Este es el último cap de la historia... Disfrútenlo.
(Quizá también sea el capítulo más largo, pero que se le puede hacer jaj)
Disclaimer: Salvo por los ocs y la trama en sí, nada me pertenece, sino a Dreamworks y a Cressida Cowell
Una mancha amarilla atravesaba el frío bosque de Berk, con agilidad, pero de forma cautelosa, como si no quisiera ser descubierta (aunque, claro, su agilidad se veía algo reducida por sus costillas rotas). La mancha tenía la forma de una cabeza, más concretamente la cabeza de una chica adolescente, miraba a su alrededor, como si buscará algo.
A diferencia de Red Death, el bosque de Berk era mucho más frondoso, aunque estaba empezando a perder el color verde característico que tenía el día que ella llegó. Las hojas de los árboles se estaban tornando amarillas e incluso cafés, marchitándose lentamente, pidiendo a gritos luz solar, los dragones que quedaban eran los más pequeños quienes se escondían entre la maleza. Los más grandes estaban capturados.
Aún así, el bosque se mantenía húmedo, tanto que ella cayó de bruces por resbalar con una roca. Casi suelta un grito de dolor, ya que el golpe se había resentido en la caja torácica, llevó una de sus manos a dónde estaban las fracturas. Esperó a que el dolor aminorara, sentada en medio del bosque; sabía que no faltaría mucho hasta que se dieran cuenta de que no estaba en el enorme banquete (¿Era una cena? No lo sabía, todo el tiempo en Berk era de noche) que Mørke había organizado en el Gran Salón de Berk. Tenía poco tiempo para encontrar las sparers y para encontrar las flechas para recargar la ballesta.
Su plan debía ser perfecto. Todavía se encontraba puliéndolo, primero, le dispararía en la mano donde llevaba la Tryllestav, luego en la otra mano y mientras estaba distraída... ¡Pum! Dos flechas en el pecho. Si encontraba más, podía permitirse llenarle la cabeza de flechas.
Podría hacerlo después del banquete. Ella estaría tan distraída que nadie podría hacer nada, además, ¿Quien se atrevería a tomar la Tryllestav? Probablemente alguna de ellas intentaría tomarla, lo mejor que podría pasar es que resultará no ser una lys y que ellas junto con todo el aquelarre estallaran en mil pedazos. Eso la alegraría.
Una vez el dolor se hizo más soportable se levantó y continuo su camino. Se preguntó por dentro si ahora que tenía tanta magia como un mortal, las sparers le harían daño; seguramente sí, pero de todas formas, ella tenía una especie de resistencia a ellas. Todas las veces que alguien intentó atarla con ellas, solo le habían causado algunas quemaduras superficiales, nada graves...
¡Ahí estaba! Las familiares hojas de las sparers. Muy a su pesar, tuvo que volver a sentarse para arrancarlas; tocarlas ya no ardía tanto, solo le dolía un poco. Había tomado un pequeño bolsito de la casa de Hiccup para llevarse las hojas de sparer que necesitaba, atoró el pequeño bolso de cuero en su cinturón y lo atiborro de sparers.
Solo necesitaba un mortero y todo estaría listo.
Volvió a levantarse y busco dirigirse a la aldea de nuevo. Había marcado el camino por dónde llegó con rocas blancas, que apenas podía ver, lamentó que hiciera tanto frío y que su tía le hubiese arrancado su capa, la necesitaba ahora mínimo para cubrirse del frío. Una vez de vuelta en la aldea, buscó el edificio de la fragua, esperando a que no se hubiese derrumbado gracias a qué Hiccup derrumbó una de las paredes.
Berk estaba desolado.
La fragua se encontraba cerca de la plaza de Berk, lo sabía porque lo había visto en el sueño de Hiccup y porque lo recordaba vagamente. Recorrió el camino, tratando de no ver los restos de vikingos y dragones que rodeaban Berk.
Ugh.
Una vez la encontró, entró en la fragua, está vez completamente sola. No tenía tiempo para curiosear por toda la fragua, necesitaba flechas y las requería ahora; trataba de evitar ver el cuarto (ahora medio destruido) de Hiccup, sus dibujos habían volado, forrando todo el piso. Astrid se molestó, ¿Es que siempre sus dibujos tenían que estar cerca de ella? Sabía que ese era su lugar, que Hiccup había nacido ahí, que era algo obvio que todo lo que viera le recordara a él, pero es que era tan doloroso...
Hiccup está vivo y viene para acá.
De verdad debía creerlo. Quería hacerlo. Si no, se iba a derrumbar. Y tenía que encontrar esas estúpidas flechas, liberar a Toothless y terminar de salvar Berk.
Las encontró junto al horno, ahora ya completamente apagado. Tomó todo el carcaj y se lo puso al hombro, el escudo lo llevaba en la espalda, lista para atacar; antes de irse, tuvo entonces la abrumadora sensación que todo lo que estaba haciendo era inútil. Además de eso, la sensación de qué él estaba ahí.
Por un momento, deseó girarse y que Toothless se encontrará ahí, mirándola con curiosidad. Deseó ver a Hiccup trabajando en su cuarto, dibujando miles y miles de bocetos de él y su hermano dragón; preparando planos para hacer un invento que terminara con cualquier problema de Berk, perfeccionando su espada que prendía fuego, su escudo, su traje...
Recordó ver su cadáver. El como le partió el alma al verlo ahí, sin vida, desangrándose, sus ojos pasmados para siempre...
Cubrió su rostro con ambas manos, no quería pensar en eso, pero la imagen era tan latente y tan nítida que parecía que seguía viendo a Hiccup muerto en el Mundo Oculto. Ella sabía que su tía lo había regresado a la vida, que él estaba bien, atrapado, pero vivo a fin de cuentas; pero no podía evitar pensar en qué quizá, solo quizá el hechizo no había funcionado.
Sí, sí, había funcionado en Toothless. Pero, ¿Y si Hiccup tenía una secuela después del golpe?
Suspiró antes de abrir la puerta. El frío volvió a golpearle al rostro, pero no sé comparaba nada con el golpe que ella había sentido cuando voló con Hiccup y Toothless; caminó fuera de fragua, teniendo la sensación de que jamás volvería a entrar y que estaba dejando a Hiccup detrás de sí.
Voy a recuperar Berk, pensó, esperando que él pudiese oírla, dónde quiera que estuviese.
—¡Oye!
Astrid se giró, asustada, buscando quien la había llamado. En la plaza solo estaban las jaulas que contenían a los vikingos y las que contenían a los dragones, ¿Que nadie las estaba cuidando?
—¡Astrid, por aquí!— la volvió a llamar. Ella se asustó, aunque se relajó un poco al caer en la cuenta de que se trataba de un hombre. Le costó trabajo recordar la voz.
—Gobber, ya basta, ella no va a contestar.— susurró otra voz, está vez femenina. A Astrid se le iluminó el rostro, se trataba de la madre de Hiccup, Valka y de Gobber, su mentor.
Corrió hasta donde estaba la jaula de ellos, buscando entre todos los vikingos que estaban ahí, no debían pasar de los treinta, y estaban apretados en esas jaulas para dragones. Astrid les buscó, tratando de no llamar la atención de los demás (algunos, sin embargo, la reconocieron y le miraron con odio y desagrado, otros, querían preguntarle por Hiccup), hasta que llegó a la segunda jaula, dónde se encontraba Valka, sentada con las rodillas debajo del mentón y Gobber, con la cabeza entre los barrotes y las manos sosteniendo los barrotes. También la buscaba.
—¡Ella está aquí, Valka!— exclamó Gobber en voz baja, feliz de ver a la joven bruja.— Te dije que vendría, este debe ser uno de los planes de Hiccup, ¿Cierto? Porque, Hiccup está aquí contigo, ¿No?
Astrid ensombreció su semblante, ocasionando que el rubio dejara de sonreír. Valka, quien había alzado la vista, suspiró con tristeza.
—No.— negó con tacto, tratando de no alertar a nadie. Gobber bajo la mirada.— Solo soy yo.
—¿Él está...?— empezó Valka, acercándose a los barrotes, sin poder pronunciar la palabra. Astrid no sabía exactamente qué responder.
—No, no.— fue lo único que pudo murmurar. No, Hiccup no estaba muerto, pero ciertamente no estaba con ella.— Es solo que...
—¿Y tus marcas?— intervino Valka, observando sus muñecas, sabía lo que significaba. Astrid cubrió su muñeca expuesta con su mano, pero era inútil, Gobber también las había visto.
—Es una larga historia. Mørke descubrió que habíamos hecho un pacto y... Bueno, primero me quitó la magia, y después nos asesinó a Hiccup y a mi.
Todos los vikingos en la jaula la miraron como si hubiese dicho algo imposible. De hecho, lo era, Astrid no parecía ser un fantasma.
—... Eh, pero luego me revivió. Con la Tryllestav todo es posible.— Astrid se dio cuenta de lo apagada que sonaba su voz en ese momento, incluso ahora, que trataba de modularla para que no se notará su tristeza.— Hice que ella reviviera a Hiccup siempre y cuando yo volviera aquí. Nos separamos, ahora yo... No sé dónde está.— relató. Valka se cubrió la cara con las manos, entre aliviada y aún triste. Su hijo no estaba ahí, y Astrid no parecía encontrarse del todo bien.— Pero tengo un plan, los sacaré de aquí y...
—Astrid, no tienes que hacer eso.— la interrumpió la madre de Hiccup, alargó una de sus manos por entre los barrotes, tomándola del brazo.— Es mi culpa, todo esto... Tal vez si hubiera sido mucho más sensata esto no hubiera pasado.
—No, no fue tu culpa, Valka.— la intentó consolar su amigo. Astrid asintió, estando de acuerdo con lo que decía el hombre.— Tu no sabías que era una bruja.
—¡Pero acepté el trato!— explotó Valka, llorando suavemente, como si no quisiera que nadie lo notará.— Ella sabía que Hiccup iba a morir, y yo le creí...
—¿Cómo?— preguntó Astrid sorprendida. La mujer volvió sus ojos azules a la rubia, repletos de tristeza.
