Oreja de ratón.
2003
El estacionamiento lucía a esas horas, por suerte, con bastantes espacios desocupados. Apagó el vehículo, se aflojó el cinturón de seguridad y colocó el freno de mano. A su lado Hanji se zafó también del cinturón e inmediatamente giró su cuerpo para mirar hacia atrás. Escuchó como ella conversaba con Dave, quien estaba emocionado por llegar. A través del retrovisor vio que Mikasa le sacaba el cinturón a Dave para que pudiera moverse con más soltura hacia adelante.
Bajó del auto y abrió la puerta de atrás, se asomó inmediatamente una cabeza cubierta de cabellos anaranjados que revoloteaban por el viento sobre su rostro. La niña estiró su cuerpo, se ajustó la mochila de su princesa de Disney favorita y dio tres pasos hacia adelante mirando al cielo.
—No te alejes—. Dijo Levi abriendo la maletera del auto para sacar el equipaje.
La niña regresó dando pequeños saltos alrededor de él para rodear el auto y acercarse a tomar la mano de su hermano que ya estaba por ahí caminando en círculos mientras Mikasa y Hanji iban tomando unas maletas. Colocó Hanji a Dave su pequeña maleta en forma de peluche de Mickey. Levi se cercioró de recordar el número del espacio dónde dejaban el auto de alquiler, se aseguró de que quedara bien cerrado y guardó las llaves en una maleta. Se plantó frente a su familia, tronó sus dedos en el aire para llamar la atención de los dos más pequeños.
—Prohibido soltar la mano de mamá—. Se dirigió a Dave. — Prohibido separarse de cualquiera de nosotros—. Dijo ahora dirigiéndose a ambos niños.
Si bien visitar ese sitio en épocas navideñas sería tener que lidiar con la gran afluencia de visitantes, él con su esposa lo pensaron detenidamente siendo que al final decidieron hacerlo ya que la alegría de los niños era inmensa, aunque en gran porcentaje se debió a que Hanji insistió reiteradamente.
—Recuerden las reglas que hemos estado practicando en casa. No queremos que alguien pase un mal rato por perderse y así no disfrutar de las atracciones. ¿Así está entendido? —. Intervino Hanji, aligeró el ambiente severo que instauró Levi en los niños quienes solo pudieron dar un signo con la mano que significara que comprendieron. Estiró la mano para enlazarla con la de su hijo. —Vamos ya.
A una distancia divisaron el famoso trencito que los sacaría del estacionamiento, ya las personas estaban abordándolo y ellos se apresuraron también. Por la forma del transporte a los pequeños se les hizo muy divertido subirse que les resultó tedioso cuando llegaron al parque y debían bajar. Levi compró los boletos después de esperar unos minutos en la fila. Una vez tuvo todo listo, él con su familia optaron por tomar el monoriiel para continuar la travesía ya que era el transporte más rápido.
Con el transcurrir del viaje poco a poco se empezaba a divisar el parque temático por lo cual los niños se arrodillaron en sus asientos para mirar por la ventana del transporte emocionados porque cada vez se acercaban más. El conductor dio la indicación de que pronto llegarían a la estación.
—Dame esa maleta para que lleves menos peso—. Dijo Levi a Hanji.
Ella accedió. Pronto estuvieron en la estación la cual tenía una arquitectura antigua y que daba la impresión de estar en una época diferente. Observaron el letrero "The Magic Kingdom" en letras doradas. Se registraron y continuaron con otro transporte que los llevara hasta Contemporany resort donde tenían su hospedaje reservado.
—Si que ha sido todo un viaje llegar hasta aquí—. Comentó Hanji a las afueras del hotel.
Tomarían un pequeño descanso mientras se acomodaban en las habitaciones y cambiaban sus ropas. Como era la costumbre de Levi se aseguraba personalmente de la sanitización de los baños antes de que alguno de sus hijos o su esposa fuera a usar el inodoro. Mikasa y Gretchen compartirían una habitación con dos camas y una vista hacia el parque temático mientras que Dave dormiría con sus padres. Hanji ayudó a las niñas a colocar la ropa en el armario con ello buscaba compartir tiempo con ellas, más precisamente con la hija de Levi, a quien todavía estaban conociendo y que por las vacaciones de navidad podía estar con ellos, dejando su país de origen con la autorización del señor Ral.
Para todos fue beneficioso que la niña a su edad pudiera hablar inglés fluido, aunque existían ocasiones en que no comprendía alguna palabra o alguna oración en lo que era corregida por Levi o Mikasa. Su acento francés enternecía a Hanji, combinado con esos rasgos de delicadeza en forma general: se mostraba hacendosa si se refería a la cocina. Le conocieron el gusto por preparar pastel con harina preparada de caja del supermercado, a dicho pastel siempre le agregaba una fruta troceada para decorar. Decía el señor Ral que su nieta con su hija Petra, preparaban algún dulce los domingos para ellos. Siendo que ya Petra no estaba, Gretchen se tomó un tiempo para retomar su gusto y preparar alguna gelatina con la ayuda de su abuela.
A menudo Hanji se mostraba comprensiva y alegre con Gretchen, trataba de conocerla a través de pequeñas conversaciones cuando podían verse. Ya eran dos años que transcurrieron desde el primer encuentro, muchas cosas cambiaron, pero ahí estaban haciendo lo posible por hacerla sentir integrada a la familia Rivaille.
—Oh, ¿Qué pasa? ¿Olvidaste tu cepillo de dientes? —. Preguntó Hanji a Gretchen quien salía del cuarto de baño y tenía una expresión de congoja en la cara.
Se cohibió frente a Hanji, llevó sus manos hasta la parte baja de su estómago y pretendió hablar en voz baja.
—¿Qué? Háblame un poco más alto—. Pidió y colocó un abrigo encima de la cama.
—Creo que es sangre y me duele aquí—. Respondió, tenía mucha timidez en su rostro.
La mujer entrecerró los ojos, buscando una posibilidad muy importante. Se arrodilló frente a Gretchen y le pidió que le señalará dónde le dolía: colocó la palma abierta de su mano por debajo del ombligo.
—¿Te has manchado la ropa interior? —. Preguntó observando directo a los ojos de la niña.
—Un poco, es como un agua café que tiene sangre—. Respondió y apretó sus piernas.
—Oh… de acuerdo—. Respondió emitiendo una sonrisa que transmitía calma. — No te angusties, es algo normal. ¿Es la primera vez? Vaya, a buena hora que estamos aquí. No te preocupes querida, es algo normal por lo que las mujeres pasamos. Claro que te puede doler un poquito, es un cólico, pero ya después te podré explicar mejor. Busca un interior nuevo y ve al baño ¿Sí? Voy a buscar una toalla en mis cosas. Ya regreso y te enseño cómo se usa.
No sólo llevó una toalla sino un ungüento y una pastilla para la fiebre para niños, entre sus compuestos tenía ibuprofeno lo cual le ayudaría. Levi la observó entrar y salir de la habitación, él estaba encargado de vestir a Dave. El hombre le dijo que saldrían pronto, pero Hanji rápidamente le respondió que necesitaba más tiempo. Al regresar a la habitación de las niñas Mikasa estaba por entrar puesto que antes bajó a recepción.
Llamó a Gretchen para que abriera la puerta del baño, le pidió la ropa interior limpia y comenzó a explicarle brevemente cómo debía colocar la comprensa en la prenda. Se encargó de la prenda sucia y de darle unos tips a la niña para el cambio luego.
Unos toques a la puerta se escucharon, Mikasa abrió y entró Dave ya bien abrigado.
—¿Necesitan más tiempo? —. Preguntó Levi entrando también a la habitación, llevaba una bufanda colgando de su mano.
Gretchen aún seguía en el baño. Mikasa tomó a Dave en brazos y lo llevó a mirar el parque por la ventana.
