Ay, Hiccup, ¿quien te manda a perder el mapa?, a ver, ¿ahora como van a llegar? bUEH, que igual ahorita andan mas preocupados por huir de Batibat, que se le va a hacer...
Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell
ESTE CAPITULO CONTIENE ESCENAS FUERTES QUE PUEDEN INCOMODAR A SENSIBLES, SE RECOMIENDA DISCRECIÓN.
Los metrónomos de los tripulantes se encontraban sincronizados, mientras Batibat caminaba hacía la enorme bodega, al abrir las puertas, un dragón pequeño le lanzó lo que parecía ser magnesio ardiendo a la cara. Se quejó de dolor y casi cae encima de Hiccup, quien aunque estaba en una posición incómoda, dormía plácidamente.
Stormfly huyó, perdiéndose en la oscuridad del pasillo. Batibat lo supo, era un familiar.
— Ven, dragón, dragón...— lo llamó, dispuesta a matarlo.— Aquí, dragoncito...
Berk se veía distinta cubierta de nieve.
Las casas estaban cubiertas de nieve, con humo saliendo de las chimeneas. Los senderos estaban limpios, y no hacía frio; el deshielo estaba empezando, dando paso a la primavera; los terribles terrores cantaban esa alegre mañana, los dragones surcaban los cielos, libres y sin ataduras; el cielo era azul en la aldea de Berk, pero cuando mirabas hacía el bosque, la luz se cortaba, había una energía siniestra, el cielo se observaba negro, mucho mas oscuro de lo que debería ser. El bosque de las brujas era un lugar en donde ningún vikingo solía ir.
La aldea tenía su barullo habitual, no había nada fuera de lugar en Berk. Estaba en paz y en equilibrio, aunque la mitad de la isla estuviese en tinieblas, estas no propasaban a donde estaban los mortales.
Astrid estaba ahí, llevaba puesto su tunica azul de rayas, entallada y sin mangas, llevaba puestas unas hombreras pequeñas de hierro, las cuales poseían salientes en forma de picos, sobre unas bases de lana. Sobre él, usaba un chaleco rojo, el cual se ajustaba a su busto con un pin en forma de Nadder Mortífero, su cinturón de calaveras de metal y su falda de picos; llevaba sus leggins oscuros y botas. Sus muñequeras seguían ahí, así como las cuerdas que las ataban.
Pero tenía el cabello mas suelto, le llegaba hasta la cintura, siendo sostenido solo por una trenza a media cabeza, que ayudaba a que el cabello no le llegase hasta la cara. Su flequillo había crecido, incluso ella misma se sentía mayor. Estaba cepillando a una Stormfly del tamaño de un Nadder Mortífero normal, el cual llevaba una silla de montar; se encontraba hablando con Heather y Ruffnut, una a cada lado de ella, hablaban de lo lindo que era que el deshielo llegara, sobre el festival que habría para la primavera, y de lo bien que les había ido en la misión de rescate.
También notaba que, desde el lado opuesto del granero, Eret la miraba con interés, pero traba de ignorarlo. Siempre lo hacía.
Alguien pateo su cubo con agua. Astrid se giró furiosa, eso fue intencional, se encontró con Iris, Prudence y Tålmodighet, las tres cruzadas de brazos y con el ceño fruncido.
— ¿Qué es lo que les sucede?— espetó Astrid.
— Escuchamos que quieres ser la nueva Reina de Mayo.— dijo Iris, con una sonrisa burlona.
— Así que esta es una advertencia.— dijo Tålmodighet con su usual voz tranquila.
— No gastes tus energías en ese estúpido baile.— Prudence se acercó a ella de una forma amenazante, colocó una de sus manos en la cintura. Astrid estaba confundida, ella no había pensado en participar hasta ahora.— Nosotras nos aseguraremos de que lo pierdas, porque...
— La corona es nuestra.— finalizaron las tres al mismo tiempo. Antes de que Astrid pudiese contestarles de alguna manera, las muchachas se fueron, riendo, burlándose de ella.
La rubia apretó los puños. Odiaba a esas tres, nunca paraban de molestarla y de tratar de comer a Stormfly; no se percató en que momento Eret se había acercado a ella, pero cuando volvió hacia Heather estaba ahí, apoyado en uno de los pilares que sostenían el establo.
— No les hagas caso.— le dijo, tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Ruffnut comentó algo sobre lo guapo que se veía, pero Eret solo parecía mirarla a ella.— Están celosas porque no bailan igual de bien que tú... Y no son igual de hermosas.— se acercó mientras decía eso. Astrid se encogió, avergonzada por lo que le había dicho el sujeto.
— Nah, no creo ser... así.— respondió ella, sin querer decir la palabra "hermosa".— Siempre han sido así conmigo.— le restó importancia, levantando el cubo del suelo y cargándolo entre su cadera y su mano.— No es nada nuevo, descuida.
— Es bueno que seas una chica fuerte.— ahora Eret se encontraba justo frente a ella, de repente su seguridad pareció menguar un poco. Astrid volvió hacia sus amigas, quienes simplemente reían por lo bajo, y parecían contener su emoción.— Eh, escucha Astrid, ya sabes que el festival del deshielo es mañana...— comenzó, Astrid frunció el entrecejo, sin saber a que dirección iba Eret.— ...Y me preguntaba si... bueno, si aún no te ha invitado nadie..— Eret rio, dandose cuenta de que por los nervios, estaba quedando como un torpe.— Me preguntaba si quisieras ir conmigo.— terminó la propuesta, y Astrid sintió como los colores se le iban al rostro.
No sabía que le gustaba a Eret de esa manera.
— Ay.— fue lo único que salió de sus labios, acomodó su cabello detrás de la oreja, tratando de pensar que decir.— La verdad es que...
— ¡Astrid!— una voz nasal la interrumpió. El corazón de Astrid latió mas rápido e hizo que se volviera instantáneamente hacía la voz, reconociéndola de inmediato.
El furia nocturna aterrizó con gracia en la entrada del establo, en su lomo, sobre una silla de montar, se encontraba Hiccup, quien se retiró la careta oscura que cubría su rostro mientras bajaba del dragón. Parecía aliviado de verla.
Él también estaba vestido diferente, su traje tenía mas hebillas que el anterior, y llevaba puesta una tunica larga junto con un chaleco de cuero. El cabello estaba revuelto, como si hubiese volado por horas, caminaba con rapidez hacia ella, con las piernas flojas, como si se estuviese acostumbrando a caminar después de estar en la misma posición, mientras caminaba la miraba sonriendo.
— ¡Por fin te encuentro, he estado buscandote por todos lados!— decía mientras extendía los brazos, expresivo como era siempre.— Eret Hijo de Eret...— le llamó una vez que llegó hasta él, usando una voz mas seria, como de advertencia. El aludido se separó de Astrid, y carraspeó.
— Jefe Hiccup.— saludó Eret, con solemnidad. Las chicas atrás hicieron una expresión con la boca y rieron discretas.
Astrid sintió entonces la incomodidad aplastándole el pecho. Eret y Hiccup intercambiaban miradas extrañas, como si estuvieran peleando con ellas.
— Bueno.— Astrid decidió terminar con aquello. Era simplemente ridículo.— Me encontraste.— le dijo a Hiccup, regalándole su mejor sonrisa incomoda, provocando que Hiccup volviera a mirarle con una sonrisa, cambiando por completo su animo.— ¿Qué sucede? ¿Es sobre el festival de mañana?
Hiccup alzó las cejas, luego miró a Eret como si esperara una respuesta de su parte.
— Err... no. En realidad no.— respondió, pareció percatarse de que había hecho una escena y que había demasiado publico— Astrid, ¿podemos hablar un momento...?— luego miró a Eret.— ¿... a solas?— agregó sin quitar su mirada.
Astrid soltó una carcajada. No podía ser que su novio estuviera celoso de Eret, eso era tan impropio de él. Aunque no podía negar que llegaba a gustarle un poco.
Aún riendo, negó con la cabeza mientras lo tomaba de una de las hebillas, para llevarlo al centro del establo, el cual estaba solo y tranquilo. Una vez ahí, ella se colocó frente a él y lo confrontó.
— Ya, dime, ¿que es taaaan secreto?— preguntó ella burlona, Hiccup simplemente había entornado los ojos, también divertido.
