«Siempre hay una mejor estrategia que la que tienes, pero aún no lo has pensado.»

—Sir Brian Pitman.

[...]

Al llegar a su oficina, Shikamaru notó algo diferente: en su escritorio no estaba la misma pila de papeles que el día anterior y el lugar se veía demasiado ordenado. Naruto parecía extrañamente sereno y risueño.

Llevaban varios días trabajando sin parar y descansaban muy poco. En ocasiones, ninguno volvía a su hogar con tal de cumplir con sus responsabilidades.

—¡Buenos días, Shikamaru! —saludó con su típica amabilidad.

—¡Buenos días, Séptimo! —respondió formalmente mientras inspeccionaba la oficina con cierta sospecha—¿Qué está pasando?

—Hoy no tienes trabajo que hacer, así que tienes el día libre—musitó mientras bostezaba—. Ve a casa, mañana tendremos trabajo por hacer.

—Pero si...

—¡¡Que te vayas a casa!! —ordenó mientras trataba de no perder la paciencia.

Aunque no estaba del todo de acuerdo, decidió seguir su orden. Al fin y al cabo, no le vendría nada mal dormir unas cuantas horas más de lo habitual.

—Si pasa algo, llámame—advirtió antes de retirarse y el Séptimo Hokage asintió desde su escritorio.

Inconforme y confundido, Shikamaru salió de su lugar de trabajo. Mientras caminaba por los pasillos de la torre Hokage, oía que los jounin murmuraban cosas cuando pasaba. Molesto por sus actitudes, el Nara detuvo su paso y volteó en su dirección.

—¿Qué rayos les sucede? ¡Deberían estar trabajando! —descargó su frustración en ellos y se sintió mejor.

—Bueno, es que... —de pronto, aquel que estaba por hablar recibió un golpe en su nuca.

—No se preocupe, Shikamaru—espetó su compañero—. Mi amigo es un idiota, nada más.

La mano derecha del actual Hokage frunció el ceño y continuó su camino, dejando atrás a esos dos hombres.

"Algo pasa y debo averiguarlo..." pensó y se ordenó a sí mismo que debía conocer el trasfondo del repentino pedido de Naruto.

Antes de eso, necesitaba relajarse en su cama y cerrar sus ojos por un par de horas.

Estaba exhausto y no recordaba la última vez que durmió allí. El sofá no era nada relajante.

Al menos ese era su plan al inicio...

[...]

Al llegar a su hogar, se sentó en el último escalón para quitarse los molestos zapatos y por fin sentir el frío del suelo. Cuando se estaba levantando, escuchó un fuerte ruido de algo rompiéndose e inmediatamente volteó para ver de qué se trataba.

Allí vio a su esposa completamente atónita ante su presencia, dejando caer algunos de los platos sucios que estaba por lavar. Shikamaru se acercó hasta ella y rodeó su cintura con su brazo, procurando no pisar los fragmentos de cerámica que estaban por todos lados.

—Es peligroso aquí—la abrazó y ella aún no decía nada al respecto—. No te preocupes, yo lo juntaré.

Ella no respondió nada. Bajó su mirada y esbozó una sutil sonrisa.

Luego, él dirigió su vista hacia el rostro de su esposa y notó su ligero sonrojo. En ese instante, su corazón latió mucho más rápido de lo habitual y su mente se remontó al día en que ellos se habían besado por primera vez.

—I-iré a terminar mis q-quehaceres—carraspeó y se alejó de Shikamaru a toda prisa.

Él la vio irse y no entendió su comportamiento. Frunció el ceño y trató de pensar en la razón por la cual parecía ser esa adolescente apenada que alguna vez había conocido.

Antes de quedar atrapado en el laberinto de sus pensamientos, Shikamaru buscó una escoba y pala para juntar los pequeños fragmentos rotos. Una vez que hubo acabado, los colocó en una caja. Se calzó nuevamente y la sacó a la calle.

Al regresar, volvió a quitarse los zapatos y se colocó sus surippa antes de que su esposa lo regañara por ensuciar el suelo.

Temari se encontraba tarareando alegremente en la cocina. Él la conocía perfectamente y sabía que eso lo hacía cuando estaba inmensamente feliz. Sin embargo, no sabía la razón y no quería preguntarle por temor a derrumbar tal clima. No obstante, tampoco se quedaría con la duda.