—Sí un poco más—. Dijo Hanji secándose las manos en una toalla que sacó del baño. Vio a Levi asentir su pedido.
—Avísame—. Dijo y regresó a su habitación dando espacio a que ellas terminaran de prepararse. — Ven conmigo—. Dijo a Dave.
—Aquí está bien, quiere quedarse conmigo—. Dijo Mikasa ocultando la risilla de Dave con su cuerpo al darle la espalda a Levi.
Cerca del mediodía hicieron su primera parada en el Town Square Theater, y como muchas atracciones debían esperar ya que la mayoría de personas querían tomarse una foto con Mickey. Dave no era la excepción.
Uno de los principales sitios para visitar y clásicos era el castillo de Cenicienta, emblemático y sacado de la ficción a la realidad. En esa parada que hicieron la más emocionada fue Gretchen, decía sentirse como una princesa mientras entraban al castillo. El tiempo transcurría y con ello debían seguir. Fue Hanji después la más inquieta cuando llegaron a la cabaña de la familia Robinson. Visitaron Tomorrowland, la mansión embrujada, las atracciones de la sirenita y es un mundo pequeño donde disfrutaron del espectáculo y conocieron muchas nacionalidades.
El día no les alcanzó para llegar a Splash Mountain debido a la alta demanda que tenía la atracción.
…
Al día siguiente se encontraban ya comiendo para reponer energías. Levi tenía ya algunos minutos en que descubrió que Hanji no estaba comiendo de la pierna de pavo. Bebió de su vaso, miró de nuevo como ella arrancaba la carne con los dedos cubiertos por el guante plástico e introducía el bocado en la boca de Dave. Miró hacia otro lado cuando unas personas pasaron cerca de ellos para entrar al restaurant. Creía que tomar la comida ahí fuera no era, después de todo, desagradable ya que podían disfrutar del viento. A su lado Gretchen lucía una bonita sonrisa con cada mordida que le daba al pavo. Levi se fijó que a ella se le estaba deslizando hacia atrás la diadema con orejas de Minnie Mouse. En un movimiento rápido se la reacomodó. Ella lo miró de una manera que le daba a entender a él que se lo agradecía. Ella se llevó la mano desocupada hacia la diadema en su cabeza como para cerciorarse que estuviese bien colocada.
—¡Dico! ¡dico! —. Exclamó Dave.
El pequeño todavía tenía problemas para pronunciar la r por lo cual sus padres intercalaban ejercicios para realizar con él para que pueda hacerlo. A veces pronunciaba palabras con dicho fonema correctamente, luego olvidaba cómo se pronunciaba, más tarde seguía practicando a imitar sonidos.
—¿Está rico? —. Siguió Hanji y le insertó otro bocado de carne en la boca. Hizo un intento por no oler el aroma del pavo, le provocaba un revoltijo en el estómago. —Come todo. A ver, come lo que tienes en tu platito.
—¿No vas a comer tú? —. Inquirió Mikasa.
Levi direccionó su foco de atención hacia Hanji ante la interrogativa de Mikasa. El parasol de la mesa se movió apenas unos centímetros por el viento. Había una música infantil de fondo que lo más seguro era que proviniese de uno de los juegos.
—Más ha comido Dave de esa pierna—. Inquirió Levi señalando el pavo con el vaso de refresco, pronto miró a su hijo que tenía los cachetes llenos y que se mantenía masticando. —Creí que comías pavo.
Hanji ensanchó la boca.
—Aja, creo que desayunamos mucho en la mañana aún me siento un poco llena—. Dijo.
—¿Eso o tienes flatulencias? —. Soltó Levi.
Mikasa arrugó el entrecejo.
—Es solo llenura—. Agregó Hanji, llevándose un poco de agua a la boca.
—Pediré un sobre de Sal Andrews con agua mineral—. Dijo Levi, miró hacia atrás en busca de algún mesero.
Mientras tanto Hanji se puso a conversar con Dave.
—¿Me recuerdas cuántos años vas a cumplir? —. Preguntó con voz meliflua. Notó que Gretchen puso atención.
El niño alzó la mano y dejó sueltos uno por uno sus dedos hasta llegar al índice, todavía tenía el pulgar escondido. Miró a su madre y dejó ahora suelto el pulgar manteniendo la palma bien abierta por lo cual Hanji chocó su propia palma contra la de él.
—¡Cinco! Voy a cumpir cinco—. Exclamó emocionado.
—¡Muy bien! Vas a cumplir cinco años—. Repitió Hanji haciendo más énfasis en el verbo cumplir realizando de esa manera una corrección.
El mesero acudió a la mesa y tomó el pedido de Levi. Cuando Hanji tomó de esa agua mineral esperaron un poco allí mismo sentados. Levi quería estar seguro de que su esposa se sintiera mejor para poder todos levantarse. Acordaron que irían hasta la siguiente zona a pie ya que de esa manera podían sus intestinos trabajar y procesar los alimentos para que cuando fueran a otro de los juegos, nadie terminase con náuseas.
Caminar por Main Street en esa época del año en que todo lucía diferente debido a la cercanía de la navidad podía muy bien ser una actividad divertida en familia. Hanji observó a su esposo sacar nuevamente su cámara fotográfica, había demasiados lugares en los cuales podrían tomarse fotos: incluso solo fuera de una de las tiendas. Absolutamente todo ya se encontraba decorado con cintas blancas y rojas, con bastones de caramelos no comestibles, aros navideños colgando, también algunos personajes caminaban por ahí vestidos de papá Noel. Por los megáfonos podían escuchar música navideña, la característica melodía de las campanas y una voz que acompañaba.
Muy pronto Levi hizo que los tres niños se juntaran frente a un poste y les tomó una fotografía. ¡Ah! ¡la diadema de Minnie! Mikasa no la tenía en la cabeza por lo cual Hanji se la llevó inmediatamente y después fue a pararse al lado de Levi, estaba muy emocionada que quería también ayudar a tomar buenas fotografías. Al hacerlo se dio cuenta de que tenía junto a Levi una familia singular.
—No sé qué tiene tu aroma hoy, pero lo encuentro desagradable—. Dijo Hanji y se alejó unos centímetros de su esposo.
Levi endureció sus facciones, creía que ella le estaba diciendo que olía mal.
—¿Qué dices? —. Preguntó y desvió la mirada de los niños.
—ja, ja, ja nada, nada—. Al darle la espalda a Levi se refregó la nariz.
Hanji inmediatamente hizo de la mano a los niños para que regresaran hasta ellos y así avanzaran hasta el árbol navideño. En el lugar estaban algunas personas que querían lo mismo: tomarse fotografías bajo el pino. Esperaron unos minutos hasta cuando tuvieron la oportunidad. De cierta manera a Hanji, le causaba mucha ternura ver en Levi a una persona, aunque un poco rústica de palabras, sus acciones daban a relucir otro aspecto. Era él quien más quería sacar fotos de los niños, casi parecía olvidarse de sí mismo. Ella tuvo que instarlo a que aparecer en las fotografías también.
Unos minutos después estaban entrando a una tienda de recuerdos, allí de nuevo se encontraron con las orejas de Mickey Mouse. Dave agarró un par y buscó a su papá para enseñárselas. Levi al verlo le dijo que él ya tenía unas en la cabeza. Pensaba que a su hijo le agarraría un berrinche puesto que seguía agitándole las orejas para que las tomara.
—Suficiente. Ya tienes unas—. Dijo Levi y agarró las orejas dispuesto a llevarlas de nuevo a dónde estaban colgadas. Escuchaba que su hijo iba detrás de él apurado. Al frente vio a Hanji riéndose.
Esa tienda no era tan grande como para que demorara tanto en caminar.
—¿Qué pasó? ¿No te gustaron? —. Preguntó Hanji viendo como Levi colocaba la diadema en su lugar.