— Bueno, solo quería ver a mi novia.— le dijo sonriendo, Astrid simplemente rodó los ojos y le soltó un golpe suave en las costillas.— ¡Esta bien!— aceptó él, colocando sus manos a cada lado de él, en señal de rendición.— Escucha, estuve pensando, hace poco me coronaron jefe de Berk, y creo que nunca me puse a pensar como era ser jefe, ¿entiendes? Las nuevas responsabilidades, los nuevos cargos, hay problemas a cada hora del día.— explicó él, pero Astrid no entendía a donde estaba yendo con todo eso.— De verdad, ayer alguien me despertó solo para decirme que lo ayudara a encontrar una de sus ovejas perdidas.— relató, provocando una ligera risa en la rubia.
— ¿Es eso? ¿Odias buscar ovejas en medio de la noche?— se burló ella.
— No, no es eso.— Hiccup negó con la cabeza, de repente se estaba poniendo serio.— Es solo que me dí cuenta de que voy a pasar menos tiempo... Contigo.— admitió y ella inclinó la cabeza, sin entender.— Tu tienes tus deberes, cuidas a Stormfly y eres una excelente guerrera, mientras que yo... bueno, apenas podré verte. Y lo he pensado bastante, esto no puede ser.
Astrid sintió que todo rasgo de felicidad se borraba de su rostro, mientras el corazón le latía con fuerza. Un nudo en su garganta empezaba a formarse.
— ¿Estas... terminando conmigo?— preguntó en un hilo de voz, aún así, todos en el establo parecieron escuchar sus palabras.
— ¡¿Qué!? ¡No!— chilló Hiccup, Astrid sintió como el alivio le devolvía el alma al cuerpo; se llevo la mano desocupada al pecho. Hiccup se veía horrorizado con la idea.— Es justo lo... contrario.— rascó su nuca con nerviosismo.— Astrid.— la llamó volviendo a su seriedad de antes.— Estos últimos días en los que no nos hemos visto los he sentido... vacios, sin ti me siento incompleto. Nada me llena, ni volar con mi Furia Nocturna o ayudando a todo Berk... Ni siquiera explorar para ampliar más mi mapa.— Explicó, mirándola a los ojos.— Astrid, no soportaría vivir en un mundo en el que no estés.— dijo antes de arrodillarse en una pierna.
— ¡Oh, por los dioses!— exclamó Ruffnut, le siguieron mas voces impresionadas y emocionadas.
— Astrid Eyra Hofferson, ¿me harías el honor de ser mi esposa?— preguntó, con una mano en el corazón y la otra extendida hacia ella. Por un momento, parecía que toda la luz se concentraba en él, oscureciendo todo lo demás.
Astrid soltó el cubo, pero este no genero ningún estruendo al caer. Se sentía como si estuviese rodeada de nubes. Jadeó, estaba soltando lagrimas de felicidad, incrédula con el hecho de que Hiccup le hubiese propuesto matrimonio.
— ...Sí.
Su tía Mørke no estaba de acuerdo, su madre, en cambio, solo sonreía conmovida después del relato. Astrid se encontraba en el bosque de las brujas, dándoles la noticia.
— No puedes casarte con él, Astrid.— sentenció su tía Mørke con el ceño fruncido y un tono ácido.— Es un mortal y tu eres una bruja. Eso no funcionaría de ninguna manera.
— Claro que funcionaría.— aseguró Astrid, molesta por la actitud tan escéptica e intolerante de su tía.— Él me ama y yo lo amo. Ambos nos conocemos desde hace mucho tiempo...
— ¿Ah, si? Entonces quiero creer que ya sabe que eres una bruja.— su tía le miró con superioridad mientras cruzaba una pierna sobre la otra. Astrid titubeo.
— Cariño, debes decirle que lo eres.— dijo su madre con un tono sumamente dulce.— Él en algún momento lo descubrirá.
— Sí, para que luego te queme en una hoguera con sparers.— se mofó Mørke. Astrid, furiosa apretó los puños.— ¿Que harás cuando en la noche de bodas vea tus marcas y sepa que eres una bruja? Estoy segura que le darás tanto asco, que no dudará en escupirte y quizá en violarte hasta matarte...
La mano de Astrid le golpeo con tanta fuerza en el rostro que Mørke cayó al suelo, su madre simplemente le miro, con pena.
— ¡¿Por qué nunca quieres que sea feliz?!— le reclamó con la voz rota, Mørke se fue incorporando lentamente, con una mano en su mejilla.— ¡Siempre dices cosas horribles de Hiccup! ¡Él no es como su padre, el es diferente!— Mørke se termino de incorporar, su boca estaba cosida con estambre negro, forzándola a cerrarla. Su cara se había deformado un poco por el golpe.— ¡¿No puedes apoyarme aunque sea solo una vez?! ¡Me voy a casar con él mañana y se acabo! ¡¿Entendiste!?
Su tía le miró con furia. Pero no contestó.
Cuando fue su gran día, Astrid estaba nerviosa; sabía que debía revelarle a Hiccup su secreto, pero no tenía ni idea de como. Estaba con el cabello suelto, con una corona de flores en lo alto de su cabeza, usando el vestido de su madre, caminando hacía donde estaba Hiccup arreglándose, le miró desde la puerta, se encontraba con una túnica negra de cuello largo, con detalles dorados en este, usaba una capa negra que se estaba ajustando.
— ¿Hiccup?
Este se giro, para luego, con nerviosismo y alegría taparse los ojos.
— ¡Astrid! ¡Se supone que el novio no debe ver a la novia antes de la boda!— exclamó, ella sonrió con enternecida, se acercó a él.
— Lo sé, es solo que... Tenía algo importante que decirte antes de que nos casemos.— dijo ella, con cautela, retiró las manos de su prometido de sus ojos. Este cambio su semblante cuando vio el de ella, el cual era serio.
— ¿Qué pasa?— apretó sus manos con las de ella antes de que Astrid se soltara, y empezara a desatar sus muñequeras.
— Hiccup... soy una bruja.— dijo, exhibiendo sus marcas. Las oscuras lineas que resaltaban en la piel blanca de ella, llegando hasta sus palmas. Hiccup abrió los ojos con sorpresa, jadeó, incluso, se le veía en shock.
Astrid temió lo peor cuando pasaron los minutos y Hiccup no decía nada.
— Di algo.— le pidió, desesperada. Hiccup apartó sus ojos de las muñecas de ella.— Por favor.
Hiccup parpadeo un par de veces.
— Bueno, eso explicaría porque no te las quitabas nunca.— trató de bromear, en un intento de aligerar el ambiente y bajando la guardia de Astrid, quien esperaba una contestación mas grotesca.— Y porque nunca me presentaste a tu tía o a tu madre.— sonrió.
— ¿Tu...? ¿No te molesta?
— Claro que no.— Hiccup se encogió de hombros.— De algún modo me lo esperaba, pero, creí que sería molesto preguntártelo...
— Ya, pero, ¿no te doy miedo?— preguntó ella, aun sin fiarse mucho.— ¿No sientes repulsión por mi? Las brujas matan dragones, ellas pueden comer niños... ¿Seguro que aun quieres casarte conmigo? Quiero decir, yo...
Hiccup le abrazó por la cintura, acercándola hacía él, con ternura.
— Astrid, hemos pasado de todo juntos.— le dijo, colocando una mano en la mejilla de ella, obligándola a mirarlo a los ojos.— ¿No crees que podamos manejar esto? Astrid, me tienes a mí, no importa qué... Y sea lo que sea, lo que tú seas, estoy contigo. Siempre seremos Hiccup y Astrid, siempre.— le prometió con sinceridad.— Y si me permites, voy a hacerte la mujer y bruja, mas feliz que ha existido.— dijo antes de darle un beso.
Cuando llegó el momento, Astrid se encontraba nerviosa. La plaza estaba repleta de personas en ese momento, temblaba de la emoción. Hiccup la amaba, sin importar qué.
Throk llegó hasta donde estaba ella, sin decir una sola palabra, le ofreció su brazo.
— Gracias, Throk.— le agradeció y este la llevo lentamente hasta el altar. Una música suave sonaba mientras ambos caminaban, veía los rostros de sus amigos y de las personas que ella había visto muertas en Berk, aun con los rostros pálidos, con sangre y desfigurados, quemados...
Del otro lado estaban las brujas, vestidas de negro y con ramos de flores marchitas. En el altar se encontraba un Hiccup que la miraba con amor, con Gobber y Gothi detrás, en el altar, había un arco de flores, en la mitad de Hiccup, estaban frescas, en la otra, la que le correspondía a Astrid, marchitas y muertas.
