Navidad 2014
Cuando era pequeña y veía que empezaba a nevar sabía que pronto mi mamá cumpliría años y eso significaba una celebración junto con los abuelos, una cena y un delicioso pastel. Cada año siempre sucedía lo mismo, y yo era muy feliz envolviendo su regalo de cumpleaños con ayuda de mi abuela. Hasta el año en que sucedió su final, pensé que jamás podría volver a mirar la nieve con tanto amor como antes lo hacía.
Y sin darme oportunidad para experimentarlo llegó a mi vida la trágica historia (como si no hubiera sido ya suficiente) de un padre y un hermano que no los conocía hasta ese momento de mi vida. Recuerdo cuando los vi por primera vez; pues fui feliz, quizás brevemente, no podía serlo a totalidad. Con el pasar de los meses llegó la nieve, llegó también un recuerdo desolador y hueco en mi interior que no podría describir muy bien. Afortunadamente (y como si fuera un consuelo del cielo) la llegada de la nieve cada año no se sentía tan hueco y hondo como pensé y sentí en un principio: la razón se hallaba en que mi hermano, al que adoro tanto, cumplía años el diecinueve y mi padre refunfuñón en el día de Navidad.
Sea como fuera, aún sigue siendo difícil aceptar las circunstancias pero que a pesar de lo difícil y doloroso que puede resultar no pierdo de vista también a quienes debo festejar y agradezco al cielo por sus presencias en mi vida.
Gretchen Rivaille
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Historia de navidad
El notable crecimiento de grasa en su abdomen bajo le había producido en los últimos días un malestar muy centrado, no necesariamente algún malestar físico sino más bien psicológico. Se veía al espejo y detestaba ver flacidez y engorde en su abdomen, ciertamente se descuidó de ejercitase físicamente y se dejó envolver por comida abundante y deliciosa que preparaba su primogénita, sumándole todas las pruebas de cocina que su hijo hacía, siempre buscando su opinión para mejorar.
Chasqueo la lengua al verse de nuevo al espejo la forma redondita que estaba adquiriendo su cuerpo, le resultaba nada envidiable y que estaba muy concentrado en hacerla desparecer. ¡Ah! La cena navideña de la noche anterior tampoco ayudaba, se comió todo y hasta un poco de más: ¿cómo podría no comer demasiado con todo lo que Mikasa, Gretchen y Hanji prepararon para una cena temprana porque su sobrina debía irse antes de media noche a casa de Zeke Jaeger dónde tendría lugar la celebración de navidad con su familia? Ah, pensaba en eso, en los Jaeger como su familia y volvía a sentir apretujón en el corazón.
Ante sus propios pensamientos de inconformidad dejó sus ojos en blanco y volvió a acomodarse la ropa deportiva. Iría al gimnasio que tenía en casa y que obviamente Mikasa dejó en el olvido con su ausencia de la casa principal, y que ahora sabía que sus hijos estaban haciendo uso de las máquinas.
Salió de su habitación, a esa hora todo era silencio y frío aire corriendo en una dirección. Después de la cena sucedió algo inesperado para él y Hanji: Gretchen y Dave parecieron enojarse por algo nimio, algún mal entendido entre ambos y por ello ambos desparecieron a sus habitaciones luego de la media noche. Se preguntaba si debía hablar con ellos y saber razón del por qué estaban enojados el uno con el otro, un hecho sin precedentes, creía Levi.
Cómo sea, estaba seguro de que pronto se arreglarían y no habría nada porqué entrometerse en discusiones de hermanos. ¿Cierto? O solo si fuera estrictamente necesario.
Avanzó, el pasillo alfombrado tenía varias decoraciones navideñas; algunos muñecos en tamaños diferentes parados en forma ascendente, un reno, un papá Noel y un muñeco de nieve: los tres a juego en colores blancos y plateados. Un par de pasos adelante miraba más muñecos puestos como decoración, las puertas de las habitaciones también decoradas con botas de tela. Sabía que Gretchen se encargaba ahora de la decoración y ciertamente siempre ponía mucho empeño junto con Dave. Sonrió, eso estaba bien.
