Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell


La huida de Berk había sido silenciosa. Nadie los había visto o advertido la presencia de alguien más; el dragón logró atravesar la capa de oscuridad con evidente éxito y sin ningún contratiempo. Todavía había luz cuando salieron y las heridas de ambos estaban evidentemente cicatrizadas.

Nadie decía nada, Hiccup había empacado todo lo que le había sido posible, ropa, algo de comida, mantas y algo de oro para sobrevivir, a pesar de que Astrid le dijo que no eran tan necesarias. Ella podría conseguir la comida en un tris, literal. Él no hizo caso a eso.

Estaban a punto de llegar al mercado del norte, no tardaría en anochecer y llevaban buen curso. Stormfly volaba junto a Hiccup con gran facilidad y gozando de la luz solar que el cielo despejado brindaba; Astrid releía hechizos que le parecieran útiles (los de comida, para empezar, así como los que reparaban ropa o cosas, la receta para una poción que curaba enfermedades del viajero o simples rasguños o heridas, la que curaba heridas graves, las que purificaban el agua y otros más). Y nada parecía salir mal, de verdad.

— ¿Por qué regresamos al Mercado del Norte? — cuestionó Astrid, dándose cuenta del curso.

Vamos por más víveres. Yo puedo vivir de pescado, pero tú...

—Yo puedo hacer comida. Literalmente— señaló ella, como si fuera algo obvio. Hiccup soltó el aire por la nariz.

¿Qué te dije sobre la magia?

—No estamos en Berk— advirtió Astrid, Hiccup pareció rodar los ojos— Además, vuelas, no es como que nos tardemos mucho tiempo.

Eso creo... Ah.

Astrid sintió que Hiccup había dicho eso en voz mucho más baja, como si pensará para sí mismo. No le tomó importancia y siguió leyendo; escuchó como algo se quejaba por lo bajo, vio a Stormfly, preocupada de que ella tuviera algo, sin embargo, la dragón seguía tan concentrada mirando al frente que no podía ser la dueña del sonido. Volvió a su lectura, el viento podía hacer diversos tipos de sonidos.

Le pareció escucharlo al poco rato, la rubia volvió a saltar de su asiento, intrigada. La isla del mercado estaba mucho más cerca que antes, así que no tardarían en llegar.

Otro sonido, esta vez más fuerte, seguido de un crujido casi imperceptible. Ella decidió preguntar.

— ¿Escuchas eso? — su voz sonó cautelosa para que Hiccup pudiera oírlo, a pesar de saber que el oído de él estaba mucho más desarrollado. — ¿Hiccup?

Duele, duele, duele... ¿¡Qué me...!?

— ¿Hiccup? — esta vez sonó preocupada, el dragón se veía desconcertado y al parecer él era la razón por la que oía esos sonidos.

DUELE, MI BRAZO.

— ¿Eh? Tu brazo no... — miro las alas y una estaba torciéndose para abajo. Luego le pareció ver un destello debajo de su cuello, justo donde estaba el dije con la luna verde que la anciana de Berk le había regalado; este brillaba con intensidad. Al parecer, esa cosa detectaba magia y brillaba bastante cuando era magia negra. Jadeo, aterrada. Su hechizo de protección no había servido de mucho... — Hiccup, Hiccup—lo llamó desesperadamente, dándose cuenta de que estaban descendiendo— Trata de llegar, solo son unos metros más, pero si nos aterrizas aquí, nos ahogaremos—advirtió, llenándose de miedo. Ambos seguramente iban a ahogarse, Astrid no hallaría la forma de llevar a Hiccup hasta la orilla. —Stormfly— llamo a su Nadder y esta volvió la cabeza, esperando una orden, sin embargo, su compañera no sabía exactamente que pedirle— Ayúdame, ah...— exclamó, sintiendo que la altura bajaba poco a poco— Resiste, Hiccup, déjame buscar algo...

No puedo.

—Sí, sí puedes— animó ella, todavía les quedaban algunas millas para llegar hasta el mercado— Por favor, Hiccup, no...

No puedo más, duele. Duele. DUELE.

—... ¡No te caigas! — esas brujas, debieron usar un hechizo bastante fuerte, no sólo fue una de sus alas la que estaba doblándose (de forma dolorosa para Hiccup, por cierto), sino la cola.

Está en todas PARTES.

—Hiccup, solo un poco más— sostuvo sus cosas, si llegaban a caer en tierra, era más probable de que ambos sobrevivieran— ¡No sé nadar!— confesó, presa del pánico, a pesar de que sabía que con eso Hiccup no dejaría de sentir dolor, trató de recordar el cómo materializar cosas y en algo que fuera de utilidad— vises: tabla de salvación— enunció, no muy segura, y sin recordar el nombre de los barcos más pequeños en los que habían viajado las brujas al momento de llegar a Berk- Stormfly, si algo pasa... — consiguió mantener un poco la calma, sin embargo, empezó a sentir que las escamas se volvían del color pálido de Hiccup cuando era humano, así como una pérdida bastante notoria en el peso.

Hiccup se transformó en humano sin previo aviso, completamente inconsciente. Astrid sintió el tirón hacia abajo, para luego sentirse a la deriva, cayendo en caída libre junto al muchacho.

¡La tabla, la tabla! ¡Por favor, Señor Oscuro...!

Vio el mar acercándose, recordando que ella jamás había intentado nadar, ¿por qué no lo había hecho antes? Hiccup estaba inconsciente, probablemente... muerto o moribundo (pero, si el moría o peor, si ya lo estaba, tal vez lo de la tabla no funcionaría y por ende, ella también moriría), ¿cómo iría a por él? Maldijo su suerte y nuevamente a su tía, ¿qué era lo que esperaba? Mørke nunca se rendía, si salían vivos de eso, estaba más que claro que no les dejaría el camino fácil.

No dejo de gritar mientras caía, cubriendo su cara con los brazos. Entro al agua de sopetón, tragando el líquido salado, pataleo y trató de moverse en el agua con desesperación. Ni siquiera habían empezado a buscar, ¿ese iba a ser el fin?

No. Sintió que unas garras le sacaban por la capucha, empujándola hacia arriba y logrando que la cabeza de la rubia saliera a la superficie. Era Stormfly, quien, usando todas sus fuerzas logró sacar a Astrid y llevarla hasta la tabla de salvación que la rubia había pedido. Astrid tosió el agua inhalada, apoyando casi todo su cuerpo en la tabla, que media lo suficiente solo para que una persona pudiese estar. Dio una bocanada de aire que le hirió la garganta.

—Gracias... nena— farfullo a la dragón, esta grazno en respuesta, feliz de haberla salvado— Hiccup...— reaccionó Astrid, dándose cuenta de que el muchacho seguía inconsciente y peor, en el mar— ¡Hiccup! ¡Mierda! —maldijo, lanzando una mirada al rededor, sin encontrar nada más que agua y la lejana isla— ¡Stormfly, busca! — ordenó y la dragón voló en todas direcciones por unos segundos que a Astrid se le hicieron eternos.

Por favor, no se puede morir ahora...

Por fin, Stormfly pareció percibir el olor del castaño en medio del agua, se zambullo directo al agua, Astrid tuvo que esperar, nuevamente apoyada en la tabla a que Stormfly saliera con el cuerpo del chico.

Empezó a notar que el agua se movía de forma inusual como si algo quisiese salir, así que se bajó de la tabla y la uso como flotador para nadar hasta ella, pataleando con las piernas. Una cosa era que Stormfly pudiera con una chica de su tamaño y otra...

La dragón logró salir exitosamente y sin problemas del agua, sosteniendo al muchacho del cabello, quien tenía los ojos entrecerrados y blancos. Astrid le ayudó al dragón a subirlo, no sin antes asegurarse de que este estuviese vivo. Le presionó el pecho, después el estómago, tratando de que escupiera el agua; milagrosamente, Hiccup lo hizo, tosiendo en medio de su inconsciencia. Ella pudo soltar aire contenido en sus pulmones aliviada; con cuidado volvió a meterse al agua, aferrada a la tabla, no sin antes tratar de despertar al muchacho, sin éxito.

Después de toser, Hiccup quedo inerte.

—No puede ser esto más perfecto— exclamó Astrid con sarcasmo. Stormfly se colocó a su lado, como si quisiera jalar la tabla—Debí pedir un bote... ¡así se llamaba, mierda! —Maldijo su mala memoria y decidida a aceptar su suerte trato de orientarse- No te necesito aquí, nena- le dijo a la dragón, quien la miro obediente—Indícame el camino a la isla. Creo que tengo que empujar esto.

