¡Sigamos!
Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell
Las puertas de la bodega se abrieron violentamente, Batibat analizó la habitación con detenimiento, observó la cama de la bruja, había un bulto envuelto en las sábanas, pero no tenía ese movimiento característico de la respiración, además, su metrónomo se estaba parado.
Apartó las sábanas de un zarpazo, revelando un montón de almohadas y paja en su lugar, entrecerró los ojos, enfadada. No pudo irse muy lejos, el barco no era lo suficientemente grande como para esconderse e incluso escapar; intentó sorprenderla debajo de la cama, sin éxito.
— Deberías estar dormida ya, niña...— dijo al aire, esperando alguna reacción, pero la bodega estaba desierta.— No puedes estar fuera de la cama, muéstrate, ¿Dónde estás?
Aún nada, Batibat gruñó por lo bajo y caminó fuera de la habitación, trataría de buscar en cada parte del barco y en cada sueño, probablemente ella estaba tratando de despertar a sus amigos. Dio media vuelta y se fue.
Astrid contó hasta diez, solo entonces se permitió asomarse, escuchando cómo Batibat daba otro portazo, entrando en el camarote de Eret. Era ahora o nunca.
Se quitó las botas y únicamente con las mallas cubriendo sus pies corrió silenciosamente hacía la puerta, casi tropezando con Hiccup, quien se hallaba dormido en el suelo. Pensó en despertarlo, pero tal y como ella sabía, despertar a alguien del sueño de Batibat era imposible si te encontrabas fuera de la pesadilla; le abandonó, muy a su pesar y corrió hasta la cubierta, buscando a Snotlout con la mirada. Se preguntó si ya estaba despierto, lo confirmó cuando escuchó un ruido sobre la canasta.
—¡Pssst!— ella alzó la mirada, viendo los cuernos del pelinegro sobresaliendo de la madera.— ¡Astrid!— la llamó susurrando, para después señalar la canasta. Ella inmediatamente corrió hacía el mástil y subió lo más que pudo, escuchando otro portazo, debían darse prisa.
Cuando finalmente llegó, Snotlout la ayudo a subir a la canasta. Ella tembló, eso había estado cerca.
—¡Oh, estas viva! ¡Cielos, esto es en serio, ella de verdad es horrible!— exclamó Snotlout, todavía con la voz queda.— No para de mirar la canastilla a veces, y ahora que sabe que estas afuera... ¡Oh, no, ella subirá!
Astrid miró a su dragón, suspiró aliviada al verla, el reptil también se veía feliz de verla despierta.
—No hay que perder la calma, no creo que lo haga...— murmuró, escuchando como Batibat la llamaba.— Por lo menos hasta que se de cuenta de que no estoy abajo...
La altura del barco disminuía, indicando que los terribles terrores iban a tomarse un descanso dejando el barco en altamar. Snotlout estaba desesperado, ninguno de los dos sabía donde estaban, el mapa lo tenía Hiccup en la parte de abajo, Eret estaba dormido y aunque tuviesen el mapa, él no sabía si después podrían guiar el mapa hacía una isla.
Y si aun no derrotaban a Batibat, ¿cómo iban a dirigir el barco?
—Bien, entonces, ¿cuál es tu plan?— le preguntó Snotlout, Astrid palideció.
—No tengo uno...
—¡¿Qué!? ¡¿Cómo que no tienes uno?!— la voz de Snotlout trataba de mantenerse queda, pero era algo difícil tomando en cuenta lo asustado y desesperado que estaba.— ¡Tú y Hiccup siempre tienen un plan! ¿Cómo puedes decirme que no tienes un plan?
—Bueno, no es como que planeemos mucho.—admitió Astrid, malhumorada.—Vamos formando el plan conforme a la situación...
—¡¿DÓNDE ESTAS, BRUJA?!
—Pues debes empezar a planear uno pronto o ella nos encontrará.— Snotlout se asomó hacía la cubierta, esperando ver algo.— Y ahora sí estaremos perdidos, oh vaya, ahora esas estúpidas redes servirían de algo...
Astrid frunció el ceño.
—¿Redes?— preguntó ella, Snotlout se volteó a verla, también confundido.— ¿Cuáles redes?
Snotlout negó con la cabeza, como si le restara importancia.—Oh, solo es un viejo cuento de la aldea de donde vengo.— respondió, sentándose contra la madera de la canasta.— Allá se acostumbra que cuando un niño duerme, debe colgar una tonta red de pesca sobre su cama, para que cuando vengan las brujas y se lo quieran llevar o molestarlo con pesadillas, los padres puedan atraparlas.— se sentía estúpido contando aquello, sin entender la utilidad de explicar la superstición que tenía su pueblo con las brujas.— Obviamente eso nunca paso, no atraparon a ninguna bruja, pero...
—Alto, Snotlout.— lo detuvo ella, sintiendo como venía una idea a su mente.— ¿Tienen redes de algo en particular o algo así?
—Una o dos, no estoy seguro, las que usaba Eret...—Snotlout se abrazó a si mismo, mirando a Astrid, sabía que tramaba algo, pero no tenía ni idea de que. Únicamente tenían las viejas redes para atrapar dragones, las cuáles eran algo pesadas.— ¿Sugieres que la atrapemos con las redes o algo así?
—¡YA ES HORA DE IR A LA CAMA!
—Quizá para atraparla en el frasco, debamos, ya sabes, entretenerla.— Astrid guardo silencio mientras Snotlout trataba de procesar aquello.— Necesitamos a Hiccup en su forma dragón, y distraerla, o si no, nos encontrara, ¿Puedes volver a tener un sueño lúcido?
El pelinegro negó con la cabeza.— Solo me pasa a veces, ya te lo dije, cuando tengo demasiado sueño... Y créeme que ahora ya no lo tengo.—aseguró apuntándola con el dedo para hacer énfasis.— Es demasiado arriesgado, las redes están en la zona de carga, ¿quién irá por ellas?
Astrid se quitó la capa, le pidió a Stormfly que se acercara y le colocó la capucha sobre el cuerpo, haciendo la ilusión de alguien flotando a lado suyo.
—Tu lo harás.— le dijo a Snotlout, este dio un respingo.—Yo despertaré a Hiccup y Stormfly te cubrirá... Estoy segura de que si muerdo un poco de camomila me dormiré un poco, lo suficiente como para...
—¡No, no, mil veces no! ¿Qué hago si me encuentra?—intervino Snotlout, asustado.—Ella me torturará así como lo hizo con ustedes...
—Esta mas preocupada por encontrarme.—aseguró Astrid, ella tampoco estando muy segura.— Mientras tanto, vigilen que me duerma y Stormfly— se dirigió a la dragón.— Asegurate que no encuentre a Snotlout o a mí, ¿de acuerdo, nena?
El dragón asintió para luego bajar volando. Snotlout tragó saliva.
—Me vendría bien saber mas de tu plan. Y aportar en él, ya sabes, para no morir.— le dijo, Astrid asintió.
Mientras Snotlout bajaba sigilosamente, Batibat corría tras Stormfly, quien, usando la oscuridad a su favor, engañaba hábilmente al demonio. Astrid se encontraba dormitando, concentrándose en aparecer en Berk (ahí era donde Snotlout había estado en el sueño de Hiccup), por lo que soñó con el lugar que ya había visto, no el ideal que ella se había creado en su mente.
Le costó trabajo al principio, y en varías ocasiones sentía que perdía el sentido. Era más difícil de lo que parecía, cuando empezó a desesperarse, le pareció encontrar el camino...
Hiccup, Hiccup...
Berk, Berk...
Hiccup, Berk, dragones, furia nocturna...
Cuando abrió los ojos, observó la aldea de Berk encendida en llamas, consumiendo una extraña versión de Berk, con casas mas altas y mucho mas poblado. A pesar de la destrucción y el ambiente desolador de la pesadilla, sonrió triunfante, aunque aún no sabía si estaba en el sueño de Hiccup exactamente.
—¡Hiccup!— le llamó, esperando verlo en algún sitio, camino, aun descalza en el suelo caliente de Berk, buscando a su amigo, ¿Dónde podría estar? Ella no conocía Berk, el único lugar que conocía un poco era la casa donde ella se había purificado, algo del bosque y el escondite de los mortales. Caminó sin rumbo, sabiendo que en realidad tenía poco tiempo para volver a estar despierta; hasta que algo la golpeo y la hizo retroceder.
Frente a ella no había nada, solo la calle que la introducía al pueblo, sin algún tipo de bloqueo. Extendió su mano hasta sentir algo parecido a una membrana que no podía ver.
Debe ser el límite del sueño.
Se levantó e intentó con todas las calles, hasta encontrar la que no estuviese bloqueada. Le costó trabajo y demasiado tiempo, palpando y chocando hasta que la encontró. Corrió hasta el final, donde se encontraban unas escaleras algo empinadas, en lo alto, se erguía un edificio grande, como pudo, subió las escaleras, esperando encontrar a Hiccup.
Como estaba soñando de forma lucida, todo su atuendo era el mismo que estaba usando en la realidad, por lo que tomó su cuchillo-hacha, sin saber que era lo que se iba a encontrar en lo alto de las escaleras. Las enormes puertas del edificio estaban entreabiertas, y mientras mas se acercaba, mas cosas oía del sueño, risas, palabras inentendibles y llantos.
No era cualquier tipo de llanto, a Astrid se le heló la sangre al escucharlos. Era un niño pidiendo ayuda, sumamente desesperado, asustado.
—¡BASTA, NO, NO!