Levi miró a Dave, el niño tenía la cara extraña, tenía los cachetes inflados y los labios fruncidos.
—Papi no entiende—. Dijo Dave manteniendo su cara dura que luego pasó a aflicción.
—A ver, otra vez hasta que entienda—. Habló con el niño, lo levantó en peso para que pudiera tomar las orejas.
Levi arqueó una ceja. Divisó por su mirada periférica a Mikasa y Gretchen mirando los recuerdos de Disney landia. Por reflejo giró la cabeza cuando Hanji se acercaba a él con Dave en sus brazos, quien a su vez llevaba de nuevo las orejas sujetas con ambas manos. Sumida en complicidad con su hijo lo ayudó para que a regañadientes Levi se dejara colocar la diadema.
Instantáneamente Dave empezó a reír con su madre al conseguir su propósito. Antes el niño había visto a otros papitos con sus hijos usar a juego la diadema. Él también quería, pero su padre no compró unas para usar y sus hermanas con su madre tenían la diadema de Minnie con el distintivo lazo rosita. Ahora que su papá también tenía las mismas orejas que él estaba muy feliz, tanto que impulsó su cuerpo hacia adelante para que su madre lo dejara en los brazos de su padre.
Al final Levi resopló aire y miró la cara de felicidad de Dave tan cerca de él. Recibió un beso en la mejilla por parte de su hijo.
—Tienes que empezar a decir las cosas—. Le dijo Levi a Dave mirándolo como se tendía en su hombro. Sabía que su hijo por alguna razón no hablaba demasiado con él, es decir, no usaba palabras sino gestos y acciones para comunicar lo que quería. Creía que podría ser timidez.
Hanji se pasó detrás de Levi para ver que las orejas de Dave no se fueran a caer.
—Aw. Dave quería que usaras con él la misma diadema. ¡Se ven adorables!
—¿Adorable yo? Tsk—. Frunció las cejas, no le gustaba que le dijeran adorable. — Hanji diles a las niñas que ya vengan con lo que van a llevar para pagar. Esto se puede llenar ya mismo.
Salieron de la tienda con algunos recuerdos y otros objetos en bolsas. Todavía Dave iba subido en Levi, tendido en su hombro y agarrado al cuello con los brazos como si pronto fuera a tener la siesta ahí mismo. El ambiente era más frío que en la mañana. Menos mal, estaban bien abrigados como para no tener que regresar al hotel.
—¿A dónde quieren ir? — Preguntó Levi girándose hacia su esposa.
—Al baño —. Respondió. —Gretchen también quiere ir al baño.
Buscaron los baños, a Levi la idea no le agradaba, pero su hija y su esposa decían que no podían esperar hasta llegar al hotel por lo cual el hombre les recordó cómo debían usar un sanitario público. Aunque para Hanji sonaba exagerado, decidió tomar en cuenta las recomendaciones de él.
Mikasa, Levi y Dave se quedaron a las afueras del baño público. Ya Dave se bajó de Levi y empezó a jugar con su prima. Mientras esperaban se dedicaron a caminar apenas unos cuantos pasos hacia adelante para observar los dulces en la vitrina de una pastelería con temática de princesas. Tenían la intención de entrar, pero Levi se detuvo, no quería entrar sin Hanji ni Gretchen. Frunció las cejas. Se sentía inquieto por lo cual regresó a mirar hasta cuando ellas salieran.
Gretchen salió caminando con prisa, su rostro parecía angustiado por lo cual Levi se crispó.
—¿Por qué Hanji no viene contigo? —. Preguntó caminando hacia ella, dejó atrás a Dave con Mikasa.
—¡Se desmayó en el baño! —. Exclamó alto captando también la atención de Mikasa y Dave.
Se hizo presente en Levi la angustia que antes sintió, esa inquietud que surgió. Parpadeó reiteradamente y empezó a caminar hacia los baños.
—¡Quédense ahí! —. Exclamó a los tres dejando encargados a los más pequeños con su sobrina.
Escuchó que Dave empezó a llorar, no podía detenerse para hablarle. Llegó a los baños, se escuchaba el rumor entre mujeres. Entró llamando a Hanji, entornó los ojos hacia el fondo del pasillo de los lavabos dónde había unas tres mujeres alrededor de Hanji sujetándola por los brazos. Una señora mayor la estaba ventilando con las manos al no tener algo más con que hacerlo.
—Hanji —, murmuró acercándose —es mi esposa, ella es mi esposa —. Dijo y las mujeres le ayudaron a sujetar a Hanji. Le observó el rostro confuso, sus ojos parecían adormilados, sus labios que intentaban moverse para formar palabras que al final solo dejaba salir un murmullo.
Fuera del baño se formó un revoltijo de personas que estaban atentas a lo que sucedía, a mirar y después hablar. Uno de los guardias de seguridad que se encontraba por el lugar lo ayudó a llevar a Hanji hasta una banca. Allí la recostaron. La señora que antes le ventiló la cara le dio a Levi una botella de agua y se quedó parada junto a ellos. Pocos minutos después Hanji podía mantener sus ojos abiertos, incluso pidió que la ayudaran a sentarse. Levi estuvo junto a ella en lo que parecía estaba recuperándose.
Las personas que estuvieron alrededor poco a poco comenzaron a dispersarse, la señora mayor también se retiró dejando la botella de agua como un recordatorio de que estuvo ahí. Con la dispersión de las personas fue que Mikasa se acercó.
—Ya habían demasiadas personas aquí —. Comentó ella en razón de por qué no se acercó antes. —Dave también estaba muy irritable —. Dijo y dejó al niño en el piso quien inmediatamente se apresuró a querer trepar a las piernas de su madre, se subió y luego se tendió en el hombro de Hanji.
—Ya… no pasó nada —. Dijo muy bajito Hanji en el intento de reconfontar a su hijo. Con la palma derecha le acariciaba de arriba hacia abajo la espalda. El niño todavía tenía hipidos como resultado de un llanto ya extinto al sentir peligro sobre su madre.
—¿Qué pasó? —. Preguntó Levi, le dio a Hanji la botella destapada para que pueda beber —. No quiero pensar que estás debil porque no comiste como debías.
Hanji bebió un trago. Observó a Gretchen parada junto a Mikasa, la niña parecía muy preocupada y asustada todavía.
—No lo sé, solo estábamos en el baño y bueno ya sabes como es—. Inquirió y respiró muy hondo, cerró los ojos. Escuchaba canciones navideñas como si estuvieran muy lejanas.
—¿Regresamos al hotel? —. Inquirió Mikasa, en su rostro se denotaba que era lo que mejor podrían hacer. Miró a Levi y luego recayó en Hanji. —Creo que deberías descansar, Hanji.
—Por lo menos un par de horas —. Agregó Levi.
Se quedaron en silencio esperando una respuesta por parte de Hanji. Ella cerró los ojos y direccionó su nariz hasta la mejilla de su hijo, allí movió la cabeza de un lado, de esa manera le acarició la mejilla con su nariz. Olía a bebé, a manzanilla y a un rastro de suavizante de telas. De la garganta de Dave provenía un breve quejido que seguramente al rato se le quitaría. Presentía que todavía estaba espantado y ella lo calmaría. Movió más fuerte la cabeza, aspiró muy fuerte el aroma de su hijo y lo apretujó todavía más contra ella.
El aroma, la calidez y los murmullos de su hijo le estaban causando un efecto relajante.
—Dave. ¿Está bien si ya nos vamos ahora al hotel? O, podrías salir con papá más tardecito a otro juego—. Estaba aceptando que no tenía los deseos ni las fuerzas para continuar.
El niño movió la cabeza.
—Ya vámono mami—. Murmuró.— no impota.
