Bienvenidos al penúltimo capítulo.
Por favor no me maten, aprecio mucho mi vida jaja
Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell
Astrid jamás había llorado de esa manera. Ni siquiera cuando era una niña pequeña, por lo menos, no recordaba haber llorado por algo así.
Nunca había experimentado algo tan doloroso. Sentía como si el alma se le partiera a la mitad, la sangre la sentía repleta de hielo, y el corazón le dolía aunque no entendía el porqué. Berreaba, chillaba, sollozaba sin ningún tipo de control, incluso llegó a gritar varias veces, repitiendo lo mismo.
—¡NO! ¡NO, NO NO!
Se había arrastrado hacia el castaño, quien seguía inerte, sin importarle mancharse de su sangre, ignorando el dolor de sus costillas rotas. Le abrazó, viendo la herida; era horrible, partes del hueso faltaban, incluso podía llegar a ver lo que estaba dentro del cráneo, la materia gris y pedazos del cerebro. Todavía derramando lágrimas, lo giró, para que esté quedará de frente, su rostro, pasmado para siempre en una cara de confusión, vacía, ahora daba al techo; ella hundió su cara en el pecho de él, tratando de sofocar sus sollozos en este.
Mirar a Hiccup siempre le había traído tanta paz, y al mismo tiempo, tantos subidones de adrenalina. Pero ahora, verlo solo provocaba dolor, un agudo dolor que le destrozaba el pecho.
Sollozó contra su pecho. Su único amigo, la primer persona que la había mirado con tanta gentileza, la que la había salvado tantas veces, quizá el único que no la había tratado con asco entre todos los mortales.
La primer persona de la que se enamoró... Estaba muerta.
No sólo él, Toothless también se había ido. Ambos se habían ido.
— Sé lo que se siente, cielo.— la consoló Mørke, acariciándole el cabello.— Pero en el fondo ya lo sabías, corazón, no iba a funcionar. Eres una bruja, y el un intento de hombre y de dragón, él apenas y encaja en su mundo, ¿Cómo ibas a encajar en el de él? Somos brujas, Astrid. Él no podría vivir con eso. Ningún mortal puede.
Astrid se levantó rápidamente y se apartó de la mano de su tía.
—¡NO ME TOQUES!— chilló furiosa, con el rostro hecho un desastre, lleno de lágrimas, sangre y estando hinchado por el llanto.—¡NO QUIERO QUE JAMAS VUELVAS A TOCARME! ¡¿ME OÍSTE?! ¡JAMÁS!— le gritó antes de volverse de nuevo al pecho del vikingo, el cual se volvía cada vez más frío.
Mørke miraba a su sobrina con pena.
— Descubrí como hacer que ese tonto pacto que hiciste no te afectara.— continuó como si tratara de cambiar el tema.— Esa varita que tocaste, es un støvsuger, lo cree para que pudiera quitarte toda tu magia en en lo que el veneno en tu cuerpo hacia su trabajo. Tienes tanta magia como un mortal ahora, pero lo puedo arreglar...
—¡LARGATE!— le espetó la rubia.
—Es lo mejor y lo sabes.— contestó Mørke, usando nuevamente su tono autoritario.— Astrid, apenas y lo conociste. Estaba con alguien más antes, ¿Que creías? ¿Que ibas a encontrar la Tryllestav, salvar Berk y que luego él se casaría contigo?— le preguntó, como si estuviese contando una ridiculez.— ¡Despierta, Astrid! ¡Seguramente después de salvar Berk te quemaría en la hoguera! ¡Es un vikingo, por Satán!
—¡Déjame en paz!— sollozó la menor, sintiendo que las palabras de su tía le cortaban el pecho en pedazos. Ciertamente, la mujer no estaba siendo de mucho consuelo.
— Además, ahora que está muerto, no tienes porque distraerte más.— la animó su tía, creyendo que ahora, mágicamente, todo se había resuelto.— Le diremos a las demás que lo mataste tú, sí, me pedirán que te castigue, pero eso ya lo hice al quitarte tu magia.— la bruja volvió su mirada a la entrada de la cueva, como si se diera cuenta de que ya era tarde.— Ahora andando, Berk nos espera. También debemos ir con estos sujetos, los Berserkers...
Astrid levantó la vista lentamente, estaba cansada de tanto llorar, pero todavía podía pensar con algo de claridad.
—Tu... ¿Quieres llevarme con el aquelarre?— le preguntó con desprecio. Mørke llevaba puesto un vestido que le llegaba hasta los tobillos, evitando que este se ensuciara con la sangre del castaño, su escote era recto y la capa de ella era negra como todo su atuendo. Fue la primera vez en la que Astrid reparó en la quemadura en su cara, la que Hiccup le había hecho.
—Ya te lo dije, Astrid, quiero que estés ahí, con todas nosotras.— Mørke le sonreía, emocionada. Pero Astrid estaba lejos de sentirse feliz de que la invitasen a formar parte nuevamente en el clan.— Viendo el lado bueno de todo esto, ya sabes muchas más cosas, en el camino debes contarme cómo es que atrapaste a Batibat, ella es...
—¡No pienso ir contigo!— vocifero, rota, llena de dolor, lo único que quería Astrid era llorar hasta deshidratarse. Nada más. No quería volver a su antigua vida, no quería ser una bruja otra vez.— Prefiero quedarme cómo mortal y morir aquí a ir contigo.
Mørke entrecerró los ojos, negó con la cabeza.
—Por una vez en toda tu vida, Astrid, deja de ser tan terca.— suspiró Mørke.— Si es por la comida...
—¡¿CÓMO PUEDES SUPONER QUE ES POR LA COMIDA?!— le replicó Astrid apretando los puños. Mørke se encogió de hombros, cómo si no entendiera lo que estaba pasando.
— Comerás lo que quieras. Excepto pastel de Ángel, que bueno, es un cadáver endulzado...
—¡No quiero nada de ti! ¡Déjame sola!
Mørke se tomó el puente de la nariz. Aunque ya se lo esperaba, es el primer amor de su sobrina, no iba a recuperarse tan rápido.
—Bien, te propongo un trato.— aceptó Mørke, rindiéndose. Suspiró y se volvió a acercar a su sobrina.—Viendo que no estamos progresando ni un poco y que la hora para resucitar no ha acabado, se me ocurre que podamos llegar a un acuerdo.— iba a usar su plan B, no por nada había matado a Hiccup Haddock de forma tan violenta y cobarde. Tener al muchacho atrapado para siempre en el mundo oculto y a cientos de kilómetros lejos del archipiélago era una ventaja. Cuando este volviese a presentarse, Berk estaría quemada hasta los cimientos y Astrid ya lo habría superado.
Astrid paró de sollozar por un momento. Volvió a levantar su cabeza, dándole la cara a la mujer que la crió y la que había asesinado a Hiccup; le miró de arriba abajo, sus ojos estaban hinchados y rojos, tenía la nariz roja, sin poder parar de sorber por ella.
—Habla.— le ordenó, Mørke le sonrió feliz de haberla convencido.
—De acuerdo. Este es el trato: yo revivo a tu queridisimo mortal. A él y al dragón que lleva adentro.—comenzó, como si estuviera vendiéndole algo que Astrid no podía rechazar.—Revivirlos costará trabajo, tendré que separarlos, pero si es lo que quieres, entonces lo haré. Incluso dejaré Berk, esta misma noche.— aseguró.
—¿Y que quieres a cambio?— preguntó Astrid con voz ronca.
—A ti.—Mørke se acercó.—Vendrás conmigo, no te quejarás y no tratarás de huir.—se puso de cuclillas frente a ella, mirándola fijo a los ojos.—Dosificaré tu magia hasta que pueda confiar en tí y hasta que dejes de pensar en este estúpido mortal, ¿aceptas?
La muchacha se irguió, miró a Hiccup, con una de sus manos, le cerró los ojos y la boca que tenía entrecerrada, dándole ahora la apariencia de un rostro sereno. El nudo en la garganta se apretó un poco mas, obligándola a derramar unas cuantas lagrimas más, de su cabeza seguía manando sangre, pero esta vez en menor medida. Se estaba agotando el tiempo.
