Siguiente cap, porque hasta yo quede picada.
Todos los personajes, salvo los OC que utilizo en esta historia no me pertenecen, le pertenecen a DreamWorks y a Cressida Cowell.
Le parecieron minutos, pero cuando Astrid abrió los ojos de nuevo, no vio luz a su alrededor. Tuvo un momento de terror, en el que no supo exactamente donde estaba, no recordaba lo que había pasado; se levantó y se sentó, ganándose un mareo terrible que la obligó a cerrar los ojos.
—Tranquila, no te levantes tan rápido.
Comenzó a recordar lo que había pasado en la isla de las doncellas Aladas. El caer del risco, la conversación con Atali, el extraño tubo que Hiccup había llamado Ojo de Dragón, los ingredientes que había robado y el caer en la vela de un barco, solo para desmayarse; le dolía la cabeza horrores, tenia sed y estaba algo cansada. Demasiada adrenalina.
Abrió los ojos topándose con los verdes de Hiccup. En las manos llevaba un cuenco lleno de agua y estaba muy sonriente, todavía llevaba las ropas que las mujeres de esa isla le habían dado. Se veía gracioso, hasta parecía más joven sin esa armadura que, aunque era mas ligera que las normales, hacia que se viera mayor
—¿Cuanto tiempo me dormí?— fue lo primero que dijo Astrid. Hiccup le paso el cuenco con agua y Astrid lo acercó a sus labios antes de saludar.— Hola, por cierto.
Me alegra saber que no estamos en el infierno.
—Hola a ti también.— saludó el castaño, se encontraban en el compartimento de carga donde habían dormido la última noche. Se sentó en la cama.— Te desmayase casi al atardecer, y... de hecho , amaneció hace unos minutos.— Hiccup jugó con sus dedos.—Unas diez horas, creo.
—Eso es mucho.— comentó Astrid. Hiccup soltó una carcajada suave.— ¿La mujeres locas...? Bueno, aladas, ¿nos siguen?
—Hechizaste el barco antes de desmayarte. Stormfly nos esta llevando a donde Eret dice. Cree que al medio día llegaremos a la isla de los Defensores del Ala... -— informó Hiccup, para después añadir en un tono tímido.— Gracias por salvarme de esa isla de locura.—A Astrid le pareció ver como la cara del castaño se teñía de un tenue, pero visible tono rosa.— Y por no dejar que me convirtieran en un estofado sagrado.
—No hay de qué.— respondió la rubia.— También debo darte las gracias, ya sabes, por no dejar que esa Látigo Afilado me atravesará con una de sus púas.
—Aún es extraño, ¿Por qué odian tanto a los machos?— se preguntó el castaño.— Quiero decir, no es común... Y viste las alas de esas mujeres...
—Son las crías. Las llevan en sus espaldas mientras los dragones bebés aprenden a volar. La madre es tan agresiva que aunque sean sus crías, si es un macho, lo asesinarán. Supongo que los protegen hasta que tienen edad para irse.
—Tiene sentido, es un gesto muy noble.— admitió Hiccup con un gesto ausente, mirando hacia una de las esquinas del almacén.— ¿No eran brujas, verdad? Porque eso de querer comerse a los demás...
—No tienes que ser una bruja para creer en el Señor Oscuro.— Astrid se estiró, como si el tema no importara.— No son del todo comunidades de brujas, por así decirlo, son personas que siguen nuestros ideales, y que veneran a las brujas. La líder de esa isla me odiaba por haberme robado su extraño tubo con forma de dragón, pero no por ser... bueno, una bruja.
—Curaron mis heridas.
—Tenían un libro para eso y una pócima muy útil.— Astrid llamó el libro, de su bolso el tomo voló hasta las manos de Hiccup.— Me imagino que una heks se los dio y les enseñó como usarlo.— el castaño abrió el libro, sus páginas eran amarillentas y estaba escrito en un idioma que le era difícil identificar.— Puede ser útil.
—Te pedí que no robaras cosas.
—Nadie se dio cuenta.— Astrid se encogió de hombros. —No por lo menos de manera inmediata. Espero que no lo extrañen demasiado.
—Igual yo.— masculló Hiccup, horrorizado por las ilustraciones del libro. Veía a hombres y mujeres gritando, con terribles erupciones en la cara, algunos otros eran dibujos de gente a la que se le caía la piel a pedazos, otros tenían los ojos en blanco, la boca abierta y con arañas saliendo de esta. Los que más le dolieron fue las ilustraciones de dragones, a los cuales dibujaban como si se les derritiera la piel.
Muy bien, suficiente de este libro.
Se lo paso a su ahora dueña. —¿Que hay de ese tubo con forma de Ojo del Dragón? ¿Sabes que es?
—Ni siquiera sé lo que es un Ojo del Dragón.—Astrid lo llamó y el tubo salió de su bolso tal y como lo había hecho el libro.— Sólo sé que esta cosa— señaló el dije de luna que ya estaba brillando con su típico tono verde.— brilla cada vez que me acercó a eso.
—Un ojo de Dragón es un Libro de Dragones, solo que era mucho más creativo que un montón de hojas encuadernadas.— explicó Hiccup.—Las páginas eran lentes que colocabas dentro del tubo, y teniendo la flama baja de un dragón, puedes verlas. Es gracias a ese tubo de luz que conozco a Viggo Grimborn. — Astrid asintió con lentitud. Bueno, quizá eso no explicaba del todo la entraña relación con Viggo, pero no explicaba la red de tráfico de dragones.— Me pregunto si esta cosa funcionará igual, ¿como dijo Atali que se llamaba?
—Vendkort
—¿Y eso significa algo?
—Mapa.— mustio Astrid.— Por lo menos sé que vend significa mapa, lo demás, se puede interpretar de muchas maneras. Después de esto debo devolvérselo, prácticamente robamos una de las reliquias de su pueblo, aunque casi te comen.
—Dudo mucho que después de verme como dragón quieran comerme.— bromeó de forma sarcástica el castaño.— Me alegra que haya podido volver a verte.— soltó Hiccup sin pensar en cómo había sonado eso, solo se dio cuenta cuando ya lo había dicho y cuando vio el rostro de Astrid enrojecerse.— ¡Quiero decir! Por el bien de esto.— levantó la palma con la cicatriz del día de su boda.— Y también porque me importas... digo, como, ya sabes, no me gustaría que te pasará nada, no por el hecho de que si algo me pasara, algo me pasaría a mi también, sino porque, te considero como una amiga, sí.— balbuceo Hiccup atropellando las palabras unas con otras. A Astrid le pareció tierno y algo molesto, y ese hecho le sorprendió, porque no sabia que eso pudiera estar relacionado.
—Está bien, lo entiendo.— respondió Astrid antes que Hiccup pudiera seguir hablando.— ¿De verdad soy eso para ti?
—¿Uh?
—Sí, una amiga.— Astrid enrojeció más, esta vez por la vergüenza de admitir algo tan patético.— Es que, nunca he tenido un amigo que no fuera Stormfly, o Mørke, bueno, ella no tanto. Es mi tía... Y de hecho quiere matarme, así que...
Hiccup sintió algo de pena, pero también se sentía similar. Kaira había sido su mejor amiga, y claro que Dagur lo era, al igual que Mala, sin embargo, sabía lo que era crecer sin tener amigos por ser un sujeto extraño, o por no poder salir porque los demás niños no podrían entender lo que eras. Lo entendía perfectamente.
—Pues eso eres para mi.— confirmó Hiccup, porque eso le habría gustado a él.— Aunque estemos casados y El Señor Oscuro crea que nos queremos de otra manera.
Astrid se rio con suavidad. Luego, pareció recordar algo.
—¡Oh, cierto! Lo olvidé, tu traje.— del bolso salió el traje de Hiccup, intacto, por lo menos las doncellas Aladas no lo habían destruido o quemado o algo peor.— También debo devolverte tu espada.— ahora que quedaba claro que Hiccup y ella eran amigos, se sentía un poco culpable por haberle robado sus manuscritos y su espada.— Y los diarios que encontré en tu fragua. Me llamaban la atención.
Hiccup tomó su espada y manuscritos con ambos manos. Sonrió y le paso los diarios a Astrid.
—Los amigos saben cosas del otro, ¿no? Bueno, quizá sea útil que leas algunas de las bitácoras que escribí sobre, ya sabes, la vida en Berk...
—No lo sé, no quisiera leer nada privado.