Debía elaborar una buena estrategia para sacarle información sin que ella se diera cuenta.

—Hoy es un día espléndido—comentó y la abrazó desde atrás. La rubia había terminado de lavar lo poco que le quedaba y los dejó secándose sobre un repasador. Al sentir las manos de su esposo rodeándola, se sobresaltó—, igual que tú...

El primer movimiento siempre es un engaño. El contrincante debía caer en esa sutil trampa para continuar la estratagema.

—Supongo que lo amerita—respondió tímidamente—, ¿no lo crees? —inquirió.

¿Acaso había olvidado que Temari era la mejor contrincante cuando se trataba de estrategias? Shikamaru estaba aburrido de ganar con facilidad hasta que conoció la rudeza de la joven Kunoichi proveniente de Sunagakure, demostrándole que sí existía alguien capaz de darle una entretenida batalla mental.

—Pienso que si—no le quedaba otra opción que continuar con ese casillero libre que le estaba cediendo—. Pero eso no justifica que tú te muestres con un aura de júbilo tan contagioso...

Debido a esa frase, el clima calmo que reinaba en la residencia Nara se desvaneció por completo. Temari giró hacia él y le mostró cómo su rostro se había transformado por completo. Estaba seguro de que si tuviera que describir su expresión, sería semejante a una horrible tormenta que estaba a punto de arrasar con todo a su paso.

Sus orbes aguamarina emanaban ardientes llamas que estaban a punto de abrasar a los de su esposo.

—¿Tú... —gruñó. Ella resoplaba para no caer en un momento de ira, pues guardaba algo de esperanza en su corazón— acaso olvidaste qué día es hoy? —sus palabras eran aún más filosas que los kunais y se incrustaban bien profundo en su ser.

—¿Yo? —atemorizado por sus posibles reacciones, Shikamaru decidió jugar su ficha sacrificable. Como quien diría, la vieja confiable—¿Tú piensas que me he olvidado qué día es hoy? —rió con un deje de nerviosismo. El sudor era frío y helaba su frente— ¿Por qué piensas que he pedido el día libre? —fue una jugada arriesgada, pero necesitaba ganar.

Aunque movió a su rey un casillero porque se encontraba en Jaque mate, se percató que esa decisión le dio un atisbo de esperanza. El rostro encolerizado de Temari se transformó por completo, retornando a esa dulce mujer que lo había recibido algunos minutos atrás.

Ahora era ella quien deseaba retroceder y olvidar su atropello.

—¿Q-qué? —aunque no sabía qué responder, Temari siempre guardó la compostura— B-bueno, espero que así sea...

—Pasé por aquí para comprobar si Shikadai se encontraba en casa—pensó en una nueva apuesta—, pero veo que no está.

—Está con Inojin—suspiró y se alejó de Shikamaru. Estaba avergonzada porque sintió que arruinó el momento—. Dijo que tenían que entrenar.

—Él escondió el regalo que te preparé... —su derrape era épico.

—¿R-regalo? —absorta ante la supuesta revelación, Temari respiró profundo y acomodó un mechón de su cabello detrás de su oreja—B-bueno, creo que deberías ir a la residencia Yamanaka por él, ¿no lo crees?

Nuevamente, su esposa se mostraba apacible e ilusionada. Cualquiera podría creer que Shikamaru había estado pensando en un presente, pero... ¿¡Qué rayos estaban festejando!?

Su cumpleaños ya había pasado, el día de la madre también... ¿Acaso era alguna fecha que pasaba vilmente por alto?

—Iré a hablar con Shikadai, en un rato vuelvo—el tiempo que se estaba tomando sería una gran ventaja para él.

—Por supuesto, aquí estaré—se acercó hasta su esposo y depositó un sutil beso en su mejilla.

El Nara sonrió y se retiró lentamente. Aunque por dentro anhelaba correr y gritar por sentirse tan imbécil.

Un pequeño tiempo sería la clave para luchar por la victoria.

[...]

Aunque era una excusa que inventó en el momento, mientras se dirigía a la residencia Yamanaka pensó que ir por su hijo sería la mejor idea para salir del paso.

Sin embargo, había detalles que Shikadai no estaría al corriente y eso obstaculizaba sus planes.

