Óbice

"Durante los siguientes días estaré ocupado por tanto es improbable concertar nada. Abstente de escribir o llamarme. Luego nos contactaremos. Adiós".

Dio una leve repasada al texto escrito y pulsó la tecla de envío. Esperó hasta saber que el mensaje fue enviado al destinatario e inmediatamente bajó los brazos del volante y guardó ese teléfono que usaba solo para comunicarse con esa persona. De manera intermitente alzaba los ojos hacia la puerta de la casa: Dave ya iba caminando con Rod a su lado, más atrás Hanji junto a Gretchen que se despedían de la servidumbre dejando encargada la casa y a los gatos que se quedaban. Dio dos toques al volante y se mordió el pulgar, por alguna razón estaba impaciente esa mañana. Y aunque todo fuese como él planeó —el equipaje bien ordenado, el tanque de gasolina lleno y la hora de salida— pensaba que algo se le estaba olvidando, o tal vez fuera una sensación dejada tras los últimos aconteceres. Claro, se le olvidaba encargar a Nifa el favor de regar las plantas de su apartamento.

Atrás, Dave abrió la puerta de la maletera para subir a Rod. A través del espejo retrovisor Levi vio al canino subir y acomodarse entre las maletas. Se cerró la puerta de la maletera y al cabo de unos segundos la puerta del copiloto se abría dejando relucir a Dave tomando asiento junto a Levi, enseguida se colocó el cinturón de seguridad, después cerró la puerta y bajó el vidrio de la ventana para sacar la mano y llamar a su hermana y a su madre para que agilizaran el paso.

Salieron diez minutos luego de las siete, ese día relucía todavía sombrío en el cielo y frío en el ambiente. Como iba la ventana bajada del lado de Dave entraba bastante aire impasible. Llegaron a la carretera, el aire aún más frío tenía algo diferente: algo más limpio y oloroso a pasto.

Dave iba con la mirada bien puesta en la carretera, la cabeza la llevaba reposando en el marco de la ventana con la mano soportando el peso. Sus cabellos se movían violentamente por el viento a según la velocidad con la que conducía Levi, quien, por breves momentos volteaba a observar a su hijo con el rostro tranquilo y despejado, sus ojitos entrecerrados y la boca sonriente cada que veían animales de granja por el camino: señalaba con el dedo y les decía a todos que miraran a la derecha o a la izquierda y, Hanji que mostraba el mismo nivel de emoción se volcaba a la ventana para mirar y hablar sobre las vacas.

Sintió el pulsar de unos dedos en su hombro, vio los dedos de Gretchen aferrando un sándwich en servilleta. Levi arqueó una ceja, dejó suelto el freno de mano para agarrar el sándwich que le ofrecía su hija y morderlo. Por el refilón de su vista se percató de que ella entregaba también un sándwich a Hanji y a Dave, rasgando algunos trozos para Rod hasta cuando llegaran a su destino que no era demasiado lejos.

La carretera aún se divisaba larga y eterna al frente, casi rozándose con el cielo gris de esa mañana, y que por llegar a su destino Levi se desvió de la carretera principal hacia la derecha, todo alrededor estaba verdoso y frondoso. El piar de las aves que volaban en el cielo les ofrecían una regocijante bienvenida. Pronto divisaron al frente de ellos la extensión de una casa de campo en forma rectangular de dos pisos y al Sr. Zöe regando las plantas del portal y a aquellas que guindaban de maceteros colgantes.

El hombre devolvió la mirada ante el sonido del auto acercándose a su portal, parpadeó varias veces al divisar el rostro reluciente de su nieto que lo llamaba sacando el brazo por la ventana del copiloto.

El señor Zöe dejó en el suelo su regadera rosada estampada con una flor para bajar por las cortas escaleras y salir en recibimiento de los llegados.

—¡Didi! ¡Mi nieto! ¡Mi nieto está aquí! ¡Didi enciende el horno vamos a hornear galletas! —. Exclamaba bien alto con la esperanza de que su esposa dentro de la casa lo escuchara. — ¡Oh mi nieto! —. Seguía caminando en dirección al auto, extendió los brazos al frente cuando por fin Dave bajó y se apresuró a llegar a él.

—Abuelo, abuelo—. Exclamó Dave rodeando el cuerpo redondo del sr. Zöe con sus brazos. Encontró en esa mirada esmeralda una buena dosis de cariño puro.

El hombre comenzó a estrujarlo casi levantándolo del suelo.

—Oh Jo, Jo estás más pesado Dave—. Inquirió el hombre volviéndolo a dejar en el suelo. — Pero miren quien viene aquí. Hola muchacho—. Exclamó entusiasmado al ver a Rod correr hacia ellos con la cadena en su cuello haciendo ruidillo al movimiento.

El canino se paró en dos patas y movía lo que tenía de cola buscando la atención del Sr. Zöe, quien le acarició la cabeza y le dio unas palmadas en el lomo.

—¿Dónde está mi abu Didi? —. Preguntó Dave todavía pegado a su abuelo.

—Estaba arreglando su anaquel, ya vamos verla—. Contestó con tal ternura, todavía acariciando el lomo de Rod.

Se escuchó las puertas del auto cerrarse dejando ver a Hanji, Levi y Gretchen acercándose también.

—¡Papá! — Exclamó Hanji estirando los brazos hacia él.

—Ven aquí tú también—. Pidió el hombre abriendo un brazo hacia su hija y poder estrecharla en conjunto con su nieto—. ¡Levi! ¡Gretchen!

Rod regresó al lado de Levi y se sentó.

—Josh—. Pronunció Levi asintiendo un poco con el mentón.

El chirrido de una bisagra hizo que todos miraran hacia la puerta, Didi Zöe seguía agarrada a la puerta manteniendo una genuina cara de alegría singular.

—Daaaaaaaveeeee—. Exclamó Didi caminando con prisa, pasando por alto la presencia de su hija y reparando directamente en su nieto. — Mi corazón bello, mi galletita de jengibre. — Le besó la frente. — ¿Ya desayunaste, galletita? ¿Qué quieres de comer? Abu Didi te preparará algo.

Dave se había quedado tranquilo y recto recibiendo los mimos exagerados de su abuela.

Al instante Hanji carraspeó para hacer notar su presencia a su madre.

—Mamá—. Inquirió ella.

—¡Oh Hanji! ¡Estás ahí! —. La mujer exclamó sorprendida también reparando en la presencia de los demás.

—Estoy aquí—. Contestó Hanji riendo con un marcado ritmo cantado acercándose a su madre para besarla en la mejilla.

—¿Puedo comer wafles abu Didi? —. Preguntó Dave estando en medio de su abuela y su madre.

—Yo también quiero wafles mamá—. Secundó Hanji a Dave.

—Oh por Dios, vayan dentro. Por supuesto que podrás comer wafles, galletita—. Hizo aspavientos con las manos. — Vayan. Ya, rapidito. Bajarán las maletas o lo que tengan luego de desayunar. Ven aquí Levi, oh tú también estás más grandecito. — La mujer rio.

Después de tantos años Levi se habituó a las bromas ligeras de la madre de Hanji, lo cierto también, era que Didi lo trataba con una atención singular parecida al trato que le daba a Dave. De forma resumida Didi lo consentía hasta donde Levi se dejara consentir, es decir, con un té de menta de hojas frescas recién cortadas y un pastelillo de queso.

—Estás muy consentidora—. Comentó Levi a Didi.

