abandonada era una cosa, ver con sus propios ojos que la engañó descaradamente, que mantuvo una relación con ella mientras su esposa estaba embarazada, demasiado para su herido corazón, el que sentía que se partía en millones de pedazos.

"¡REGINA!", ese grito la detuvo en seco, sus lágrimas no cesaban.

Una vez que dejó a Margaret en la ambulancia y supo que no podía andar lejos, la persiguió y logró alcanzarla, ahora la tenía en frente, pero no quería mirarlo.

"mírame, Regina", la tomó del brazo y la hizo girar.

"¿qué quieres, David?", logró secar un poco la humedad de sus ojos antes de tenerlo cerca, pero dudaba que no se diera cuenta de su llanto.

No habló, solo pegó sus frentes sin unir sus cuerpos y allí se quedaron.

"quería explicarte, decirte…", Regina puso sus dedos encima de sus labios para callarlo.

"tu hijo te necesita", aprovechó ese contacto para alargarlo.

"no sabes cuánto me he preguntado, qué hubiera sido si…", tampoco lo dejó terminar.

"no te tortures más, olvidémonos de todo", se sorprendió con lo que dijo.

"jamás aceptaré que lo nuestro no pudo ser, si no me hubiera alejado de ti, si te hubiera explicado todo, tal vez…", las palabras sobraban, aprovechó para besarla y sus ojos lo traicionaron, la había extrañado tanto, sintió que su corazón volaba, que el mundo detuvo su movimiento, que como por arte de magia, las personas desaparecieron y solo ellos existían, Regina respondió su demandante beso, entonces fue en ese instante que desnudó su corazón ante ella, "te amo", separó sus labios para que lo escuchara bien.

"David, yo…", al estar en medio de la calle, un conductor tocó la bocina del auto e impidió que ella siguiera hablando, se apartaron para que el auto continuara su camino, "debes irte", esas eran sus palabras del adiós, ese que se rehusaba a aceptar, la abrazó con tanta fuerza que sintió su lucha por respirar, dio media vuelta y la dejó sin siquiera mirar hacia atrás, sabía que si lo hacía, ya nada ni nadie podría separarlos.

Sus ojos atrevidos lo vieron alejarse lentamente, sus palabras retumbaban en su cabeza, y era precisamente lo que se había pasado cinco meses pensando, qué hubiera sido si no se hubiera despedido, si nunca se hubiera ido, tal vez fue el tiempo quien decidió que su amor no podía ser, "yo también te amo", dijo entre dientes lo que no fue lo suficientemente valiente para confesarle, ni durante el tiempo que pasaron juntos, ni ahora que lo había visto, tal vez debía vivir con la incertidumbre de un amor que pudo haber sido y no fue.

Para llegar pronto al hospital, regresó a la empresa de Regina y se montó en su auto, quiso evitar pensar en lo ocurrido, le fue imposible, aquella noche después de haber despedido a Regina en la puerta de su casa, Margaret White, su antigua novia lo esperaba en la sala de su casa, allí supo que estaba embarazada y su vida se derrumbó, las ilusiones por el amor que ya sentía por Regina, se desvanecieron como un castillo de naipes y no pudo enfrentarse a ella, por eso la abandonó de la peor manera, se reprimió severamente por su cobardía, debía asumir la paternidad de un bebé que ni siquiera sabía de su existencia, pero su padre le enseñó que a un hijo se ama, sin importar las consecuencias.

"¿la señorita White?", preguntó en la recepción del hospital.

"se encuentra en la sala de parto con su esposo", un cubo de agua fría le cayó encima al escuchar esas palabras, debía saber lo que ocurría.

Esperó pacientemente hasta que el parto se concretó y Margaret fue trasladada a recuperación y el bebé lo llevaron para examinarlo.

"¡David!", exclamó al verlo, no esperaba encontrarlo ahí, la hora de su juicio final, había llegado.

"espero que todo haya salido muy bien con el bebé", cordialmente expresó sus más sinceros deseos.