Empujó la tabla, cuidando que el castaño no se moviera de su sitio o se cayera de esta. Empezó a patalear tal y como lo había hecho antes, Stormfly, por su parte, volaba sobre ella para indicarle el camino de vuelta a tierra firme.

Después de los primeros cien metros tuvo que descansar, lo mismo hizo con los otros cien, y empezó a tener sed alrededor de los doscientos. La distancia no parecía acortarse y tenía realmente temía de encontrarse con algún tiburón, animal marino peligroso o peor, un dragón. Existían los escaldarones, quienes les arrojaban agua hirviendo a sus víctimas, y no quería ser hervida hasta la muerte por culpa de Hiccup.

Bueno, no, había sido culpa de Mørke.

La sed cada vez se volvía más insoportable, pero no podía abrir su bolso, de hacerlo, se llenaría el interior con agua (el espacio en su bolso era infinito, de modo que de abrirlo... tal vez se lleve al mar entero en la bolsa). Decidió hacer un esfuerzo sobrehumano para llegar, sentía que en cualquier momento las piernas se le desprenderían del cuerpo.

Stormfly empezó a graznar, así como a volar en círculos. Eso sólo podía significar dos cosas, un barco se aproximaba, o la isla lo estaba. Confirmó que la isla estaba cerca cuando sintió el agua mucho más cálida, así como algunas rocas chocando con sus pies; luego sintió la arena y algunos peces rozando sus piernas. Empujó la tabla con Hiccup quien todavía se encontraba fuera de órbita, dio un último empujón y la tabla quedo encallada en la playa.

Astrid salió del agua y se tiró a la arena, lejos del mar. Gimió una vez se tumbó, jadeo, mirando el atardecer, solo ahí fue cuando se le ocurrió que pudo no haber llegado antes del anochecer. Cerró los ojos, si ella no hubiera llegado, quizá ellos estarían a la deriva, quizá...

—Ugh—exclamó Astrid, dándose cuenta de que Hiccup no había despertado y eso nunca significaba algo bueno. — Despierta, Hiccup— lo pateó, todavía sin levantarse, Hiccup jadeo, pero no despertó. — Hiccup, levántate— le volvió a indicar, este no hizo otro sonido— Bien, será a tu modo— se levantó y busco en su bolso una cantimplora con agua, la abrió y derramó el contenido sobre la cabeza de Hiccup, esta se le metió por la nariz e hizo que tosiera tan fuerte que logró abrir los ojos. Astrid aventó la cantimplora lejos.

— ¿¡Qué, que...!? — jadeo, moviendo la cabeza hacia todos lados. Se sentó rápidamente, pero una punzada de dolor en todo el cuerpo hizo que lo hiciera de forma más lenta— Agh...— se quejó para luego mirar a su alrededor. Vio a una Astrid con el ceño fruncido y las manos en las caderas, y empapada de la cabeza a los pies. Eso podía ser una mala señal— ¿Cómo...? — cuestionó, viéndose en la playa del Traga Arena— ¿¡Qué hacemos aquí!? ¡No debemos estar aquí!

Astrid entrecerró todavía más los ojos.

—Ah, ¿lo dice quien se desplomó en medio del mar? — Astrid espetó esas palabras con cierto desprecio— ¿Qué demonios te pasó?

Hiccup abrió la boca, dándose cuenta de que hasta de eso se sentía adolorido. No encontró nada más que decir, pero los brazos estaban doliéndole demasiado.

—No tengo idea-repuso con la voz ahogada— Me duele todo, empezó a dolerme muchísimo, pero se concentró en las alas— explicó, todavía mirando a todas partes— Tenemos que salir de aquí o el Traga Arena...

— ¿Cómo te duele? —cuestionó la muchacha, mostrando un poco de interés en aquello—Solo... ¿vino así de la nada?

—Astrid, te explicaré todo, pero primero tenemos que salir de esta playa o...

Ambos se giraron para ver que la arena absorbía la cantimplora de manera rápida. Stormfly gruño y voló hasta ellos, advirtiendo algo.

—Vámonos, ahora— ordenó Hiccup para luego intentar levantarse. Astrid le ayudó y este cojeo un poco, corriendo como podía, la chica, viendo que la velocidad no estaba siendo el fuerte del chico, paso uno de sus brazos por su cintura y le ayudó a andar. — Corre, corre...

Una vez estuvieron en el bosque, observaron como la tabla donde Hiccup había estado recostado era tragada por la arena.


Astrid miró la posada que estaba delante de ellos, con cierto desagrado. Era pequeña y para nada acogedora, sin embargo, era la única que se encontraba en el Mercado del Norte; además, no era tan cara.

—Debes estar bromeando— le dijo ella a él, quien trataba de no desfallecer. —No voy a ir ahí y pedirles que me dejen usar el baño para salvar a un sujeto herido al que apenas y conozco.

—Creí que dirías que era tu esposo—Hiccup levanto la mano con la cicatriz ya casi curada. —Hasta que la muerte nos separe o hasta que Berk este liberada. Además, debes cuidar de mí— añadió, con una sonrisa burlona en el rostro.

—Qué sea en cierto modo tu esposa no quiere decir que tenga que cuidar tu trasero cada que te convenga- espetó, cruzándose de brazos, haciendo que el chico hiciera una mueca. — No nos darán solo el baño. —dijo entre dientes para luego volver la mirada a la posada. — ¿Por qué no vas tú?

Hiccup hizo un chasquido con los dientes.

—Digamos que aquí no tengo la mejor reputación del mundo— admitió— Haremos esto, tú vas, les preguntas si puedo usar el baño y si te dicen que no, rentas una habitación- explicó, rebuscando en su traje monedas o algo para hacer un trueque. Encontró dos monedas de oro y se las pasó—Con eso debe bastar.

Astrid le echó un vistazo a las monedas, las cuales estaban empapadas y manchadas con algo de sangre. Se preocupó, pero no dejó que Hiccup lo notará, así que solo alzó una ceja.

—Claro, para nada sospechoso—mascullo y salió del bosque, dirigiéndose a la posada.

Era un lugar pequeño y húmedo, la hizo sudar al momento que cruzó el lumbral, había un mostrador (que más bien parecía solo una mesa) con una mujer detrás, de tez amarillenta y largo cabello grasiento cayéndole por las sienes, dormitaba y sus largos dedos amarillos tamborileaban sobre la mesa. Astrid olió su fuerte olor a carne, mezclada con sudor y cebo.

Aquello era asqueroso.

—Eh, buenas noches—saludó Astrid, esperando que la mujer levantará la cabeza. No lo hizo—Disculpe—dijo en voz más alta y clara, creyendo que la mujer no le había oído, pero siguió con la misma respuesta— ¡Oiga! — exclamó, poniendo con fuerza una mano sobre la mesa, sobresaltando a la mujer, quien dio un brinco en su asiento y se limpió rápidamente el hilo de baba que salía de su boca. Astrid frunció el entrecejo.

La mujer le miró con unos ojos café, enormes, su cara era igual de amarillenta que el resto del cuerpo. Las mejillas estaban hundidas resaltando sus pómulos y los labios parecían solo una delgada línea debajo de la nariz enorme. La arrugó al hablar con desagrado.

— ¿Qué es lo que quieres, niña? — cuestionó la mujer, mostrando una hilera de dientes cariados y casi del mismo tono que su piel.

Astrid entrecerró los ojos.

— Bueno, mi... eh, amigo por así decirlo, esta algo herido y quiero saber si ustedes tienen un baño en el cual él pueda curarse — explicó Astrid como quien no quiere la cosa. La mujer no hizo ninguna otra expresión. — ¿Lo tienen?- insistió.

La mujer simplemente alzó las cejas.

— ¿Tienen dinero?

— Esperaba que fuera rápido, nos iremos en unas horas- mintió ella, sin saber exactamente si ellos podrían salir de allí. Hiccup estaba lo que se seguía de mallugado, lo que indicaba que le habían practicado un hechizo de vodoo y este había surtido efecto en cuanto su hechizo de protección se había terminado — Solo lo necesitaremos dos horas a lo mucho.

—Escucha niña, no me interesa si tu amigo se muere o no o si se tienen que ir en cinco minutos— habló con voz ronca y sin nada de interés en su voz- Renten una habitación o váyanse al diablo.

— ¿Quiere que la mande al diablo? — alegó Astrid. No estaba llegando a nada y la mujer no ayudaba en nada.

— ¿Qué dijiste, mocosa? —respondió la mujer, enfadada y dispuesta a darle un golpe. La rubia sintió que la sangre le hervía.

Astrid miro hacia la puerta, más concretamente en dirección al bosque. Hiccup estaba con Stormfly, revisándola, impresionado de ver un dragón de ese tamaño. Suspiró.

Hiccup necesitaba un lugar donde sanarse.