Rod se adelantó a entrar a la casa siguiendo el paso de Dave, Hanji y Josh quedando sus voces un poco más atenuadas por la distancia. Finalmente se quedaron los tres atrás, Gretchen que caminaba tranquila junto a Levi y observando con mucho detenimiento la fachada de la casa, divisando dos sillas mecedoras en la explanada cerca de una ventana. Respiró con mayor amor todo el aire prendado de un maravilloso hedor a pasto, césped y tierra. Creía sentir tranquilidad en ese lugar en el que contadas veces había estado.

La casa por dentro relucía ordenada, el piso era de madera barnizada y las paredes cubiertas con papel tapiz. A lo largo de los años había pasado por algunas remodelaciones, adecuando en cada una de ellas, un arreglo al techo, a las ventanas, al piso, a la iluminación, a los muebles, al baño o la cocina. Tenía ventanas amplias por dónde se podía divisar el prado y el cielo, era una vista buena y más que buena era regocijante. La sala estaba impregnada por un aroma de hogar, dulce y algo salado que daba el indicio que en la cocina se estaba preparando algo que deleitar en esa mañana. Entonces, Dave, Gretchen, Hanji y Didi estaban encajados en la cocina a preparar wafles y café, pastelillos y té. Mientras que Levi y Josh se habían quedado en la sala conversando sus temas de interés: como que Josh le hablara de sus nuevos tapetes y los nuevos cojines que ahora se lucían en los muebles o, de esas nuevas cortinas ondeantes muy relucientes.

En voz baja ambos platicaron de manera sucinta sobre la resolución del caso con Montgomery y del proceso psicológico al cual Dave estaba también inmerso. Josh empuñó las manos sin esconderlas de Levi, en sus dientes chirriantes se denotaba el mal humor que aquel tema le producía, algo tan delicado e infausto suscitado en su nieto tan amado y único. Dejó escapar algunos improperios, siendo para nada habitual en él y que Levi tomó en consideración. Y que por supuesto que generaba en Levi también un revoloteo de emociones negativas.

La voz engreída de Dave pronto se acercaba, Josh lo escuchó y dejó de apretar sus puños, ligeramente su cuerpo dio un brinco y se repuso rápidamente para levantarse del sofá, apresurar el paso y colocar los individuales de mimbre en la mesa para los seis que olvidó colocarlos al distraerse con Levi quien también lo asistió para acelerar la tarea de arreglar la mesa mientras Dave esperaba en un lado con la jarra de jugo. Terminada de organizada la mesa, Dave colocó la jarra y algunos vasos de cristal en el centro, luego regresó a la cocina y volvió con una cesta de mimbre que contenía manzanas y peras. Detrás de él apareció Gretchen con una charola que contenía tostadas francesas, Hanji llevó dos platos con wafles y los colocó uno al lado del otro y que seguramente era uno para ella y otro para su hijo. Didi llevó la tetera y Josh sacó unas tazas de cerámica que sacaban del anaquel cuando tenían a su familia de visita. Se sentaron todos a la mesa. Josh quiso dar una oración antes de comenzar a comer.

—¿A qué hora salieron? Madrugaron mucho—. Inquirió Didi fijando su vista en Hanji.

—A las siete, como casi son dos horas el viaje desayunamos poco—. Dijo Hanji llevándose un trozo de wafle con miel de maple a la boca.

—¿Podemos ver a las vacas? —. Preguntó Dave a Didi.

La mujer mayor regresó su mirada enternecida a su nieto.

—Claro que sí, galletita. Termina pronto de comer y podrán ir. En la tarde sí vamos a hornear galletas después de la siesta. ¡Eh! No te olvides—. Le guiñó el ojo. — Hanji todavía no está listo lo que me pediste, en la noche podríamos hacer una prueba ¿Te parece? ¡Oh! Me olvido. ¿No se van a ir hoy o sí?

Levi se limpió los labios.

—Hanji quiso que fuera sorpresa nuestra llegada por eso no te avisamos de nada, no está en nuestros planes irnos hoy, tal vez mañana o pasado, según cómo ustedes quieran acogernos—. Dijo Levi sosteniendo su mirada entre Didi y Josh.

—Yo no tengo problemas—. Comentó con simpatía Josh. — Saben que ésta también es su casa así que quédense tanto como quieran. Nos vamos a divertir, ya tengo algo en mente: ¿Qué tal si jugamos en la noche?

—Bueno, ya quiero ver eso mamá—. Hanji hizo un guiño. Alrededor suyo nadie más aparte de Josh podría saber. — ¿Qué vamos a jugar? Yo postulo: a las escondidas—. Dijo con el mismo entusiasmo que tenía su padre.

—Ohh, Hanji siempre ha sido buena buscando escondites, de pequeña me daba mucho trabajo encontrarla. Solía esconderse en el granero debajo del heno o también en el gallinero y los animales parecían confabulados para esconderla, pues, se quedaban tranquilos que yo no sospechaba nada.

Todos se habían quedado quietos escuchando el relato del señor Zöe, acto que causó mucha ternura en Levi.

—Yo siempre pierdo con mamá—. Intervino Dave alzando los hombros. — Así que... Eh, quiero ganar—. Dijo finalmente habiéndose mostrado dudoso, quizás reformulando sus pensamientos.

Ante ese comentario Hanji no pudo evitar el esbozar una sonora carcajada para luego palmear ligeramente la espalda de su hijo.

...

Su madre agarró la cortina de la amplia ventana de la cocina y la amarró con una cinta, de esa manera ambas podían mirar hacia el prado: allá dónde Levi con Josh acompañaban a Gretchen y Dave hacia la majada. Ella sonrió ligeramente, le hacía bien saber que su familia estaba aligerando las cargas emocionales. Volvió a mirar hacia el prado, ya no los alcanzaba a divisar con claridad. Se remangó Hanji su blusa y tomó algunas verduras para ponerlas bajo el agua que salía del grifo abierto, fregaba con los dedos la superficie de las zanahorias y las cebollas. Su madre andaba detrás de ella sacando algunos ingredientes de la nevera y de los anaqueles.

—Es bueno estar en casa—. Comentó Hanji con cierto aire nostálgico, regresar al sitio dónde fue feliz durante su niñez y adolescencia le permitía revivir aquellos recuerdos.

—¿Qué pasa? ¿Todavía no te acostumbras a vivir en la ciudad? —. Preguntó Didi evidentemente riéndose.

—No mamá, ya sabes que no es así—. Reparó en la presencia de Didi colocándose a su lado para ayudarle a secar las verduras. —Me siento una niña otra vez aquí, quiero ir afuera con un frasco de cristal a conseguir insectos. Tengo una granja de hormigas ¿Sabías? Son muy trabajadoras ja, ja, ja. Ninguna tiene nombre, no sé por qué no he dedicado tiempo para ponerles un nombre.

—¿No será porque es inútil? Todas se han de parecer—. Inquirió la mayor.

—Cierto solo en parte mamá. Cuando regrese les asignaré nombres, le diré a Dave que me ayude. Aunque, ahora quiero hacer lo que te dije con el frasco de cristal. También ir al arroyo y ver qué hay de nuevo bajo el agua. ¿Aún no se desgasta la cuerda del columpio de llanta en el árbol de naranja? Quiero ir allá.

Didi dejó escapar un resoplido.

—Tu padre cambió la cuerda, una sentada más y alguien hubiera caído por ahí. A lo que voy: ¿Qué te pasa a ti? Estás muy melancólica, no es como si hubiera pasado mucho desde la última vez que vinieron.