Hanji giró la cabeza, dos guardias se acercaron hacia ellos para preguntar cómo se encontraba y si necesitaban algo para poder gestionarlo. Ella negó, dijo que necesitaba descansar y que se encontraban ya dispuestos a marcharse al resort. Los guardias los acompañaron hasta cuando tomaron el transporte que los llevaría al hotel.
Mikasa dijo que vería alguna película con Gretchen y Dave, el niño no quiso y se fue con sus padres a la habitación. Se mantuvo sereno cerco de su mamá, se acostó junto a ella, se metió en su cuerpo y la observó cerrar los ojos por lo cual él también quería cerrar los ojos. Abría los ojos al poco rato para volver a cerciorarse de que ella estuviera bien. Escuchó que sus padres intercambian unas cuantas palabras. Levi se mantenía quieto en un sillón que acercó a la cama.
—Pedí que trajeran unos pastelillos. Comiste casi nada—. Dijo Levi acercándose hacia ella.
La mujer negó, mantenía los ojos fuertemente cerrados, sus labios estaban apretados. Al escuchar lo que Levi mandó a pedir para ella le provocó asco por lo cual se sentó abruptamente en la cama asustando a los dos. Levi le tomó el brazo preguntándole que le pasaba ya que la vio que se agarró la cabeza y mostraba indicios desesperados por levantarse. Se levantó con ayuda de Levi, apenas podía abrir un poco los ojos. Se apresuró a llegar al baño, apenas pudo alzar la tapa del inodoro para vomitar. En esa posición no estaba nada cómoda aunque Levi la sostuviera. Apenas él le limpio la boca con un paño humedecido volvió a experimentar arcadas y vomitó nuevamente.
Mantenía sus ojos cerrados.
—Me siento... mareada—. Con dificultad pronunció.
—¿Mucho?
—Mucho—. Si abría los ojos sentía el mareo más fuerte. Se sentía que daba vueltas y vueltas sin poder siquiera hacer nada. Se tomó la cabeza con ambas manos en intento por detener las vueltas que experimentaba lo cual no ayudaba.
—Tenemos que ir con un médico—. Dijo Levi y agarró otras toallas del armario.
Ella no dejaba de vomitar, era uno tras otro que hasta se quedó sentada en el suelo del baño cerca al inodoro con él. En la puerta del baño estaba Dave asustado, tenía sus manos entrelazadas entre sí. Su cuerpo pequeño también comenzó a temblar por el miedo que le producía la incertidumbre del por qué su mamá estaba tan enferma ya que antes no la había visto en ese estado.
Su padre caminó hacia él, lo cargó hasta la cama y le dijo que se quedara ahí mientras él acudía al teléfono. Aprovechó y se bajó de la cama. Corrió al baño, su mamá de nuevo estaba vomitando, la escuchó quejarse, inmediatamente se arracimó a ella.
—Mami ¿Qué pasa?—. Preguntó, su voz denotaba tristeza que Hanji captó al instante.
Ella intentó moverse un poco, se llevó la toalla a la boca.
—Nada grave mi amor—. Bajó la tapa del inodoro y se hizo más atrás con Dave agarrándolo por la cintura.— ¿No quieres ir con tus hermanas a ver televisión?—. Obtuvo negación como respuesta.— Dave...
—Hanji—. Pronunció Mikasa entrando al baño.— Levi me llamó, ahora se está contactando con el personal del hotel.
—Lleva a Dave a la habitación—. Pidió. Todavía tenía los ojos cerrados.— El mareo todavía no se termina.
Un poco más tarde cuando en Hanji el mareo dejó de estar presente, Levi la asistió con limpieza y un cambio de ropa. Afuera, Mikasa estaba al cuidado de los menores que estaban expectantes mirando a la puerta.
—De recepción enviaron un té de manzanilla, deberías tomar unas cucharadas Hanji—. Acomodó las almohadas para que Hanji pudiera acomodarse mejor.
—No—. Respondió con la voz lánguida.
—Si mami no toma medicina. ¿Cómo te cudadas?—. De rodillas, ahí junto a ella le preguntó Dave.
Hanji se rio, solo de pensar en tomar unas cucharadas de té le producía náuseas pero podía controlarse. Alzó la mano hasta la cabeza de su niño y le acarició los cabellos.
—Oh muy bien mi amor, yo sé que tú sí tomas la medicina. Creo que tengo que aprender de ti—. Bajó la mano y le acomodó la tira del overol que se le escurrió por el brazo.
Levi estaba preparándose para salir en el cuarto de baño. La televisión estaba encendida pero casi nadie tomaba importancia de ello. Gretchen era más callada, estaba cohibida ante la situación en un sillón.
—Nos vamos—. Dijo Levi y tomó su billetera para guardarla en el interior de su abrigo.
Dave inmediatamente se bajó de la cama, fue a buscar su mochila y sus zapatos para que Mikasa le ayudara a colocárselos, la joven lo miró y esbozó una sonrisa de ternura. Hanji se levantó de la cama con ayuda de Levi, ambos se percataron de que Dave estaba insistiendo a Mikasa que le ayudara con los zapatos.
—Solo nosotros nos vamos—. Aclaró Levi frente a Dave.— Mikasa, se quedan en esta habitación, no salen, no entra nadie. Llamaré luego. Llevo el teléfono.
Escuchó que Dave empezó a lloriquear. Levi resopló aire de su boca, estaba estresado y tendría que lidiar con el estrés de su hijo.
—Ya tienen que irse, no llores, ya vuelven—. Dijo Mikasa con voz calma y tomó al niño en peso y lo miró a la cara.
—Mami... mami—. Sollozó y estiró los brazos hacia su mamá.
Hanji se acercó, le tomó los manos pero no lo cargó. Se dedicó a besarle los deditos uno por uno haciéndole una broma, le sonrió y se esforzó porque su voz sonara tranquila aunque se sentía muy extraña.
—¿Qué pasó Dave? Mamá tiene que ir con el médico para se recupere. ¿Verdad?—. Le observó los ojos lagrimosos que tenía, la expresión afligida.
—Vamos—. Agregó Levi para apresurarla. Le colocó encima una abrigo grueso.
—Mami—. Batió las pestañas.
—Sí mi amor, más tarde regresamos y yo ya estaré mejor. Así como cuando te enfermas, tenemos que ir al doctor y luego todo está bien.
—Ujum...— murmuró Dave casi convencido , todavía se rehusaba a que su mamá se fuera sin él.
—Ya, un beso. Muack, muack—. Pronunció besándole las mejillas—. Seguro se la pasarán bien aquí con Mikasa—. Se despidió de las niñas y se fue con Levi.
Cuando cerraron la puerta ambos escucharon que Dave se quedó llorando de nuevo ahora con Mikasa. Levi pensaba que le estaba dejando una tarea difícil a su sobrina pero por el momento contaba solo con ella para esa tarea.
—Me parece extraño que se quedara llorando, él no es así—. Comentó Hanji una vez estuvieron en el ascensor.
Levi se quedó un rato pensándolo.
—Te quería cuidar—. Agregó Levi y tomó la mano de Hanji para salir del ascensor.— No le veo mayor explicación.
Hanji sonrió.
—Es una lástima que no podamos hacer lo que planeamos para hoy—. Dijo Hanji.
—Podemos hacerlo mañana—. Inquirió Levi y la miró a los ojos, denotó cansancio.— ¿Ya no sientes náuseas? He traído bolsas por si las necesitamos.
—Que considerado. Por ahora estoy bien, creo que puedo estar bien—. Entornó los ojos hacia Levi.
Salieron del hotel con las manos entrelazadas hacia la dirección que el personal le indicó a Levi acudir con su esposa.
...
—Desde hace unos días me siento un poco extraña.
—¿A qué se refiere?
—No lo sé doctor. Todo el trayecto hasta aquí me ha parecido un verdadero tormento. ¡No soporto a mi esposo! No crea, Levi es un buen padre y no es que ya no me sienta atraída hacia él o tenga problemas por sus manías. Bueno en ese punto sí tuvimos algún percance pero nada más grave.
