ANIVERSARIO
Hanji examinó de nuevo el punto rojo en el dorso de la mano de su hijo. Repasó con el pulgar encima del mismo punto donde antes la enfermera lo hincó con el catéter, pero no logró agarrarle la vena para conectarlo. Miró a su pequeño que tenía los ojos rojos e hinchados de llorar por tanto tiempo puesto que no era el primer intento, el segundo para ser exactos, además de que le fue inyectado en el glúteo un medicamento para contrarrestar el vómito. Lo volvió a mirar; sabía que estaba cansado de estar allí, y por estar enfermo se ponía aún más irritable.
El pequeño no había dormido ni bien en toda la madrugada por el malestar y la fiebre, sumado a que luego presentó disentería: Hanji le dio a beber en pocas cantidades suero oral que preparó, sin embargo, se complicó la situación cuando empezó a vomitar siendo imposible ahora el suministro del mismo.
Llegaron al hospital infantil a primeras horas de la mañana, esa mañana fría de invierno.
La enfermera regresó a la habitación con un nuevo catéter. Levi entró tras ella, casi respirándole encima por la cercanía con la cual observaba cada movimiento de su trabajo. A él no le hacía gracia alguna que llevara dos intentos fallidos para hincar la vena correctamente; el pinchazo y la sangre desperdigada solo lograban desmejorar a su hijo.
—Vamos Dave… solo… solo un piquetito más, es como un mosquito ¿Si? ¿Sí, mi bebé? Solo una más te lo prometo. Luego ya estarás sano y ya no vomitarás ni harás popis tan feo. Si eres fuerte ahora después iremos a comer helado. Sí, por favor… solo uno más—. Inquirió Hanji, tratando con palabras dulces de que su hijo dejara de moverse inquieto porque vio a la enfermera con la nueva aguja.
El niño movía la cabeza de un lado a otro reiteradamente, inquieto, se movió bruscamente que Hanji necesitó que Levi la ayudase sujetándole las piernas para poder inmovilizarlo.
—No… no… mami, no quello ya no quello—. Movía la cabeza de un lado a otro en forma de negación.
—Uno más, solo una más. ¿sí?
—¿Uno? —. Preguntó el niño, movió sus pestañas y de sus ojos escurrió un poco de lágrimas de abatimiento.
—Solo uno, te lo prometo mi amor—. Le dijo besándole los deditos de la mano con la cual trataba de sujetarse a ella.
Mientras tanto Levi se mantenía silencioso, sujetándole las piernas que hace poco dejaron de moverse. En cambio, empezó a acomodarle las medias y el pantalón de algodón gris. Internamente sonreía para sí mismo al contemplar la gran conexión que tenía Hanji con el niño, la gran calma que podría ella lograr transmitirle y la capacidad que tenía para amarlo naturalmente. Estaba feliz de que fuese ella la madre de su hijo que deseaba que todo marchase bien para que pudieran descansar; Dave principalmente.
Le acomodó a Dave, de nuevo, su peluche de Mickey Mouse a su lado. Hanji le ayudó a colocárselo en un lado para que pudiera el niño abrazarlo. ¡Ah! A Dave le encantaba ese peluche, y el pijama que llevaba puesta tenía la misma cara estampada del ratón en ella. Su pequeño niño era muy adorable a los ojos de todo el mundo, pero nada como para él y Hanji. Mikasa también participaba, ella lo adoraba y lo cuidaba como si fuese su hermanito. La pobrecita se quedó en casa preocupada, aunque a esa hora ya debía encontrarse en clases.
La enfermera anunció tener todo listo para el nuevo intento —Levi insinuó con un susurro que sería el último— la mujer afirmó nerviosa. Y aunque ya hubiera Hanji convencido al niño para que resistiera una vez más, parecía haberlo olvidado porque empezó a llorar de nuevo. Sería lo natural, más bien.
Su esposa tendió parte de su cuerpo en la cama situándose al lado del niño, ella le agarró el rostro e hizo que la mirara, le dijo que solo la mirara a ella y nada más. Mientras tanto Dave seguía emitiendo hipidos y ese quejido extendido que no cesaba. Y su madre que era muy paciente le susurraba palabras de dulzura… alguna promesa o un chiste. Quizás porque ella quería despejarse también de la aguja, porque parecía que era a ella a quien la estaban hincando; hacía gestos de dolor, casi lloraba junto a Dave pero justo Levi le susurraba que se controlara porque no estaba transmitiendo serenidad.