Hanji tomó un pelador de papas para empezar a sacar la piel de la zanahoria, lo hacía lento, cuidando cada movimiento que hacía porque temía dañarse la piel con la cuchilla.

—No sé, ahora me siento así—. Respondió Hanji deteniéndose a examinar sus pensamientos con mayor profundidad.

—Josh ha cambiado hace poco las cortinas y las sábanas de tu habitación, a veces le digo que no debería de hacer la limpieza tan seguido, pero él insiste en mantener ese cuarto como si tú fueras a dormir aquí todas las noches, ya se le hizo costumbre y no se le olvida—. Se silenció y miró a su hija directo a los ojos. — Que pena que el tiempo a nosotros se nos terminó de disfrutarte aquí. Cuando te fuiste a la universidad créeme que mucho cambió para nosotros la vida, aun así, estamos tranquilos por tu prosperidad y tu familia, aunque tu matrimonio con Levi terminó todavía confío en que él te va a cuidar.

A Hanji el corazón se le aceleró.

—Ja, ja, ja, Puedo cuidarme mamá.

—De todas formas, Hanji, nunca sale mal tener un apoyo.

Hubo un momento en que el silencio se extendió demasiado en ambas mujeres, Hanji dedicada a pelar las zanahorias y Didi buscando ollas. Las palabras de Didi tuvieron un efecto temblor en Hanji, era cierto aquello que decía sobre el apoyo, ya lo había vivido a flor de piel junto a Levi, siendo él su soporte durante momentos difíciles.

Hanji silbó y dejó las zanahorias peladas en la encimera, regresó a mirar a su madre.

—Cuando en un día futuro y lejano Dave y Gretchen regresen a casa mi anhelo es que vean lo que yo vi cuando llegamos aquí, me refiero a ustedes y su vida juntos—. Dejó sus brazos tendidos a los lados de su cuerpo. — Quizás en mi caso es un poco difícil ya que Levi no vive con nosotros. Ah, pero, mira ahora: todavía convivimos en ciertos espacios y tiempos, por lo menos en estos momentos tenemos una familia tranquila. ¿Se puede decir así? Oh, bueno. En fin, somos compañeros de crianza y espero sea por mucho tiempo.

La madre de Hanji la había mirado con tal intriga, entrecerrando los ojos, echando los labios hacia un lado, algo en su mirar tenía escondido una pizca de complicidad.

—El agua va a romper en hervor—. Dijo y desvió los ojos hacia la estufa. — Un matrimonio sí que es difícil Hanji. Muchas veces tu padre y yo nos distanciamos, tú seguramente no lo notaste, pero al final de cuentas era a veces cosas sin importancia y Josh buscaba hablar para solucionar. Hoy por hoy, estamos muy calmos. ¿Qué más podría decirte? Mm, sigue así hija, solo quiero que tú estés bien, que mi nieto esté bien, y si tu familia está bien, esta que es tu otra familia también lo estará.

—Haré todo lo inmensamente posible, así es—. Inquirió Hanji, su voz ahora se escuchaba revitalizada, inyectada de entusiasmo que hasta batió sus brazos en el aire y desvió la mirada por la ventana hacia el prado, allá dónde su familia estaba.

Didi extrajo de la nevera una jarra con té helado, sirvió dos vasos colocando una rodaja de limón a la bebida que compartiría con su hija.

—¿Quieres ver cómo me va quedando el traje para Dave antes que los demás? —. Preguntó Didi, meneó el vaso alto de cristal y buscó con mucha parsimonia la reacción que esperaba de Hanji.

A ese instante la frenética energía de su hija se hacía se presente en el gran sonrojo y el rostro compungido por una alegría que no podía dejar salir a flote sin que terminara saltando.

—¡Quiero verlo!

...

Los patos graznaban, nadando sobre el agua del riachuelo, la conducta impronta de los hijos de la pata salió a relucir cuando esta se dirigió de nuevo a tierra y sus crías le seguían el paso detrás de ella formados uno tras otro, a veces uno sobrepasaba a otro o a veces uno se iba quedando entretenido con algo que vio en la tierra. Todos aquellos patos eran observados con ahínco por Dave, posicionado de cuclillas a un metro aproximado de distancia con ellos. Detrás suyo escuchó las pisadas en las hojas secas, por el tiempo que tomaba el sonido de una pisada con otra intuía que ese caminar corto y rápido era de ella, quien se acuclilló también a su lado, sujetándose con los brazos a las piernas para no dejar caer su cuerpo hacia atrás y mantenerse en aquella posición. Aunque los patos ya tenían unos centímetros más y más lejos Dave seguía mirándolos a su distancia sin tratar de seguirlos.

Gretchen desvió la mirada hacia los patos y luego volvió a reparar en su hermano, en su mirada tierna que dejó extendida por varios minutos. Sopló aire un poco más fuerte haciendo que a ambos las hebras de cabello se les amontonaran en el rostro y les pícara la piel de la nariz. Las hojas por igual acción se fueron moviendo con el viento a ser puestas en otro sitio; a quebrarse y desmenuzarse con alguna pisada futura para mezclarse con la tierra, finalmente perdiéndose en algo tan grande.

Dave exclamó un sonido que pretendía hacer que su hermana se asustara, pero en realidad lo que obtuvo fue que ella se viera en la abrupta situación de perder el fino hilo que la conectaba con la estabilidad de su cuerpo, pues, de la impresión del acto chistoso de él, ella brincó un poquillo y al segundo estaba su cuerpo inclinándose hacia atrás por lo cual estiró el brazo echando un manotón a dónde pudiera sujetarse: llevándose a Dave con ella.

—¡Bobo! — Exclamó Gretchen riéndose de medio lado y espolvoreando con sus manos las hojas secas que a Dave se le pegaron en la espalda.

Todavía ahí sentados, Dave se quedó quieto con los brazos aferrados a sus piernas. Tenía ahora su atención fija en el anillo vistoso que descansaba en su dedo corazón izquierdo, brilloso y sinuoso, algo pretencioso todavía, ya que Dave creía ahora que aquel accesorio parecía la prueba irrefutable de pertenencia sobre alguien.

Sacudió la cabeza, Gretchen lo notó.

Ella había puesto su mano, aquella en la que reposaba el mismo anillo, sobre la suya para transmitir confort hacia su persona. Se culpó por sus pensamientos ajetreados, algo insípidos que iban en contra de lo que pensó en un primer instante como concepto a la existencia de los aros entre ellos. No debía ser así, sus pensamientos no debían ser así puesto que ya tenían marcado un concepto y aquello no podía simplemente dejar de existir. Recorrió con su pulgar el material frío del anillo, acarició de un lado al otro el anillo que pertenecía a Gretchen, quien de repentino había alejado su mano para tratar de levantarse. Una vez parada estiró el brazo para ayudarlo a él a que también lo haga.

—¿Por qué están ensuciándose la ropa? —. Intervino Levi con la voz cargada de corrección, apareciendo a espaldas de ellos.

Gretchen y Dave se miraron entre sí y ambos hicieron el mismo gesto facial, aquel que daba a entender de que habían sido descubiertos y les esperaría un castigo (por solo exagerar) en realidad estaban ya lo suficientemente grandes para recibir un castigo de su padre ¿Tal vez no? Tal vez sí, uno apropiado según Levi.

—Déjalos, déjalos Levi—. Intervino Josh con voz calma apareciendo también detrás de Levi — déjalos ser y que se revuelquen como cerdos en el fango ¡es muy divertido!

