VII
El día de la partida, de buena mañana, Martín de Baygorri, al mando de la cifra nada desdeñable de quince soldados del vizconde, comprobó que su grupo de peregrinos esperaba puntualmente en el lugar acordado, que no era otro que frente a la puerta de cierta taberna en la que Cadmus Peverell se había alojado. Además del mago había media docena de personajes de abolengo menor: cuatro hombres y dos mujeres, acompañados de alguna servidumbre hasta completar un grupo de unas treinta personas, soldadesca aparte, todos pertrechados abundantemente y a lomos de caballerías. Cadmus no entendió bien los títulos y nombres de todos, pero tampoco prestó mucha atención cuando los presentaron. En cualquier caso, ya tendría tiempo de conocerlos mejor durante las jornadas del viaje.
Martín hizo una seña a uno de sus soldados y éste cabalgó hasta Cadmus arrastrando un borriquillo pequeñajo y vivaracho, de abundante crin gris perlada.
- Supongo que no te da miedo montar en burro.- le dijo con una sonrisa.
Cadmus le miró fijamente un momento.- Nunca me he subido a uno. Tampoco soy muy experto con caballos, la verdad.
- No creo que tengas mucho problema. Son más limitados que otras monturas, como las escobas...- Esto último lo añadió en voz baja, para que los demás no le pudieran oír.
Cadmus le devolvió una mirada un tanto escéptica. Un burro no tenía la versatilidad de una escoba, pero era un ser vivo dotado de voluntad propia. No era seguro que fuera capaz de domeñarlo. En cualquier caso, a pie iba a desentonar mucho dentro del grupo, así que, con cierta prudencia, se subió sobre el borrico. El animal le saludó con un relincho estridente.
Martín inició la marcha. Los condujo por una calle llamada apropiadamente de Santiago hasta el arco de San Juan, por el que salieron del burgo. Inmediatamente cruzaron un río y emprendieron la ruta hacia Valcarlos entre los comentarios excitados de los compañeros de viaje de Cadmus, emocionados ante la perspectiva del viaje que iniciaban.
Con un gesto Martín, que debía estar aburrido de oírlos, le indicó que se desplazara hasta la cabecera. Cadmus se sintió algo ridículo. A la talla de por sí nada desdeñable del soldado, se sumaba que montaba un caballo de guerra enorme. A su lado, el mago parecía un gnomo.
- Un hermoso paisaje. ¿Verdad?
- Mucho.
- Además va a ser un día excelente. En estas montañas a menudo nos visita la lluvia.- El solado sonrió con expresión bonachona.
- ¿Cuál es nuestro próximo destino?
- Vamos camino de Valcarlos. O Luzaide, como también se llama. Pararemos un rato para comer y reponer fuerzas, que después viene el puerto de Ibañeta. La noche la pasaremos en Roncesvalles. Allí las tropas de Carlomagno dirigidas por su sobrino Roldán, uno de los doce pares de Francia, fueron derrotadas por los vascones. O por los árabes, según versiones. Seguramente has oído hablar de su legendaria espada Durandarte, y de su olifante mágico...
- ¿Una espada y un olifante mágicos?
- La mítica Durandarte. En su pomo se guardaban varias reliquias, incluido un pedazo del manto de la Virgen. Y su cuerno. Se dice que podía oírse al otro lado de los montes. Así fue como Carlomagno supo de la derrota. Por el sonido del cuerno.
- ¿Qué ocurrió con esos objetos?
- Se dice que Roldán, tras intentar infructuosamente romper la espada contra una roca, la arrojó al fondo del río antes que permitir que cayera en manos de los enemigos. En cuanto a su cuerno, no tengo ni idea.
- ¿Se sabe de qué estaba hecho el cuerno?
- ¿Qué de qué estaba hecho? ¡Pues de asta, hombre! ¿De qué iba a ser si no? – Martín soltó una carcajada.
Por un momento, Cadmus había pensado que tal vez lo que buscaba estaba relacionado con Carlomagno. El mundo mágico, y el no mágico también, estaban llenos de historias sobre objetos legendarios dotados de poderes extraordinarios. Pero nada hacía pensar, en principio, que los objetos del sobrino del emperador estuvieran emparentados con el caldero que él buscaba. Respiró profundamente, y, dejándose llevar por el borrico, decidió dejar de pensar por un rato en el objeto de su viaje y se extasió en la belleza del paisaje que recorrían. A veces la senda se introducía en un bosque frondoso. Otras veces ascendían una loma desde la cual se divisaba una región inmensamente verde, salpicada de caseríos blancos que resplandecían bajo los rayos de sol, y rodeada de montes cuyas cumbres destacaban en un cielo excepcionalmente azul. Adelantaron a un par de grupos de peregrinos que iban a pie que se apartaron para dejarlos pasar, antes de llegar a la villa de Valcarlos, en cuyas afueras acamparon. Algunos siervos se acercaron al burgo para adquirir viandas, mientras el resto preparaba una comida para sus amos. Martín invitó a Cadmus a compartir la comida con él y sus soldados.
