El camino de regreso a Berk fue mucho más rápido que cuando intentaron salir de la isla. Principalmente porque Astrid durmió todo el trayecto; se había sujetado con una cuerda en el torso del dragón, una vez le hubo ayudado encoger las provisiones para meterlas en su bolso. Gracias a todo eso, Hiccup y Stormfly volaban lo más rápido posible de vuelta a Berk.
Con la vista al frente y viéndose determinado, el dragón tenía un serio debate con varias voces en su cabeza. Unas le gritaban que la chica era una amenaza, y que no podía confiar en ella (deja de ser tan corazón de pollo, Haddock. El hecho de que esa niña haya sido engañada o lo que sea, no es suficiente y mucho menos tu problema) y las otras le decían que no debían confiar en el mapa a pesar de ser de Gothi (o podría no serlo, ¿cómo estas tan seguro? Tal vez sea una trampa de Mørke, tal vez sea todo una trampa), y muchas más le decían que era una soberana locura, que debía arrojar a la chica con todo y provisiones a una isla y pensar en un plan mucho menos descabellado (eso es algo cruel), tal vez si se iba lo suficientemente rápido, cuando ella despertarse no se daría cuenta (no voy a hacer eso). Mejor aún, podía solamente rechazar la oferta, y ya.
Pero eso sería poner en peligro al archipiélago. A gente inocente, familias enteras inocentes. Y no sólo ellos, sino a los dragones, ¿qué sería de ellos sin la protección de Hiccup, o de todas las islas? Él no podía dejar que todos murieran o fueran esclavizados. Definitivamente no quería vivir en un mundo donde reinase el miedo, cuando aún podía hacer algo.
Siguió volando. Tendría una respuesta clara si consultaba con Gothi o con Gobber (sabía que este último estaba con vida, pero no tenía la certeza en cuanto a la anciana). No quería ver la cara de su madre, o de los que estaban ahí cuando vieran las manos de Astrid.
Estaba en problemas.
Por lo menos su mejor amigo le apoyaba con la decisión.
—Si sigues caminando de ese modo, harás un hoyo en el suelo.
La mujer castaña no hizo caso y siguió caminado de un lado a otro, evidentemente nerviosa. Balbuceaba y murmuraba diversas palabras inentendibles para el hombre que la acompañaba; había una luz de fogata en la cueva donde se encontraban, el hombre asaba algo en ella mientras silbaba, tratando de ocultar que él también estaba nervioso.
Hiccup llevaba todo el día desaparecido.
—Él estará bien, Valka, tranquilízate- volvió a intentar calmarla, la mujer se volvió, dirigiéndole una dura mirada— Siempre sale de este tipo de situaciones. Seguramente fue por provisiones, o por ayuda.
—No debimos irnos- murmuró ella en un tono más claro— ¿Qué tal si lo atraparon o... o...?
—Hiccup es fuerte, Valka.
—¡Es mi hijo, Gobber!— estalló Valka. Gobber se encogió por la rudeza que había usado, ella se tranquilizó un poco al darse cuenta de lo que había hecho. Soltó el aire de sus pulmones y se sentó frente al hombre— Lo siento, Gobber. Estoy muy estresada por esto...— escondió su cabeza en sus rodillas.— No tienes ni idea de lo que es, no lo he visto, y él no ha dado señales de estar bien o algo así...
—¿Rata?— la interrumpió Gobber, ofreciéndole al animal rostizado. Valka negó con la cabeza.
—No tengo hambre- murmuró— De solo pensar que esas mujeres le hicieron algo...
—No lo creo. Hiccup no sólo es "especial"— Hizo unas comillas con sus dedos al decir la última palabra— Sino también es bastante inteligente.
"Además, esas mujeres son lo que se sigue de egocéntricas, en especial esa Mørke; si le hubieran hecho algo, ya habrían dado una señal para eso.
Eso no ayudó al estado de Valka, a lo que Gobber decidió usar otra carta.
—Estoy seguro de que Hiccup logró escapar y que en cualquier momento llegará aquí, con más comida e incluso barcos para ayudarnos. Traerá a toda la caballería— aventuró, dándole un mordisco a la rata empalada.
Se escucharon unos pasos acercarse, Valka se volvió, convencida de que era un milagro de los dioses y que Gobber era lo más parecido a un profeta, sin darse cuenta de que los pasos eran mucho más lentos y pesados que los de su hijo. Una anciana emergió de las sombras, ayudándose de su bastón para caminar, Valka sintió un deje de decepción, pero el hecho de que la mujer estuviese ahí significaba noticias.
—¡Gothi, nuestra quería völva favorita!— saltó Gobber, la mujer hizo una mueca, también rodó los ojos. Ella era una única völva en Berk, así que el comentario del hombre no tenía sentido— ¿Qué noticias nos traes? ¿...Rata?- le ofreció una vara de metal con una rata rostizada incrustada en ella, la mujer hizo esta vez cara de disgusto y asco— Oh vamos, son de campo, deben comer mejor que tú y yo.
—¿Hay noticias sobre mi hijo?— cuestionó Valka, la mujer asintió, sonriendo. Le llamo la atención al hombre rubio con su bastón, quien enseguida se preparó para traducir— ¿Dónde está? ¿Está bien? ¿Qué...?
La völva le freno en seco con un gesto de su mano, haciéndola callar. Empezó a dibujar en la tierra del suelo de la cueva, Gobber empezó a leerlos.
—Dice que él está en camino...— leyó Gobber— Está sano, puede volar e incluso puede disparar... Ah, a ella le parece que esta unas cuantas millas alejado de Berk.
Valka tragó saliva, sorprendida que su hijo estuviese lejos.
—¿Por qué se iría de Berk?
—Quizá estaba en la isla Berserker con la chica Hagebak— aseguró Gobber, haciendo alusión a Kaira Hagebak, novia del muchacho.— O buscando ayuda de Dagur.
—Sí, eso tiene sentido— susurro Valka más para sí. Gobber asintió.
La anciana tomó el brazo de Gobber, captando la atención del hombre nuevamente. Dibujo un par de cosas y luego le pidió que lo tradujera.
—Ah, eso no es todo, Valka— Gobber hizo que Valka volviera a sentir que los nervios se le dispararán de nuevo— No viene solo.
Valka no supo que más decir.
Todavía nada. Ella misma se había encargado de peinar toda la isla. Su sobrina no estaba en ningún lugar y mucho menos ese dragón.
Apretó los puños. Se encontraba sentada en la silla del jefe dentro del destrozado Gran Salón, impaciente.
—Encontramos la guarida de los vikingos, Mørke— le dijo una de las brujas a su disposición. Mørke entrecerró los ojos, acto que hizo que la otra mitad de su cara (la quemada) doliera— Están en unas cuevas al norte, pero todas están forradas con sparers todas las entradas posibles.
—¿Y mi sobrina?
La bruja se encogió.
—No está ni con ellos o en algún lugar de la isla.
Mørke golpeó con su puño cerrado el reposabrazos de la silla, temblando por la ira. No quería pensar en lo que le pudo haber pasado al único ser por el que sentía cariño; había sido una completa imbécil al dejar que todo ese aquelarre de pacotilla la asustara.
—¿Y si se mató?- conjeturo una de ellas, Mørke la escucho perfectamente— Pudo haber saltado al mar...
—Entonces busquen su cuerpo, la quiero de vuelta, no importa cómo.— ordenó Mørke.— Si nadie la encuentra a las que voy a humillar serán ustedes.— amenazó.
—¿Y qué hacemos con los vikingos?— pregunto una mujer.
—Todavía no es tiempo de erradicarlos... del todo. Además, es mejor que mueran de hambre; lancen el hechizo para el furia nocturna. En algún momento, tendrá que salir de Berk... y morirá.— aseguró, sintiendo confianza— Traigan el muñeco, no se olviden de las espinas.
Astrid sintió que algo le picaba la cara, alargó el brazo para ahuyentar lo que sea que lo estuviese causando. Abrió lentamente los ojos, topándose con un cielo violetaceo, con tonos tanto naranjas como azul celeste; todavía las estrellas se esmeraban en brillar, así como la luna. Sonrió por el espectáculo, olvidando todos sus problemas por sólo unos minutos; ella jamás había visto el cielo de esa manera, ni siquiera en Red Death.