—¿Hiccup?— susurró. Se estaba haciendo a la idea, que lo que estaba a punto de ver, probablemente iba a ser algo aterrador, mas que eso, pero tenía que salvar a Hiccup y despertarlo.
Irrumpió en el edificio. El lugar estaba completamente iluminado por las luces cálidas de las antorchas, había pentagramas mal dibujados en las paredes (¿por qué había tantos?), y cuerpos... Muchos cuerpos.
Identificó a Valka Haddock y al sujeto que los había casado, pero desconocía a los demás. Todos estaban en un terrible estado, le llamaron la atención los niños sin ojos colgados en el techo, con los pulmones de fuera, juraría que uno se parecía demasiado a ella.
A pesar de su intromisión, nadie se giró hacia ella. Avanzó en el lugar, sintiendo como las mallas se mojaban y se volvía incomodo pisar con ellas. No quiso bajar la mirada para saber el estado de estas; en el centro del lugar, se encontraba una jaula enorme, la misma en donde había conocido a Hiccup el día de su cumpleaños. De la jaula manaban gritos, las brujas de su aquelarre la rodeaban riéndose y arrojando cosas al interior de la jaula.
—¡NO, YA BASTA! ¡BASTA! ¡ME DUELEEEE!
Con la boca abierta, Astrid descubrió que le lanzaban piedras a un niño pequeño, que cubría su rostro sangrante, protegiéndolo, lloraba a gritos, desconsolado, con el cadáver de Kaira frente a sí...
Y con ella agonizando a su lado, embarazada.
Parpadeo varías veces, cubrió su boca con la mano. Negó con la cabeza y cerró los ojos, para luego, tomar fuerza y sostener su hacha encima de su cabeza, preparada para atacar.
¡Zaz! El primer golpe asestó a una de las brujas, quienes no tenían rostro. Ella gritó, pero cayó herida, las demás no se inmutaron, entre ellas, estaba Mørke y eso la hizo dudar por un momento.
No había visto su rostro desde hacía tanto que verla, aunque sabía que no era ella, le abrumó un poco.
—Tía Mørke...—la llamó, esta no le prestó atención, pero el niño en la jaula lo hizo.
Aunque sangraba a borbotones y los ojos los sentía demasiado empapados, pero podía ver perfectamente a su salvadora: Astrid, la de verdad,; ella volvió a asestar un golpe con el hacha, clavándose en el cuello de su tía, hiriéndola de muerte, prosiguió con el resto del aquelarre, con algo de dificultad, atravesar un cuerpo no era precisamente como atravesar mantequilla.
—¿Astrid?— aún así, no estaba seguro de si lo que veía podía ser verdad. Astrid se encontraba agonizante juntó a él, recordándole que ella pudo haberlo matado, que nada habría pasado si estuviera muerto...
Cuando terminó, jadeante, ella se volvió al pequeño, quien ahora la miraba con atención. El niño tenía varios golpes en la cabeza, se podía observar incluso, partes del hueso frontal expuesto, contrastando con los tejidos inflamados en su frente, le faltaban algunos mechones de cabello y su rostro, ademas de estar lleno de sangre, tenia gruesos surcos de lagrimas.
Astrid reconoció sus ojos verdes.
—¿Hiccup?— murmuró, acercándose a él, lentamente, estaba cansada, no estaba acostumbrada a usar su hacha tanto tiempo. El niño se encogió en su lugar, buscando protegerse.— Hiccup, soy yo, Astrid.— una vez llegó a la jaula, buscó la cerradura, la cual reventó con un golpe de su hacha. La jaula se abrió con un sonoro chillido, ella corrió hasta él y se puso de rodillas, pero él simplemente gritó, arrastrándose lejos de ella.—Hiccup, escúchame, vine por ti, esto no es real, es solo una pesadilla.— le aseguró, tratando de acercarse a él, haciendo la voz mas suave que podía. Nunca había hablado con un niño.— Esto no esta pasando, tú estas dormido, en el pasillo del barco de Eret, estamos buscando la Tryllestav, vamos a salvar Berk.— le recordó.
—No puedo encontrar a Toothless.— sollozó, flexionó sus piernas y hundió la cara en sus rodillas, abrazó su cabeza con los brazos.—No puedo encontrarlo...
—Hiccup, debes escucharme.— le pidió ella.— Es una pesadilla, estamos bien, todo esta bien, lo prometo.
Cuando alzó la cabeza, su rostro ya no tenía esas feas heridas y el cabello le había vuelto a crecer, el labio inferior le temblaba mientras lloraba, se enjugó las lagrimas con sus manos diminutas y respiró entrecortadamente.
— Estabas enojada conmigo.— le recordó Hiccup, con la voz rota, aun siendo un niño, alejándose un poco más, abrazándose a sí mismo con mas fuerza. Ella negó con la cabeza.— ¡Me odias!
—No, no, no lo estoy... Y tampoco de te odio.— le consoló, acercándose mas a él. Este solo la miró aún con desconfianza.— Tú eres mi amigo, ¿Lo recuerdas? Estamos en el barco, tu hiciste un nuevo mapa...
El niño la miró fijamente, sus ojos le infundieron confianza, de pronto, vino a él. La primera vez que los vió, llenos de confusión, de terror y de curiosidad, como si ella pudiera leerlo desde dentro; recordó lo desconcertante y al mismo tiempo reconfortante que fue eso. La mirada llena de piedad que le dirigió despúes, antes de decidir no matarlo.
—Sí...— el niño asintió, tranquilizándose un poco más, su mirada siempre le parecía como una bocanada de aire fresco. — Lo hice... ¿Qué es lo que pasó? ¿Dónde están los demás?— preguntó preocupado.
—Escucha, Fishlegs liberó un demonio llamado Batibat al abrir el cilindro raro que encontramos con las doncellas aladas, ese que dijiste que tenía un nombre raro —dijo refiriéndose al vendkort— creí atraparlo, pero creo que es mas complejo que simplemente atraparla en un frasco.— explicó, el niño cada vez mas recuperaba el control sobre su llanto.— Nos obligó a dormir, y a tener pesadillas horribles, Snotlout logró sacarme de mi sueño, de alguna manera logró tener un sueño lúcido, pero, no importa, debo despertarte desde este sueño. No hay otra forma en la que se pueda...
—¿Snotlout?— la interrumpió el niño después de sorber con la nariz.
—Si, al parecer olvidamos que él estaba dormido mientras pasaba lo del demonio.—Astrid aún se sentía algo culpable por haber dejado a Snotlout de lado, lo mismo sentía Hiccup.— Ahora, voy a despertarte, necesitamos que te conviertas en dragón para ayudarnos.— lanzó el hacha al techo y regresó en forma de cuchillo.— Prometo que no dolerá...
—¡No!— negó el niño, colocando sus manos frente a él.— Si lo que dices es verdad, entonces no es a mí a quien debes despertar.— indicó, Astrid le miró confundida.— Debes despertar a Toothless...— indicó con voz fuerte, para luego añadir en menor volumen.—... el problema es que no lo encuentro.
—¿Quién...? ¿De quién hablas?— balbuceo Astrid. El niño se observaba algo apenado.
— Toothless es el dragón, él es el que sale cuando le pido que lo haga.— intentó explicar, Astrid aun no lo estaba entendiendo.— Quizá si solo lo despiertas a él, Toothless logre convertirse...
—No te entiendo...
—Despierta y ve a despertarme.— le pidió el niño, ahora parado frente a ella.— Si Toothless esta ahí, cuando mi cuerpo parezca despertar, se transformará. Confía en mí...
—¡NIÑA GROSERA, VUELVE AQUÍ!— se escucho vociferar a Batibat, ambos se volvieron. Quizá se había dado cuenta del engaño, eso, o volvía por Hiccup a torturarlo de nuevo.— Tu sigues, Hiccup Haddock...
—Tienes que irte.— le pidió, para luego empujarla fuera de la jaula, sus manos crecían poco a poco, como si aumentara en años.—Yo la distraeré, despierta a Toothless, sal de aquí.—le indicó, la voz le estaba cambiando confirme pronunciaba cada palabra.
Una vez Astrid se encontró fuera de la jaula, regresó la mirada al niño, quien ahora tenía la apariencia del Hiccup de la edad que conocía.
Salió del edificio, para luego toparse con que el escenario había cambiado, estaba en la cubierta del barco, llovía y lo único que podía ver era la enorme pared de agua que amenazaba con romper contra el barco.
—¡RUUUUUFFNUUUUUUTTTT!
Alzó la vista para observar a Tuffnut, sosteniéndose de una cuerda, llorando mientras observaba la ola de mar. Astrid se acercó a él.
—¿Tuffnut?
—¡Astrid!— Tuffnut se veía mas aliviado, pero no demasiado.— ¡Ruffnut y yo jugábamos con las olas del maremoto, y de repente una ola se llevó a Ruffnut!— le gritó, ella observó la ola.— ¡Luego vino una señora muy fea, y me dijo que ella...!—sollozó, volviendo a recordar lo ocurrido.— ¡... se había comido a Ruffnut!— dijo antes de romperse y llorar a gritos.
Astrid no tenía ni idea de como consolarlo. — No, Tuffnut, escucha, estas soñando, Ruffnut esta bien...
— ¡No es verdad, yo la vi irse!
— ¡Es cierto, esto es una pesadilla!— le gritó, Tuffnut negó con la cabeza.— ¿Recuerdas lo que te dije sobre guardar el secreto del conjuro? Lo que dije que era muy importante.
— Me dijiste que no se lo dijera a nadie...
— Sí, lo dije antes de que fueras a dormir.— le recordó, Tuffnut se tranquilizó en ese instante.— Ahora, Tuff, necesito que hagas algo por mi...