- Cuando lleguemos a Roncesvalles nos dirigiremos en primer lugar al Hospital de peregrinos, para pedir alojamiento en el albergue.
- ¿Tardaremos mucho en llegar?
- Creo que con tiempo suficiente para asistir a misa en la Colegiata...- comentó Martín.
Reanudaron la marcha, mucho más silenciosos que al comienzo del día, en parte porque tenían el estómago lleno, y en parte porque el cansancio comenzaba a notarse. Todos se sintieron aliviados al entrar en Roncesvalles.
Los miembros de la expedición se dirigieron a la colegiata de Nuestra Señora para escuchar la misa de peregrinos. Cadmus los siguió rezagándose intencionadamente. No le quedó más remedio que entrar en el templo, acompañado de un par de soldados del vizconde que cerraban el grupo. Dentro había tanta gente que no le costó escabullirse sin ser detectado.
Paseó por la villa de Valcarlos ensimismado en sus pensamientos. ¿Cómo podría comenzar a hacer averiguaciones sobre el caldero? Si era de piedra, entonces tal vez los canteros supieran algo. Preguntó en romance francés a un vendedor de empanadas si sabía de algún taller de cantería. Le indicó un lugar a las afueras. Allí se dirigió y encontró a un hombre cubierto de polvo golpeando un bloque de granito.
- ¿Sabes de alguien que talle calderos en piedra? – le preguntó.
- ¿Calderos? No, ni idea. ¿Quién podría querer un caldero de piedra? – dijo el cantero sin levantar la vista de su trabajo. El bloque iba adquiriendo un parecido asombroso con un basilisco.- Los calderos de piedra son demasiado pesados, y el calor no se transmite bien. Además, podrían partirse...
- Si se tratara de una piedra con propiedades especiales...
De pronto, la expresión de su rostro cambió. Levantó la vista y lo miró aterrorizado.- De brujas y objetos embrujados por ellas no se nada.- dijo en tono amenazador. Cadmus comprendió que, si no quería llamar la atención, lo mejor era marcharse. Reemprendió el regreso y, de camino al albergue, se encontró con Martín, que obviamente había tenido la misma idea que él y se había escabullido de la celebración. Martín le hizo un gesto para que se aproximara.
- Voy a encontrarme con alguien. Tal vez quieras conocerla.- le invitó.
- ¿Se trata de una bru..?
- ¡Shhhh! – No hables tan alto. Si te oye alguien, podría tener consecuencias. Sí, es alguien especial. Se trata de una mujer. Ane de Santxorena. Una belleza. Pero cuidado ¿eh? Yo le eché el ojo primero.- Martín soltó una carcajada.
- ¿Tu novia?
¡Oh! ¡No!.Pero no niego que no me importaría.- dijo con una de sus carcajadas mientras torcían por una calle. Al fondo, junto a una fuente, una mujer les saludó con la mano.
- ¡Ane de Santxorena!.- clamó Martín. La bruja le devolvió una sonrisa. Era joven, de estatura media, con el pelo muy oscuro y corto y unos brillantes ojos grises.
- Este es Cadmus Peverell. Viene de la lejana Inglaterra. Es uno de los tuyos.
- Bienvenido, entonces.- dijo la bruja. No era especialmente guapa, pero tenía un tono de voz sereno, que invitaba a la calma.
- Conozco a Ane desde que era un niño. Es amiga de mi hermana. Aprendieron juntas. En la misma Tradición.
- ¿Qué es lo que te lleva realmente a Compostela? – preguntó la bruja.
- Cuestión de fe.
- Puedes confiar en nosotros. Guardaremos el secreto.- dijo Martín con su habitual tono un poco socarrón.
- Ya te he dicho que cuestión de fe.
- ¡Venga ya!
- Soy un peregrino.- Cadmus insistió.- Martín abrió la boca para decir algo, pero Ane puso una mano en su brazo y se calló.
- No insistas mas.- dijo suavemente.- Martín alzó las manos en señal de claudicación. Por un momento, se hizo un silencio un tanto embarazoso. Afortunadamente, Cadmus encontró en seguida algo de lo que hablar.
- ¿Qué es eso de las Tradiciones?