—Ella llegó un día, su barco naufragó y Stoick la encontró.— explicó Valka con la voz pastosa.— Nunca vimos sus marcas, quizá las maquilló, no lo sé. Mørke dijo que era una völva, así que se quedó con Gothi en lo que mi esposo buscaba como regresarla a su isla; una vez irrumpió en nuestra casa, quería hablar conmigo de algo sumamente urgente...
"Hubo muchos intentos de embarazo antes de tener a Hiccup. Todos terminaban en abortos espontáneos o muertos de alguna forma; pero Hiccup había cuando más tiempo, Stoick y yo estábamos emocionados... Lo que Mørke había soñado era que Hiccup moriría en mi vientre, y yo pensé...— sollozó desconsolada.— Pensé que Stoick jamás me perdonaría si perdía a un bebé más. Le dije a Mørke que hiciera lo necesario para mantener a Hiccup con vida, no importaba el precio, ella dijo que lo haría, solo si después accedía a ayudarla con algo. Y acepté.
"Yo no tenía idea... Afortunadamente Stoick llegó antes. Pero eso ocasionó que ella se enojara con Berk, que maldijera a todos aquí y a Hiccup.— terminó con la voz rota. Gobber la abrazó, tratando de infundirle consuelo. Astrid me tomó la mano que la mujer había puesto dice su brazo.— Mørke tiene razón, todo esto es mi culpa.
—No, no lo es.— susurró Astrid.— Es solo culpa de mi tía. Mørke quería hacer una Tryllestav nueva, con la sangre de tu bebé; ella iba a intentar matar a Hiccup de un modo u otro.
Valka le miró asombrada, Gobber tenía una mirada similar.
— Es lo que me dijo ella.— aseguró Astrid.— Después de resucitarme, ella me contó que mi madre era la guardiana de la Tryllestav, y que, frustrada por no tener una intentó hacer una con Hiccup y Toothless...
—¿Cómo sabes sobre Toothless?— la interrumpió Gobber, Astrid se ruborizó.
—Es una larga historia, pero Hiccup me lo contó, era algo de vida o muerte.— zanjó Astrid, sin querer perder más el tiempo, buscó la cerradura de la jaula.— Vamos, tengo que sacarlos de aquí, tienen que ayudarme.
—¿Que es lo que planeas hacer?— preguntó el herrero. Astrid suspiró, teniendo un dejá vù, era como estar en el barco con Snotlout otra vez.
—Necesito que distraigan a Mørke y a las otras brujas. Mientras ellas lo estén, yo atacaré a Mørke y le quitaré la varita.— explicó Astrid rápidamente.— ¿Tienen idea de que van a hacerles?
Gobber estuvo a punto de contestar "matarnos", antes de que alguien en la jaula hablara.
—Van a quemarnos, en hogueras.— aseguró una voz de hombre, Astrid se giró dubitativa.— Las he oído decirlo, es como una especie de "justicia poética" o algo así.
Astrid frunció el ceño mientras entornaba los ojos.
—Bien, entonces hay que hacer un nuevo plan.
Eret estaba algo harto de que Hiccup se la pasara balbuceando en voz alta el plan. Para ser justos, no estaba muy acostumbrado a la forma de ser del castaño, ademas, por la cercanía sabía que estaba hirviendo el fiebre, por lo que estaba algo preocupado, ¿y si la fiebre le estaba nublando el juicio?
—¿Quieres dejar de hacer eso?— se quejó Eret una vez que ya no pudo soportarlo. Hiccup estaba sudando, así que todo su cabello se encontraba algo húmedo, se encontraba algo ruborizado y pálido.— ¿Estas seguro de que estas bien?— le preguntó, realmente preocupado.
La pierna le dolía horrores, pero nada que no pudiera soportar.
—Sí, estoy bien.— rectificó Hiccup, en realidad, sentía que se le iba a derretir el cuerpo.— Y lo siento, estoy acostumbrado a hablar mientras... Vuelo.— Hiccup estaba avergonzado. Extrañaba horrores a Toothless, hablar con él siempre aclaraba las cosas, y ahora, estando solo, solo hablaba y hablaba a veces esperando una respuesta, que nunca llegaba.
—Bueno, eso debía ser menos aterrador cuando eras un dragón.— opinó Eret, mirando hacía otro lado, al mar. Llevaban unas cuantas horas volando, al hombretón se le hacía increíble como en cuestión de horas los dragones atravesaban distancias que a ellos les tomaban días.
Echó un vistazo a su tripulación, los gemelos se encontraban charlando y haciendo bromas sobre la forma de las nubes, balanceándose entre las cabezas de su dragón cuando se aburrían; Snotlout batallaba un poco con su Pesadilla Monstruosa, a veces forcejeaban sobre quien tenía el control, pero todo parecía estar en su mayoría en orden, Fishlegs por otro lado...
—Oh Thor, oh Thor, oh Thor...— repetía mientras tenía los ojos cerrados. Estaba aferrado a su Gronckle con manos y piernas, aterrado.
Nada que no pudiese manejar.
—Quizá, igual no es que este muy acostumbrado a montar un dragón.— respondió él, nervioso. Su corazón iba a todo lo que daba, incluso sentía que en cualquier momento le iba a estallar; estaba seguro de que no era por llegar a Berk, sino mas bien por la fiebre, y por el ligero olor putrefacto que le llegaba desde su pie izquierdo, esperando que Eret no lo notase.— Ya estamos un poco cerca eh...— tembló de nuevo para después girarse al resto de la tripulación.— Cuando vean un... uff, una cúpula negra, asegúrense de que sea... Berk.—farfulló, asustando aún mas a Eret.
—¿Que dijo?— preguntó Snotlout con una mueca.
—Berk esta en una... cúpula negra.—Hiccup se tomó la cabeza. Esto no podía estarle pasando, apenas había resucitado, no entendía porque...
Cayó en la cuenta: Astrid también había muerto.
Significaba una cosa: ella había perdido su magia y el estaba perdiendo sus piernas. Por lo menos la izquierda, jadeó mientras se tomaba la frente; tenía que acabar con eso, o perdería ambas piernas...
—¿Ahora que pasa?— le interrumpió Eret, Hiccup nuevamente se sintió avergonzado.
—Es sobre el pacto, creí que como Astrid murió y yo también lo hice, se anularía, pero no fue así. Creo que...
—¿Dices que te estas quedando sin piernas?— intervino Tuffnut, acercando la cabeza de su dragón. Hiccup hizo una mueca antes de temblar.— Parece que te estas resfriando, Hiccup, ¿por que no comes un pan con moho?— le sugirió tomando nota del sonrojo del castaño.
—Seh, siempre curábamos a Tuffnut con eso.—coincidió su hermana, asintiendo.
En su estado, a Hiccup no le pareció tan gracioso que los gemelos le gastaran bromas, así de decidió ignorarlos un poco. A lo lejos divisó la enorme cúpula negra que ahora era Berk y la señaló, como pudo.
—Es ahí.
—Ah, si es una cúpula negra gigante.— reconoció Snotlout.—Eso no es lo que esperaba...
—Vamos, por aquí... Hay una entrada en la...— tragó saliva, Gothi debía tener un remedio para la fiebre, lo necesitaba a la de ya.— Cerca de la costa... esta cubierta de sparers.— jadeó Hiccup, estaba sediento, la boca apenas la sentía húmeda. Le urgía llegar.
—¿Y podremos pasar?—preguntó Eret a su espalda, notando lo gruesa que se veía la capa de oscuridad.
—Astrid dijo que era una especie de manta...—respondió Hiccup, luego recordó algo y bajó la cabeza para hablar con Stormfly.—Bien, chica, baja, necesitamos volar pegados al mar, así ellas no podrán vernos.
La dragón le hizo caso, así como los otros dragones, Fishlegs gritó al sentir el cambio de altura, y se aferró aún mas a la piel de su dragón, el Gronckle no tenía ningún problema con eso; es mas, se veía gustoso de recibir tanto afecto.
Hiccup se preguntó si les caería una maldición al atravesar la cúpula. Esperaba que no, o estaban fritos, cerró los ojos, listo para sentir que nuevamente se moría, pero no fue así; la atmósfera cambio a una mucho mas fría (para su pesar), así como mucho mas oscura...
—Con que esto es Berk.— soltó Eret después de silbar, echando un vistazo por toda la isla. No se veía del todo bien, los bosques se estaban tornando amarillos, así como el humo que provenía de la aldea, lo que indicaba que seguían quemando cosas.
Esperaba que fueran cosas y no personas.
Volaron por un rato hasta que Stormfly encontró la familiar entrada para Hiccup. Ahora que no tenían a Astrid podían atravesarla sin ningún problema, una vez hecho, le pidió a la Nadder aterrizar suavemente en la cueva, los demás le imitaron, excepto el Pesadilla Monstruosa, quien aterrizó aparatosamente para que Snotlout cayera, casi lo logra, por cierto.
Eret bajó antes que Hiccup, este bajó tambaleándose y casi cayéndose. El dolor en su pierna lo obligaba a cojear, le aterró que ya ni siquiera podía mover los dedos; Eret lo sostuvo lo suficiente como para que Hiccup lograse estabilizarse.
—Hiccup, es obvio que no estas bien.— le regaño Eret, Hiccup se quejó.— ¿Dónde esta tu gente?—le preguntó, Hiccup señaló al fondo de la cueva.
—Deben estar por ahí, en las luces...—dijo medio delirando, los demás caminaron recto, sin despegarse.— No esta muy lejos...
Pero por mas que caminaron no se observaban luces, Hiccup parpadeo un par de veces, asustado. Ya debían haber llegado, es mas, estaban a unos cuantos metros de la zona donde estaban los heridos, ¿por qué no había luz?
—Ah, ¿mamá?—preguntó Hiccup, tratando de separarse de Eret, aunque casi cae al suelo.— ¿Gobber? ¿Hay alguien?
La tripulación empezó a recorrer el lugar, buscando personas, pero el lugar se veía extrañamente ordenado. Eret tuvo una sensación desagradable en el estomago, esto no pintaba bien.