— ¡Queridos habitantes de Berk... bienvenidos a la boda del jefe!— anunció Gobber, la multitud lanzo un grito de euforia.— Muy bien, junten sus manos.— ambos obedecieron, Gothi las cubrió con una tela dorada.— Esta vez no se casarán ante el Diablo, ¿eh?— aseguró Gobber, estando de un humor estupendo.— Bien, el momento que todos estábamos esperando: Astrid Eyra Hofferson, ¿aceptas a Hiccup Haddock, como tu legitimo esposo, sin importar qué?
Ni siquiera tuvo que pensarlo.
— Sí, acepto.
— ¡Maravilloso! ¿Y tu... Hiccup Haddock...?
Se volteo, su tía estaba ahí, todavía con la boca cerrada. Llevaba las manos atadas por sparers.
— ¿...aceptas a Astrid Eyra Hofferson...?
Su madre sonreía, aunque no se veía como su madre. Ni siquiera sabía como se veía su madre.. Las demás brujas estaban atadas de manos y piernas, por cuerdas hechas de sparers, no hacían ningún sonido, solo sonreían...
— ¿... como tu legitima esposa...?
Los invitados mortales no la veían con alegría, solo mostraban su mirada fija en ella, sin vida.
— ¿...para amarla, respetarla, y poseerla como tu propiedad por el resto de su vida...?
Astrid escuchó esa ultima frase y su sonrisa cayó, ¿que había dicho? Eso no lo había mencionado con ella...
— ¿Qué...?
— Acepto.— susurró Hiccup antes de cambiar su semblante a uno completamente psicótico, colocó sus manos en el cuello de ella, apretando con fuerza, asfixiándola. Astrid intentó detenerlo, arañando sus manos, pero él era demasiado fuerte.
— Hic...uupp...— trató de llamarlo, sin saber lo que estaba pasando.
De pronto, de entre la multitud, se presentó Valka Haddock.
— ¡Bruja!— le señaló, los demás gritaron lo mismo. Llevaba una cuerda de Sparer en su mano y en la otra una antorcha.— ¡Maten a la bruja! ¡Maten a la bruja!
Los demás la imitaron, Astrid intentó gritarle a su aquelarre, pero solo se quedaron estáticas mirándola, Mørke con una sonrisa.
Su ahora esposo la llevó hasta la hoguera, donde con facilidad, Eret y Fishlegs la ataron al mástil con cuerdas de sparer. Ella gritó de dolor, no solo la estaban atando de manos y pies, pasaban la cuerda por donde se podía. Hiccup le rasgó el vestido para asegurarse de que hubiera mas piel expuesta.
— ¿En serio creíste que llegaría a amarte, maldita bruja?— le preguntó con un tono ácido. Astrid lloraba de dolor, alguien le ató la cabeza al mástil, pasando por su boca.— ¿Por qué, Astrid?— Hiccup se veía dolido ahora, dolido de verdad. — ¿Por que tuviste que decirme que eras una bruja? ¡Yo te amaba! Y ahora, debo condenarte al infierno.— finalizó para luego ordenarle al furia nocturna detrás de él que encendiera el fuego.
Mientras se quemaba, Astrid clamaba por auxilio, pero nadie se movía de su lugar. Los vikingos se veían eufóricos...
— Vaya, vaya.— Batibat se colocó frente a ella, con las manos en jarras.— Que sueño tan adolescente, a puesto a que de verdad te duele todo esto.— señaló su tortura. Astrid le gritó en respuesta.— Pero yo puedo hacer que se acabe, solo dime el conjuro para salir y te liberaré de la hoguera.
— ¡NO!— gritó ella, retorciéndose de dolor.— ¡NO TE LO DARE JAMAS!
— Bien, volveré cuando lo pienses mejor.— Batibat desapareció.
En Berk hacia frio, frio, frio...
El Gran Salón estaba vacío, quizá era por la hora. Seguro que aun era muy temprano como para desayunar; pero él estaba ahí, usando la capa de su padre, la cual era sumamente pesada; los escudos de la tribu la sostenían a su armadura, sentía también la presión en el estomago, que causaba el cinturón ancho de Stoick The Vast, el cual rodeaba su cintura; la barba que se había dejado crecer desde hace meses también se encontraba ahí.
Debía acostumbrarse a tenerla, los buenos lideres tenían una. Suspiró, sin apartar la mirada del tapiz que adornaba el Gran Salón, eran él y su padre, Stoick estaba junto a él, gallardo y estoico, mientras Hiccup se le observaba con una mueca, preocupado, tal vez algo asustado; sonrió mientras negaba con la cabeza. Ser un adolescente como Hiccup, el cual llevaba a otro adolescente dentro, había sido todo un reto, en especial porque el otro adolescente era un dragón.
No quitaría el tapiz, no veía porque, ser el nuevo jefe no significaba borrar todo lo que su padre ya había construido antes, en especial, porque Stoick no estaba muerto. Tenia canas, su cabello ya no era totalmente pelirrojo como antes, y su marcha había aminorado; al darse cuenta de esto, no tuvo mas remedio que colocar a Hiccup como el nuevo jefe de Berk, para tomarse un descanso, estar mas al pendiente de su esposa y de sus nietos, un par de niños traviesos que adoraban pasar el tiempo explorando dragones junto a sus abuelos. Valka, su madre, también era una abuela genial, les enseñaba a los niños todo lo que sabía de dragones y les ayudaba cuando los suyos estaban en problemas.
De repente la puerta del Gran Salón se abrió de par en par. Hiccup se giró para ver a dos niños entrar, haciendo mucho ruido. El mayor tenía el cabello castaño como el, mientras que el menor poseía una brillante cabellera dorada, ambos llevaban tuncas infantiles y pantalones de verano, así como unas botas ligeras, corrieron hacía él, felices de verlo.
Él también estaba feliz de verlos, eran sus hijos.
— ¡Papá!— gritaron mientras llegaban junto a Hiccup, quien se agachó y les abrazó.
— ¡Hey!— les saludó, dándole un beso a cada uno.— ¿Qué es lo que hacen aquí?
— ¡Mamá dijo que estarías aquí!— dijo uno de los niños, el menor. Tenia los ojos verdes del lado de los Haddock, era curioso ver sus propios ojos en los de alguien más.— Queríamos acompañarte antes de que te vayas a ser tus cosas de jefe.— se excusó, debía tener como mucho, seis año y tenía sueño, porque acto seguido de decir esa frase, se rasco uno de sus ojos para después bostezar.
— Ya veo.— dijo Hiccup mientras los menores asentían.— ¿Dónde esta su madre?— preguntó, los niños simplemente se dieron la vuelta, señalando las pesadas puertas del Gran Salón.
La mujer ahí, era rubia, algo alta. Llevaba su cabello suave tejido en dos trenzas, como lo solía tener Valka, con un vestido azul, ceñido al pecho, pero suelto en las costillas, evidenciando una bonita barriga de embarazo de unos ocho meses, debajo del vestido se apreciaba una tunica blanca, ocultando su escote, llevaba sus muñequeras puestas, pero estas no eran como las de invierno, sino simplemente de cuero, llevaba puesta la banda en la cabeza. Sus ojos eran azules, grandes, con pestañas largas y tupidas, las mejillas sonrojadas por el esfuerzo de subir todas esas escaleras que la llevaban hasta el Gran Salón. Le Sonreía también feliz de verlo.
— Astrid.— susurró, ella se acercó como si le hubiera oído.
— ¿Cómo estas, Jefe de Berk?— le preguntó antes de darle un beso en la mejilla.— Ellos querían verte.— le susurró en el oído.— Te extrañan mucho.
— ¿Ah sí?
— Ayer Hokan dijo que querían pasar mas tiempo contigo... Te pasas todo el día cazando brujas con esos muchachos de Viggo.— le recriminó, cruzándose de brazos.— Deberías dejar de hacer eso, es peligroso.— agregó en el mismo tono. Hiccup le miró con reproche.
— Ellas volverán, Astrid.— aseguró Hiccup con seriedad, los niños ahora estaban jugando en las mesas del lugar. El comedor se había llenado repentinamente de personas,todas charlando y haciendo mucho ruido, estaba excesivamente lleno, la gente se empujaba para poder pasar.— Lo sé, lo presiento, amenazaron con regresar y cumplir la maldición de Berk.— le explicó, como si ya lo hubiera hecho antes.— Y si lo hago, es porque tengo la esperanza de que una de ellas sea Mørke.
Astrid le regalo una sonrisa reconfortante.