Levi suspiró y se llevó una mano a la frente. Las actitudes de Josh no hacían más que evocarle memorias respecto a Hanji.

—Lavarán esa ropa está misma tarde, no van a dejar para llevarla—. Dijo Levi como un decreto al cual regirse y respetar.

Avanzaron hacia el gallinero, Dave quería ver a las gallinas por supuesto. El lugar estaba un poco polvoso por las motas que espolvoreaban las aves gordas al aletear con fuerza, a Levi la nariz le picó y prefirió quedarse fuera, desde la puerta observaba a sus niños. Sacó un pañuelo de su bolsillo e inmediatamente se lo colocó en la nariz a cubrirse el estornudo. Pocos minutos después ya tenía la punta de la nariz un poco roja por la constancia con que se restregaba la humedad que salía de sus fosas nasales con el pañuelo. Aún con su alergia encendida no quiso regresar a la casa para tomar algún medicamento y un té caliente como le sugirió Josh, en cambio, se mostró tozudo y se quedó ahí con ellos. Andando por los demás lugares, el mediano rebaño de Josh y las vacas que se encontraban en el pasto a esa hora de la mañana. Un poco a lo lejos había un hombre de mediana edad, con botas de cuero y un sombrero, seguro un trabajador de la granja al cual Josh le alzó la mano desde lejos.

Después de que Dave y Gretchen observaran a las vacas, Josh los encaminó a todos al terreno dónde se cultivaba la tierra, allí también había dos trabajadores a quienes Josh tuvo que acceder en servicios ya que a él los años y la salud le habían quitado algunas capacidades para continuar cultivando hortalizas. Eran hombres que vivían no tan cerca y que gustaban de ese oficio. A menudo cuando el sol se posicionaba en el punto más alto indicando así el medio día, ellos dejaban su labor por una hora, en dónde acudían a la casa de Didi a calentar la comida que ellos llevaban en sus loncheras y que daban cuenta de alguna persona de importancia para ellos detrás de esos alimentos preparados.

—Vamos a ver esas fresas—. Dijo con mucho ánimo Josh entregando a los tres una canasta de mimbre.

Levi alzó su canasta hasta la altura de sus ojos y luego la bajó para detenerse a observar a Dave con Gretchen caminando de manera apresurada entre los sembríos de fresa dónde se internaron sin esperarlo a él. Con mucha más calma junto a Josh les fueron siguiendo el paso. Al frente, a muchos pasos por delante ya Dave había obtenido algunas fresas para su canasta, iba seleccionando dependiendo de la intensidad del color rojo que tenían ya que indicaba la madurez del fruto. Al igual que él su hermana estaba empecinada por obtener unas buenas fresas tanto en tamaño como en el rojo vivo que las caracterizaba.

—¿No has tenido problemas con alguna plaga? —. Preguntó Levi a Josh.

El hombre miró a su alrededor y volvió a reparar en Levi.

—Casi pierdo el trigo, estuve muy cerca. Uff hubiera sido una lástima—. Comentó y se sobó la frente con el antebrazo.

Levi agarró un par de fresas entre sus dedos, las aprisionó por la cabeza y las jaló un poco consiguiendo desprenderlas de la mata, las colocó en su canasta y se quedó escuchando la continuidad del relato de Josh.

—Una completa lástima te digo Levi, la plaga parecía firme y arraigada. Mucho tuvimos que hacer, tú sabes, la fumigación, etcétera... Un tiempo después y con mucha paciencia logramos salvar el trigo—. Tenía su característico tono simpático a ese segundo de la conversación. Se había detenido a observar con mucho ahínco las fresas que estaban dispuestas frente a sus ojos, las acarició brevemente y las dejó para que siguieran madurando aquellas. — Fue difícil, pero lo difícil no es eterno: casi siempre me digo lo mismo cuando llega algo que no me gusta a mí o a Didi.

Ante esas palabras Levi se había quedado algo quieto y con el pensar muy alborotado. Inhaló hondo aire en sus pulmones, retuvo el aire por unos segundos sin mirar ahora a Josh, solo al frente dónde estaban las fresas para finalmente exhalar por la boca. Quiso distraerse de sus pensamientos yendo por otras fresas y llenar su canasta que todavía lucía muy vacía a comparación de la del hombre que iba a su lado.

—Si hay algo que quisiera preguntarte, ¿Estarías de acuerdo en responder? —. Emitió aquello apretando los labios y alzando la mirada hacia su interlocutor.

Josh lo miró con una ligera seriedad, que luego pareció esfumarse con el viento que sopló.

—Una vez hecha la pregunta, que más toca—. Respondió aligerando su rostro de la tesitura y percibió un leve acuerdo en el rostro neutral de Levi.

Empezaba a alzarse bastante la potencia del sol, llenando el campo a sus ojos pequeños de un brilloso verdor y un saludable azul en el cielo manchado por nubes que iban tomando diferentes formas. Escuchó la risa de sus hijos acercándose. Instantáneamente giró su rostro para verlos caminando con las canastas un poco a rebosar de fresas y la cara a ambos llena de deseos por hablar. Pasaron al lado de ambos, Dave dijo que irían a la casa a preparar un licuado con las fresas que tenían. A todo eso Levi decidió ir tras ellos, como queriendo pisarles los pies con cada paso. Se había percatado que la alergia se le había disminuido al ser consciente que sus estornudos disminuyeron.

—¡No corran! —. Amonestó Levi alzando un poco la voz hacia ellos, quienes poco le tomaron atención y no disminuyeron el correr.

Una mano pesada se tendió en su hombro cuando estuvo a punto de volver a amonestar contra Dave y Gretchen.

—Déjalos Levi. Si se caen ¿Qué puede pasar? Que se dañen las rodillas como mínimo—. Comentó con tono burló.

Levi dejó escapar un silbido de cansancio.

—No quiero que se dañen, podría ser que hubiera algo peligroso por ahí escondido y uno se fuera a dañar una pierna. No me mires como si estuviera loco, Josh. Ah qué mierda, pise estiércol —. Exclamó con un poco de molestia quedándose parado. Tenía la intención de querer quitarse la bota, situación que no sería nada beneficiosa.

—Ja, ja, ja, vamos Levi, ahora tienes que lavar esa bota—. Dijo Josh aquello sabiendo que no era ninguna ofensa sino más bien que era una acción futura que anticipaba de Levi. — ¿Me ibas a preguntar algo? ¿Qué era?

Levi se detuvo de arrastrar la bota en el suelo polvoso, había abierto tanto los ojos.

No era costumbre de los niños tomar siestas por las tardes, sin embargo, no se oían ellos dos para nada en toda la casa. Con tanto silencio y sosiego Hanji quería en parte dormitar unos minutos sabiendo que aquello podría convertirse en horas: se reclinó en uno de los muebles y seguramente se hubiera dormido si no fuera porque Levi encendió la aspiradora a unos pasos de dónde estaba ella reclinada. Se mordió el labio inferior y abrió los ojos, buscó los lentes con la mano y de nuevo se los colocó. Se reclinó de nuevo, colocó el codo encima del respaldar del mueble y se dedicó a observar a Levi de un lado para el otro. Lo más probable fuera que en su rostro estuviera grabada una especie de película con sus ojos y su boca que hicieran énfasis en la molestia surgida tras una interrupción con semejante ruido.