—¿Por eso me pidió que no permitiese a su esposo entrar?
—¡Exacto! ¡Exacto! ¡Lo quiero lejos de mí! Ahora mismo si estamos juntos es por las circunstancias. Estuvimos cuatro meses planeando este viaje, estamos cerca al cumpleaños de nuestro hijo y se supone que estamos aquí para celebrarlo y disfrutar, pero desde que llegamos me he sentido extraña por su presencia, más que incomodidad siento fastidio. Hoy esa situación se agravó, no soporto cualquier olor de él, incluso el olor de su cabello me molesta.
—¿Y usted se lo ha dicho a él?
—Para nada, es que siento que... no sé que me pasa. Me siento cansada, el desmayo, los mareos, las náuseas... ¡Me siento tan estresada y es como si todo fuera por culpa de Levi!
El galeno se frotó la barbilla, tenía en su cara una expresión comprensiva hacia la señora.
—Señora Rivaille—. Pronunció y observó a la mujer que se quitó los lentes recostada en la mesa de observación.— ¿Cuándo fue su última menstruación?
—He tenido mis periodos regulares hasta el último mes. Se supone debería llegar mi periodo en la semana de navidad.
—De acuerdo. Permítame hacerle un comentario o... en todo caso sería más bien una pregunta.— El galeno dejó el estetoscopio colgado en su cuello.— ¿No ha considerado la posibilidad de que esté usted embarazada? A más de los síntomas que presentó hoy, aparentemente se encuentra sana.
Hanji mantuvo los ojos bien abiertos mirando al hombre enjuto frente a ella, enmudeció y casi por instinto se llevó ambas manos al vientre. Como si hubiera olvidado algo empezó a sonreír, una sonrisa ingenua que delataba el nerviosismo al que estaba sujeta.
—Bueno...
—Podría ser una posibilidad, señora Rivaille. Si desea, puede acudir con su esposo a alguna clínica cercana y practicarse una prueba para que esté segura y así entender el por qué se siente extraña respecto a su esposo.
—¿Cómo podría relacionarse?—. Quiso saber Hanji.
—Las hormonas de embarazada, diría el dicho popular. He visto varios casos así, de repente la mujer siente ese fastidio que usted comentaba hacia la pareja y la razón es un embarazo detrás. Un fenómeno, vamos a decirle así, que todavía me provoca mucha curiosidad. Claro que, con esto no quiero decir que efectivamente usted está embarazada, sin embargo su experiencia se asemeja mucho a anteriores casos que he presenciado.
Hanji deseaba tener en ese momento papel y lápiz para anotar la información pero antes que eso, se quedó un rato quieta y cerró los ojos, respiró con más parsimonia. De repente tenía más bienestar físico y emocional, seguramente inducido como un efecto placebo ante tener una dirección de pensamiento hacia el cual apuntar. Estaba tomando con bastante calma la gran posibilidad de que fuera un embarazo, en realidad lo estaban deseando tanto con Levi que no se lograba. Siete meses sin usar anticonceptivos y no llegaba la ansiada concepción. Charlando una tarde con Nanaba en el jardín trasero de su casa, ésta le había recomendado que dejara de pensar en el asunto y que se relajara. Con Levi también mantuvieron conversaciones respecto al tema, para ambos era extraño ya que el embarazo de Dave fue rápido. Al final decidieron esperar más tiempo, luego, si no se daba entonces verían si debían realizar algo más al respecto.
Se sentía ahora extraña de una manera diferente: ya no era el desconcierto sino la sensación de delicadeza que creía que tenía ante la tan insistente posibilidad en sus pensamientos del embarazo. Tenía ganas de llamar ahora a Levi y decirle lo que ocurría, decirle que quería hacerse un examen y confirmar, sin embargo, la posibilidad de que no lo fuera también le generó algo de descontento.
—¿Puedo llamar a mi esposo?—. Preguntó Hanji.
—Desde luego—. Respondió ahora la enfermera que estaba encargada de conectarla por vía intravenosa a un suero con complejo.
El médico aún permanecía en la sala llenando unos datos sobre la paciente.
—Si tuviéramos el equipo necesario haríamos la prueba ahora mismo—. Comentó el hombre con el mismo tono simpático.— Señor Rivaille, pase por favor. Bien por ahora controlaremos las náuseas, deberán permanecer aquí el tiempo que requiera el suero que no sería más de una hora.
Durante el tiempo de espera Hanji no comentó nada sobre lo que conversó con el médico, aún lo mantenía como un secreto solo de ella. Persistía el deseo de no tener a su esposo tan cerca, y aún sentado a medio metro de ella quería que estuviera más cerca. «Esto es tan raro». Pensó y miró a Levi, él la observaba desde su posición. Le miraba ella las cejas finas de él, y en ningún otro momento le parecieron tan ridículas como ahora sí. Giró la cabeza y se entretuvo en las gotas del complejo que caían hasta la cámara de goteo.
—Voy a llamar a Mikasa, le diré que por ahora todo está bien pero iremos a realizarte unos exámenes. Eso le diré—. Hizo una pausa— ¿Estás segura de que son muy necesarios esos exámenes? Tenemos que salir del parque y viajar a la ciudad.
—Saliendo del parqueadero son como treinta minutos—. Inquirió Hanji.
Levi resopló.
—Lo sé, solo me pregunto si tú estarás bien—. Cruzó los brazos en su pecho e inclinó la cabeza hacia la derecha.
—Estaré bien, ahora no siento náuseas. Podríamos ir despacio Levi—. Insistió ella. No podía dejar que pasará más tiempo sin tener una respuesta que no fuera solo una especulación.
Antes de que se marcharan, Hanji fue nuevamente examinada y se despidieron del personal de salud. Anduvieron con mucha calma, Hanji trataba de no oler demasiado a Levi. Recordar la conversación con el médico y del fenómeno que le comentó la hacía sentirse menos tensa en relación a Levi, puesto que sí la impacientaba experimentar esa sensación de molestia por su presencia.
Trabajaría en tolerar hasta cuándo pudiera. ¿Qué era todo eso? Podía olerlo incluso con cierta distancia. Prefirió llevar la ventana bajada para que el viento se llevara el mayor rastro de Levi posible. Cuando llegaron a la ciudad preguntaron por un centro médico en una farmacia. Al llegar al sitio le pidió a Levi que esta vez la acompañara, pidió información en recepción sobre el examen en sangre de embarazo. Observó de reojo a su esposo, él se la había quedado mirando apoyando el codo en el mesón de recepción.
—Es una sospecha—. Había dicho Hanji cuando estuvieron por salir de la clínica.— No puedo pasar otro día sin saber.
Ciertamente Levi también tenía cosas que decir.
—Lo sospeché.
—¿Y por qué no me dijiste?—. Hanji miró un puesto de algodón de azúcar.
—Por lo mismo que tú tampoco me dijiste de las recomendaciones del médico—. Respondió Levi y cerró la puerta del lado de Hanji.
Una vez Levi se subió al auto ella le tomó la mano.
—Entonces te haz hecho el desentendido, quiero decir...
—Ah, algo así. Desde que empezaste con el vómito y el mareo lo pensé, pero por parte no descartaba que pudieras tener algo más. O que la comida te hizo algún daño.
—No me suelo enfermar por comer como lo hice ayer.
—Te podría pasar en algún momento.
Les pidieron regresar en un par de horas por el resultado en lo que decidieron irse a algún sitio tranquilo. Hanji decía todavía que estaba bien, se mantenía hidratándose con suero oral, un sorbo cada media hora en que Levi se lo recordaba. Sabiendo que tenían que gastar el tiempo restante fueron hasta el centro comercial, ya todo estaba decorado con temática navideña. Se detuvieron en un local que ofertaba artículos para el hogar, allí encontraron cojines navideños, tapetes navideños, vajilla navideña, adornos navideños, en resumen todo navideño. Gastaron bastante tiempo deteniéndose a mirar los artículos con mucha calma. Compraron manteles, servilletas de tela y un adorno central para la mesa en forma de papá Noel.