"Me gustaría que alguien hiciera eso por mí."
Hiccup podía volver a Berk, era fuerte. Él podía encontrar el camino con facilidad, apostaba a que podía entrenar a una horda de dragones en tiempo récord para volver y tratar de salvar Berk.
Suspiró.
—Acepto.
Mørke asintió, para después tocar el pecho del joven, Astrid apartó la mano de la mujer con fiereza, para luego abrazar al cadáver.
—¡No lo toques!—bramó, a la defensiva.—No quiero que lo toques.—agregó en voz baja.
—De acuerdo.— la bruja ignoró el gesto.
Se concentró y empezó a mover su muñeca en círculos, apuntando hacia el cadáver del joven, susurrando algunas palabras.
—Stige, stige, stige... både mann og drage... stige, stige...
Conforme decía sus palabras, la sangre coagulada que se encontraba en el piso se volvió liquida de nuevo, esta volvió a moverse lentamente de vuelta a la abertura de la cabeza del castaño, como si se rebobinara en tiempo. Los trozos de hueso y carne volvían y se unían al cráneo nuevamente, soldándose al occipital y a ambos temporales, el musculo se regeneraba, el cartílago de su nariz volvía a su lugar, como si alguien lo acomodara, dejándola justo como estaba antes.
Cuando la sangre regresó por completo a su cabeza, la herida se cerró, dando paso a la carne y a permitir que volviera a crecer cabello. Como si nada hubiese pasado. No tendría secuelas, todo el golpe sería curado, milagrosamente.
Una vez el mortal dejó de sangrar, Mørke procedió a separarlo del dragón. Conjuró el hechizo para hacerlo y nuevamente lo apuntó con la varita; el cuerpo de Hiccup brilló por un segundo, para después volverse a convulsionar sin control. Astrid se apartó, dejando que el cuerpo se elevara por los aires, flojo, sin fuerzas. Se escuchó un fuerte "crack", y acto seguido la mitad del cuerpo de Hiccup había cambiado, donde debía estar su brazo derecho, estaba la pata delantera de Toothless, lo mismo con su pierna y el resto de su cuerpo, lo único diferente era el ala derecha, que salía de la espalda del castaño. La mitad de su cara era el hocico del dragón.
Con un sonido pegajoso, se fueron despegando, como si alguien los rasgara por la mitad, con cuidado para que no se rompieran. Ambos lados, aunque aún inconscientes y con poca vida, empezaron a gritar, con dolor, uno tan profundo que estrujó el corazón de la rubia. Una vez estuvieron los dos separados, dragón y hombre, ambos bajaron al suelo, Hiccup adoptando la posición anterior y Toothless descansando boca abajo, con las alas hacia arriba.
La vida les estaba regresando al cuerpo.
—Listo.—dijo Mørke una vez terminó. Astrid no podía creer que finalmente Hiccup y Toothless estuviesen separados, los dos dormidos en lugares muy separados.—Ahora, debes cumplir con tu parte del trato.—sonrió en dirección a Astrid. Ella seguía alternando la mirada a ambos, mientras volvían a respirar, lentamente; sintió un alivio inmediato.
Estaban de vuelta.
Toothless, al ser el que menos daño había recibido, despertó primero. Abrió los ojos perezosamente, dándose cuenta de que nuevamente, Hiccup no le había despertado, y que estaba solo.
No había nadie mas dentro de su mente. Solo él.
Trató de incorporarse, lo mas rápido posible, pero no tenía las fuerzas. Astrid fue hasta él, con cautela.
—¿Toothless?— balbuceó la bruja, Toothless le regresó la mirada, aliviado de por lo menos, haberla encontrado a ella. Pero volvió a asustarse al recordar que su hermano no estaba dentro de su cabeza...
Y que estaba viendo los colores importantes. No estaba usando los primitivos ojos de Hiccup.
Algo faltaba.
Giró su cabeza, para identificar el lugar, encontrándose con Hiccup en el suelo, junto a él. Reconoció el rostro que también había sido el suyo durante tanto tiempo, las manos, la armadura, todo...
Se asustó, ¿que había pasado? ¿Su hermano estaba bien? ¿Por qué no estaban juntos? Empezó a rugir desesperado, exigiéndole una respuesta a la rubia, esperando que ella pudiese entenderle, tan siquiera un poco; ella intentaba calmarle, pero era inútil, el dragón necesitaba respuestas. Y rápido.
—Andando, dragón.— Mørke lo puso a dormir en menos de un segundo, el dragón cayó al suelo. Astrid soltó una exclamación de sorpresa y miro a su tía con los ojos llenos de furia.—Lo necesito para terminar con Berk.
—No.—replicó Astrid, usando una voz autoritaria.— Dijiste que nos iríamos de Berk esta noche.
—Y nos iremos, es tiempo suficiente para que acabe con esa aldea de una vez por todas.— reveló Mørke, Astrid negó con la cabeza, dándose cuenta de que su tía la había engañado, otra vez.— Ahí tienes a tu hombre, despertara solo, quizá sea comida de dragón mas tarde, no lo sé. Pero esta vivo, y dije que solo lo traería de vuelta si venias conmigo.—le recordó en un tono casi burlesco.— Recuerda que puedo mandarlo al infierno cuando yo quiera.— la amenazó, aún así, Astrid no se movió. Mørke, enojada, tomo el cabello de Astrid en un puño, jalándolo con fuerza.—Ahora, andando.— y como si se tratara de un animal, tiró de su cabello hasta llevarla hacia el centro de la habitación, con Toothless flotando detrás de ellas. Astrid se quejó e intentó soltarse, sin importarle perder el cabello en el proceso.—Eres imposible.— comentó su tía, luego, con rabia, arrancó la capa de la rubia, y al hacerlo se achicó con el tamaño de un pañuelo, con sus largas uñas rompió la correa de su bolso, el cual cayó, pesado al suelo. Estaba buscando a la dragón de Astrid, pero no la encontró. Había volado lejos.— Ya no necesitaras ninguna de estas cosas.— aseguró, antes de desaparecer.
Lejos, en el Heksøyet, un Nadder volaba a toda velocidad de regreso al Mundo Oculto, cargando a toda una tripulación. Ahora tenía el tamaño normal de un Nadder.
Abrió los ojos, topándose con la luz del enorme cristal que alumbraba al Mundo Oculto, rodeado de hongos color terracota, con dragones volando a su alrededor, atravesándolo, dando piruetas. Libres, felices.
Sus orbes verdes de inundaban de la luz, respiraba nuevamente, nada le dolía, al contrario, se sentía mejor que nunca. De no ser porque estaba sintiendo algo liso y suave debajo de él, creería que estaba flotando, como si estuviera en los aires en el cuerpo de Toothless, salvo que, ahora, estaba en el proipio, en el de Hiccup; a lo lejos se escuchaban aleteos, gorjeos de dragones y gruñidos, así como agua caer, los latidos de su corazón los ahogaban un poco, pero no le importaba. Jamás había estado en un sitio con tanta paz.
Movió un poco sus dedos, asegurándose de no estar muerto y que todo estuviese en orden, le sorprendió que los dedos en su pierna izquierda no le respondieran tan rápido y que lo hicieran con dolor, fue la primera vez en la que reparó en ello. Se dispuso a levantarse para verificar de que se trataba, quizá se había golpeado con quien sabe qué y ahora los tenía todos amoratados...
¿Dónde estaba Astrid a todo esto? ¿Y donde estaba él con exactitud? Otra duda lo invadió, ¿dónde estaba Toothless?
¿Toothless?