Llegó a las escaleras, miró hasta abajo recorriendo todo el barandal adornado con tela enrollada y esferas de colores. Vaya, todo era precioso. Estaba muy absorto en el silencio delicioso de la mañana, disfrutando de su casa impecable y arreglada. Creía que un sentimiento de regocijo se estaba apoderando de él.
Casi con mucha parsimonia empezó a bajar las escaleras, había demasiado silencio; ni siquiera Rod andaba por ahí, que al ser época de nevada las mascotas eran puestas dentro de casa.
Apenas puso un pie en el piso escuchó un sonido semejante a toques de piano y comprendió que era el preludio de una canción que empezaba a sonar un poco alto. Enarcó una ceja, estaba confundido por el ruido y caminó hacia la sala: abrió enormemente los ojos y se agarró la frente casi tapándose los ojos como quien anda avergonzado por la calle después de caerse.
—¿Qué demonios hacen? —. Murmuró para sí mismo, estaba seguro que ellos no lo habrían escuchado para nada.
Mientras pretendía no verlos tan obviamente, en rápidos miramientos divisó un montón de adornos a tamaño grande; cajas de regalo hechas de cartón, esferas navideñas azules y blancas dispuestas por la sala como decoración. Obviamente aquellos adornos no estaban allí la noche anterior, lo cual podría asegurar que fueron ellos quienes los colocaron. Recorriendo aquellos artículos, se topó con la mirada escondida de Hanji entre los muebles, con la filmadora en la mano grabándolo a él y que al ser descubierta en su escondite se rio y se dejó ver más ya que se levantó.
Levi no sabía que expresión tendría ahora en el rostro con su familia actuando de esa manera en la mañana de Navidad: ahí Hanji grabándolo y usando una diadema con cuernos de reno.
De repente sintió su rostro arder por semejante atención. No se esperaría para nada el espectáculo de baile frente a él, con sus tres hijos siguiendo una coreografía, vistiendo atuendos extravagantes (para su parecer) Mikasa y Gretchen llevaban el mismo traje rojo en terciopelo de hombros descubiertos y entallado al cuerpo hasta la cintura dónde se desplegaba la falda de largo hasta un poco antes de las rodillas, llevaban, además, guantes rojos hasta los codos, cinturón negro y botas sin tacón negras.
La canción seguía sonando y él seguía parado ahí sin saber dónde poner su mano. ¿En su cintura? ¿cómo debería mirarlos? Se preguntaba viendo a los ojos a Dave, lo veía tímido también: quizás los dos se entendían. Seguro y muy seguro era que Mikasa y Gretchen lo indujeron a ponerse aquel traje de soldadito y pintarse las mejillas con rubor casi achotado.
A su parecer estaba muy tierno.
Pensó y sintió que los tres estaban muy tiernos: disfrazados y bailando para él, lo que suponía un regalo de cumpleaños.
"All I want for Christmas is You"
Aquella línea en la canción se extendió por su mismo ritmo y los tres extendieron su brazo derecho, sacando el índice del puño para señalarlo a él entendiendo su mensaje, las sonrisas estaban puestas en los rostros de sus niños, pero parecía que más bien necesitaban reír, pero fue Gretchen quien retomó la coreografía dirigiendo a los otros dos.
Y aunque sintiera mucho amor, también sentía demasiada vergüenza. ¿Tenía vergüenza de un baile coreografiado solo para él? Ah, volvió el rostro de nuevo a Hanji, ella lo seguía filmando con la risa en la boca y se preguntaba de nuevo que cara tendría él mismo en ese instante. ¿sería su mismo rostro inamovible? ¿O sería un rostro cariñoso? ¿Quizás uno de enojo? Vaya a preguntarle a Hanji.
La canción empezó a bajar de volumen lo cual le decía a él que pronto terminaría ¿Qué pasaría luego? ¿Qué tenía que decirles? ¿Bailarían de nuevo? Podría ser, conociendo como conocía a su hija.
Se hacía demasiadas preguntas que casi no podía disfrutar de nada.