—¿No tienes hambre? No haz comido bien hoy—. Preguntó Levi.
Hanji sacó la lengua haciendo un gesto de hastío solo para él. Miraba la comida a su alrededor y todo le producía molestia. Estaba comenzando a irritarse con su propia persona por esa conducta.
—Oh, no sabía que quería churros hasta que los vi—. Inquirió sin dejar de ver la tienda de churros. Se relamió los labios. Creía que empezaba a salivar como un perro que tenía frente suyo una cazuela con pollo.— ¿Puedo comer churros Levi?—. Preguntó, ahora tenía bastante emoción en la voz.
—¿Eso quieres comer?—. Preguntó, relajó sus ojos entorno a Hanji.
—¡Solo churros con chocolate!— Espetó— Y que tengan bastante azúcar por supuesto.
Hanji comió dos paquetes de churros en el auto, allí se quedó dormida luego de terminar de comer dejando solo a Levi mientras él no sabía qué hacer ya que no llevó nada para entreternerse. Llamó a Mikasa, quería saber si ellos estaban bien, por lo menos sabía que sí lo estaban. Pronto anochecería y todavía faltaba una hora para regresar por el resultado (estaba muy nervioso) por lo cual reclinó el asiento hacia atrás tal como Hanji estaba dormida. Colocó sus manos en su abdomen y cerró los ojos. Necesitaba conocer los resultados de la prueba y ese mismo sentimiento de inquietud no le permitía relajarse para nada, incluso comenzaba a sentir los músculos de su cuello algo tensos.
Pasó una hora tratando de pensar en otra cosa. La salida de los vehículos cercanos a ellos tampoco le permitían descansar. No sabía cómo Hanji podía dormir con tanta tensión e incomodidad. Abrió el ojo y miró su reloj de muñequera. ¡Era la hora! Se reincorporó de nuevo y encendió el auto.
A su lado, Hanji se movió.
—Quédate ahí si quieres—. Le dijo y aceleró. — Te avisaré cuando lleguemos a la clínica. ¿Cómo te encuentras? ¿No tienes más náuseas?
—¿Estás ansioso? —murmuró con baja voz —no tengo náuseas, me siento bien. No como en la tarde—. Apenas dijo y cerró los ojos, a diferencia de la tarde ahora tenía bastante sueño.
Hasta el momento los dos se mostraron tranquilos en espera del resultado, lo cierto era que tenían cada uno ese recinto secreto de nerviosismo y ansias. Se impacientaron aún más cuando por fin se estacionaron y Hanji suspiró pesadamente. Ambos ingresaron casi tropezándose con sus propios pies por llegar más rápido. Levi fue quien tomó el sobre con el resultado, le dijo a Hanji que lo abrírirían mejor afuera.
Tratando de no dañar demasiado el sobre lo abrió y sacó el papel, leyó los datos rápidamente y fue al punto donde esperaba la respuesta. Junto a Hanji se quedaron ahí tiesos observando el papel que incluso las personas que salían de la clínica empezaban a decirles que se muevan un poco.
…
Levi tocó a la puerta y llamó para que Mikasa supiera que eran ellos. Escuchó pisadas aproximándose. Tenía la mano de Hanji con la suya, ese espacio se sentía tibio y suave para él. La puerta se abrió y su esposa fue la primera en entrar como ella quería caminar más rapido hacia Dave le soltó a él la mano.
—Oh mi amor, que rico hueles. A buena hora llego para verte antes de que te duermas—. Inquirió observando que Dave estaba ya cambiado con el pijama para dormir. Se agachó hasta la altura de su hijo y abrió los brazos para recibirlo en su cuerpo.
—Mami… —murmuró bien bajito el niño.
—¿Qué pasó? ¿Ya ves que todo está bien? Fui al médico y me dio el medicamento —. Se levantó con su hijo en sus brazos, comenzó a menearlo un poco, le besaba la cabeza y le hacía un poquito de cosquillas debajo de los brazos. Caminó con él hasta la cama y se acostó allí siguiendo el juego de las cosquillas con él.
—Ya comimos, pedí servicio a la habitación—. Dijo Mikasa agarrando unos trapos del suelo.
—De acuerdo. ¿Dónde está Gretchen? —. Preguntó Levi mirando por todos lados.
—En el baño—. Respondió. —¿Qué tenías Hanji? —. Cambió la dirección de su mirada hacia la mujer postrada en la cama de lado.
Hanji se sentó al borde de la cama, su hijo la siguió y ella lo abrazó de lado. Se quedó mirándolo con el infinito amor que cada día le profesaba tenerlo: tan cierto y humano.
—Esperemos a que venga Gretchen.
Un par de minutos luego en que Hanji se colocó ropa más cómoda, todos se apretujaron al sofá donde la mujer se quedó sentada con Dave en sus piernas. Gretchen era quien todavía se quedó un poco atrás.
—¿Si te portaste bien? —preguntó en tono confidencial Hanji a su hijo.
Mikasa alzó la cabeza, ella se quedó sentada en la alfombra.
—Después de que se quedara tranquilo pasaron jugando con Gretchen toda la tarde. Pero siempre volvía a preguntar: "¿Ya vienen?" "¿Ya vienen?" "¿Ya vienen?" —Repitió Mikasa imitando la voz chillona de Dave. — Por eso lo lavé temprano, se ha de quedar domido pronto.
El niño ocultó su risilla a Mikasa con el mechón de pelo de su mamá.
—Oh bueno, no estuvo tan mal. Gracias Mikasa por cuidar a los niños. Te aseguro que mañana sí gastaremos todo el día—. Inquirió Hanji y se giró a ver a Levi quien se sentó a su lado en el sofá.
—¿Ya está bien? —. Se animó Gretchen a hablar aun parada que al escucharla, Mikasa la haló del brazo y la hizo sentarse a su lado.
—Oh querida, claro que sí—. Dijo, tenía un poco de duda en la voz. —Bueno, bueno —Estaba comenzando a inquietarse por ello miró a Levi y casi como si le preguntara con la mirada él le dijo:
—Adelante.
Ella se movió un poco con Dave, inhaló aire y miró a todos.
—Bueno niños, fuimos al médico de aquí y como les dijo Mikasa también fuimos fuera de Disney Landia porque necesitaba hacer un examen que aquí no podría. ¡Olvidé decirles que compramos unas cositas bonitas para adornar la casa! Las dejamos en el auto. Ya verán luego. Ah… —se estaba desviando del tema. — ¿Qué les digo? Ja, ja, ja. Mikasa, Gretchen y Dave ustedes ahh… pues van a tener a alguien más aquí. — Divisó confusión en Gretchen pero la expresión de Mikasa era diferente como de anticipación que la vio buscar a Levi con la mirada. —Sí, sí… van a tener a alguien más aquí cuando nazca. —Inconscientemente inclinó la cabeza hacia el lado izquierdo y sujetó mejor las manos de su hijo. — Hoy nos enteramos de que estoy embarazada y es por eso que estaba un poquito enfermita. ¿Sabes que significa eso Dave?
—¿Qué cosa? —Respondió y parpadeó.
Para ese momento Hanji tenía una risa nerviosa en la cara.
—Que vas a tener un hermanito.
—¿Y dónde ta? —. Preguntó mirando a otro lado. Se hizo un poco hacia atrás como si quería caer de espaldas en Levi.
—Aquí —Se señaló el vientre.
—¿Ahí?