— Deme la maldita habitación— refunfuño ella, apretando los dientes. La mujer hizo una mueca, extendió la mano, pidiendo el dinero, el cual Astrid prácticamente arrojó en su dirección.

La mujer observó con curiosidad las manos de la rubia, así como las monedas. Miro la cara de Astrid, tomando nota de su cabello y ropa mojados, así como algunos rasguños (producto de la sal y arena de la playa), en la cara. No dijo nada.

Hiccup terminó de examinar las escamas de Stormfly, anotando mentalmente su peso y el tamaño de estas. Le sorprendió que ella fuera tan dócil con él siendo este un humano prácticamente desconocido. Tal vez la dragón había visto antes como él salvaba a Astrid una y otra vez.

Algo le cayó en la cabeza y Stormfly salió volando. Era una llave.

—Esta por allá— ladró Astrid, señalando detrás de ella, refiriéndose a la habitación. Hiccup tomó la llave, para luego intentar levantarse. Al no poder, Astrid soltó un suspiro de resignación y lo ayudó a andar.

—Gracias— agradeció él suavemente, Stormfly sobrevolaba sobre ellos, vigilando de cerca mientras el cielo se ponía de color ciruela.

Ella no contestó. Hiccup no quiso insistir.

Una vez abierta la puerta, Astrid aventó a Hiccup dentro y este casi pierde el equilibrio de no ser por una cama. Se sostuvo de ella, sintiendo que sus huesos se quejaban en voz alta, gimió.

Astrid cerró la puerta, revisó si había ventanas, vio una y la cubrió con una manta, quedando la habitación a oscuras. Casi le da risa la forma en la que Hiccup estaba apoyando en la cama (las manos sobre la cama, con el trasero doblado hacia atrás), siguió su camino hacia lo que se suponía que era el baño. Lleno una cubeta con el agua que se encontraba en una tina gigante y regresó a la cama, encontrando a Hiccup en la misma posición.

—Siéntate— le ordenó ella a él, Hiccup volvió la cabeza, dudando— Ahora— insistió de forma dura. Hiccup hizo una mueca de dolor y se dio la vuelta como pudo, quejándose —Deja de ser un llorón.

—Para ti es fácil decirlo. — Habló Hiccup, fastidiado— Oh, auh, auh— se quejó mientras se sentaba. Vio como Astrid sacaba algunas cosas de su bolso, echaba algunas de estas al agua que tenía enfrente. — ¿Qué haces?

—Curarte— respondió ella, revolviendo el agua— Funcionaría mejor con un caldero, pero dadas las circunstancias...

— ¿No tienes un caldero en tu bolso mágico? — pregunto con sorna Hiccup, pero el tono de su voz fue opacado por el dolor. Astrid le dirigió una mirada fugaz de odio, para seguir mezclando lo que había en la cubeta. Hiccup se dio cuenta de que el agua ahí adentro empezaba a brillar con una luz púrpura.

La chica se acercó con un pañuelo y la cubeta, rodando los ojos.

—Bien, muéstrame la parte que sangra— casi lo ordenó. Hiccup entrecerró los ojos, no quería hacerlo, en primera, porque el solo hecho de existir le dolía muchísimo en esos momentos, y en segunda, porque estaba muy abajo de su cadera. No se veía una buena idea.

— ¿Vas a ponerme eso?

—Aja...

— ¿Crees que pueda hacerlo yo? — cuestionó Hiccup, sintiendo pudor. Astrid alzó las cejas. — Escucha, duele bastante y no creo que quieras ver...

—Somos esposos, ¿lo olvidas? — respondió ella con cierta maldad. Hiccup hizo mala cara y empezó a deshacer las correas de su traje. — ¿Qué es todo eso?

— ¿Te refieres al traje? —preguntó Hiccup, Astrid asintió. — Es para pelea, además, no puedo andar por ahí usando solo una túnica delgada.

— ¿Nunca te la quitas?

—Últimamente...— gimió, apartando la tela ensangrentada de su bajo vientre— No. —lanzó un suspiro, ahora estaba semidesnudo frente a la que venía siendo su esposa (a los ojos del "Señor Oscuro", claro).

Verle así, no tuvo ningún efecto visible en ella. Era el torso más pálido que ella había visto en la vida (bueno, no es que haya visto muchos), repleto de pecas y algo de cabello castaño cubriendo los débilmente marcados pectorales. La piel empezó a reaccionar al frío, levantándose. A Kaira le gustaba verle así, pero Astrid, no parecía tener mucho interés en él.

Justo debajo del riñón derecho había una cortada bastante grande. Astrid se sentó junto a él en la cama y mojó una punta del paño del agua brillante.

— ¿Eso que se supone que hace?

— Curar.

—Vaya, esa es una excelente explicación. — espetó Hiccup con sarcasmo antes de sentir un dolor intenso en la herida. Astrid había presionado sin avisar el paño mojado contra la herida, en el momento en el que el soltó un grito de dolor, ella retiro el paño.

—No debería dolerte — opino ella, usando un tono mucho más serio. Hiccup dijo algo incomprensible en respuesta— Pero funciona, ¿Dónde más tienes heridas?

—Pierna... izquierda— murmuró Hiccup con dolor— Y en el brazo... tengo bastante dolor. Hay más en la espalda... por donde me salen las alaAAAAAAAHHH- Astrid volvió a poner el paño en la herida, más por venganza que para curarlo. Su rostro seguía sereno a pesar de que internamente se estaba riendo a carcajadas. — ¿¡Qué es lo que sucede contigo!?

—Necesitamos que camines— dijo ella como si fuera lo más obvio del mundo- No te muevas mucho o te dolerá más.

—Oh, ese es un aviso bastante... ¡Mierda! —Soltó de repente al sentir nuevamente el latigazo de dolor, Astrid sonrió débilmente. — Puedo sentir como te diviertes.

— ¿Quieres algo para morder? Los vecinos escucharán tus quejidos de niña.

—Muy graciosa... ¡Ugh!

Astrid le hizo girarse en sí mismo para que ella pudiera ver las heridas de la espalda. Dos enormes aberturas cubiertas de llagas hicieron que Astrid parpadeara solo un poco, para luego volver a buscar el agua; las llagas enrojecían la piel, al igual que la sangre seca y la fresca. Astrid mojó más el paño, esta vez pasándolo con cuidado, las heridas estaban muy profundas.

Parecía como si le hubieran arrancado algo.

Los gritos de Hiccup fueron apagados por las sábanas, decidió morderlas con miedo de morder su lengua. Astrid intento no ser brusca, limpiando la herida lo más rápido que podía; las heridas de la espalda, a diferencia de la del costado, no parecían curarse.

—Hiccup— lo llamó con voz fuerte, este gimió, sin querer darle la cara. Estaba llorando y no quería que ella le viera. —Necesito que te voltees. Tienes que beber de la poción.

—... No —murmuró él con la voz pastosa.

Astrid supo que él debía sentir demasiado dolor. En un acto inconsciente le paso una mano por el cabello, acariciando las hebras, buscando calmarlo. Hiccup abrió los ojos, por un segundo pareció que Kaira estaba en la habitación.

Suspiró, concentrándose en las manos de Astrid. Cuando se sintió mejor para hablar, levantó un poco su cabeza.

—Necesito estar solo— le susurró— No quiero que me veas así— admitió; no le gustaba que nadie lo viese débil, a pesar de que lo era. Astrid hizo un sonido afirmativo.

—Toma toda la poción, ¿de acuerdo?

—De acuerdo.

Astrid entro al baño y él no se movió hasta que la puerta de este estuvo cerrada. Stormfly grazno algo y se acurruco en la cama, durmiendo sobre esta; Hiccup tembló antes de agacharse por el cubo con dificultad, sin molestarse en limpiar las lágrimas en sus mejillas. Bebió del líquido, el cual tenía un gusto extraño a jabón. Igual termino con el cubo.

No sintió ningún cambio, salvo que la pierna dejo de dolerle, así como la herida cerca de su riñón. Volvió a acostarse poca abajo, sintiendo que las llagas le tiraban de la piel, haciéndolo quejarse entre lágrimas. Se recostó junto a Stormfly.

¿Toothless? ¿Estás bien, amigo?


Las heridas de sus mejillas y barbilla desaparecieron de forma rápida con un solo roce de la poción de algas de flightmare. Suspiró pata luego beber de la poción, en caso de que haya algún problema mayor dentro de su cuerpo. Hiccup tenía que bañarse en agua de mar, sin embargo, aquello lo mataría de dolor, sabía cómo sedarlo, pero eso de bañarlo...