Su acompañante parecía ignorar cualquier amonestación que pudiera hacerle, claro, Levi debería intuirlo: siendo que tampoco era de su costumbre, es decir Hanji, tomar siestas por la tarde. Ella siempre tenía algo que hacer, una mente inquieta que solo podía frenar a través del que hacer, de su que hacer científico. Dadas las circunstancias y el lugar donde se encontraba, el sueño la había visitado, los deseos se le instalaron, pero se dispersaron en cuanto Levi se impacientó por limpiar la casa, misma que no se encontraba sucia. Y a todo eso, ella se quedó observándolo andando él con el plumero luego, dejando la aspiradora y buscando un trapeador.

—No te lo puedo creer, Levi. Hoy tenía ganas de dormir—. Dijo Hanji calzándose las pantuflas.

—Puedes dormir en la noche—. Respondió él brevemente regresando a verla.

Hanji arrugó los labios e hizo un bufido, se levantó del mueble y terminó diciéndole a Levi que iría arriba, a la habitación que previamente el hombre limpió dejando de nuevo en evidencia que necesitaba siempre cerciorarse que todo estuviese fresco. Entonces, ella lo dejó solo. Al andar por el pasillo de las habitaciones rodeó brevemente la habitación que aún sus padres compartían: ahí estaba su madre durmiendo, su padre poco rato atrás salió. Pasó de largo, hasta dar con una puerta que le traía muchos recuerdos de su infancia: se hallaba frente donde fue su dormitorio, en ella confirmó que los niños estaban durmiendo. ¿Quién no lo haría? La granja tenía un silencio bueno y reconfortante que era diferente al silencio un poco frío y ventoso de la mansión. Sí, Hanji creía que ambos silencios distaban muchísimo de lo que pudieran ofrecer. Aunque un poco lejos, los animales emitían sus sonidos salvajes, característicos de su propia raza dejando una estela de buen humor por quien lo escuchase.

Respiró hondamente Hanji, el sueño ya no lo tenía. Mas sin embargo, decidió seguir a la tercera habitación que ocuparía. Aún no sabía dónde dormiría Levi, se daba lugar para dudar todavía siendo que en anteriores ocasiones el hombre habituaba dormir en un mueble. Resopló por ello. O, a veces compartía una cama con su hijo. Dejó entreabierta la puerta, esa habitación olía muy bien y desde la ventana se podía visualizar muy bien el campo. En una esquina vivía un viejo modular de libros, se acercó y buscó a tientas uno de ellos. ¡Oh! Tenía en sus manos un libro de cuentos infantiles, una verdadera reliquia por su antigüedad. Buscaría un cuento, uno de los trescientos sesenta y cinco que contenía el libro y se lo contaría a Dave por la noche. ¡Eso haría!

Mientras ella examinaba aquel libro, en la habitación contigua un varón joven empezó a mover sus párpados con mucha pesadez. Le tomó unos segundos recobrar los recuerdos de cuando se durmió unas (mirando el reloj) dos horas atrás después de la comida. Eran casi las tres de la tarde y tenía un poco de calor. Echó la mano hacia abajo y tocó el pelaje sedoso de Rod, quien con ese toque se movió también y emitió un sonido desde su hocico dando a entender que él también necesitaba estirarse y bostezar. Dave sonrió débilmente y volvió a acariciarlo, a los segundos su mano se quedó quieta porque el estupor del sueño aún era fuerte en él: dejó que sus ojos se cerraran, la pesadez era abismal. Escuchó el canto de un gallo muy lejano. Al rato escuchó que alguien caminó por el pasillo. Más después Gretchen, quien estaba acostada a su lado, se levantó. Por los movimientos de ella supo que se había quedado sentada en la cama, quizás unos minutos y después se levantó a caminar por la habitación, habría de seguro ido a la ventana: escuchó Dave las cortinas al moverse.

En un rato se dio cuenta de que ya no tenía sueño, que estaba muy pendiente de lo que sucedía a su alrededor solo con la percepción. Sabía que no debía haber puesto tanta atención a su entorno ya que de lo contrario podría estar de nuevo dormido. Pero tenía una sobre atención en los sonidos que podía captar; de nuevo el gallo, los pajaritos, unas vacas, el aleteo de un ave, el suspiro de Gretchen y el rechinar de las tablas cuando ella comenzó a moverse por allí.

La puerta se cerró y Dave abrió los ojos, parecía estar fastidiado por algo. Bufó y se recostó de lado, de esa manera la luz no le molestaba tanto en el rostro. Se abrazó a la almohada que Gretchen dejó libre y se quedó ahí sin moverse y con los ojos cerrados. De vez en cuando abría los ojos, se hallaba solo en la habitación. No sabía con exactitud cuanto tiempo se mantuvo en aquella posición hasta cuando escuchó un gritito.

Por efecto inmediato se levantó apresurado y se dirigió hacia dónde creía que procedía el gritito. Al fondo del pasillo, la puerta del baño se abrió y por ella salió su hermana en estado de alteración. Iba sujetándose la toalla al cuerpo, su cabello estaba lleno de espuma de shampoo y su piel parecía babosa por el jabón.

La interceptó:

—¡Un grillo! — Exclamó con lágrimas en los ojos—Se me subió aquí—. Dijo con voz temblorosa señalándose el muslo izquierdo. Sus pies descalzos iban arrastrando humedad, consecuentemente el agua que le escurría del cuerpo también iba dejando humedad.

—Yo lo saco—. Dijo Dave con voz calma, le inquietaba el estado de ella. Pocas veces había sucedido lo del grillo, y alguien terminaba haciéndose cargo del insecto. — Espera en la habitación.

De una puerta salió Hanji.

—¡Hey! ¿Qué pasa? —. Preguntó ella y vio como Gretchen entraba a la habitación y Dave se encaminaba al baño.

—Es un grillo—. Respondió él. Escuchó detrás otras pisadas. — Lo voy a dejar afuera. Así Gretchen no lo verá.

Levi frunció las cejas, alcanzó a escuchar lo que dijo Dave y se tranquilizó, pues creía que algo peor ocurrió (desde su perspectiva) y por eso su hija gritó.

—Buena idea Dave—. Convino Hanji en decir alzando su dedo pulgar para ratificar sus palabras.

Dave ingresó al baño, había mucha humedad y vapor. No hallaba al grillo, pensaba que debería estar bien escondido después de caer por la ventolera del baño que no tenía mallas. Apareció un sonido seco, entornó los ojos hacia donde provenía el sonido, aquel inescrupuloso inocente que era capaz de azotar a Gretchen en terrible miedo con su presencia pequeña y de patas puntudas. ¡Ah! Lo escuchó de nuevo, al parecer trataba de subirse al tanque del inodoro. Fue fácil cazarlo. Estiró el brazo habiéndolo localizado, trató de no ejercer mayor presión con su puño. Cuando salió del baño con el insecto encerrado en su mano, divisó a su abuela que se había despertado y a Levi secando el piso.

—Aquí está— Dijo él como si se tratara de algo realmente esperado por todos. Reparó en la mueca de hastío de su padre y la contraria expresión de su madre que caminaba en su dirección.

Le hacía cosquillas que el grillo intentara moverse en su mano.

—Debe ser muy hermoso ¿me lo puedo quedar? —. Inquirió Hanji, tratando que Dave abriera más la mano y ella poder observar el insecto.

Levi bufó.

—Lo dejaré en un árbol, ahí estará mejor—. Respondió Dave y Hanji hizo un mohín con los labios.

—Ya que estamos despiertos, es hora de comenzar a hornear así que ve rapidito y vuelve para que te laves las manos—. Terció Didi, se acomodó sus lentes y volvió a entrar a su habitación a buscar un ungüento.