—Oh, no, no, no...—murmuró Hiccup asustado, intentando correr hacía las otras cámaras. Estaba oscuro, no había nadie mas en la cueva...
—Tal vez se los llevaron.—aventuró Tuffnut con algo de miedo. Los demás estuvieron de acuerdo, no había cadáveres ni sangre.
Hiccup jadeó, tomándose la cabeza de nuevo. La fiebre lo estaba matando, lo mismo con la sed y el terrible dolor en la pierna, caminó con dificultad hacía un barril con agua (esperando que no estuviese envenenada) y intentó beber de ella. Ruffnut le ayudo pasándole un cuenco que había encontrado por ahí, Tuffnut, por su parte, buscaba algo enmohecido para Hiccup.
Eret exploró las cámaras, una de ellas todavía tenía el pentagrama donde Hiccup y Astrid se habían casado y otra, las aguas termales. Vacios, incluso se asomo en la piscina, buscando a alguien, pero no había nada.
Una vez bebió se sintió un poco mejor. Tuffnut encontró un pan enmohecido y lo colocó en la boca del castaño antes de que este pudiese protestar, lo tragó muy a su pesar, entre arcadas.
—Con eso te sentirás mejor, mi amigo.—le aseguró el gemelo. Hiccup lo dudaba, es mas, si su pierna no lo mataba, ese pan iba a hacerlo; echó un vistazo al lugar, encontró una cantimplora, la cual lleno de agua y la bebió toda de un trago.—Oye, deberías descansar.
—No puedo hacer eso, si de verdad se los llevaron debo rescatarlos.—respondió el castaño.—Deben estar en la aldea... Junto con el resto de los dragones.— aventuró Hiccup.— Astrid debe estar ahí, junto con Toothless, mi furia nocturna.
—Ah, por supuesto que el dragón tenía un nombre.— mustió Snotlout. Eret reapareció en la sala común, negando con la cabeza.
—No hay rastro de nadie aquí, debieron llevarse a todos.— notificó. Hiccup asintió, recargándose en la pared, devanándose los sesos para tratar de armar un plan en medio de la nube aturdidora que era la fiebre. La temperatura de su cuerpo bajaba con el agua, y lo haría mas si se bañara, pero realmente no quería ver el estado de su pierna.— ¿Que sugieres hacer?— preguntó Eret. Hiccup resopló.
Una vez fuera de la cueva, Hiccup había decidido reposar en Stormfly para tratar de no usar demasiado sus piernas. Caminaban por el amarillo bosque, de vuelta a la aldea, Hiccup había resuelto buscar a los vikingos y a los dragones en la aldea, no tardaron demasiado en llegar a ella, Berk era pequeño, podías llegar a cualquier lugar en unos pocos minutos.
Una vez estuvieron en una zona razonable, Fishlegs se subió a un árbol, sacó su catalejo (lo único que le quedaba del barco en realidad) y analizó el entorno. En la plaza había demasiadas jaulas, con dragones y gente adentro. No había rastro de alguna bruja o de un furia nocturna.
Ni de Astrid.
—Bueno, somos seis personas con cuatro dragones, sin el alfa.—contó Fishlegs, quien ya se había recuperado del tan ajetreado viaje.—Contra... ¿cuantas son?
—Cuando me capturaron, conté cincuenta contando a Astrid.—suspiró Hiccup, un poco aliviado que sus aldeanos estaban en las jaulas.— ¿No hay nadie vigilando?
—Veo movimiento en el Gran Salón.—señaló Fishlegs, viendo como varias brujas entraban y salían del lugar.— Pero en la plaza no hay nadie.
—Bien.—aceptó Hiccup.—Haremos esto, liberaremos a los dragones ahora que están distraídas. Y a todos los demás, las atacaremos ahora que están distraídas.— planeo Hiccup.
—¿Y una vez ahí que?
Hiccup tomó agua de nuevo, de hecho, el pan sí había ayudado un poco.
—Traer a Toothless y a Astrid de vuelta y quitarle la varita a Mørke .—resumió Hiccup.
Lilian no era una bruja joven, se había encargado de cuidar a las brujas jóvenes y enseñarles todo lo que debían saber de la magia. El único problema es que ella detestaba a los niños.
Era irónico, lo sabía, pero Mørke era sumamente cabezota, por lo que nunca pudo rechazar esa oferta, ademas, era mejor estar en un aquelarre que ir de pueblo en pueblo viviendo en las sombras. Las niñas que ella había cuidado eran sumamente irritantes, pero recordaba que Astrid era mil veces peor, siempre queriendo ser la primera en todo, la que se desesperaba mas rápido cuando sus conjuros no funcionaban, y la mejor de la clase. Debía admitir que la perseverancia de la niña la ponía celosa, su propia hija no era así no por asomo, de alguna manera, Lilian odiaba que Mørke siempre tuviera lo mejor.
Hasta que sucedió lo del cumpleaños. Aunque Mørke las tenía amenazadas con hablar del tema, ella nunca había sido tan feliz como lo fue cuando vio lo nefasto que fue su bautismo oscuro, solo una niña tonta tendría algo de compasión por un dragón, en especial ese dragón.
Vamos, era un furia nocturna, miles matarían por matar uno y aprovecharse de sus propiedades. Astrid, la sobrina de Mørke era una blanda, que había huido de Berk para... Bueno, hasta el motivo era risible, lo que murmuraban las otras brujas era que Astrid se había enamorado de el jefe de la isla, ese tal Hiccup Haddock, al cual Mørke maldijo hace mucho, por lo que se podía convertir en dragón. Se enamoró tan perdidamente de él que decidió ayudarlo a encontrar una Tryllestav, incluso tuvieron un extraño pacto nupcial, estuvieron navegando hasta que Mørke los encontró, entonces Astrid viéndose sin opciones, mató al jefe de Berk.
Aún así, la niña tonta fue castigada. Le quitaron su magia y ahora estaba deprimida en la casa de su amado. Lilian no lo creía que ella hubiese matado al dragón, cuando ella y Mørke llegaron ella no estaba cubierta de sangre, solo los descerebrados creían esa ridícula historia de Mørke .
Igual nadie iba a cuestionarla, Mørke tenía la Tryllestav, cualquiera que lo hiciera podría terminar en el ultimo circulo del infierno.
Estaba molesta (como siempre) porque Mørke la había puesto como niñera una vez mas, ahora debía cuidar a esos estúpidos vikingos y a los dragones. Sinceramente creía que los dragones eran mucho mas importantes que los sosos vikingos, pero Mørke no pensaba lo mismo. Mørke era una ridícula, quería terminar con esos mortales lo mas teatral posible, vengarse de todas las hermanas caídas, blah, blah, blah...
Que ridiculez.
Los dragones estaban ahí, encogidos en sus jaulas y con sus bozales, contenidos por cuerdas de cuero y cadenas, dirigió la vista hacia las jaulas de los vikingos y abrió los ojos como platos. Estaban vacías.
Abrió la boca para gritar, pero en el momento en el que lo hizo, una flecha le atravieso su garganta, cortándole el aire de golpe, ahogándola de inmediato. No solo le dolía la intromisión abrupta de la flecha, también tenía la sensación de ardor en la garganta, quemándola cada vez mas mezclada con descargas eléctricas; se llevó las manos al cuello, buscando sacar la flecha, pero otra la interrumpió, esta vez clavándose en su estomago, otra mas, se clavó en su cerebro, matándola definitivamente.
Lilian Weeks, con su ultimo aliento de vida, observó como Astrid Hofferson caminaba hacía ella, con una sonrisa burlona. Mientras sacaba las flechas (las tenía contadas, si podía reciclar algunas, mejor) del cuerpo de la bruja, Astrid sonrió.
Bueno, no se las estaba viendo negras sin poderes.
Gobber le siguió detrás de ella, la voluptuosa bruja estaba muerta a sus pies. Hizo una mueca.
—No pretendes que le quite la ropa.— masculló Gobber con desagrado, Astrid le miró molesta.
—Es parte del plan.—le reprendió, Gobber empezó a quitarle la capa y el vestido, como quien no quiere la cosa. Una vez terminó, hizo una seña a alguien detrás de él, inmediatamente, llegaron un par de vikingos que arrastraron el cadáver a los bosques.
Como pudo, el herrero se coloco el vestido, impresionado de que la bruja tuviera casi su misma talla, ocultó sus bigotes como pudo y se colocó la capa oscura. Gracias a la escasa luz lograría pasar desapercibido; Astrid sabía que no faltaría mucho hasta que Mørke le mandara compañía a la señora Weeks., así que preparó la ballesta de nuevo, lista para apuntar a la siguiente bruja.
En las jaulas, Valka preparaba señuelos de paja, colocándoles mantas y algunos escudos que se encontraban en la fragua. Algunos vikingos se quedaron en las jaulas, para que no fuese tan sospechoso; otros usaban armas aún sin probar de la fragua, algunas otras sin terminar. Astrid esperaba que no fuese una batalla muy larga, o Mørke los acabaría en un parpadeo.
Estaban tan ocupados en sus acciones, que se descuidaron y no vieron a los gemelos abriendo las jaulas de los dragones, así como a Fishlegs y Snotlout liberándolos de sus ataduras. Hiccup miraba desde lejos, asegurándose de que no dañaran a ningún dragón, sintiendo como su pierna se pudría lentamente.
Un grupo de brujas salió del Gran Salón, charlando alegremente. Astrid les apuntó, sin perderlas de vista, la ultima vez que había fallado un objetivo encogió a su dragón, se aseguraría de no volver a hacerlo; uno de los vikingos estaba a su lado con un arco, mientras el grupo se disolvía, unas chicas se dirigían con los dragones y otras con los vikingos. Dispararon con precisión, derribando al par de chicas.