Al abrir la puerta del camarote, Astrid se topó con ella misma comiendo los intestinos de Eret directamente de su vientre. Tuvo que tragar su propio vomito después de observar el camarote repleto de cuerpos a medio comer, con ella misma, comiendo como si fuese un animal. Eret dirigió su mirada a ella, no parecía estar muriendo, solo sufriendo en silencio mientras una bruja comía lentamente de él.
— ¿Por qué hay dos de ti?— preguntó Eret, al borde del colapso, soltando el aire de sus pulmones. Astrid se hincó frente a su cabeza.
— Esto no es real, estas teniendo una pesadilla, Eret. Soy la Astrid de verdad— se señalo a si misma.— Si esto fuera real, ya estarías muerto, ¿No crees?
Eret suspiró de alivio, el dolor disminuía conforme ella le aseguraba que se trataba de una pesadilla. La bruja (la de verdad) le explicó la situación a grandes rasgos, convenciéndolo que tenían un plan, y que debía despistar a Batibat.
Al abrir la puerta del camarote, el escenario volvió a cambiar, revelando la cubierta. Esta vez, el barco no se encontraba en altamar, sino volando impulsado por decenas de terribles terrores, en dirección al amanecer, Ruffnut se encontraba llorando, junto con una versión teórica de Tuffnut, que se encontraba inerte. Los demás en el barco solo le miraban sin emociones, como si estuvieran esperando instrucciones de como sentirse.
— Ruffnut...— le dijo Astrid, acercándose a ella, tratando de no asustarla. Ruffnut seguía muy enfocada en llorarle a su hermano con un insano color azul en su piel.— Ruff, tranquila, no es lo que crees.
— ¿No es lo que creo, Astrid? ¡Mi hermano esta muerto! ¡Eres tan tonta...!
— Hey.— no le cayo bien el comentario, aun así Astrid se enfocó en ayudar a Ruffnut.— Ruffnut, esto es una pesadilla, lo que estas viendo no es verdad, ¿recuerdas como despertaste?
Ruffnut alzó la cabeza, recuperándose rápidamente.
— ¡No! ¡No lo recuerdo! ¡Tienes razón!— la muchacha estaba emocionada.— ¡Tuffnut esta bien, Eret aún puede quererme y batirse en duelo con los demás para obtener mi amor!
Astrid alzó una ceja. Mejor no preguntar.
— Escucha, Ruff, el demonio que creo esta pesadilla es Batibat, ella vendrá a preguntarte sobre el conjuro que use para cerrar el barco...
— Oh, ya lo hizo... Pero le dije que no lo sabía, y es que de verdad no lo sé, es muy difícil para mi memorizar cosas...
— No, Ruffnut, necesito que la distraigas.— la frenó Astrid.— Finge que lloras un poco a Tuff y luego llámala, dile que lo recuerdas e inventa algo para hacerle una broma.
— Amiga, hablas con la señora de las bromas.— alardeó Ruffnut con soberbia.
Astrid le sonrió.
— Lo sé, confió en ti y en Tuff.
Subió por el mástil donde se encontraba la canastilla, al abrir la trampilla para entrar, su cuerpo fue succionado por el aire. De repente, se encontraba cayendo al vacío, a una velocidad impresionante, no se veía el final, y la tierra (¿o era el mar?) se veían mucho mas lejos cada vez. Gritando, encontró a Fishlegs en la misma situación.
Repitió lo mismo.
— Pero, soy un pésimo mentiroso.— gritaba Fishlegs, ahora con la piel como nueva.
— Solo distráela por un momento, estará bien.
Después de eso, despertó al mismo tiempo en el que el barco se balanceaba al estar nuevamente en altamar.
Susurró algo para hacerlo pesado de nuevo, antes de que este se hundiera. Tenía que despertar a ese tal Toothless.
Snotlout trataba de hacer el menor ruido posible mientras caminaba con las redes de metal en los brazos. Astrid le había dicho que si tardaba demasiado, fuese a despertarla, obviamente después de encontrar las redes; eran pesadas, pero nada desafiantes para él y sus enormes músculos.
Estuvo a punto de salir del lugar cuando observó una capa volando a toda velocidad por el pasillo, con el demonio Batibat detrás, dando manotazos, como si quisiera atraparlo. Se encogió dónde estaba y se escondió detrás de una caja, esperando no ser visto.
—¡Te voy a atrapar!— gritaba el demonio, Stormfly llegó a la bodega y dándose cuenta de que ya no había salida, se detuvo justo a lado de la caja donde estaba Snotlout.
¡Oh, no!
—¿Por qué te detienes aquí?— siseó el pelinegro a la dragón, estaba perdido ahora. — ¡Largo! ¡Busca tu propio escondite!
—Ya te tengo.— murmuró la voz del demonio, profunda y tétrica.— Te pondré a dormir en una pesadilla peor que la anterior por desafiarme...
Pero al quitar la capa, se reveló al Nadder Mortífero, quien volvió a dispararle un ataque de magnesio. Batibat gritó de sorpresa y dolor, aturdida cómo estaba, casi ciega, Snotlout aprovechó para huir del lugar y volver a la cubierta a toda velocidad, sin importarle que ahora estaba haciendo ruido.
—¡Gracias, dragón!— le siseó, pero sonó mucho más fuerte de lo que debía ser. Stormfly le siguió, huyendo también
—¡Tú! ¡Pequeña tramposa!— gritó Batibat con frustración y dolor, lanzando golpes en todas direcciones, chillando de rabia.— ¡Bruja malcriada!
El grito retumbó por todo el barco, Astrid casi resbala del mástil. Bajó tambalenadose, escuchando el sonido de las redes chocar contra el piso; Snotlout estaba haciendo demasiado ruido, Batibat podía atraparlo en cualquier momento, se volvió molesta hacía él.
—¡Callate! ¡Ella va a encontrarnos!—le espetó en voz baja, Snotlout se encogió, pero no dijo nada más. Subió hasta el timón y acomodo una de las redes sobre la puerta. Astrid asintió antes de entrar por Hiccup.
Batibat estaba dispuesta a levantarse cuando escucho la voz de Hiccup llamándole.
—¡Batibat!— gritaba, aún desde su jaula.— ¡Ven! ¡Te diré el conjuro!
El demonio sonrió, chasqueo los dedos y ya se encontraba de nuevo en el Gran Salón. Un Hiccup de cinco años estaba ahí, enfrentándola en los barrotes de la jaula, las brujas se habían ido.
—Muy bien, veo que alguien tomo la decisión correcta.— Batibat se acercó al niño, quien se veía con mejor aspecto que antes.— Habla.
—Primero, debes prometerme que me sacaras de aquí.—condicionó el niño, nervioso. Batibat entorno los ojos.
—Dímela o no hay trato...
Hiccup tomó aire, le pidió a Batibat que se inclinara para poder decírsela, como si fuese algo super secreto.
— "Mi mama no likeit yum-yum on di bum*"— le susurró Hiccup en dragonés, aguantando la risa. El demonio le miró furiosa. Con sus garras le tomó del cuello de la camisa, atrayendo su pequeño cuerpo hacia su boca.
—No juegues conmigo, sucio mortal.— le amenazó, Hiccup le sonrió con suficiencia. Antes de que Batibat pudiese agregar algo mas, escuchó a Eret llamarla.
—¡Oiga! ¡Creo que... estoy listo para... decirle... el conjuro...!
—Te castigare mas tarde.— aseguró antes de desaparecer.
Eret seguía en la misma posición, esta vez, simulando que sentía dolor. El sueño ya no le parecía tan aterrador ahora que ya sabía que no era real.
—Bueno, escupelo.
Eret tomó aire, como si la acción le doliera mucho.
—Era algo sobre... sobre... las estrellas...—divagó Eret, levantando su brazo para moverlo de izquierda a derecha para hacer énfasis.— A Astrid le gustan las estrellas... y comerme... evidentemente...— divagó como si estuviese moribundo, para desesperar a Batibat.— ¿Alguna vez usted se preguntó... por qué las brujas comen vikingos? ¿es por nuestro sabor...?
Batibat le pateo la cabeza, pero no le hizo mucho daño.
—¡Llámame cuando lo recuerdes, imbécil!
Astrid corrió en silencio hasta donde estaba el joven dormido, el metrónomo seguía en marcha, viéndose sin escapatoria, decidió arrastrar a su amigo dentro de la bodega, tomándolo de los pies y jalando con fuerza. Hiccup era mas pesado de lo que parecía, y aunque le tomo demasiado esfuerzo, logró introducirlo dentro, una vez ahí, movió unas cajas frente las puertas y se quito las muñequeras para poder tapar las rendijas de esta con ellas.
—¡Oye!— le llamó, moviendo el cuerpo inerte de Hiccup, sacundiendolo de un lado a otro con fuerza, buscando despertarlo. Este pareció gruñir y fruncir brevemente el ceño, pero no despertó; Astrid resopló, desesperada, buscó el barril de agua y tomó uno de los cuencos para beber, lo lleno con el liquido y se dirigió hacía él.— ¡Despierta, grandulón!— dijo antes de derramar el agua en la cabeza del muchacho.
Despertó, pero no inmediatamente, cuando sintió que las fosas nasales de Hiccup se llenaban de agua y ya no le permitían respirar, Toothless se levantó, desorientado. Normalmente, quien solía despertarlo era Hiccup, una vez que sacudía su cabeza o cuando le despertaba con la voz; nunca despertaba solo.