Llegó el momento cero la canción dejó de sonar y los tres se quedaron estáticos con sonrisas extensas, casi plásticas, sabía que no era así, solo fingían estar tiesos. Y retumbó el grito ensordecedor de Hanji, la efusividad en ella tras el final. Dio pequeños saltitos mientras caminaba todavía filmando a su familia y hablando para la cámara como si de un reportaje se tratase. Empujó a Levi con ella llevándolo hasta el centro de la sala dónde aún estaban los niños saliendo de su posición.
—Vamos Levi, cuéntanos: ¿qué te ha parecido la sorpresa? —. Se reacomodó su diadema de cuernos de reno. — ¿Quieres otro baile?
—Ah, Ah—. Tartamudeó—. Así está bien.
Y luego vinieron los resoplidos de alivio por parte de los bailarines.
—Solo ensayamos una canción—. Dijo Dave, mirando de reojo a las otras dos, con la pinta de estar muriéndose de vergüenza.
—Menos mal el agasajado no está de exigente—. Comentó Hanji enfocando a Levi.
—No tuvimos mucho tiempo, y creo que salió un poco decente—. Dijo Gretchen estirando su cuerpo.
—Es cierto. A Gretchen se le ocurrió muy tarde—. Comentó Mikasa, de nuevo siendo indiscreta referente de algo que no debía decir.
La mencionada se exaltó un poco, trató de esconder su risa nerviosa con su mano.
—Ah, con que tuya fue la idea de todo esto—. Inquirió Levi, se sentó en el sillón cercano muy despacio lo hizo y cruzó su pierna tomando una posición un poco altiva.
Su hija se rascó detrás de la oreja, se sentía ahora un poco nerviosa por lo que pudiera decir Levi. Hanji seguía hablando hacia la cámara al parecer, mientras enfocaba a cada uno de los niños regresando a Levi de nuevo.
—Pero si han estado divinos, para el próximo año pueden hacerlo con más antelación. ¿Eh? ¿Qué opinas Levi? —. Intervino Hanji, bajando la filmadora. Mantenía esa expresión divertida en el rostro que tanto la caracterizaba.
El mencionado parecía pensarlo, hacía gestos que daban a entender que sí.
— ¡Se va a enfriar el chocolate navideño! —. Exclamó Gretchen palmeando efusivamente sus manos a la altura del pecho. Ella mantenía los labios bonitos un poco estirados y sus ojos a medio cerrar dando cuenta a la prisa que tenía por desvanecer su incomodidad.
Y fue Hanji y Dave quienes se adelantaron al comedor, nadie todavía desayunaba, siguió Gretchen y Mikasa quien llevaba a Levi del brazo. Para su sorpresa la mesa estaba ya arreglada, la cristalería ordenada, el chocolate en la jarra de cerámica, la vasija con pan de pascua troceado, galletas de jengibre, pancakes, fruta en tazones y barras de granola. Además, en el centro, reposaba una casa de jengibre; apetecible a la vista, hecha por Gretchen para el cumpleaños de Dave y que este no se la comía porque decía que era demasiado linda como para hacerlo.
Por un momento Hanji salió del comedor para dejar la cámara en la sala, momento exacto en que Levi había alzado su voz hacia sus hijos, murmuró:
—Chicos, gracias.
Los tres se quedaron mirándolo fijo, analizando su espontánea y sutil sonrisa. Dos palabras que los dejaron tranquilos, los tres se miraron entre ellos y sonrieron también, pero esta vez con un poco de humor ya que recordaron algo.
—Estuvimos a punto de ponerte a la fuerza un disfraz del Grinch—. Dijo Mikasa, tapándose la boca por la risa.
Levi parpadeó e hizo una mueca nada seria, tomando una taza de chocolate. Las risas disimuladas de los niños podía tolerarlas, si ellos eran felices, él también lo era; así tuviera que disfrazarse del Grinch para agradarlos.
—Llegué, ahh cuanta hambre tengo. ¿Ustedes no tiene frío con esa poca ropa? —. Preguntó Hanji dirigiéndose a las chicas.
—Un poco, solo un poco, no es molestia—. Convino en decir Gretchen limpiándose los labios sonrientes.
Desayunaron despacio, luego vinieron las miradas inquisitorias de Levi en Gretchen y Dave.