—Veo que estas despierto.— una voz extrañamente familiar le habló. Hiccup se sentó de una, mirando a su alrededor, se encontraba en la cima del cuarzo mayor, en medio del centro del Mundo Oculto; los dragones le ignoraban, apenas mirando en su dirección. Frente a él, a unos metros, se encontraba Astrid, se le veía un poco distinta, en vez de usar su falda y túnica, llevaba un vestido largo azul grisáceo, acompañado de su clásica capa roja, llevaba el cabello en dos trenzas, las cuales empezaban desde la parte alta posterior de su cabeza, terminaban brevemente en la nuca y volvían, mas sueltas, descansando sobre su espalda, unos mechones de su cabello le adornaban el rostro.
Ella caminó hasta él, acortando la distancia. Hiccup se preguntó si estaba soñando de nuevo; viéndola bien, esta Astrid era mayor, ta vez un poco mas alta.
—¿Astrid?— preguntó dudoso, su voz se escuchaba soprendentemente bien, muchísimo mejor de lo que esperaba fuerte y clara. Con algo de eco.
Ella río, y con su mano cubrió su boca, halagada; ahora ya estaban cara a cara a escasos metros uno del otro. La banda de su cabeza no estaba, y las muñequeras tampoco. Lo más importante: no llevaba marcas.
—Oh, eso es muy tierno de tu parte, pero no.—exclamó, encantada, Hiccup, sin embargo no cambio su semblante confundido. Enarcó una ceja, se parecía a Astrid, pero no se veía como ella.— Soy Eyra Hofferson, su madre.— se presentó con una sonrisa.— Y tu debes ser Hiccup, estoy encantada de conocerte.
Hiccup tembló, el tic de sus hombros había vuelto, para empezar no entendía porque se había ido; no sabía como se suponía que tenía que reaccionar. No tenía idea de lo que estaba pasando.
—Usted...—balbuceó, nervioso, sin saber como hilar la oración para no ser grosero. No tenía sentido, si ella estaba muerta eso quería decir que él...— Usted... Astrid dijo que estaba...
—Muerta, sí, lo sé.—completó, antes de ofrecerle una mano para levantarse. Hiccup, aun dudoso, extrañamente sin sentir miedo, la aceptó. Se levantó con pesar, volviendo a sentir como el pie izquierdo se le adormilaba.— Lo estoy, así como tú.
Hiccup por poco pierde el equilibrio de nuevo, el pulso se le disparó de repente al escuchar esas palabras, no, no podía estar muerto. Eso no podía ser, estaba justo ahí, estaba de pie, su corazón latía, podía ver, sentir...
Vaya, incluso estaba sudando.
¡No podía estar muerto! Si lo estaba, entonces, ¿qué era esto? ¿El Valhalla? No, no era así como lo relataban, ¿dónde estaban las puertas, las Valkirias? ¿y Odín? Cielos, ¿dónde estaba su padre? Sintó un vacio en el estomago, ¿Y si no estaba en el Valhalla?
¿Y si estaba en el infierno?
—¿Qué...?— farfulló, sintiendo como si todo le diera vueltas. La mano de Eyra se poso en su hombro, en un intento de calmarlo, Hiccup hiperventiló.
—Tranquilo, no es que estés del todo muerto.— le consoló Eyra con voz suave. Mientras mas la escuchaba, menos se parecía a la voz de Astrid.— Estas regresando, vine a hablarte en lo que despiertas. Estamos en el limbo, bueno, en el mio.— explicó Eyra. Su voz era demasiado parecida a la de Astrid, pero diferente, como si fuera mas... amable, menos brusca, no sabía como explicarlo.— Es el lugar en donde nadie está ni vivo ni muerto. Usualmente se quedan aquí las personas con asuntos pendientes o aquellas que murieron de una forma violenta... En nuestro caso, nosotros llenamos esos dos requisitos.— bromeó suavemente Eyra, con una sonrisa deslumbrante.
Hiccup, quien tenía la mirada fija en el suelo, elevó sus ojos hacía la mujer. Quien tenía el rostro algo serio, pero al mismo tiempo conservaba esa bonita sonrisa.
—¿Dónde está...?—llevó una de sus manos a su cabeza, listo para dar un par de golpes y despertar a Toothless, pero Eyra lo detuvo.
— Si te refieres a Toothless, él está bien.— le interrumpió rapidamente.— Mørke los separó a ti y a tu dragón cuando los trajo de vuelta. Se llevó a Astrid con ella.— soltó Eyra, sin rodeos. Seguía siendo mas baja que él, y su rostro era un poco mas redondo que el de su hija.— Tu muerte fue la razón por la que Astrid decidió ir con ella. Mørke le prometió que te regresaría a la vida, solo si accedía a volver a Berk con ella.— Hiccup volvió a temblar, más violentamente está vez. Sentía que estaba a punto de vomitar en serio, podía sentir la billis subir y quemarle el esófago.— Hey, shhh, está bien. Debes tranquilizarte, tengo mucho que decir y tenemos poco tiempo antes de que despiertes.
Hiccup jadeaba, en realidad, tenía ahora muchas mas preguntas, pero si había algo importante que debía saber por parte de la mismísima madre difunta de Astrid, entonces esas preguntas debían esperar. Asintió torpemente, inhalando profundamente, tratando de nivelar el ritmo de su corazón, tragado fuerte.
—Bien, eso esta mejor.— comentó la mujer, alegre. Hiccup asintió nuevamente.— Primero que nada, debes saber que estuve esperando a mi hija durante años, aquí, como un alma en pena, a que ella regresara, así que gracias por traerla hasta aquí.— agradeció con una mano en el corazón y siendo realmente sincera. Hiccup apenas y pudo murmurar un "no hay de que", el cual ella respondió con un suave asentimiento de cabeza.— Durante años he intentado que ella volviese, que te encontrara para que ambos tomaran su lugar aquí.
Las preguntas seguían aumentando de numero, pero Hiccup no la interrumpió.
—Mi familia, la de Astrid, poseía antes una Tryllestav muy valiosa.— relató, señaló hacia arriba, al cuarzo del techo. En este, unas sombras formaban la imagen de una varita, similar a la que ellos habían encontrado antes.— Mi madre aseguraba que era la espada del Señor Oscuro, una con tal poder que sería casi imposible controlarla. Nuestra familia estaba encargada de protegerla de cualquiera que intentara usarla. Para usar la Tryllestav se necesitan años de entrenamiento, o cosas horribles podían pasar. Cosas como ser absorbido por la varita, o que está tomé el control de tu cuerpo. Las varitas son magia pura, que se puede corromper unicamente si se exponen al mundo.—mientras hablaba, las sombras hacían dibujos, ilustrando las palabras de la bruja.— Atravesamos el mundo entero, buscando donde esconderla, pero parecía imposible, a donde quiera que fuéramos, siempre estaba alguien esperando.
"He visitado lugares que ni te imaginas, Hiccup Haddock. Antes de que mi madre muriera, me escogió a mi para resguardar la varita, pues sabía que Mørke estaba tan sedienta de poder que la Tryllestav correría peligro en sus manos. Ella no estaba contenta, claro, y no la culpo; ella siempre ha sido devota del señor Oscuro mientras que yo... bueno, digamos que la magia negra nunca me interesó. Quería simplemente ser normal, no me gustaba huir siempre de un lado a otro y ser estigmatizada como un monstruo.
"Como yo no cedía, mi hermana se dio cuenta que perseguirme hasta el final no funcionaría. así que Mørke intentó hacer una Tryllestav con sus propias manos, pero no logró hacerlo gracias a tu padre, necesitaba la sangre de un primogénito aún en el vientre de su madre, así que convenció a tu mamá para que accediera a vigilar su embarazo... Mørke te escogió porque no ibas a nacer, ¿sabías eso?
Hiccup tragó saliva.
—¿Se refiere a cuando ella casi me mata...?
—No, no...— Eyra negó con la cabeza. Sus ojos eran de un lindo color azul claro.— Mas o menos en el cuarto mes, Mørke se dio cuenta que morirías en unas cuantas semanas, eras el cuarto intento de embarazo, y el que mas había durado... Cuando mi hermana se lo dijo a Valka, la pobre se derrumbó.— relató, Hiccup observó las sombras, una de ellas era de su madre, llorando tomándose del vientre.—Así que le propuso un trato, ella te mantendría con vida, solo si cumplía con un favor mas adelante... Lo que Mørke quería hacer era vincular tu alma con la de un furia nocturna, mantenerte con vida mientras el dragón estuviera vivo, solo lo suficiente hasta que estuvieras crecido para ejercer el plan. Pero cuando tu padre arruinó sus planes, mezcló el alma de ambos y te maldijo. Por eso tú y Toothless vivían juntos.