Era raro que Toothless despertara solo, porque, bueno, él era bastante flojo. Incluso había momentos en los que él no estaba despierto mientras Hiccup lo estaba, pero sinceramente, era extraño (De verdad, extraño), despertar sin Hiccup. Jadeó con el cuerpo de su hermano, sintiéndose pequeño, extraño y sumamente... Débil.
Se sacudió, esperando despertar a Hiccup, pero no lo logró. Entró un poco en pánico, su hermano estaba dormido, lo sabía, lo sentía, ¿por qué no despertaba? Trató de descifrar como ponerse de pie, pero era difícil con la vista de Hiccup, nunca se acostumbraba a la mala vista que tenían los humanos, era demasiado básica y borrosa, abarcando colores inútiles...
Hiccup, tu cuerpo apesta, le dijo, pero su hermano seguía dormido por lo que volvió a sacudirse. Si eso no funcionaba, tenía que golpearlo con algo... O transformarse.
—¿Hiccup?— escuchó una voz a su espalda, el dragón en forma de hombre le miró. Era Astrid, la chica que solía sacar de quicio a Hiccup (en el buen sentido... A veces también en el malo) y la que adoraba tocar las nubes, se veía preocupada; no sabía como hablar en el cuerpo de Hiccup, por lo que disimular sería un problema. La chica pareció dudar por un minuto antes de volver a llamarlo, esta vez por su nombre.— Es decir, ¿Toothless?
Toothless dio un respingo, ¿cómo sabía que...?
—Auuuuuhhhaaagggg.— fue lo único que pudo decir con las cuerdas vocales de su hermano humano. Los dragones no tenían eso, ¿o si lo tenían? Tendrían que averiguarlo, con esfuerzo, logró decir dos palabras.—Hooooo... laaaaa... Aaaa... ssssss... tiiiiiiiddddd— enunció, alargando las sílabas, se le dificultaba decir el "trid", no era bueno diciendo la R; la saludó con la mano derecha, sacudiéndola lentamente, ante la atenta y sorprendida mirada de la bruja. Sonrió con todos los dientes, esperando que su plan de disimular que era Hiccup funcionara.
—Diablos, era verdad.— susurró Astrid, esperando que quien sea que estuviese en el cuerpo de Hiccup no lograra oírla. Toothless lo hizo, después de todo, sus oídos estaban conectados con los de su hermano. Dejó de sonreír, esto de ser humano en serio apestaba.— Escucha, Toothless, Hiccup esta en peligro, un demonio lo tiene secuestrado y...
Hiccup esta justo aquí, quiso decirle, lo estas mirando, solo esta dormido.
— No sé como explicarte esto.— Astrid se veía frustrada, llevó una de sus manos a la coronilla, tratando de calmarse.—Hiccup esta dormido, teniendo pesadillas, y no se puede despertar gracias a un demonio que esta...
—¡YA TE TENGO!— ladró Batibat del otro lado de la puerta, mientras golpeaba la puerta. Las cajas tambalearon.
Astrid tragó saliva.
—... bueno, ya esta aquí.—continuó, Toothless entonces supo que hacer, tenía que mandar a volar a lo que sea que estaba detrás de la puerta.— Necesito que seas un dragón y... me ayudes a capturarla.—completó, pero Hiccup ya estaba temblando, su piel se seccionaba lentamente, los huesos se rompían y crecían, las alas empezaban a romper su espalda para poder salir y los dientes se le afilaban poco a poco. Astrid dio un paso hacia atrás, no importaba cuantas veces veía a Hiccup transformarse, seguía pareciéndole un espectáculo impactante.
Toothless le gruño a la puerta, se colocó en posición para disparar. Cuando Batibat abrió la puerta por fin, lanzando por los aires las cajas de madera con un sonoro estruendo, no se esperaba ver al enorme furia nocturna. El metrónomo de Hiccup seguía, ahora a mayor ritmo.
Y Astrid estaba junto al dragón. Astrid, la de verdad.
—¡TÚ! ¡MOCOSA, BRUJA GROSERA...!
Todo pasó muy rápido, Toothless extendió una de sus alas para proteger a Astrid, haciéndola caer sobre su trasero en el proceso. Batibat no había dado ni un paso cuando Toothless le arrojó un potente ataque de plasma directo al pecho, arrojándola por los aires, la potencia fue tal, que el demonio atravesó todo el pasillo hasta estrellarse contra la puerta del camarote de Eret, rompiéndola en mil pedazos.
Un ataque así, pudo haberle roto la espalda a un mortal, pero a un demonio lo aturdía un poco.
Triunfal, y aún con algo de humo en el hocico, Toothless le regresó la mirada a Astrid, quien lo miraba con los ojos muy abiertos. Ella le regaló una sonrisa sincera, se levantó.
—Ven, sígueme, tenemos que llevarla a la cubierta.—le indicó encaminándose fuera de la bodega.— Y gracias por eso...— agregó, aun sintiéndose incomoda al hablarle a un dragón de verdad.
Ni lo menciones, pero me ha salido bien, ¿no? Le intentó decir, alardeando. Ella siguió caminando, como si no le escuchara. Toothless llegó a la conclusión de que quizá ella solo podía hablar con Hiccup.
Ambos subieron a la cubierta, una vez dragón y bruja estuvieron fuera de las escaleras, Snotlout termino de atar la cuerda que le impediría el paso. Este se impresionó al ver al dragón.
—¡Lo lograste!— exclamó Snotlout. Eso significaba que estaban salvados.— ¿Tu te subirías sobre él?
Astrid negó con la cabeza y le señaló. Toothless no estuvo de acuerdo no le gustaba que le montaran sin previo aviso y Snotlout tampoco.
—¡¿Qué!?
—Necesito que la ultima red caiga desde arriba, vamos, chicos.—explicó ella, Batibat gruño molesta desde el piso de abajo.
Mientras se levantaba, Batibat miró molesta a los cuerpos de los vikingos. Seguían dormidos, pero los metrónomos estaban desajustados, como si estuviesen soñando cada uno a un ritmo distinto.
—¡Hey, señora! ¡Se lo diré!— grito de pronto Fishlegs. Ella fue hasta él, pero se harto al escucharlo balbucear tanto.
—Espere, es que estaba en latin... y es algo complicado decirlo, era algo como pandemónium, o era algo así como...
—¡Callate!— le espetó, a punto de cortarle la cara. Hasta que la voz de los gemelos inundó sus oídos.
—¡Señora demonio!
—¡Ya recuerdo el conjuro!
—¡Ya puedo decirle el conjuro!
Cuando apareció con Ruffnut, se sorprendió de ver a ambos gemelos en el barco, como si sus pesadillas se hubiesen fusionado.
—Primero que nada, debe saltar en una pierna.— comenzó Tuffnut, todavía sobre su cuerda.
—Debe hacerlo unas ocho veces hacía atrás, ocho hacía adelante...—continúo Ruffnut.
—Y ocho veces a ambos lados, formando una cruz.— terminó el gemelo.
—Cómo el tío Gorstaag hacía antes de tratar de dormir...
—Seh...
—¡YA BASTA!— exclamó Batibat, harta. Todos sus prisioneros parecían burlarse de ella en aquel momento.— ¡¿Que es lo que ustedes, par de retrasados es lo que están intentando hacer?!
Ambos gemelos se encogieron de hombros.
— Distraerte.— respondieron al mismo tiempo, para luego regalarle una sonrisa boba de suficiencia.
Batibat gritó de furia nuevamente, berreando de coraje subió por las escaleras, encontrando a la bruja que había estado buscando, completamente sola, descalza y con una cuerda de estambre entre sus dedos índice. Extendió sus manos hacia ella, ahuecándolas, como si quisiera ahorcarla.
—Pequeña bruja.— siseó, no sabía como, pero esa niña había logrado que ninguno de sus prisioneros le tuviera miedo.— Te pondré a dormir, pequeña puta...
—Ven por mi.— la reto Astrid, tensando el estambre. Batibat corrió hacia ella, cegada por la ira.
—¡No eres mas que un fraude! ¡Tu y tu madre no aprendieron nada sobre ser una bruja!— chillaba Batibat, Astrid trataba de ignorarla, pero también quería escuchar mas. Batibat trastabillo con la cuerda que Snotlout había puesto para hacerla caer, Astrid tensó mas la cuerda y tal y como lo había hecho con Heather, empezó a enredarla con ella.— ¡Ambas son ingenuas! ¡Creen que pueden desafiar la voluntad del Señor Oscuro!— le espetó, buscando como liberarse de la cuerda encantada.— ¡ESTO NO ME DETENDRA!
—No, pero la red sí.—hizo una seña con los indices, como si le indicara a algo que se acercara, una de las redes de hierro de gronckle voló del timón del barco hasta Batibat, enredándola aun mas. Astrid silbó al aire, para después decir:— ¡Ahora, chicos!
Toothless voló a toda velocidad, mientras Snotlout gritaba aterrado, haciendo un sonido agudo algo insoportable. Cuando estuvieron a la altura deseada, Snotlout pareció recobrar el sentido y arrojó la red para dragones a Batibat, una vez sobre ella, Astrid hizo mímica con sus manos, imitando los movimientos que haría si estuviera atando algo y lo dejara muy apretado.
Pronto, Batibat se volvió una masa de hierro de Gronckle y demonio. Estaba acabada.
Toothless aterrizó con gracia, pero Snotlout cayó de cara a la cubierta del barco, este le reclamó al dragón y este gorjeo en disculpa.
Astrid se acercó para capturarla (ahora sí) dentro del frasco.
—Muy, bien, es hora: ¡Turpis et infernis in terris pariunt. Adiuro vos tamen hoc graecas manos!