—Los diarios privados no los tenía en la fragua.— dijo Hiccup como si fuera lo más obvio del mundo.— Te los presto con la condición que me hables más de ti, de tu aquelarre... Creo que nos vendría bien conocer mas del otro.
Astrid le sonrió de vuelta, feliz de poder tener a su primer amigo, que no fuese un dragón o una bruja que intentará matarla. Y claro que quería hablarle más de las heks, hablar con Hiccup era fácil, principalmente porque no quería mentirle.
Así era como debía ser tener un amigo.
Ruffnut estaba sentada en las escaleras que daban a la bodega cuando Astrid decidió salir a tomar aire fresco. Sus manos sostenían su mentón y parecía pensativa, Astrid recordó la angustia que había sentido al creer que se había suicidado al soltarse del risco. Definitivamente, se encontraba mejor ahora que sabía que estaba bien.
—Hola, Ruffnut.— la saludó, Ruffnut la miró y sonrió débilmente.— Oye, quería agradecerte por acompañarme a esa isla... Y por ayudarme a encontrar a Hiccup, sin tu ayuda yo nunca...
—¡Bah! ¡Ni lo menciones!— la interrumpió Ruffnut.— He querido olvidarme de eso durante todo este tiempo. De verdad no vuelvas a mencionarlo.— la señaló con un dedo con voz amenazante.— Y de nada.— añadió.
Astrid sonrió, siguió su camino hasta la cubierta, donde todos estaban haciendo algo: Fishlegs mantenía la mirada fija hacia el frente, aunque a veces, por la velocidad se mareaba y volteaba al suelo de la pequeña canasta, Snotlout estaba verificando los nudos de las cuerdas, Tuffnut mojaba el piso con un trapeador en un mal intento de limpiar la cubierta y Eret mantenía las manos en el timón, a pesar que no necesitaba dirigirlo. Sujeto en ambas manos, con el timón como mesa, estaba el mapa que Astrid había encontrado en la casa en ruinas de Gothi.
Dudó en acercarsele, Eret odiaba a las brujas; sin embargo había sido él el que la había sacado a flote cuando el barco dio toda la vuelta la noche que perdieron a Hiccup. Y se veía especialmente preocupado cuando ella y Ruffnut habían ido en búsqueda del castaño. De todas formas, tenia curiosidad de porque se acercaban a la Isla de los Defensores del Ala, es mas, no tenia ni idea de quienes eran, o donde quedaba la isla.
Stormfly, sin embargo, dirigía el barco al ritmo de su vuelo. Hiccup había dicho que llegarían al medio día.
—Veo que estas despierta.— Eret fue el primero en hablar cuando Astrid llegó hasta el timón.— Creímos que esas mujeres te habían herido. Tienes sangre ahí.— señaló la falda del vestido que le habían dado las doncellas Aladas, estaba manchada por la sangre de Atali.
—Yo la herí a ella.— dijo Astrid en un tono ausente.— Sólo fue un desmayo. Creo que caer de tanta altura me afecto.
—Puede ser, por poco no te atrapamos.— Eret dobló el mapa, soltando el timón por primera vez.— Hiccup estaba muy preocupado, parecía que se le iba a salir el corazón por el pecho y los ojos de las órbitas.
Por un momento, Astrid se imagino a Hiccup en ese estado. El corazón, todavía latiendo, unido aún al cuerpo por las arterias y venas, en medio de un desastre de tripas y sangre, con los ojos colgándole sobre las mejillas. Asco.
—¿Fue algo gráfico? Porque no era en el sentido literal.
—No, esta bien.— aún así, Astrid sintió un ligero retortijón en los intestinos, todavía podía imaginarlo.— Hiccup me dijo que en unas horas estaremos en la isla de los Defensores del Ala.
—Así es, gracias a tu dragón, estamos yendo lo más rápido posible.— Eret conservaba distancia a pesar de ya no sentirse incómodo de tenerla cerca.—Gracias por traer a Ruffnut de vuelta, es un miembro muy valioso de la tripulación, ella hace funcionar a Tuffnut y Tuffnut hace funcionar a Ruffnut. Vienen en paquete.— agradeció el pelinegro.
Astrid miró a Tuffnut, quien había tirado todo el contenido del cubo con agua jabonosa por toda la cubierta, pero el gemelo parecía más preocupado por quitarle a Ruffnut el trapeador. Ambos cayeron y rodaron por la húmeda cubierta, peleando por el trapeador.
—¿Como es que...?
—Son huérfanos. Viggo los encontró en esas asquerosas ventas de esclavos.— relató Eret.— Su madre murió en el parto y su padre quería algo de dinero para huir del archipiélago. Usualmente Viggo compra a los niños y luego los libera, o a los que le llama la atención los recluta.— Eret se encogió de hombros.— Son buenos chicos, quizá algo torpes, pero son de mucha ayuda. Aunque... Ruffnut habla demasiado, y a veces Tuffnut puede ser un dolor de cabeza.
—¡ESTAS ENSUCIANDO LA CUBIERTA!
—¡DAME ESO!
—¡YO LA ESTABA LIMPIANDO!
—¡Y YO QUIERO LIMPIARLA!
—¡YO LLEGUE PRIMERO!
—Sí, pero es valiente.— admiro Astrid.— Ruffnut fue la que encontró a Hiccup, aunque casi me da algo al creer que metió la cabeza en un heiser.
—Sí, Ruff es el tipo de chica que mete la cabeza en un heiser.— Eret suspiró y miró fijamente a Astrid, quien aún miraba como los gemelos luchaban por un palo de madera. Le sorprendió el buen aspecto que tenia para ser una bruja, las que había visto (y las que desgraciadamente recordaba) tenían más una pinta oscura, ojos y cabello negros, la piel pálida y sin ningún tipo de color en las mejillas, ojos hundidos, uñas largas, con manos callosas y con algunas verrugas. Astrid era todo lo opuesto, su rostro estaba radiante, su cabello rubio sujeto en una trenza y sin apariencia sucia o enmarañada, y unos ojos azules que siempre cambiaban de tonalidad; quizá Hiccup no se equivocaba del todo y Astrid era una bruja distinta.
Además, no parecía muy fanática de la carne humana.
—Así que... alguien nos esta siguiendo.
—Podría decirse.— Astrid dudó mucho al principio sobre contarle lo que estaba pasando, Eret no había parecido muy amable antes y verlo tan relajado era bueno, y al mismo tiempo algo un poco extraño. Tenía la sensación de caminar sobre hielo delgado.
—¿Y provoca... desastres naturales?
—Bueno, tiene el poder para eso.
—¿Quién...?
—Mi tía.— cortó Astrid.— Ella no es como yo, bueno, más bien, yo no soy como ella. Me pidió hacer algo y yo me negué...
—¿Ese algo era matar a Hiccup?
—Uno de los ritos de iniciación es matar a un dragón.— explicó Astrid.— Iba a ser parte del aquelarre de mi tía, una bruja completa. Pero me negué, no mató gente... o dragones.
Eret sonrió de lado.
—No, solo hieres levemente a la gente.
—¿Por qué de pronto tienes tanta curiosidad?— preguntó Astrid con brusquedad. Eret solamente fue amable dos veces y era bastante extraño su interés en ella.
—Porque es verdad lo que dijo Hiccup, no eres una bruja cualquiera que lo único que quiere es comer niños o hacer, yo que sé, brujerías o algo.— Eret se encogió de hombros, pareciendo despreocupado, aunque por dentro moría de ganas por saber como reaccionaria la bruja frente a él.— ¿Es verdad que están casados?
—Ni fue de mis mejores ideas. — Astrid por instinto se miró la mano, la cicatriz estaba idéntica a la de Hiccup.— Fue por una buena causa. Necesitaba demostrarle que no era una trampa.
Eret enarco una ceja, pero no dijo nada. Ella aún llevaba puesta sus muñequeras, pero sabía que sus marcas seguían ahí, tatuadas, marcando las venas de sus antebrazos, contrastando con la blanca piel de la bruja. Debía ser un recordatorio permanente de que no importaba cuanto se esforzará o que tan diferente podía ser, Astrid siempre iba a ser una heks, una bruja que, a pesar de ya no hacerlo, durante su infancia comía niños o personas, que cazaba dragones para usar sus escamas o dientes para sus pócimas, siempre iba a tener ese estigma.
El pelinegro sintió un poco de lástima. Casi la matan en una isla llena de lunáticos...
—¿Eret?
El aludido parpadeo dos veces, saliendo de sus pensamientos. Al parecer, Astrid le había hecho una pregunta.