—Aquí—. Repitió con la misma voz risueña — Está mas pequeño que tus manos, todavía tiene que crecer mucho mucho y vas a ser su hermano mayor. —Hizo unas cosquillas en la barriga de su hijo que finalmente se dejó caer en el abdomen de su padre. —Ajá y Gretchen y Mikasa seguirán siendo las hermanas mayores.
Miró a las nombradas, para ese instante Mikasa se acercó más al sillón como queriendo poner su barbilla en la pierna de Hanji.
—Ven acá Gretchen —. Dijo Hanji y estiró una mano hacia la niña. — Ven, ven.
Como todavía se encontraban en un proceso de conocimiento con ella, quería hacerla sentir cercana a ellos. La hizo sentar entre ella y Levi.
—¿Y cómo llegó ahí? —. Fue la pregunta de Dave, estiró sus brazos hacia atrás, quería tocar la cara de su papá.
—Pues…—Murmuró Hanji rascándose el cuello. —Levi, ¿Qué dices tú?
Como Mikasa ya era grandecita y Gretchen también tendría alguno que otro conocimiento sobre reproducción humana sería algo extraño, pensaba Hanji, hablar sobre la cigüeña. Miró a Levi, el hombre tenía la orejas un poco rojas.
—Tú lo sabes mejor que yo ¿No, Hanji? —. Respondió y ocultó su nerviosismo.
Hanji entrecerró los ojos hacia él.
—Ah… digamos que tu papito me dio a tomar una pastilla.
—No entiendo—. Se rascó la mejilla el niño.
—Es algo así mi amor, así llegan los bebés al vientre de la mamá. Ya cuando crezcas lo sabrás mejor —. Le dio unas palmaditas en la cara para distraerlo. — ¡Eso era!
—¿Qué pasa Mikasa? —. Preguntó Levi.
La nombrada se rio un poco, tenía el rostro muy relajado.
—Nada, nada… entonces habrá un bebé nuevamente—. Comentó ella.
—Te aseguro que en el próximo viaje en que ya tengamos al bebé no te dejaremos sola. ¡Perdón Mikasa! Solo fue esta vez—. Se apresuró Hanji a decir.
—Yo no he dicho nada de eso, solo que también me agrada la idea, es todo. No te preocupes Hanji—. Formuló Mikasa como respuesta y dejó puesta su cabeza en el muslo de Hanji, al instante sintió la mano de la mayor acariciarle la mejilla y el cabello.
—¿Y tú Gretchen? ¿Qué opinas? —. Preguntó Hanji sin dejar de acariciar a Mikasa.
Gretchen se giró a ver a su hermanito, tenía la mano ya puesta en la manito de él.
—¡Papi tengo mucho sueño! —Exclamó el niño para luego bostezar, estiró la mano y buscó la oreja de su papá.
—Ya vamos a dormir—. Susurró Levi y empezó a mover las piernas.
—Quisiera tener una hermanita, pero si es un hermanito igual está bien—. Se encogió de hombros.
—Vaya, vaya… tú y yo queremos lo mismo. Es decir, tu una hermanita y yo una bebita—. Se sonrió. —Vamos a ver luego.
—Si se ponen así ustedes, debo decir que yo quiero un varón—. Comentó Levi y observó el mohín que hizo Hanji. —Solo Dave me acompaña —Dijo como excusa.
Cerca de una hora después la habitación ya se encontraba oscura, las niñas se despidieron y fueron a su habitación. Una vez se quedaron solos lo primero que hicieron fue hacer que Dave durmiera, lo acomodaron en medio de la cama, le colocaron una almohada y una frazada. Hanji que tenía la costumbre de contarle algún cuento o de cantarle una canción esa noche no pasó por alto, escogió "Aquella estrella de allá" de la película de Peter Pan. Desde que se convirtió en madre comenzó a aprender canciones infantiles, y con cada película que veían junto a Dave tendría algún otro reportorio que aprender.
Ahora los dos lo veían dormir mientras ellos seguían conversando en susurros bajos desde el mismo sillón de antes. En esa conversación Hanji le comentó a su esposo que el día anterior Gretchen tuvo su primera menstruación, lo hizo como un comentario casual. Evidenció el breve cambio en el semblante de Levi. Seguramente debeió estar procesando lo rápido que era todo eso.
Además de ello, le hizo una breve petición a Levi.
—Te agradecería muchísimo si en estos dias no usas demasiada colonia—. Le dijo en un susurro bajo. Observó las cejas contraídas de él aún en medio de la tenue oscuridad. — No te lo tomes mal, Levi.
—No uso tantas fragancias—. Dijo como respuesta.
—Ya sé, ya sé. Lo que usas es demasiado en este momento para mí. Me molesta tu aroma, incluso ahora. Solo un poquito—. Dijo, antes ya había tomado un poco de distancia de él.
—¿Insunúas que huelo mal? —. Interrogó.
—Tampoco es eso. ¿Cómo te lo digo? Desde ayer me siento extraña y eso es por tu culpa. No es verdad, no es tu culpa. Soy yo que me encuentro muy receptiva y precisamente tus aromas y tú me hacen sentir asqueada. Te digo que no te lo tomes a mal. Supongo que llegará el momento en que pase esa sensación al igual que la etapa de los mareos y las náuseas. Es algo así Levi.
El hombre se frotó la barbilla y reclinó su cuerpo hacia atrás en el respaldo del sillón.
—Realmente hay cosas que todavía no comprendo de las embarazadas—. Comentó.
Hanji sonrió y agachó un poco la cabeza.
—No sentí nada de esto con Dave, el primer trimestre fue muy... ¿tranquilo? Solo tenía muchos antojos de cítricos —. Recordar las naranjas y las toronjas que consumió en ese momento lo cual al solo evocar memorias le produjo salivación. Salió de su estado cuando Levi posó su mano en su vientre y estrujó allí muy despacio. Colocó su mano encima de la de él, fue moviéndola al compás con los mismos movimientos que él hacía.
Miró a Levi.
—En la cena de navidad. ¿Tus padres lo sabrán? —. Preguntó y hechó su brazo hacia atrás.
—Oh, no lo había pensado. Cierto es que van a estar con nosotros y sería una excelente ocasión—. Inquirió con la misma voz baja.
—Habrá mucho que hacer cuando regresemos—. Se pasó la mano por la cara.
—Sí… mejor sería no pensar demasiado en lo que hay que hacer, por lo menos no por ahora—. Murmuró y cerró un poco los ojos. —¿Qué estábamos haciendo hace cinco años?. Mi barriga estaba muy pesada, recuerdo la sensación de hinchazón y a Mikasa durmiendo conmigo esa noche amaneciendo el dieciocho.
Levi se removió un poco.
—Hubiera preferido no realizar ese viaje en esa semana, así podría haber estado a tiempo en tu labor de parto —. Comentó Levi.
—Se adelantó, no pudimos anticipar eso —. Respondió Hanji. —Se supone debería haber salido después de navidad. Me imaginé en noche buena todavía luciendo mi barriga—. Inquirió y sonrió. —Al final sucedió algo mejor: como festejar la primera navidad de Dave y el primer cumpleaños de su papá que estaría él presente.
Levi se quedó callado procesando las afirmaciones de Hanji. Cinco años atrás cuando recibió la noticia de que Hanji estaba en labor de parto él se encontraba lejos, viajó muy temprano por la mañana del diecinueve y en la tarde estuvo arribando a la ciudad. Aparte de cansado y estresado durante todo el trayecto, estaba muy ilusionado por llegar lo más pronto posible a la clínica. Inmediatamente llegó pidió información sobre su esposa encontrándose con la noticia de que aún se encontraba esperando por entrar a quirófano. Desde ese momento supo que Hanji debería estar muy agotada cuando estaba internada desde el día anterior.