—Veo que ya se arreglaron—. Comentó. Curioso, los examinó a ambos debido al sobresalto que hicieron y se miraron haciéndose preguntas con las miradas.
Más tarde llegó un camión de mudanza para llevarse las cajas de regalo inmensas que en realidad eran contenedores de regalos que estaban envueltos y sellados con el nombre de los niños destinatarios que vivían en un barrio del Bronx. Levi hizo énfasis en aquellas decoraciones gigantes, pensó, que fueron hechas exclusivamente para él. Casi intuyendo aquellos pensamientos Gretchen le clarificó que primero los mandó a hacer para él, para su sorpresa. Luego le encontró otro fin, usarlos para los niños con los cuales trabajaba. Estaba asustada de que su podre pudiera decirle algo sobre el doble uso, pero al final Levi coincidió con ella ya que después de todo. ¿Qué podrían hacer con esos gigantes?
Y antes de que partieron al show navideño de los niños Mikasa partió, de nuevo, a casa de Zeke Jaeger donde la esperaba su esposo, sus suegros y sus cuñados.
Por otra parte, sería el segundo año que realizarían aquel show navideño en un parque. La fundación contrataba artistas que encarnen personajes propios de la navidad, empezando por Santa Claus. Gretchen junto con algunos voluntarios se encargaban de la logística del evento. Pero si era el primer año que Levi acudía, sabía que Hanji y Dave la acompañaron el año anterior.
Por la tarde, fueron al comedor social, Levi quería cerciorarse de que todo fluyera tranquilo allí. Además, estaba muy interesado en la sensibilidad que sus hijos estaban desarrollando: no tenían ningún inconveniente en estar allí, con las personas sin hogar que acudían a por un bocado de alimento en aquel día de navidad. Y a pesar que el comedor estaba abierto todos los días del año, la gratitud por ese día parecía aún más exaltado.
Lo cierto era que el dinero a ninguno de los dos se le pegaba en las manos, es más, Dave era muy mano suelta con algunas personas que le pedían una ayuda. Gretchen se regía a invertir a través de proyectos y fundaciones, casi no cuestionaba lo que su hermano hacía. Una vez él le dijo que se sentía muy mal sabiendo que muchas personas carecían de dinero, alimento o medicinas mientras ellos tenían dinero suficiente y que muchas veces ni siquiera era consciente de las carencias porque él no las padecía, no por lo menos en lo económico. Y por ello se quiso ver más envuelto en labores sociales, también con los animales en los refugios y siendo un rescatista independiente y financiado por sus padres.
Ciertamente, Levi les había explicado hasta dónde podrían llegar con sus acciones y que debían de tener cuidado ya que siempre podría existir algún rufián aprovechador. Si querían ayudar, para él estaba muy bien, así mismo debían trabajar para ello. Claro que Dave no trabajaba, en cambio hacía méritos para ganar dinero que posteriormente usaría para dar a un refugio animal que apenas empezaba sus labores.
Y a todo ello se preguntó: ¿Qué hizo para ser merecedor de ellos? Seguro Petra y Hanji le dirían algo increíble, después de todo también eran sus creadoras.
…
Después de casi terminadas sus actividades de la tarde, antes de que anocheciera fueron a la iglesia donde se casó Mikasa. Se sentaron y se quedaron atendiendo al coro navideño junto a otras familias, parejas o personas solas que se disponían a dejarse embeber en un cántico espiritual. Los cuatro juntos en una de las bancas, apretados un poco, acomodándose la bufanda y los guantes.
Se quedaron hasta el culmino de la misa, se retiraron a seguir caminando por la zona. Se escuchaba música navideña por las calles, las personas disfrutando con sus hijos, algunos otros atareados acelerando el paso hacia un rumbo desconocido. Para esa tarde dejó de nevar, menos mal, así podrían disfrutar un poco más del clima y de las calles.
— ¿Deberíamos entrar? —. Preguntó Gretchen señalando con el pulgar una cafetería.