—Lo siento, no estaba escuchando.
—Pregunté que como se habían dado cuenta que estábamos en el risco.
—Ah, por el sonido. De hecho, creímos que ese era el plan. Nos pusimos en acción rápido. Claro, hasta que Ruffnut nos gritó que ese nunca había sido el plan y que las mujeres aladas estaban algo locas.
—Tienen una manera algo especial para deshacerse de los hombres.— sonrió Astrid.— Creo que son adoradoras de Satan.
—¿También son brujas?
—No.— Astrid suspiró.— Sólo lo adoran y ya. No tienen poderes.— murmuró, a lo lejos, Tuffnut y Ruffnut habían dejado de discutir y ahora se arrojaba na agua.— Gracias por atraparme.
—No es nada, siempre y cuando nos paguen cuando lleguemos a la isla de los Defensores del Ala.— sin embargo, Eret no lo sentía así. Se sentía bien ayudar a los demás, aunque fuera una bruja, y Astrid parecía saberlo.
—¡Tierra! ¡Tierra a la vista!— vocifero Fishlegs desde el mástil. Astrid olvido por unos instantes la conversación con Eret y corrió directo a proa, para ver como una línea café se iba haciendo cada vez mas ancha, tomando la forma de la silueta de un volcán. Había oído poco de la isla de los Defensores del Ala, solo sabia que el Erupciodon era la única forma en la que ellos podían vivir en aquella isla y que la mayoría eran adoradores radicales de dragones.
Aun así, estaba emocionada por llegar ahí. Ahí podían esperar uno o dos días en lo que las heridas de Hiccup sanaban y seguir con la búsqueda de la Tryllestav.
Eret, por su parte, se recargó en el timón, pensando en que lío lo había metido Viggo, y también en lo que le pediría a Astrid una vez ella tuviera la Tryllestav.
Se sobresaltó. La había llamado Astrid.
Una vez con la armadura puesta, se sintió el mismo de nuevo. Verificó que todos los aditamentos del traje funcionaran adecuadamente y respiró hondo, desde donde se encontraba había escuchado el grito de Fishlegs anunciando que se acercaban a la Isla de los Defensores del Ala y eso había acelerado su corazón como loco, había una gran posibilidad de ver a Kaira en la isla. Quería verla, preguntarle como había estado... Pero eso significaría explicarle todo, desde la muerte de su padre hasta su extraña boda con Astrid.
Lo peor es que aún no tenía idea de cómo hacerlo. Las cosas se habían dado demasiado rápido, en menos de dos días, se había visto cara a cara con la muerte.
Se preguntó cómo estaba su madre en Berk, por un momento, deseó tener la habilidad de comunicarse con ella con la mente, justo como con Astrid. Suspiró y ajustó aún más la correa del pecho, se preguntó por un segundo si tenía que hacer el mismo teatro de pretender que Astrid era una chica normal, porque si era así, lo mejor era ponerse de acuerdo con todos, tratar de planear mejor las cosas y no pasmarse demasiado; resolvió entonces, que podía explicarle todo a Kaira una vez que todo acabará, no había motivos para mencionar la boda, ¿Cierto?
Subió a la cubierta, sin saber aún como llamar la atención de la tripulación.
—Eh... ¡Oigan!— gritó sin saber si alguien le pondría atención, Astrid le miró con atención y le sonrió, Eret también regresó la mirada, los gemelos seguían peleando y Fishlegs estaba muy lejos para escucharlo.
—¡Dejen de pelear, ustedes dos!— ordenó Eret con voz fuerte, los gemelos se quedaron estáticos y dirigieron su mirada hacia Eret— Hiccup quiere decirnos algo.— luego elevó la mirada hacia Fishlegs y gritó:— ¡Fishlegs, ven aquí!
—¡A la orden!
—Tu también, Snotlout.
Una vez la tripulación estuvo cerca de Hiccup, este tomó aire.
—Bueno, estamos cerca de la isla de los Defensores del Ala... Y supongo que jamás han estado ahí...
—Solo una vez, se molestaron porque quisimos robar de sus manzanas.— río Ruffnut, Tuffnut también sonrió y asintió.
—Los Defensores del Ala son unos lunáticos.— coincidió Snotlout, con su típico tono de fastidio.— No tan lunáticos como las otras personas con las que hemos lidiado estos dos días... Pero siguen siendo unos lunáticos.
Astrid miró a Hiccup, un poco nerviosa.
—¿Ellos están locos?
Hiccup negó con la cabeza, aunque luego llevó su mano hacia la nuca, en señal de inseguridad.
—No exactamente, solo llegan a se algo... Bueno, son muy territoriales... Y desconfiados. Pero ese no es el punto, ustedes vienen conmigo, estoy amigo de su reina, dudo mucho que ellos traten de, ya saben, matarnos.
—¡Oh, vaya, que alivio!— respondió Snotlout, sarcástico.— Finalmente una isla en dónde nos tratarán cómo será humanos normales, ¿Quien lo diría?
—Los convoque para que me ayudarán en algo.— Hiccup ignoró por completo el comentario de Snotlout.— Debemos proteger a Astrid, ellos no pueden saber que es una bruja... Me refiero a que de verdad no pueden saberlo.— hizo un énfasis en la palabra "no".— No esta vez. Así que, hay que empezar a pensar en un plan.
Todos se miraron entre sí.
—Ah, me agrada, así todos sabremos que decir.— sonrió Fishlegs.
Los gemelos empezaron a idear una historia falsa para Astrid: una chica que tenía poderes especiales, que obviamente no era una bruja y que no podía hablar.
—¿En qué nos ayuda que Astrid no pueda hablar?— los interrumpió Hiccup, más molesto que intrigado.
—¡Piénsalo, Hiccup! Si Astrid no habla, nadie querrá preguntarle cosas.— explicó Tuffnut como si hubiese descubierto un gran secreto.
—Exacto, porque no puede hablar.— obvió Ruffnut.
—Pues no es mala idea.
Astrid estaba cruzada de brazos, de verdad parecía agradarle la idea. Incluso los gemelos se sorprendieron ante esto, aunque genuinamente creían que su idea era buena, no esperaban que a la rubia fuese a gustarle la idea de no poder hablar.
La bruja se encogió de hombros, para luego explicarse.— Quizá, en vez de ser una chica normal que tiene poderes especiales yo pueda ser, bueno, una... Una völva. Ya saben, las brujas "buenas".— hizo comillas con sus dedos.— Cómo la völva de tu aldea...
—¿Te refieres a Gothi?— cuestionó Hiccup, confundido. Engañar a Mala era una mala idea, pero decirle que una bruja lo estaba llevando hasta donde se supone que se encuentra una varita mágica, sonaba mucho peor.— Gothi tiene un voto de silencio...
—Y funcionará.—lo cortó Eret.— Ví como ese tal Calder intentaba hacer que Astrid confesara.— dijo con decisión, recordando el como Astrid lo había llamado después de que Calder se le acercara demasiado.— Todo el mundo respeta a las völvas, nadie cuestionara nada.
Hiccup aún estaba dudoso, Astrid no parecía para nada una völva en ese momento, ni siquiera tenía un báculo con el cual comunicarse, recorrió el barco con la mirada.—Necesitamos algo con que te comuniques... Y debes verte como una völva.
—Las völvas suelen maquillarse cosas en la cara... Cómo líneas y círculos.— observó Fishlegs, acercándose a Astrid.— Quizá si pones algo de azul, en tus ojos...
—¿Las völvas usan rojo?
Nadie convivía demasiado con ellas, por lo que nadie podía darle a Astrid una respuesta clara.
—Bien, seré una que si lo use.— dijo Astrid.— Necesito un espejo... Y... Una escoba.
Ver a Astrid tratando de parecerse a una völva era algo sumamente extraño y bastante divertido. Usaba algo de pigmento para pintarse con colores azules y naranjas, tratando de emular los colores de su querida compañera; el espejo (el único que había) se lo había prestado Snotlout a regañadientes, y era demasiado pequeño, tanto que a Astrid le parecía difícil mantener la simetría de los trazos. De vez en cuando, ella alejaba lo más que podía el espejo, para tratar de ver su rostro completo, dos trazos que parecían alas de mariposa se juntaban en su nariz, la parte superior estaba bien oculta por su fleco, las líneas naranja estaban siendo rodeadas por el color cyan, el cual abarcaba incluso sus ojos, también había añadido un triángulo invertido en su barbilla usando los mismos colores.