¿Y si se trataba de una fecha especial que sólo ella y él sabrían? ¿Cómo le explicaría que su mente lo olvidó sin que se sintiera mal?

Se detuvo frente a la entrada de la florería y pensó en todos los finales alternos posibles:

1) Temari ignorándolo para siempre, dejándolo sin cenar y echándolo de su habitación matrimonial.

2) El silencio abismal de su esposa cuando se dé cuenta que él no sabe la razón por la cual ella está contenta y sea la principal causa de un tornado que arrasará con toda Konoha.

3) La sonrisa fingida de Temari para hacerle creer que no le importa y en el momento menos esperado, lo deje fuera de su casa, siendo capaz de cambiarle la cerradura.

4) Temari estableciendo una huelga de sexo hasta nuevo aviso.

¿Cuál de todas era la peor?

—¡Ey, Shikamaru! —chistaban de lejos. El aludido salió de su estado de vacilación y se percató de la presencia de su mejor amiga en el mostrador de la florería— ¿Qué haces ahí como un fantasma? ¡Ven!

Sólo una mujer podría salvarlo de sus obstáculos y en el mundo de la amistad, Ino es quien tiene esa potestad.

Shikamaru respiró profundo y caminó con parsimonia hasta el interior del negocio familiar. Su olfato estaba embargado en decenas de aromas distintos que luchaban por imponerse. Se detuvo frente a las peonias rosas. Sonrió y volteó a ver a Ino.

Ella se encontraba recargada sobre el mostrador, sosteniendo su rostro con la palma de su mano.

—Es raro verte por la calle tan temprano, ¿te caíste de la cama hace un rato y vas a la torre Hokage? Porque tu cara apenas se da cuenta de quién eres y dónde te encuentras—bromeó Ino y soltó una sutil carcajada tras decir esto.

—Estoy en un problema muy grande, ¿sabes? —suspiró— Hoy es un día especial para Temari y no recuerdo qué debíamos celebrar—fue recorriendo cada uno de las filas de flores mientras hablaba—. Le mentí diciéndole que Shikadai había escondido su regalo y francamente no existe. Ya no sé qué hacer... —se acercó hasta la Yamanaka y añadió: —¿Cuáles son las fechas por las cuales ustedes serían capaces de matarnos si la olvidáramos? —colocó sus manos sobre el mostrador y se mostró desesperado ante la situación.

—Bien... —Ino se estiró y bostezó—Básicamente nosotras esperamos que ustedes no olviden lo básico—con el índice señalaba a su amigo—, un cumpleaños, el aniversario de casados o de noviazgo, el día de la madre... —cruzó sus brazos y frunció el ceño—Shikamaru, no me digas que otra vez olvidaste la fecha de aniversario de tu casamiento—reclamó y se percató de que, efectivamente, su dilema se debía a ese problema.

—Mi cabeza se ha vuelto un caos últimamente. Ya no recuerdo ni cuando cumplo años, pero el de ella sí lo sé.

—¿Y el aniversario?

—Hasta el cumpleaños de sus hermanos, el de mis amigos...

—¿¡Y el aniversario, Shikamaru!? —exigió la rubia al golpear el mostrador, trayendo a la realidad al Nara, quien ya empezaba a divagar en sus pensamientos.

—¡¡Tampoco lo es!! —respondió de pronto, sorprendiendo a Ino —Lo anoté después de lo del año pasado y no quiero volver a dormir en la habitación de Shikadai por no recordarlo, ¿entiendes?

—Sí, después de que casi se arma la guerra civil entre Suna y Konoha... —murmuró y resopló.

—Malditos traumas... —chasqueó la lengua y miró fijamente a Ino—¿No existe alguna otra fecha importante para las mujeres?

—Pues, no que yo sepa—respondió y notó la frustración de su amigo—. Aunque podemos armar un ramo de flores para Temari. Sé que las amará y tú casi nunca le regalas eso, ¿verdad?

Ino se acercó hasta Shikamaru y lo sostuvo de los hombros. Con su mirada fija en él, expresó: —Tú recuerdas lo que te enseñé sobre las flores, ¿verdad?

—Aunque fue realmente fastidioso, sí lo recuerdo—resopló y cerró sus ojos.

—Bien, ¡entonces ve y elije! —palmeó sus hombros—¡muévete, flojo! O Temari armará su bolso y volverá a Suna en cuanto menos lo esperes.