Dejado el grillo en otro ambiente, Dave volvió a ver a Gretchen quien estaba más calma junto a Hanji. Al parecer se disponía su hermana a culminar su ducha interrumpida. Había caído en cuenta de que no era la quinta vez que le sucedía lo mismo en un baño. Se escuchaba simple para cualquier persona que no fuera quien padeciera del horrible terror, específicamente con los grillos. Gretchen todavía se mostraba recelosa a entrar, abriendo los ojos en exuberancia y mirando por todos lados. Dave le aseguró que no había otros grillos y Hanji le dijo que, si encontraba otro pues que llame, así con tanta calidez y calma.

Una hora después, Dave y su abuela Didi estaban en la cocina, estirando la mesa de galletas y cortándola con unos cortadores bonitos en forma de flor. Pronto la cocina obtendría un aroma cálido que dejaría suelto el azúcar avainillado para atraer a algunos otros entes, endulzarlos con la pócima secreta referida al amor depositado en aquellas galletas. ¡Hanji! La primera en cruzar la puerta de la cocina y quedarse a observar las rejillas llenas de galletas horneadas a esperas de que enfriasen y poder hurtar una o dos de ellas.

Decidió Hanji regresar de inmediato a hacerle compañía a Gretchen a dónde ella estaba sentada en la mecedora del portal. En su regazo tenía lana y unas agujas, estaba tan concentrada tejiendo que ni siquiera parpadeó cuando Hanji le metió la mitad de una galleta que hurtó de la cocina a la boca. Ella masticó y dijo que estaba buena aún con la boca llena, arrugó el entrecejo y finalmente hizo una mueca de resignación al darse por vencida con que aquello de tejer pues le estaba resultado de lo más complicado. Y Hanji dijo que podía enseñarle, que no era experta, pero podía tejer un pañuelo de veinte centímetros. A todo eso las interrumpió Rod corriendo, subiendo las cortas escaleras hacia donde ellas estaban para moverles la cola. Detrás venía Levi con Josh, ambos lucían algo sudados por haber estado cortando leña, la misma que usarían para cocinar de manera tradicional al fogón.

—Vengan todos, las galletas están listas.! ¡Oh! De nuevo has ensuciado tanto esa camisa blanca Josh. ¿Cuántas veces te he dicho que cuando vayas a cortar leña uses algo viejo y oscuro? —. Inquirió Didi desde la puerta de la casa, sacándose el mandil. Detrás suyo estaba Dave. — Bueno, apresúrense. — Dijo haciendo un ademán con la mano. Vio como Josh se quedaba mirando su camisa en lo que precisaba estaría corroborando la suciedad.

Los hombres fueron hasta la parte trasera de la casa para dejar la leña, antes ellos habían escuchado unas risas pavorosas por parte de las mujeres sentadas con la lana. Y Levi era quien no se mofaba del llamado de atención a Josh. Ya poco rato antes también le hizo énfasis de que cuidara su ropa.

—Mermelada de fresas y crema de avellanas, unten lo que quieran—. Dijo Didi haciendo una ligera presentación a todos de las galletas redondas y sencillas que horneó junto a su nieto. Escuchó los murmullos de emoción por parte de los demás, menos de Levi porque él era más callado. — Esta se fue quemando un poco yo me la como—. Dijo y estiró la mano para tomar la galleta, pero para su desagrado su esposo se adelantó a tomar la galleta y sonreírle.

—Ñam Ñam, está tendrá más sabor—. Dijo con su casi pegada sonrisa en el rostro meneando la galleta para que todos la vieran.

Hanji observó aquella acción, no había tanto silencio por las palabras arrebatadas de los niños en torno a la crema de avellanas, y, sin embargo, se quedó un ratito pensando, tomando el cuchillo de mesa para untarle mermelada a su galleta. «Cuánta fortuna» Pensó y mordió la galleta, Levi estaba a su lado esperando por el cuchillo que una vez que ella lo soltó él lo tomó. «Sí, cuánta fortuna tengo». Pensó observando a todos con un cariño incalculable, aunque el amor que desbordaba por su hijo era quizás mucho más grande que cualquier otro. Aunque el camino fue y será difícil, según la perspectiva de Hanji, podía darse el lujo para decantarse con la vividez del momento que luego sería un recuerdo. Pasaron un tiempo más todos juntos alrededor de la mesa hasta acabar con las galletas, charlando un poco, riendo un poco, lo que sea estaba bien. Así como estaban, estaban bien para ella.

Un poco de frío empezaba a colarse por la casa cuando llegó la noche. Era costumbre de los Zöe tomar la cena a las siete de la noche, no era reglamentario, podían hacer la excepción de media hora más tarde. Lo hicieron, comieron una cena sencilla con pato cocinado en leña, aquel pato ya lo tenía Didi desde el día anterior congelado en la nevera. Entre adultos hicieron memoria de la ocasión en que Dave se encariñó con un pato cuando era chico, se había abrazado al cuello del animal y llorando les dijo a sus abuelos que no se lo comieran. Ellos le prometieron que así sería, que para cuando regresaran el pato iba a estar ahí. Unos meses luego, le mostraron un pato del mismo tamaño a Dave y le hicieron creer que era el mismo al cual le dio besitos en la cabeza. Mejor sería si el niño no se enteraba de eso. Aunque, si le preguntaran ahora a Dave seguramente caería en cuenta de que sus abuelos en algún momento de la vida tendrían que haberse alimentado del pato.

—Vengan todos aquí, ajá, siéntense, pero no tú galletita—. Señaló Didi a Dave quien miró a todos en busca de una señal que le diera a comprender lo que sucedía. — Ya le había dicho a Hanji que todavía no estaba terminado y aprovechando que están aquí vamos a hacer una prueba. — Comentó la mujer alzando una bolsa negra la cual abrió y metió la mano para extraer el pedido de su hija. La escuchó murmurar a Hanji con mucha emoción cerca de ella, llevaba ella las manos empuñadas y la respiración pesada.

—Y... ¿Qué es eso? —. Preguntó Dave con total ingenuidad.

Levi y Gretchen estiraban el cuello para deshacerse de la incógnita, del secretillo entre Hanji y Didi siendo que al parecer Josh también era cómplice.

—¡Ta—da! —. Exclamó Didi alzando en lo alto con su mano el traje aquel verde zarandeándolo un poco. — Vamos Dave, ven a ponértelo y regresa.

—Ahhh, ya quiero verlo puesto en ti cariñito—. Inquirió Hanji llevándole a las manos el traje de dinosaurio que ella le pidió confeccionara para Dave.

Observó la reacción de su hijo, una reacción natural de confusión que luego terminó en una corta risa nerviosa.

—¿Es mío? —. Preguntó él, como si no fuese lo obvio.

—¿Y de quién más será? —. Soltó desde atrás Josh para terminarse de carcajear.

A todo eso, Levi se había mantenido silenciado, en su interior se estaba gestando un humor saludable ante las ocurrencias de Hanji con su madre. A su lado Gretchen, que se había mantenido quieta, se levantó ahora también contagiada de la vibración de los demás. Miró Levi como todas las mujeres instaron a Dave a que se colocara el traje ahora por encima de la ropa que cargaba puesta, las tres, alrededor de él dando pequeños saltos de emoción y ayudándolo a qué introdujera las piernas y los brazos. Hanji terminó subiéndole el gran cierre de la espalda, dónde tenía algunas escamas que todavía no estaban del todo cocidas. Lo que más daba ternura en sí, además del innegable dinosaurio en que ahora estaba convertido Dave, era la panza amarilla que le daba un aspecto muy redondo y tierno.