Arrugó la nariz. De todas formas, no había nadie más que le ayudará con eso. Los hechizos de voodo eran más difíciles de quitar, y realmente sabía muy poco; lo único que ella podía hacer, era tratar de quitarle la maldición como si fuera una completamente normal y esperar a cómo iba a reaccionar. Lo único certero aquí, era que probablemente Hiccup no pudiera volar... en unos días.

Ellos no podían simplemente no volar. No podían quedarse en aquel lugar demasiado tiempo, perderían parte de la ventaja que llevaban (si es que llevaban alguna), además, ¿cómo llegarían a la Tryllestav en ese estado?

Escucho un ronquido y salió del baño, topándose con Hiccup dormido boca abajo. Babeaba y la cara estaba enrojecida y húmeda, Astrid le dirigió una mirada de compasión; él no había dormido en aquellos dos días, posiblemente más, lo justo era dejarlo descansar; echo un vistazo a las heridas de la espalda, por lo menos ya no estaban sangrando y las llagas no se veían tan inflamadas. El cubo a su lado estaba vacío.

Se lo llevó, dejándolo en el baño. Hizo el menor ruido posible para salir del lugar, llevándose a Stormfly con ella.


La última vez que recordaba haber visto un atardecer así, fue cuando su padre le habló de Berk. Abrazó a Toothless, el pequeño muñeco que su madre había tejido, era un muñeco de tela, con costuras irregulares y que difícilmente se identificaba como un Furia Nocturna, era para empezar, azul y verde agua, estaba relleno de cabello de animal, era bastante suave y Hiccup no lo soltaba nunca. Jamás.

Eran idénticos, después de todo.

Recargo su mejilla en el peluche, no debía estar en el tejado tan tarde, sin embargo, le gustaban demasiado los colores. Había una parvada de Terribles Terrores atravesando el cielo, en Berk no se mataban (muchos) dragones, además, no valía la pena hacerlo. No había más dragones en Berk. Por alguna razón, habían dejado de robar cosas.

— ¿Te gusta la vista? — le cuestionó al peluche, esperando a que le respondiera de la misma forma en la que solía hacerlo — A mí también. — susurró al muñeco. Hiccup sonrió, memorizando el tono púrpura del atardecer. —Podríamos hacerlo— le respondió al muñeco— Pero mamá dijo que no se podía. Papá podría enfadarse.

No le gustaba que su padre se enfadara, le daba miedo. Era tan grande y fuerte que lo hacía temblar o llorar, por ello evitaba desobedecerlo; miró al suelo, el cual se encontraba a varios metros de él.

— ¿Donde? ¿De muy lejos? —Cuestionó, el dragón pareció responderle— ¿Es por ahí? ¿Recuerdas donde es? No podemos ir... mamá se preocuparía... ¿Todo brilla ahí? ¿Cuantos dragones hay?

Muchos. De todos los colores y tamaños, o por lo menos eso recordaba, todos brillando de un color neón, rodeando los cuarzos del lugar con gracia.

— ¡Woah! — exclamó Hiccup, sostuvo al muñeco frente a él. —Suena como un lugar hermoso. Cuando sea mayor, te voy a llevar le prometió, sonriendo. — Te lo prometo, Toothless, vas a regresar a tu hogar.

— ¡Hiccup!

Era su madre, sonaba algo preocupada. Vio la figura de su madre caminando en el jardín para obtener una visión mejor del tejado, cuando le vio, la mujer puso sus manos en la cintura.

—Oh, oh— murmuró Hiccup, buscando como bajar. Subir había sido fácil, pero bajar, a esta altura, parecía algo bastante difícil.

— ¿Qué estás haciendo allá arriba? —le gritó su madre desde abajo, tratando de encontrar una explicación de cómo el niño había subido a tanta altura el pequeño solo miro hacia todos lados, buscando como bajar.

— ¡Mamá!

El niño, sin soltar el muñeco, empezó a descender usando las tejas como escalones. La madre tenía el alma en un hilo, ¿debería llamar a Stoick?

— ¡Hiccup, no te muevas de ahí! Llamare a tu padre...

— ¡No! —gritó el niño, buscando como bajar. Valka corrió al borde del tejado, Stoick debía estar camino a casa, solo necesitaba...— ¡Yo puedo!

Siguió bajando, solo para darse cuenta de que ya tenía medio cuerpo en el vacío. Los nervios empezaron a apoderarse de él, las manos le sudaron, dio un grito pequeño presa del pánico.

— ¡Hiccup!

— ¡Mamá!- gritó el niño, soltó a Toothless y este cayó en el suelo, aterrizando en unas cajas debajo de él.

—Hiccup, no te muevas de ahí- Valka buscó como subir, apilo un par de cajas para usarlas como escalera, estaba tratando de mantener la calma.

— ¡Lo siento! —Lloriqueo el niño— ¡Me voy a caer!— gritó, sin remedio, sus manitas se aferraban con fuerza al borde del tejado. — ¡Mami!

— Ya voy, cariño, por favor, no te sueltes.

Hiccup jadeo, trato de concentrarse, ¿Podría Toothless ayudarle? ¡Claro que podía! Solo tenía que dejarlo salir, así su madre no se preocuparía... Todo estaría bien, porque Toothless podía volar.

Se soltó, confiando en él. Sintió que su cuerpo cambiaba, se volvía... diferente. Pudo escuchar el grito asustado de su madre, así como el sonido que sus alas hacían al romper el aire.

Planeo durante un segundo, para luego caer torpemente en las cajas del jardín. Valka corrió hasta estas, a punto de sufrir un paro cardíaco, cuando vio un pequeño dragón saliendo de estas, sacudiendo su cabeza y estornudando por el polvo que había provocado al caer; la mujer pudo respirar tranquila cuando escucho al dragón gorgojear, animado.

¡Otra vez! ¡Otra vez! ¡Eso había sido muy divertido!

—Por los dioses— susurró Valka, agachándose para ver el estado del pequeño dragón. — ¿Estas herido, corazón?- le preguntó, verificando las patas, las alas y el cuerpo en general del furia nocturna bebé. Sus enormes orbes verdes le miraban con atención. Trato de hablar, pero solo salió un rugido débil. Su madre frunció el ceño, ¡ah! seguramente estaba molesta. — ¿Qué te dije sobre subir a lugares altos?— le regaño molesta.

Que no lo hiciera.

— ¡Pudiste caerte, Hiccup! ¿Qué hubiera pasado si no te hubieras transformado a tiempo? ¿Eh?

Hiccup se dio cuenta de su error. Probablemente se abría roto la pierna, tal vez se la hubieran cortado, como tío Gobber. No quería tener una pata de palo, le gustaban mucho sus piernas, le ayudaban mucho... ¡No quería estar en cama toda la vida! Quería jugar con Toothless, con los otros niños...

— ¡Mira todo este desorden! ¡Te he dicho cientos de veces que no debes salir a esta hora! ¡Tu padre...! —el dragón chilló, con lágrimas en los ojos, recargándose en el regazo de su madre, buscando disculparse. Lo sentía con todo su corazón, no quería que su madre siguiera gritándole. La mujer se detuvo, con los labios temblando.

Perdón.

El dragón siguió llorando, Valka hizo una mueca, con un enorme nudo en la garganta.

—De acuerdo— susurró la mujer, abrazando al dragón. Tenía el tamaño de su hijo, pero su peso era algo mayor, no demasiado— Escucha, Hiccup— le llamó, tomándole de la cara, las gruesas lágrimas surcaban el rostro de la criatura— No estoy molesta, solo estoy preocupada por ti. Pudiste golpearte la cabeza, pero sé lo mucho que lo sientes— el dragón gimió, Valka le sonrió de forma reconfortante. — Solo no vuelvas a hacerlo, ¿de acuerdo?

El dragón asintió. Valka se quitó la capa, para cubrirlo.

—Vamos, es hora de cenar— le dijo para luego levantarlo en brazos, el dragón acomodo su cabeza en el hueco del hombro y el cuello de la mujer— ¿Puedes volver a ser un niño por mí? — le pidió con amabilidad, el dragón hizo un sonido en respuesta. Valka miro a ambos lados, asegurándose de que nadie hubiese visto el incidente. No había moros en la costa, por suerte. —Por mí. —repitió.

Sonrió cuando los bracitos de su hijo rodeándole el cuello. Le besó la cima de la cabeza.

—Te quiero, mami.

Antes de poder escuchar la conversación, el suelo de Berk empezó a abrirse, las casas a incendiarse. Hubo gritos de horror, pánico, de niños, niñas, adultos... y de su mamá...

— ¡Mami!


Despertó.

¿Mamá?

Abrió los ojos y se dio cuenta de que seguía en la cama de la posada en el Mercado del Norte. Trató de incorporarse, temblando todavía, por lo menos el dolor había aminorado de forma considerable.