No había quedado tan asimétrico como ella esperaba y eso era bastante bueno por ahora. Aún quedaban algunos minutos para que los habitantes de la isla de los Defensores se dieran cuenta de que un barco iba directamente hacia su isla, pero debía darse prisa para tallar el báculo.
—¿Necesitas ayuda?— Hiccup observó como Eret ofrecía su ayuda a la rubia, Astrid ya se había colocado su capa (había vuelto a ser un color rojo brillante, y la capucha ahora era un poco más amplia, por lo que ella tuvo que apartarla de los ojos para poder mirar a Eret) y estaba empezando a tallar la escoba con su cuchillo-hacha.
Hiccup se acercó un poco, sin saber bien el porqué. Más que curiosidad, le molestaba un poco que Eret estuviera tan cerca de Astrid después del incidente en Nepenthe. Lo que había dicho fue demasiado fuerte y...
Quizá se estaba equivocando, después de todo, Astrid había convencido a Eret de desviarse para encontrarlo. Pero eso no parecía bastar. Algo lo seguía molestando.
—Oh.— fue la única respuesta de Astrid, se encontraba tan absorta en su trabajo y en el tiempo, que ver a Eret ahí parado frente a ella de una forma amable le tomo por sorpresa.— No en realidad, solo, voy a hacerle unas grecas... Que... Bueno, en realidad no sé que tallar en él, no sé nada sobre völvas y eso.
Poco a poco, Hiccup fue llegando a su lado, a modo protector. Escuchó a Toothless gruñir a modo de advertencia en su cabeza y por poco lo hacía él también. Sacudió su cabeza, apenado. Había dejado de gruñirle a la gente desde los diez años, y nunca había tenido la necesidad de hacerlo de nuevo, mucho menos de dejar que Toothless lo hiciera en su cuerpo.
—Quizá pueda ayudarte, una vez conocí a una de ellas.— Eret de colocó en cuclillas frente a ella, con Hiccup detrás.— Me sé algunos símbolos... Quizá si haces algunos parecidos puedan ayudarte a pasar desapercibida, ¿Hiciste que fuera más largo?
—Un poco. Lamento haber hecho magia sin avisar.
—No te preocupes, fue por una buena causa...
—Ah, ¿Que es...?— Astrid escuchó por lo bajo el sonido de un vibración, como si algo... Era algo demasiado familiar, algo que ya había escuchado antes... Como un...—¿Hiccup?— lo miró también frente a ella, el castaño tenía el ceño fruncido. El sonido seguía ahí.— ¿Estás... Gruñiendome?
Hiccup se vio atrapado. Oh no, estaba gruñendo.
—Ah, no.— Quería desaparecer. Reprendió a Toothless mentalmente, pero el daño estaba hecho; Eret también le miró.— Es algo que me pasa a veces, lo siento.— mintió. Astrid entrecerró los ojos.— Vine a ver si necesitabas algo, quiero decir, he convivido mucho con Gothi.— esa parte era verdad, era la única que sabía el secreto y la única que sabía solucionar sus problemas. Sacó de uno de los compartimentos del traje un trozo de papel y un carbón; comenzó a trazar con las manos temblando por los nervios.— He visto las runas de su báculo desde niño. Creí que podrían... Significar algo.— le tendió el trozo de papel, Astrid lo tomo y vio los trazos, algunos algo chuecos.
— Gracias.— le agradeció, aunque su tono no sonaba muy convencido. Hiccup no había gruñido ni una sola vez desde que habían empezado el viaje, por lo menos no lo había hecho de la nada. Eret se notaba como el más confundido de los tres.— ¿Puedes darme eso?— señaló el carbón atado a un palito de madera que se encontraba en la mano izquierda del castaño. Hiccup se lo paso sin rechistar y no bien estuvo en la mano de Astrid, ella se lo dio a Eret.— Dibuja lo que querías mostrarme.— y le sonrió.
Mientras Eret dibujaba lo que recordaba, Astrid tallaba lo más rápido que podía. Hiccup decidió irse, necesitaba agua, y despejarse un poco, además, estaba acalorado.
— Toothless, dijimos que nunca más gruñirias en público.— reclamó en voz baja. Toothless respondió que no le gustaba Eret, a Eret no le gustaban las brujas y Astrid era una bruja. Es nuestro deber protegerla. Hiccup suspiró.— Lo entiendo, pero, solo... No lo hagas.
Astrid estaba usando un hechizo de duplicación para llenar el báculo improvisado mas rápido, sinceramente no sabía si ponerle cascabeles o dejarlo justo así. Eret tallaba los espacios vacíos.
—¿Hiccup es así de raro siempre?— el hombreton rompió el silencio, Astrid siguió tallando, aunque se lo pensó mucho; a decir verdad, no conocía mucho a Hiccup, solo sabía algunas cosas que le había contado está mañana.
Bueno, no sabía mucho de cómo funcionaba su otra parte dragón.
—No... En realidad, no.— aseguró ella, no muy segura.— ¿Por qué estás tratándome tan bien de repente?— Astrid paro de tallar para mirar a Eret, quien también dejo de hacer lo suyo.— Quiero decir, parecidas odiarme cuando te entraste que soy una bruja.
El hombre hizo una pausa.— Perdí a mi familia por una bruja.— murmuró en un hilo de voz, Astrid alzó las cejas.— La ví... Alimentarse de ellos, ¿Entiendes?— le había costado decir la palabra "alimentar", pero Astrid había captado la idea.— El hecho de que tú lo seas hizo que... Me hizo sentirme en peligro de nuevo, no quería que pasara de nuevo, mi tripulación es todo lo que tengo.— Eret bajo la mirada, Astrid no sabía que decir.— La verdad es que no sé... No sé cómo sería yo sin la única familia que tengo.— hizo un mohin y luego carraspeó.— La razón es porque Hiccup dijo que eras diferente, y yo lo ví en el momento en el que lo salvaste de esas mujeres aladas, y de cómo lo ayudaste con Calder. El confía mucho en ti.
—Lo sé. — murmuró Astrid.— Entonces, ¿No crees que yo sea peligrosa?
—También salvaste a mi barco de hundirse.— Eret sonrió.— Y trajiste a Ruffnut de vuelta, no veo porque considerarte peligrosa.
Ella le regresó la sonrisa.
—¡Tierra a las doce!— gritó Fishlegs, quien había retomado su lugar arriba del mástil.— ¡Veo algo...! ¡Creo que ya nos vieron! ¡Un bote viene hacia acá!
Astrid se levantó de golpe y busco al castaño con la mirada, lo encontró subiendo ágilmente por el mástil.. Snotlout corrió hacia proa para verificar lo que su amigo había dicho.
—¿Puedes ver quiénes son?— cuestionó Hiccup a Fishlegs, llegando a la canastilla. Debajo, Eret le ordenaba a los gemelos que buscarán el ancla. Fishlegs negó con la cabeza, buscando caras con el catalejo.
—Solo veo a personas vestidas de negro.— Fishlegs le pasó el catalejo a Hiccup, quien también se dedicó a mirar, buscando a Mala con la mirada.— ¿Ellos saben que vienes hacia acá, no?
Hiccup tembló.— Ah, no en realidad.—antes de que Fishlegs pudiera contestar, el observó algo con horror.— Mierda, ¡Snotlout, quítate de ahí!— gritó hacia Snotlout, quien se encontraba completamente expuesto en la proa.
—¿Qué?— respondió gritando el aludido.
—¡Te tienen en la mira... Ellos van a...!
Algo cortó el aire, tan rápido que Snotlout no tuvo ni tiempo de girarse. Sintió un piquete molesto en su brazo derecho, para luego sentir que el barco estaba dando vueltas, finalmente, cayó desmayado en el suelo.
Toda la tripulación lo miro atentamente.
—¡Cúbranse!— gritó Hiccup, justo en el momento en el que una docena de dardos cortó el aire, Astrid corrió hacia el compartimento donde dormía, Eret se agachó debajo del timón y los gemelos se colocaron pecho tierra. Hiccup y Fishlegs se escondieron dentro de la canastilla.
—¿¡Que rayos!?— exclamó Eret.
Mientras los aldeanos recargaban, Hiccup bajo del mástil a la carrera, saltando desde la mitad para llegar más rápido, vociferando.—¡ALTO, NO DISPAREN! ¡SOY YO, HICCUP! ¡HICCUP HADDOCK!—Movió los brazos mientras corría hacia la proa.— ¡NO DISPAREN!