Astrid se giró para volver por las chicas que iban a observar a los dragones. Escuchó unos cuantos forcejeos, y apresuró el paso. Casi se va de espaldas al ver a Tuffnut y a Ruffnut sacando un dragón (Astrid no lo sabía, pero se trataba de Cloudjumper, el dragón de Valka) de la jaula, con un par de brujas inconscientes, jadeó, todavía en shock por ver a ambos gemelos. Parecía que estaba viendo a dos fantasmas, mas allá se veía a Fishlegs y a Snotlout.
¡Sabía que no estaban muertos!
—¿Tuff, Ruff?—los llamó algo dudosa, como si al nombrarlos los marineros desaparecieran. En su lugar, los gemelos se volvieron, así como Snotlout y Fishlegs, inmediatamente los gemelos soltaron una queda exclamación de sorpresa y felicidad, dejaron ir al dragón y corrieron a ella, para abrazarla.
—¡Astrid!—exclamaron, ella trató de devolverles el abrazo, pero no tenían mucho tiempo.
—¿Qué es lo que hacen aquí?— les preguntó, entre molesta y aún sorprendida.— Debieron irse, Berk no es seguro...
—¡Vinimos a rescatar Berk!— respondió Tuffnut con una sonrisa en su rostro, Ruffnut asintió.
—¡Y a ti!
—Y al dragón de Hiccup, el cual no sabemos donde está.—agregó Tuffnut. Los demás también se le acercaron.
— ¡Estas viva!— exclamó Snotlout, sin querer admitir que se había preocupado por ella.
—¿Dónde esta Eret?— preguntó ella a Fishlegs, este tartamudeo antes de responder.— ¿Cómo llegaron hasta aquí tan rápido? ¿En barco?
—En realidad, vinimos volando...
—¿En dónde?
Antes de que pudiese responder, mas brujas empezaron a salir, siempre venían en parejas, tal vez sospechando que algo extraño estaba sucediendo en las jaulas. Astrid se puso alerta, los gemelos regresaron a su tarea de liberar a los dragones, ella les preguntó en un susurro porque lo estaban haciendo.
—¡Es parte del plan de Hiccup!
A Astrid se le iluminaron los ojos. —¿Hiccup está aquí?— preguntó.
—¡Pues claro! ¿Quién mas vendría como loco hasta aquí?— repuso Snotlout, acercándose a ella.— Nos hizo entrenar dragones para venir hasta aquí.
Antes de que Astrid pudiese responder, ella prefirió girarse a dispararles a las brujas que ya les habían visto. Estas cayeron inmediatamente, para luego ser arrastradas lentamente por los vikingos que estaban ayudándola.
—¿Y cual es el plan de ustedes?
—Crear una distracción.— Snotlout se encogió de hombros, ella se lo pensó, de hecho, era una buena idea. Corrió hasta donde estaba Gobber, quien ahora parecía una bruja con bigote.
—Muy bien, los que estén vestidos prepárense, Hiccup está aquí.— informó, ahora con una sonrisa que le estaba tensando las mejillas, Gobber y Valka se miraron felices por la noticia.— Y creo que usará a los dragones para...
Algo surcó el cielo y cortó el aire, se trataba de un Cuernatrotante, Astrid no tenía idea de que tipo de dragón se trataba, pero se le hacía curioso, porque parecía un escarabajo gigante. El dragón llegó hasta el Gran Salón y sin miramientos disparó un proyectil llameante al techo de este.
El techó explotó con la fuerza en la que el proyectil había caído, algunas brujas salieron del Gran Salón a toda prisa, los vikingos que estaban disfrazados, al ver esto, se giraron para darles la espalda, para no ser reconocidos, los restantes, saltaron de vuelta a las jaulas, cerrándolas sin echar el pestillo.
Pronto, seguido del Cuernatrotante, se observo una parvada de dragones siendo liderados por un Nadder mortífero, de él le seguían un Cremallerus, un Pesadilla Monstruosa y un Gronckle. Astrid reconoció a los marineros montados en aquellos dragones, y también para su sorpresa, a Hiccup.
Estaba montando a Stormfly, quien había recobrado su tamaño, tal y como ella había imaginado.
—¡Mírenos brujas! ¡Montamos dragones! ¡Todos nosotros montamos dragones!— exclamaba Tuffnut, emocionado, las brujas le miraban molestas, tratando de conjeturar algo para bajarlos.
Fue ahí cuando Astrid vio una enorme canastilla en las patas del cremallerus. Este la soltó, abriéndose abruptamente: eran sparers, las que estaban en la entrada de la cueva donde se suponía estaba la entrada para Hiccup dragón. Las brujas chillaron de dolor mientras estas caían del cielo, sin poder hacer nada.
—¡Muy bien, Snotlout, Fishlegs, manténgase abajo, en la plaza, que no vayan lejos!— ordenaba Hiccup, bañado en sudor. La adrenalina de la batalla combatía un poco su fiebre.—¡Ruff, Tuff, molestenlas!
—¡Esa es mi especialidad!— le respondió Ruffnut coqueta.
—¿Desde cuando? ¡Todos saben que yo soy mas irritante!— replicó Tuffnut desde la cabeza de su dragón.— ¿Ves? LARARARARRARRAARAAAAA...— exclamó, molestando a su hermana, colocándose de cabeza junto a ella para gritarle al oído.
—¡Solo háganlo!—le interrumpió Hiccup, para luego desviarse.— ¡Volveré tan rápido como pueda!
—¡De acuerdo!— gritaron los gemelos, separándose también del grupo, esta vez yendo a tierra, los otros dos se mantuvieron en el aire, detrás de lo que quedaba del Gran Salón.
Volando de un lado a otro, los gemelos provocaban pequeñas explosiones mientras se burlaban de las brujas, no había pista de Mørke , seguramente se encontraba aturdida en medio del ahora llameante Gran Salón. Debajo, Snotlout y Fishlegs combatían con algo de fuego y escabulléndose de las brujas. Las brujas que quedaban intentaban correr por las que se habían quedado atrás, claro, porque las otras se apresuraban a cerrar las jaulas de los dragones, los cuales huían libres, desapareciendo en el cielo nocturno y reapareciendo de repente, ayudando a atacar.
Los vikingos, por su parte, primero actuaban como brujas confundidas con lo que estaba pasando para luego atacarlas de improviso. Astrid corrió hasta donde su Nadder iba a aterrizar, Eret estaba detrás de Hiccup, cuando la vio, señaló al suelo y sus rodillas casi le dejaron de responder cuando él la miró.
Estaba bien. Estaba vivo.
Eret fue el primero en bajar, seguido de Hiccup, quien necesitó ayuda debido a su pierna. Astrid corrió hacia él, para después abrazarle con fuerza, sin importar el dolor en su caja torácica.
—¡Hiccup!—gritó antes del abrazo, este apenas pudo responderlo.— ¡Estás aquí! ¡Y trajiste a Stormfly contigo!—le soltó para correr hacia su dragón.
—Si, aquí me tienes.— respondió Hiccup, Astrid se veía maravillada con el tamaño de su Nadder. Apenas y pudo caminar hasta ella.—Tenemos que recuperar a Toothless.
—Debe estar en el Gran Salón.— respondió ella, Hiccup hizo una mueca antes de intentar montarse de nuevo en Stormfly. Eret fue a ayudarlo.— ¿Que tienes?
—No es nada...— empezó el castaño.
—Es por su pacto, está perdiendo la pierna.—le interrumpió Eret, mientras Hiccup le miraba enojado. Astrid abrió los ojos como platos antes de tratar de bajarlo del dragón.
—¡No, espera, debemos...!
—Debemos detener a Mørke antes de que le haga daño y que pueda salir entre el fuego.—completó Hiccup, muy serio. Odiaba admitirlo, pero tenía razón; resignada se montó en Stormfly también, detrás de él.
Eret se quedo en el suelo.—Necesitaran ayuda aquí abajo.— dijo observando la encarnizada batalla. Hiccup sacó algo de su traje, eran unas cuantas bombas de gas de Cremallerus, se las arrojó y el hombretón las atrapó.
— Te pueden dar algo de tiempo, solo necesitas algo de fuego.— explicó Hiccup.—también funcionan solas, atontan a la gente.
Eret asintió antes de correr a las escaleras del gran Salón. Stormfly emprendió el vuelo, de vuelta a la estructura en llamas.
—¿Este es tu plan?— preguntó Astrid detrás de Hiccup.— ¿Hacer el mayor ruido posible?
—Sí, digamos que ha funcionado un par de veces.— dijo Hiccup orgulloso, Astrid le tocó la frente, estaba ardiendo en fiebre y sudaba.
—¡Tienes fiebre!
—Estoy bien, Astrid, estoy seguro que podemos solucionarlo después.— aseguró Hiccup, ocultando que en realidad, estaba sintiéndose morir. Pero ahora que sabía donde estaba Astrid, se empezaba a sentir mejor. —Ahí esta.—señaló al dragón, Toothless estaba ahí, incapaz de moverse por todas las cadenas que lo sostenían. El fuego lo rodeaba y Mørke estaba levantándose.— Debemos ponerle esto.— sacó del bolso de Astrid la corona de sparers que Eyra le había dado. Astrid levantó una ceja.—Le quitará todos sus poderes.
—¿Dónde la encontraste?— preguntó ella, tomando la corona. Hiccup se encogió de hombros.
—Luego te lo explico.— le aseguro, para después bajar la vista.—¡Toothless!— lo llamó Hiccup desde Stormfly. Mørke y Toothless le regresaron la mirada, la primera furiosa y el segundo alegre de verlo. Se removió con mas fuerza, intentando rugir.
Astrid le ordeno a Stormfly disparar en dirección a la bruja. Pronto, una lluvia de magnesio derribo a Mørke , haciéndola perder la varita y el equilibrio. Cayó desmayada, sin remedio. Apenas aterrizando, Astrid le colocó la corona en la cabeza.
Hiccup corrió hasta Toothless, cojeando. Aún tambaleándose y casi cayendo sobre el dragón, el furia nocturna logró quitarse el bozal, rugiendo preocupado; Hiccup sacó su espada, la encendió y intento cortar sus ataduras o vencer las cadenas.