"Cuando me enteré de esto... Me horrorice demasiado, quiero decir, arruinó tu vida. Yo sentía que había sido por mi culpa; afortunadamente la völva de tu pueblo logró transformarlo en una ventaja, pero... No dejaba de ser horrible. Intenté ir a Berk a deshacer lo que había hecho mi hermana, pero era demasiado tarde, así que le deje a Gothi un mapa del Mundo Oculto, junto con un detector de Tryllestav, ella te los daría a ti cuando fueras mayor, cuando me necesitaras. Pasé un tiempo con las doncellas aladas y les pedí que guardaran el vendkort con el resto del mapa, jum, les dije que era una reliquia sagrada. Claro, poco sabía yo sobre sus costumbres, así que también me disculpó por eso.— añadió viéndose realmente apenada. Hiccup no pudo molestarse con ella, estaba cada vez más atónito con lo que escuchaba, sin poder creerlo.
Desde la razón de su nacimiento hasta el encontrar el vendkort, era como si Eyra lo hubiera planeado todo.
— Pasaron tres años y no sé como, pero Mørke me encontró. Unos meses antes de que ella viniera aquí, decidí proteger la Tryllestav de algún modo; disfrazarla de algo que ella simplemente no pudiera destruir. Además de eso, me sentía tan sola...—admitió con voz soñadora.—Entonces pensé que sería buena idea, tener un bebé.
El dibujo de un bebé rodeado por una manta, en una cuna hecha con uno de los hongos que se encontraban en el Mundo Oculto ahora ocupaba la superficie del cuarzo. Eyra continuó.
—Deseé que fuera una bruja... que la Tryllestav se convirtiese en una.— reveló, en un tono de voz maternal. Hiccup volvió su mirada a la mujer, adivinando la identidad del bebé.— Uno al que Mørke amaría tanto al verla, que no podría sospechar que ella era la Tryllestav que estaba buscando. Pero aunque funcionara y fuese una niña fuerte, la varita no podía quedarse sin protección y definitivamente no iba a nombrar a Mørke como su guardiana... Así que te escogí a ti.
Hiccup dio un paso hacía atrás. Sentía que el mundo se estaba derrumbando de nuevo y que en cualquier momento perdería el piso.
—¿Cómo que...?— tartamudeo, buscando las palabras para formar una oración completa.—¿Usted me nombró a mi... Cómo el guardián de Astrid?— su voz ya no sonaba tan bien como antes, al contrarió, temblaba y parecía a punto de quebrarse. ¡Dioses! ¿¡Qué rayos era lo que estaba pasando?! ¿Su madre sabía esto? No, claro que no, sus padres no tenían forma de saberlo, aunque, bueno, explicaría porque su padre estaba tan obsesionado con encontrar ese nido de dragones del que tanto hablaba...
—Sabía que no pasaría mucho hasta que Mørke quisiera regresar a Berk.— Eyra asintió, continuando su historia, sin inmutarse por el estado del jovén frente a ella.— Mi Tryllestav no es la única en el mundo y Mørke no se detendría hasta encontrar una. Solo era cuestión de tiempo, por eso lo hice. Te nombré, e hice que cuando fueras un dragón ambos pudieran comunicarse. Me alegra saber que no me equivoqué, porque has cuidado a mi niña durante todo este viaje... Ese pacto fue una ridiculez, pero ayudó un poco hacerse mas cercanos, ¿no es así?— le preguntó, mordiendose el labio inferior, como si estuviera emocionada por algo. Hiccup soltó de golpe el aire en sus pulmones y de forma automatica, miró su mano con la cicatriz del pacto. Estaba ahí, con el aspecto de haber sido realizada hacía años.— ¡Imaginate! estuviste buscado algo que siempre estuvo junto a tí.—la mujer sonrió, le causaba algo de gracia la ironía que era que Hiccup y su hija estuviesen buscando algo que se encontraba dentro de Astrid.— Estoy segura de que lo sientes, esa conexión... Es como si sintieras que están destinados.
Imágenes vinieron a su mente, verla a ella, susurrándole cosas a su dragón en la fragua, rodeada de sus dibujos, la primera vez que se miraron a los ojos, él a través de los ojos de Toothless. Astrid sosteniendo la daga que iba a usar para matarlo, temblando, mirándole con pena, para después dejar caer el cuchillo; ella pisándole el pecho para no levantarse en una de las cuevas de Berk. Ambos volando, dándose cuenta de podían hablar entre ellos con la mente, Hiccup dejándola y luego volviendo por ella, Astrid convenciéndolo que la Tryllestav existía, su boda falsa, sus peleas, verla a punto de ser abusada en Nepenthe y sus ganas terribles de protegerla, verla llorar de frustración y furia; el rostro de alivio que se encontró Toothless al levantar su mirada en la cueva de las Doncellas Aladas, sus conversaciones, su determinación cuando le ayudó a salvar a Kaira. El no poderse contener de darle un abrazo, el como le había encontrado, incluso entre la multitud, para después consolarlo, odiarlo horas después, solo para salvarlo esa misma noche y su rostro lleno de curiosidad e interés al revelarle que Toothless existía.
La fascinación que le creaba al verla tranquila, feliz, tenerla en sus brazos. Sus labios en su mejilla. Sobre los suyos incluso.
Estaban destinados desde el inicio. Él siempre iba a atraparla y ella siempre iba a salvarlo, sin importar qué.
Mientras Hiccup se encontraba procesándolo, sentía como algo tiraba de él hacia arriba, pero lo ignoraba. Eyra le miraba enternecida, admirando su creación, pronto dejó de sonreír para tomar la cabeza del joven, cada mano sobre sus mejillas salpicadas de pecas.
—Debes proteger a mi hija, a la Tryllestav, a Astrid.—le pidió con seriedad, Hiccup intentó asentir.— Si Mørke llegase a hacerle daño, no estoy muy segura de lo que podría pasar; haz lo que sea necesario para recuperarla.— llevó una de sus manos a su espalda, para después darle una corona de sparers secas, Hiccup la tomo con cuidado.— Ponle esto a Mørke en la cabeza, eso anulara sus poderes y la hará frágil. Toma la varita que ella tiene y destrúyela.
Hiccup parpadeó un par de veces.
—¿Astrid no puede liberar su poder? Ella es básicamente la personificación de una varita mágica.— repuso, confundido, creyendo que solo con un conjuro de Astrid las cosas se iban a resolver. La madre de Astrid negó con la cabeza.
—Astrid no es la Tryllestav como tal, no es tan simple. Si a ella le pasa algo, el poder de la Tryllestav se desatará, sin control alguno o sin algún limite... Mi hija es como su envoltura, la estructura que retiene la magia dentro de ella. Si esta estructura se rompe, entonces la Tryllestav será libre de hacer su voluntad. Se corromperá.— le explicó rápidamente.
— ¿Eso es malo? ¿La Tryllestav unicamente hace cosas malas?
— No, como te dije, la Tryllestav en manos equivocadas puede ocasionar destrucción. La magia de las Tryllestav es neutra, pero una vez ven el mundo... no se sabe como reaccionará. Pero no hay porque saberlo, solo detén a Mørke y protege a mi pequeña, te lo pido por favor.
Dicho esto, algo lo elevó. Hiccup miró hacia aquella fuerza. Era un furia nocturna, pero en blanco, con facciones mucho mas finas. Con claras diferencias, puesto que su piel brillaba y no tenía las salientes que Toothless tenía...
Era una furia brillante... O luminosa.
Lo elevó hasta que la luz del cuarzo abarco toda su visión. Despertó.