— Deberías pasar mas tiempo aquí, en Berk... Con los niños... y conmigo.— añadió, sonrojándose mientras tocaba su hinchada barriga. Esto lo enterneció tanto que la abrazó de lado, besó su mejilla y siguió con besos castos en su cuello, haciéndola reír.— ¡Basta, me haces cosquillas con esa cosa!— dijo refiriendose a su barba, las manos de él fueron hasta elvientre de su esposa y esperó sentir algo, lo que sea. Tenuemente, sintió como la piel se elevaba un poco justo donde había puesto su mano, jadeó.
— Le gusta tu risa.— le dijo él al oído, ella se apartó, acalorada.
— Hoy me quedaré, lo prometo.
— ¡Ah, jefe!— escuchó a Gobber, quien se acercaba para romper el momento.— ¡Lindo día! ¿Va a partir hoy o...?
— De eso estaba hablando con Astrid, Gobber.— se adelantó Hiccup.— Hoy pasaré tiempo con mi familia.
Lo hicieron, hicieron un picnic en medio del bosque. Los niños llevaron a sus dragones, un par de furias nocturnas, que eran igual de pequeños que ellos, también habían dado un paseo por la aldea. Berk había evolucionado para bien en esos años.
Hiccup había construido la isla de sus sueños, todas las casas ahora, tenían sobre de ellas madrigueras de dragones, en los techos mas altos, había cubetas anti incendios, plataformas móviles para que los dragones pudieran aterrizar, controladores de vuelo, así comederos en cada punto crucial de la isla. Las casas habían sido re-modeladas y pintadas dependiendo del dragón que vivía con esa familia, algunas casas estaban conectadas con otras desde las alturas, como si fuesen segundas calles.
Los dragones convivían con sus dueños y libremente por todo Berk, como debió haber sido siempre.
— Todo va bien, ¿no crees, amigo?— dijo Hiccup una vez estuvo solo. Se encontraba en su nueva casa, la cual se parecía a la de sus padres, salvo por el hecho de que estaba adornada con diferentes objetos de Furia Nocturna y algunos cráneos de su esposa, así como pentagramas en las paredes.— Hasta pareciera que Berk ya no nos necesita, ¿verdad?
No hubo respuesta por parte de Toothless, Hiccup frunció el entrecejo, ¿que sucedía?
— Hey, Toothless.— le llamó, meneando la cabeza de un lado a otro, intentando despertarlo.— Ya salio el sol, no deberías dormir todo el día.— le regañó, medio bromeando, sin embargo, él furia nocturna no regresó la broma medio adormilado.— ¿Toothless?— lo llamó, esta vez mas preocupado, estaba andando por la fragua preocupado, ¿que no estaba en su casa hace un rato? ¿como llegó hasta allá?— No es gracioso, deja de ignorarme, sé que estas ahí.— en realidad, no lo sabía, su cabeza se sentía... extrañamente vacía, no sentía al dragón en ningún sitio.— Toothless, escucha, ya sé que... ya sé que esto no es lo que querías, debí liberarte cuando pude pero... Pero no puedo hacerlo, todavía te necesito...
"Si es por lo de mi familia, lo acepto, es terrible que no puedas... tener hijos o algo parecido, pero podemos resolverlo, lo sé, solo no te vayas...— le pidió desesperado, aun sin obtener una respuesta, solo silencio en su hueca cabeza.
La puerta se abrió, revelando a su padre. Tenía canas, se veía incluso un poco mas delgado, caminó en su dirección.
— Papá... Pasó algo extraño, yo... cuando llamé a Toothless, ya sabes, para ir a volar o algo, él no me respondió... Creo que algo le pasó, yo...
La ventana de su fragua se abrió, revelando a Snotlout.
— Eh.. ¿hola?— dijo este, parecía fuera de lugar y sin entender mucho de lo que estaba pasando y de donde estaba.— ¿Este es Berk, no? Es que, nunca he estado aquí...— preguntó, desorientado.
— Sí...— respondió Hiccup, lo habían interrumpido en medio de su nerviosismo, tanto que ahora estaba hablando un poco mas entrecortado, como un actor al que le habían distraído en medio de su obra de teatro.— Este es Berk, Snotlout, ¿que estas haciendo aquí?
— No lo sé, aparecí aquí.— ya mas confiado, Snotlout volvió a su actitud habitual.— Esto es raro, no estoy siendo el protagonista... Debería, es lo habitual... Quizá estoy en el incorrecto...
— ¿De que estas hablando?
— Ah, de nada, iré a buscar el mio, este debe ser el tuyo. — dijo Snotlout antes de desaparecer de la ventana, caminando hacía otra dirección.— ¡Linda barba, por cierto!
Hiccup agitó la cabeza, confundido, pero también para despertar a su amigo, sin resultado. Volvió la vista a su padre, quien había dejado de caminar hacía él, Hiccup no podía ver mas que su silueta debido a la luz que entraba por la puerta.
— Escucha, papá, creo que Toothless, se fue.— continuó Hiccup, con miedo en los ojos.— Creo que finalmente me dejó... No lo sé, no me contesta, tengo miedo de que se haya ido, porque, ¿a donde pudo ir?— Hiccup se sentía tan nervioso, que no pudo evitar reír nerviosamente.— ¿verdad?— le preguntó a su padre, quien seguía quieto, sin moverse.— Es decir, vive en mi mente, yo lo hice...Lo hice para sobrellevarlo, porque no quería ser un dragón... Era demasiado estrés.— confesó, dándole la espalda y apoyándose en su escritorio, estaba rodeado de dibujos de furias nocturnas, de pentagramas y de runas.— ¿Cómo le dices a un niño de cuatro años que es un dragón? No, no, tiene que haber otra persona, otro culpable.— sudaba, cada vez estaba haciendo más calor.— Pero no tiene porque irse, lo tiene todo conmigo.— dio un puñetazo a la mesa, enfadado de repente.— Tiene comida, techo, le permito que vuele todas las mañanas al amanecer, le permito que toque a mis hijos, que mi esposa se monte sobre él...— dijo, respirando fuerte, sintiendo que le faltaba el aire. Lo atribuía al pesado olor de la fragua, que llenaba todo con olor a hierro fundido.— Me tiene a mí. No necesita a nadie mas cuando me tiene a mí, papá... Toothless no puede irse sin mí.— se quebró al decir aquello, sintiéndolo cómico en algún momento, era demasiado gracioso, ¿cómo no se le había ocurrido?— Tienes razón, papá, no se puede ir sin mí. Es mío, es mí dragón. Yo lo controlo, yo controlo este cuerpo de mierda, ¡yo soy el que decide cuando debe aparecer MI dragón!— gritó, histerico.— Y cuando yo digo que se manifieste... ¡Lo debe de hacer!
Estrelló su cabeza en el escritorio, esperando que con el golpe Toothless dejara de ignorarlo. Pero no funcionó, mientras reía sin control, siguió golpeándose, hasta que sintió como un espeso liquido le caía en los ojos.
Volteo a ver a su padre, quien seguía en la misma posición.
— Soy un monstruo, papá.— susurró Hiccup, recuperando el sentido, jadeando. Vino a su nariz el olor de la carne quemada de Berk, los grito de auxilio, los rugidos de dragones...— ¿Papá?
Se acercó a él, limpiando la sangre de sus ojos. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, se apartó con horror.
Era el cadáver de su padre, estaba quemado y se exponía parte de su cráneo y órbita de la carne quemada, tenía la mirada perdida, muerta, y despedía un olor fétido...
— ¡Papá!— gimió Hiccup, asustado, sintiendo que rejuvenecía y la barba aminoraba... Fue entonces cuando el entorno cambio, como si la fragua se incendiara y diera paso al Gran Salón, donde Mørke estaba sentada en la silla del jefe, sonriendo.
Las brujas estaban ahí, también, mientras él se encontraba en una jaula, le habían dejado en un camisón de dormir como los que usaba de pequeño y no llevaba las botas. Tenía frio...
— ¿Creíste de verdad que te habías librado de mí?— se mofó Mørke desde la silla, las demás brujas corearon sus palabras.— Casarte con mi sobrina y luego contaminarla... Eres un sádico, Hiccup Horrendous Haddock.— dijo su nombre completo, saboreando cada letra.— Un monstruo asqueroso, algo que no debió de existir, eres una abominación... Y lo peor es que lo disfrutas...
Hiccup se sentía cada vez mas pequeño, miró en el Gran Salón, los cadáveres de sus hijos se encontraban sobre su cabeza, suspendidos en el aire por cuerdas. Les habían realizado un corte por toda la columna, exponiendo sus pulmones, extendiendolos como si de alas de sangre se trataran, también les habían sacado los ojos y los dientes. Valka estaba ahí, debajo de ellos, con el pecho abierto, exponiendo los pulmones, lombrices salían de su herida, lombrices largas con dientes afilados, alguien había colocado su corazón aun latiendo en su puño.