Pero Levi no se quedaba lejos de sentir el mismo dolor de Hanji pero sabía manejarlo mejor. Y en su lugar acariciaba las piernas poco inquietas del niño sin quitarle la mirada a la aguja incrustándose en la piel; escuchó un chillido agudo, sin embargo, Dave logró mantener el brazo quieto. Luego el chillido inicial dio paso de nuevo al quejido largo y extendido, bajito. Notó las ansias de su bebé por mirar, siendo retenido por Hanji, sabía precisamente que él quería saber que ya todo había pasado, que lo que su madre le prometió se cumpliría.
Porque no había cosa más sagrada y cierta que la palabra en promesa de una madre.
Y que en ocasiones no se pudiera cumplir no quería decir que era una mentira.
La enfermera no logró tomar la vena, se lamentó profundamente y retiró la aguja girándose hacia el padre de la criatura que la miraba con los brazos cruzados en el pecho, su mirada refulgía en malestar.
—Como está deshidratado y sus venas se esconden por el miedo realmente está difícil—. Dijo, tratando de sonar lo más profesional que pudiera.
Hanji tomó a Dave en brazos y empezó a caminar por la habitación tarareando una canción de cuna, el niño se aferró a su cuello y descansó la cabeza en el hombro de ella, por momentos se quejaba.
—¿No hay otra manera? —. Preguntó Hanji dejando de tararear.
—Me gustaría esperar un poco para hacerlo de nuevo—. Dijo la enfermera, pasó de mirar a Hanji a Levi quien frunció el entrecejo.
—Son tres veces, es demasiado—Dijo en amonestación.
—Lo sé, solo que las venas del niño me resultan difíciles ya que de por sí son muy finas.
En ese momento se escuchó secadas, Hanji no tuvo tiempo para llevar a Dave al baño: ya había vomitado en su hombro, y parte del material empezaba a deslizarse por su blusa hacia la espalda.
Levi agarró un par de toallas de la pañalera y empezó a limpiar a su esposa, luego recayó en limpiar la boca de Dave quien lucía su rostro cansado y pálido. Lo tomó en brazos para poder darle espacio a Hanji a que vaya al baño a limpiarse un poco el cuello.
—Usa mi abrigo Hanji—. Dijo señalándole la misma a ella para que se cambiase mientras él terminaba de asear la boca de su niño, por suerte no se ensució la camisa. —Y usted…— dijo refiriéndose a la enfermera. — Lléveme con su superior, quizás necesite más práctica o algún otro instrumento.
—Si, señor—. Respondió ella.
—Ya estoy Levi. Ven… ven amor—Dijo extendiendo los brazos hacia Dave quien al instante levantó sus brazos hacia ella.
—Mejor no te muevas mucho con él, las vueltas pudieron marearlo—. Dijo Levi, levantándose y retirándose de la habitación con la enfermera. Cerró la puerta despacito, observando por segundos como Hanji se quedaba sentada en el mueble con el niño en su regazo, mimándolo y reconfortándolo.
Unos metros más allá habló con la jefa de enfermeras, le comentó la situación y le pidió a ella que intentara asistir a su hijo. Levi no lo hacía por malas intenciones o querer desacreditar a la enfermera más joven, solo creía que quizás ella no tuviera tanta experiencia en el área de pediatría.
La mujer muy accesible aceptó y llevó a la más joven con ella para enseñarle quizá algún procedimiento necesario con niños.
—Si sabe que los análisis estarán listos para la mañana, es lo más pronto posible señor Rivaille—. Comentó la mujer refiriéndose a las pruebas de laboratorio de Dave, sangre, heces y orina. ¡Ah! Había tenido otro hincón por eso.
—Gracias—. Dijo abriendo la puerta de la habitación dónde esperó encontrar a Hanji.
Mas un sonido lejano llamándolo le hizo ir hasta el baño.
—Vomitó de nuevo, logré llegar al inodoro con él, por eso no nos hemos ensuciado—. Dijo ella, mantuvo una sonrisa de candidez en el rostro mientras le pasaba la mano mojada a Dave en la boca, llevándose cualquier rastro del vómito.
Levi se acercó y le ayudó a terminar de limpiarlo, le secó el rostro suavemente con la toalla.
—¿Le revisaste el pañal? —. Preguntó Levi pasando una mano por el mismo con el fin de notar si había material fecal dependiendo del peso y calor.