Eret abrió los ojos de golpe, se encontraba sentado en su escritorio, aplastando con la cara uno de los mapas fallidos de Hiccup, no babeaba, por suerte. Asustado, casi como acto reflejo, revisó su abdomen, palpando esperando sentir sus intestinos y el enorme agujero que Astrid (la del sueño) le había hecho con los dientes; se sintió aliviado de solo sentir los abdominales que tenía y nada más. Se recargó sobre su silla, observando como uno a uno de los tripulantes se despertaba.
Los gemelos le siguieron, despertando de un salto, con un sonoro jadeó. Se sentaron en el suelo de un salto, con algo de dolor de cuello, puesto que la posición en la que habían caído dormidos no había sido la ideal y al verse se abrazaron.
—¡Ruffnut!— gritó el gemelo apretando fuerte a su gemela.— ¡Mi fea hermanita!
—¡Tuffnut!— exclamó la gemela, imitando la fuerza de su hermano al abrazarlo.— ¡Mi maloliente hermano!
Al tiempo, Fishlegs despertó gritando, creyendo que seguía cayendo. Lo cierto es que él era el único que había logrado colgar su hamaca en la oficina de Eret, debido a que tenía demasiado sueño como para salir de ahí y buscar donde mas hacerlo; por lo que cayó y derribó algunos mapas que Eret tenía fijos. Adolorido, pero feliz de haber despertado, volvió a ponerse de pie.
Hiccup despertó, dándose cuenta que no estaba en su cuerpo, sino en el de Toothless. En el cálido cuerpo de su hermano dragón.
¡Hola, dormilón! Le saludó Toothless con alegría.
Astrid sostuvo el frasco donde Batibat estaba encerrada, con triunfo. Estaba tan orgullosa de sí misma que estaba a punto de dar saltitos de alegría.
—¡Por la madre Lillith! ¡Acabo de atrapar a mi primer demonio... Está vez en serio!— exclamó sin cuidado.
—¡Así es como se hace! ¡Snotlout, Snotlout, oí, oí, oí!— celebró a su vez el pelinegro a su lado, Astrid corrió hacia donde estaba el furia nocturna.
—¿Está despierto?— preguntó ella, sin poder evitar sonar feliz y con voz chillona. Toothless asintió y restregó su hocico entre el cuello y el pecho de la joven, quien rio fascinada por las cosquillas que le propiciaba la piel áspera del dragón. Toothless se permitió darle un lenguetazo, para sorpresa de la bruja, quién trató de limpiar la saliva.
Pronto, las escamas se convirtieron en piel y unas manos en su cintura la elevaron unos centímetros del suelo con facilidad. Hiccup, ahora en su cuerpo, la levantaba mientras giraba sobre si mismo.
—¡... horrible, gracias!—fue lo que alcanzó a decir Hiccup una vez recupero sus cuerdas vocales.— ¡Podría besarte!— soltó sin pensar.
Astrid borró su sonrisa, y la reemplazó por una cara de sorpresa, con sonrojo incluido. Hiccup dándose cuenta de lo que había dicho, también se sonrojó, sintiéndose como un auténtico idiota.
—¿Eh?— preguntó Astrid incómoda.
—¡No me refería a...!— intervino él, nervioso de repente.— ¡Es una expresión! Es algo que solemos decir... No me hagas caso.—cortó este, depositando a la bruja en el suelo. Astrid se abrazó a sí misma, incómoda, y sintiendo como si montones de terribles terrores le destrozaran el estomago.
Hiccup sentía algo parecido. Bien hecho, para nada incómodo, se burló Toothless entre risas.
— Callate.— mustió para Toothless, Astrid le miró con curiosidad.
—¡Estamos despiertos!—gritó Tuffnut triunfante mientras subía las escaleras, su hermana junto a él con Eret y Fishlegs pisándole los talones.
—¡WUUUUUHUUUUU!— exclamaba Ruffnut.
Astrid sonrió de nuevo, esta vez enseñando los dientes un poco.
—Adiós, Batibat.— murmuró Astrid mientras soltaba el frasco en medio del mar. Este se hundió con facilidad y terminó perdiéndose en las aguas oscuras para no volver.
Desearía haberte preguntado como conociste a mamá.
Los demás estaban en una rueda, unos junto a los otros, cenando lo que Hiccup había preparado y que nadie tuvo la oportunidad de probar. Era algo así como estofado de pescado, Astrid no tenía ni idea de que era; cuando la euforia por ganarle a un demonio por segunda noche consecutiva se fue, la rubia empezó a sentir náuseas después de todo lo que había visto.
Aún así, cuando Eret le pidió mínimo acompañarles, Astrid no pudo negarse. No iba a revelar lo que había visto, no lo sentía correcto; se sentó junto a él y junto a Ruffnut, no quería estar cerca de Hiccup, primero que nada, porque aún estaba algo enfadada con él, en segundo lugar, porque lo mas probable era que él también estuviera enfadado con ella y en tercer lugar... Por qué la sensación de estar cerca de él a veces era insoportable.
—En serio, Snotlout, lamentamos mucho haberte dejado de lado.—le aseguró Eret una vez Astrid salió de sus pensamientos, reparó en que, no importaba cuanto se esforzara, siempre iba a estar involucrada con el castaño, porque no paraba de pensar en él y porque aunque se había sentado lejos, él estaba sentado frente a ella.
—Nah, ni lo menciones.—Snotlout le quitaba importancia al hecho de haber sido abandonado a su suerte en un barco.— Solo no lo hagan de nuevo.— pidió, molesto.
—¡Piénsalo bien, Snotlout!— exclamó Tuffnut, después de darle un bocado al estofado.— ¡Te salvamos de tener esas feas pesadillas!
—¡Sí, en realidad eres afortunado!— coincidió su hermana.— Y muy valiente.— añadió con voz pícara, ilusionando al pelinegro y poniendo celoso a Fishlegs.
—¡Uhhh, sí!— intervino su gemelo.— Tuve un sueño terrible, Ruff.—le aseguró, su hermana se volteo hacia él, todo oídos.— Soñé que todos en el barco se iban y que tu y yo jugábamos en el maremoto, ¿recuerdas? El que ocasionó la tía de Astrid.— explicó, para sorpresa de todos. Nadie quería hablar de las pesadillas que habían tenido, pero ver a Tuffnut contando la suya de modo terapéutico era algo... valiente.— Entonces a ti te comía una ola y yo me quedaba ahí, esperándote a que salieras... Pero no salías, así que llegaba esta mujer demonio... Y decía que te había comido, y que no ibas a regresar.— aseguró, como un niño pequeño contándole la historia de su sueño a sus padres.
Su hermana se enterneció con el relato de su hermano.
—Bueno, el mio trataba de como Hiccup y Fishlegs peleaban por mi amor.—admitió Ruffnut con voz soñadora, los aludidos dieron un respingo, Hiccup frunciendo el ceño, y Fishlegs preocupado.
—¿Y quien ganaba?— preguntó Fishlegs, Hiccup, a su lado le miró sin poder creer que le importara el resultado de una pelea ficticia en el sueño de Ruffnut.— Solo para saber...— añadió tímidamente, sabía que en la vida real, Hiccup lo hubiera vencido... O bueno...
—Nadie, porque llegaba Eret y se autoproclamaba mi prometido.— respondió Ruffnut orgullosa. El semblante de Fishlegs cayó, Snotlout sintió celos de su capitán y Eret casi se ahoga con un trozo de pescado. Astrid intentó no soltar una carcajada, Hiccup sonreía divertido.— Y es que al principio, todo parecía un sueño perfecto...
—Ya era una pesadilla para mi.—murmuró Eret por lo bajo.
—... Pero de repente, Eret decía cosas horribles... Y entonces, te veía ahí, Tuff, muerto.—admitió ella, mirando a su hermano, preocupada.— Todos me decían que era mi culpa... ¿Recuerdas lo que dijo mamá antes de... irse?— le preguntó, Tuffnut asintió.— No podía soportar haber roto la promesa de cuidarte y de vivir sin ti, ¡Hacemos todo juntos siempre! Así que desde hoy declaro que me rehúso a hacer algo yo sola, ¿me oíste?—tomo a su hermano de los hombros.
—Siempre has sido la mas valiente de los dos.— dijo Tuffnut asintiendo, con lagrimas en sus ojos.—Mamá debió llamarte a ti "Tuffnut"**.
—Pero no lo hizo, te llamó a ti Tuffnut.— y le abrazó.
Eres miraba enternecido la escena. Los gemelos casi nunca hablaban de su pasado, era algo casi prohibido entre ellos, aunque si llegaba a hablar de algunos de sus familiares que llegaron a conocer... O de sus innumerables "tíos", quienes se trataban de los marineros que los solían cuidar en el Mercado del Norte.
A Viggo habían dejado de llamarlo "tío" cuando esté les pidió entre dientes que dejarán de hacerlo después de colgarlos de los tobillos por haber dejado escapar a un dragón. Pero seguían haciéndolo de vez en cuando, en especial cuando estaban solos.
Fishlegs tuvo la necesidad de hablar de su sueño, sentía que no podría dormir jamás si no lo sacaba.
—Ehh... ¿Podemos hablar de nuestras pesadillas?— inquirió con timidez el joven. Todos asintieron.— Es que... Bueno, Astrid me vio caer, pero en realidad así no empezaba mi sueño... Primero estábamos todos en el barco, entonces, los terribles terrores soltaban el barco y todo salíamos volando.— explicó avergonzado.— Entonces yo caía sin fin... Era extraño, como si me desintegrara. Pero lo que más me dolía, además de caer, es que todos ustedes estaban cayendo también, pero yo no podía hacer nada para salvarlos.— agregó con la cabeza gacha.— En especial a ti, Ruff.