—Por fin despiertas.

Se volvió hacía la voz, Astrid leía en un rincón de la habitación. Había algo de luz, ella al parecer encendió un par de antorchas, lo cual significaba que era de noche.

— ¿Hace cuánto me dormí? — preguntó con voz pastosa. Cerró los ojos, ansiando poder dormir de nuevo, estaba agotado.

—Como unas cinco horas.

—Oh, eso es mucho. —repuso él. Se giró hacia ella sin querer mover demasiado su espalda, debía verse horrible. — Tenemos que salir de aquí.

Astrid alzó una ceja.

—Pues, estaba leyendo. Alguien te hizo voodo. —informó Astrid, cerrando su libro, Hiccup ya había escuchado eso. — No dañó tu cuerpo de dragón, pero si el... de vikingo. Te dolerá mucho transformarte. —Astrid acarició la cabeza de su Nadder, Hiccup no tenía ninguna expresión salvo la de cansancio.

Él gimió cuando intento incorporarse. Las llagas y las heridas abiertas se quejaron, pero lo dejaron levantarse; buscó la parte superior de la armadura, la cual, ahora estaba limpia.

— ¿Y ahora qué haces?

Hiccup gruño, luego vio una mesa repleta de comida que no recordaba haber empacado, así como más frascos llenos de sustancias y otras cosas que no quiso averiguar.

—Pienso en un plan b— dijo manteniendo la vista fija en las cosas nuevas — ¿De dónde salió todo esto? —preguntó señalado la mesa.

— De aquí. —Astrid le mostró una bolsa de tela, la sacudió y tintinearon monedas.

Hiccup despertó del todo. Eso no era suyo.

— ¿De dónde sacaste eso? —exclamó con voz fuerte.

—Hay gente que roba a otras personas. Y hay otras que roban a esas personas. —explico Astrid, Hiccup la miró sin entender. — Vi a un sujeto que se pasaba de listo estafando a las personas vendiéndoles vidrio en lugar de algas de Flightmare. Estaba ganando una fortuna y...

— ¡Le robaste!

—Él estaba robándole a la gente. Devolví el dinero y lo que sobraba fue para mí —la chica no parecía muy preocupada por el hecho.

Hiccup entrecerró los ojos.

—Buscaremos una forma de salir de esta isla, pero no tienes que robar. —le regaño, Astrid rodó los ojos.

— ¿Dices que debí dejar que un hombre se aprovechará de una mujer con un bebé enfermo? —cuestionó Astrid, levantándose de donde estaba sentada. Hiccup frunció el ceño. —Todo el mundo sabe que las algas son curativas, al igual que la saliva de Buffalord. Y ese sujeto se aprovechó de ella.

Hiccup relajó su rostro. No podía negar que Astrid tenía razón, solo se tomó el puente de la nariz, buscando respuestas a cómo salir de ahí.

—Solo trata de no meterte en demasiados problemas. —pidió Hiccup, Astrid bufo, molesta. No era la reacción que esperaba. — ¿Es muy tarde?

—Quizá es media noche.

Hiccup se mordió el dedo pulgar, quizá valía la pena intentarlo. Viggo tenía bastantes barcos.

—Bien, ponte tu capa, iremos a ver a Viggo.


El puesto de frutas estaba exactamente igual a como Hiccup (y Astrid) lo recordaba. El puesto seguía siendo atendido por el mismo sujeto barbón que hacía dos años; y todavía fruncía el ceño de esa manera al verle.

También lo hizo con Astrid.

—Hiccup Haddock— le nombró, más con desagrado que con sorpresa. Hiccup alzó las cejas- ¿Dónde está tu furia nocturna? —le cuestionó con sorna ácida. Astrid movió sus ojos para ver la reacción de Hiccup, este no hizo ninguna reacción al respecto.

¿Qué le habían querido decir?

—Haciendo su deber— respondió como si fuera lo más normal del mundo. Como si su isla estuviera de lo más perfecta en ese momento y como si Mørke no existiera— ¿Dónde está tu esposa?

El hombre gruño mientras se acercaba al muchacho de forma amenazante, Astrid buscó su cuchillo, sin embargo, Hiccup no se veía intimidado por eso.

—Viggo no quiere verte después de lo que le hiciste. —le espetó el hombre, apretando una manzana con toda la fuerza que tenía. Esta explotó, rociando jugo por todas partes.

—Me gustaría oír eso de Viggo. —respondió, sonriendo de medio lado, sin nada de gracia en los ojos. —Escucha, es algo urgente y...

—Mucho menos a brujas. —añadió el hombre, esta vez refiriéndose a Astrid, quien le miró con desprecio. Lejos de intimidarse, el hombre exhibió los dientes. — Las noticias vuelan. Esta chica es del demonio.

Hiccup hizo una mueca, sin darle mucha importancia.

— ¿Crees que no lo sé? —le respondió de forma dura, Astrid le miró con ganas de golpearlo. — En fin, viene conmigo...

— ¿Por qué te creería?

Hiccup se encogió de hombros.

—Es mi esposa. —dijo como si no hubiera sido casi casi en contra de su voluntad. Astrid se sonrojo fuertemente, era la primera vez que él se lo decía a alguien.

El vendedor soltó una risotada, Hiccup mantuvo su posición.

— ¿Esposa? —Repitió el hombre con burla, Astrid apretó los dientes, escucho gruñir a Stormfly— ¿Hiccup Haddock... con esposa?- cuestionó entre risas. El castaño rodó los ojos— ¿Y cómo lo hizo? ¿Puso una daga en tu cuello y te obligó a decir que sí? — Se burló— ¿Cuánto te pagó?

— ¿Nos dejaras ver a Viggo o no? — insistió el joven, viéndose más desesperado por el hecho.

— ¿Y dejar que se pierda de esto? —el hombre sacó de un montículo de verduras una llave. Se la arrojó a Astrid, quien la atrapó en el aire de forma hábil— ¡Cabaña con un escudo de Skrill!— informó todavía riéndose— ¡Y toquen antes de entrar... Tortolos! —se burló. Hiccup hizo una risa sarcástica antes de responder.

—Siempre tan eficiente, Agustus— ambos emprendieron la marcha de vuelta al bosque. — Detesto a ese sujeto.

— No eres el único. —suspiró Astrid.

Ambos caminaron en dirección al bosque, buscando la cabaña con el escudo de Skrill. No tardaron casi nada en encontrarla, Hiccup se puso delante de ella, de forma protectora.

—Puedo cuidarme sola. —reprochó Astrid.

—Conozco a Viggo, nada es lo que parece.

Tomó la llave de su bolsillo, para luego lanzarla con bastante puntería al centro de la puerta. Una enorme trampa con dientes afilados salió de la tierra y se cerró vacía delante de la puerta; Astrid jadeo, impresionada.

— Ah, esa es nueva —murmuró Hiccup, una puerta se abrió, revelado a un sujeto con armadura hasta en los dientes. Hiccup lo saludó con la mano.

El hombre entrecerró los ojos, enfadado.

—Hiccup Haddock. —lo nombró encolerizado.

— ¿Qué les hiciste, o qué? —preguntó Astrid, viendo que la reacción del hombre había sido la misma que la del vendedor.

—Puede ser que haya causado una crisis económica. —mustio Hiccup, haciendo una mueca. — ¡Pero fue por una buena causa!

Astrid le miró sin creerle.

— ¿Crisis económica?

—Digamos que deshice todos los negocios que traficaban dragones. —Hiccup sonrió.

—De acuerdo —ella rodó los ojos.

— ¡Hola, Jensen! —lo saludó Hiccup, nervioso, pero sonriente— ¿Sabes dónde está Viggo? Tengo un asunto pendiente...

— ¡Viggo no quiere verte, Hiccup Haddock! —gritó Jensen de vuelta. Astrid frunció el ceño, al igual que Hiccup.

—Jensen, sé que debes estar odiándome...

— ¡Odiarte es poco! —Le interrumpió el sujeto, apuntándole con el dedo— ¡¿Tienes idea de lo mucho que pagan por tu cabeza, Haddock?!

¿¡Pero quien rayos había sido Hiccup!? Aquello sonaba bastante mal, Hiccup parecía una especie de mercenario, o un criminal, o lo que sea.

— ¡¿Siguen con eso?! ¿Cuánto es esta vez? —cuestionó el muchacho con genuina curiosidad. No debía ser demasiado, porque hasta que las brujas invadieron Berk, nadie había amenazado en contra de su vida en las últimas semanas.

— ¡Lárgate! —le ordenó el hombre.

— En serio necesito ver a Viggo, es un asunto de vida o muerte.

El hombre se mofo sin gracia.