- Todos somos educados en la Tradición Mágica Clásica, compilada y codificada durante el Imperio Romano. Pero además, aprendemos la magia ancestral de nuestros antepasados. A lo largo del camino predominan los de la Tradición del Norte, salvo en Galicia, donde encontrarás magos de la Celta. En los reinos musulmanes hay sobre todo magos y brujas pertenecientes a la Sufita. Y por todas partes hay miembros de la Cabalística. Depende del sitio dónde has nacido, de tu raza...
- Y del reino al que pertenezcas, supongo.
- ¡Oh! ¡No! La cuestión política es mucho menor. Somos pocos, y las fronteras de los reinos de ingenuos cambian constantemente.
- ¿Ingenuos?
- Gente no mágica.
- ¡Ah! – Nosotros los llamamos muggles.
- ¿Magles? - ¿Qué significa?
- Creo que nada.
- Ya. Bueno, como te decía, las fronteras cambian constantemente. Tu hermano se va a vivir al valle de al lado y resulta que al cabo de 10 años ese valle cambia de reino y tu hermano y su familia se convierten en potenciales enemigos. Es para volverse loco. Así que, desde 1212 la mayoría no seguimos del todo los avatares políticos de los reinos magles. Existe una Casa de las Tradiciones en Toledo donde hay representaciones de todos.
Continuaron departiendo por un rato, hasta que Martín observó que se aproximaba el final de la misa, y que debía estar a las puertas de la colegiata para cuando salieran sus escoltados. Se despidió de Ane con un hasta pronto que por alguna razón no le pasó desapercibido a Cadmus.
- No la has engañado. Ni a mi tampoco.- dijo Martín cuando estaban solos.
- ¿Es que no puedo peregrinar como un cristiano más?
- Si. Pero en ese caso, en lugar de vagar por ahí, habrías permanecido en la misa del peregrino de la colegiata. Es una tradición.
- Está bien. – dijo Cadmus.- Voy en busca de un objeto mágico.
- Muchos magos y brujas recorren el camino para estudiar astronomía o alquimia. O para conocer lugares mágicos. Incluso para aprender magia de las Tradiciones. Pero eres el primero que conozco que va buscando un objeto. ¿Y de qué objeto se trata, si es que puede saberse?
- De un caldero
- ¿Un caldero?
- Un caldero de piedra con propiedades alquímicas.
- El Camino tiene un contenido alquímico. Por otro lado, creo que los que más saben de alquimia son los de la Cabalística.
- ¿Cabalística?
- Los de la Tradición Cabalística son los sefarditas. Los judíos.- aclaró al ver la expresión de desconcierto del mago.
- Sabes mucho del mundo mágico.
- Ya te he dicho que me viene de familia. ¿Cómo es ese caldero?
- De piedra.
- Eso ya me lo has dicho.
- Se poco más. Según una leyenda irlandesa un mago lo trajo de lejos. Podía alimentar a un ejército sin vaciarse y producía un brebaje que sanaba las heridas...
- ¡Ah! Como la parábola de los panes y los peces...
- Si tu lo dices...
- Escucha. Se me ocurre que tal vez te puedan ayudar los familiares del prometido de mi hermana.
- ¿La familia del prometido de tu hermana?
- Si. Son azabacheros. Magos azabacheros.
- ¿Y eso qué es?
- Sabrás lo que es el azabache. ¿No? Se usa para amuletos mágicos. Es una piedra negra y brillante. Con propiedades mágicas. Se produce en Asturias. Los mejores talladores los encuentras en Santiago. Los Freixo son sin duda los mejores proveedores de amuletos mágicos de azabache.
- ¿De veras?
"Bueno", pensó Cadmus. Tal vez la suerte empezaba a sonreírle.
- Háblame más de ese azabache.
- Mañana, durante el viaje. Ahora tengo que atender a mis protegidos. Y a mi tropa.- Estaban a las puertas del templo y los asistentes a la misa comenzaban a salir del mismo.
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Notas Varias.
De la magia y la religión en el Potterverso:. Las referencias al cristianismo en la obra de Rowling son más abundantes de lo que a primera vista podría parecer. Hay padrinos (godfathers), se celebra la Navidad (nunca se menciona el solsticio), un fraile fantasma, un hipogrifo rebautizado (rechristened, ojo al término original en inglés) y en el último libro unas cuantas frases extraídas de los textos bíblicos. Parece que Lily y James eran cristianos (bautizaron a Harry y en sus lápidas hay una frase de la Biblia que ni Harry ni Hermione captan, lo que parece indicar que ni los Dursley ni los Granger son particularmente religiosos- nótese, los muggles).Las referencias quedan atenuadas porque no hemos visto una capilla en Hogwarts, ninguna alusión directa al tema, y el funeral y la boda a los que hemos asistido, parecían muy laicos, aunque el oficiante es en ambos casos el mismo brujo.