—¡Aww!— exclamó ella enroscado en su dedo una de sus trenzas.— Eso es muy sensible, Fishy...
—Ay si, muy sensible.— repitió Snotlout con sarcasmo.
Eret fue el siguiente en hablar.
—Bueno, ya que todos vamos a contar nuestras pesadillas.— empezó haciendo de lado su plato, colocándolo junto a sus pies mientras se estiraba.—... Mi sueño era algo sangriento.— admitió. Astrid hizo una mueca, recordando las vísceras.— Estaba basado en la vez en la que huí de la aldea de dónde vengo. Esa vez era mi cumpleaños número 13, había regresado con mi padre de pescar.— relató con voz seria, con los ojos de la tripulación puestos en él.— Habíamos partido temprano y... Al regresar el pueblo estaba quieto, muy solitario, cómo lo estaba en mi sueño, ¿Recuerdas Snotlout?
El aludido asintió.— Era aterrador, parecía que solo estábamos él y yo.
—Bueno, así estaba el pueblo cuando mi padre y yo regresamos.— continuó Eret con aire sombrío, los gemelos parecía que estaban escuchando una historia de terror.— No entendíamos lo que estaba pasando hasta que llegamos a la casa, y... Bueno, vimos a una bruja... El punto es— recobró la compostura antes incluso de perderla, con una habilidad impresionante.— Fue el mismo escenario, solo que en el barco, y no solo era mi familia, sino... También ustedes. Que son básicamente como de mi familia.— admitió sonriendo.
—¡Awww, mi amor!— Ruffnut corrió hacia el hombreton, quitándole el aire de un abrazo. Su hermano le siguió dándole un abrazo por el otro costado, Fishlegs también le abrazó, casi llorando por aquella declaración; Snotlout por su parte, hizo mala cara, rodó los ojos y se resignó a unirse al abrazo.
Hiccup y Astrid se miraron entre sí, en realidad, él ya la estaba mirando, frunciendo los labios, mirándola como si quisiera decirle algo. Ella apartó la mirada.
—Muy, bien, creo que me van a asfixiar.— dijo Eret de forma ahogada, tratando de zafarse del reconfortante pero asfixiante abrazo.— Chicos, ya basta, no puedo respirar.
Snotlout fue el primero en soltarse, le siguieron Fishlegs y Tuffnut. Ruffnut seguía aferrada a su costado.
—Puedo vivir con esto.— murmuró Eret, viendo que Ruffnut no estaba dispuesta a irse. Astrid tenía la mirada gacha, tratando de evitar la de Hiccup y también sintiéndose abrumada por el sueño de Eret. Ella era la que se lo estaba comiendo...— Oye, Astrid, sobre lo que viste...
—Esta bien, Eret, de verdad.— ella hizo un intento por levantarse. No quería hablar de eso, de hecho, no quería ni siquiera recordar que estuvo ahí o en su propio sueño.
—No, no lo creo.— respondió él, decidido a decir lo que iba a decir.— Sí, es verdad, me das miedo, mucho miedo. Evito dormir demasiado porque... Tengo miedo de ti.— admitió sin ningún atisbo de vergüenza en su semblante, los demás le miraron sorprendidos.— Me aterraría dormir y darme cuenta que el barco está más silencioso que de costumbre, siempre estoy alerta porque lo que pasó... Me marcó. Perdí a mi familia por la gente que te crío y no estoy dispuesto a perder a la nueva familia que tengo.
"Y lamento mucho eso. Pero, no quiere decir que te odie, es más, me agradas; tu y Hiccup nos han metido en problemas, pero han sabido salvarnos a todos, sí, bueno, ahora ya no nos quieren en las islas a las que hemos ido...
—Y nos han amenazado de muerte...
— Sí, eso.
— Y siempre corremos de un lugar a otro, e incluso hechizaron el barco.— apuntó Snotlout.
—El punto es...—Eret recordó el punto de lo que iba a decir.— Cuando te llevaste a Ruff creí que sería el fin, que ella no volvería pero, cuando la trajiste de vuelta...— hizo una pausa, para hacer énfasis.— Supe que debía confiar en ti, no eres peligrosa. quizá seas una bruja y adores al Diablo, pero no eres mala.
Astrid le sonrió a punto de romper a llorar. Ella simplemente asintió, apartando la mirada.
— Gracias...—susurró, encogiéndose en si misma.
—¿Qué hay de ustedes? ¿Soñaron algo en especial?—intervino Tuffnut, rompiendo el momento. Astrid se lo agradeció secretamente porque estaba sintiendo demasiadas emociones en ese momento y no tenía ni idea de como manejarlas.
Afortunadamente Hiccup respondió.
—Bueno, soñé con mi aldea.— empezó, no dispuesto a contar todo. Eso de la familia con Astrid era algo vergonzoso y no quería incomodarla mas de lo que ya estaba.— Era un día normal en Berk y de repente todo se mezclaba...
—¡Uhh! ¡Recuerdo haberte visto con barba!—señaló Snotlout algo burlón.—Era una buena barba, pero he visto mejores.
—¿Ah sí? No recuerdo mucho.— mintió ruborizándose, incomodo. También recordaba ese momento donde había perdido el control.— Lo único que recuerdo es Astrid llegando conmigo, y yo estaba en una jaula, las brujas me arrojaban piedras. Fuera de eso, todo se siente borroso.
Astrid decidió mentir de nuevo, lo de la boda era demasiado vergonzoso, en especial con Hiccup sentado frente a ella. Batibat tenía razón con que su sueño era demasiado "adolescente".
— Recuerdo que era una aldeana de Berk, todo parecía normal hasta que descubría que era una bruja.— resumió Astrid rápidamente, en realidad no estaba mintiendo, parte del sueño trataba de eso.— Entonces, la aldea me quemaba viva...— concluyó, asintiendo.— Ahí fue cuando me encontró Snotlout.
— Seh, no me lo recuerdes.— respondió Snotlout, para luego cruzarse de brazos.— Cuando fui con Eret me di cuenta de que esto ya no estaba siendo tan normal y que la única respuesta es Astrid, ya saben, porque siempre pasan cosas raras si ella está cerca... ¡Pero también sabes solucionarlo!— reparó antes de que sus palabras se malinterpretaran. Astrid le dio una mala cara, estuvo a punto de decirle algo ácido cuando Fishlegs se levantó y caminó con rapidez hacia un objeto en el suelo, todos lo reconocieron de inmediato, era el extraño cilindro, llamado vendkort, de donde Batibat había salido.
— Quería asegurarme de que estuviera bien.— aclaró Fishlegs.— Es que lo arrojé lejos y...
— ¿Funciona ahora?— preguntó Eret, con Ruffnut todavía colgando de él.
— Tendremos que averiguarlo.— animó Fishlegs, luego se acercó a Hiccup lentamente.— Eh, Hiccup, ¿te importaría prestarnos tu espada... La que enciende fuego, estaba pensando que con la luz normal tal vez se observe algo diferente.
— Claro.— acto seguido, sacó con gracia el mango de la espada, apretó un botón y la encendió en segundos, todos elevaron las cejas al observar el mecanismo, todos adoran la espada de fuego, dijo Toothless. Con cuidado, acercó la llama hacia el agujero por donde debía entrar la luz, pero no reflejó mas que esta.
— Ohh, bueno, creo que lo único que queda es...
— Si, lo sé.— Hiccup se levantó, se estiró y cambio su cuerpo por el de Toothless.
Toothless hizo una llama baja, y con ella iluminó el extraño proyector. Frente a ellos, se proyecto un dibujo lleno de lineas y puntos,manchas irreconocibles y algunas runas formando la palabra Teyøkeh, Fishlegs se sintió decepcionado, ¿habían liberado a un demonio para eso?
Astrid sintió lo mismo. Un demonio la había torturado en sueños solo para ver un montón de puntos que no significaban nada.
— Oh, vaya, ¿todo para esto?— espetó Snotlout, realmente enojado.— Me subí en un dragón y atrape a un demonio de los sueños, ¿para esto?— Astrid le hizo mala cara, ella había hecho gran parte del trabajo.— Bueno, lo atrapamos juntos...
— No sé que tiene de malo.— dijo Tuffnut a su vez, su hermana asintió y se soltó finalmente de Eret, quien agradeció secretamente el gesto; quería a Ruffnut, pero no de esa manera, era mas como si fuera su hija o su hermana menor.
— Exacto, es demasiado obvio que es un mapa, ¿como no lo ven?— dijo ella con suficiencia. Ambos gemelos caminaron en dirección a la pared en donde estaba reflejado el dibujo.
— Esos garabatos de ahí, es el agua, lo que parece una nariz, es una isla.— señaló Tuffnut, indicando lo que veía con su dedo.— Esas barras son rocas y lo que esta al centro es...
— ¡La Tryllestav!— Astrid se levantó de donde estaba, ella y Hiccup lo habían dicho al mismo tiempo.
— ¿Como saben todo eso?— preguntó curioso, Snotlout.
— Somos expertos en interpretar imágenes abstractas.— contestó Ruffnut con triunfo.— Si tienes un dibujo con un montón de bolitas y palitos, nosotros sabremos que es.
Snotlout, confundido miró a Fishlegs, quien se encogió de hombros mientras negaba con la cabeza.
— No, ellos tienen razón.— Astrid tomó el objeto y con cuidado, giró una de los octágonos para tratar de ajustarlo, tal como Hiccup le había indicado. Lentamente, las figuras empezaron a moverse, dando lugar a un dibujo mas entendible.