—¡Hiccup! ¡Hiccup!— lo llamaban varias personas, Hiccup intentó abrir los ojos, cuando lo logro, solo veía manchas de colores, borrosas frente a él.— ¡Hiccup!
—¡Vamos, despierta!— escuchó decir a Eret.
¿Eret? ¿Que hacía Eret ahí?
Hiccup, Hiccup, Hiccup...
Tú. Tú eres Hiccup. Este es tu cuerpo. Solo el tuyo.
No hay nadie a quién despertar.
... Estoy solo.
Alguien le arrojo algo liquido y frio, este entro a su nariz, provocando que lo expulsara violentamente de sus fosas nasales, y tosiera un poco, sintiendo como el agua quemaba su garganta. En acto de reflejo se levantó de golpe, sentándose, y colocando la cabeza entre las rodillas. Parpadeó un par de veces, tratando de ajustar su visión, buscando no marearse, buscando no volver a morirse.
—¡¿Pero que hicieron, cabezas de carnero?! ¡Casi lo ahogan!— bramó Snotlout en su típico tono amargado.
—¡Eso siempre funcionaba en el tío Earl!
—¡Si, hasta que lo ahogaron en un barril!
—¡Eret dijo que ya no hablaras de eso!
A pesar de que la discusión estaba taladrando sus resucitados oídos, Hiccup nunca se sintió tan feliz de volver a escuchar el alboroto de los gemelos. Todos estaban ahí, observándolo con atención.
Ayudándolo a que no se sintiera tan solo. Ayudádolo a ignorar el vacio en su cabeza.
Toothless...
—¿Estas bien, Hiccup?— preguntó Fishlegs, con suavidad.
Lo estaba. Claro, no era como se imaginaba el volver de la muerte, podía aceparlo.
Pero Astrid no estaba. Ni Toothless.
—Yo... eso creo.— farfulló, sintiendo como le salía la voz ronca por el desuso de sus cuerdas vocales.—¿Cómo es que ustedes...?— tosió de nuevo, y su voz ahora sonaba mejor.— ¿Cómo es que ustedes llegaron aquí?
Los gemelos señalaron detrás de sí, mientras Eret silbaba en la misma dirección. Un Nadder mortífero entró en su plano de visión, graznando como si se tratara de un enorme pájaro, a modo de saludo.
Hiccup soltó una exclamación al verla. Solo podía tratarse de un dragón y no podía estar mas feliz de verla.—¡¿Stormfly?! ¿Eres tú?
El dragón gorjeo afirmativamente. Hiccup le entendió un poco, casi nada. Toothless ya no estaba para traducir.
Toothless ya no estaba.
—Ella nos encontró, venía volando rápidamente, casi no la reconocimos con ese tamaño.— contó Eret, Hiccup rascó su barbilla, tratando de acostumbrarse al vacio.— Estaba asustada, así que nos obligo a que la montáramos, justo después de eso, el barco cayó dentro del cráter y se destrozó.
— ¡Exacto!— gritó Tuffnut.— ¡Debiste verlo, Hiccup! Fue un desastre, se partió en miles de pedacitos...
—Creímos que el barco jamás se rompería.—intervino Eret, encarando a Hiccup de nuevo.— ¿Qué fue lo que pasó? ¿Dónde está Astrid?— preguntó, preocupado. Los demás se encontraban en un estado similar.— Llegamos aquí y el lugar era un desastre...
—Mørke nos tendió una trampa.— respondió Hiccup, sintió en su mano la corona de espinas que Eyra le había dado, no había reparado en que estaba en sus manos (manos de Hiccup, solo de Hiccup). Siguió hablando, con voz clara, pero llena de impotencia.— Ella nos trajo hasta aquí, mató a Astrid, luego a mi y... Nos revivió, creo.—su mano voló hacia la parte posterior de su cabeza, palpándola. No había rastro de su herida de muerte. Recordaba cada detalle de ella, la confusión, el miedo. Astrid estando ahí, inerte, muerta... El como esa visión le había perforado el corazon antes de morir.
Había fallado al protegerla.
Los demás habían jadeado sorprendidos por las palabras que Hiccup había utilizado.— Me separó de Toothless...
—Alto, alto.— le frenó Eret colocando una de sus manos frente a él.— ¿Dices que esa loca vino hasta aquí y luego los asesinó... para luego revivirlos?
—Es sobre nuestro pacto, supongo que quería anularlo.— conjeturó, la cabeza le dolía horrores, aún así no sentía ningún tipo de secuela ademas de eso. Eso y el vacio. Era doloroso, no le gustaba estar solo. Reparó en que jamás había explicado el pacto a la tripulación.— Eh, bueno, cuando nos conocimos, Astrid y yo hicimos un pacto, yo la protegería siempre y cuando ella lo hiciera. Si uno de los dos moría, bueno, pasaban cosas; si yo lo hacía, toda su magia se iría, y si ella moría entonces yo no podría volver a caminar.— dicho esto, Hiccup abrió los ojos como platos, para después, ir hacia sus botas, ¡claro, eso era el dolor! Empezó a sacárselas ante la mirada de todos.— Y pues, nos mató... Por lo que ella ya no debe tener magia y yo...
Descubrió primero el pie derecho, el cual se encontraba intacto, el pie izquierdo, por el contrario, se encontraba normal salvó en los dedos, los cuales estaban ligeramente pálidos y algo hinchados. Los movió, con terror, y aunque le dolían, no parecían estar tan mal.
¿Era eso una buena señal?
—¿Por qué hicieron eso?— preguntó Snotlout con desconcierto y desagrado, consciente de la enorme estupidez que Hiccup y Astrid habían hecho. Al castaño lo abordó una nueva culpa, él nunca debío desconfiar de ella, nunca debió forzarla a hacer ese tonto pacto...
—Era la única manera en la que podía confiar en ella.— respondió, colocándose los calcetines de nuevo, ignorando que ahora, el vacio se llenaba lentamemte de culpa, acumúlandose conforme recordaba cosas. Un pensamiento estúpido, pero que intentaba tranquilizarlo le decía que seguramente se trataba de un golpe nada más.
—Bueno, ¿Y dónde está Astrid?— Fishlegs se veía preocupado.
Mientras Hiccup respondía, mas se acumulaba la culpa, ¿Cómo pudo ser tan imbécil...?
— Mørke se la llevó de vuelta a Berk junto con... Bueno, digamos que antes de irse, ella deshizo mi maldición.— Hiccup sentía unas tremendas ganas de irse. Astrid corría peligro, lo sentía en cada uno de sus huesos.— Yo no...— fue cuando se le quebró la voz, cubrió su boca, ¿tendría la fuerza de decirlo en voz alta? Sentía que no, porque toda esa fuerza se la había llevado Toothless. Respiró hondo, para murmurar al fin.— No puedo transformarme en dragón... — se cubrió la cara con ambas manos, sollozando como el cobarde que él creía que era. Esta arruinado, era un fraude.— Nunca más podré, se ha ido para siempre...— hipó sin poder controlarse, ante la atenta mirada de todos.— Como lo siento, chicos...
—¡¿QUE?— se escuchó por toda la estancia.
—¡Oh no!— exclamaron los gemelos al mismo tiempo.
— ¿A que te refieres con que se ha ido para siempre?— preguntó Eret, tratando de no perder la cabeza. Hiccup no parecía estar mintiendo, por todos los dioses, estaba llorando ahí, se veía destrozado, loco de dolor.
— Yo no era el dragón.— respondió Hiccup, sin poder regular el tono de su voz, alertando cada vez mas a los marineros.— No era yo, no... Era... había un dragón dentro de mí, ambos viviamos en el mismo cuerpo y nosotros...— estaba hiperventilando, Eret se colocó frente a él, apartandole las manos del rostro, obligandolo a mirarlo. Hiccup parecía estar al borde un ataque.— ¡Se ha ido! ¡Ella me lo quitó! ¡Se llevó a Astrid! ¡Maldita sea! ¡ESTOY SOLO, SOLO! ¡NO SOPORTO EL ESPACIO! ¡HAY DEMASIADO ESPACIO!