Con la resignación a cuestas, Shikamaru observó lentamente las flores. Analizó cada una de ellas y su mente se colmó de miles de recuerdos del pasado: su primer encuentro en los exámenes chunnin, donde ambos dejaron en claro que no hace falta ser fuerte físicamente para ser un gran ninja. Es necesaria la estrategia, la lógica y pensar cada movimiento; la misión de rescate de Sasuke, en donde ya estaba rendido ante la muerte y fue su presencia la que le devolvió la vida; todas las misiones de escolta y preparación de los exámenes chunnin, donde ambos eran seleccionados para trabajar en conjunto; la cuarta guerra ninja y sus determinaciones a flor de piel; la misión en el país del Silencio y un sutil acercamiento que le permitió salir con ella fuera de sus trabajos...

Ambos tenían muchos momentos juntos.

—Llevaré estas—señaló e Ino sonrió—. Recordé que tienen un significado muy especial y creo que será muy útil para cuando le pida perdón.

—Armaré el pedido—respondió y buscó en el bolsillo de su delantal una tarjeta que luego le entregó a él—. Pero tú llévala a este lugar. Es mi regalo para ustedes—musitó y palmeó su hombro.

—Pero...

—¡No me contradiga! Es intuición de mujer—murmuró.

Ya tenía demasiado peso mental, así que prefirió asentir y seguir los consejos de su amiga.

—¿Puedo pedirte otro favor?

—¡Por supuesto!

Una nueva estrategia se gestaba en su cabeza. Era momento de la última apuesta más riesgosa.

[...]

Horas más tarde, Temari llegó al lugar donde había sido citada. Llevaba puesto su vestido rojo ajustado en la cintura, hombros al descubierto, un sutil escote que mostraba muy poco de sí misma pero no perdía la sensualidad con la que solía vestir.

—¡¡Qué gusto es verte por aquí!! —Ino se encontraba en el lugar y se levantó de su asiento para saludar cálidamente a Temari con un fuerte abrazo—¡¡Ven, siéntate!!

Mientras la recién llegada se acomodaba, la Yamanaka llamó a uno de los camareros del restaurante. Cuando el joven se acercó, les entregó el menú del lugar y fue la misma Ino quien se tomó la molestia de leer.

—Ino, yo... —Temari intentó impedir que la rubia comenzara a solicitar platillos costosos.

—Pide lo que quieras, hoy invito y no quiero que pidas una miserable ensalada barata, ¿entendido? —cuando Ino solía insistir, nada podía hacerle cambiar de opinión.

—Está bien... —respondió con resignación—Me gustaría carne asada con papas al vapor.

La aludida le dedicó una amplia sonrisa y se dirigió al camarero: —Bien, dos de carne asada con papas al vapor.

El joven asintió y lo anotó en su libreta. Luego preguntó: —¿Para beber?

—Yo no qui-

—Una botella de vino tinto, por favor—interrumpió la Yamanaka.

—Enseguida se los traigo.

Una vez que el muchacho se había alejado, Ino apoyó su brazo sobre la mesa y sostuvo su mentón con la palma de su mano. Tras una sonrisa genuina, preguntó: —Oye, ¿cómo has estado? Hace mucho que no salimos solas.

—Pues—después de un largo rato con una expresión seria, Temari sonrió—, estuve muy preocupada por Shikadai y su entrenamiento. Él estuvo buscando a otros jounins para desarrollar nuevos jutsus y creo que se está esforzando mucho más de la cuenta, ¿sabes?

—Eso es demasiado bueno para ser un Nara... —suspiró—Cuando Shikamaru tenía su edad, todo le resultaba un fastidio y si bien realizaba sus entrenamientos, eso venía junto con miles de quejas sobre lo cansado que estaba y lo aburrido que era. Sin embargo, Shikadai es como tú y trabaja muy duro para demostrar que su rango chunnin fue logrado por su determinación y esfuerzo.

Cuando Temari escuchaba hablar a alguien más sobre su hijo, sentía un enorme orgullo que no podía evitar ocultar e Ino era una de las que más conocía a su hijo fuera del núcleo familiar.

—E-eso, es muy bonito, ¿sabes? —bajó la mirada—Sé que Shikamaru es un flojo en muchas cosas, pero su inteligencia es algo que... —detuvo su discurso y se ruborizó.