Hay mucho por ahí escrito acerca de este aspecto. A mi me parece que, puesto que la fe es un don, entre los magos y brujas los habrá con y sin el mismo, por tanto, practicando todas las creencias (y también los habrá que no crean en nada, aunque seguramente sean los menos, porque parecen tener una mayor sensibilidad a la existencia de una vida más allá). Alí Bashir, el mercader de alfombras voladoras, seguramente será musulmán, y las Patil es posible que practiquen el hinduismo o el budismo.
En el momento en que transcurre esta historia (hacia 1350) habrá también muchos que se dicen de una determinada religión por pura conveniencia, teniendo en cuenta además que en ese momento poder terrenal y espiritual van de la mano. Y además, algunas herejías ya se habían perseguido. Efectivamente, como Revitaa me hace notar, uso "ateo" como un anacronismo, pero es que no se me ocurría otra cosa para alguien acostumbrado a vivir entre magos (y entre los que no los son y también tienen sus versiones)...
Volviendo al tema principal de la nota, un aspecto importante del mundo mágico de Rowling es que la magia no se adquiere por pacto (generalmente demoníaco) o por aprendizaje. Es algo con lo que se nace. No se trata de un oficio brujeril, sino de algo intrínseco a la persona (como el que el que nace con dotes de médium o con una inteligencia extraordinaria). Desde esta premisa, uno puede utilizar su magia para el bien o para el mal, igual que cualquiera puede hacer con sus capacidades.
De la magia y la religión fuera del Potterverso: San Alberto Magno fue un reputado alquimista. Isaac Newton dedicó la mayoría de sus investigaciones (y sus escritos) al mundo alquímico. Y nuestra querida celebración del 6 de enero se basa en la visita al portal de Belén de unos magos (como en otros textos bíblicos se condena a las hechiceras, en un momento dado se extiende la interpretación de que eran astrónomos. Pero la astronomía, entonces, se confundía con la astrología).
De la Inquisición: La inquisición medieval ya existía en el siglo XII para combatir la herejía de los cátaros. En el siglo XIII ya había una inquisición en el reino de Aragón. En el vecino reino de Navarra, por donde transitaban tantos peregrinos, no debía ser desconocida.
De las Tradiciones:
Para compatibilizar una magia común rowliniana con el folklore mágico de nuestro país, después de mucho pensar, se me ocurrió organizar a la comunidad mágica en Tradiciones. En el siglo XIV todos eran educados en la Tradición Clásica, que en esencia es la misma que se enseña en Hogwarts (excepto las Runas Antiguas, que no llegaron tan al sur). Además, cada uno aprendía sus propios usos, dependiendo esencialmente de dónde hubieran nacido, aunque no eran Tradiciones cerradas, pudiendo una persona conocer varias (dejo como se estudiaba y se estudia la magia para otra ocasión). Las más extendidas hacia mediados del siglo XIV eran:
Tradición Clásica: magia grecolatina. Hechizos en latín. Uso intensivo de la varita. Toda la península.
Tradición del Norte: Reino de Castilla, en las zonas de Asturias, Cantabria y Norte de Burgos. Fuerte componente de magia asociada a criaturas mágicas.
Tradición Celta: Reino de Castilla en Galicia, parte del norte de León y Reino de Portugal. Magia asociada a lugares, a la tierra y el mar, y pasos entre este mundo y el otro (fertilidad y difuntos). Encantamientos.
Tradición Vascona: Reino de Castilla en P. Vasco, Reino de Navarra, Condado de Foix (Béarn), y parte de los valles pirenaicos del Reino de Aragón. Magia sin varita. Transformaciones.
Tradición Sufita: Reinos musulmanes. Astrología.
Tradición Cabalística: magos hebraicos. Alquimia.
Además de las Tradiciones, había (y hay) Localismos (que vendría a ser como dialectos de magia, algunos con influencias de varias tradiciones.
Con el tiempo, las Tradiciones fueron evolucionando. Hoy en día, no son exactamente iguales a lo que eran entonces.
Terminología en español: Ingenuo = Muggle. Había que buscar un término para el concepto, porque importar muggle en una época anterior a la globalización no parecía adecuado. Además, castellanizar el término según se lee habría sonado mugle, con acento en la u, que acaba pareciéndose a mugre (adecuadísimo para un sangresucia).Castellanizarlo según se pronuncia sería mágle. Al final, me decidí por ingenuo, que no es tan despectivo y que puede aludir a lo que pasa: que ven pero no quieren ver.
NoMago: squib. Necesitaba un término para squib, y al final este es el que más me ha convencido.
De por qué he tardado en actualizar: porque se me murió el ordenador (de tanto usarlo, parafraseando a cierta folclórica nacional). De momento, informáticamente hablando, vivo de prestado (y cuando me dejan).