Levi no le diría que no. Todos coincidieron y entraron a comer algo ligero. Para cuándo salieron el cielo estaba completamente oscuro, empezó a nevar apenas pequeños copos sobre sus cabezas. Gretchen le acomodó la bufanda a Dave hasta un poco por la nariz, creía que podría enfriarse mucho. Luego, lo tomó de la mano, el roce de los guantes solamente y siguieron caminando hasta el sitio donde Levi dejó el auto estacionado.
—Pronto los Jaeger llegarán—. Había dicho Levi antes de salir de la cafetería.
Debido a la visita de la familia nombrada ya no dispusieron de más tiempo para seguir fuera de casa, tuvieron que suspender la idea de acudir a una pista de patinaje. Aunque, para Levi era mejor así porque seguro el lugar debería estar atestado de personas.
Ya los llevaría al siguiente día o después.
Antes de que llegaran a casa, Levi se cercioró de llevar alguno que otro bocadillo para sus consuegros, Eren podía comer cualquier cosa por su parte. Un poco después de que llegaran, también lo hizo Mikasa con su familia. Dave y Levi fueron los primeros en recibirlos.
—Hemos traído una botella de rompope artesanal, está muy dulce y contiene poquísimo licor. Estará bien si tomas un poco, ¿Qué te parece? —. Inquirió Carla a Dave sosteniendo la botella adornada con un lazo rojo con ambas manos y meneándola un poco.
— ¿Estará bien? —. Preguntó nervioso él, mirando fijamente la botella.
—Pues por supuesto que sí estará bien, he comprado rompope pensando en que te gustará—. Repuso ella, le guiñó un ojo.
Él tomó la botella, le sonrió. Luego Carla pasó a saludar a Hanji, a Gretchen. Levi seguía conversando con Grisha y con Eren. Allá en la cocina, Dave buscó vasitos pequeños de cristal para servir el contenido de aquella botella. Pronto apareció su hermana para ayudarle y en lo que ella misma también preparaba charolas con bocadillos para llevar a la sala.
— ¿Quién quiere empezar? —. Fue Hanji quien inició el intercambio de regalo como era su costumbre.
Se suponía que lo harían al siguiente día, pero por una situación inesperada los Jaeger tenían que regresar en la madrugada a Los Ángeles.
— ¡Yo! ¡Yo! —. Exclamó Gretchen alzando los brazos.
Ya todos adivinaban para quien sería el primer regalo. Sentados en los muebles con un poco de música de fondo y la chimenea brindando brasas de calor y comiendo un bocadillo y bebiendo rompope o algún té transcurrieron el intercambio, además de conversar.
—Este que tengo aquí es para nuestro consuegro Levi, es por parte de ambos—. Aclaró Carla extendiendo una caja con lazo a Levi. — Mikasa nos dio una idea para eso—. Admitió.
El mencionado alzó la tapa, descubrió un cravat azul marino de seda. Le gustó, agradeció y prosiguieron. Llegó el turno de Dave, entregó sus regalos, pero se mostró un poco esquivo a mencionar algo sobre el regalo de su padre por lo cual su hermana tomó la iniciativa de señalar la caja correspondiente y alzarla pronunció algunas palabras que daban a entender quién era el emisor.
—Oye no…— Murmuró Dave a Gretchen.
—Sh, no creo que se vean tan mal. De todas formas, las hiciste y tienes que dárselas—. Le susurró a él terminando por mirar a Levi quien carraspeó frunciendo las cejas.
Gretchen palmeó la espalda de su hermano, un acto aparente de tranquilizarlo o enviarle agallas. De repente la caja que reposaba en sus piernas desapareció, para su buen humor su querido hermanito tomó la resolución de entregarle el regalo a su padre.
—Pero no lo abras todavía, sería vergonzoso—. Dijo con voz baja Dave.
—Como quieras—. Fue lo que respondió Levi tomando la caja y dejándola a un lado de él en el sillón.
Luego de un buen rato conversando la familia invitada se despidió, ya no verían a Mikasa hasta un buen tiempo, quizás en vísperas de año nuevo de lo cual todavía les faltaba ultimar detalles. Después de recoger los desperdicios y realizar una breve sesión de limpieza por parte de Levi, la sala se encontraba de nuevo ordenada y fresca. Para ese momento de nuevo sus hijos bajaban después de cambiarse la ropa; llevaban busos de lana con diferentes bordados, Gretchen lucía un muñeco de nieve y Dave una galleta de jengibre, mientras tanto Hanji también realizaba su aparición con un buso que llevaba bordado la cara de un reno.