Astrid, por su parte, estaba buscando la Tryllestav en el suelo, previniendo que se incendiara. Se detuvo por un momento, pensando, si Hiccup estaba perdiendo su pierna, eso quería decir que ella tampoco tendría magia, ¿ya no podría tocar la Tryllestav? Observó con horror como Mørke volvía a levantarse de entre los escombros, levantándolos con facilidad, como si se apoyara de la magia, sin embargo vio como una bola de plasma le pasaba rozando y le caía de lleno a los escombros, enterrándola de nuevo.
—¡ASTRID!— gritaba Mørke furiosa, ella podría jurar que su voz hacía eco.
Ella se giró, Hiccup jadeaba con Toothless a su lado, suspiró aliviada antes de volver a su búsqueda. La encontró en el piso, a punto de ser alcanzada por las llamas, no quería levantarla, ¿que pasaría si ella ya no era una lys? Ya no tenía magia, ella estaba...
—¡ASTRID!—repitió Mørke , los escombros volaban hacia ellos. Sin pensarlo mas, tomó la Tryllestav con su mano derecha y esperó una explosión.
No la hubo, por supuesto, la varita solo se iluminó brevemente. Astrid sentía que las manos le sudaban mientras corría con la varita en la mano hacia Hiccup, este parecía revisar la cola de Toothless con detenimiento, como si estuviera ajeno a todo lo que pasaba.
—¿Que es lo que haces?—preguntó alterada. Hiccup se volvió, evidentemente preocupado.
—Es la cola de Toothless, pareciera como si se le estuviera pudriendo.—señaló la zona afectada. En la aleta izquierda de la cola, estaba creciendo una mancha café con ampollas (no entendía porque, la piel de Toothless no parecía apta para eso), ademas, despedía un olor fétido similar al de la carne en mal estado. El dragón gimió de dolor.
Astrid miró al castaño. No sabía que el pacto afectaba a ambos, de todas formas, tenía la Tryllestav, así que deseo revertirlo.
No pasó nada. Astrid miró la varita, sin entender porque no la obedecía. La agitó, y volvió a desear que Toothless se curara, esta vez en voz alta, pero la varita ni siquiera volvió a brillar.
—¿Que es lo que le pasa?— preguntó Hiccup preocupado, Astrid no supo que responder.
—¡ASTRID!—Mørke se había liberado. La parte del su rostro que había sido quemado ahora había empeorado, la quemadura se había extendido varias capas de la piel, dejando ver el hueso malar y la cuenca del ojo, ahora vacía, Astrid jadeo al ver que podía ver parte del cráneo de su tía.—¡DEVUELVEMELA!
—Bueno, será corriendo.—le dijo Hiccup a Toothless, este asintió y como pudo, ayudo a su hermano a subirse a él, Astrid se subió en su dragón mientras Mørke corría hacia ellos.
Toothless trotaba a toda velocidad por el llameante Gran Salón. Las paredes estaban a punto de caerse, las pinturas de los antiguos jefes ardían, la de su propio padre estaba en llamas.
No había momento para preocuparse de eso, como pudo, Toothless saltó por las escaleras, intentando tomar impulso para volar de vuelta, pero mientras mas lo intentaba, mas resentía esa aleta herida, y caía torpemente en el suelo. Hiccup no estaba en mejores condiciones, trataba de no desmayarse o de cerrar sus ojos; estaba agotado, acalorado y ya no soportaba mas el dolor en su pierna.
Al llegar al suelo, Toothless corrió hasta la plaza, pensando en que sería una buena idea huir al bosque hasta que Hiccup se sintiera mejor. Al ver sus intenciones, Hiccup se negó, pidiéndole que se detuviera, buscando a Astrid, ella aterrizó cerca de él con la varita en mano.
—¡Todavía no logro que funcione!—la rubia estaba desesperada, Hiccup observó la varita, negando con la cabeza.
—Quizá esta maldita, no tengo idea...
Lo interrumpió una fuerte sacudida, que lo hizo caer al suelo, Astrid intentó ayudarlo pero ella tampoco podía mantenerse en pie de forma estable. Los demás estaban en las mismas, los gemelos ahora se encontraban incendiando todo lo que podían, tratando de calcinar algunas brujas hasta los huesos, pero se detuvieron debido a la fuerte sacudida de la tierra, la cual les recordaba a las que había en Nepenthe. Solo que no había dragones debajo de Berk.
Era Mørke , quien furiosa, sacudía todo el lugar. Astrid cayó de bruces al suelo, torciéndose la muñeca que estaba sosteniendo la Tryllestav, la soltó brevemente, pero cuando quiso recuperarla esta ya rodaba fuera de su alcance. Hiccup se arrastró hacia ella, recordando una parte importante del trato:
"Podrás usar la Tryllestav por un día".
Mientras tanto, Mørke bajaba las escaleras, el cabello enmarañado, erizado y lleno de polvo. Este se elevaba como si una fuerza invisible lo mantuviera lejos de su cara, las uñas le habían crecido, simulando garras, era aterrador verla, ya que la parte que aún conservaba la carne, estaba deformada en una mueca espantosa que mostraba sus dientes.
Pero lo más importante: llevaba la corona en una de sus manos.
Hiccup tomó la varita, esta vibro en su mano, brillando. Como pudo, se levanto, mientras Astrid se sentaba para asestarle un tiro a su tía con la ballesta que Hiccup había creado cuando tenía quince, las flechas no la hacían retroceder, al contrario, Mørke iba cada vez mas rápido, con un movimiento de sus manos, la ballesta voló de las manos de Astrid, lejos.
—¡Alto!— gritó Hiccup, blandiendo la Tryllestav, frente a Mørke . Ella, que la había llegado al suelo, detuvo los temblores y sonrió.
Hiccup se mantuvo desafiante.
—Vaya, ¿que tenemos aquí?— dijo Mørke en un ronroneo. Hiccup tembló por la fiebre, ya no podía ver bien, Astrid estaba a su lado. Los demás les miraban mientras otros seguían luchando.— A la bruja y el dragón, con una Tryllestav que ninguno de los dos sabe usar.— se burló, su sonrisa perversa era aún mas aterradora si considerabas que ahora era visible la mitad de su cráneo y podías verle con claridad el maxilar y mandíbula, repletos de sangre y colgajos de carne.—¿Creyeron que sería tan fácil? Las varitas requieren de años de estudio, saber controlar el poder, y claro, derrotar al guardián de ellas... Y ustedes no lo han hecho.— se acercó lentamente, Astrid volvió a disparar, pero falló debido a la lesión en su muñeca. Hiccup dio un paso atrás, vacilante.— Así que, vikingo modelo, trata de matarme.— le invitó apretando los dientes.
Hiccup temblaba, tratando de permanecer de pie con los ojos abiertos, preso del malestar en su cuerpo.
—Que pena que el pacto te haya causado gangrena, ¿no es así?— preguntó Mørke , Astrid sostenía a Hiccup, tratando de pensar en un plan.—Es un ligero inconveniente, una muerte lenta... apuesto a que sientes tu carne pudrirse lentamente, llenarse de aire, la fiebre extendiéndose... dentro de poco, perderás la conciencia y entonces la infección recorrerá todo tu cuerpo, terminando de matarte, de pudrirte.
Hiccup farfulló una orden a la Tryllestav. Pero ni siquiera él entendió lo que decía, Astrid intentó arrebatársela, para usarla ella con la mano izquierda, pero Mørke la arrojó al suelo con un chasquido.
—Cariño, le estoy pidiendo unicamente a Hiccup que me mate.—le recordó, Astrid no pudo levantarse del suelo, era como si tuviera algo muy pesado en su pecho.—Anda, mátame, gran Amo de Dragones.
Miró a su dragón, el cual se encontraba en la misma posición de Astrid, sin poder moverse. Estaba solo.
—Mu... e...rete.— jadeó Hiccup lleno de ira.
La bruja soltó una carcajada.— Que pésimo intento.—se mofó, antes de apretar uno de sus puños. en ese momento, Hiccup sintió una anormal presión en su mano izquierda, que le estaba haciendo trizas la mano, podía incluso escuchar como sus huesos crujían, rompiéndose. Gritó de dolor.
Cuando la mano se venció, producto de que ahora era una masa sanguinolenta de carne y huesos rotos, la Tryllestav cayó. Antes de impactarse contra el suelo, voló en dirección a Mørke , quien la recibió con su mano derecha, una vez hizo contacto con su piel, el aspecto de Mørke cambio, la carne volvió a crecerle, excepto la parte quemada que Toothless le había hecho antes. Al principio de todo.
—¡Muy bien, ya basta!— gritó Mørke , parando la pelea, inmovilizando a los vikingos y dándole ventaja a las brujas. Estas se hicieron con ellos, sosteniéndolos con facilidad de los brazos o matando a uno que otro. —también los dragones, me tienen harta.—dicho esto, todos los dragones pararon de volar en seco y cayeron al suelo, en medio de un descomunal estruendo, abatidos. Ruffnut y Tuffnut cayeron de su cremallerus, para luego ser capturados, lo mismo con Fishlegs y Snotlout.—Mucho mejor.— sonrió la bruja, después de un suspiro de alivio.—Debo admitir que estoy decepcionada de ti, Astrid. No cumpliste tu parte del trato.—admitió fingiendo un puchero, Astrid lucho por levantarse, mientras Hiccup ahora solo trataba de mantenerse de pie, balanceando el dolor que sentía en su mano y en la espantosa sensación de estar muriéndose lentamente.
—¿Por qué...haces esto?— jadeó Hiccup. Mørke se encogió de hombros.
—¿Tienes idea del daño que le hizo tu gente a la mía?— le preguntó de forma capciosa.— ¿Cuantas de las mías desaparecieron por vikingos como tú?— se acercó lentamente a él.— ¿Verdad, Astrid? ¿En cuantos lugares quisieron matarte?— ella estaba mas enfocada en levantarse que en responder, así que solo le dirigió una mirada de odio. — Si no me han contado mal, en una de las islas quisieron quemarte, ¿no? después de violarte o algo así.— reveló como si no se tratara de algo grave.
—Eso... es...