Sin dudar, Eret lo abofeteó. Los gemelos dieron un paso atrás, asustados, Fishlegs cubrió su boca con las manos y Snotlout se abrazó a su mismo. Eret se mantenía firme.
Hiccup volvió el rostro lentamente, parpadeó un par de veces. Jadeaba, pero ya no parecía hacerlo como si se ahogara.
— Hiccup, tranquilizate.— le ordenó Eret.— Respira hondo.— Hiccup lo intentó, llenado sus pulmones con aire.
Ya no tenía que respirar por dos. Ya no más, estaba solo.
Y lo estaría toda su vida. Cada respiro que diese, cada paso, lo haría solo.
— Hiccup, necesitamos salir de aquí. — le recordó Eret, su voz se mantenía impasible, cosa que Hiccup agradecía, ya que le ayudaba a no sentirse tan nervioso.
Sí, salir. Ir por Toothless. Ir por Astrid.
— Ya, pero ¿Cómo vamos a regresar?— se quejó Snotlout, levantándose, voviendo a su estado habitual. Fishlegs le miró molesto, ¿qué acaso no tenía ni un poco de empatía?— Hay cientos de dragones ahí afuera, si no es que miles, ¿Cómo es que vamos a cruzar todo este lugar a pie? Stormfly no va a soportar cargarnos a todos. Y aunque logremos salir de aquí, Berk está a cientos de kilómetros, ni siquiera tenemos barco, no hay islas cerca, y en casi todas te odian o nos odian o odian a los dragones.
—Snotlout tiene razón.— aceptó Hiccup, su voz sonaba extraña, sin emociones, pastosa, derrotada... para sorpresa de todos.— Será muy difícil salir de aquí.
Los demás le miraron incrédulos. Snotlout, en cambio se pavoneo un poco, feliz de por lo menos, tener la razón.
Hiccup intentó levantarse, sus piernas todavía le temblaban, pero se movían y le respondían. Eret y Fishlegs le ayudaron a incorporarse, era extraño el silencio dentro de su cabeza, lo sentía espacioso... Insoportablemente espacioso...
— ¡Oigan! ¡Encontré el bolso de Astrid!— dijo Tuffnut acercándose a él, en busca de ayudarlo a sentirse mejor, al castaño se le iluminaron los ojos.— Debió caerse.
—Me encanta su bolso, tiene todo lo que necesitas en él.— comentó Ruffnut.— Cuando lleguemos con ella le preguntaré dónde lo consiguió...
Cuando llegasen a ella. Ella. El castaño sintió la urgencia de nuevo de salir de ahí, la sensación de que algo faltaba. Y que no estaba bien.
Hiccup tomo el bolso, lo abrió, para toparse con un fondo negro. Cómo si fuese un agujero.
—¿Crees que Astrid tenga algo ahí que nos sea útil?— preguntó Eret algo escéptico. Si hubiese algo que los ayudará a tele-transportarse o algo así, ellos ya lo habrían usado.
Hiccup no era una bruja, por lo que usar el libro de magia no era una buena opción.
—Quizá, no lo sé.— Hiccup metió una de sus manos ahí, pero lo único que sintió fue aire frío.— Ella tiene mis diarios y esos pueden ser de utilidad. Quiero decir, estamos rodeados de dragones, seguro uno de ellos nos ayudará.
Eret lo miro como si se hubiera vuelto loco.
— Hace un rato dijsite que nunca más podrías convertirte en dragón, ¿Eso no hace que ya no seas el alfa de dragones?
—¡Sí, eso dijo!— coincidió alguien, quizá uno de los gemelos.
—¿Ya no puedes ordenarles nada o aún puedes?— preguntó Ruffnut.
Hiccup suspiró. Tenían razón. Pero no todo estaba perdido, una chispa de esperanza surgió de su ser, luchando contra el vacio, buscando llenarlo con otra cosa.
—Bueno, será de la manera difícil, entonces. Y no, ya no puedo hablar dragonés de manera tan fluida, pero...— Hiccup realmente no sabía cómo funcionaba el bolso. Peor no importaba, podía hacerlo. Cuando Astrid lo usaba, ella simplemente llamaba lo que necesitaba, así que lo intentó; un libro salió disparado del bolso, aterrizando con un ruido sordo en el suelo. Hiccup sonrió.— Tenemos este.— lo recogió, esperando que por lo menos, Astrid hubiese tomado el tomo más actual. Hizo una mueca, no, de hecho, Astrid tomó la primera versión de su libro.— Este diario es como un borrador para un libro de cómo entrenar dragones.— explicó, finalmente con una emoción en su voz: entusiasmo, enseñando el libro grueso, lleno de recortes que sobresalían y con el cuero algo gastado.— Lo escribí para ayudar a los otros vikingos a... Bueno, entrenar a sus dragones.— añadió con la voz un poco más apagada, viendo que todos los demás le miraban como si se le hubiera zafado un tornillo. Lo cual, probablemente le estaba pasando de verdad.
Fishlegs fue el único que le miraba con ilusión. Los gemelos sonrieron después, emocionados. Snotlout tenía cara de espanto y desagrado, Eret mantenía su cara de confusión.
— Eh, era una idea para que la gente dejara de llamarme tan seguido para solucionar sus problemas de dragones.— continuó, cada vez sintiendo mas vergüenza. Pero sintiendo algo, despues de todo.— Aquí hablo de especies, bueno, las que abundan en Berk, y... como entrenarlas. Lo llamé: "Como Entrenar a Mi Dragón", ¿entienden? Porque es... es como si estuvieras preguntándotelo mientras lo buscas en el librero...— añadió, Snotlout se golpeó la frente con la palma de la mano, creyendo que definitivamente, lo habían perdido para siempre.— Eh... Estoy trabajando en el nombre aún.
Eret se le acercó, muy serio. Hiccup estaba listo para que desprestigiaran su idea.
— Deberías llamarlo "Cómo Entrenar a Tu Dragón", así tendría mas sentido. Ya sabes, cuando la gente los busque en su librero, entenderá que tú les estas enseñando a como entrenarlo.— le dijo, tratando de razonarlo. Hiccup asintió, reconociendo que, de hecho ese nombre tenía mas sentido.
— Si, ese nombre es mejor.— aceptó Hiccup, luego sacudió su cabeza, volviendo a lo verdaderamente importante.— El punto es, que esto nos ayudará a volver a Berk.— señaló el libro nuevamente.— Buscaremos a unos dragones para ustedes y luego nos iremos volando a Berk.
Fishlegs dejó de sonreír.— ¿Volando?
— Es la única manera de salir de aquí. Y somos afortunados, porque hay cientos de especies viviendo aquí.
Stormfly los bajó de la caverna, Hiccup leía sus apuntes, tratando de pensar en cual era el tipo de dragón de cada miembro de la tripulación. Los mas sencillos eran los Terribles Terrores, seguidos de los amables y tiernos Gronckles, a los gemelos les vendría bien un dragón de dos cabezas...
Cuando Hiccup vio a un Gronckle a lo lejos, corrió hacia él. Se encontraba alegre comiendo rocas.
— Muy bien, el primer paso de entrenar un dragón es escoger la especie que sea mas adecuada para que ven ahí es un Gronckle.— señaló, escondiéndose detrás de una de las enormes setas, los demás se encontraban en la misma situación, cada uno detrás de una seta.— Son muy amables, es una especie tranquila, amigable... Y aunque vuelan algo lento, son de ayuda.— presentó Hiccup, Stormfly se les adelantó, yendo a saludar al dragón. Tenerla sería de ayuda para tranquilizar a los dragones.— ¿Quien quiere ser el primero?— preguntó, los demás se miraron entre sí.— Vamos, nadie saldrá herido, lo prometo.
Ruffnut habló, pero no fue para ofrecerse a ser la primera.
— Ese dragón se parece a Fishlegs. En todos los sentidos, come demasiado, es lento, amable, tranquilo y... bueno muy grande— señaló, su hermano río y la secundó.— Creo que él debería entrenarlo.