—Oh Levi, faltas tú de cambiarte—. Inquirió Hanji con un tono fingidamente penoso.
— ¿Debería? —. Su pregunta pretendía generar incordio.
—Ya papá, apresúrate—. Amonestó Gretchen tomando la osadía de darle toquecitos en la espalda que lo incitaran a caminar. — Tu buso está listo en la cama.
Unos minutos después cuando volvió a bajar, se percató que en medio de la sala Gretchen estaba acomodando un par de cojines amplios de sofá sobre la alfombra (que eran de su habitación) simulando un perfecto ambiente para acostarse. Luego apareció Dave con dos frazadas para acomodarlas en los cojines junto con Hanji, mas algunas almohadas.
— ¿Qué es lo que piensan hacer? —. Interrogó, resopló aire de entre los labios.
— ¿Quién sabe? Nadie aquí, mas bien, quiero decir: no sabemos—. Inquirió Hanji alzando un poco sus hombros.
Ella seguía yendo de un lado para el otro acomodando tazones en la mesita de centro que empujaron a un lado por los cojines, colocó allí tazas con chocolate tibio, detrás de ella Gretchen colocaba un plato con canastas de hojaldre y relleno de pollo.
—Dave fue a darle de comer a los niños—. Gretchen se refería a las mascotas. — ¡Uff! Casi se riega, la agarré al toque.
Mientras ellas persistían en su tarea de acomodar la improvisada mesita con comida (como si no hubieran ya comido antes algunos bocadillos), Levi se concentró en la caja de regalo que quedó reposando en el mueble; el obsequio de su hijo. Si antes no lo habría fue porque comprendió que Dave no quería que lo hiciera en frente de Carla y Grisha. Y como aquellos ya no se encontraban, ahora sí que podía hacerlo. Se sentó y puso la caja encima de sus piernas, levantó la tapa e introdujo la mano topándose con papel de horno abrió paso con sus dedos y tocó lo que al parecer eran galletas, un poco gruesas pero que sí eran galletas al corroborar sacando una de la caja y alzándola a su vista.
Escuchó detrás suyo un murmullo, giró apenas la cabeza y divisó a Dave con una cara de pena absoluta.
—Sé que están horribles, quizás deberías dejarlas de lado—. Apretujó mucho los labios después de decir aquello.
Ante su comentario Levi volvió a mirar la galleta, parecía ser la galleta más gruesa y ovalada que hubiera visto antes. Ya sabía el por qué su hijo le decía aquello y era porque no tenía una buena presentación: el glaseado seguramente le quedó muy ligero y por ello se había escurrido por los bordes de la galleta, además de que los colores usados (parecía que pretendió dibujar una corbata) estaban un poco mezclados, dando como resultado una figura borrosa para apreciar.
Sabía que él preparaba pequeños detalles recurrentemente para Hanji de lo cual siempre también quiso un poco de esa acción para él. Y el que lo hubiera hecho tenía gran significancia para su persona.
—Las cocinó solo, cuando me las mostró ya estaban secas y no había más tiempo para corregir—. Intervino Gretchen. — Por lo menos deberías probarlas, sé que tienen un buen sabor.
Levi se quedó un pequeño rato observando la galleta, el terrible glaseado y la cara estreñida que tenía Dave; le causó un poco de gracia que se contuvo un poquillo. Le dio una mordida a la galleta. Pensó que Gretchen decía que tenían buen sabor para no hacerlo sentir mal, pero la verdad eran que estaban un poco bajas en azúcar, si trataba de mezclar la masa y el glaseado entonces ya no estaba tan insípido.
—No está mal—. Dijo, le dio otro mordisco a la galleta.
Tampoco estaba bien, pero lo mejor para él era el detalle dado.