Eso era un cielo amaneciendo.
¿Estas despierta?
—Sí— su voz sonó ronca, poco le importó que Hiccup estuviese en su cabeza.
Veo Berk a lo lejos... o en la burbuja negra en que se ha convertido.
Astrid buscó el nudo que la ataba al cuerpo del dragón, lo deshizo y se sentó, cuidando de no caerse. No pudo evitar tallarse los ojos para ver mejor. Hiccup tenía razón.
La isla que antes era Berk ahora era cubierta por una gruesa burbuja negra, la cual parecía lo suficientemente densa, como el acero. Astrid se preguntó si podrían atravesarla, aunque luego recordó que el dragón había atravesado esa barrera antes; vio que Stormfly estaba justo arriba de ella en ese momento. Los nervios bulleron en el vientre de la chica, quien empezó a jugar con sus dedos.
No pudo evitar notar las marcas negras en sus brazos. Tenía que conseguir unos guantes.
¿Tienes algún consejo? En caso de que no logremos atravesarla porque... ahora es de día. Tal vez se endurezca con la luz.
Astrid negó con la cabeza.
—No, es solo como una especie de manta. Trata de volar lo más pegado al mar, para que no te vean.
Pero Hiccup ya sabía aquello.
El problema aquí es, que no puedo saber dónde está la cueva.
—¿Dónde está escondido tu pueblo?
Es un refugio. Lo hice para reponer fuerzas en caso de que nos superarán, admitió, con un deje de tristeza; está al norte, pero me temo que será como un salto de fé.
—Veré si puedo hacer algo— Astrid buscó en su bolso el libro de hechizos de su madre. Rebusco entre las páginas un hechizo útil.— Aquí hay uno de protección.
El dragón gruño en respuesta.
Me alegraría que no usarás magia en mí, ya tengo suficiente.
Astrid alzó las cejas. El chico era igual de testarudo que un dragón anciano y miedoso como uno bebé.
¡Oye! Puedo oírte todavía.
—Entonces no seas un bebé dragón— respondió ella, viendo que había uno en latín (permanente) y uno en noruego (semi permanente, duraría unas cuantas horas), así que enunció el noruego-: Med min kappe gir jeg deg beskyttelse, alt jeg har og trenger, alt av meg, bare et øyeblikk.
Hiccup sintió de forma instantánea que algo le cubría, algo tibio, como una manta. Por lo menos se sentía bien.
Gracias, creo.
Ella se encogió de hombros, para luego ponerse la capucha de la capa así como aferrarse a las salientes del furia nocturna. Estaban cada vez más cerca del norte de la isla y cuando atravesaron la burbuja, ninguno de los dos sintió algo diferente.
Dentro, no había ningún rastro del amanecer. Parecía ser todavía de noche, en el ambiente había un extraño olor a humo, incienso, carne quemada y humedad; el dragón empezó a volar bajo, buscando la cueva.
La entrada que se supone esta designada para mi es una grande abertura cubierta de sparers, informó Hiccup, en caso de que Astrid la viese. Ella hecho un vistazo, más preocupada de que su aquelarre los viera; de igual manera, Hiccup la encontró. Ahí está.
Era tal y como Hiccup la había descrito, solo que estaba muy bien oculta, nadie vería aquella abertura en el barranco a menos que estuviese en barco.
—¿Vamos a entrar por ahí?— susurró Astrid casi de forma inaudible.
No. Necesito aterrizar arriba.
Eso los pondría en peligro en serio.
No podrás atravesar eso. Es muy denso, te quedarás chamuscada incluso antes de llegar.
Astrid asintió. Hiccup descendió con elegancia hasta la parte superior del barranco, pidió a Astrid y a Stormfly silencio total para poder escuchar si alguien estaba cerca. No se escuchaba ni un alma en el bosque.
Pudo usar la eco localización, pero tal vez haría ruido usándola.
De acuerdo, baja.
Astrid obedeció, Stormfly se colocó a su lado, esta vez en el suelo; Hiccup empezó a verse como un humano otra vez, conservando la ropa. Astrid se preguntó como lo hacía, dadas las proporciones del vikingo y del dragón, la ropa mínimo debía terminar hecha jirones.
Se alegró de que Hiccup no escuchase eso. Al parecer, la molesta telepatía solo duraba mientras el joven fuese el dragón.
—Hay otra entrada por aquí— susurró Hiccup, Astrid asintió. Envío a Stormfly al frente de ellos, para que, en caso de que detectase a alguien, ambos jóvenes estuviesen prevenidos.
El trayecto no fue mucho, Hiccup encontró lo que parecía ser un brote de sparers, jalo este y salió de la tierra con gran facilidad.
—No lo toques— le advirtió, dejando el arbusto en el suelo, relevando un agujero profundo en el suelo— Tu dragón primero.
Stormfly no se veía muy contenta con eso de dejar a Astrid sola. Por más que la rubia se lo pidió, Stormfly se negaba a pasar primero.
—Bien, plan b- Hiccup hizo una mueca. Estaban perdiendo tiempo, además, estaba empezando a sentirse observado— Primero las damas.— Hiccup le tendió la mano a la muchacha quien solo la vio, despectiva.
—¿Qué?
—Eres pequeña, por lo visto ágil. Será fácil, yo te sostendré hasta que puedas saltar al suelo.— intento tranquilizarla.
—¿Y por qué no tú primero? Eres el que más riesgo corre.—razonó Astrid— Puedes ayudarme a bajar estando abajo.
—No, porque no puedes poner eso de vuelta— señaló el arbusto de sparers— Lo tocaras, te quemarás y nos mataran.— esta vez Hiccup sonó más convincente que otras veces. Volvió a tender sus manos hacia la adolescente.
Astrid rodó los ojos, tomó las manos del muchacho, le indicó que saltará adentro.
—Si ves algo, avísame.
—Lo que sea.
La chica saltó dentro, Hiccup la sujeto con fuerza de las manos, sintiendo el peso tirar de él hacia abajo. La chica era delgada y bastante ligera, de todas formas, su voz sonaba con algo de esfuerzo cuando le preguntó:
—¿Ves algo?
—Luz, pero está algo lejos.
—Bien- acepto Hiccup. Por lo menos había alguien adentro— Te voy a soltar, y cuando caigas no te muevas de ahí, ¿oíste?
—Ajá.
—A la cuenta de 3... Uno...
—¡Ay, ya suéltame, me duelen los brazos!— se quejó ella, usando un tono caprichoso.
—Está bien, está bien— aceptó Hiccup, soltándola. Escucho como la chica caía en sus dos pies.— Qué humor— exclamó, para luego hacerle una seña a Stormfly— Ya está adentro, puedes bajar.
Dicho esto, la nadder bajo. Hiccup tomó el arbusto y levanto por encima de su cabeza, con agilidad, salto de lleno al agujero y tapó este. Sus pies hormiguearon cuando aterrizó adentro de la cueva. Dirigió su mirada a Astrid quien solo había alzado las cejas.
—Lo practique meses— bromeó Hiccup. A ella no le hizo gracia— Andando.— sugirió, haciendo que la chica caminará hacía la luz.
El trayecto estuvo en silencio, no porque no quisieran hablar, sino para saber si efectivamente había más gente en la cueva. Los murmullos eran casi imperceptibles, sin embargo, se escuchaban gruñidos provenientes de algunos dragones; Hiccup se alegró de que por lo menos, no todos los dragones habían sido capturados.
—De acuerdo, este es el plan— Hiccup detuvo a Astrid antes de entrar a la parte iluminada— Tú te quedas aquí, no hablas con nadie, ocultas tus manos y luego preparas el ritual para hacer de nuestro pacto oficial.
—¿Y qué hay de ti?— pregunto ella, sintiendo desconfianza.
—Yo iré a hablar con mi madre, ver que todos estén bien— respondió Hiccup, obviando la pregunta.— Entregar las...