Escuchó un jadeo a su lado, era Astrid, la cual se había clavado un hacha en el vientre hinchado. De esa herida no salía sangre, sino un espeso liquido negro; la cara de ella se observaba triste, llorando lagrimas de sangre, babeando el mismo liquido.
— Tengo que matarte.— le decía, apenas hablando debido a su herida.— Tengo que matarte y así acabara todo... Todo esto no hubiera pasado si te hubiera matado.— admitió, llorando de rabia, Hiccup se encogió, muerto de miedo, de asco, en shock.— Pero lo remediaremos... Mi tía lo va a remediar...
— ¡No!— la voz de Hiccup era la de un niño de cinco años otra vez. Lloró asustado, pero entre mas apartaba la vista mas cadáveres de sus seres queridos aparecían. Esta vez el cadáver torcido de Kaira estaba a sus pies, teniendo el mismo aspecto que cuando estaba poseída por Apofis.— ¡No, no! ¡Déjame en paz!— gritó, llamado a Toothless a todo pulmón en su mente, pidiéndole a él que lidiara con esta situación, que lo protegiera.— ¡TOOTHLESS!— lo llamó en voz alta, buscando con qué golpearse la cabeza, buscando despertarlo.— ¡TOOTHLESS!
— Aw, pobre bebé...— decía Mørke, acercándose a la jaula, como si Hiccup de cinco años le diera ternura.— Esta llamando a su dragón para que lo salve... Que pena que este gran héroe de Berk no es nada sin su dragón...
— ¡TOOTHLESS!— le gritó de nuevo, sintiendo como la carne le saltaba y volaba por la jaula mientras golpeaba su cabeza en ella.— ¡TOOTHLESS! ¡AHHHHH!
— ¿Quién diría que este chiquitín tuviera tantos miedos?— Batibat se colocó frente a él.— Me has hecho sudar con todo lo que he tenido que trabajar, pero funcionó, ¿verdad?— Hiccup no contestó, seguía empeñado en su tarea de despertar a Toothless.— ¿Quieres que pare?
— ¡Por favor!— lloriqueó.
— Entonces tienes que darme el conjuro para poder salir. Y prometo que haré que se detenga...
— ¡TOOTHLESS! ¡NO.. YO NO PUEDO HACER ESO!
— Bien, esperaré... De todas formas, creo que serás el primero en hablar... O puede que los gemelos lo hagan...
El niño gritó, pero su amigo no le escuchó.
Mientras se balanceaban en el maremoto, Tuffnut estaba balanceándose con Ruffnut, divirtiéndose. Todo estaba bien, Astrid lograría proteger el barco y nada ni nadie podría salir lastimado, sin embargo, cuando Ruffnut cayó del barco y fue succionada por la enorme ola, Tuffnut se preocupó.
Esto ya no estaba siendo divertido.
—¡Ruff!— gritó el gemelo, todavía sobre la cuerda, sin balancearse.—¡Ruffnut! ¡Vuelve! ¡Ruffnuuuut! ¡Oh, no!— exclamó alterado, al ver que la cuerda de su hermana volvía junto a él, pero sin Ruffnut.
La ola se la había tragado.
—¡Ruffnut!—la llamó, asustado, con la esperanza que ella saliera de cualquier lado, pero la verdad es que se encontraba solo.
Bueno, no tanto, porque vio como Snotlout pasaba por ahí, le echaba un vistazo al barco y negaba con la cabeza. Después de eso, se metió a la zona de carga y no regresó.
—¡Espera, Snotlout!—le llamó Tuffnut, no podía salir de donde estaba, es como si se encontrará paralizado.— ¿Hay alguien más? ¡¿Fishlegs?! ¡¿Eret!? ¡Mi hermana está en problemas!— gimió, asustado, tratando de moverse.— ¡Hiccup! ¡Astrid!— los llamó también a ellos, pero nadie acudía en su ayuda.— ¡Ruffnut! ¡Vuelve! ¡Ruffnuuuut!
De la ola, salió Batibat, quien hizo que Tuffnut, muy asustado, se aferrara aún más a la cuerda.
—¡Oh! ¿Quién eres?—la llamó al verla, pero al darse cuenta de su aspecto terrorífico, Tuffnut intentó cerrar sus ojos. El problema era que ahora, ni siquiera eso podía hacer.—¡Oh, no!
—Tu y tu hermana son sumamente simples.— se burló Batibat, Tuffnut sentía que iba a orinarse en sus pantalones.—Pero ella ya no está contigo...
—¿Y dónde está?
Batibat sonrió.— Me la comí, ¿No es obvio? — respondió, Tuffnut entonces comenzó a llorar.—Pero, si quieres que te la devuelva, solo necesitas decirme la oración que me permita salir de este barco...— sugirió el demonio, Tuffnut dejo de sollozar amargamente por un momento.
—P-pero A-Astrid di-dijo que no le di-dijeramos a na-nadie— dijo entre sollozos e hipos el rubio.— ¡No puedo decirte!
—Bueno, disfruta tu soledad, Tuffnut...
—¡Devuélveme a Ruff! ¡Ella no es tuya! ¡Es mi hermanita! ¡Es un seso de carnero, pero es mi hermanita! ¡Regresamela! ¡RUFFNUUUUT!
—Diablos, no entiendo cómo es que era novio de esa fea Kaira, estaba poseída por un demonio.— decía Hiccup después de dejar a Astrid en el suelo. Habían aterrizado y Hiccup había dejado de ser un dragón atemorizante a ser un muchacho guapo y fornido.— Rayos, ojalá Ruffnut fuese mi novia.— Hiccup hablaba con voz soñadora, mientras Astrid lo miraba muerta de celos.
—¡¿Por qué?! ¡Soy una bruja mágica, pero no puedo ser como Ruffnut!— Astrid hizo un puchero mientras se sentaba en el suelo, lamentándose.— Ella es tan bonita, con sus trenzas en forma de bolitas, y su linda cara afilada, es decir.— se giró a Hiccup, quien hacía un mohin con los labios.— Mírame, soy una chica con una cara demasiado redonda.— se lamentó antes de esconderse en sus rodillas.
—Oh, Astrid, no creo que sea tan malo.— la consoló Hiccup.— Si te hace sentir mejor, si no estuviera tan enamorado de Ruffnut, me quedaría contigo...
—¡No puedes tener a Ruffnut, cuerpo de pescado!— apareció entonces de un salto, Fishlegs, blandiendo una espada.
—¡¿Por qué no, gordinflón?!— preguntó Hiccup, sacando su espada de fuego. Astrid jadeó emocionada.
—Chicos, chicos, chicos...— Ruffnut bajó de la cuerda en la que se balanceaba su hermano.— No tienen porque pelearse por mi... Ya sé que soy fabulosa.— se pavoneo para luego coquetear usando sus trenzas.— De acuerdo, quizá si deje que se peleen por mi, será divertido, ¿Cierto, Tuff?
Tuffnut dijo algo inentendible, pero asintió.
— ¡Entonces es un duelo!— sentenció Fishlegs, Hiccup sonrió.
—Lo acepto.
—¡No puede ser, Ruff! ¿Cómo lograste todo esto?— Astrid se le acercó, llorando de pena.— Yo me muero por Hiccup, pero todo lo que hago no funciona...
En el barco, Fishlegs y Hiccup luchaban por el amor de Ruffnut, hasta que un silbido llamo su atención. Era Eret, a quien el sol iluminaba solo a él, se veía mucho más musculoso de lo que ya era, y tenia las mangas de su túnica rasgadas, exhibiendo sus musculosos brazos. Los otros dos restantes solo le miraron, asombrados.
— ¡Ya basta!— intervino Eret, haciendo temblar a todos en el barco.— No es necesario pelear por Ruffnut, porque yo mismo me proclamó como su prometido.
Ruffnut estaba que no se lo podía creer; Eret, Hijo de Eret se estaba proclamando como su único prometido.
—... Y este debe ser el de Ruffnut.— dijo Snotlout, saliendo del compartimiento de carga. Subió por el mástil donde se encontraba la canastilla de Fishlegs.
— ¡¿Qué?!— exclamaron los otros dos hombres restantes, con los rostros desfigurados de dolor. Habían perdido al amor de su vida por el guapo de Eret Hijo de Eret.
— ¡Ohhh, Eret!— gritó Ruffnut, este definitivamente era el mejor día de su vida.— ¿Lo dijiste en serio?