Hiccup volvió su mirada a Fishlegs, quien se encontraba temblando de miedo, no tanto por el dragón, sino por el miedo que le causaba subirse en él y volar durante quien sabe cuanto tiempo. Hizo una mueca, de todas formas era mejor empezar con Fishlegs, eso animaría a todos los demás a entrenar su propio dragón.
— ¿Que dices, Fishlegs?— le animó Hiccup, tratando de inspirar confianza. Este tragó duro.— Anda, es un dragón muy dulce, en especial si le das rocas.
El rubio gimió y temblando se acercó a Hiccup. Este buscó entre las rocas que había cerca, encontró una gran roca de granito, la levantó con algo de pesar (todavía estaba débil por su presunta muerte) y se la pasó a Fishlegs, quien la cargó con facilidad.
— Ofrécele esto.— le sugirió Hiccup.— ¿Tienes armas contigo?
— Solo una daga pequeña...
— Bien, esto es lo que harás.— Hiccup se acercó de nuevo para explicarle. El dolor en su pierna se estaba volviendo molesto.— Irás allá y llamarás su atención, el dragón intentará atacarte, pero no te asustes, después de eso, le mostraras tu daga. Eso hará que se enoje mas, pero no tienes porque asustarte, luego la vas a arrojar lejos, asegurate que el dragón te vea hacerlo... Y finalmente, le das la roca, ¿si entiendes?
Fishlegs estaba pálido. Hiccup suspiró.
— Iré contigo de todas formas, ahora, vamos.
Ambos se acercaron al gronckle, quien al sentirlos cerca, ignoró a Stormfly para entonces gruñirle a los humanos recién llegados; Fishlegs temblaba violentamente, tanto que le costó trabajo sacar su daga. Hiccup tenía razón, el gronckle enloqueció al ver el arma, pero cambio su semblante al ver que el hombre la arrojaba lejos. El rubio se quedó helado después de eso.
— Bien, ahora dale la roca.— le recordó Hiccup. Fishlegs estuvo a punto de arrojársela al dragón.— No, no, dásela, acercate a él y ofrécesela.— le corrigió antes de que este pudiera arrojar la roca.
— ¿Qué?— exclamó de forma aguda Fishlegs. Estaba sudando a mares.
— Hazlo, no te hará daño.
Con paso vacilante, Fishlegs se acercó al dragón, quien se encontraba alerta, pero sereno. Extendiendo sus enormes brazos, Fishlegs le ofreció la roca de granito, despidiéndose de sus manos en el proceso, alejando el resto del cuerpo; se le salió un grito cuando sintió la lengua del dragón tocar su piel para comerse la roca. Acto seguido, el dragón jadeo amistosamente, como un perro, moviendo su enorme cola de un lado a otro.
— Muy bien, Fishlegs.— lo felicitó Hiccup, se acercó con cautela llegando hasta donde estaba el rubio.— Ahora, vas a tocarlo, ¿vale? Solo extiende tu mano hacía su hocico y espera ahí. Baja tu cabeza mientras lo haces, no lo mires a los ojos.
— Pero me va a morder la mano.— respondió Fishlegs en un agudo hilo de voz, Hiccup negó con la cabeza y tomo uno de sus brazos, lo extendió y le pidió que lo mantuviera fijo.
— Vamos, saldrá bien.— Dijo sosteniendo su brazo, Fishlegs muy a su pesar bajó la cabeza y cerró los ojos con fuerza. Hiccup también evitó mirar al dragón, en señal de respeto.
No pasó mucho tiempo para que Fishlegs sintiera la piel del dragón contra sus manos callosas. Volvió su cabeza, asombrado.
— Bien, ya son amigos.— finalizó Hiccup con una sonrisa.
No les costó demasiado trabajo encontrar un Cremallerus, perfecto para los gemelos.
— Para ganar la confianza de este dragón, deberán alimentar ambas cabezas al mismo tiempo.— decía Hiccup a los gemelos, que en vez de estar asustados, se encontraban demasiado emocionados.— Ambas cabezas son distintas, tienen pensamientos separados y diferente personalidad.— La cabeza de la derecha despide un gas verde inflamable, la de la izquierda produce una chispa que lo enciende... Tengan cuidado con el gas, porque este puede atontarlos y...
¡BOOOM!
— ¡JAJA!
— ¡Eso fue excelente, a ver, hazlo de nuevo!
— Supongo que no todos siguen las reglas al pie de la letra.— murmuró Hiccup, observando como los gemelos, aunque cubiertos de hollín y despeinados, seguían jugando con el enorme cremallerus.
— Te llamaré Barf...— Ruffnut acarició una de las cabezas, con mimo. El dragón se relamió de gusto.
— Y yo Blench.— dijo Tuffnut, imitando a su hermana.
Hiccup se sorprendió bastante al ver que Snotlout había escogido un Pesadilla Monstruosa para entrenar.
— Eh, no es que sean difíciles...— empezó Hiccup rascándose la cabeza. Snotlout se giró molesto.— Es solo que son algo agresivos y orgullosos. Casi no tienen paciencia, pero son bastante valientes, son de los primeros en llegar a la pelea y los últimos en irse.— explicó, Snotlout, sin aún ver lo malo de esto, decidió ir a por el dragón.— ¡Tienes que mostrarles respeto y...!— fue interrumpido por el grito de Snotlout al huir de un Pesadilla Monstruosa en llamas.— ¡No, no huyas de él!— Hiccup fue tras ellos.— Muéstrale respeto, ¡oh, no! ¡Snotlout, pon sus cuernos al suelo! ¡Cuidado con el...! Auch...
— Eso dejara marca.— opinaron los gemelos, montados en su Cremallerus.
Después de calmar al Pesadilla Monstruosa, Snotlout finalmente pudo montarlo. Aun viendo que toda su tripulación ya tenía un dragón, Eret no quiso entrenar a ninguno.
— No creo que sea correcto.— negó Eret cuando iniciaron la marcha para encontrar a su dragón "ideal", Hiccup enarco una ceja. A lo lejos, Fishlegs estaba encariñándose con su nuevo dragón, ofreciéndole mas y mas rocas.— Fui cazador de dragones, cacé a cientos de ellos...
— Igual los demás, ¿no es así?— repuso el castaño, sin caer en la excusa de Eret, pero este negó con la cabeza.
— No, los gemelos estuvieron haciendo otro tipo de negocios con Viggo, Fishlegs llegó recientemente, era un pescador, aunque ya sabes, Viggo no maneja pesca, entonces me lo asignaron a mi. Snotlout vino después de la derrota de Drago, necesitaba dinero para su familia; yo soy el único que fue cazador.— relató Eret, recordando como hace cinco años, le asignaron a la mayoría de su tripulación para tratar de revivir los negocios de Viggo, ahora sin dragones. Hiccup se sorprendió por la explicación,dándose cuenta de lo poco que sabían de sus amigos navegantes.— No me siento cómodo... Entrenando a uno de ellos, cada que los veo me siento...
— ¿Incomodo?
— Culpable.— admitió Eret. No fue una época de su vida de la que se sintiera muy orgulloso, pero él y su padre tenían que empezar desde cero de alguna manera después de la destrucción de su aldea. Y el trabajar con Drago Bludvist era bastante tentador para dos hombres que lo habían perdido todo.
— Entiendo.— Hiccup le sonrió con pesar.— Puedes subir en Stormfly conmigo. — dijo antes de volverse al resto. Todos ya mas familiarizados con sus dragones.— Muy bien, es hora de irnos a Berk, no hay tiempo que perder.— apresuró, los gemelos se montaron en su dragón, antes de darse cuenta que estaba en a cabeza equivocada y volver a montarlo. Fishlegs se subió en su Gronckle con cuidado, tratando de no hacerle daño... o resultar herido en el proceso, Snotlout con algo de fiereza se subió en el pesadilla monstruosa, el cual intentó lanzarlo lejos. El pelinegro se aferró a los cuernos del dragón, evitando salir volando.— Tu nos llevarás de vuelta, a donde esta Astrid.— le pidió a Stormfly con suavidad. Le extendió la capa, ahora de un tamaño pequeño para que la dragón pudiera olfatearlo; los Nadders Mortíferos eran excelentes rastreadores, estaba seguro que Stormfly encontraría a su dueña en cualquier rincón del mundo.