—¿Diferente?— le interrumpió Mørke .— Hiccup Haddock, eres demasiado puro para este mundo, demasiado tierno, crees que todo el mundo cambiará su forma de ser con una simple platica. Eres de los que dicen que no todos hacen lo mismo, que la gente puede cambiar, pero yo no creo que sea así.— Mørke agitó la varita, desapareciendo las jaulas y haciendo que aparecieran en su lugar hogueras.— Te he vigilado, la impresionante historia de un vikingo escuálido que logra vencer a Drago Bludvist con su inseparable dragón, sin nadie sospechar que el es uno. Suena como algo que los marineros adoran contar, ¿no es así, Eret Hijo de Eret?— lo señaló con la varita, el aludido estaba de rodillas, sin poder moverse.— Es una pena que ahora no puedas salvar a tu estúpida e insípida roca llamada Berk, ¿no?— le dijo a Hiccup. Este no le levantó la mirada ni por un segundo.—Ni a tus queridos dragones... Apuesto que te gustan mucho, ¿no? Son el mayor atractivo de Berk.
Hiccup sentía el corazón le iba a estallar.
—Sería una pena que yo los mandara a dormir, ¿verdad?— le preguntó. Astrid gritó de frustración.—brujas, tomen sus dagas, maten a cada dragón que este en el suelo, y los que no, bueno, se puede arreglar, excepto este, le tengo una petición a este grandote.— dijo mirando al furia nocturna con mimo. El dragón le enseño los dientes.
—Pero son útiles.—intervino una bruja al fondo, Mørke rodó los ojos.
—No me interesa, mátenlos, ¡occidere dracones!
—¡NO!—gritaron Hiccup y Astrid al mismo tiempo, los otros vikingos forcejearon en un vano intento de detenerla.
Hiccup observó con horror como cada dragón que se encontraba en la isla era asesinado con un corte en la garganta, escuchaba claramente como los dragones clamaban por ayuda en medio de rugidos y bufidos, para después ser cruelmente silenciados, derramando la tibia sangre sobre el suelo de piedra, manando y extendiéndose, mezclándose una con otra. Los gritos de los vikingos que veían a los dragones morir, pidiendo piedad por ellos, abogando por las vidas de aquellos increíbles seres, que no merecían lo que estaba pasando. Lagrimas corrían por su rostro al contemplarlo, horrorizado, mientras su aldea ardía en llamas hasta los cimientos.
En la vida de Hiccup, hubo tres momentos que lo hicieron experimentar el verdadero dolor: perder a su padre el mismo día en el que perdió su aldea, darse cuenta de que la primera mujer que había amado no lo amaba y en tercer lugar, ver como las hermosas criaturas por las que había abogado tantos años, las que entendía y atendía, las que adoraba y que buscaba solo lo mejor para ellas, eran masacradas ante sus ojos.
Toothless sintió lo mismo al ver a todos los que debían estar bajo su cuidado, muriendo sin remedio.
Astrid sollozó, viendo a Stormfly caer con un ruido sordo, susurrando "mi nena, no", sin poder despegarse del suelo. Astrid nunca había odiado tanto a alguien como lo hacia con la mujer que le había criado y enseñado todo lo que sabía, no era culpa de los demás que la odiaran, no era culpa de nadie mas que de Mørke.
—¿Cómo se siente que todo por lo que trabajaste no haya servido de nada?— le preguntó a ambos jóvenes, quienes seguían sin poder pronunciar palabra.— Perder todo lo que amas solo porque alguien decidió quitártelo.—continuó, caminando en dirección al furia nocturna.— Siempre lo supe, no importaba cuanto rezara, cuanto le rogara, el Señor Oscuro no se preocupa por nosotras, permite que gente como los vikingos nos quemen en hogueras, permite que nuestra piel se queme con las sparers, es bastante injusto como para tratarse de alguien con su poder, pero ahora que yo tengo esta varita, tengo el poder para cambiar las cosas, mejorarlas para nosotras, recibir el respeto que merecemos. Hasta ya no será necesario rezar para él, ¡puede joderse él y sus estúpidas oraciones!— tocó el hombro de Hiccup, rompiendo la promesa que le había hecho a su sobrina. Lo veía justo, ella también había roto su palabra.— Y si para llegar a eso debo deshacerme de todos los dragones y todos los vikingos, entonces lo haré.— le susurró en su oído, Hiccup ahora lloraba a lagrima viva, pero sin hacer demasiado ruido, no podía permitirse eso.
Mørke se separó de él, y volvió al furia nocturna. Le acarició antes de tocarlo con la varita, con suavidad, sin querer lastimarlo, bajó a su altura y le susurró.
—Tu ultima voluntad será lanzar un disparó de muerte cuando yo lo diga.— dicho esto se alejó, en dirección a Astrid.— No tienes remedio, ¿lo sabes no?
Astrid le miró, los ojos húmedos y centelleantes de odio.
—Eres un monstruo.
—Quería que vieras lo cruel que es el mundo, lo bien que nos puede ir a ambas si te quedas conmigo.—le repuso, realmente intentando convencerla por ultima vez.— Astrid, yo era tu vida antes de llegar a Berk, ¿me querías, no es así?
Astrid no sabía que responder, claro que la quería, pero sinceramente ahora que la conocía de verdad, la respuesta era concretamente no.
—Eso fue antes de todo esto.— respondió entre dientes.—Intentaste matarme tantas veces y aun así me aseguraste que tu trataste de hacerlo.
—No, no. Intente matar a Hiccup pero a ti no.— repuso Mørke , como si no se tratara de algo grave.— Pero, veo que no te puedo convencer, y créeme que me duele bastante. No quiero hacerlo, pero como le dije a mi hermana, que no estés conmigo es una amenaza.—chasqueo los dedos en dirección al furia nocturna.— Y no pienso soportar mas rabietas tuyas.
Toothless se estaba "apagando", quedando unicamente la parte primal que le indicaba tirar a matar, que, a pesar de su resistencia, esta era demasiado fuerte. Sus pupilas se contrajeron en una linea, pareciendo los ojos de una serpiente, mientras gruñía, llamando la atención de Hiccup, su hermano.
—¿Toothless?—preguntó en un hilo de voz, preocupado, el dragón parecía estar sufriendo.— ¿Toothless? ¿Estas bien?— preguntó, acercándose al dragón.
Astrid también miraba al dragón, con preocupación.
—¿Qué le estas haciendo?— preguntó, repleta de ira. El dragón de repente, se quedó quieto, con la mirada fija en Astrid.
Toothless jamás la había mirado así.
— ¿Qué es lo que pasa?— le preguntó Hiccup, ahora con cautela, los demás estaban atentos a lo que sucedería a continuación. Poco a poco, el dragón se fue acercando a la rubia, como si le acechara, Hiccup a su lado, tratando de hacerlo volver en sí.— Toothless, vamos, ¿qué es lo que te pasa?— preguntó nuevamente, aún mas preocupado.
Astrid sintió que el peso sobre ella se había ido, pero no del todo, porque no le permitía levantarse, retrocedió, arrastrándose con las manos.
—Toothless, ya basta, ¡detente!— le gritó Hiccup, apenas podía caminar y apenas tenía las fuerzas para detenerlo.
—Toothless, por favor.— gimió Astrid, retrocediendo cada vez mas, sintiendo que la fuerza que la mantenía sobre el suelo no quería dejarla ir y por eso se tardaba tanto.
—¡Toothless, no!— lo intentó frenar con sus ultimas fuerzas, pero el dragón le ignoró por completo.—Recuerda lo que dijiste, recuerda que teníamos que protegerla...
Hiccup trastabillo, milagrosamente pudo conservarse de pie. Fue entonces cuando le llegó.
Toothless iba a dispararle de lleno y la iba a matar.
El enorme furia nocturna abrió su hocico al máximo, la boca iluminándose de un color morado intenso, Astrid se levantó de un salto, poniendo una de sus manos frente a ella, como si eso fuese suficiente para frenarlo.
—¡No, no, no! ¡Astrid!—Hiccup corrió hacia ella lo mas rápido que pudo, no iba a dejar que pasara. No podía perderla a ella.
—¡Hiccup!— chilló ella, apartando la mirada del furia nocturna.
De un momento a otro Hiccup saltó hacia ella, empujándola unos metros, tomando su lugar, recibiendo el impacto del furia nocturna de lleno. Hubo un destello fugaz color violeta, mezclado con los trozos del pecho de Hiccup los cuales volaron en todas direcciones. El impacto había volado su caja torácica, destrozándole el pecho y la espalda. Su cuerpo cayó con un ruido sordo, de costado, esta vez con los ojos cerrados.
Valka, que había contemplado la escena, ahogo un grito.
Mientras la vida se le iba, mientras se desangraba y el corazón disminuía su velocidad, le pareció estar en las montañas, con su padre, en un Berk tranquilo...
Abrió los ojos, con asombro. El pueblo se extendía ante sus ojos, ahí, justo donde estaba, todo Berk podía verse.
—Esto es Berk, hijo.
Su padre lo había llevado ahí, a la montaña mas alta de todo Berk, su padre era fuerte y tan enorme que podía sostenerlo con solo la palma de su mano, aunque, bueno, era fácil, Hiccup siempre había sido muy pequeño.
—Es nuestro hogar, fue el hogar de tus abuelos y de sus abuelos también.— continuó Stoick, con su usual voz tranquila y estoica, Hiccup alternaba la mirada entre su padre y el enorme pueblo ante él (aunque, bueno, todo para él era grande) sintiendo el aire en su cara. Su padre no se había molestado por lo del incidente del techo, ni lo había castigado, en su lugar, lo había llevado a esa montaña.— Y como jefe, mi trabajo es protegernos a todos aquí, Hiccup. Y un día, cuando crezcas... cuando ustedes dos crezcan, ese trabajo lo tendrán ustedes.— aseguró, para luego presionar brevemente la nariz del niño con su dedo indice.
—Oh, bueno.— asintió el pequeño, tomándolo con seriedad.