Eret se giró hacía ella con gallardía, para luego cambiar su semblante. De repente miraba con burla a Ruffnut, pero no era esa que usaba siempre que a los gemelos les salia algo mal, ni era irritación por algo que ambos hubiesen hecho. No. Esta era mas ácida, mas hiriente.
— Pero claro que no.— respondió Eret.— ¿Por qué alguien querría estar con alguien como tú, Ruffnut? Eres patética, no puedes hacer nada bien en este barco, no puedes ni siquiera trapear la cubierta.— le dijo Eret, Ruffnut se encogió en su lugar, dejando se sentirse fabulosa por un momento.— ¿Sabes que es lo que esta mal? El hecho de que sigas atada a Tuffnut, su cadáver te esta matando, Ruffnut, debes dejarlo ir...
Ruffnut se volvió confundida a ver a su hermano. Su estomago se revolvió al ver a su hermano arrojado en el suelo, su piel se veía azul con un subtono verdoso, tenía la mirada perdida, babeaba y moqueaba, olía horrible.
— Tuffnut...— susurró preocupada.
— Lo mataste después de hacer una de tus estupideces... Y ahora jamás volverá...
— ¡Tuffnut! ¡No!— gritó ella, abrazando el cadáver de su hermano.— No, no... Yo debía cuidarte, mamá me dijo que lo hiciera...
— Oh, vaya, a puesto que harías lo que sea para traerlo de vuelta...— dijo Batibat a sus espaldas.— Después de todo, es tu responsabilidad cuidar de tu pequeño hermano...
— Haría lo que sea...
— Entonces, dame el conjuro para salir del barco, estoy segura que lo sabes.
Ruffnut hizo un puchero, estaba llorando.— ¡No! Astrid me dijo que no lo hiciera, dijo que era peligroso.
— ¿Yo dije eso?— intervino Astrid, viéndose algo apenada.— Soy tan torpe,esta bien decírselo a Batibat, de verdad.
Ruffnut estuvo a punto de hacerlo cuando entonces abrió los ojos, sorprendida.— ¡No lo recuerdo!
— Bueno, entonces cuando lo recuerdes... Llámame.
Estaba en su casa otra vez.
Era bueno tener un lugar al cual regresar después de comerciar (o hacer piratería), su padre estaba orgulloso de él después de todo, había continuado el negocio familiar, aunque no de la misma forma en la que se imaginaba. Ya no se cazaban dragones, eso había quedado en el pasado después de que Hiccup Haddock desmantelara el negocio de Viggo Grimborn, después lo arrestara y luego de que le diera una segunda oportunidad; los tiempos después de eso y la derrota de Drago habían sido duros, pero ahora todo era mucho mejor.
Incluso los dragones los ayudaban a veces, cuando debía llegar a un sitio rápido, los terribles terrores elevaban el barco, como si no pesara nada. Estaba agradecido con eso, y toda su isla también.
Hoy era su cumpleaños, estaba ansioso por probar la habitual tarta de cumpleaños que su madre hacía para él. Estaba tan hambriento y la extrañaba tanto. Pero eso se acababa hoy, había dejado a su tripulación a cargo de la carga, y de hablar con Viggo; Hiccup era su segundo al mando, se había integrado a la tripulación después de su triunfo con Drago Manodura, junto con Astrid, su compañera.
Ella era extraña, parecía una vikinga común y corriente, pero a veces simplemente era... rara. No hablaba con nadie mas que con Hiccup, nunca quería comer lo que ellos cocinaban en el barco, ella creía que nadie la veía hacerle caras de desagrado a la comida, pero el lo notaba todo el tiempo, así como también el hecho de que nunca se quitaba sus muñequeras, ni siquiera para dormir. No era una mala chica, peleaba bastante bien y siempre lograba salirse con la suya, aunque tuvieran las de perder; Astrid sabía mas que todos en el barco, aunque Hiccup fuera el especialista en dragones, ella sabía sobre plantas, sobre enfermedades, y también sobre que hacer para evitar a las brujas.
Brujas. No habían ataques de brujas desde hace años. Estaban muy silenciosas desde hacía mucho, pero eso no evitaba que encontraran a veces restos de rituales, o casas abandonadas de ellas, e incluso a alguna. Pero Astrid y Hiccup se encargaban de eso, Hiccup en su forma de dragón y Astrid... Haciendo lo que sea que Astrid hacia.
Reparó en lo silenciosa que estaba la aldea ese día. No había nadie a la vista, ni siquiera ovejas corriendo por ahí, volteó su vista al barco, que se encontraba solo, con la carga aún en el muelle, como si se encontrará abandonada; hasta que escuchó pasos desde su barco, era Snotlout bajando de este, ambos de observaron por unos segundos, como si esperarán a que uno dijera las líneas del otro.
—¿No vas a decir nada? —preguntó Snotlout desde el muelle, Eret le miró confundido.
—No, creí que tú dirías algo.— le respondió. Snotlout suspiró y negó con la cabeza, aparentemente decepcionado por algo.— ¿Sabes por qué todo está tan callado?
Snotlout se encogió de hombros.
—No lo sé, tu creaste esto.
Esa respuesta dejo a Eret más confundido de lo que ya estaba, ¿Cómo que él había creado todo? Su mente no le permitía pensar más allá de que Snotlout estaba fuera de lugar.
No debería estar ahí.
—¿Que quieres decir?
Snotlout sentía que había algo que estaba mal. Nunca le había pasado el perderse en los sueños de los demás, por mucho que hubiese querido; le pasaba seguido que podía controlar lo que pasaba en sus sueños, pero esto era nuevo.
Las cosas eran siempre extrañas desde que Astrid estaba ahí. Quizá si encontraba a Astrid, sabría lo que estaba pasando, porque justo ahora, parecía que estaba poniendo pausa al sueño de Eret.
El cual, por cierto, estaba siendo aburrido.
—Oh, no importa. ¿Sabes dónde puedo encontrar a Astrid?— preguntó. No quería despertar a Eret, aunque su sueño fuese aburrido, era su sueño después de todo, y a nadie le gustaba despertar de un sueño buenísimo.
¿Astrid existía en ese sueño?
—No tengo idea de dónde están todos.
Oh, esa era una complicación.
—Oh, bueno.— soltó Snotlout, dándose cuenta de que tendría que buscar hasta dar con él, ¿Qué cosa le gustaba a Astrid? Quizá estaba en la bodega...— Voy a buscarla, tu continúa haciendo... Lo que sea que estés haciendo.
—¿De acuerdo?— Eret se giró cuando Snotlout volvió a entrar al barco, perdiéndose de su vista. El pelinegro sacudió su cabeza, sin darle demasiada importancia, era Snotlout, seguro que sabía cuidarse solo, pero eso no explicaba porque todo el pueblo estaba tan repentinamente callado.
Dio un paso más y todo pareció reanudarse. El viento del mar volvía a soplar, las olas volvían a hacer ruido, pero nada más, no había nadie además de él en el puerto. Siguió caminando hasta llegar a la casa de su madre, saludó a las ovejas... Había algo mal, sentía que eso ya lo había vivido, solo que su padre había estado junto a él.
Había una nota en la puerta. "Eret, hemos decidido hacer tu fiesta de cumpleaños en el barco. Con amor, mamá."
Era extraño, de todas formas abrió la puerta, topándose con el lugar desierto, como si nadie hubiese vivido ahí en años.
—¿Mamá? ¿Papá? ¿Ollie?— Entró en la lúgubre casa, estaba a oscuras, lleno de polvo, pero no parecía haber nada fuera de su lugar.— ¡Soy Eret! Bueno, Eret Hijo... Ya volví.— anunció, pero no obtuvo respuesta.— ¿Hola?
Algo estaba mal. Mientras más se encontraba dentro de ah casa, más sentía ganas de salir, el aire era frío, denso, erizaba los vellos de sus brazos le ponía la piel de gallina; tenía muchas ganas de salir corriendo de ahí, como si alguien le tratara de empujarlo, o gritarle que se fuera.
Recordó la nota, no lo pensó y salió de la casa a toda velocidad. La aldea seguía desierta y no la reconocía del todo, era como si la aldea de su infancia se hubiese mezclado con el Mercado del Norte, los puestos estaban vacíos, perfectamente ordenados, pero algo simplemente no estaba bien.
Llegó al muelle, el barco aún estaba ahí, balanceándose, como si estuviese abandonado. Eret corrió hasta el barco, subiendo de un salto.