Era un circulo, a su alrededor habían dibujos que simulaban aire en la parte superior y agua en la inferior, algunas grecas triangulares, flechas que indicaban al circulo que provenían desde la esquina inferior derecha, un dibujo que parecía un hongo gigante, algunos dibujos parecidos a cuarzos o cristales rodeaban la parte interna del circulo, señalando con las salientes una calavera, y arriba de esta, la imagen de la Tryllestav. Una varita con su propia empuñadura, dibujada con varios adornos.
En lo alto de la proyección podía leerse Heksøyet.
Eret también se levantó, sacó el mapa que Hiccup había vuelto a trazar, poniéndolo delante de sí, lo acomodo para que coincidiera con la parte superior del mapa, donde se cortaba.
—Es la continuación.— dijo en un susurro.
¡Es la continuación para encontrar la Tryllestav! Exclamó Hiccup emocionado, Astrid asintió sonriendo, nuevamente, de alivio.
El collar con el dije de luna que la anciana en Berk le había dado brillaba de nuevo, con intensidad.
Hiccup tocó la puerta de la bodega, para después tratar de abrirla. Esta se abrió con suavidad, revelando a Astrid en la cama, cubierta con una manta, dormitando mientras leía uno de sus libros.
Era hora de dormir. Esta vez sin demonios que te torturaban.
— Hola.—murmuró Hiccup, tratando de no hacer mucho ruido. Eret ya no tenía puerta y lo mas seguro era que podía escuchar ahora todo con claridad.— ¿Puedo pasar?
Astrid, que ya le había dirigido la mirada en el momento en el que Hiccup había murmurado el saludo, asintió antes de decir un débil "sí" y regresar la mirada a su libro, Stormfly, por su parte, le gruñó en advertencia, diciéndole en dragonés que no se acercara. Hiccup sabía que ella aun estaba algo molesta, pero justo ahora le preocupaba que no quisiera gritarle o algo similar, pensándolo bien, desde que habían estado en la isla de las Doncellas Aladas, Astrid ahora parecía ser mas dulce con él, bueno, ella ya no lo trataba como a un desconocido.
Le dolía mas que lo ignorara a que le golpeara.
— Solo me llevaré las mantas de aquí, iré a dormir con los demás en la cubierta...— avisó esperando una reacción en ella y esperando no actuar tan herido. ¿Por qué se sentía tan herido?
— No, puedes quedarte.— respondió ella, aun sin quitar la vista en el libro. Astrid lo estaba leyendo para así cansar sus ojos y ayudarle a dormir, pero ahora que Hiccup estaba ahí, estaba con la mirada fija en una de las ilustraciones.—Debes dormir aquí, de todas formas.
— Puedo irme si te molesta.— soltó Hiccup. Astrid le miró con el entrecejo fruncido.
— Prefiero que estés aquí. Si debo despertarte será mas fácil.
Tratar de dormir era peor que cualquier cosa en el mundo. Dio vueltas en la cama, sin entender porque no podía pegar el ojo y dormirse, incluso podría roncar tal y como lo estaba haciendo Hiccup, quien estaba echado sobre su manta, en una posición extraña, las piernas extendidas en tijera, el brazo izquierdo cubriéndole los ojos, la boca abierta y el otro brazo sobre su barriga; Astrid sintió envidia de él.
Viendo que la situación no mejoraba, se levantó y sin necesidad de colocarse las botas de nuevo, caminó a la puerta, no sin antes arropar a Hiccup con la manta que ella tenía.
Hiccup por su parte, sintió el cambio de temperatura y se movió, mas cómodo que antes, colocándose de lado, abrazando con la mano derecha la almohada en su cabeza. Toothless y él roncaban al unisono, ambos compartían el mismo espasmo en la pierna izquierda, que hacía que la estiraran de vez en cuando. Estaba tan cansado que no detectó el movimiento de Astrid al salir.
Lo que sí detectó fue la saliva salir de su boca y mojar su mejilla, junto con la almohada. Abrió los ojos y gimió molesto, odiaba babear, siempre lo hacía cuando se quedaba dormido en su fragua, sobre sus dibujos y carbones. Se movió, acomodando su cuerpo y sin querer miró hacía la cama de la rubia, solo para darse cuenta de que estaba vacía, ni ella ni Stormfly estaban ahí.
Se levantó lentamente, tratando de no marearse. Rascó su cabeza y observó que tenía sobre él la manta que faltaba en la cama, bostezó, sacudió su cabeza, se levantó y echó un vistazo a la bodega.
—¿Astrid?— preguntó, rascándose la cabeza con la mano izquierda, mientras Toothless, con su mano derecha, rascaba su barriga. La sacudida lo había despertado brevemente antes de volverse a dormir.
Ante la nula respuesta, salió de la bodega, preguntándose si estaría con Eret hasta que un sonido lo detuvo. Era como si alguien raspara un objeto de metal, podía reconocer ese sonido en cualquier momento, había vivido la mayor parte de su niñez en la fragua de Gobber, afilando hachas y espadas.
Al subir casi se da en la frente, pero logró ver las hamacas de los gemelos a tiempo, se agachó, escuchando los sonoros ronquidos de Fishlegs, quien se encontraba dormido en la parte de arriba, cerca del timón. Snotlout había vuelto a subir a la canasta y estaba durmiendo ahí.
Astrid estaba en la proa, muy cerca del filo del barco, afilando su hacha, con Stormfly a su lado, durmiendo. Hiccup caminó con sigilo hasta donde ella estaba tratando de no despertar a nadie, ni a los gemelos o a los terribles terrores, que dormían encogidos en las velas.
Ella tenía buen oído, porque aún así, le escuchó. Se giró para verle y luego volvió a lo que estaba, Hiccup se sentó junto a ella, observando el vaivén de las olas; la noche estaba estrellada, la luna llena les iluminaba. Había sido una noche larga y no parecía tener fin.
— ¿Te conté como obtuve esta hacha?— habló Astrid con voz neutral, Hiccup se volvió, no esperaba que le hablara así, aguardaba por una frase mas golpeada y un tono mas ácido. Negó con la cabeza.— Tenía como seis años, un vikingo naufrago llegó a Red Death.— relató, sin dejar de pasar la piedra afiladora en la hoja de su hacha.— Así se llama la isla dónde crecí "Red Death", era un dragón reina, gigante, pero... lo derrotamos y comimos sus partes.— añadió, para desagrado de Hiccup.— En fin, este sujeto llegó y no sabía en lo que se estaba metiendo hasta que lo cazaron; esa misma tarde, cenamos por primera vez en mucho tiempo, carne de vikingo a las brasas.— el nombre la hizo sonreír divertida, Hiccup trató de imitarla aunque sentía el estomago revuelto.— No he comido vikingo desde entonces, claro. La carne es muy dulce y llega a ser asquerosa.— agregó para no preocuparlo... O hacerlo vomitar.— Al día siguiente, en la clase de brujas, respondí una pregunta que no era para mí, ya sabes, la bruja que enseñaba le preguntó algo a alguien mas y yo respondí.
"Es que ella se estaba tardando demasiado, y yo ya estaba harta.— aseguró la rubia, Hiccup continuó escuchándola.— La bruja que enseña me mira y me dice que soy una insolente y sabelotodo, que al Señor Oscuro no le agradan las brujas insolentes y sabelotodo. Después de eso, me dio una bofetada.— suspiró recordando ese momento tan molesto.— Después me dijo que, si seguía así, el Señor Oscuro me quitaría mis poderes, y sin ellos, bueno, me las vería negras.
"Fue cuando me puse a pensar: las brujas no usan armas, la única arma que tienen, es su magia. Estaba acabada si yo no sabía como defenderme. Así que empecé a hacer un plan para robar el hacha del vikingo.— levantó el hacha, mostrándole el mango, la madera estaba tallada con algunas grecas, runas y un nombre que Hiccup pudo leer "Fearless Finn".— Sabía que mi tía la encontraría, además, era muy pesada para mí en ese entonces. Planeé mi asalto con dos días de anticipación, espiando a las cocineras, estudiando los horarios en los que se marchaban de la cocina.
"Esos dos días estuve practicando por horas ese hechizo en el que mezclas dos cosas en una y al hacer un movimiento o decir algo, cambia a la que quieres, lo practiqué hasta que me salió perfecto.—contó orgullosa de sí, Hiccup sonrió mientras se reclinaba hacía atrás, sujetando con las palmas su peso.—Tomé el hacha y un cuchillo de mantequilla, dije el hechizo y...—con un movimiento de muñeca, arrojó el arma hacía arriba. Este dio un par de vueltas y regresó a su mano en forma de cuchillo de mantequilla.—Ya tenía mi propia hacha. Comencé a practicar como usarla, aunque no tenía ni idea de como sostenerla. A la larga aprendí, claro, pero no estoy acostumbrada a pelear mucho con ella, en Red Death no había con quién practicar, salvo los arboles.— suspiró. Miró a Hiccup.— Quisiera aprender mas a usarla. De eso iba mi sueño, yo era una gran guerrera, aún bruja, pero, guerrera después de todo.
Volvió su mirada al cielo, como si buscara algo entre las estrellas. Sus ojos azules, profundos, brillaron con la luz plateada de la luna, el cabello rubio incluso se veía mas platinado; era bonita, Hiccup siempre lo había dicho, pero también era cautivadora, había algo en ella que le estaba robando las ganas de observar la luna y las estrellas.