—Y es muy importante, hijo, porque allá afuera, mas allá del atardecer, está el hogar de los dragones.— señaló un punto, detrás del atardecer.
—¡Wow!— jadeó Hiccup, recordando lo que Toothless le había dicho esa tarde.
—¡Aye!— exclamó Stoick, asintiendo. Hiccup volvió su mirada a su padre.— Las leyendas dicen que los barcos han pasado por ahí, han caído en el borde del mundo...— relató, Hiccup pensó en todos esos barcos destruidos y cambio su semblante a uno preocupado, pegando sus labios como si fuera una linea.— Para nunca ser vistos de nuevo.
El niño jadeo, asustado, pero maravillado con el relato que su padre le estaba contando.
— Pero hay quienes han podido volver, y ellos cuentan que han visto una enorme cascada y dragones haciendo guardia en la entrada del Mundo Oculto.
—¡Whoa!
—No es solo un nido, Hiccup, es la tierra donde provienen los dragones.
—¿Incluso los Furia Nocturna?— preguntó el niño con ilusión, Stoick se rió con suavidad.
—En especial los furia nocturna.— aseguró.
—Ojala podamos encontrar a la familia de Toothless, él los extraña mucho.— comentó Hiccup con pena.
—No te preocupes. Un día, encontraré el Mundo Oculto, encontrare la respuesta para separarlos y llevar a Toothless con su familia.— le prometió con sinceridad. Stoick The Vast nunca bromeaba y nunca prometía cosas que no se podían cumplir.— Entonces, lo sellaré. Para que así, los vikingos y los dragones no peleen mas...
Astrid estaba con las rodillas y los codos sobre el suelo, con los ojos muy abiertos, jadeando. Parpadeó un par de veces, girando su cabeza hacía donde había estado antes, vio a Hiccup, sobre su costado, con los ojos cerrados. Volvió a Toothless, quien tenía el hocico hacia abajo, jadeando, el humo salía por las comisuras de este, mientras jadeaba, lentamente volvía en sí. Quedándose sin aire, muriendo lentamente.
La rubia corrió hacía Hiccup, sus costillas sintiendo como sus costillas le perforaban el pulmón, se hincó ante el castaño, temiendo lo peor.
—¡Hiccup!— gritó. Estaba pasando de nuevo.
—¡Hiccup!— gritó alguien más, era Valka, quien trataba de soltarse del agarre de dos brujas.—¡Mi niño, no!
Astrid miro la sangre, el pecho completamente destrozado, se llevó las manos a su boca, ahogando el grito de horror y dolor que quería salir de su garganta. No se comparaban a los de su madre, quien exigía ver a su hijo, por lo menos llorarle a su cadáver.
Estaba pasando otra vez.
Lloró nuevamente, está vez sin poder apoyarse en el pecho de él. Sus sollozos eran opacados por los de Valka, quien lloraba a gritos, mientras observaba el cadáver de su hijo ahí, de costado; a unos cuantos metros, Toothless también cayó, haciendo un ruido sordo. Muerto.
Los demás, la tripulación entera bajo su cabeza, los gemelos soltaron algunas lágrimas, al igual que Fishlegs. Snotlout se mordía los labios para no soltar las lágrimas que amenazaban con rodar fuera de sus ojos. Eret cerró los ojos con fuerza.
—Hiccup siempre fue una caja de sorpresas, ¿Verdad?— inquirió Mørke insensible. Astrid no la miró, temblaba de odio, le hervía la sangre.— Aunque ya sabía que tú lo querías, no creí que él estaría dispuesto a sacrificarse a morir por ti. Eso es lindo.— opinó, así estando de espaldas, la rubia no pudo ver que su tía había recogido el escudo de Hiccup.— Pero sí que es tonto, ese disparo lo llevara directo al infierno, donde arderá por la eternidad.
Mørke inspeccionó el escudo, de alguna forma descifró como transformarlo en una ballesta.
— Esto es lindo... muy ingenioso.— exclamó, luego respiró hondo antes de ver a su sobrina.— Lo que dije sobre no aceptar más rabietas era en serio. No soporte los estúpidos juegos del escondite de mi hermana y no voy a tolerar tus escapadas con tu novio.— dijo antes de cargar la ballesta con una flecha, Astrid se levantó de inmediato.— Si lo que quieres es ser un mortal, tendrás todo el paquete. Una muerte de mortal incluida.— dijo para después disparar la flecha, la cual aterrizó en medio de su vientre...
Ya casi era hora de dormir. Ella se había puesto su camisón y su capa, que rara vez se quitaba, su tía Mørke le miraba con ternura mientras ella seguía acomodando sus cosas, lista para la primer clase de magia.
—En realidad, no creo que la señora Weeks sea muy buena enseñando, Astrid.— opinó Mørke, la niña le regresó la mirada, sin entender.— Odia a los niños, si ella pudiera, se los comería.— le confesó, Astrid frunció el ceño. No quería admitir que eso le había asustado.
—Eso no es aterrador.— le aseguró, una vez terminó se acostó junto su tía.— ¿Tía Mørke?
—Dime...
Astrid dio un paso más, le dolía horrores el vientre, incluso llevó una de sus manos a la zona, cómo acto de reflejo. Abrió la boca, pero no pudo gritar.
Pero no se iba a rendir.
Su tía lanzo una segunda flecha, que se enterró firmemente en su pulmón derecho, perforándolo aún mas de lo que ya estaba debido a las fracturas de costilla. La bruja sentía como su pulmón se llevaba rápidamente con su sangre; el dolor la hizo arquearse un poco, agacharse lentamente, sintiendo que no podría dar otro paso...
—¿Por qué los vikingos nos odian?— preguntó Astrid, mirando fijamente a la mayor. Mørke alzó las cejas.— ¿Y por qué los comemos? Eso es raro.
La mujer río.
—Bueno, los comemos porque es lo único que hay para comer. Es eso o comer inmundicia.— le aclaró, pero Astrid no estaba satisfecha. También había hecho otra pregunta.— Los vikingos odian a todo el mundo, a los dragones, a ellos mismos... Ya sabes, son unos salvajes.— explicó su tía de forma simple. Con el dedo índice le presiono suavemente la nariz.— Ellos creen que con matarnos logran un propósito. Pero yo creo que está mal.
—¿Cuál es ese propósito?— la niña solo se sentía más confundida y enfadada, ¿Que podría ser tan importante como para que los vikingos asesinen a las mujeres que la cuidaban?
—Pues... Creen que somos malas.
—¡Pero yo no soy mala!— saltó Astrid, levantándose en la cama, con los brazos cruzados.— ¡Tu tampoco lo eres! ¡Ellos no deberían tener ningún propósito!
Mørke sonrió, para luego suspirar.
—Astrid, todos tienen un propósito. Hasta los horribles vikingos y los molestos dragones.— la tomo de los pequeños hombros, buscando calmarla. Con termina añadió.— Y si ellos, que son tan horribles, tienen un propósito, nosotras también.
Una flecha más. Está dio en el blanco, justo del lado derecho, perforando su corazón, Astrid jadeó nuevamente, mirando por última vez a su tía. Está ya no se veía satisfecha, sino, seria, tratando de parecer lo más serena posible.
Pero estaba matando al último miembro de su familia.
—Te quiero.— murmuró Mørke, apenas y se escuchó. Astrid tuvo que leer sus labios para entender.
Fue el tiro de gracia, el que la hizo caer sobre su espalda, con un ruido sordo. Mientras se ahogaba y se desangraba, se aferró a su último recuerdo:
—... Depende de nosotras cambiar ese propósito que tienen los vikingos.— añadió Mørke, Astrid ahora le miraba a los ojos, menos molesta.— Y yo sé cómo podemos hacerlo, pero primero, debo encontrar algo que nos ayude a realizarlo...
—¿Como una Tryllestav?— aventuró Astrid. Mørke asintió.
—Si, como una Tryllestav. Quizá cuando la encuentre no te parezca lindo todo al principio, habrá algo de caos al rededor, pero eres una niña valiente, ¿No es verdad?
—¡Claro que lo soy, tía Mørke!
—Y estarás a mi lado...
—¡Siempre!— prometió antes de abrazarla.
Sus ojos entrecerrados encontraron a Hiccup. De no ser por su pecho, desde ahí parecía dormido, por un momento le gustó ese pensamiento.
Mientras la muerte se la llevaba, lentamente, imagino la pesadilla que le había propinado Batibat, pero con un final feliz. Uno cursi, dónde ambos se besaban y esperaban estar juntos por el resto de sus vidas...
Su sonrisa quedó a medias porque murió antes de terminarla.
Mørke observó como la niña a la que había criado y a la que veía como a una hija, se encontraba ahí, desangrándose sin control. Se acercó a ella, de su boca manaba un delgado hilo de sangre, así como de la nariz, le colocó la corona de sparers lo mejor que pudo, cautelosamente, como si no quisiera despertarla. Respiró hondo, antes de levantarse, limpiándose una lagrima. Ella realmente quería que ella pudiese verlo, que pudiese entenderlo; la crueldad era necesaria, si no lo hacía ella, alguien mas iba a matarla, y no iban a ser tan benevolentes como ella lo fue.
Se volvió a las brujas, las cuales le miraban vacilantes, sin saber que hacer. Solo se escuchaba el crepitar del fuego sobre Berk, era lo único que iluminaba la aldea.
Mørke se tomó un tiempo para hablar como si la muerte de Astrid no fuese nada. Quería convencerse de que lo era, que era un mal necesario. Un ejemplo, un castigo ejemplar para que no se volviera a repetir.
— Muy bien, es hora de retomar en lo que estábamos.— ordenó, las brujas asintieron.— Quiero que todos los vikingos estén atados a un poste, tantos como quepan. A Valka la quiero en su propio poste.— indicó, las brujas se pusieron manos a la obra, atando a los vikingos que se encontraban inmóviles.
A Eret lo colocaron con su tripulación después de pedírselo a Tålmodighet, quien como ultimo gesto de empatía (y todavía apenada por lo que le había pasado a los dragones) le cumplió su deseo. Los cinco marineros compartieron poste, atados de manos y piernas, sin poder moverse.