—¡Chicos, hay algo raro en el...!— el barco también estaba vacío, perfectamente limpio.—... pueblo...— completó, viéndose solo.— ¿Muchachos?— preguntó caminado por la cubierta. No había nadie.— ¿Snotlout? ¿Encontraste a Astrid?— cuestionó, con la esperanza de que esté saliera de algún lado. Pero ni había nadie.
Hasta que se escuchó un ruido sordo y un gruñido. Venía de la parte del abajo del barco, seguido de más gruñidos y sonidos sordos, como si algo pesado y blando cayera al suelo del barco; sacó un cuchillo de entre sus ropas, alguien más estaba en el barco y definitivamente no era alguien de su tripulación.
—¿Muchachos?— preguntó Eret mientras bajaba al compartimiento de carga. Los gruñidos ahora se escuchaban mas fuerte, así como algunos jadeos, mas golpes y... Esos chasquidos que hace uno cuando...
Cuando come.
En el fondo, él sabía que iba a encontrar. Lo sabía porque lo había vivido antes, lo intuía, incluso podía...Vaya, hasta podía oler la sangre; pero trataba de tranquilizarse, creyendo que no era lo que estaba pensando, seguramente sus padres se encontrarían ahí, frente a una enorme tarta, junto a ellos, Ollie, su hermano. La tripulación estría ahí, tratando de guardar silencio, buscando sorprenderle.
Porque no iba a suceder otra vez.
La puerta de su oficina estaba entreabierta, aun así, no podía ver nada adentro. El olor era indescriptible, como sangre mezclada con algo mas herbal, pero Eret se rehusaba a creerlo, al estar frente a ella, el terror le impedía avanzar, sabía que si lo hacía, todo iba a cambiar de nuevo, se iba a quedar solo otra vez...
Con el cuchillo temblando en la mano derecha, abrió la puerta con la mano izquierda, lentamente, con cuidado, como si no quisiera molestar. Jadeó asustado al ver lo que había dentro, los sonidos de alguien masticando sonoramente, gimiendo de gusto, revolviéndole el estomago...
Astrid notó el cambio de luz, culpable, como si se tratara de una niña a la que la hallasen encontrado haciendo una travesura, levantó la mirada, haciendo la mirada mas dulce que Eret había visto. Pudo haberlo creído, pudo haberla consolado de no haber sido por la enorme mancha de sangre que cubría sus labios, mejillas y nariz; se encontraba de rodillas en el suelo, Hiccup estaba sobre sus muslos, con la garganta expuesta, se le podía observar los huesos del cuello, los músculos rasgados colgando, la sangre brotando y formando charcos de sangre. La situación a su alrededor no estaba mejor, su tripulación se encontraba a medio comer, junto a su familia.
La tarta seguía intacta.
—Lo siento...—susurró ella, se veía demasiado culpable.—...No quise hacerlo, es solo que... tenía tanta hambre.— se excusó.—No quería, lo juro...
Eret dio un paso atrás, jadeando, tratando de procesar lo que había pasado. Astrid se levantó, llorando.
—Acabo de matar a Hiccup...—sollozó, trató de limpiarse la nariz, manchando su cara aún más; ella trataba de alcanzarlo. Sus marcas de bruja eran visibles.— Eret, acabo de matarlo...
El hombretón no hacía mas que retroceder, colocando sus manos frente a él, temblando, tratando de no tocarla. Resbaló con una víscera que no pudo identificar, cayendo sobre su trasero, a los pies de la rubia. Se sentía congelado por el miedo, no se podía mover.
Lo siguiente que supo era que Astrid estaba sobre sus piernas, ella abrió su abdomen con los dientes y justo ahora extraía sus intestinos, mordiéndolos como si fueran dulces. Mientras sentía el inmenso dolor, sin poder moverse, Batibat apareció frente a él, la reconoció al instante.
—¿Te gustaría confiar en ella, verdad? Pero no puedes...—susurró Batibat, Eret se preguntaba por qué no moría, por qué si estaba siendo comido seguía estando consciente.—Sabes que esto pasará algún día... Y eso te atormenta día, tras día...
—... Por favor...—gimió Eret, apenas logrando masticar las palabras. Batibat sonrió.
—Oh, sí, acabaré con el dolor...—aseguró Batibat, fingiendo interés.— Pero antes, debes darme el conjuro para abrir el barco... Entonces, le diré a esta pequeña que te deje en paz.
Astrid gruñó.
—No...—jadeó Eret, recordando lo que Astrid (la que empezaba a recordar) le había dicho.—No, no puedo decirte...
—Que lastima... Entonces creo que quieres seguir sintiendo el dolor...—comentó apenada Batibat.— Cuando lo pienses mejor, cuando ella se este limpiando los dientes con las espinas de tus huesos, entonces espero cambies de opinión...
—¡No, espera! ¡Debe haber... otra... forma!
—Ay, Eret, ¿crees en serio que puedes negociar conmigo? Cientos lo han intentado, y jamás lo han logrado...
"No importa cuanto tu y tus amigos pidan ayuda, nadie vendrá por ustedes. Me parece este grupo muy interesante; es decir todos ustedes tienen miedos interesantes, ya sabes, el no ser aceptado a dónde sea que vayas y después ser traicionado por el chico que te gusta; ser abandonado por la única cosa que te da cordura, perder un pueblo, perder a tu hermano, a las únicas personas que crees que te quieren y... Caer del cielo, esperando morir..."
—¡No, esto no puede estar pasando!—gritaba Fishlegs, mientras se encontraba cayendo libremente, con cada metro bajado, se añadía uno mas, aumentando su miedo. Se imaginaba cayendo a la tierra (o al mar) y rompiéndose en mil pedazos. Es más, ya lo hacía, la piel de sus brazos se rompía dolorosamente, desgarrándose en dolorosas fisuras, que se abrían lentamente, ardiendo como el infierno, desintegrándose por la velocidad.—¡Ayuda! ¡Por favor!
"Es mi especialidad romper a las personas, quebrarlas con lo que mas les duele. Escarbo en sus mentes, tomo lo que me sirve y lo utilizo para mis puestas en escena; es toda una experiencia."
—¡Ruffnuuuut!—gritó Tuffnut, fuertemente aferrado a la cuerda, con la mirada en la ola que todavía no rompía contra el barco.—¡Hermanita!
—¡Oh, Tuff, como lo siento!—lloraba Ruffnut, abrazando el cadáver a medio descomponer de su hermano.—Debí ser una mejor hermana, yo te hice esto... ¡¿Cómo pude fallarle a mamá?!
"No importa cuanto peleen, ni que tan fuertes sean. Al final acceden, hasta el mas fuerte de todos los guerreros accede..."
—¡Toothless!—las manitas del Hiccup de cinco años se frotaban las heridas que él mismo se había provocado, indefenso en esa jaula, esperando a convertirse en dragón.— ¡Toothless! ¡No me dejes! ¡No puedo solo!— presa del pánico, empezó a arrancarse pedazos de su cabello, llorando a gritos.— ¡Te necesito!
"Las brujas también lo hacen, nadie puede escaparse. Y cuando logre salir de este barco, nadie mas en esta tierra podrá hacerlo..."
—¡Ayuda!—gritó Astrid, sintiendo que las cuerdas ya acababan con sus músculos y estaban a punto de exhibir sus huesos. El fuego quemaba sus piernas lentamente, sintiendo que la piel le se hinchaba para después reventar; las comisuras de su boca ya no existían, por lo que mientras mas gritaba, mas se desgarraban sus mejillas. A pesar de sus heridas mortales, ella era capaz de sentirlo todo, cada fibra muscular ardiendo, desgarrándose...—¡AYUDENME POR FAVOR!—lloró, pero sabía la triste verdad.
Soltó un grito medio de frustración y medio de dolor.
¿Cómo había podido Hiccup hacerle esto? Ella había confiado tanto en él... Ni siquiera estaba ahí para verla arder, se había marchado...
Como todos los demás...
—¿Astrid? ¡Astrid!
Excepto, quizás...
—¿Snotlout?—siseo ella, reconociendo la voz. Intentó girar su cabeza, pero solo logró que su mejilla doliera todavía mas.
El sujeto se acercó corriendo hacía ella, pero se detuvo unos cuantos metros del fuego, aterrorizado, cubriéndose la cara con las manos. El aspecto de Astrid era horrible, tenía gran parte de su cuerpo quemado y heridas con los huesos expuestos por donde pasaban las ataduras.
—¡Snotlout!—gritó ella, llena de dolor. Este seguía sin querer mirarla.