— ¿Y ahora qué hiciste? ¿Eh? —Le cuestionó— Debe ser un lío bastante gordo como para querer que Viggo resuelva eso.

No hubo pronunciado el nombre de Viggo cuando un hombre, ligeramente robusto, con barba de candado y media cara quemada se acercó a la puerta. Vio a Hiccup y luego detuvo su mirada en ella, pero no la examinó demasiado, alzó las cejas, para llevar sus manos a la espalda y luego aclarase la garganta.

El hombre y Hiccup se volvieron.

— ¿Por qué no me dejas atender esto, Jensen? —sugirió el hombre con voz grave y tranquila. El otro hombretón solo balbuceo algunas cosas. —Me gustaría atender a las visitas. Hace mucho que no recibo una.


Astrid volvió a mirar la cabaña. Estaba llena de mapas con círculos marcados en algunos lugares, no había tantos como para forrar por completo las paredes, como en el cuarto de Hiccup, sin embargo, había por lo menos uno en cada pared. Tenían muebles y algunas armas en los rincones, dibujos de dragones (en especial del Skrill), así como un enorme escritorio en medio de todo lleno de cosas que Astrid jamás había visto.

El hombre se sentó detrás de escritorio, poniéndose cómodo, Hiccup se veía impasible, casi tranquilo; las heridas ya no sangraban, pero le dolían bastante a cada movimiento que daba. Stormfly se ocultaba entre el cabello y capa de Astrid, como si no quisiera que el hombre la viera.

El hombre se tomó el mentón, cubierto de una barba bien cuidada marrón y se dirigió a Hiccup.

—Bien, he oído que me buscas, Hiccup Haddock —empezó, Astrid comprendió que aquel sujeto que no inspiraba ni un poco de intimidación era Viggo Grimborn. —También he oído lo que le pasó a Berk. Una pena. Extrañare su estofado de oveja, supongo.

Hiccup resoplo para luego volverse a quejar de dolor.

—Supongo que las noticias corren rápido —repuso Hiccup sin ningún tono de emoción en la voz — ¿Cómo van los negocios?

Viggo se encogió de hombros.

—Crecen. La gente paga mucho por los alimentos en salmuera. No es tan entretenido, pero por lo menos se mantiene — Viggo fijo su mirada en Astrid— Creo que no nos hemos presentado. —le dijo a Astrid, ella sólo le devolvió la mirada, sin saber que decir o hacer. —Mi nombre es Viggo Grimborn. Puedes llamarme sólo Viggo —a pesar de que su voz estaba cargada de amabilidad, no sonrió. —Hiccup, ¿dónde están tus modales?

El castaño entrecerró los ojos y miró a la rubia, más con preocupación que con enfado. Suspiró y se decidió a presentar a Astrid.

—Ella es Astrid —dijo, pensando en que decir. —Ella es mi... mi... —el muchacho se veía evidentemente incómodo. —Mi esposa.

Viggo hizo los ojos como platos, no parecía que esa respuesta la háyase correcta o verídica.

— ¿Estas... casado? —cuestionó Viggo. — ¿Con una... niña?

Astrid se sintió ofendida.

-No soy una niña- refunfuño, cruzándose de brazos, cuidando, claro, que no se vieran las marcas de sus brazos.

Viggo sonrió, como si el hecho le divirtiera.

—Puedo apostar que no. —respondió, Astrid no detectó el doble sentido, pero Hiccup sí, al grado de hacer una mueca de desagrado. —Francamente, me siento un poco ofendido por no saber esta maravillosa noticia antes.

—Fue algo apresurado — respondió Hiccup antes de que su compañera pudiera responder.

—El amor es así. —Viggo volvió a su estado impasible. —Recuerdo que tu prometida era una Berserker, no una bruja.

Astrid saltó ante la mención, Hiccup hizo lo mismo. Casi de forma inconsciente dio un paso al frente, buscó en su traje algo, pero no logró encontrarlo.

—Te recomendaría unos guantes. Sin embargo, puedo detectar a una heks con solo entrar a la habitación. —Viggo se recargo en su asiento— He hecho tratos con tu gente desde que empecé a capturar dragones, aunque algunas prefieren cazarlos por ellas mismas. —Explicó, sonriendo— Hiccup tiene mucha suerte, ha encontrado a una heks que no parece a simple vista una.

"Es una pena que tenga que matarte, niña, Hiccup no me pediría ayuda ni en un millón de años.

Astrid sacó su cuchillo, dispuesta a lanzarlo hacia arriba, pero el castaño la detuvo, todavía buscando algo entre su traje.

¿Podría ser que...?

— Viggo —lo llamó con voz dura— No soy una ilusión ni una especie de marioneta.

—No, claro que no. Estoy muy seguro de que esta señorita te convenció para hablar conmigo sobre… —estaba hablando de una forma irritantemente tranquila, tanto que Hiccup le interrumpió.

—Hablo en serio. Hazme cualquier pregunta, la que sea.

Viggo volvió a doblar su cuerpo hacia adelante. Astrid apretó los nudillos hasta que se le pusieron blancos.

—Bien, entonces.

Algo golpeó a Astrid. Todo se puso negro después de eso.


Tienes siete días. Apresúrate. Encuéntrame.


Abrió los ojos de golpe, aturdida al grado de escuchar un pitido molesto en los oídos, producto del golpe. Se encontraba sentada en un suelo de madera que se mecía constantemente hacia adelante y hacia atrás; intento incorporarse, cuando vio que sus manos estaban atadas.

¿Dónde estaba? O el lugar era demasiado oscuro o alguien le había vendado los ojos. Lo más seguro es que fuera la primera opción.

— ¿Astrid?

Ese era Hiccup susurrándole cerca del oído. Ella hizo una mueca con molestia.

— ¿Estas despierta? —susurró nuevamente Hiccup, ella se sentía enfadada. Todo había sido su culpa, estaba claro de que tal vez Viggo quería matarlos, borrarlos del mapa. No quería admitir que en parte era algo comprensible... —Astrid, necesito que...

—Estoy despierta, Hiccup —respondió ella con voz fuerte, definitivamente no veía nada, se recargo, topándose con el cuerpo de alguien, este gimió ante el contacto. Era el castaño.

Astrid se dio cuenta de algo.

— ¿Donde esta Stormfly?- pregunto a la nada, Hiccup no respondió— ¡Stormfly! —La llamó, pero el lugar parecía estar desierto— ¡¿Qué le han hecho a mi dragón?! —grito ella con furia. Esos malnacidos posiblemente se la llevaron lejos.

—No grites, estoy pensando.

— ¡Ah, claro! —exclamó Astrid con sarcasmo y francamente harta de la actitud del muchacho. Había algo en él que la molestaba de sobremanera. —Como tus grandes ideas nos han traído cosas buenas.

— Oh, ¿y las tuyas sí? —Cuestionó Hiccup en el mismo tono que la rubia— ¿Debo recordarte de quien fue la idea de ir por la Tryllestav?

— ¿Y yo debo recordarte quien tuvo la idea de ver a Viggo? —respondió ella molesta. —No sé ni donde estamos...

—Es un barco.

— ¡Lo que sea! Estamos atrapados y lo peor de todo esto, es que ni siquiera nuestro estúpido matrimonio sirve.

— ¿Y eso es mi culpa? —chilló Hiccup.

— ¡No debimos venir aquí a principio de cuentas!

—O sea, ¿crees que esto es mi culpa?

— ¡Deja de hacerte el que no sabes! ¡Claro que es tu culpa!

— ¿¡Mía!? ¡Tú eres la bruja aquí! —espetó Hiccup con desprecio, Astrid sintió que el corazón se le comprimía— ¡Si tu gente no se hubiera aparecido por ahí...!

— Tu vida sería perfecta, ya entendí —repuso Astrid como si no le diera gran importancia, aunque por dentro, aquello era un golpe duro.

Hiccup se quedó callado. Había dicho una tontería, justamente lo que no quería hacer, pero rayos, estaba tan enojado.

Una puerta se abrió, luego hubo tres pares de pies que cruzaron la puerta, así como los chillidos de un dragón.

— Hace ya mucho tiempo- se escuchó la voz de Viggo, sin embargo, ninguno pudo determinar de dónde venía. —Hubo un hombre atrapado en un castillo, víctima del peor crimen que puede cometer alguien... poseer el don de la inteligencia.

La voz empezó a caminar en círculos alrededor de ellos. Hiccup casi podía imaginarlo, mirándole de forma burlona desde arriba, con los brazos en la espalda y contando la historia como si fuera un simple cuento de marineros. Astrid, por su parte, escuchaba atentamente las palabras del hombre y hacia qué dirección perdían o ganaban volumen.