De un momento a otro, una punzada de dolor le hizo tambalearse, era su pierna izquierda otra vez. Esta vez le dolía un poco mas, le acompañó la familiar sensación de debilidad que provenía con la fiebre, aún así, se incorporó. Lo importante era llegar a Berk, destruir la Tryllestav, detener a Mørke, encontrar a Toothless ... Y proteger a Astrid.
— ¿Todo bien?— preguntó Eret a su lado. Hiccup asintió, tratando de poner su mejor cara, mientras sentía que su pie se estaba llenando de ampollas dolorosas.— Parece que no tanto.
— Estoy bien, en serio.— con trabajo, ignorando el intenso dolor en su pie, subió en Stormfly, con algo de ayuda de Eret. Suspiró y luego le indicó a Stormfly empezar a volar, los otros dragones le siguieron, con gusto.
Mirar el Mundo Oculto con sus propios ojos era otro tipo de espectáculo. Esta vez, sí pudo mover su cabeza en todas direcciones, apreciando los colores, a los demás dragones... Extrañando a Toothless. Había tantas cosas que quería explorar de ese lugar, ¿había mas dragones por ahí? ¿Había mas furias nocturnas? Seguramente sí, probablemente se encontraban mas al fondo, escondidos incluso en ese mundo escondido; recordó el dragón que lo había sacado del sueño con Eyra. Era como Toothless, pero parecía mas bien de una especie similar, se preguntó si ese dragón era real y si Eyra lo había entrenado. Probablemente estaba muerto, pensó para sí (por primera vez, solo para Hiccup, para nadie más que para él), así como Eyra, tal vez solo era un fantasma...
Eso lo entristeció un poco. Ahí iba otra esperanza de encontrar a mas furias nocturnas o similares.
Una vez regresaron al Heksøyet, Hiccup pudo ver los restos del bote destruido. En realidad, no estaba tan destruido, unicamente la proa estaba deshecha, los trozos de esta se quemaban aun en las grietas de lava, sacando algo de humo. El resto del barco no se halaba en mejor condición, tenia boquetes enormes, los mástiles se habían caído y partido en varias partes, las velas estaban desgarradas y ardiendo también, junto con las cuerdas. Las provisiones estaba regada por todos lados, la cama donde Astrid dormía se había partido a la mitad. El timón estaba completamente inutilizable, la rueda se había zafado y rodado hasta perderse.
— Bueno, así terminó lo ultimo que me dejó mi padre.— comentó Eret, entre triste y con algo de amargura. Hiccup volvió su mirada al capitán.
— Si esto acaba, Astrid y yo te conseguiremos uno igual... Mucho mejor que ese.— le aseguró, tratando de ayudar. Pero al no ver resultado solo se encogió, volviendo su vista al frente, tratando de no concentrarse en el dolor intenso que se extendía lentamente por la planta de su pie.
Estaba segura que esa era la cama de Hiccup. Olía igual que él, así que esa debía ser.
Suspiró pesadamente, se sentía demasiado inútil en ese punto. Ya no quería llorar, después de llegar a Berk se había quedado seca, justo ahora se sentía como un enorme cascarón vacío, sin vida, que solo quería dormir.
Dormir y quizá, si tenía suerte, sin despertar jamás.
Levantó la vista, a la derecha de la habitación, había un escritorio atiborrado de papeles con dibujos, mapas y bocetos de sus proyectos, pegadas, abarcando gran parte de la pared, mas dibujos y mapas. Le llamó la atención uno de los bocetos, era el dibujo de una ballesta que se podía transformar en escudo (¿o era al revés? La caligrafía de Hiccup era pésima), esa idea era útil. Echo otro vistazo a la habitación reconociendo el escudo colgado en la pared de la izquierda, suspiró antes de ponerse de pie; el piso también estaba plagado de hojas, a lado de la cama había una mesita de noche, así como un ropero y algunos baúles.
El escudo estaba inocentemente colgado en la pared, parecía algo usado, pero no demasiado. Lo descolgó como pudo: era de hierro, con un dibujo de un furia nocturna enrollado en la parte externa, al rededor el eje del escudo, se encontraba escondida una cuerda con un gancho; y si lo mirabas con atención, había lineas de separación cortando el escudo en tres partes iguales. Lo giró para ver su parte interna, había algunos botones, apretó uno de ellos, disparando el gancho al suelo; Astrid esbozó una sonrisa triste mientras tomaba el escudo volvía a acostarse en la cama del castaño.
Presiono otro botón,este Hizo que el escudo se seccionara, revelando una ballesta bastante practica. De pronto tuvo una idea. Volvió a convertir la ballesta en un escudo, dejándolo sobre la cama, decidida a buscar algunas flechas, si su tía la había transformado en mortal, ella acabaría con ella como un mortal. Lamentó no tener su bolso con ella, de ser así las envenenaría con algo. Hiccup debía tener unas cuantas flechas en uno de todos esos baúles...
Suspiró al ver su ropa. Una parte de ella le decía que estaba muerto, que lo mas probable es que jamás se recuperase de ese golpe en la cabeza; pero otra parte (la que justo ahora quería escuchar) le decía que Hiccup estaba en camino... Lo recordó, ¿qué había pasado con Eret y los demás? El barco estaba a punto de caer, y sin su magia, eso significaba que todo lo que ella había modificado con eso se revertiría, si el barco caía, no iba a rebotar, sino a reventarse en mil pedazos...
Y Stormfly, bueno, por lo menos ella habría recuperado su tamaño normal.
Lo que se imaginaba era que Eret y los demás habían logrado revertir el curso del barco, que finalmente se habían hartado de esperarlos y habían vuelto al mercado del norte con las manos vacías. Quizá verían a Hiccup junto con una horda de dragones a lo lejos...
No podía creerlo del todo. Estaban muertos... Nada iba a cambiar eso.
Debía matar a Mørke, era la única forma de detenerla. De vengarlos a todos. Si eliminaba a la causa del dolor, este pararía, estaba segura de eso. En algún punto la tomaría desprevenida y le lanzaría una flecha repleta de...
— Sparers.— mustió para sí. En la quietud de la casa Haddock, esa palabra hizo eco. Astrid tapó sus labios antes de buscar esa planta.
Cubriría la punta con papilla de sparers, le dispararía directo en el corazón a su tía y acabaría con esto de una vez por todas. Tal vez una vez haciéndose con la varita ella pueda resucitar a Mørke y quitarle la magia para siempre, e incluso quemar a todas las brujas de su aquelarre.
Lograr vengar la muerte de Eret, de los gemelos, de Fishlegs y Snotlout. La de su madre...
Vengar la muerte de Hiccup.
El pacto nupcial establecía que si Hiccup moría, entonces toda su magia se emplearía en derrotar a Mørke , así que, aunque ella no tuviera una gota de magia en el cuerpo, iba a cumplir con su parte del trato. No importaba cómo, pero iba a salvar Berk, con o sin magia.
Eh, hola :)
¿Cómo estuvo su semana? La mia ajetreada, con examenes por doquier. Lamento subir este cap tan tarde, pero hey, ¡Aun es lunes!
Pobre Hiccup, no sale ni de una ni de otra, pero por lo menos tiene salud, ¿verdad?
¡Astrid está enojada! ¡Y dispuesta a tomar venganza!
Y, alto, ¿ella es la Tryllestav? ¡Que maldita la madre de Astrid! Mira que dejarle esa responsabilidad a Hiccup sin siquiera decirle, nombre, que horror...
¿Cómo se resolverá todo esto?
¡El siguiente cap es el ultimo! ¡Estén atentos!
¡Les quiero, cuidense mucho!