Acudió a la sala en su búsqueda, la encontró al borde del agotamiento, ese dolor reflejado en su rostro lo comenzó a carcomer que se sentió inútil por no poder hacer nada que la aliviase mas que solo acompañarla. Llenó la documentación que sería necesaria para ingresar al quirófano junto a su esposa y como si no hubiera sido suficiente las horas en trabajo de parto llegó el momento en que todavía ella debía seguir sacando fuerzas para llevar a su hijo al mundo.
Hanji con las piernas abiertas hacia el médico, los auxiliares y las enfermeras se empecinaba en no rendirse. Levi le sostenía la mano y respiraba pesadamente cada vez que ella se quejaba hondamente y volvía a pujar después de la indicación del médico. Fueron instantes que Levi recordaba eternos envueltos con una mezcla de amor y estrés, estrés que fue aliviado en el momento que el médico proclamó que estaba casi afuera, segundos después escuchó el llanto, el médico murmuraba acerca de lo saludable que estaba su varón. Le agarraron el cordón umbilical con una pinza y luego se lo colocaron a Hanji el bebé en el pecho solo cubierto con una tela verde de cirugía.
Recordaba que en ese momento a Hanji se le escapaban lágrimas de los ojos que mas bien eran de felicidad y ya no tanto de dolor. Ahí ocurrió el primer acercamiento con su hijo, lo recordaba bien rosado y grasoso, cubierto por algo blanquinoso que después supo se llamaba vérnix caseosa y tenía la función de proteger la piel del feto del líquido amniótico.
—Oye, no quiero que se lo lleven—. Hanji había dicho entre lágrimas cuando vio a la enfermera acercarse a ella.
Dave nació cerca de las ocho de la noche. A las diez ya se encontraban en una habitación tranquilos. Estaban esperando que llevaran a Dave. Hanji estaba muy ansiosa por verlo de nuevo que Levi salió para preguntar si ya lo podían ellos tener. Después que pudieron estar solos con su bebé el mundo se escuchaba diferente por el llanto de la criatura, para Hanji era el ruidillo más dulce que podía escuchar y para Levi la sensación era lo más cercana a experimentar una verdadera felicidad. Nada que ver, esa era la verdadera felicidad además de sus personas especiales.
Recordaba que caminó dando vueltas por la habitación con su bebé en sus brazos todo envuelto en una frazada color crema y estampados de oso, los breves quejidos que emitía lo llenaban de amor. A espaldas de Hanji le habló y le dio el segundo beso en la frente rosada. Le tocó la naricita y lo olió. Recordaba también esos labios tan rojos que tenía y las bonitas manos que las mantenía en puños.
Todas esas sensaciones y emociones que experimentó ahora podrían volver a repetirse en unos meses. Miró a Hanji y dejó de mover su mano en el vientre de ella, se incorporó en el mueble y le buscó la boca para besarla.
—Todo está listo para el viernes en Chef Mickey, olvidé decirte. La sorpresa de cumpleaños y todo eso. Mickey lo va a felicitar—. Susurró muy bajo cerca al oído de Hanji y aprovechó para besarle la mejilla.
—¿Me das otro beso? Parece que puedo tolerarte más, tengo que comprobar —. Susurró y besó a Levi en la boca. — ajá, te puedo tolerar más —. Comentó escondiendo su risilla. — Será un bonito pumpeaños como dice Dave.
Al día siguiente Hanji volvió a sentir náuseas que fueron matutinas y que lograba controlarlas bebiendo unos sorbos de agua mineral. Levi le dijo que después de Chef Mickey si quería podían regresar a casa. Se suponía que se quedarían hasta el veintiuno de diciembre pero estaba considerando la comodidad de su esposa. Situación que fue superada ante la negativa de Hanji por marcharse, declaró que si en realidad llegará a sentirse tan decaída e indispuesta como el miércoles se lo diría.
Llegó el cumpleaños de Dave, ese día lo vistieron con camisita y corbatín por lo menos por unas horas. Festejaron casi todo el día y fue todo más acentuado cuando llegaron a Chef Mickey, un restaurante atestado de niños y sus padres. Era cierto que había bastante ruido por el mismo hecho de que los niños se emocionaban.
Aún así para Levi y Hanji fue superior todo el rastro de emoción en su hijo cuando los personajes de Mickey, Minnie, Goofy, Pluto, Donald y Daysi lo llamaron por su nombre, lo felicitaron e hicieron un baile que igualmente estaba dentro de sus actividades regulares en el restaurante. Se tomaron muchas fotos, el más emocionado fue el más pequeño junto a su hermana: la inocencia bien marcada.
Por la noche Main Street tomaba mayor encanto que en cualquier otro momento del año, con la temporada navideña era vivir un momento mágico el presenciar el tradicional desfile de los personajes de Disney ya sea en carros alegóricos o bailando e interactuando con el público.
La música, el ambiente, la risa de los niños.
No lograron conseguir puestos en primera fila para el desfile, pero por lo menos no estaban tan atrás. Hanji cargó a Dave para que pudiera observar el desfile, Levi hizo lo mismo con Gretchen, ella se aferró con su brazo alrededor del cuello de Levi. La risita de Gretchen le recordaba a Petra, todavía le veía disimuladamente la cara emocionada mirando el desfile: le resultaba extraño que perdió años de la vida de ella.
Llevó su mirada al frente, pasaba Peter Pan saludando a los niños. Más atrás seguían Donald y Daysi en trajes navideños. Dave alzó la mano para saludarlos, Hanji y Levi se miraron, sabían que pensaban lo mismo sobre el pensar de Dave: que eran los mismos que estaban en el restaurante, es decir, los personajes. Aunque no eran las mismas personas por debajo del disfraz.
La voz particular de Mickey se escuchó aún desde lejos, iba montando en un carro navideño junto a Minnie: cantaban, bailaban y saludaban al público.
Antes de que acabara el desfile, decidieron retirarse hacia el castillo de Cenicienta. Esperaron un largo tiempo junto a la multitud para poder finalmente apreciar el espectáculo de fuegos artificiales allí en el castillo. Ese ambiente para ellos fue vivir realmente la magia de Disney como el vídeo de apertura de las películas: todo llevado a la realidad.
En medio del espectáculo de los fuegos artificiales, Hanji se detuvo a apreciar a quienes tenía consigo, su esposo y los niños: el rostro de Levi brevemente iluminado por colores de fantasía sumado a una sonrisa disimulada que compartía con Dave, quien estaba mirando al cielo subido en los hombros de su padre.
Mikasa le agarró el brazo, Gretchen estaba delante de ella. ¿Era la reiterada magia de Disney?
—Oye Levi, ¿Qué te parece si vamos por algo frito? —. Le preguntó haciendo esfuerzos para que él la escuchara debido al ruido del espectáculo.
—¿Antojos? —. Alzó una ceja él.
—Ya lo sabes—. Contestó guardándose la risa.
Fueron por algo frito como quería Hanji, aprovecharon y compraron otros dulces no solo para ella. Irían comiendo con calma hasta llegar de nuevo al hotel. Ya Dave empezaba a irritarse porque quería dormir, el cumpleañero sería el primero en irse a la cama en esa noche donde la magia hizo su trabajo.
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¡Hola! Gracias por leer.
Queda ahora claro que Levi y Hanji si iban a tener otro hijo. El embarazo no llegó a término. Faltando unas semanas para el nacimiento Hanji manifestó sentirse asustada por no sentir los movimientos del feto a primera hora de la mañana. No saben qué sucedió exactamente. La ginecóloga solo les dio la noticia de que no había frecuencia cardíaca y le practicaron una cesárea. A raíz de ese hecho Hanji descuidó un poco a Dave, y en ese transcurso a él le sucedió un accidente doméstico que al final Hanji se sintió culpable y se aferró mayormente a él.
Hanji no quiso volver a intentar un embarazo, se lo dijo a Levi y él tuvo que aceptar la decisión.
Escrito: septiembre de 2021