—Así que... —Ino se acomodó y mordió su labio inferior —¿¡Eso fue lo que te enamoró de él!? —gritó.

—¡¡Aaaaaaaa!! —se levantó de su asiento y tapó su rostro— ¡No lo grites así!

—¡¡¡Lo sabía!!! —golpeó la mesa, se levantó de su asiento y la señalaba— ¡¡Siempre supuse que lo primero que te atrajo de él era su inteligencia!! —al notar que las personas a su alrededor la miraban mal, Ino soltó una sutil carcajada incómoda y volvió a sentarse—¿Puedo contarte un secreto? —susurró.

—B-bueno... —ya no sabía qué esperar de la rubia.

—Él se enamoró de tu personalidad y tu actitud frente al peligro—confesó y cruzó sus brazos—. Shikamaru solía ser un poco cobarde y por eso se excusaba en que no tomaba ciertas responsabilidades por flojera. Él siempre tuvo miedo por él y por su gente...

En ese momento, el camarero regresó a su mesa con la botella de vino. La destapó y sirvió las dos copas. Ino agradeció su amabilidad continuó hablando.

—Sin embargo—con su índice jugueteaba con el borde de la copa—, cuando tú apareciste en su vida, él se dio cuenta de que todo lo que creía era un estúpido genjutsu de niño.

—¿A qué te refieres? —inquirió tras dar el primer sorbo.

—Siempre pensó que las mujeres eran débiles y los hombres debían hacer todo por ellas—frunció el ceño—. Ese idiota tenía un pensamiento muy retrógrado a pesar de su corta edad, ¿puedes imaginarlo?

Escuchar a Ino hablando abiertamente de la adolescencia de su esposo era invaluable. Ella lo conoció mucho antes y estaba segura de que existían anécdotas que Shikamaru jamás le contaría.

—Pues, no lo creo... —respondió con nerviosismo. De hecho, el Shikamaru que conoció sí tuvo algunos comentarios en contra de sus sexos y en varias ocasiones le recalcó que ser mujer no era impedimento para ser fuerte—Bueno, ¿por qué miento? Él dijo una vez que debía actuar cortés con una mujer en plena batalla y luego se contradijo. Me pareció tan estúpido en aquel entonces y ahora que lo mencionas, comprendo que su pensamiento era diferente al que tendría hoy.

—¡Por supuesto que si! —apoyó la copa contra la mesa— ¡Él y yo no nos llevábamos muy bien al principio! —confirmó—Pero el tiempo compartido, la confianza y nuestra unión nos hizo madurar y ver la vida de otra manera.

Temari escuchaba atentamente las palabras de Ino y esbozó una sonrisa al imaginar a su esposo de niño, quejándose aún más de lo habitual, pero sin perder de vista su actitud responsable.

—Gracias por contarme de él, Ino... —murmuró y sonrió.

—No tienes por qué —el camarero se acercó nuevamente para traerles sus platillos. Ambas agradecieron y la Yamanaka continuó: —. De hecho, puedo contarte miles de cosas más—tomó el tenedor y apuntaba hacia Temari—. Así que tú decides...

La aludida comenzó a reír y antes de responder probó un trozo de carne. El intenso y delicioso sabor invadió su interior y estaba inmensamente emocionada.

O al menos, eso creía Temari...

—Pues, sí me gustaría saber más de él... —tomó un sorbo de vino y agregó: —Si tú quieres.

Ino frotó sus manos e hizo sonar sus dedos.

—¡Prepárate! Tengo mucho material para ti.

El encuentro apenas comenzaba. Temari tendría toda una tarde libre para escuchar a Ino y conocer un poco más sobre su esposo.

[...]

La noche finalmente había llegado y con ella, el regreso a casa. Temari apenas podía mantenerse en pie debido a las copas de vino que había consumido y no se arrepentía, en absoluto.

Al ingresar, se quitó sus zapatos y caminó descalza hacia su habitación. Sin embargo, se detuvo antes de llegar al notar a su esposo dormido en el sofá y esbozó una sutil sonrisa al verlo tan sereno. Se acercó lentamente hacia él y acarició su mejilla, al mismo tiempo que recordaba algo que había dicho Ino:

"Hemos pasado noches en las que Chouji, Shikamaru y yo nos reuníamos en su casa para entrenar. Yoshino siempre nos invitaba a cenar y a pasar la noche con ellos. Fue en una de esas tantas noches, luego de probar el sake, cuando Shikamaru habló..."