—¿Provisiones?— Astrid levantó su bolso, burlándose. Hiccup hizo cara de pocos amigos— No pienso quedarme aquí, no sé si volverás o...
—No te traje a Berk por que sí— repuso él, fastidiado— Necesito que te quedes aquí. Berk es pequeño, en el momento en el que te vean, sabrán que eres una bruja.
—¿Y si se dan cuenta y me dejas aquí sola?— razonó ella, cruzándose de brazos— Podrían matarme.— lo chantajeo. Hiccup se dio cuenta, sin embargo, había algo de razón en la rabieta de Astrid.
Buscó en el suelo algo de lodo, embarro sus manos con este y las limpio en la cara de Astrid. Ella soltó un grito pequeño, tratando de apartar el rostro, le dio un par de manotazos para que parará.
—¿¡Qué mierda haces!?— exclamó molesta, una vez que Hiccup terminó su tarea.
—Salvo tu vida.— mascullo Hiccup, volviendo a embarrar lodo en la cara de la adolescente— Cierra los ojos, te va a arder.
—¡Aléjate!— le gritó para luego empujarlo— ¡Deja de hacer eso!
—Bien, es la única forma que se me ocurre para que no te reconozcan— Hiccup levanto los brazos a modo de rendición. Astrid sintió la tierra incluso en la boca, escupió en su dirección, roja de ira.
—¡Pudiste decírmelo antes de embarrar eso en mi cara! Pude haber hecho un...
—Nada de magia en Berk— le prohibió el jefe a la bruja— Esta es... mi isla— Hiccup dijo eso en un tono no muy convencido— Y se hace lo que digo.— Vaya, había sonado como su padre.
—Uy, sí, se nota bastante— respondió Astrid, usando un tono sarcástico y ácido. Hiccup frunció el ceño— No puedes prohibirme eso.
—Claro que puedo.
—No, no puedes.
—¡De acuerdo! Escucha, quiero agilizar las cosas.— Hiccup hablo en un tono que denotaba que estaba harto— Si lo que dices es verdad (tiene que ser verdad), entonces solo estamos perdiendo el tiempo discutiendo.
—Tu eres el que pone las trabas aquí— Astrid lo señaló— Entonces vámonos.
—Bien.
—Bien.
—Bien— Hiccup espero a que ella se pusiera en marcha.
—Bien— repuso Astrid, esperando a que él se moviera.
—Bien— repitió Hiccup, impaciente. Estaban volviendo a discutir.
—¡Bien!—exclamó ella, comenzando a caminar. Hiccup la sacaba a veces de sus casillas por su pasividad, este no hizo más que seguirla.
Los murmullos cesaron de repente. Les habían escuchado.
—Ponte detrás de mí— mascullo Hiccup a la heks. Astrid le obedeció a regañadientes, sintiendo que la estaba tratando como a una niña. Astrid ya no era una niña y mucho menos tonta. Un hombre regordete apareció de repente, tenía un largo y trenzado bigote rubio, como una pata de palo y un garfio; empuñaba una espada en la mano buena, listo para atacar. A su lado, había una mujer, algo alta, con un bastón.
—¿Quién eres?— grito el hombre. No habían visto al castaño (ni mucho menos a Astrid) debido a la poca luz de la cueva.
—Hola, Gobber.— saludó Hiccup.
Hubo un momento de silencio, en donde el hombre y la mujer intentaban procesar que era Hiccup el que estaba ahí, caminando casi a tientas, así como reparar en que una sombra estaba detrás de él.
—¿Cómo sabemos que eres tú?— Gobber detuvo a la mujer, quien pareció estar a punto de correr hacía ellos. Bien era sabido que una heks podía crear ilusiones bastante realistas.
—Pregúntame lo que quieras.— respondió Hiccup, bastante confiado de sí mismo.
Esta vez fue la mujer la que habló.
—¿Dónde está el juguete que te hice? ¿Y que era?
Astrid no entendió el sentido de la pregunta, y honestamente no tenía ni la más remota idea de cuál podía ser la respuesta. Hiccup se veía tranquilo.
—En mi habitación, justo encima de la cabecera de mi cama. Es un dragón, un furia nocturna, dijiste que él era mi amigo, porque era como yo. Se llama Toothless.— respondió Hiccup— Se llama así, porque me dijiste que cuando yo era un dragón, estaba chimuelo.
La mujer jadeo, conmovida. Astrid adivino que era su madre, también cayó en la cuenta: Hiccup seguramente tuvo una infancia sumamente extraña.
Para Gobber, no fue suficiente.
—¿Cuál fue la primer arma que arreglaste en mi fragua?
Hiccup se rascó la nuca, tratando de recordar.
—Si mi memoria no me falla, trate de afilar la navaja que mi papá me dio de cumpleaños cuando tenía cinco.— contesto Hiccup, la rubia se sorprendió por la memoria del muchacho— No servía para nada, así que quise afilarla para ayudarle a papá a matar una rata que se había colado en la cocina y que llevaba días sin poder atrapar— el joven sonrió con nostalgia— La rompí en el afilador, y me enseñaste como repararla.
Antes de poder decir algo más, la mujer corrió hasta Hiccup, librándose de Gobber. Saltó a sus brazos y le abrazó con fuerza, Hiccup le regresó el abrazo, sonriendo mientras ella se aferraba a él, casi haciéndole daño.
—Hola, mamá— saludó él en voz baja, acariciando el cabello de la mujer.
—Gracias a Thor que estas bien— murmuró Valka— Estaba tan preocupada.
—Casi se quita las uñas por los nervios— Gobber también caminó hacia ellos, más tranquilo y bajando la espada— Rechazó todas las ratas que le ofrecí.
—A nadie le gustan las ratas, Gobber— Hiccup torció la boca con asco. Astrid lo hizo también, a pesar de que nadie reparo en ello.
—Es un manjar infravalorado— Gobber le quito importancia.
El semblante de Valka cambio, tomo bruscamente la oreja de su hijo y la jalo con fuerza, tirando hacia abajo. Hiccup gimió de dolor.
—¿Dónde en nombre de Freyr estabas?— le regaño de la única forma en la que las madres se enfadaban cuando se preocupaban. Astrid sonrió, nostálgica, también sintió una punzada de dolor y celos.— Nos tenías tan preocupados, ¡yo lo estaba! ¡Casi me arranco las uñas!
—Ouh, mamá, entiendo tu... auh... enfado...
—No sabíamos nada de ti, ni de si estabas vivo o muerto, si esas brujas te capturaron o...
—¿Querrías... por favor...?
—¡... si te habías ido para siempre!— exclamó Valka— Y luego llega Gothi y nos dice que...
—Ah, Valka...
—... estabas fuera de la isla, y realmente me gustaría saber porque, eso no estaba en el plan...
—Valka...
—¡Debías quedarte! ¡La gente confía en ti! ¡Tienes nuevas responsabilidades...!
—¡Valka!
—¡Mamá!
—¿¡Qué!?
Valka dirigió su mirada hacia Gobber, molesta por la interrupción a su sermón. Este parpadeo un par de veces, para luego señalar directamente hacia Astrid.
Ella se sintió expuesta. La mujer soltó la oreja de su hijo, para después dirigirle a la rubia una mirada que le recorrió el cuerpo de arriba a abajo, tomando nota del lodo, sin notar las marcas negras en las manos; notó claro a Stormfly, quien estaba alerta en caso de que su compañera necesitará ayuda.
—Gothi dijo que traía a alguien— Gobber asintió, viéndose menos sorprendido que la mujer.
Hiccup se enderezó, aclaró su garganta y volvió hablar, esta vez para presentar a la chica.
— Astrid, ella es Valka, mi madre— señaló a la mujer— y él es Gobber, amigo de la familia, mi casi tío— el hombre siguió mirándola, como si nunca hubiese visto a una chica de su edad— Eh, mamá, Gobber, quiero presentarles a Astrid.
Todavía había lodo en su cara, por ello, los vikingos en la cueva no sabían quién era. Astrid temió que alguien la reconociera por la capa roja, pero nadie dijo nada; estaba siendo pastoreada (eso parecía, ese tipo no se le quitaba de encima) por Gobber, encogida en una esquina de la cueva, esperando que Hiccup terminase de saludar a todos los vikingos presentes. Él era tímido, algo inseguro de saludar y bastante voluble; Astrid entrecerró los ojos.