—¡Sí, llevamos a Hiccup Haddock con nosotros!— gritaron Tuffnut y Ruffnut al unisono.
Los aldeanos le escucharon, alguien sacó un catalejo de sus ropas y verificó que se trataba de Hiccup Haddock, héroe del archipiélago y amigo de su reina.
Cesaron el fuego.
Pronto, los tripulantes de la balsa dieron marcha atrás, remando de vuelta a la isla.
—¡Snotlout!— exclamó Ruffnut, corriendo hacia el cuerpo del muchacho, Hiccup se giró hacia él.— ¡Oh, no! ¡Le dieron!— gritó con horror, Tuffnut se le unió y Eret comenzó a caminar en su dirección.— ¿Está muerto?— le pregunto a Hiccup, quien en respuesta rascó su cabeza.
—No, aún respira.— señaló Hiccup el pecho de Snotlout.— Son dardos para aturdir, estará bien en un par de horas.
Una vez llegaron al puerto, notaron un silencio sepulcral, así como decenas de aldeanos esperando a que ellos bajarán del barco.
—Nadie haga movimientos bruscos.— indicó Hiccup, susurrándole a la tripulación, Fishlegs llevaba a Snotlout sobre su hombro, como si de un saco de patatas de tratase.— Primero saldré yo, y luego todos los demás, seguramente creen que me secuestraron o algo así...
—¡Pero no lo hicimos!— gritó Ruffnut, los demás la mandaron a callar.— ¡Pero es verdad!
— Además estamos en busca de la varita mágica, en todo caso, secuestraríamos a Astrid.— opinó Tuffnut, cruzándose de brazos, Astrid le devolvió la mirada con mala cara.
—Solo no salgan del barco hasta que los presente.— susurró Hiccup, no quería seguir debatiendo con los gemelos.— Recuerden, Astrid no puede hablar.
—¿Cómo hablaremos con ella?
Hiccup y Astrid se miraron entre sí.
—Ya se nos ocurría algo.— zanjo la rubia.— Ahora, ve y asegúrate de que no traten de matarnos.
Hiccup suspiró y extendió la escalera para poder salir del barco. Una vez sus pies estuvieron en los maderos del muelle, sintió como todas las miradas de clavaban en él; se giró para hacerles frente, todos tenían listas las cerbatanas en sus bocas. Buscó algún rostro familiar entre la multitud, pero no logró encontrar a nadie, ni siquiera los ojos característicos de Heather o de Mala. Los habitantes llevaban trajes negros ajustados, que les cubrían el cabello y las orejas, así como mascarillas que abarcaban desde el cuello hasta la nariz, todas con una pequeña abertura para hacerle espacio a la cerbatana.
—Eh, hola.— saludó nervioso, nadie le respondió, solo el silencio.— Es una linda tarde... Eh, ha pasado algo de tiempo.— intentó dar un paso, pero solo logro que los aldeanos se le acercarán aún más.— Necesito hablar con Mala. Los problemas en Berk nos han rebasado y... Y es por eso que vengo en este... Barco comerciante.
—¡El mejor que existe!— gritó Tuffnut desde el barco, justo después de terminar dicha frase, uno de los aldeanos le arrojó un dardo.— ¡Auch!
—¡No, no!— exclamó Hiccup los aldeanos volvieron a verlo.— ¡Ellos vienen conmigo! Ellos se ofrecieron a traerme hasta aquí, no son peligrosos.
—¡En realidad grité porque Ruff me golpeó, pero estoy bien!— aclaró Tuffnut. Otra persona le arrojó otro dardo.— ¡Oh!— hubo una pausa dramática.— ¡Sigo bien!
—¡Cállate, sesos de carnero!— esa fue Ruffnut.
Hiccup apretó el puente de su nariz, tratando de guardar la compostura.
—¿Que hace Hiccup Haddock llegando a mi isla en un barco de Viggo Grimborn?— una voz lo saco cortó el silencio. Una mujer alta se encontraba del otro lado del muelle, llegaba un vestido ceñido de color negro, su cabello era corto, incluso más que el de Hiccup, de un brillante color rubio, sus ojos serios eran de un cálido color verde y su rostro estaba tranquilo, ferozmente tranquilo.— entiendo que sean amigos, pero no puedo permitir un barco de ese hombre en mis tierras.
—¡Mala!— el semblante de Hiccup cambio a uno mucho más alegre.— Escucha, ellos no son peligrosos, son una tripulación que me ayudó a llegar hasta aquí, no tienes idea de todo lo que hemos pasado.— sus palabras, aunque atropelladas, habían sido claras.— Ya sé que no confías en Viggo, pero te aseguro que ellos no son como él.
—¿A que viniste? Dijiste que Berk estaba infestado de brujas.
Hiccup volvió a suspirar. Ahora lo entendía, quizá creía que las brujas lo habían hechizado.— Estoy... Estoy buscando algo que me ayudara a derrotarlas.— confesó.— Pero necesito tu ayuda. Necesitábamos parar aquí. La bruja que hechizó Berk tiene una Tryllestav, que es como una varita mágica, y mientras la tenga nadie podrá detenerla.— explicó.— No solo destruirá Berk, también quiere apoderarse del Archipiélago.
Mala frunció el ceño.
—¿Dónde está Toothless? ¿Dónde está el furia nocturna?— preguntó Mala, como si todo lo anterior no le interesará en lo más mínimo.
—Lo capturaron.— mintió, dándose cuenta de que esa era una excusa que no serviría de mucho si elegía salir de ahí con Astrid y volar hasta donde estaba la Tryllestav.—Mala, por favor, tengo que recuperar a mi pueblo y a mi dragón, Mala.
La aludida alzó una de sus cejas, y luego sonrió.
—De acuerdo.— respondió, luego miro en dirección al barco.— ¿Quién es la tripulación?
Eret se asomó antes que nadie. Hiccup asintió y el hombreton hizo una seña para que todos lo siguieran; uno a uno, comenzaban a bajar del barco, colocándose junto a Hiccup, formando una hilera, Astrid, ya cubierta con su capa y con Stormfly al hombro, se colocó en el lado derecho de Hiccup, portando su palo de escoba/báculo con orgullo.
—Este es el capitán Eret Hijo de Eret.— lo presentó Hiccup, el aludido hizo una reverencia, susurrando "su majestad".— A su lado está Fishlegs, nuestro mirador— Fishlegs intentó hacer una reverencia también, pero el peso de Snotlout no le permitió agacharse mucho.— En su hombro está Snotlout... Uno de sus dardos le dio en el brazo.
Mala se veía más complacida que apenada con este hecho.
—Los de ahí son los gemelos Tuffnut y Ruffnut.— estos en vez de hacer una reverencia, simplemente la saludaron moviendo las manos.
—¡Hola, majestad!— saludaron al unisono, alegres. Mala solo asintió, para luego dirigir su mirada hacía Astrid, fijándose en la pintura de su cara, en su capa y en el báculo.
—Y ella es Astrid.— terminó Hiccup.— Es una völva, aprendiz de Gothi, ya sabes, la mujer que no habla.— le recordó, tratando de hacer que la atención se concentrará en él y no en la rubia.
—Eso es bastante interesante.— observó Mala, acercándose a Astrid, la bruja simplemente sonrió tímidamente e hizo una reverencia, por poco imitaba a sus compañeros.— ¿Por qué está usted acompañándolos?— le preguntó a Astrid. Está estuvo a punto de responder por inercia hasta que Eret la cortó.
—Ella no habla.
Mala entonces busco a Hiccup para una explicación, él titubeó un momento, pero esto se camuflajeo con los nervios del momento.
—No, no habla.— confirmó el castaño.— Ella se comunica... Bueno, ella me dice unas cuantas palabras en el oído, solo cuando es muy necesario.— explicó, con algo de seguridad.— Solo puede dirigirle la palabra al jefe de su isla. Y...
—¿Stoick está... Muerto?— reparó Mala y eso fue como una puñalada en el corazón de Hiccup. Se notaba que ella y su esposo Dagur no habían tenido mucha comunicación estos últimos días, se le veía bastante sorprendida, incluso había perdido la compostura un poco, viéndose con los ojos llenos de lágrimas.
Fue cuando Hiccup empezó a darse cuenta de lo que pasaba, debía acostumbrarse a ese tipo de reacciones acerca de la muerte de su padre.
— Sí.