—¿Por qué te ríes? —. Preguntó Dave a su papá, siendo que detectó en su padre una ligera pizca de burla al querer contener los labios.

—Todos se están riendo—. Dijo Levi como si fuera suficiente justificación, claro, Josh intentó ocultar su risa con una disimulada cara de ternura.

—Mi lindo, lindo dinosaurio. ¡Qué precioso! —. Exclamó Hanji tomando a Dave por el rostro. Ella elaboró una contundente y magistral expresión de amor y emoción, lo más seguro fuera que su rostro estuviese extasiado y derramando un poco de saliva. — ¿Te ha gustado?

El menor relajó su rostro que estuvo lleno de rojez y bochorno por tanta atención sumado al repentino atuendo jurásico. Si se quedaba quieto como lo estaba haciendo, justo así: tranquilo observando a su mamá podía concretar en que se sentía protegido y afortunado. Protegido al sentir la presencia de las personas más importantes y de mayor confianza para su persona, sabiendo que estaba lejos de cualquier mal. Afortunado por la calidez que podía percibir por el atuendo, que si bien sabía su mamá era una gran aficionada de los dinosaurios y que se conjugaba con la destreza de su abuela en la confección dando como resultado algo un poco extravagante y lleno de amor. Se preguntaba ¿Cómo se suponía que debería usarlo? Si era un obsequio, entonces tendría que ocuparlo en algún momento. ¿Fiesta de pijamas? La cola sería un problema. ¿Fiesta de Halloween? Podría ser, pero siempre optaba por disfraces de personajes lúgubres. Tomar al dinosaurio para Halloween sería como regresar a ser un niño y que si lo pensaba mejor aquello no estaba tan mal porque al final de todo quería seguir siendo el niño de todos ellos.

Un deseo que hasta ese momento se gestó dentro de sus anhelos.

—Aún no está completamente terminado, creo que no necesitará de muchos ajustes. En cuanto esté listo ¡Lo enviaré a tu casa! —. Dijo Didi para Hanji.

...

Los grillos a esa hora de la noche se escuchaban un poco lejos, ninguno cerca y eso era beneficioso para Gretchen. Le reconfortaba escucharlos, como en la dulce noche, pero sentirlos encima suyo o por lo menos que estuvieran demasiado cerca era una cuestión diferente. Ahora que estaba tranquila escuchándolos y mirando a través de la ventana hacia el campo, podía conciliar en que era posible convivir respetando espacios. El sonido de las copas de los árboles se movía naturalmente con el viento y que ella podía sentir sobre la piel de su rostro aquel aire fresco llevado. Inhaló hondo y dejó escapar un resoplido de gozo ante la tranquilidad. Escuchaba detrás de ella el cómo Hanji platicaba con Dave antes de que se fuera a dormir.

—Me gusta dormir aquí, en tu habitación—. Escuchó que dijo Dave. — Ya me imagino lo que escuchabas cada que te despertabas mamá.

La mujer despejó la frente de su hijo de los cabellos, los hizo a un lado con los dedos y luego se aproximó hasta besar en medio de sus cejas. Repitió hasta tres besos y terminó por quedarse a su lado. Cerca de ellos reposaba el libro de cuentos que Hanji leyó en la tarde, acaba de leer uno de ellos para los niños. Y ahora solo estaba descansando un poco junto a Dave.

—Bueno, de ahora en adelante esta va a ser tu habitación ¿Qué crees? —. Comentó Hanji a la vez que se desplazaba fuera de la cama.

—Casi siempre he dormido aquí—. Respondió él.

—Ja, ja, ja bueno ya, ahora es oficial. Ya te estás durmiendo cariño—. Dijo Hanji, quedándose quieta cerca a la cama. Miró como Gretchen vestida con su pijama se deslizaba por debajo de la frazada. — Duerman bien, cuidado los mosquitos. Aquí está encendido el repelente—. Señaló en el enchufe un aparato que contenía una pastilla de Raid.

—Aún es algo temprano, pero como Dave fue el primero en levantarse hoy está ahora muy cansado—. Inquirió Gretchen subiéndose la frazada hasta el pecho.

Hanji afirmó y comenzó a caminar hacia la puerta, tomó el maniobro y haló un poco dejando ahora la puerta entreabierta. Un poco de tiempo antes Didi le había hecho un comentario respecto a que Dave no durmiera con su hermana, ella decía que debería dormir en otra habitación, pero Hanji alegó que así estaba bien, no había nada por lo cual hacer un problema dándose el espacio para comentarle a su madre que su hijo dormía más tranquilo si Gretchen estaba a su lado. Situación que a Didi le generó un poco de malestar. Hanji le repetía que dejara de pensar como lo hacía, pues ella creía firmemente en el beneficio de tranquilidad que la hermana le brindaba.

Y Didi decía en voz baja que Hanji permitía demasiadas cosas, que era muy suelta. Y si ella no le decía a Levi lo que pensaba al respecto de esa confianza entre hermanos era porque Hanji le había dicho que no lo haga, que Levi lo sabía y supuestamente él actuaba igual que ella. Y es que Didi Zöe manejaba ciertas restricciones, siendo criada ella en un hogar dónde las mujeres y los varones tenían espacios marcados de convivencia. Siendo aquella su crianza, todavía se le hacía tan difícil el concebir que Hanji y Levi permitieran tales conductas.

Por parte de Hanji, hacía los reiterados intentos porque su madre comprendiera un poco de la dinámica más próxima en que su familia estaba gestada, haciéndole conocer que el respeto y el amor los manejaban mutuamente y entre todos: como la familia Zoe. Estaban ambas hablando en voz baja antes de bajar por las escaleras, allá abajo se escuchaban las voces de Josh y Levi.

—Tú no le vayas a decir a Levi que le di huesos a Rod—. Dio un ligero palmoteo a Hanji en el hombro de ella. Quería asegurarse de que Levi no se fuera a enterar ya que el perro tenía una alimentación que consistía en los diversos balanceados y proteínas siendo que el canino no ingería otros alimentos. — Solo comiendo esas pepas duras, ha de estar cansado de eso el pobrecito.

—Pero se las humedece con la proteína y un poco de agua—. Dijo Hanji con voz baja en los últimos escalones tocando al fin el suelo.

—No importa.

En la sala se encontraron los cuatro, como estaban solos platicaron más a fondo sobre algunos temas. Que si bien antes Levi y Josh tuvieron la oportunidad de hacerlo ahora compartían entre todos alguna que otra información con mayor soltura ya que los niños estaban en la habitación. Los mayores habían seguido el pedido que Hanji les había hecho respecto a no mencionar nada en frente de Dave sobre el caso, ni preguntarle nada, aunque sea la noble intención de querer saber el cómo se encontraba de esa situación. Quizás podría preguntarse, pero manejando muy bien las palabras para que el muchacho no cayera de nuevo en el recuerdo, algo muy rutinario. Lo cierto era que por lo menos iban funcionando las reglas explícitas que marcaron para la convivencia. A Hanji todavía se le escurrían las lágrimas, sea por el coraje, la impotencia o la tristeza. Enseguida Josh la contuvo en sus brazos, un abrazo cálido que podía brindarle a su hija para consolarla. Parecía su Hanji ahora era una niña frágil y que bueno que él estaba ahí. ¿Cuánto tuvo que resistir siendo fuerte ella misma para cuidar y consolar a su hijo después de lo sucedido? Acercó una servilleta al rostro húmedo en lágrimas de Hanji, secó brevemente mientras le decía que estaba bien, que llorara cuánto quisiera ya que ahí estaría él secándole las lágrimas. Sentía Josh que a él también la cara se le ponía caliente. Observó a Levi, quien, sentado en el mueble cercano, parecía angustiado. No, no parecía. Lo estaba. Sería lo esperable ante la situación por la cual tanto Hanji como él compartían el mismo malestar y dolor.