Era bastante extraño. Podía jurar que parecía otra persona.
Alguien se puso a su lado, Astrid lo miro, esperando ver a alguien que quisiera golpearla o revelar su identidad, pero en su lugar encontró a una anciana bastante bajita con un bastón diferente al de Valka. Sus trenzas casi tocaban el suelo y las uñas parecía que podían sacarle un ojo a alguien; la mujer parecía ver a través de ella, cosa que asustó a Astrid.
Dibujo algo en el suelo, runas, Astrid recordaba haberlas visto en algún lado, pero no sabía en dónde. La mujer las señaló, indicándole a la joven leerlas, pero no supo cómo hacerlo; negó con la cabeza, dando a entender que no entendía nada. La mujer le miró confundida.
¿Había hecho algo mal?
La mujer se alejó, a paso lento y sin perderle de vista. Astrid empezó a sentir preocupación, ¿la mujer sabía lo que ella era? ¿Qué pasaba si sí? ¿Les diría a todos? Eso no sería para nada bueno.
—... ah, ¿Falta algo? ¿Comida? ¿Agua?
Hiccup seguía haciendo sus actividades de jefe, que se basaban en básicamente preguntar por las necesidades de cada uno. Había gente herida, bastante, otros tantos desaparecidos, y Hiccup trataba de atenderlos lo más rápido posible.
La mujer volvió, casi corriendo con algo en la mano. Una cadena bastante delgada salía de sus dedos, abrió la mano y solo la sostuvo por un extremo, dejando al aire una especie de piedra; a Astrid le pareció que era una réplica exacta de una luna, pero en verde.
La mujer acerco la cadena con la piedra hacia Astrid, la cual se balanceaba de un lado a otro perezosamente, en un instante, la piedra empezó a brillar con intensidad, al grado que parecía que producía su propia luz. La mujer apartó la piedra y vio a Astrid con una auténtica cara de espanto. Inmediatamente extendió una mano hacía la rubia, como si quisiera estrechar su mano; la rubia se negó.
La anciana no se dio por vencida, trato de meter sus manos a la capa de la chica, haciendo ruidos, pero sin hablar. Gobber se giró para ver la peculiar situación.
—¡Gothi! ¿Qué rayos te pasa?— le inquirió a la anciana. Hiccup se volvió de inmediato, había olvidado por completo que en el caso de que Gothi siguiese viva, ella tal vez podía notar lo que era Astrid.— Deja en paz a la chica...
La mujer empezó a dibujar algo en el suelo. El hombre lo leyó y al parecer, logró descifrarlo, puesto que se volvió a ella con los ojos desorbitados.
—Muéstrame tus manos— pidió el rubio en voz baja.
La iban a descubrir. Por alguna razón sintió la necesidad de gritarle a Hiccup para que se aproximará a ella, pero no lo hizo. Sería algo ridículo.
—¿Para qué?— la pregunta no concordada con su semblante un tanto nervioso. Gobber entrecerró los ojos.
—Solo hazlo.
—No.— negó con firmeza.
¿Qué hacía Hiccup ahí parado? ¿Por qué no decía nada?
—Oh vamos, solo quiero confirmar algo— aseguró Gobber— No te haremos daño— mintió. Claro que le harían daño si descubrían que era una heks.
—Gobber, no es necesario...— por fin, Hiccup decidió intervenir. Pero no funcionó, porque el hombre siguió insistiendo.
Stormfly empezó a gruñir por lo bajo, lista para atacar a Gobber en caso de ser necesario. Astrid cruzó los brazos debajo de la capa, protegiéndose.
—No quiero— negó Astrid.
No supo en qué momento se descuidó (la anciana era muy lista, al parecer), pero sintió con fuerza el jaloneo de su mano, siendo expuesta a la vista de todos. Las marcas negras eran perfectamente visibles a la luz de las antorchas y fogatas del lugar, los vikingos dieron un paso atrás, mientras que buscaban sus armas.
—¡Bruuuuuuja!— exclamó un hombre con fuerte acento escandinavo.
Lanzaron un grito de guerra al unísono. Astrid logró encontrar el cuchillo-hacha y lo lanzó en el aire, algunos vikingos la miraron asombrados, sin embargo, renovaron la marcha hacia ella.
—¡Alto!— ordenó Hiccup colocándose frente a Astrid. Los vikingos frenaron en seco, mirándolo con caras de confusión y enojo.
—¿Qué es lo que haces?— exclamó Gobber— Ella es una heks, ¿que no le has visto las manos?
—Ella no es como las demás— la defendió Hiccup, Astrid rodó los ojos, no necesitaba que Hiccup la protegiese todo el tiempo— Por eso la traje aquí.
—¿¡Dejó entrar a una bruja aquí!?— exclamó una mujer vikinga.
—Hiccup...— exclamó Valka con una voz cargada de desconcierto.
—Mamá, puedo explicarlo-— no ayudaba que Hiccup estuviese tartamudeando.
—¡La bruja se ha metido en su mente!— gritó alguien, los demás hicieron un sonido afirmativo.— ¡Lo ha vuelto loco!
—¡No, no es lo que piensan!— Hiccup esta vez tomó aire y sonó más firme— Escuchen, sé que se ve mal, pero hay una buena razón por la que la traje hasta aquí.
—¡Yo digo que hay que quemarla viva, como lo que les hicieron a los otros!
—¡Hay que desmembrarla y luego dársela de comer a los dragones!
—¡Aplástenle la cabeza con una piedra!
—¡YA BASTA!- vocifero Hiccup, molesto y horrorizado con los comentarios que su gente estaba gritando. Su voz los hizo callar inmediatamente, incluso Astrid sintió algo de orgullo al escucharlo hablar así— ¡¿Qué es lo que les pasa!? ¿¡Se dan cuenta de todo lo que están diciendo!?— regaño a la gente, todos se veían desconcertados— ¿¡En esto nos hemos convertido!? ¡Esa no es la forma de solucionar las cosas en absoluto!
—¡Su gente mató a los nuestros!— intervino un hombre— ¡Hizo que mi familia se fuera a la isla Berserker!
—¡Eso no quiere decir que tengamos que ser como ellas!— respondió Hiccup, calmándose poco a poco— Entiendo el dolor que pasan todos ustedes, estoy tan o más frustrado que ustedes, realmente quisiera que las cosas no fueran así, y si pudiera hacer algo para cambiarlo, lo haría. Pero no podemos actuar de esa forma tan...— busco una palabra que no fuese muy ofensiva, ni para Astrid, ni para los vikingos— Bárbara.
—Somos vikingos, es lo que hacemos— Gobber se encogió de hombros.
—Pues eso debe cambiar.— contestó el jefe de la isla, porque así sonaba Hiccup en ese momento— Debemos actuar con sensatez respecto a todo lo que pasa.
—¿Y eso incluye traer al enemigo contigo?— espetó alguien.
—No hay que matar a nadie.
—¿Y por qué no lo haríamos? Ella podría huir.
—Porque...— Hiccup la miró, Astrid parecía bastante concentrada en lo que el chico estaba a punto de decir. Este solo un suspiro antes de continuar— Ella me salvo la vida.
Su gente le miro confundida, incluso intercambiaron miradas. Algunos todavía estaban debatiendo si el joven se había vuelto loco o si Astrid controlaba su mente.
Hiccup hizo una mueca, miro a su madre a los ojos. La mujer no le creía del todo, de hecho, se veía bastante preocupada. No tenía de otra más que decir la verdad.
—Tengo... algo que confesar— anuncio Hiccup, vacilando. Se tomó la nuca, buscando una forma de explicar la verdad— Astrid me salvó, porque me capturaron... y ella tenía que matarme— la chica volteo a verlo, ¿Qué era lo que intentaba hacer?— Y me capturaron porque...— el joven trago saliva. No era la primera vez que lo admitía, ya lo había hecho un par de veces, pero seguía siendo bastante difícil— porque... me había transformado en dragón.