El camino a la aldea fue mucho más ruidoso, Hiccup hacia lo posible para resumir y no entrar en detalles de todo lo que había pasado, omitiendo su casi asesinato, su boda satánica y el hecho de que una bruja fue la que encontró el mapa hacia la Tryllestav. También omitió su secuestro por las mujeres aladas y el hecho de que lo habían curado de una especie de maldición que le impedía volar. En esta versión, después de que Toothless (el furia nocturna) fuese capturado, Hiccup logro conseguir un dragón que los había llevado a Astrid, la völva y a Hiccup (el humano) hasta el mercado del norte, dónde le pidieron a Viggo un barco para emprender su búsqueda después de que el dragón huyera sin razón aparente. Ahí habían conocido a la tripulación de Eret.
De ahí, todo normal, contaron lo sucedido en Nepenthe. Fuera de eso, habían llegado "sin problemas" hasta el reino de Mala. Claro, en esa nueva versión.
Mala hacia preguntas de vez en cuando, y en más de una ocasión casi los descubren por culpa de los gemelos, sin embargo, Eret siempre resultaba ser más rápido y atajaba las preguntas con respuestas creíbles. Y aunque Hiccup lo agradecía, Toothless aún gruñía con receló dentro de la cabeza de Hiccup.
—¿Puedo ver el mapa?— cuestionó Mala una vez llegaron a la pintoresca aldea. Astrid observó que más allá de esta, se erguía un enorme volcán, lo que explicaba la verde y hermosa vegetación de la isla. Aunque, pensó, aquel volcán era mucho más pequeño que Red Death.— La idea de una varita mágica que pueda resolver todos los problemas aún me parece algo... Increíble.
—No es tan increíble... deberías ver a esa bruja.— respondió Hiccup.— Creo una especie de cúpula alrededor de Berk, por lo que parece que Berk se encuentra en una noche sin fin.— describió, Mala asintió, preocupada. Astrid, por su parte, saco el mapa de su bolso, para luego extender su brazo para dárselo. La reina se dio cuenta del dragón que rodeaba el cuello de la joven bruja.
—¿Eso es un Nadder Mortífero?— preguntó, Astrid dio un paso atrás.— Es pequeño... Cómo un Terrible Terror.
Stormfly notó como Astrid se ponía alerta con la presencia de Mala, por lo que empezó a gruñirle mostrándole los dientes. La reina apartó su rostro, para evitar cualquier mordedura; aún así la dragón no dejo de gruñir en advertencia.
—Ehh... sí, tiene ese tamaño.— respondió el castaño, Mala asintió.—Es una anomalía, me parece...
Sin decir una palabra más, Mala desenrollo el pergamino para poder leer el mapa; estudio los dibujos que representaban las islas, le preocupo un poco que el mapa indicaba un lugar desierto, demasiado al oeste, saliendose del archipiélago, casi al borde del mundo.
Es mas, ni siquiera había un trozo de piedra o tierra en la parte señalada. Mala miro a Hiccup con desconfianza, no parecía ser un mapa calcado, ni mucho menos falso, como los que solían vender en el Mercado del Norte. Estuvo a punto de decirlo, hasta que un grito la interrumpió.
—¡Mala, ha pasado otra vez!— alguien gritó, una cabellera negra se movía con agilidad y rapidez desde atrás. Llevaba puesta una armadura de color plateado y algunos mechones de cabello cubriéndole la cara, su rostro estaba preocupado e inmediatamente al verla, Mala también pinto su rostro con preocupación.— Es Kaira, ella está...— La joven reparó en los recién llegados, en especial en Hiccup.— Oh.
—¿Kaira esta aquí?—preguntó él en automático, sabia que había varias posibilidades de que su novia estuviese ahí, pero el verdadero sentido de la pregunta era que le había pasado.—¿Que es lo que tiene?
La joven de armadura plateada negó con la cabeza, reparo también en Astrid, con curiosidad, reparo en el báculo y en los símbolos. Astrid se tensó aun mas, quizá la chica era una völva de verdad y quizá se daría cuenta del engaño, pero la chica cambio su semblante después de mirarla de arriba a abajo.
—¿Eres una sanadora o una völva?— la joven le estaba hablando, ignorando la pregunta de Hiccup por un momento.— Te necesitamos... ella, no sé lo que tiene.— finalizó.
Heather era la sanadora de los Defensores del Ala y hermana de Dagur, líder de los Berserkers, después de la boda entre Dagur y Mala, Heather empezó a realizar sus practicas allí, mudándose permanentemente. Ella y Hiccup se conocieron por accidente, Heather buscaba vengarse de su hermano por la destrucción de la isla de sus padres adoptivos; después de idas y venidas, la relación con su hermano Dagur mejoró bastante y se había convertido en una amiga muy querida del castaño.
Justo ahora, Heather estaba guiando a los demás hacía la cabaña en donde Kaira se encontraba; Hiccup sabia por medio de una de las cartas de la chica que se había quedado en la isla debido a que la habían llamado para ser la encargada de cuidar al hijo de Mala y Dagur en la isla.
—Todo iba bien hasta que el bebé la contagio de gripe.— explicó Heather mientras llegaban hasta la cabaña.—El pequeño Niels esta bien, se recuperó realmente rápido, era de esas gripes de estación. Pero Kaira... empeoró justo cuando los síntomas se estaban resolviendo. De un momento a otro, empezó a tener la piel mas pálida, dificultad para hablar, fiebre a ratos y... De verdad no sé como explicarlo.— una vez en la puerta de la cabaña ella abrió la puerta, revelando el interior. Adentro, olía a humedad, mezclada con tierra y vomito, Heather había quemado algunas plantas para ayudar a la garganta de Kaira, y el olor de estas se mezclaba con todo. Los presentes hicieron una mueca.— Ella vomita...
Una figura delgada en la cama levantó el torso de una forma casi inhumana, como su hubiese tenido un resorte detrás de la espalda, la sobra se mantuvo quieta, en silencio por un minuto, hasta que se quejó amargamente. Heather la iluminó con una vela justo en el momento en el que de la boca de la joven Kaira salio un vomito negruzco y granuloso. Los demás quedaron atónitos y asqueados, Astrid tomo nota de la piel pálida de la joven, la cual se veía ligeramente azulada; sus rizos y sedoso cabello se habían reducido a mechones de cabello seco parecidos a la paja vieja, su cabello había cambiado de rubio cenizo a uno de un feo amarillo verdoso, los labios estaban morados y se notaba que había bajado considerablemente de peso.
—...Tierra.— finalizó Heather, Hiccup corrió hasta su novia, quien aún tenia arcadas. Le tomó de la mano y le pareció que ella estaba igual de fría que un muerto, sus dedos se encontraban esqueléticos y las uñas estaban azules, mal cortadas, en los brazos tenia múltiples rasguños, la mayoría recientes y de un color rojo escarlata preocupante. Cuando ella terminó, volvió a quejarse.
—Kaira.—la llamó el joven, ella clavó su débil mirada en él, sus ojos parecían salidos de sus cuencas, los ojos rojos e inyectados en sangre, en el derecho tenia un derrame de sangre cerca del iris, casi manchando los ojos miel de la pobre chica. Sus pecas habían desaparecido.— ¿Que es lo que...?
Kaira intentó responder, pero en su lugar solo gimió y comenzó a sollozar amargamente, el nivel de sus quejidos subía poco a poco, convirtiéndolos en gritos incontenibles. Hiccup asustado, volvio su mirada a Astrid.
—¡HAZ QUE SE VAYA!— gritaba entre balbuceos, la muchacha empezó a retorcerse, apretando con fuerza la mano de su novio.— ¡AYUDAME!— vociferó mientras con la mano libre enterraba las uñas en su rostro, para luego lanzar un chillido agudo.
—Por todos los dioses.— exclamó Mala, llevándose una mano al pecho, Fishlegs había corrido fuera de la cabaña para tomar aire e intentar no vomitar, ambos gemelos aguantaban las lagrimas de la impresión, pero Astrid aun seguía aturdida, como si estuviera a miles de kilómetros de la isla.
Kaira se convulsionó brevemente hasta que, tal cual, cayó directo a la cama, soltando el agarre de su novio. Hiccup observó que su mano sangraba un poco.
Astrid, recordando que no podía hablar, decidió no preguntarle a Heather más sobre los síntomas, aunque se moría de curiosidad por saber de qué tipo de enfermedad mágica era. Caminó con cautela hacia donde se encontraba el extraño vómito de Kaira, la examinó de cerca, e incluso tocó la tierra; era grava gruesa, con muchas piedras de por medio, Astrid supuso que aquello debía dejarle severas lesiones en su boca, incluso, alguna de esas piedras pudo simplemente tirarle los dientes. Además de la tierra, habían ramas pequeñas e incluso gusanos.