Hanji le miró y respondió:
—Sí, ha hecho menos. Pero no se lo cambie ¿Lo hago?
—Descuida lo hago yo. La jefa de enfermera se va a encargar de la puesta del suero.
—Te traeré otro pañal, ya vengo amor—. Salió del baño tras decir esas palabras, no a Levi, sino al niño.
Levi, mientras tanto se dedicó a desvestirlo de la cintura hacia abajo, le lavó los glúteos y lo secó para ese momento Hanji regresó con la pañalera.
Una vez listo el niño, limpio y más tranquilo lo llevaron de nuevo a la camilla. La enfermera mayor ya tenía listo lo que necesitaría y hasta tenía una lámpara de mano.
—Oh, miren ese bebé~ tan lindo~—. Canturreó la mujer viéndolo en los brazos de la madre.
—¿No es cierto? Es lindísimo~—. Comentó Hanji emocionada. Le besó la frente y lo recostó en la cama.
—¿Cuántos años tienes mijito? —. Preguntó con voz meliflua al infante preparando el catéter sin que él se diera cuenta de lo que hacía.
Dave alzó su mano temblorosa hecha puño y soltó dos deditos logrando con esa acción que Hanji y Levi sonrieran: ella ampliamente y él más disimulado siendo que la ternura y el amor era igual en ambos.
—¡Qué bonito mijito! —. Dijo la enfermera, tocando ambos dedos.
El niño sonrió ante la sonrisa de la enfermera que quizás le pareció muy cómica.
—Se harán amigos muy pronto—. Comentó Hanji notando lo relajado que se encontraba Dave.
Hanji le volvió a besar los deditos y se llevó la mano del niño al pecho.
—Eso espero—. Dijo sonriendo ampliamente y acomodándose los lentes. —Bien, usaremos la lámpara, es verdad que sus venas están escondidas comentó haciendo presión en la muñeca del niño buscando las mencionadas.
Por intuición Dave volvió a sentirse amenazado y por ende comenzó a moverse inquieto, anticipaban que el llanto pronto aparecerá de nuevo por lo cual Hanji se tendió a su lado, y Levi se posicionó cerca a ellos dos tratando, de alguna manera, que su niño tranquilizara.
La mujer adulta notó la situación y empezó a jugar con Dave dándole hincones en el abdomen y las piernas con su dedo, nada fuerte solo era para distraerlo y causarle cosquillas. Balbuceaba algunos monosílabos que a Levi le parecían ridículos, y al ver que tenían efecto en su hijo (ya que se reía) dejó de prestarle la mala atención.
Contra toda corriente tuvieron que inmovilizarlo un poco, Levi le agarró las piernas y Hanji se ocupó de sus brazos, siendo que al final se logró conectarlo con éxito a la vena del antebrazo puesto que era la más visible y porque la vena metacarpiana, en ambas manos ya fueron punzadas. Como protección extra se le entablillo el brazo para que no exista la posibilidad de que al moverse pudiera surgir un problema.
Para llegar al buen resultado fue necesario una colaboración extra; por intuición Hanji entonó una canción «Arrorró mi niño, arrorró mi sol, arrorró pedazo de mi corazón» con voz suave le cantaba mirándolo a los ojitos llorosos, a esa mirada cansada y doliente que a poco se fue relajando: ya que seguramente le hacía recordar cuando se iba a dormir y su madre siempre estaba ahí brindándole amor.
—Vamos papá, canta también—. Le había dicho la enfermera concentrada en su trabajo.
Levi se mostró indeciso, apenas pudiendo balbucear y es que si de cantar se trataba, él se consideraba un desastre; solo porque había personas extrañas junto a ellos, de lo contrario haría el intento con su hijo a solas.
—Canta conmigo Levi—. Le dijo Hanji sonriéndole con calidez, le movía los labios en forma de pedido.
Solo se escuchaba el murmullo de las enfermeras y el corte de esparadrapos.
—Este niño lindo que quiere dormir y el pícaro sueño no quiere venir. —. Entonaron ambos al mismo tiempo, regresando la mirada a Dave, a un niño que había dejado de luchar y llorar. — Este niño lindo, ya se va a dormir, cierra los ojitos y los vuelve a abrir.
Hanji le acarició al niño la frente usando las yemas de sus dedos, haciéndole los cabellos hacia atrás, y Levi se llevó los piecitos cerca de su rostro y depositó un beso disimilado por encima del calcetín.