"necesito decirte algo", le ahorró el trabajo de tener que comenzar un interrogatorio.

"coincido plenamente", se sentó en una silla a su lado, cruzó los pies y le dio tiempo a que comenzara su intervención.

"te pido perdón de antemano, aunque lo que te hice no lo tiene", el silencio de David la impulsó a seguir con la charla, "te engañé, cuando nuestra relación terminó, me casé a escondidas con el contador de mi padre y salí embarazada de él, mi padre lo descubrió y le mentí diciéndole que el bebé era tuyo y me obligó a buscarte, pero hoy que te vi tan triste comprendí que no me amas y no puedo culparte, yo tampoco te amo", la miró, pestañó varias veces para procesar la información, la miró nuevamente y se levantó de la silla para irse, no sin antes decir su última palabra.

"gracias", tenía un remolino de sentimientos encontrados, pero debía decirlo.

Se fue del hospital cabizbajo y pensativo, tenía el camino libre para ir al encuentro de la mujer que amaba, pero no se sentía con fuerzas, se pasó demasiado tiempo reprimiendo su amor por ella por el bebé que venía en camino y con esta noticia de que fue engañado, su furia era perceptible y bajo ningún concepto podía tomar una decisión que la afectara, no podía dañarla ni con el pensamiento por lo que esperó varios días, así pensaría con cabeza fría y contemplaría su próximo paso con detenimiento.

Tres semanas después, decidió que la espera fue suficiente y se dirigió a la empresa, compró un ramo de flores.

"buenos días, Robyn, ¿Regina ya llegó?", preguntó con una sonrisa amplia.

La respuesta demoró en llegar a sus oídos, la muchacha no supo qué decir, "la señora no se encuentra", muy poca información para su gusto.

"la veré en su casa", no le importaba que supieran sobre su interés por ella.

"tampoco la encontrará allí", Robyn le hizo un gesto con la cabeza para que se acercara y él obedeció, "viajó a Hawaii hace dos días", susurró la información.

"por favor, Robyn, debo saberlo todo, te lo suplico", solo le faltó arrodillarse a rezarle.

"no tengo permitido divulgar esa información, lo siento señor", David entendió muy bien, le estaba pidiendo que arriesgara su trabajo, por lo que se retiró y esperó a la hora de la salida, fuera de la empresa las cosas se facilitarían.

"ahora sí conversaremos tú y yo", los ojos de Robyn se abrieron del asombro.

"señor, no me ponga en ese compromiso", el motivo de su presencia allí era muy obvio.

"necesito verla, por favor", seguía suplicando.

"lo supe siempre, desde que entró a la empresa, la ama, ¿verdad?", cuestionó.

"desde el primer día que la vi", jamás sintió nada parecido con una mujer.

"esta es la información que necesita, les deseo mucha felicidad", escribió en una tarjeta lo que quería saber, ambos se sonrieron y se despidieron.

Unas vacaciones no le vendrían nada mal, lo ocurrido con David, la decepción por no tenerlo, la forma tan abrupta que supo el motivo de su engaño, su último encuentro, todo estaba muy reciente, por lo que reservó en un hotel en Hawaii, resultó que las habitaciones de dicho hotel eran casas cerca de la playa, quedó maravillada al saberlo, sería estupendo un encuentro directo con el mar.