Hubo un jadeo general. Si antes creían que Hiccup se había vuelto loco, ahora era peor, ¿Hiccup Haddock un dragón? ¿Qué clase de excusa es esa?
—Sé que no van a creerme, y antes de que me maten, puedo probarlo— Hiccup puso sus manos frente a él, como si tratará de protegerse de algo inexistente— Yo, voy a... a...-—"¿transformarme?" ¿Eso iba a decir?
Se concentró todo lo que pudo. Siempre era más difícil cuando alguien lo estaba observando, pero podía hacerlo, sino, la gente tendría otra razón para hacerlo añicos.
—Hiccup, no tienes que hacer esto...—comenzó Valka. Hiccup le regresó la mirada, con el iris llenándole toda la cuenca de sus ojos, las pupilas contraídas, iguales a las de un dragón. La gente dio un paso atrás, asustada.
Su piel empezó a cambiar, sus miembros también. La ropa se convertía en escamas, su rostro se deformaba y, por extraño que parezca, los dientes se retraían hacia sus encías; le salieron cola y garras, orejas grandes y algunas salientes en la cabeza. En la espalda tenía otras, que se abrían y cerraban. Ya no parecía un humano.
Era el mismo furia nocturna que los había salvado tantas veces. Ese era el secreto de Hiccup "el raro" Haddock.
El dragón dio un paso al frente, mirando hacia todos lados, tratando de tener un panorama de la situación. La gente se veía a punto de desmayarse, vomitar o... hacer las dos cosas.
Bien, ahora no sé qué tan bien fue pensado este plan.
—¿¡Como...!? ¿¡Como paso esto!?— cuestionó una mujer.
Valka fue junto a su hijo.
—Mørke le hizo esto.— respondió ella, acariciando la cabeza de Hiccup, quien se vio contento por el gesto— Hay algo que Stoick no les dijo... Y es que esa bruja quería usarnos a Hiccup y a mí como parte de un ritual. Stoick, él... llego antes de que todo ocurriera, me salvo, igual que a Hiccup pero... Mørke... enfureció.
"Lanzó un hechizo a Hiccup aun cuando este no había nacido. Dijo que cada noche, cuando la luna tocará su piel, él se convertiría en esto. Luego, maldijo Berk, aseguró que volvería— Valka se apoyó en su báculo, mirando al piso— Y cuando ella lo hiciera, Stoick iba a morir.
"La razón por la que Hiccup se puede transformar a voluntad, es por Gothi. A veces él tenía problemas, se transformaba, no podía simplemente salir y... por eso él no podía ser como los demás.
Astrid miró conmovida tanto al dragón como a Valka. Su tía había destruido su vida, lo había transformado en alguien que probablemente tenía miedo de sí mismo, un niño que no podía salir a jugar con los demás por miedo a ser diferente, a atacar a alguien. Mørke le había ocultado eso.
Ella había tenido una buena infancia, pero, ¿a qué costo? Sabía que no era su culpa, sin embargo... Le causaba repulsión que su tía la haya criado y ayudado A tener una infancia feliz, a sabiendas de que un niño estaba sufriendo.
Astrid bajo la capucha de su capa, revelando su cabello rubio y ojos azules. No parecía una bruja, se veía demasiado bonita para serlo, con la excepción de que su cara estaba embarrada de lodo seco; la muchedumbre (incluida Valka y Gobber) ahora la miraba con curiosidad. ¿Cómo había salvado a Hiccup?
—Mi bautizo fue ayer— Astrid no pudo encontrar una mejor forma de empezar a explicar lo que pasó— Y... en él tenía que decir un juramento. Por eso tengo esto-—expuso sus manos y antebrazos, las marcas negras marcando sus venas sobre su piel nívea, de un negro más intenso que la tinta que se usaban para los tatuajes. Hubo murmullos diversos— Al final, para que mi aquelarre me aceptará tenía que matar a una bestia...— se estremeció, pero su voz siguió sonando segura y firme— Yo no tenía ni idea de que Hiccup era, bueno, el Furia nocturna. No quise matarlo, no pude. No puedo decirles una razón por la que no lo hice, quiero decir, yo tampoco la tengo, tal vez me pareció injusto...
"También tengo en cuenta de que no me creen y que todos aquí quieren matarme de muchas formas..., pero realmente quiero ayudar. No son los únicos a los que Mørke les ha mentido, y quiero vencerla.
—¿Cómo vencerás a alguien con su poder?— preguntó Valka, sin confiar en la muchacha.
—¿Y por qué una de ellos se uniría a nosotros?
—Mi tía Mørke quiso matarme por que decidí dejar libre a Hiccup— respondió Astrid de forma fuerte, asombrando a todos— Ella y todo mi aquelarre está a punto de apoderarse de todo el Archipiélago. Y si puedo evitarlo, lo haré.
"Por eso Hiccup me trajo hasta aquí. He encontrado un mapa que conduce a otra Tryllestav. Y tenerla es la única forma de vencer a Mørke.
El lugar a donde la mandaron a limpiarse era una piscina de aguas termales rodeada de sparers. Astrid las arranco usando su ropa como protección (seguía ardiendo, pero no demasiado), se la quitó y aventó la ropa en la piscina, tenía que lavarla.
Busco más ropa limpia en su bolso, la colocó cerca y tomo la pastilla de jabón que le habían pasado. Soltó un suspiro cuando sintió el agua con su piel, después de todo lo que había pasado, aquello la transportaba a una época más feliz, llena de engaños, sí, pero con felicidad.
Se lavó la cara pulcramente, quitando todo rastro de lodo o tierra, prosiguió con su cabello y el cuerpo. Las piernas y brazos le ardieron por el jabón, así que alcanzó su bolso, en busca de algo de poción curativa, derramó unas cuantas gotas en la piscina, esperando que todo el cuerpo se le curase al mismo tiempo. Sintió como sus heridas se cerraban, los moretones se aclaraban y los dolores desaparecían. En unos minutos estaría como nueva.
Se hizo un ovillo, abrazando sus piernas. Cerró los ojos, pensando en todo lo que había pasado; Stormfly estaba afuera, custodiando la entrada al lugar, Hiccup aclaraba cosas sobre sí mismo y daba algunos detalles del plan, el pueblo restante trataba de procesarlo y ahora...
¿Cómo se hacía un pacto? Necesitaba algo de carbón para el pentagrama, una daga de plata y vino. Por lo menos así era entre las heks, ¿funcionaria con mortales? esperaba que sí, aunque, si era objetiva, Hiccup no era un mortal, era una especie híbrida, algo diferente... Ella no podía sacarle los dientes al dragón porque no sabía si funcionarían. Hiccup no era puro.
Y aunque lo fuese, ella no sabía hacer una Tryllestav. Hizo una mueca, las cosas serían más fáciles si ella tuviera el libro de hechizos avanzados de Mørke, seguramente Hiccup le daría todos sus dientes para salvar Berk.
—¿Sabes que no funcionará?
Astrid dio un salto, esa voz la podría reconocer en donde sea, en cualquier momento. Abrió los ojos.
La silueta de su tía se encontraba recargada en las sombras. Astrid sabía que ella no encontraba allí, pero, vamos, daba miedo.
—No me sorprende de que estés viva, corderito. Sabía que eras mucho más fuerte que todo esto— dijo con cariño. Astrid torció la boca con desagrado— He visto a través de ti, lo que quieres lograr, lo que buscas.—habló con voz baja, como si intentase entender lo que pasaba— Y creo que es lindo, hasta tierno, no lo sé. Pero no irás a buscar algo que no existe.
Astrid miró la sombra furiosa, ¿qué era lo que trataba de hacer?
—... mucho menos si se trata de ayudar a esta gente— continuó la mujer, todavía sin mostrar el rostro— No tienes idea de cómo son, de lo horribles que pueden llegar a ser, nos han quemado, cortado, torturado y...
—¿Y eso suficiente para hacer lo que le hiciste a Hiccup?— cuestionó Astrid entre dientes, la silueta no se movió, tal vez desconcertada.— Lo que le hiciste a esa pobre mujer...