—Lo encerraron en la torre más alta del castillo, en una habitación con dos puertas. Estaba solo a excepción de dos guardias, y el rey de dicho castillo le dijo que ambos custodiaban las dos puertas, una, llevaba a la libertad. La otra, a una cárcel donde la salida es imposible — Hiccup empezó a tomar en cuenta lo que decía, tomando nota de todo — Podía hacerles una pregunta a los dos guardias, pero había un pequeño detalle: uno de ellos miente y el otro dice la verdad.

Ya se imaginaba hacia donde iba aquello. Astrid todavía no.

—Si realmente eres el Hiccup que conozco sabrás que hacer. En este barco hay dos trampillas, una, te lleva de lleno al océano, donde tú y tu "esposa" morirán ahogados. Y la otra, conduce a mi almacén, donde está tu linda nadder miniatura. — se refirió a Astrid en la última oración. —Solo pueden hacerles una pregunta a mis guardias, sin quitarse la venda. Espero verte abajo, Hiccup.

Astrid escucho como los pasos se alejaban. No pudo identificar hacia donde, para desgracia de los dos. Se quedó todo en silencio después de eso.

—Bien. —murmuró Astrid, después de eso trato de escuchar los chillidos de Stormfly o algún otro ruido, el del agua, por ejemplo.

Hiccup, por su parte, estaba pensando en que pregunta debía hacerles a ambos guardias. Respiró hondo y se mordió el labio inferior, seguramente había alguna pregunta lógica y que los podía sacar de aquello.

No iba a volver a decirle a Viggo que él podía responder cualquier pregunta.

— ¿Escuchas eso? —cuestionó Astrid de repente. Hiccup se giró sobresaltado. —Es rítmico, pasa cada dos segundos.

Hiccup se concentró, no escuchaba nada. Astrid, sin embargo, lo escucho de nuevo, era como el choque de agua en una pared, un goteo, algo raro... Y provenía de la izquierda.

—Es a la derecha, creo —susurró Astrid.

Hiccup ignoró este hecho, sin embargo, le hizo tener una idea.

—Astrid —la nombró, ella se volvió en dirección a la voz. — ¿Puedes desatarme?

Ella estiró sus manos. Sí, era bastante fácil.

— ¿Ya pensaste en la pregunta?

—Eso creo. Escucha, si estoy en lo correcto, uno de ellos miente, ¿no? Y el otro dice la verdad.

—No sabemos quién lo hace.

—No, pero creo saber cómo. —murmuró para luego mirar al frente. —Les preguntare por cual puerta nos encontraremos con Viggo y cuando sepa la respuesta, me desatas.

— ¿¡Les vas a preguntar en serio...!?

— ¿Tienes una mejor idea? —cuestionó Hiccup, carraspeo y llamo la atención de los guardias, quienes gruñeron en respuesta— Eh, disculpen, ¿por cuál puerta el otro guardia me dirá que lleva al almacén?

Uno de los hombres respondió.

—A la izquierda.

Y el otro.

—A la izquierda.

Hiccup sonrió, bingo.

—Esta es fácil, es la puerta contraria a la que me dijeron, o sea, derecha.

— ¿Qué?

— ¿Qué escuchaste por la izquierda?

— Agua.

—Estoy en lo correcto, es a la derecha.

Lo dijo de forma tan segura, que Astrid decidió desatar las cuerdas de Hiccup, cuando este terminó hizo lo mismo con las de ella y ambos se levantaron con dificultad, dirigiéndose hacia la derecha.

El guardia se hizo a un lado, impresionado, él hubiera ido por la izquierda.

Abrieron la puerta y Hiccup tuvo miedo de sentir agua en las piernas o en todo su cuerpo, cerraron la puerta tras de sí, todavía con la banda en los ojos. Astrid tanteo el aire, buscando algo a lo que sostenerse.

— ¿Hay agua? ¿Hay agua? — farfullo Hiccup.

Astrid se quitó la venda, viendo cajas en todos lados. Hiccup hizo lo mismo, sintiéndose estúpido por no hacerlo antes; no había ni un solo rastro de agua en toda la habitación, así que caminaron lentamente esquivando las cajas. No parecía haber un alma en la habitación.

¿Y si había una tercera puerta? Hiccup se lo pensó durante un minuto, tal vez había una pregunta trampa, tal vez había colocado agua en una de las habitaciones, tal vez...

Astrid, sin embargo, escucho un sonido. Corrió hasta él, dejando a Hiccup atrás.

— ¡Stormfly! —llamó a su dragón, encontrándola en una jaula pequeña; Hiccup llegó detrás de ella jadeando. La dragón dio un salto de alegría e intento colarse entre los barrotes, intentando morderlos para escapar. — ¿Quién te ha metido ahí, preciosa?

— No debe morderlos o se romperá los dientes. —opinó Hiccup en voz baja. Stormfly pareció entenderlo, por que dejó de morder los barrotes, Astrid acarició la cabeza de la dragón.

— Es encantador, todo el poder de un nadder adulto joven en el tamaño de tu bolsillo, ¿cómo se llama el encantamiento que usaste?

Ambos se volvieron, viendo a Viggo sonriendo. La rubia hizo una mueca al verle, entrecerrando los ojos, estuvo a punto de ir y golpear al hombre, pero Hiccup la tenía sostenida del brazo.

— Felicidades, Hiccup. Al parecer eres el mismo de siempre.

— Creo que hubiera sido más fácil hacerme una simple pregunta.

— Lo que la gente usualmente ignora es que cuando una bruja te posee, adquiere el poder total de tu mente- explicó Viggo con su característica tranquilidad— Es como un parásito pegado a tu mente, ella se apropia de todo lo que hay en ella e incluso lo puede usar a su favor. Es bastante sencillo, ¿verdad?

Conjuro egen, sí, era de las primeras cosas que te solían enseñar, principalmente porque era bastante fácil de recordar.

De todas formas, Astrid negó con la cabeza.

— Libera a mi dragón —ordenó de forma dura, Viggo esbozó una sonrisa burlona— Ahora.

Miró a Hiccup con una ceja levantada.

— ¿Conque te gustan mujeres fuertes? —preguntó casi riéndose, Hiccup torció los labios, disgustado, era la segunda vez que alguien le decía aquello en las últimas veinticuatro horas. —Ni yo lo hubiera imaginado. En fin, toma la llave, muchachita, está en la caja de ahí —señaló un punto a la derecha, Astrid apartó la mano de Hiccup de su brazo con excesiva brusquedad. No supo porque, pero el castaño se sintió herido ante el hecho.

Sacudió la cabeza, tratando de alejar la concentración hacia ese sentimiento.

— De nada. —respondió Viggo una vez ella encontró la llave, ella gruño- Qué adorable.

Astrid se giró, encolerizada. Hiccup alargó el brazo nuevamente, siendo rechazado nuevamente por la rubia.

—Bien, Hiccup, ¿qué es lo que sucede? —Continuó Viggo, como si realmente no le importará- No creo que hayas venido hasta aquí solamente para notificarme sobre tu sorpresivo matrimonio.

Astrid liberó a Stormfly quien voló libre y restregó su cara en la de la rubia, con mimo. Se puso sobre su hombro, con docilidad.

—Necesito transporte.

Viggo frunció el entrecejo.

—Creí que volabas.

Astrid se vio sorprendida por la afirmación del sujeto, ¿cómo era que ese hombre lo sabía y todo el pueblo de Hiccup no lo sabía?

— Es complicado de explicar —zanjó Hiccup incómodo— digamos que estoy incapacitado...

— ¿A dónde quieren ir con tanta urgencia? —Cuestionó Viggo impasible— ¿No se supone que debes defender hasta la muerte Berk? ¿No es lo que hace el heredero al trono de Berk?

Hiccup tragó saliva, tratando de deshacer el nudo en su garganta.

—Jefe de Berk, de hecho.

Viggo esta vez sí que se vio impresionado ante la respuesta, la cual indicaba que o Stoick estaba retirado, o estaba... muerto. Y por la actitud de Hiccup ante eso, se veía bastante como la segunda opción.

— Lo lamento — murmuró Viggo, Hiccup asintió- Pero todavía no lo entiendo.

—Es de verdad una larga historia. Necesitamos ir hasta... —se detuvo. Por mucho que confiará en Viggo, no podía simplemente decirle, así como así a donde iba. Es más, no tenía ni idea de cuál sería la primera parada.

—La isla de los Defensores del Ala. —completó Astrid segura de sí. La ubicación de la isla era bastante buena para empezar, así como que, al llegar, Hiccup ya estaría curado. O por lo menos, mejor que ahora.

Viggo se cruzó de brazos.

— ¿Vienes aquí, visiblemente herido, con una bruja y quieres que te preste un barco? —Viggo no se veía muy contento con la situación, Hiccup solo ladeo la cabeza. —Realmente debes estar desesperado para pedir ayuda. En especial a mí.