Al cabo de un rato, Levi agregó movió la leña con el atizador y colocó más para que hubiera un poco una subida de calor, por un instante vio hacia afuera por el ventanal: estaba nevando un poco más fuerte. Cuando empezó a sonar música proveniente del televisor instalado en la pared cercana a la chimenea se deslizó hacia el sillón; los otros tres conversaban tranquilamente, sonriendo, Dave casi buscando los brazos de su madre para que lo abrazara.
— ¿Apagas las luces de allá por favor? —. Le preguntó Hanji.
Valiéndose de que aún él no se sentaba o se acomodaba como ellos, lo usó para ese cometido.
—Claro—. Solo respondió.
Una vez estuvieron con baja luz además de las proyectadas por las luces del pino navideño, ahora sí que podían fácilmente dormir, aun así, ese no era el cometido directo. Levi se acomodó en el mueble, teniendo muy cerca de él a su familia, Hanji estaba unido a los niños en el suelo sobre el cojín.
—Oh, ahora que estamos reunidos todos podemos empezar. Gretchen, ¿Qué es lo más difícil que te tocó sobrellevar hoy? —. Preguntó Hanji peinando los cabellos de su hijo.
—Espera, ¿A qué se supone se debe tu pregunta? —. Enfatizó Levi.
—¡Cierto! No te lo he explicado a ti. Verás, vamos a hacer una dinámica y yo seré la moderadora: iré haciendo este tipo de preguntas, llámale reflexivas, luego haré preguntas que apunten a un final deseado o algo que ustedes hubieran querido cambiar y al final veremos qué obtendremos. ¿No te parece interesante?
El hombre sopesó su propuesta y su pregunta, divagó en sus pensamientos y le dio una corta afirmativa a Hanji, aunque esa dinámica, evidentemente lo incluiría a él. Ya de por sí, no sabría como contestar esa pregunta.
—¿Te repito la pregunta? —. Se refirió a Gretchen.
Ella hizo un ademán con la mano, y empezó a narrar:
—Creo que lo más difícil fue la planeación de las actividades, porque una vez teniendo todo ordenado a como deben realizarse ya fluiría todo mucho mejor. Aunque no sé si decir que el inconveniente con las bolsas de dulces para los niños es el punto más difícil.
—Ah, espera ahí—. Volvió Levi a interrumpir. Se fijó en la mirada parpadeante de Hanji sobre él al interponerse de nuevo. — Mikasa dijo que tú planeaste lo de la mañana, tengo curiosidad de saber cómo llegaste a eso.
— ¿Y si eso lo dejamos para después? —. Preguntó Hanji, pensaba que su dinámica podría retrasarse.
—Ja, ja, ja. Creo que tal vez puedo responder, pero no es algo que te voy a decir así porque sí. ¿Te fijaste en qué nuestra sorpresa tuviera algún parecido a algo? —. Alzó un poco la barbilla, solo un poco, aguardando una respuesta.
Levi entrecerró sus ojos y se acariciaba el mentón para dar un énfasis corporal a que pensaba. Sabía que Hanji y Dave se mantenían mirándolo fijamente lo cual lo incomodaba.
— ¿A un festival escolar navideño? —. Preguntó contrayendo las cejas.
—No pensé que lo adivinaras tan rápido. He visto cintas de Mikasa durante festivales navideños, también unas de mi hermanito, y me percaté que no hay mías. Bueno, por eso le ideé de esa forma, Hanji lo tiene grabado creo que ya no habría ningún hueco.
—Me pareció una idea estupenda—. Comentó Hanji alzando el índice. — En todo lo que pude ayudé—. Mantenía un gesto de diversión en su rostro.
—Mamá ¿Me pasas más chocolate? —. Preguntó Dave.
— Cuanto quieras cariñito.
Con esa breve pausa, Hanji creyó que por fin continuaría su dinámica.
—Ahora me pregunto: ¿De donde sacaste esas cintas?
Y en esa ocasión Hanji pareció también hacerse la misma pregunta. Miraron a Gretchen quien empezó a reír nerviosamente: recordó que Hanji y Levi aún no sabían que ella tenía aquellas cintas.
—Yo también he visto algunas, pero están en CD`S—. Agregó Dave.
—Ah, sí—. Murmuró. — Bueno hace un tiempo encontré unas cintas de video que llevé a guardar en CD`s porque creía que sería más fácil para verlas—. Evadía la mirada de Levi—. Pensé que las tenían olvidadas.