Dave se rio, seguro porque le habría hecho cosquillas por besarle el piecito.
…
Ya casi era medio día. La habitación se encontraba en silencio, un poco se escuchaba de los resoplidos de Dave al dormir, su respiración tranquila era sinónimo de tranquilidad también en los padres. Levi se acercó a la ventana, mirando tras el vidrio podría apreciar que afuera el clima sería igual de frío que ahí dentro pero el sol refulgente permitía establecer que por lo menos un poco de calor haría.
O la sensación de tener la luz brillante en el rostro no hacía más que dar bienestar.
—Ve a comer, me quedaré con él—. Le dijo Levi a Hanji desde la ventana, ella se cabeceaba de sueño en la cama con el niño.
Abrió en par sus ojos, levantándose muy despacio para no despertarlo.
—No demoraré—. Susurró Hanji volviendo a acomodar a Dave con su Mickey Mouse. —Préstame por favor la billetera.
Levi le extendió lo solicitado a Hanji, luego ella salió de la habitación así mismo; con suma delicadeza al cerrar la puerta. Y aunque Levi supiera que ella hizo el menor ruido posible, de todas maneras, el niño se despertó, emitiendo un brinquillo ante la desorientación de verse solo. Y a Levi le quedó la gustosa tarea de acomodarse a su lado, tal como Hanji estaba. El chiquito le empezó a palpar el pecho y la dejó ahí volviendo a cerrar los ojos. Levi estaba seguro de que lo hacía para asegurarse de su presencia.
Lo miró entero dormir nuevamente, sus cabellos negros un poco alborotados y que él peinó brevemente, sus lindas mejillas redonditas que estuvo tentado a besar, sus lindos labios que estaban un poco resecos e iban dejando el rojo que tuvieron en la mañana, sus lindas manitos pequeñas y blanquitas que al rato movía ligeramente los dedos.
Llevó su mano a la barriguita de Dave, le acomodó la frazada y lo acarició despacito. Mas luego le besó la frente y se tendió un poco más en la cama, no debía dormirse o de lo contrario no estaría cuidándolo de que no moviera el brazo intervenido.
No volvió a vomitar, eso era lo mejor.
Para cuando Hanji regresó, le comentó a Levi lo que había comido y que debía darse prisa pues todavía quedaba algo de lo que seguro él querría comer.
El resto de la tarde la pasaron tranquilos con Dave, se turnaban para sostenerlo ya que el niño se había cansado de estar acostado. Uno lo tenía en brazos y el otro agarraba el suero o verificaba que no sucediera algún percance.
Y aunque ambos padres luchaban contra el sueño y el cansancio hacían lo posible para entretener al niño.
Antes de anocheciera le fue extraído el suero, aquel fue de nuevo otro momento difícil pero menos que en la mañana. Podrían regresar a casa esa noche, pero al siguiente día tendrían de nuevo que regresar por los resultados de los exámenes y la consulta.
Salieron, Levi con Dave en brazos cubriéndolo con su colcha gris y Hanji con la pañalera. Fueron al estacionamiento y se plantearon algo:
—Yo conduzco, míralo podría despertar—. Dijo Hanji en razón de que Dave estaba profundamente dormido en el pecho de Levi.
—Está bien— . Respondió y abrió la puerta de atrás, se acomodó en el asiento con Dave tendido sobre él, su cabeza cerca a su pecho palpitante. Lo encerró en sus brazos, en un protector abrazo y le besó de nuevo la cabeza.
—Debería tener una cámara en este momento—. Comentó Hanji encendiendo el auto y mirándolo por el retrovisor.
Ambos se miraron, cansados y felices.
Cuando llegaron a casa, encontraron en la mesa una caja de regalo celeste y un lazo muy lindo. Al lado de la caja una tarjeta que tenía la letra de Mikasa impresa ahí: «Feliz primer aniversario de boda Levi y Hanji, de parte mía y de Dave» Hanji se llevó la tarjeta al pecho, juraba que una lagrimita se le quería escapar por el ojo.
—También ha hecho panna cotta—. Comentó Levi llevando un platillo con el postre en la mano y una nota que era de Mikasa. —Ha hecho dos, uno para ti, uno para mí.
—Aw. ¿Dónde está? Pensé que estaría aquí—. Inquirió Hanji mirando alrededor en la sala.