—Esto no es real, no es real, no es real...—se repetía a si mismo. Genial, Astrid estaba teniendo una pesadilla, aunque, en realidad, si lo pensaba, todos parecían tener una.— ¡Oh, por Thor! ¡Esto es horrible!
—¡Snotlout, tienes que sacarme de aquí!—gimió Astrid, este movió uno de los dedos que cubrían sus ojos, para luego volver a cerrar su ojo con fuerza.—¡Por favor! ¡Sácame de aquí!
—¡No puedo sacarte, Astrid! ¡Quizá solo debas despertar y ya!—grito Snotlout a su vez, Astrid lo miro confundida.
—¿Despertar?
—¡Si! ¡Esto es una pesadilla, no es real!
Al mencionar la palabra "real", Astrid lo recordó. Volvió en sí, ella había peleado con Hiccup esa misma tarde, él muy imbécil perdió el mapa y ahora estaban volando en un barco sin rumbo, el cual era elevado por terribles terrores.
Ella no estaba en Berk, ella no conocía a Hiccup de años. Estaba en la cama que Eret le prestó, dormida posiblemente sobre su libro de hechizos, probablemente con Stormfly a su lado, la cual debía tener el tamaño de un terrible terror, Hiccup seguramente en el pasillo, pasando un mal rato, porque ni siquiera podía pasar a dormir. Habían huido de la Isla de los Defensores, huyeron de esta, como lo habían hecho de la isla de las doncellas aladas, y de Nepenthe.
Estaba buscando la Tryllestav para acabar con su tía Mørke, quien había invadido Berk. Ella no era una rescatista de dragones, ella no iba a casarse con Hiccup, solo estaba un poquito enamorada de él; Heather y Ruffnut no eran sus amigas, no había baile del deshielo, no vivía en Berk. Vivía en Red Death, entre los restos de un dragón gigante, tenía diecisiete...
Y no estaba ardiendo en una hoguera.
Astrid sintió entonces que el fuego se apagaba, que sus heridas desaparecían, así como el dolor. Hiccup jamás le haría eso, ni siquiera estando furioso con ella.
—Sí...— dijo Astrid al fin. Snotlout volvió a intentar echarle un vistazo. Era ella, estaba ahí con la hoguera apagada, atada aún, pero sin las feas heridas; evidentemente era mas agradable verla así.—Tienes razón...—aceptó Astrid, tranquilizándose. La realidad la golpeaba con fuerza vertiginosa, pero era mucho mejor a estar condenada a arder.—Espera, ¿Cómo? ¡No puedo despertar!— admitió ella, dandose cuenta que por mas que cerrara los ojos y tratara de levantarse, ella seguía allí.—¿Qué es lo que pasa?
—¡No tengo ni idea!— respondió Snotlout.—Estaba tomando mi siesta del atardecer cuando de repente, desperté en los sueños de los demás.—explicó, sintiendo mas confianza en acercarse a la bruja.— Es raro, usualmente cuando sueño y estoy realmente agotado, pasa que puedo controlar lo que pasa, pero es como si no pudiera encontrar mi sueño... de todos estos.
Astrid suspiró, tratando de recordar que era lo que había pasado.
— ¿Sabes que pasó antes de dormir?— preguntó Astrid, Snotlout negó con la cabeza.
—Yo me dormí al atardecer, ya te lo dije. Hiccup le pidió a Eret que te dijera que la cena estaba lista, pero es todo lo que sé.
—¿Cena?—repitió, para luego recordar el cilindro que Fishlegs llevaba intentando abrir.— ¿Cómo son los sueños de los demás?
—Raros, algunos son demasiado felices, es como si alguien estuviese controlando lo que dicen, me refiero a que todo se siente acartonado, como esas obras de teatro que a Fishlegs le gusta ver...
—¡Oh, no!— exclamó Astrid retorciéndose. Ya lo estaba recordando.— ¡Es Batibat! No la atrapé, me engaño para que todos nos fuéramos a dormir.
—¿Quién es ese?— preguntó Snotlout haciendo una mueca.
—Batibat es el demonio de las pesadillas.— informó la rubia, Snotlout dio un salto al escuchar la palabra "demonio".—Al parecer estaba retenido en ese extraño cilindro... esa cosa rara que no se podía abrir o algo así. Fishlegs logró abrirla y por eso ella pudo salir. —Astrid negó con la cabeza haciendo una mueca.— Yo protegí el barco, así que ella no va a poder salir de aquí hasta que alguien le diga con que conjuro lo hice. Por eso nos tiene encerrados en pesadillas... a todos, menos a ti.
—¿Por qué yo no?—preguntó Snotlout, alterado y al mismo tiempo alterado.
—Debiste dormirte antes de que nos atrapara. Ella solo tiene control cuando te obliga a dormir.— concluyó la bruja.—¿Dónde estas dormido?
—Arriba, en la canastilla de Fishlegs.—Snotlout señaló hacia arriba, como si ella pudiera verlo, luego lo recordó:— Alto, ¿dices que hay un demonio? ¡¿Es cómo el que atacó a Kaira?! ¡Yo no puedo exorcizarlos a todos!
—No, con Batibat es mucho mas sencillo.— le tranquilizó, miró a ambos lados, esperando ver a alguien cerca. Aquel Berk no se parecía demasiado al Berk que recordaba, tenía... errores.—Solo necesito un frasco y...—cayó en la cuenta.— Estar despierta.—suspiró pesadamente.
—Oh, eso es fácil, me despertaré y después voy a despertarte.— resolvió el pelinegro encogiéndose de hombros. Astrid negó.
—No, no puedes despertar a nadie del sueño de Batibat, no de esa forma.
El tiempo corría, Astrid sabía que Batibat pronto volvería. Sería peor si encontraba a Snotlout, quizá él era la única esperanza que tenían para atrapar al demonio.
—Córtame.— susurró, Snotlout en un principio no le entendió, hasta que ella lo repitió.— Córtame, ¿tienes algo para cortarme o algo así?
—¿Por qué quieres que haga eso?
—Quizá logres despertarme si lo haces desde mi sueño. Si lo haces, quizá me duela de verdad y logre despertar.—Astrid le mostró su hombro, Snotlout no se veía muy convencido.—Snotlout, si no lo haces ahora, ella va a encontrarte y ahora de verdad que no habrá escapatoria.
Muy a su pesar, aterrado por hacerle daño a una bruja, Snotlout sacó una pequeña navaja de su cinturón, dirigió el filo al hombro de la rubia, con las manos temblando.
—Vamos, hazlo, procura que solo me duela lo suficiente para despertar.— le pidió.
Snotlout tomó aire y deslizó la hoja en su piel.
Despertó de golpe, gritando. Astrid dio un brinco de dolor en la cama, el cual la hizo caer de esta, se tocó el brazo, había ahí unas pequeñas gotas de sangre, así como una cortada pequeña. Jadeo, desorientada, pero al mismo tiempo sintiéndose feliz de haber despertado por fin.
—¡Te oí!—gritó Batibat, Astrid revisó con la mirada la extensa bodega, preguntándose que era mejor, si esconderse debajo de la cama o en una de las cajas.
Snotlout también despertó, solo que él no hizo ningún sonido. Sigilosamente, echó un vistazo hacía la cubierta; casi se orina encima al ver a la demonio, quien caminaba a toda prisa hacía el compartimiento de carga.
Escuchó un aleteo cerca, era Stormfly.
—Oh, no, Astrid...
Este capitulo es probablemente el mas importante para mí de toda esta historia. Es el que me convenció de armar esta historia y de empezar a terminarla ahora, aunque ya no siga la serie de Sabrina xd.
Espero que les guste este capitulo casi tanto como a mí, de verdad. Lo hice con mis lagrimas.
La parte de los sueños fue sumamente divertida, de verdad, tiene algo de gore, así que lo lamento (xd). Si me preguntaran cual fue el más dificil de hacer, diria que el de Hiccup definitivamente, quería que fuera erratico, inentendible, uno que reflejara lo mal que se siente al retener a Toothless y lo bien que se siente al mismo tiempo. El de Astrid me agrada porque es similar al canon, ¿vieron? Hasta esta vestida como en la tercer pelicula y todo.
Respecto al suspenso, ¿cómo harán Snotlout y Astrid para derrotar a Batibat? ¿lograran despertarlos a todos? ¿Qué pasará si no lo hacen? Recordemos que aún no tienen el mapa, ¿lograrán llegar a su destino? ¿Dónde esta Toothless? ¿Por qué él no tiene pesadillas?
¿Cúal fue su pesadilla favorita?
Todo esto la siguiente semana uwu
Cuidense mucho, los quiero uwu