—¡No tienes idea de porque lo hice!- chilló Mørke, molesta, la silueta no podía salir de la oscuridad, así que en teoría, la bruja no tenía ni idea de donde estaba Astrid ahora.— ¡Y no sabes lo que haces!
—¿Y quieres que vuelva para que me maten?— espetó Astrid. Pudo imaginar a Mørke apretando los labios, como siempre hacia cuando estaba molesta— ¿O para que observes como me torturan hasta la muerte? "humillarme y vejarme hasta que te mueras"—citó— ¿Esas no fueron tus palabras exactas?
"No pienso volver. Y voy a hacer lo correcto para estas personas.— finalizó.
—Bien- exclamó la mujer, enojada- ¡Qué sea como quieras!— levantó sus brazos— No digas que no te lo advertí— la señaló.
Antes de que Astrid pudiese contestar, otra voz intervino. Esta también era de mujer, pero diferente.
—¿Todo bien aquí adentro?
Valka caminaba lentamente hacía la piscina, todavía con su báculo. Astrid notó que este hacia ruidos cada que lo movía, había cáscaras de nueces que lo provocaban como si fueran cascabeles. Se preguntó para qué.
Astrid atinó a asentir. Mørke se había ido, por lo menos, por ahora.
—De acuerdo—mustio la mujer. Las canas le empezaban a salir en las sienes en débiles hebras que se perdían en las trenzas con las que peinaba su cabello, reconocía algunos rasgos que su hijo había heredado de ella, por ejemplo los ojos grandes y expresivos. La mujer echo un vistazo al lugar, como si temiera que Astrid hubiese hecho un pentagrama en el suelo o una cosa así— ¿Estas bien? ¿No estas herida? Hiccup me contó algunas cosas...
Incapaz todavía de hablar, Astrid negó con la cabeza.
—Tenemos algunas medicinas, por si... quieres algo—vaciló Valka. No era fácil que el enemigo estuviese en tu refugio, peor aún si era la sobrina de la bruja que hechizo a tu hijo— También hay algo de comida.
Astrid recordó las cosas que Hiccup le había hecho guardar en su bolso. Hizo amago de alcanzarlos.
—Hiccup... consiguió para ustedes— eso no había sonado bien— Comida, quiero decir, un barril repleto de cerveza, eh... creo que trae cereales, y ¿Fruta? No lo sé. Eh, yo... puedo sacarlos, deme un segundo...
—No es necesario— la mujer negó con la cabeza. Astrid volvió a hacerse un ovillo— ¿Tienes hambre?
—Sólo un poco— mascullo Astrid, Valka camino de nuevo hacia la entrada, para traer una bandeja con algo parecido al pan que ella comía. Este era café y poroso, junto a este había una patata con salsa y mermelada. A un costado estaba una jarra con agua y un vaso.
—Es mejor que rata —aseguró Valka, haciendo que la chica se confundiera— Es un decir-dijo, para luego depositar la bandeja a un lado de las cosas de Astrid— ¿Quieres que cuelgue esto para que se seque?— tomó el de nuevo blanco vestido de Astrid y su capa.
—Puedo secarlo más rápido, gracias— agradeció ella. Valka hizo una mueca, recordó lo que Hiccup había dicho y cambio de parecer— Pensándolo bien, ¿podría hacerlo? Creo que fue suficiente magia por hoy.
—Para toda la vida, diría yo— respondió Valka, tratando de sonreír, exprimió las prendas para quitarles el exceso de agua y las sacudió.— Vuelvo en un rato— dijo antes de irse.
Una vez se fue, Astrid salió de la piscina, empezó a secar su cuerpo y a vestirse. Los moretones ya no estaban, ni mucho menos los rasguños.
Como si nada hubiera pasado.
Gothi leía unos libros que había llevado consigo, Hiccup, ya en su forma de humano, usando una túnica roja y pantalones color caqui, estaba esperando que la anciana dijera/escribiera algo. Gobber iba ya por la segunda rata.
—Y... ¿Qué edad tiene?— pregunto Gobber, masticando de la carne del animal. Hiccup se giró, el pelo mojado brillaba a la luz del fuego.
—Creo que dieciséis o diecisiete— respondió, tratando de recordarlo, pero el hechizo que le habían lanzado había sido tan poderoso que recordaba ese momento se forma vaga— No oí bien.
—Ah bien. Es una niña entonces...— comentó Gobber— Se... ve... como... una buena persona.
Hiccup se encogió de hombros.
—Es muy terca... y creída— respondió— No quita que sus intenciones sean buenas.
—¿Realmente crees que quiera ayudarnos? La última vez que un Haddock confío en una de ellas...— empezó a relatar, sin embargo, se detuvo al sentir la mirada despectiva de Hiccup— Ya sabes.
—Es por eso que ella quiere hacer un pacto conmigo. Sin trucos.
Gothi se volvió, con aire preocupado.
—¿Las heks pueden hacer pactos con los humanos?— cuestionó Gobber a Gothi, ella empezó a escribir en el suelo. Hiccup se asomó para ver los escritos. Él podía entender con algo de dificultad los dibujos de la anciana.
"No estoy segura".
—¿Cómo que no lo estás?— Gobber empezó a preocuparse— ¿Crees que sea una trampa? Podría ser una trampa, si es así tenemos que ir e inmediatamente...
—Gobber— lo regaño Hiccup.
—Detenerla, iba a decir "detenerla"— agregó Gobber, Hiccup alzó una ceja, sin creerle.— De todas formas, Gothi, ¿qué se debe de hacer?
Hizo una mueca, luego volvió a escribir en el suelo.
En ese momento, entraron tanto Valka como Astrid. Ninguna parecía estar consciente de que la otra estaba a un costado, sin embargo, iban juntas.
Hiccup no quería matar a Astrid. Pero si ella mentía, él ya no podría defenderla.
—Astrid— la llamó, vacilante, ¿qué iba a preguntarle? si ella mentía entonces tendría que ser cauteloso— Tú... me preguntaba si...
Se congeló.
—Si sabes hacer un pacto entre humano y heks— completó la frase Gobber. Éste analizaba el rostro de la joven: no se veía como una bruja. Las brujas tenían el cabello negro, así como los ojos, no tenían ese rubor en las mejillas o ese rosado en sus labios (usualmente sus bocas eran pintadas con el más extravagante de los rojos).
Astrid se cruzó de brazos, lanzando una mirada de superioridad.
—Claro, está en mi libro.
—Ah, tenías razón.— le dijo el hombre rubio a Hiccup.
Astrid ignoró el comentario y empezó a buscar su libro. Leía y pasaba las páginas con rapidez, esperando encontrar algo; ella jamás había pactado con alguien, ni siquiera con su tía o con otras niñas. Encontró los diferentes tipos de pactos.
—Aquí están— entregó el libro a Gothi y esta lo sostuvo un tanto cohibida. Leyó todo lo que estaba escrito, frunciendo el ceño y siguiendo los renglones con sus uñas, asentía y hacía caras de sorpresa. Los restantes en la habitación se miraban entre sí.
Hiccup notó que Astrid no llevaba su capa ni su vestido blanco. En su lugar, usaba una túnica azul, falda café lisa, ajustada a sus delgadas caderas por un cinturón con detalles de cráneos humanos (demasiado pequeños para ser humanos, pero Hiccup nunca descartaba nada), mallas azules y sus gruesas botas. Llevaba muñequeras debido al frío y se había trenzado el cabello de nuevo.
Dejo de mirarla cuando ella empezó a notar los ojos de él sobre ella.
La anciana dejo el libro con Gobber, señaló algo en la página y pareció darle a entender que leyera algo en voy alta. Gobber se encogió de hombros y lo hizo.
—Ah, dice: "... el pacto puede tener cualquier tipo de condición y es tan poderoso que incluso el mismo Señor Oscuro no puede romperlo"— leyó con voz fluida, sin embargo entrecerraba los ojos tratando de tener una mejor vista de las páginas— Eso suena convincente— murmuró Gobber, ladeando la cabeza. Gothi negó con la cabeza y le pidió al hombre que siguiera leyendo— De acuerdo, según ella hay más, "las dos heks que lo realicen..." oh— exclamó eso último— "deben ser brujas de sangre pura..."