—Está terminando un trabajo en casa de una amiga, me dijo la señora Clarisse.
—¿Dónde dejaste a Dave? —. Preguntó Hanji tratando de arrebatarle la panna cotta a Levi.
—La señora Clarisse dijo que estaría con él, cree que tú y yo debemos descansar—. Dijo esquivando a Hanji. —¿Qué hay en esa caja? —Pareció curioso de repente.
Hanji tampoco sabía, solo había tomado la tarjeta y nada más. Deshizo el moño y alzó la tapa; escondida entre bolitas de poliestireno sacaron una caja musical, al parecer.
—¿Una caja musical? —. Preguntó para sí misma observando el aparato. —¡Hay que encenderla Levi! —. Comentó muy feliz, y a la feliz del hombre ella figuraba como una niña cuando le regalaron una muñeca sencilla.
—Cómete la panna cotta—. Dijo Levi un poco distraído, puesto que se fijó en que aún no eran ni las ocho de la noche.
Un cuarto de hora después se encontraba en su habitación encendiendo el obsequio de Mikasa. La maravilla llegó a los oídos de Hanji quien poco se fijó en cuando Levi la aprisionó por la espalda y le besó el cuello en demanda, ella suspiró y dejó a Levi hacer que le empezara a sacar la ropa.
—Aún es temprano, ¿Quieres ir a cenar? —. Preguntó depositando besos en el hombro desnudo de ella.
—¿Y Dave? —. Preguntó inspirando aire.
—No iremos lejos, solo una hora o dos—. Mordió a Hanji en la espalda, ella brincó, se giró y le estampó un beso apasionado.
Se separaron un poquito, la luz era baja y la caja musical seguía sonando.
—Bien, lo que quieras—. Le respondió echándose hacia atrás en la cama con Levi aferrado a ella.
Uno encima del otro, besándose sin desespero. Muy suave, la luz baja, la caja musical sonando, la luz, el silencio, los besos, la tranquilidad, el resto del sabor de la panna cotta en sus labios, la respiración tibia y la paz… todo ello confabuló e hizo su parte con ambos;
se durmieron sin siquiera ser conscientes de que lo harían.
Y despertaron unas horas después; riendo porque al final no fueron a cenar. En cambio, se sentaron en el balcón uno junto al otro.
—Toma—. Dijo Levi y le extendió una cajita.
—Wao Levi, que pena contigo, no he comprado nada para ti—. Se dio una palmada en la frente, su rostro se tornó apenado.
—No importa, ya Mikasa me dio algo. Tú también, mi hijo, ¿No?
Se quedaron contemplándose serenos, mirada a mirada y corazones palpitantes. A Hanji el viento le movía el cabello en el rostro y Levi se ocupó de hacérselos a un lado lo cual le dio la oportunidad para acercarse más, de acerca sus labios a los de ella y besarla lento y pausado... insertó la lengua como un aguijonazo inesperado y se separó de ella.
—Creo que lo mejor que ha pasado hoy es que regresamos con Dave recuperado. Cuando fui a almorzar, escuché muchos casos de niños que llevaban días, meses internados. Enfermedades graves, cáncer, entre otros—. Hanji inhaló aire muy fuerte. —Pobres papás, pobrecitos los niños, ellos aún siguen ahí.
Levi asintió ligeramente con la cabeza y miró a otro espacio.
—También lo escuché, incluso un niño murió por la tarde—. Dijo y vio a Hanji abrir sus ojos en lo que suponía sorpresa que recayó en una ligera tristeza.
—Pobrecito—. Murmuró apoyándose en Levi, ya no tenía muchas ansias por abrir la cajita que le obsequio.
Él la abrazó.
—Siempre me ha parecido muy injusto cuando se trata de niños tan pequeños, sufren alguna enfermedad, algunos mueren—. Dijo Levi con solo un hilillo de voz.
Se quedaron unos momentos en silencio, asimilando la situación.
—Quiero ir a ver a Dave—. Comentó Hanji de repente, levantándose de la hamaca en la que yacía con Levi. Se guardó la cajita en el bolsillo de su pantalón del pijama.
—Voy contigo.
Cuando salieron al pasillo, encontraron a Mikasa caminando hacia ellos y con Dave en sus brazos; el niño estaba feliz al verlos que extendió los brazos y los llamó:
—Ma…mami… papi…
Pasaron un rato más despiertos ya que Mikasa les había preparado un bocadillo.
…
19/10/2020