—Okey. ¿Cómo te sientes? ¿Más alivio? —. Preguntó con voz tranquila Josh. Volvió a repasar la servilleta por la mejilla de Hanji, ella afirmó sin emitir alguna palabra. — Así está bien mi vida—. Sus ojos se conectaron con los cristalinos todavía de ella.

Didi se acercó con un vaso de agua azucarado y se lo extendió a Hanji, ella lo tomó y bebió hasta la mitad.

—Levi. ¿Por qué no llevas a Hanji a tomar un poco de aire? —. Quiso saber Josh parpadeando de manera intermitente para el hombre quien se levantó y no dudó en llegar hasta ellos. — Ve, ve con Levi—. Susurró dándole unas palmaditas en la espalda a ella.

La sala se quedó vacía. Ellos dos salieron hasta la parte frontal de la casa, Hanji quería recostarse en una de las mecedoras. Se escuchaba el cómo sorbía por su nariz para luego terminar limpiándose con un trozo de servilleta que aún tenía en la mano y que poco a poco se deshacía por la humedad. Levi la asistió proporcionándole el pañuelo que llevaba consigo siempre guardado. Se quedaron en silencio, ese silencio cortado por los hipidos más lentos de ella y por los sonidos propios que podían recoger de la naturaleza que los rodeaba. El aire que podían respirar estaba tan fresco y con un aroma silvestre que le devolvía a Hanji una sensación de tranquilidad.

—¿Escuchas eso? El croar de las ranas es intenso—. Comentó Hanji con el pañuelo de Levi instalado bajo sus fosas nasales al recoger el líquido translúcido que pendía por salir. Se quitó los lentes. Percibió un leve murmullo de la garganta de Levi — Lo siento, sé que me pediste que fuera fuerte.

El hombre volteó su mirada en ella, escudriñándola toda, la distinguía moverse ligeramente en ese vaivén sereno de la mecedora. Los labios resecos, la cara revuelta, la mirada afligida que buscaba a ciegas hacia el frente algo que mirar, o quizás no buscaba algo específico, solo estaba allí mirando sin mirar. ¿Qué esperaba de ella? No demasiado, casi nada. Sentía su misma desdicha, como padres, como amigos o compañeros que se decían ser. Ahora mantenía Levi los ojos gachos, su expresión se volvió blanda y ajena, y su cuerpo se quiso derretir ahí en la mecedora.

Un insecto voló cerca de su rostro a lo que instantáneamente abofeteó en el aire para espantarlo.

—No te comprendo, ¿Por qué lo sientes? Ni siquiera te he dicho algo—. Dijo Levi sacándose aquel abrigo que no tenía cierre. Se lo lanzó a Hanji sin esperar siquiera un pedido del mismo. — Es más, no tengo algo que amonestar.

—Eres muy considerado—. Agregó ella entrecerrando los ojos y tomando el abrigo de Levi para colocárselo encima a figurar una manta.

El hombre giró su cabeza en un círculo y terminó colocando su mano en la nuca, acabó de nuevo mirando al frente donde su auto seguía estacionado. Pasaron segundos y Levi parecía perdido en sus pensamientos y en su sentir. Había llevado su mano hasta alcanzar una mano de Hanji, de nuevo ese gesto de aprecio y comprensión que necesitaba brindarle y en una breve medida: recibir también de ella. No la miraba, solo estaba quieto, apreciando la naturaleza y el silencio. Aquello le hacía bien a él también, quería tranquilizarse y pensar, pensar sobre las cosas que tenían todavía que hacer por delante; como cuidar de su hijo y ayudarlo a afrontar la recuperación. Si se daba cuenta ahora, sabía que debía ayudar a Hanji también en su propio proceso de recuperación. Una pieza tras otra era su familia.

Ahora que lo sentía muy bien, su corazón palpitar desesperado, el indicio marcado de una filiación hacia su compañera. Admitía secretamente hasta en sus propios pensamientos que sus niveles de emocionalidad se encontraban alterados respecto a la forma en que tenía de evaluarla. ¿Cómo era que podía negárselo a sí mismo? No quería hacerlo, pero luego venían otras inquietudes en cuanto a ello ya que él mismo se impuso no acercarse más allá que un compañerismo de padres.

Estaba flaqueando, eran demasiadas situaciones para pensarlas detenidamente, quizás por extensas horas para llegar a la misma conclusión sobre Hanji.

—Si no te sientes fuerte, si no lo eres, no tienes por qué forzarte a serlo sola. Olvídate de lo que te pedí—. Dijo aquello último mirándola a los ojos sin lentes.

El viento sopló un poco fuerte y Hanji dejó que sus cabellos le taparon el rostro con gruesas hebras.

—Mm

—Quita tu cara de estreñida—. Soltó como en un intento vano por disipar la tensión que él sentía.

Ella sonrió brevísimo y miró hacia la puerta que se escuchó la bisagra al abrirse y dejando ver un charol llevado por Josh. Al instante Levi dejó un poco suelta la mano de Hanji para dar paso a que el hombre mayor colocara el charol en la mesita en medio de las dos mecedoras: llevaba dos copas con algo de chocolate, algo muy dulce y vistoso para los gustos de Levi.

—Preferirías beber té, ya lo sé Levi. En esta ocasión dale la oportunidad a mi chocolate de las buenas noches. A Hans le encanta — dijo el hombre observando su trabajo bonito en la copa alta: una bebida de chocolate caliente y canela coronado con crema batida, rayadura de chocolate amargo y una tirita de waffle. — Preparé más pensando que los chicos aún no estaban dormidos. ¿Qué creen? Sí lo están. De todas maneras, Didi y yo también queríamos algo de chocolate.

Levi observó a Hanji tan feliz tomando la cucharita de madera para mover la crema un poquito y probarla. Estaba casi seguro que su pecho estaba flotando por la felicidad que le producía observarla tan distraída. Él meneó el chocolate, lo halló un poco espeso que lo removió con la cucharita que tenía en su platillo y saboreó ese sabor a hogar. Entrecerró los ojos y volvió a introducirse otra cucharada de chocolate en la boca.

—Todo está bien—. Murmuró Levi.

Quien sabría a qué exactamente se refería, a la bebida, al ambiente, a la situación misma, a Hanji, a sus emociones. Quien sabe, solo él quien estaba todavía bebiendo de su chocolate sin dejar de observar a su compañera que al parecer al sentirse observada también recayó su mirada en él.

Un día después partieron hacia la villa donde originalmente partirían en un principio, a unas horas de distancia todavía. Llegando al pequeño poblado visitaron primero a Kenny Ackerman en su pequeño hogar donde se dedicaba a cultivar también algunas verduras y legumbres como un pasatiempo de viejos, decía Kenny.

Allá llegando a su villa de campo familiar, sabían que tendrían otro espacio de tiempo para convivir, allí donde la naturaleza estaba también por todos lados, ahora ya no con gallos ni patos sino con caballos.

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Escrito: agosto de 2021