Astrid abrió los ojos como platos, esa parte ella no lo había leído, es más, cuando ella había leído eso ese párrafo no estaba. Corrió a por el libro, se lo arrebato a Gobber de las manos y leyó aquel apartado rápidamente.
—¿Como? ¿No es posible?— Hiccup estaba nervioso, pero Astrid se veía peor.
—¡Claro que lo es!— exclamó ella, leyendo a toda prisa las páginas. Gothi agarró con fuerza el brazo de la muchacha, la atrajo hacia ella y le señaló el libro, Astrid negó con la cabeza, sin entender; la anciana trató de cambiar la página. —Oh, bueno— cambió la página y se encontró con otro— Esto es un pacto nupcial, no sirve.
El pacto nupcial era en síntesis, el juramento de bodas que se suele hacer en esas ceremonias, la pareja se jura amor eterno y fidelidad o si no, se cumpliría un castigo que el otro dicte en ese momento. Era útil cuando una heks quería pasar desapercibida al casarse en un mortal, imagínense, el hombre puede jurar que la protegerá o que jamás revelará su secreto o si no...
—¿Pacto nupcial? ¿Eso qué es?—cuestionó Valka.
—De vez en cuando, las brujas se casan con mortales y las bodas no son iguales a las de los vikingos— explicó la muchacha—Pero solo son condiciones pequeñas, ni siquiera deben ser tan fuertes. Son condiciones como "amar por siempre a alguien" o se ahogara en un río... cosas así...
Gobber le quito el libro y lo examinó.
—"La condición puede ser cualquiera y ni el mismo señor Oscuro puede romperla..."— leyó, para sorpresa de todos.
—Sí, pero eso implicaría que ambos estuviesen casados, ¿no?— aventuró Valka, tratando de entender la situación y esperando una respuesta negativa.
—Implicapría casarnos— respondió Astrid en voz baja, Hiccup puso los ojos como platos.
—¿¡Que!?-chilló, perdiendo la compostura. Astrid hizo mala cara- ¡No puedo casarme con...bueno...!— hizo una mueca, estaba a punto de decir "bruja" de una forma despectiva.
—Bruja, ya sé— espetó Astrid en tono grosero, herida por la brusquedad que Hiccup había usado.
—No tiene nada de malo— aseguró el castaño— No era lo que trataba de decir— aclaró, pero la chica solo rodó los ojos— Escucha, tengo a alguien más en mi vida, definitivamente no puedo hacerlo.
Gobber quien seguía leyendo el libro levantó la cabeza.
—Dice que acepta cualquier tipo de condición— señaló el libro, los demás le miraron como si hubiese dicho algo obvio— No sé, la condición podría incluir el fin de su matrimonio.
—¿Qué tratas de decir? —cuestionó Hiccup.
—Tal vez ustedes puedan decir: "el trato termina cuando Berk sea liberada" o "cuando Mørke este muerta"— aventuró Gobber, bajando el libro.
Era una opción razonable, de hecho, si cada uno se lo pensaba mejor, el matrimonio...
No, seguía sonando descabellado.
—Creo que eso no se puede hacer— respondió Astrid, cruzándose de brazos.— Entonces, creo que será sólo de palabra.
Hiccup hizo una mueca, ¿y que le garantizaba que ella realmente lo ayudará?
Seguramente es una trampa. Ella lo sabía desde el principio, ustedes volarán hasta el Mercado del Norte, o donde sea, y entonces ella te matará. Se arrepentirá. No recuerdas lo que paso esa noche con exactitud, ¿y si se trata de un plan?
De ser así, sería ridículamente complicado, pero no imposible.
Pero aún cabía una posibilidad. Aunque esa conllevaría a engañar (de alguna forma) a Kaira; se casaría de una forma pagana con una bruja, tal vez de por vida.
Aunque lo estaba haciendo por Berk, en honor a su padre y para liberar a su pueblo, así como salvar al archipiélago.
Soltó un suspiro. Podía reparar su armadura, y la capa estaba en uno de los baúles que su madre había traído. No esperaba usarla tan pronto, de hecho, hasta tenía un traje blanco para eso.
Pues ya que.
—Hagámoslo— decidió, aún sin estar muy seguro de lo que decía— Es la única forma en la que puedo confiar en ti.—explicó, tanto a su madre como a los demás, Gothi asintió y fue en búsqueda de cosas, alejándose lentamente arrastrando los pies— Pero esto se anulará cuando Berk este libre. Si Mørke está muerta o no, no importa.— condicionó, sintiendo como el estómago se le llenaba de algo espeso y pesado— Y si llegase a pasarme algo...
—Perderé mi poder, ¿te parece?—la chica parecía mosqueada, más fastidiada por la decisión del joven que por otra cosa. El castaño puso cara de sorpresa— Puedo hacer que se concentre en una maldición para Mørke, si ni tu ni yo ganamos, ¿por qué ella sí?
Valka tomo el brazo de su hijo, obligándola a mirarle. Este le regresó la mirada, dando a entender que no había otra opción más viable.
—¿Qué hay de Kaira?— susurró la mujer en voz baja, sin embargo, Astrid la escuchó.
Hiccup tragó saliva, ella lo entendería. Siempre entendía a Hiccup, siempre, ella siempre confiaba en sus explicaciones.
—Ella lo entenderá— aunque estaba seguro, no se escuchaba como tal— Tengo que limpiar la armadura, no podemos quedarnos mucho tiempo.
—Creí que era por tu boda falsa— intervino Gobber— No puedes casarte en esas fachas— señaló con desagrado, el castaño echo un vistazo a su atuendo. Se veía completamente normal, sin embargo, el hombre tenía razón.—Y, eh, ¿Astrid?— se aseguró de que ese fuera el nombre de la rubia, quien le dirigió una fría mirada-—¿Por qué no... ayudas a Gothi? Este tipo de magia es difícil para ella...
La rubia se fue, soltando el aire por la nariz, molesta.
—Tiene potencial— Gobber señalo a su espalda, como si realmente la aprobara— Ya sabes lo que dicen de las mujeres fuertes— bromeó. Valka hizo una mueca, Hiccup carraspeo en desacuerdo.
A él no le gustaban las mujeres fuertes... O bueno, nunca lo había pensado.
Se lo pensó durante un rato, mientras limpiaba la armadura, se la colocaba en el cuerpo y luego mientras se afeitaba. Pensó en si Astrid le parecía atractiva o si le gustaba estar con ella, si era interesante o algo.
No. Se respondió al fin, encontrando su capa. No son mi tipo.
Todavía tenía las manos llenas de tiza cuando se colocó el vestido blanco de nuevo. Hiccup estaba visiblemente incómodo, tal vez deseando estar en otro lugar; habían decidido hacerlo mientras todos los aldeanos que estaban refugiados en la cueva estuvieran dormidos (no le gustaba mentirle a su gente, pero a Hiccup no podía darles tantas noticias increíbles tan pronto), y procuraban no hacer demasiado ruido.
Viéndola usando ese vestido sin lodo, heridas o terror mortal en su semblante, Astrid no se veía tan mal, Hiccup incluso admitiría que se veía guapa. Pero nada más. Se había quitado los zapatos, cuidaba no pisar más líneas del pentagrama; en su mano empuñaba una daga que se supone era de plata, ambos sostenían una copa de vino y no se veían seguros de sí. No era la boda que ninguno imaginaba que sería.
—Bien— Gobber se puso en medio con libro en mano, cuidando de no pisar ninguna raya del pentagrama, tal como la pareja— Esto empieza... eh, con un montón de palabras raras— Gobber las señaló, viendo que era difícil leerlas— ¿Es necesario decirlas?
—Es la ceremonia de boda— obvió Astrid, entre cerrando los ojos. Claro que era importante— Debes decirlas para casarnos.