Se estacionó en aquella pequeña casita, toda de guano, muy acogedora, con dos ventanas y llena de cortinas muy elegantes para ser una casa en la playa, los primeros dos días los disfrutó de lo lindo, probó todos y cada uno de los cocteles que ofertaban en el lugar, la comida típica de la isla era una delicia, al tercer día quiso probar suerte con algunos de los pasatiempos ofertados por el hotel, se montó en un paracaídas y la experiencia fue única, al cuarto día, decidió explorar las calles y las avenidas cercanas al hotel, vio todo tipo de bazares y quioscos donde vendían souvenirs, trabajos de artesanía, ropas comunes de la cultura de la isla, hasta se animó y compró una bufanda colorida que le llamó mucho la atención, adornaría muy bien su atuendo, un vestido blanco de hilo muy holgado y cómodo para este tipo de ocasiones, debajo llevaba su traje de baño, en la cabeza lucía una pamela con una fina cinta que la adornaba y un par de sandalias de cuero propias para el verano, se entretuvo tanto con su pequeña excursión que se hizo de noche sin que se diera cuenta, comió algo ligero y regresó a su casita, pero por el camino hasta allí comenzó a encontrarse con pequeñas señales que le indicaban el camino que debía seguir, las leyó y siguió al pie de la letra cada indicación, conforme avanzaba, los mensajes se hacían más largos y las señales más atractivas, primero, tuvo que seguir un camino parecido a un altar rodeado de pétalos de flores y al final encontró una tarjetica con una letra, siguió caminando hasta formar las palabras con las próximas tarjeticas que halló, luego el caminito con flores terminó para encontrarse con muchas velas que la dirigían a la puerta de su casita, solo que antes de llegar se encontró con varias tarjeticas más, la primera decía: fuimos víctimas de un cruel engaño , aquella escena le parecía extremadamente rara, hasta que encontró otra tarjetica: nuestra unión fue bendecida por los dioses , con esas palabras su autocontrol se desvaneció, rápidamente su mente se ajustó a las circunstancias, pero antes de que pudiera sacar sus conclusiones, llegó a la puerta de su casita donde encontró una pequeña cuerda proveniente del techo, y la última tarjetica, se inclinó para tomarla: tira de la cuerda antes de entrar al paraíso , siguió las instrucciones y aló la cuerda con cuidado, una lluvia de pétalos de flores cayó encima de su cuerpo y la puerta se abrió mágicamente, la oscuridad no la dejaba ver por dónde caminaba, pero de repente todo el lugar quedó iluminado solo con velas, y encima de la cama encontró otra tarjetica: lee las primeras tarjeticas con las letras en alta voz , sabía muy bien lo que decían, no necesitó buscarlas.

"cásate conmigo", pronunció las palabras mágicas y de la nada, apareció David con una vela en forma de corazón en sus manos, al verlo sus ojos se llenaron de lágrimas.

"recibe mi corazón en señal de fidelidad, lealtad y amor eterno", se puso de rodillas frente a ella y extendió su mano.

La escena tan hermosa, la sorpresa, las tarjeticas, los pétalos de flores, las velas, la propuesta de matrimonio, verlo rendido a sus pies, la dejaron muda de tanta emoción, las palabras no se atrevían a salir, "no lo puedo creer", fue lo único que sus labios expresaron.

"tampoco yo, pensé que no volvería a verte, la sola idea me rompió el corazón", explicó.

"¿cómo fue que…?", comenzó a llorar sin consuelo, se desplomó en el suelo a su lado con los ojos cerrados y con sus manos cubrió su rostro.

"mi amor, abre los ojos, no llores, por favor, estoy aquí, no le permitiré a nadie más que nos separe", colocó la vela en el suelo para apartar sus delicadas manos y secar las lágrimas, era su noche especial y no había lugar para la tristeza.

"¿me lo prometes?", le parecía increíble sentir sus manos nuevamente.

"yo nací para amarte y para hacerte feliz", con estas palabras, Regina lo besó y lo abrazó sin guardarse nada para luego.

"entonces, ¿aceptas?", permanecían arrodillados en el suelo.

"¿casarme contigo?", cuestionó sin querer soltar sus labios, los que tanto había extrañado.

"sí", pudo decir esa sola palabra.

"por supuesto que acepto casarme contigo y pertenecerte en vida y más allá de la muerte", el último sonido que se escuchó, David la levantó del suelo, la cargó en sus brazos sin despegar sus labios y la llevó a la cama donde la amó toda la noche, y a partir de ese día, vivieron intensamente su amor, el que fue bendecido por los dioses aquella noche estrellada y fue una verdadera prueba de que un amor tan intenso y verdadero perduraría por siempre para darle una lección al destino.