Hiccup hizo un chasquido con los dientes y los labios.

— Solo será una semana hasta que lleguemos ahí.

— ¿Que te hace creer que tengo barcos para ti?

Astrid casi ríe de los nervios. Ver a Hiccup titubeante era algo genial.

— Viggo, realmente necesito ese barco. Me debes muchas.

— Si con muchas te refieres a quebrar mi negocio...

— Te ayudé a construir el otro — se excusó. Viggo solo hizo un gesto de desaprobación. —Mi Isla se está cayendo a pedazos, creo que, hacer lo que tengo planeado hacer, es la única esperanza que tengo.

— ¿Y qué es lo que harás?

Astrid esta vez fue la que respondió.

— Buscar la Tryllestav.

Viggo parpadeo sorprendido, se frotó la barba y miró con desconfianza a la rubia.

— Sé que crees que es una locura. —empezó Hiccup, rascándose la nuca. — Y realmente lo parece, pero, por favor...

— Han pasado años desde que la última Tryllestav fue encontrada. —Habló Viggo con admiración— Le perteneció a un gran mago, y desde entonces, ha estado bajo su cuidado.

Astrid cayó en la cuenta.

—Tengo un mapa, conduce a una Tryllestav diferente. Es en serio, puedo sentirlo.

— ¿Y qué hace una heks con un vikingo? —Zanjó el hombre, mostrando más desconfianza — ¿Traicionar a su pueblo por qué sí? No suena lógico.

Astrid tomó aire.

— Ellas también quieren matarme. —dijo ella en voz baja. —No descansarán hasta hacerlo, y si puedo vencerlas de alguna forma y evitar que todo el Archipiélago sea víctima de todas sus perversiones, vale la pena estar casada con él. —señaló a Hiccup, quien la vio un tanto ofendido, sin embargo, ella tenía razón.

Viggo asintió, luego miró hacia atrás.

—Es una buena explicación. —se encogió de hombros. — Desgraciadamente, no tengo ninguna tripulación que pueda llevarlos. —admitió, casi sin darle importancia. Astrid resoplo audiblemente, Hiccup, sin embargo, sólo cerró los ojos con fuerza. Tanto para nada. —Salvo tal vez una. Es un barco pequeño, con una tripulación todavía más pequeña. Se dedican a transportar cosas pequeñas.

"Posiblemente quieran llevarlos, tal vez no. Veré que puedo hacer. No me gusta prometer algo en vano, y si realmente esa varita existe, me sentiré bien servido si esas brujas no llegan a este lugar.

— ¿Qué clase de tripulación? —cuestionó Hiccup.

—Una bastante ordenada y organizada. Eficiente, sí. Honorable y limpia. Es propiedad de Eret. Búsquenlos mañana en el muelle.

"Y una cosa más, Hiccup, me alegra verte de nuevo.


Para Eret, la vida era más fácil cuando cazaba dragones, salvo por las quemaduras, los malos tratos y los castigos; pero él nunca había sido ineficiente. Drago Manodura había sido su jefe desde los dieciséis, cuando su padre se retiró y Eret había demostrado ser mejor que los otros.

Hasta que los dragones empezaron a escasear y tuvieron que ir a más lugares, entre ellos, Berk. Él estaba a punto de llegar cuando supo que Drago había sido vencido por un furia nocturna y un niño loco en la isla de Berk. Lejos de sentirse mal por este hecho, Eret sintió un alivio recorrer su cuerpo, bastante extraño, por cierto, sin embargo, también sintió bastante preocupación, naturalmente, claro, la caída y desaparición de Drago significaba que el negocio de cazar dragones había llegado a su fin.

Hasta que llegó Viggo.

Viggo le había salvado de muchas, usando su pequeño barco como transporte nada más, a veces llegaban a traer cosas y la tripulación fue cambiando al grado de que ahora, eran una tripulación de solo jóvenes entre veinte y veinticinco años. Se sentía cómodo con todo eso, no lo odiaba en absoluto.

Estaba apretando las cuerdas de las velas de su barco, en lo alto de uno de los mástiles, cuando vio a un par de personas acercarse a su barco (su adorado barco) junto con Viggo. Podía ver que se trataba de una chica y un hombre joven junto a ella, se deslizó por la tela de la vela, bajando de forma rápida.

—Viggo —lo llamó, sonriente, aunque algo confundido. — ¿Qué te trae al barco de Eret?

— Tengo un negocio para ti — respondió Viggo, Eret asintió, esperando oírla e ignorando completamente a los que estaban junto a él. — ¿Dónde está tu tripulación?

Eret se encogió de hombros.

— Holgazaneando en el pueblo, ¿oíste las noticias? Masacraron a un par de estafadores en el bosque. —contesto como si se tratara de cualquier cosa, detectó que el joven empalidecía- Pareciera como si un dragón les hubiera arrancado la cabeza y quemado los intestinos y ojos. Fue horrible.

Viggo hizo una mueca de asco, quizá había exagerado con los detalles.

Eret no había reparado en Astrid hasta ese momento. Era una muchachita rubia, todavía una adolescente, quizá de dieciocho o de diecisiete, con ojos ultramar, débiles pecas rubias y labios rosados; tenía aspecto duro, difícil de impresionar, tenía las mejillas sonrojadas y los brazos fuertemente cruzados en el pecho.

Era preciosa.

— ¿Eret? — Escuchó a Viggo en medio de su ensueño, este se volteó para verlo —Necesito que hagas algo por mí. Él es Hiccup Haddock —presentó al joven, de no más de veinte años, quien fruncía el ceño. Sus pecas eran mucho más evidentes que las de la chica, nariz redonda, barba creciente de color castaño rojizo al igual que su cabello, ojos verde olivo, labios delgados y en sí, todo el cuerpo también. Su nombre le sonaba — y su... ¿esposa? Astrid eh...

La chica refunfuño algo, Eret se sintió mal por el comentario. Una pena.

— Hofferson —completó la chica con voz más alta, Viggo sonrió divertido.

— Haddock, diría yo, ¿no señorita? —cuestionó Viggo divertido. Eret sintió que se estaba perdiendo de algo.

Astrid volvió a refunfuñar.

—En fin —Viggo volvió al tema inicial. —Ambos necesitan ir con urgencia a la Isla de los Defensores del Ala. —explicó Viggo, juntando sus manos.

— ¿Y quiere que mi flota y yo los llevemos? —Cuestionó Eret, aquello era demasiado rápido-Nosotros no transportamos personas. —Aclaró— Además, no es que nos amen en la isla de la Defensores.

Viggo de encogió de hombros y dirigió una mirada de resignación a Hiccup quien seguía estando con el ceño fruncido.

— ¿Lo harían por algo de oro?

Ese había sido el muchacho, Astrid se giró hacía él con los ojos abiertos.

—No creo que tengas de todas formas —negó Eret sintiéndose un tanto ofendido.

— ¿Y si lo tuviera? —Hiccup cambio su semblante a uno mucho más agradable, persuasivo.

— No entiendo que quieres decir.

— Si nos llevas hasta allá, los Defensores pagarán mucho porque me hayas traído. O mejor aún, me llevas en dirección de un mapa que tengo aquí y tendrás todo el oro que desees.

Hiccup era un niño, sin embargo, hablaba muy en serio y no parecía mentir al respecto. Tendría que hablar con su tripulación, algo de oro no vendría mal.

—Tengo que ver ese mapa.

— ¿Nos llevarás?

Eret hizo un mohín.

— Será mejor que tengas ese oro o que me paguen demasiado por ti. —condicionó Eret, miro a Viggo y asintió. — Por lo mientras, bienvenidos a la Gran y Honorable tripulación de Eret, Hijo de Eret.


Hola!

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TEIET: Pues no esperes mas xd, me alegra que te este gustando la historia.

Nina: Lo lamento, lo de los capitulos me lo he planteado muachas veces, pero es un acto bastante inconsciente, a veces siento que debo describir todo de forma correcta (este capitulo tambien fue largo, lo lamento xd) para que no deje dudas. En fin, el siguiente si va a ser mas corto xd

Bere o Nade: Pues aqui andamos xd, nada que reportar uwu

Creo que nadie se esperaba eso, era el factor sorpresa, pero a ninguno de los dos les gusta estar casados. La novia de Hiccup saldra en unos cuantos caps... y puede que el hecho de que Hiccup este casado con Astrid no le grade demasiado xd

El AMA las chicas fuertes, nada mas que todavia no lo sabe... ¡o no lo admite! xd, lamento luego tardarme mucho, pero el siguiente cap esta ahorita mismo en proceso

¡Gracias totales!