— ¿Dónde las tienes ahora? —. Preguntó Levi echando su cuerpo hacia el respaldar.
—¿Por qué? ¿Quieres verlas? —. Inquirió
—Puede ser—. Dijo.
—No…—. Murmuró Dave avergonzado.
—¡Me gustaría verlas! Seguramente Dave sale mucho. Recuerdo que algunas veces filmé algunos bailes caseros de él aquí en la casa.
Para la no tan buena suerte de Dave, Gretchen llevó algunos discos al azar que reprodujeron y saltó él a la pantalla en un día del año 2000, bailando una canción navideña aparentemente siguiendo los pasos de su mamá. Estaba sobreentendido que bailaba para su papá en el día de navidad.
Y así fue como finalmente, Levi dio cuenta de una razón por la cual su hija edificó la sorpresa de la mañana. Un aspecto que le permitió conocer otra carencia que ella tenía, y que estaba siendo suplida.
Unas dos horas después, los niños se durmieron en los cojines. Hanji los cubrió con dos frazadas y apagó la luz que aún se mantenía encendida. Mientras que Levi colocaba más leña y bajaba el volumen del televisor, ahí se seguía proyectando música navideña instrumental. Ahora, sin saber qué hacer se volvió a sentar en el suelo junto a Hanji, usando un cojín para amortiguar los glúteos. Ambos se inclinaron un poco hacia atrás, dejando sus espaldas descansar en el mueble.
El estar sentados en el suelo, con poca luz, música bajita, un poco de frío, algo de calor y los niños durmiendo casi a sus pies les permitió ser conscientes del maravilloso e inolvidable momento que vivían juntos.
Hanji se frotó las manos entre sí. Levi la observaba disimuladamente.
— ¿Es seguro que tus padres vendrán con nosotros para el viaje de año nuevo? —. Preguntó Levi en susurros, procuraba que los niños no despertasen.
—Sí, ya es seguro. Están emocionados también—. Respondió con el mismo susurro bajo. Por inercia giró su rostro un poco hacia Levi, se topó con él mirándola.
—Al final no hicimos tu dinámica—. Susurró Levi.
—Da igual, creo que hasta salió mucho mejor. Fue tan lindo ver a mi Dave tan chiquito. Sigue siendo tan adorable—. Susurró, regresando la mirada hacia su hijo dormido.
—Sí, concuerdo contigo—. Brevemente sonrió de medio lado, su corazón se quedaba congelado figuradamente cada vez que veía a sus hijos.
— ¿Debemos llevarlos a la cama? —. Preguntó ella.
—No lo sé. Podrían despertar—. Dijo Levi observando detenidamente a Hanji. Se pasó los dedos por los labios sin dejar de mirarla.
— ¿Los dejamos aquí? —. Volvió a mirar a los niños.
— Creo que estarán bien, apagaré la chimenea—. Dijo, llevó su mano hacia el antebrazo de Hanji más próximo a él. Ella tomó su mano y la apretujó. — ¿Subimos? —. Preguntó finalmente.
— ¿Y si se despiertan?
—No creo que lo hagan, duermen muy bien hasta la mañana.
—Eso es bueno, muy bueno.
—Muy favorable—. Musitó Levi, brevemente moviéndose hacia ellos; les rozó a ambos los cabellos y retrocedió para finalmente ponerse de pie, sigiloso avanzó hasta la chimenea y usó la pistola pulverizadora para echar chorros de agua sobre la leña encendida. — Aunque esté un poco tibio, voy a dejar la calefacción prendida.
—De acuerdo.
Una vez calibró la calefacción, hizo una señal a Hanji con la barbilla indicándole subir, ella pareció sonreírle en las sombras y lo acompañó en su camino hacia el siguiente piso, hacia el pasillo y hacia una única puerta.
De aquella manera, concluía un día agitado.
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Se habrán fijado en que coloqué la Navidad 2014, cuando en la historia vamos mediados del 2013 y eso es porque voy atrasada con las publicaciones semanales. Al final espero que lo disfrutaren. :D Espero tengan lindos días.