—A veces ella se retuerce y grita mucho.— comentó Heather con voz suave.— He intentando atarla para que no se haga daño, pero ha llegado a morder las ataduras.— explicó con tacto, Hiccup le tomó la frente, checando su temperatura.
—Esta ardiendo.— notificó, cosa extraña, porque hasta hace poco, Kaira parecía un bloque de hielo.
—Los remedios contra la fiebre no sirven, y siempre pasa que de un momento a otro tiene mucho frío.— respondió la sanadora.—A veces ella dice cosas en una voz mucho más grave y eso es... Aterrador.
Astrid camino hasta Hiccup, se hincó a su lado y susurró algo en su oreja, los demás la miraron con atención.
—Ella pregunta si algo le paso además de la gripe.— habló Hiccup en voz alta. Astrid asintió, confirmando que eso era lo que había preguntado.
Mala jugó con sus dedos.— En realidad, sí ocurrió algo extraño.
La cabaña de Heather y Kaira estaba cerca, casi una frente a la otra. A veces, cuando el comedor del pueblo estaba lleno, o cuando había cosas que no muy apetitosas, ambas se juntaban a cenar en la cabaña de la otra. No eran las mejores amigas, pero era bastante agradable cuando se encontraban juntas.
Cuando Kaira enfermó, Heather le recomendó mantenerse en la cabaña, con algo de fuego y comiendo cosas calientes, aun así, Heather nunca dejo de verla, de pasarle comida y de seguir atendiéndola; cuando la muchacha empezó a sentirse mejor, salía a veces, cuando no había demasiada gente, cuidando no contagiar a nadie. Kaira, en su confinamiento, escribió una carta a Hiccup, expresando lo preocupada que estaba, sin colocar muchos detalles sobre su molesta gripe, que no le permitía respirar bien.
Justo después de cenar, Heather fue hasta la casa de la rubia, dispuesta a recoger los trastos de la cena que le había llevado, pero lo único que encontró fue la puerta abierta y la cena en el comedor de la pequeña cabaña; no había nada fuera de su lugar, incluso la chimenea aun estaba encendida y la cama estaba sin hacer, pero el aire se sentía... no se sentía muy bien. Algo no estaba bien, Kaira no solía desobedecerla, ademas, estaba helando afuera. La pelinegra decidió buscarla, tropezando en la entrada con las botas de la joven, las cuales eran la única cosa fuera de lugar en la cabaña, parecía que Kaira se las hubiera sacado antes de salir afuera y las hubiera arrojado dentro de la cabaña.
A pesar de lo extraño de la situación, Heather no notificó a Mala sobre esto, supuso que se encontraba cerca y se decidió a iniciar la búsqueda sola. Sin éxito. La esperó dentro de la casa, creyendo que ella no debía ya tardar demasiado; después de dos horas, Heather fue con Mala a comunicarle que Kaira había desaparecido y que no podía hallarla.
Ni bien la búsqueda se empezó, escucharon un grito aterrador en medio del bosque. La mano derecha de Mala, Throk, la había encontrado en medio de un claro, desmayada en el suelo, en una posición un poco extraña y rígida (como si se hubiera quedado congelada mientras se estiraba), no había muestras de violencia o forcejeo, y se interrogó a aquellos habitantes que no se les había visto en el comedor a la hora de la cena. Pero todos parecían ajenos aquello.
Finalmente, cuando Kaira despertó, explicó que había decidido dar un paseo antes de cenar, que se había perdido y que no recordaba mucho después de eso; Heather le preguntó También por las botas y el porqué no las llevaba puestas cuando salió.
— ¿No las llevaba puestas?— había preguntado incrédula, como si ella recordara algo diferente.— Que tonta soy...— rio como si realmente no le importara mucho. Los presentes la miraron con extrañeza.— Debo ser muy tonta, ¿no?— y siguió riendo a mandibula suelta. — Salir a dar un paseo sin botas, ¿que clase de descerebrada hace eso?
— Los siguientes días fueron cada vez mas extraños.— relató Heather, retirando la sabana de Kaira, revelando el camisón de la enferma. Sus piernas también tenían rasguños y moretones, los pies se encontraban de un tono azul oscuro bastante preocupante.— Kaira se encerraba en la cabaña y no quería comer, rechazaba la comida de una forma muy... muy impropia de ella.
— También gritaba mucho durante las noches.— recordó Mala, asintiendo.— Decía que tenia pesadillas y luego nos ordenaba que saliéramos de la casa. Arrojaba cosas para que saliéramos y se veía...— buscó una palabra que no fuese fuerte para Hiccup.— Bueno, se veía bastante mal.
— Hasta que ya no se levantó y ahora esta... así.— Heather volvió a cubrirla, ahora era Hiccup quien tenía la mirada perdida en el cuerpo de la rubia.— Ella se lastima mas con las ataduras, e incluso las muerde hasta romperlas.
— Eso suena... suena bastante mal.— habló Eret, sintiendo nauseas. Astrid simplemente miro a la novia de su amigo, algo la había hechizado, algo la había tocado.
Pero, ¿qué o quién había sido? Si había sido su aquelarre, ¿por qué no esperarlos a ellos?
Y lo importante: ¿qué era lo que Kaira tenia?
Tenía que buscarlo en el libro que había robado de las Doncellas Aladas, pero no podía sacarlo ahí como si nada; las völvas no estudiaban procesos demoníacos. Nuevamente se giro a Hiccup dispuesta a pedirle que dijera en voz alta que necesitaba que todos se fueran, sin embargo, este seguía absorto en la situación.
Le tocó suavemente el hombro, cuidando no asustarlo, cosa que no funcionó, porque el castaño se sobresaltó. — ¿Qué sucede?— Ella habló en su oído, él asintió.— Astrid quiere que todos salgan de aquí, no los quiere cerca en lo que hace su diagnostico.— informó, Heather iba a replicar, pero Hiccup se le adelantó.— Los quiere a todos fuera de aquí, quiere ver a Kaira mas de cerca y decirme que tiene.
Uno a uno los presentes se fueron, Heather, frustrada, los acompañó. Eret se quedo como si esperara una orden, Astrid se le acerco.
— Vigila que no estén cerca.— le pidió Astrid en un susurro apenas audible, incluso pensó en que no la había escuchado del todo, pero Eret asintió y les deseo suerte por lo bajo.
Una vez la puerta se cerró, Astrid pudo respirar hondo y relajar los hombros. Se giró hacia Hiccup, quien no se veía ni un poco relajado; la bruja inspeccionó la habitación, buscando algo fuera de lo normal, como símbolos de brujas ocultos, hilos de color rojo colgando del techo, incluso contempló la posibilidad de ver a Prudence sonriendo desde arriba.
Pero no había nada. Sacó el nuevo libro y empezó a hojearlo, todavía sin saber exactamente que buscar, se sentó en el piso, También analizando si había algo debajo de la cama, como un caldero o alguna vasija, pero no parecía haber ninguna pista.
— ¿Sabes que es lo que tiene?— preguntó Hiccup casi casi al aire, su voz denotaba tristeza y preocupación. Astrid le miró de una forma no muy esperanzadora.
— Jamás había visto algo así.— confesó, mordiéndose el labio inferior.— Es como si algo la estuviese comiendo por dentro y... ¿Que te pasó en la mano?
— Creo que ella me abrió la piel con sus uñas.— Hiccup le mostró la mano, Astrid abrió los ojos con preocupación.— ¿Es malo?
— Sí, en especial si no sabemos que lo que tiene es contagioso.— volvió a su libro con rapidez, esperando que se tratara de una maldición curable.— Lo peor que puede pasar es que este poseída.— aseguró.
— ¡¿Poseída?!— exclamó Hiccup, asustado.— ¿Poseída por un demonio o algo así?
La rubia asintió, preocupada.— Las posesiones a mortales son bastante raras, casi nunca pasa a menos que una bruja libere a un demonio o la persona se haya acercado lo suficiente al... infierno.— explicó Astrid, su tía no le había enseñado mucho sobre posesiones, eso era algo demasiado avanzado para su edad.— Y si es cierto entonces... entonces tendríamos varios problemas.
— ¿Y como sabes que puede tener un demonio dentro?
— Bueno, yo...