Temari se sentó a su lado y deslizó su dedo sobre el apacible rostro de su esposo. Lo miraba con ternura y anhelaba besarlo, pero eso implicaba que él despertara. Su coleta desordenada le resultaba muy sensual y sentía muchas ganas de soltarle el cabello, pues suponía que sería molesto al despertar.

"Él dijo que vio en ti a la mujer que jamás había imaginado que pudiera existir. Tu carácter podía dar miedo en ocasiones, pero tu corazón era tan grande como tu amabilidad..."

Sintió sus mejillas arder y soltó un sutil suspiro. El mareo tras el alcohol era algo a lo que no estaba del todo acostumbrada.

" Además, él mencionó que estuvo muchos años sintiendo algo por ti, pero tenía miedo de que tú lo rechazaras y sus encuentros laborales se acabaran..."

Una sutil lágrima fue cayendo por su mejilla. Imaginar que Shikamaru pensaba en ella y temía por el futuro, realmente la apenaba.

"También, él siempre asumió que tú eras la única mujer capaz de ganarle en su juego preferido y más aún, en el juego de la vida. Tu astucia lo desconcierta y lo encasilla en su propio nerviosismo. Él teme fallarte y que tú te decepciones del hombre del cual te has enamorado... "

Temari tomó una de las manos de Shikamaru y cerró sus ojos. Se acercó hasta él y apoyó su cabeza sobre su hombro.

"Él entendía tus indirectas pero su lengua era mucho más rápida y siempre lo dejaba en ridículo. Sólo contigo le pasaba eso y generalmente desquitaba su frustración con nosotros. Hasta que un día lo logró..."

—¿Temari? —la voz adormilada de Shikamaru la llamaba.

Él se movió apenas y buscó abrazarla. Temari apoyó su cabeza en su pecho y escuchaba los latidos del corazón de su esposo.

—¿Estás nervioso? —inquirió de repente.

—¿Y-yo? —carraspeó— No, no.

—¿Descansaste?

—Estaba esperándote—respondió y la rubia abrió sus ojos. Levantó su mirada hacia el rostro del Nara y notó su amplia sonrisa—. Quería darte un regalo.

—¡Ah, si! —de inmediato, se sentó.

Shikamaru se levantó y caminó en dirección a la cocina. Su esposa trataba de adivinar qué podría ser aquello que le regalaría y el sonido semejante a una bolsa no le permitía adivinar sobre ello.

Sin embargo, al verlo llegar notó que su regalo no era nada parecido a lo que imaginaba.

Shikamaru se acercó hasta ella y le entregó un delicado y hermoso ramo de peonías rosas. Temari las recibió y no quitaba su mirada de él. El Nara estaba ruborizado y nervioso, pues rascaba su barbilla antes de hablar.

—B-bueno, Temari... —respiró profundo y continuó: —Quería disculparme contigo por ser olvidadizo—confesaba con cierto temor— y no recordar qué fecha celebramos hoy. No obstante, quise traerte este ramo de flores porque me trajo muchos recuerdos—sonrió—. Especialmente, cuando te confesé mis sentimientos a través de estas flores...

—Te quiero, pero soy demasiado tímido para decírtelo... —respondió Temari y comenzó a llorar de felicidad mientras se abrazaba al ramo—¡¡Idiota!!

"Pensó durante mucho tiempo cómo declararte su amor y como seguía atorado en sus pensamientos, le di un curso entero del lenguaje de las flores. Pasamos casi dos noches sin dormir pero así podía asegurarme que lo haría bien. Aunque no estábamos seguros de que a ti te gustaran las flores, de todas maneras lo intentamos..."

—En aquel entonces me sentía avergonzado y con pánico. Los rumores siempre decían que tú descartabas cualquier intento de cortejo y mi temor era ser uno más de esa lista... —bajó la mirada.

De pronto, sintió un fuerte abrazo que lo sorprendió. Temari había rodeado su cuello con sus brazos y él hizo lo mismo con su cintura. Su calidez lo tranquilizaba y también lo confundía.

¿Era posible que Temari se mostrase emocionada cuando él supuestamente había olvidado una fecha importante?