—La persona que me quemaba en la hoguera eras tú.— admitió ella con la mirada perdida. Hiccup se movió hacia adelante, irguiéndose.— Me engañaste y me llevabas a la hoguera. Podía sentirlo todo, las sparers y el fuego quemándome, pero me dolía aún mas que, aunque habías dicho...— Astrid se frenó, no iba a decirle todo.—... que eramos amigos, me llevaste a la hoguera.
—Nunca haría eso.— dijo Hiccup al instante, para consolarla. Astrid volvió la vista a él, a pesar de la contestación, ella seguía viéndose herida.— De verdad.— y se acercó.
Astrid asintió, para luego abrazarse a si misma, quería alejarse de él, pero también ansiaba que volviera a abrazarla como lo había hecho en el cráter del volcán. Y seguía enojada con él, permitir que la abrazara era como aceptar una derrota que ella no quería aceptar.
—De acuerdo.—murmuró, se balanceo, inquieto. Recordó que le había prometido explicarle su relación con Toothless.— Desde que tengo uso de razón, Toothless estuvo ahí.
"Ambos sabíamos que el otro existía, pero no sabíamos como comunicarnos. A veces Toothless tomaba el mando y se transformaba, asustando a mi madre; nadie pudo ver al heredero Haddock estando despierto al ser un bebé, era demasiado el riesgo, además, si algo molestaba a Toothless, él se aseguraba que todos lo supieran.— relató, Astrid esta vez era quien le escuchaba atentamente.— Cuando supe hablar, se lo dije a mi madre, y ella no lo entendió en ese entonces; mi padre, en cambio creía que estaba inventándolo.
"Como no paraba de molestar con el dragón en mi cabeza, mi madre tejió un peluche en forma de furia nocturna y dijo que si tenía algún problema, le hablara al peluche. Papá creyó que era una tontería y que solo estaba alimentando mi locura, pero en realidad eso me ayudó.
"Así que un día, cuando tenía cinco, me senté con el dragón a hablar. No nos entendíamos en un principio, el hablaba dragonés y yo vikingo, pero no era una comunicación desde cero él sabía unas palabras en vikingo y yo en dragonés; él estaba tan confundido como yo, tampoco entendía lo que pasaba o si era normal. Hablamos y me permitió que lo nombrara, porque él no conocía sus padres, solo recordaba un poco de su hogar, un sitio en el borde del mundo, lleno de luces y dragones.
"Lo llamé Toothless, porque mi madre decía que la primera vez que vio al dragón no tenía dientes. Después acordamos algunas reglas: primero que nada, él no podía tomar el control cuando estuviese alguien mas presente, con la excepción de mis padres, Gobber o Gothi; segundo, yo no comería anguila por nada del mundo y tercero, ambos íbamos a cuidarnos el uno al otro sin importar qué. Con el tiempo establecimos mas reglas, aprendimos a volar, y ambos logramos entendernos al fin.
"Antes, en Berk se cazaban dragones, pero un día simplemente dejaron de robar cosas de la aldea y eventualmente dejaron de venir. Todo estaba en paz hasta que llegó Drago Bludvist, un sujeto que quería apropiarse de Berk usando al Rey de los dragones, Toothless y yo los vencimos, la gente confió en los dragones y dejó de matarlos, así que ellos empezaron a volver... Toothless y yo estamos juntos protegiendo la aldea, él como el alfa de dragones, y yo como el hijo del jefe. Liberábamos a dragones de los cazadores, uno de ellos era Viggo, pero a él ya lo conoces.
Astrid le miraba fascinada. Entonces, Toothless y Hiccup eran dos personas fusionadas, coexistiendo en la misma mente.
—Mi padre decía que debía haber una forma para separarnos.— agregó Hiccup, suspiró y continuo.—Pasó años buscando, en libros, buscando a tu tía, buscando el nido de dragones, siempre quiso revertirlo...
—Pero tú no quieres.— adivinó ella. Hiccup negó con la cabeza.
—De eso iba mi sueño.— respondió, inhaló profundamente antes de seguir.— No puedo imaginarme un momento en el que me sienta completamente solo, así Toothless este durmiendo, yo puedo sentirlo.
"Cuando era pequeño si no lo sentía, sacudía mi cabeza para despertarlo o le daba cabezazos a las paredes. Una vez abrí mi cabeza por error. En otra ocasión caí y me hice está cortada con el hacha de mi padre— señaló la cicatriz debajo de su labio inferior, algo divertido, pero había tristeza en su voz.— En la pesadilla, Toothless no estaba, yo tenía una familia, pero él no estaba... y yo me sentía... incompleto. No podía soportar estar finalmente solo, el silencio me volvía loco.
"Realmente no sé si pueda afrontar que Toothless algún día debe irse, hacer su vida sin estar atado a mí. Porque, esa es la regla, yo lo protejo y él me protege a mi... Pero creo que ahora él está protegiéndome más de lo que yo lo hago con él.
"Creo que, un día de estos yo también tendré que buscar como dejarlo ir.
Astrid suspiró conmovida, ambos miraban a la nada, al cielo. Ella con las rodillas flexionadas hacia su cara y él con la pierna izquierda flexionada para apoyar su brazo izquierdo en ella; el chapoteo del agua y los ronquidos eran los únicos sonidos ahora.
— Quizá se pueda revertir con la Tryllestav.— aventuró Astrid, sabía que era una maldición, pero con la varita, todo era posible.— Podría... Intentarlo, claro, cuando estén listos.
Hiccup le sonrió.
— Gracias, eso nos gustaría.— agradeció y no pudo evitar mirarla de nuevo, tuvo necesidad latente de colocar uno de sus rubios mechones rebeldes detrás de su oreja, pero se contuvo. Eso sería raro.— ¿Aún estás molesta conmigo?
Astrid le regresó la mirada, era fría, pero ya no lo era tanto. Había algo de calidez tratando de derretir el hielo.
— Pues, ya no te odio.— le respondió a la ligera, Hiccup se permitió reír brevemente.— Pero sigo molesta contigo, y lo seguiré en mucho tiempo... ¿Tú sigues molesto conmigo?
Hiccup hizo una mueca.
—Bueno, quizá un poco.— aceptó, moviendo su cabeza de un lado a otro.— Las cosas que dijiste, fueron muy hirientes.
—Lo siento.— se disculpó, estirando sus piernas.— No creo que Kaira haya sido una distracción, después de todo, fue mi tía quien lo hizo y tú debías ayudarla... No es del todo tu culpa, yo también estaba a cargo del mapa, debí asegurarme que lo llevábamos.
El castaño se acercó nuevamente a ella, está vez, Astrid no se movió, solo se tensó en su lugar, esperando.
—Lamento haber perdido el mapa... Y de decirte que solo te había atrapado por el trato que habíamos hecho.
— Pero, es verdad.— le corrigió la rubia. Hiccup negó con la cabeza.
—No, no lo es. No te atrapé solo por el pacto.— dijo suavemente, pegando su costado al de ella amistosamente.— Lo hice porque... Me importas, mucho. Ya sé que nos conocemos poco, pero...— se encogió de hombros.— Hemos pasado por tanto ya, que creo que te conozco de toda la vida.
Después de decir eso, sin previo aviso, Astrid le depositó un golpe en el brazo. Hiccup se encogió del dolor y se sobó dónde había recibido el golpe.
—Esto es por perder el mapa y arrojarme por un acantilado.— le dijo, con voz dura, algo enojada. Luego, tomando el valor que tiene todo el mundo cuando las hormonas te dan una mala idea, depositó un fugaz beso en la mejilla del castaño.— Y esto, por todo lo demás.—añadió antes de bajar la mirada. Hiccup sonrió, con el corazón latiendo como loco, bueno, ese golpe había valido la pena.
La bruja recargó su cabeza contra el hombro del vikingo, este pasó un brazo por su espalda, abrazándola.
Bueno, Astrid se había equivocado. Quizá alguien sí la quería de verdad después de todo.
Notas:
*Mi mama no likeit yum-yum on di bum: "A mi mamá no le gusta que le muerdan el trasero" en dragonés.
** Este diálogo lo dicen los gemelos en Carrera al Borde, el chiste de este diálogo es que Tuff suena igual a "tough" que significa "duro" en inglés. El de Ruffnut es suena como "rough" que significa áspero XD.
(suspiro) awww, este capitulo lo tiene todo, acción, romance, confesiones importantes, y un descubrimiento importante wuuuu
Despues de un capitulo tan lleno de miedos, emociones y cosas re turbias, este acaba de una manera muy wholesome jaja. Los chicos están cada vez mas cerca de lo que buscan, la tan ansiada Tryllestav, ¿lograrán hacerlo?
¡A partir del siguiente capitulo, entraremos en la recta final! ¿No les emociona? A mí bastante a decir verdad, es el fic mas ambicioso que he hecho. Agradezco mucho a las personas que siguen leyendolo, incluso despues de haberme ido a un bloqueo de casi un año, nunca dejaré de disculparme por eso :C
¿Lograrán llegar al Heksøyet? ¿Qué es eso exactamente? ¿Es una isla?
¿Nacerá el amor entre estos dos cabezotas que perdieron el mapa? Esperemos que sí, mira que todo lo que ha pasado...
¿Qué tiene que ver la madre de Astrid con la Tryllestav? ¿la Tryllestav realmente estará en el lugar que indica el mapa? ¿Qué hay de Mørke? ¿Y si los encuentra? ¿Cómo reaccionará al saber que a su sobrina le gusta el sujeto al que maldijo desde bebé?
Todo esto, en el siguiente cap, la siguiente semana, así es.
¡Cuidense mucho! Les quiero mucho uwu