— Aaassstrrriiiiiiidddd.— una voz grutural salió de la boca de la joven en la cama, la aludida y el castaño volvieron su vista hacia Kaira. Esta tenia la mirada perdida y parecía que no había movido ningún musculo.— Aaaasssstrrrrriiiiiiiddd— repitió. La chica con la capa se levantó entonces del suelo, irguió su postura y levantó la cabeza. Stormfly gruñó en respuesta.
— Soy yo.— le respondió, sonando dura y con confianza, aunque por dentro estaba que se moría de miedo. No había duda, a Kaira la había poseído un demonio.— ¿Que tal?— saludó, como si se tratara de una persona a la que no saludaba en años, Hiccup no sabia que hacer y solo estaba congelado a su lado, Toothless tampoco tenia ni idea de que hacer.
"Kaira" se sentó de una forma extraña, primero elevando su torso, arrastrando los brazos, con la cabeza colgándole. Luego la giró para ver a Astrid de frente, reparando en Hiccup; sonrío.
— La he estado pasando genial.— respondió con la misma voz grutural y rasposa, para nada parecida a la de Kaira, Hiccup sentía que iba a tener un ataque en cualquier momento.— Bienvenidos, ¿por qué no se sientan?— después de decir la ultima palabra, una silla voló por los aires hasta la cabeza de Hiccup, quien gracias a los reflejos de Toothless, pudo agacharse a tiempo.
— No gracias.— agradeció Astrid, con respeto.— Preferimos estar de pie.— a su lado, Hiccup comenzaba a hiperventilar.
— Como quieran.— repuso "Kaira", sin darle importancia.— Astrid Hofferson.— la nombro, esta vez con su nombre completo.— No eres para nada como creía. Tu tía hablaba de una bruja, pero yo veo mas bien a la mitad de una.— se mofó, riéndose con la voz de su huésped.
— No completé mi bautizo.— Astrid se encogió de hombros.— Quizá sea eso, no lo sé.
— Nah, no es eso.— el demonio parecía controlar a Kaira como si de tratara de un títere al cual le jalaba los hilos. Movía los brazos para hacer ademanes mientras hablaba. — Es mucho mas, no estas incompleta, estas partida a la mitad.— aclaró, había alzado el indice de la mano derecha y balanceaba la mano de atrás hacia adelante, haciendo énfasis.— Es como si estuvieras justo en la linea, ni de aquí, ni de allá, ni oscura ni blanca, ni bruja, ni völva. Neutra.— arrastró esa palabra como si quisiera saborearla.— Jamás había visto a alguien así.
— Dejate de juegos y dime que es lo que quieres.— le cortó ella con algo de agresividad.
— Dañar, degradar y corromper humanos, empezando por este pequeño y sumamente frágil receptáculo.— respondió "Kaira" extendiendo los brazos. Aunque abría la boca para hablar (los dientes estaban sucios, repletos de tierra en los espacios que había entre ellos) la mirada la tenia fija en Astrid, sin parpadear, casi sin vida.— Y cuando termine con ella, seguiré con su querido novio... O quien sabe, También me gusta la chica que viene a cuidarme y que siempre que puede me ata como a un animal.— reclamó, enojado de repente.
— Bueno, si no te gusta que te aten...— respondió Astrid, como si la solución fuera fácil.— ¿Por qué no simplemente dejas el cuerpo de la chica?
— ¡¿DEJARLO?!— "Kaira" empujó su cuerpo hacia adelante, había gritado esa pregunta como si lo que Astrid acababa de decir fuese un sacrilegio.— ¡¿Que te hace creer que simplemente puedo dejarla?! ¡Yo adoro estar aquí!— confesó.— Ella es tan caliente y tan suave... es tan pecaminoso.— se relamió, provocando en Hiccup una ola de ira que subía desde su estomago hasta salir por sus orejas.— ¿Tienes idea de los pensamientos que tenía de ti?— señaló a Hiccup.— Mis favoritos son en los que estas tú y esa chica con armadura plateada, son taaaan... ardientes.
Sin poder soportarlo mas, Hiccup sacó su espada y la activo para que se encendiera en llamas, ante la divertida mirada de su "novia", También estaba gruñendo con fiereza.
— Esa arma sí que es ingeniosa, chico dragón.— se burló el demonio.— Ojala ella pudiese admirarla... Que mal que ahora te odia por estar de lado de esa que llaman bruja.— señaló a Astrid, quien se mantenía en control, al contrario de Hiccup, quien parecía estar a punto de llorar del coraje.— ¿Tienes idea de cuanto te repudia justo ahora? Puedo sentirlo, como hierve su sangre, como detesta que seas un hombre También.— agregó, con morbo, Hiccup flaqueo un segundo, sin entender.— ¿No lo sabes? ¡Detesta tu asqueroso pene! Ella preferiría que seas como la chica de la trenza, mucho mas atractiva...
Hiccup negó con la cabeza, solo quería jugar con él, así como lo había hecho con Astrid. No iba a permitir eso.
— ¿Es por eso que la escogiste a ella?— Astrid trató de hacer que la conversación se centrara en responder sus preguntas y no en destruir psicologicamente a Hiccup.—
— ¡Claro que no!— el demonio negó como si eso hubiese sido obvio.— Mørke me la presentó y definitivamente no pude negarme.
— ¿Como te llamas?— preguntó Astrid.
— Aunque eres tan neutra, te lo diré.— contestó, como si no fuera la gran cosa.— Ajurbeterdup, señor de la glotonería, devorador de carne... ¡Demonio de las entrañas!
— ¡Kaira no te quiere aquí, Hiccup mucho menos! ¡Y créeme que yo tampoco te quiero aquí!— amenazó Astrid, apretando los puños y con la voz mas mortífera que tenia.— Vete de aquí ahora si no quieres que yo misma te mande al infierno.
"Kaira" hizo un sonido con la boca, como si la voz en sus cuerdas bocales se encontrara trabada, la cama donde se encontraba postrada empezó a levitar, así como las cosas que se encontraban cerca.
— ¿Me confundiste con una maldición cualquiera?— preguntó, ahora con la voz grutural mezclada con la voz natural de Kaira. Había hecho levitar el libro de las Doncellas Aladas, exponiendo la página que Astrid había estado leyendo.— Eso es muy grossseeeeroooooo.— dijo y le aventó el libro al pecho, mandándola por los aires hasta estrellarla contra una de las paredes.
después de eso, azotó la cama contra el suelo y el cuerpo de Kaira cayó inerte en esta. Hiccup corrió hacia Astrid, en su auxilio, sin embargo, sintió como se le cortaba la respiración, como una mano invisible apretándole el cuello. Intentó apartarla, pero lo único que encontraba era simple aire. Empezó a retorcerse sin control, buscando aire...
Alguien irrumpió en la cabaña, llenando de luz la estancia. La luz brillante y violenta golpeo a "Kaira" en la cara y la hizo chillar de dolor, deteniendo el agarre que tenia en el cuello de Hiccup. Era Eret.
— Escuché gritos.— alcanzó a decir Eret, mientras "Kaira" lloraba y entre sus sollozos se escuchaba:
— Odio la luz, odio la luz, la odio, la odio...— la joven se tomaba la cabeza, tratando de huir de esta.— ¡La ODIO!— dicho esto, el piso empezó a temblar, Hiccup miró a Eret, ambos con cara de espanto.— ¡LARGATEEEEEEE!
— ¡Llevate a Astrid!— ordenó Hiccup, Eret inmediatamente cargó a una todavía aturdida Astrid, También se llevó el libro con él.— ¡Rápido, antes de que cierre la puerta!
— ¡Estas condenada Astrid Hofferson!— gritó el demonio, con la voz de Kaira distorsionada con la suya.— ¡TU Y HICCUP HADDOCK ESTAN CONDENADOS, DEJENME EN PAZ! ¡ELLA ES MÍA! ¡¿OISTE?! ¡MIIIIIAAAAAAA!
La puerta se cerró de golpe y lanzó a los tres al suelo. Los tres estaban jadeando y sentían que el corazón se les salía del pecho.
— ¡¿Que fue eso?!— jadeó Eret con la voz rota, terriblemente asustado.
— A Kaira la poseyó un demonio.— reveló Astrid, antes de que, sin remedio, rompiera a llorar.
Quiubo, como estan? Yo me encuentro bien, dandome cuenta de que no he actualizado en todo un año, lol xd
Ya me puse al corriente, no se preocupen. Ahora sí, van a volver las actualizaciones semanales, así que agarrense, que ahí les voy.