—¡¡Idiota!! —repitió—¿Cómo crees que iba a rechazarte si lo único que quería era que tú me cortejaras? —confesó.

Apenado, Shikamaru dirigió su mirada hacia su esposa y sonrió. Soltó su cintura y llevó sus manos hasta las mejillas de ella.

—Me siento un tonto de 19 años, ¿sabías? —bromeó.

—Lo sé y no te preocupes, no has olvidado nada—comentó en voz baja.

—¿Entonces...?

—Me sentía feliz de estuvieras en casa temprano y que Shikadai no se encontrara aquí—suspiró—. Hacía mucho tiempo que no estábamos a solas, sin que tú o yo estuviéramos cansados...

Shikamaru acercó sus labios hasta los de Temari y los besó con lentitud, dejando en claro que su amor seguía igual de fuerte que cuando era apenas un adolescente. Sus manos acariciaron la esbeltez que escondía su vestido y saboreaba la dulzura de su matrimonio con algunos años.

La quietud de su mente le permitió disfrutar del silencio que los acompañaba. Su timidez y cualquier temor se fueron disipando con el correr de los minutos, dejando atrás todo el estrés que el Nara había sufrido.

Al alejarse, se dedicaron una sonrisa genuina y cargada de sentimientos que anhelaban profesarse hacía mucho tiempo.

—Este regalo sí fue inesperado, Shikamaru—musitó Temari mientras escondía sus labios detrás de sus dedos índice y mayor.

—En toda la casa hay una sorpresa diferente —confesó—¿Quieres ir a inspeccionar?

Temari frunció sutilmente el ceño y sonrió. Se alejó lentamente en dirección a la habitación matrimonial, dejando atrás al Nara.

Cuando él se cercioró de que su esposa estaba lo suficientemente lejos, se concentró lo mejor que pudo y se comunicó con Ino.

Gracias por ayudarme. El tiempo que ganaste con Temari me permitió preparar mi casa como obsequio para ella—le transmitió él.

—Fue un placer. Además, llevábamos tiempo sin reunirnos y nos divertimos mucho. Ahora te toca a ti y no arruines el momento, ¡te lo advierto!

—Así será. En otro momento hablaremos... Gracias.

Shikamaru suspiró y caminó rumbo hacia Temari. Sin embargo, ella lo encontró antes y se lanzó hacia sus brazos, besando los labios del Nara. Él respondió de inmediato y se aferró a su cintura.

Cuando se alejó, ella dijo: —¡Agradezco mucho tu sorpresa! Nuestra habitación está decorada cuidadosamente con todas las flores que cuidaba en Suna y eso me trajo miles de hermosos recuerdos—suspiró—¡Te amo, Shikamaru!

—¡Y yo a ti, Temari! —se tomaron de las manos y ambos bajaron la mirada.

Pero fue ella quien rompió el silencio primero.

—Deberíamos...—sus mejillas se ruborizaron—Deberíamos romper filas, ¿no lo crees? —insinuó y enarcó una ceja.

—Por supuesto, todo esta estrategia fue pensada para que sea rota en cuanto tú y yo llegáramos aquí—de inmediato, Shikamaru la alzó y ambos se adentraron a su habitación.

Porque en el juego del amor, Temari sabía jugar pero Shikamaru siempre contaba con algún as bajo la manga para acorralarla. Ella era su reina, la pieza fundamental de tu tablero de la vida y él, su peón capaz de sacrificarlo todo por su reina y su rey.

El estratega estuvo a punto de caer, pero logró sobreponerse con una de sus viejas e infalibles jugadas, la clave de su victoria se encontraba en su brillante mente olvidadiza: el modo de profesarle su amor hacia ella de un modo inesperado, tal como aquel ramo de flores de peonías rosas que también le había regalado en su primer confesión de amor.

Fin

[...]

Muchísimas gracias por leer esta historia!!!

Primero que nada, quiero agradecerle a Zelmi por permitirme trabajar con ella en conjunto Es una de las artistas que más admiro y la que le dio vida a la portada de esta historia!!!

Pueden ver más de sus trabajos en instagram @zel_gp y, además, tiene comisiones abiertas por si gustan solicitarle algún pedido

Por otra parte, mil gracias a quienes leyeron y comentaron esta historia! Me hacen muy feliz

Espero que lo hayan disfrutado!!!