—Bueno, bueno, primero que nada, quiero anunciar que mi pronunciación va a ser un asco— informó Gobber en voz alta— Y que no tendré ni la menor idea de que es lo que voy a decir— el hombre se aclaró la garganta, sacudiendo sus trenzados bigotes— Muy bien. Esta parte está en escandinavo: Estimado Señor Oscuro, nos hemos reunido aquí, anhelando tu presencia para pedir asentimiento para unir a esta pareja, un mortal cuya sangre es pesada y roja (¿que fue eso? ¡Oh, perdona, continuo!) Y una heks cuyo linaje y sangre es superior. Eh, ambos pactarán las condiciones de su matrimonio y unirán sus vidas por el tiempo que ellos crean necesario.
Tenebrae mi Domine, famulorum famularumque diximus, consensu, desiderio erat tibi coram quaerere ad hoc duobus in unum sinet, quorum sanguinem autem mortale hoc rubeum gravior et, quorum genus superius heks et sanguine. Utroque constet matrimonium quoad vitam consortem putant necessarium.
Los latinajos de Gobber hicieron que Astrid empezase a preocuparse, sin embargo, sintió en los pies una extraña vibración, como si la tierra estuviera a punto de abrirse.
Bueno, por lo menos los había escuchado.
—Tomare eso como un "está bien"— opinó Gobber— Bien, tómense de las manos y mírense el uno al otro— pidió. Los dos le obedecieron tomándose las manos libres, Astrid tuvo que sostener la daga con la mano que tenía la copa. Ambos se miraban con cierto cansancio y sólo anhelando que el ritual terminara— Y repitan después de mi: "Jeg er klar til å gi opp min sjel for deg hvis nødvendig, brenne i branner i helvete hvis du unnlater, oppfyller alle mine løfter mens dette lever, jeg lover deg, og Herren".
Ambos repitieron el juramento, Hiccup masticando las palabras y Astrid pronunciándolas de forma perfecta.
—Y ahora, deben establecer sus condiciones. Pueden pedir lo que sea, pero tiene que quedar perfectamente claro— instruyó el rubio, luego señaló a Valka— Valka será nuestro testigo, en caso de que no se cumpla ella podrá abogar por ustedes.
Valka soltó un suspiro, miro hacia otro lado, sin poder creer en lo que se estaba metiendo (tampoco podía creer en lo que Hiccup se estaba metiendo). Tragó saliva.
—Tienes que decir que estás de acuerdo— le indicó el hombre. Valka asintió.
—Sí, estoy de acuerdo.
Sonó como un "ya que".
—Yay, es turno de ustedes. Primero Hiccup y luego Astrid.
Astrid enterró los ojos. Hiccup inhalo fuerte, creyó por un momento que no podría hablar, que las palabras se atorarían en la garganta. Dejó escapar un sonido extraño, parecido a un chillido, con lo que confirmó que tenía voz.
—Yo...- hizo una mueca— Mi condición es que cuando te ayude a encontrar tu varita mágica...
—Se llama Tryllestav.
—Lo que sea— la imitó, haciéndola enrojecer— Te ayudo a encontrarla siempre y cuando lo hagas con toda la intención de salvar Berk y el archipiélago. Cuidaré tu espalda solo si cuidas la mía, y si algo malo llega a pasarte...—se detuvo, pensando en lo que podría pasarle a él si la dejaba morir. Pudo sentir los ojos de todos sobre él.
—Podrás salvar Berk con la Tryllestav— sentenció ella, aburrida— Solo podrás usarla una vez. Pero nunca volverás a caminar.
—¿¡Qué!?
—Oye, si te dejo morir viviré como mortal, es justo que tú renuncies a algo.— reprochó— No tienes nada que perder siempre y cuando me cuides— se encogió de hombros. Ahora Hiccup era el que la miraba con los ojos casi cerrados.— Tienes que decirlo.
El joven rodó los ojos. Suspiró y habló de nuevo.
—Tendré el poder de usar la Tryllestav, pero solo una vez. Y a cambio, no podré volver a caminar— sentenció.— Ah, y nuestro matrimonio durará hasta que Berk y todo el Archipiélago estén a salvo.
—Es tu turno, Astrid.
Repasó lo que tenía que decir.
—Bien, mi condición es que me ayudes a encontrar la Tryllestav, en el caso de que te maten por mi culpa, perderé todo mi poder, eh, y será usado para ayudar Berk, uh, parte del él lo usaré para... maldecir a todo mi aquelarre. Desearan la muerte todo el tiempo, pero no podrán morir. Es todo.
Ambos asintieron lentamente.
—Ahora, deben cortarse las palmas de las manos, estrechárselas y beber el vino.
—¿Cortarse las palmas?
—Es para hacerlo oficial. Ve el lado bueno, no la besaras.
A nadie le hizo gracia.
Astrid le paso el cuchillo, este lo tomo como si le diera asco, dejo la copa con ella y decidió hacerlo rápido. Soltó un gemido de dolor, para luego estirar la mano sana hacia Astrid. Ella le paso la copa.
Gobber sostuvo la copa de ella, para que ella pudiese cortarse con más comodidad. A diferencia de Hiccup ella no dijo o hizo algo; tomo la copa, apretando los labios.
Ambos estrecharon las manos repletas de sangre, mientras bebían de copas.
Durante un instante, hubo una ráfaga de viento que cruzó por toda la habitación, corriendo hacia ellos, desordenado las cosas y apagando las antorchas, formando un remolino entre los jóvenes.
Sus manos se apretaron más contra la otra, temblando. Una fuerza empujó a uno contra el otro, ocasionando que chocaran. Hiccup la sostuvo con fuerza, mientras observaban como el remolino llegaba al techo, desapareciendo.
Una vez se fue, las antorchas se encendieron y las cosas volvieron a su sitio.
—Am, creo que funcionó— Gobber alzó ambos pulgares.
Miraron hacia arriba, el agujero había sido destapado gracias a un palo de madera. Por ende, se podía ver lo negro de la noche, dando un mensaje para nada esperanzador; esta vez Hiccup se había ofrecido a cargarla para que esta pudiera subir, pero primero se aseguraron de que todo estuviera en su sitio.
Hiccup estaba rellenando una cantimplora con agua y Astrid hacia lo mismo con otra hasta que sintió un tirón de su trenza. Enfadada, se giró para golpear a Hiccup (estaba segura que había sido él) cuando vio a Gothi.
La mujer seguía sosteniendo el collar con el que la había descubierto, la miraba fijamente, pero no escribía nada.
—¿Necesita algo?—preguntó la rubia. La anciana, lógicamente, no respondió nada, solo le tendió el collar el cual seguía brillando, pero esta vez tenuemente.— Eh, sí, brilla— lo señaló, pero la anciana solo negó con la cabeza— ¿Quiere que lo... toque?— preguntó la chica. La anciana asintió, al poner sus dedos en él sintió que el collar se pegaba a su piel. Lo soltó y en vez de caer, se transportó directo a su pecho, rodeando su cuello.— ¡Oiga, esto...!— la mujer puso una mano en su boca, haciéndola callar.
—Será mejor que le hagas caso— Gobber le arrebató la cantimplora— Gothi no regala a nadie nada por nada.
Que pexs
Antes que nada una disculpa por no haber subido cap la semana pasada, no se como me atrase en esta historia y en todo xd
Bueno, al parecer Hiccup y Astrid se han casado, literalmente al capitulo xd, no de la forma que uno quisiera pero, bueno xd
Respondo rws:
Mud-Chan: AWS, ¿De verdad fue tu cumpelaños? Felicidades por eso, ¿ya te encuentras mejor?
Ya la vi, dos veces, FUE TAN HERMOSA, no tengo palabras para describirla. Me dan ganas de verla de nuevo alv
Pues ya ves, la situacion en Berk no es la mejor, todo el mundo tiene miedo.
Bere o Nade: jajajaja, me alegro de que te dieras el tiempo de comentar. Astrid es algo timida por el hecho de que estaba asustada, ahorita ya le grita a Hiccup e incluso le irrita que el sea tan suave con todo xd
Hiccup es el personaje que hasta el momento he batallado mas xd, me alegra que este Hiccup te guste, Hiccup ha aprendido algunas cosas a la mala.
No puedo decir la conexion que tienen, solo que es una conexion unica que no tienen con nadie mas, tan taaaaan
Nos leemos luego, gracias por llegar hasta aca uwu