A Snotlout le recordaba al sueño de Astrid, pero no era un buen momento para decirlo. Eret suspiró.
— ¿Recuerdan cuando la ola estuvo a punto de golpearnos el día que conocimos a Hiccup y a Astrid?— habló Eret en voz baja. Los demás se volvieron para asentir, Eret tomó aire.— Lo reitero. Fue el mas grande honor de todos ser su capitán, y que me permitieran pertenecer a una familia de nuevo.— confesó, con un nudo en la garganta.
— También para nosotros.— respondió Fishlegs a su espalda, con el rostro húmedo. Los demás asintieron.
— Cuando dije que me agradaban en secreto era verdad.— admitió Snotlout.— La verdad es que los quiero demasiado, incluso al idiota de Tuffnut y a pesar de lo irritante que es Fishlegs también me agrada.— agregó, haciendo que todos sonrieran en medio de las lagrimas. Eret incluso rió con suavidad.— Y quizá sea cierto, casi no hago gran cosa en el barco, solo me quejo de las cosas y ya.
— Eres importante para la tripulación, sesos de moco.— intervino Ruffnut con dulzura.— ¿Quien nos liberó de Batibat? ¿Y quien llevo el barco hacia Nepenthe cuando lo necesitamos?
— No lo hice solo...
— ¿Y eso que? Nos ayudaste, y es lo que cuenta.— le interrumpió Eret, fingiendo molestia. Snotlout lo aceptó y se quedó callado, mirando el cielo nocturno por ultima vez.
— Me gustaría haber vivido mas para dejar de tenerle miedo a las alturas.— soltó Fishlegs.— Ya sé que es irónico, pero realmente, me gustaría ver como es el mundo desde arriba, sin tener miedo. Y estar junto a ti, Ruff.
— ¡Awww!— exclamó Ruffnut, en medio de sollozos.
— A mi me hubiera gustado que me escogieras a mi, Ruff.— repuso Snotlout.— Yo sí que me batiría en una pelea por ti.
— ¡Oh, yo también!
— Basta, chicos.— les detuvo la gemela, con la voz ahogada en lagrimas. Recargó su cabeza en el hombro de Tuffnut, este inclino la suya sobre la de ella.— Creo que podría quedarme con ambos... Siempre y cuando acepten al apestoso de Tuffnut.
— Oh, sí.— respondió el aludido, entre hipidos.— Sería mucho tra-tra-trabajo...— sorbió por la nariz.— Ruff y yo somos un desastre en las mañanas, en especial ella, que nunca quiere ducharse..—luego recordó algo.— Oye Eret...
— Dime, Tuff.
— Lamento haberme comido tus pasteles especiales.— se disculpó con pena, Eret volvió a reír.— En serio tenía hambre.
— De acuerdo, te perdono Tuff.
— Gracias, Eret.— sollozó. Esto le rompió el corazón al capitán.— Eres el mejor capitán de barcos comerciantes diagonal pirata que existe en todo el redondo mundo.
— El mundo no es...— intervino Snotlout antes de que Eret pudiese contestar.— Olvídenlo.
— Gracias, muchachos.
Fishlegs pareció recordar algo.
— Oigan, ¿recuerdan cuando Astrid les preguntó que era lo que querían cuando tuviéramos la Tryllestav?— preguntó, todos hicieron un sonido de afirmación.— Todos dijimos lo que queríamos, excepto los gemelos, ¿que era lo que querían?
— Al principio queríamos que fuera una fosa de jabalíes.— empezó Ruffnut.
— Pero luego lo pensamos mejor, nos dimos cuenta de que la fosa de jabalíes no sería divertida sin ustedes.— completó Tuffnut.
— Nuestro deseo era ese, que estuviéramos todos juntos hasta el final, y que siempre pudiéramos organizar luchas en fosas de jabalíes.— terminó Ruffnut.— Pero sin tener que navegar demasiado, así que le pedimos a Astrid que nos diera tiempo para saber en donde podríamos la fosa, somos marineros, así que en teoría no tenemos una casa...
Todos sonrieron ante la confesión. Al menos, su deseo se había cumplido.
Mientras la tripulación hablaba, a Valka la ataron mejor, pasaron cuerdas por sus pies, por su cintura y en la parte superior del pecho. Esta aguantaba las lagrimas, siendo su único consuelo que quizá, en el Valhalla, podría volver a ver a su hijo, junto con su esposo, rodeados de valquirias, en la gloria de Odín.
Se dejó hacer, unicamente abrió los ojos cuando su amigo, Gobber, quien estaba atado junto a Gothi, le dirigió la palabra.
— Hasta la otra, Valka.— le dijo, ella simplemente asintió, intentó sonreír, pero eso no pudo lograrlo con el dolor que estaba cargando. Su hijo había muerto, un pequeño trozo de su carne había muerto ese día y ella lo había contemplado con sus propios ojos.
No creía que sonreír fuese posible otra vez. No sin Hiccup.
Mørke tenía razón, la tristeza de una madre era tan grande como el infinito.
— Bien, ya es hora.— suspiró Mørke, odiaba que todo se hubiese tornado tan triste, así estaba a punto de terminarlo de una vez por todas.— Oh, Valka, ¿que puedo decirte? Creo que ya te dije todo lo que podía decir. Una pena.— Mørke se encogió de hombros, solemne.— Es tu turno, Valka.— ocultó la Tryllestav en su manga, para luego, junto con todas las demás brujas, tomara una antorcha encendida. La puso frente a si.— Arderás tu primero, y luego, tu pueblo.— dijo antes de acercar la llama a la paja debajo de los pies de Valka. Esta se encendió de inmediato, quemando todo a su paso.
El fuego acabo con sus botas de piel, creció hasta acariciarle las manos, hambriento. Valka se aguantaba las ganas de gritar de dolor al sentir las llamas acabar con todo rastro de humedad en su piel, achicharrándola, deshidratándola poco a poco...
Valka jadeó, presa del dolor. No era muy resistente, sabía que en algún momento gritaría de dolor, pero no estaba dispuesta a rendirse tan fácil. No esta vez.
— ¡ES SUFICIENTE!
Mørke se detuvo, apartó la antorcha de la paja, sentía que reconocía esa voz, pero era mucho mas grave de lo que recordaba. Con un vuelco en el corazón se giró lentamente, convencida de que sus oídos le habían engañado y de que solo se trataba de un tonto vikingo que se había escapado o algo así.
Pero no.
Era Astrid, o por lo menos se veía como ella. Estaba levitando a unos cuantos metros del suelo, el cabello, ahora completamente suelto, ondeaba hacia atrás, como si una brisa le golpeara el rostro, los mechones volaban desordenados, en todas direcciones, sobre su coronilla estaba la corona de sparers, la cual ya le había enrojecido la frente. Sus ojos estaban completamente blancos y resplandecían, como si manara luz de ellos, la sangre de su boca y nariz había parado, es mas, ahora era de un color mas oscuro y parecía haberse secado. Las flechas seguían en su sitio, igual de clavadas que antes.
Extendía las manos hacia ellos, los brazos abiertos, como si les mirara. Ella había hablado.
— LES DOY UNA OPORTUNIDAD PARA SOBREVIVIR ESTA NOCHE.— habló de nuevo, su voz retumbando el los oídos de todos los presentes. El clima había cambiado, la temperatura había bajado aún mas y a lo lejos se escuchaban truenos, acercándose rápidamente.— ME HAN LIBERADO Y MOSTRADO EL MUNDO, DE TODO LO QUE USTEDES SON CAPACES... Y NO PIENSO TOLERAR EL ASESINATO A INOCENTES. ARREPIENTANSE, BRUJAS, O SUFRIRAN LAS CONSECUENCIAS.
Mørke, rápidamente, tiró la antorcha y sacó su varita, blandiéndola, amenazante.
— Astrid, no sé como demonios estas haciendo esto...— empezó, hasta que sintió como si algo le quemara la mano.
"Astrid" dirigió una mano extendida hacia ella, luego la convirtió en un puño, causando que la Tryllestav en la mano de Mørke estallara en mil pedazos, con ella, la mano de la bruja portadora. Mørke soltó un grito desgarrador de dolor, no sangraba, era como si la herida se hubiese cauterizado con la explosión.
Cayó de rodillas, y con ella, las demás brujas. El fuego de la hoguera de Valka se apagó en ese instante.
Los vikingos no estaban en mejores condiciones, ellos estaban aterrados también, al igual que las brujas, no entendían lo que estaba pasando.
— DEBIDO AL SACRILEGIO QUE HA DICHO SU LIDER, ME VEO EN LA OBLIGACIÓN DE OFRECERLES QUE DE NUEVO ACEPTEN A LUCIFER ESTRELLA DE LA MAÑANA EN SUS CORAZONES, A CAMBIO, LES PROMETO MISERICORDIA.— un nuevo trueno la acompaño, atravesando la manta de oscuridad, creando un agujero en ella, filtrando la luz de la luna en Berk.— PERO PARA ESO, TODOS AQUÍ DEBEN DECIR SU ORACIÓN.— sentenció.
Todos se miraron entre sí, Mørke seguía lloriqueando de dolor. "Astrid" no espero una respuesta afirmativa.
—" OH, PODEROSO SEÑOR OSCURO, POR QUIEN TODO VEO ARDER A MI ALREDEDOR..."
— ¡No me pienso arrodillar ante tí!— gritó Prudence, tratando de ponerse de pie.
De las manos de la joven, emanaron llamas, cubriendo hasta la mitad de su antebrazo. Prudence volvió a caer, esta vez haciéndose daño en las rodillas.
— ¡NO VOY A REPETIRLO!— exclamó la joven.— ¡DIGAN LA ORACIÓN! ¡ES LA OPORTUNIDAD DE TODOS PARA SER SALVADOS! ¡VAMOS! ¡LOS MORTALES TAMBIEN! ¡REPITAN CONMIGO O ARDERÁN EN EL FUEGO INFERNAL!— ordenó, su voz fuerte, ahora tenía un tinte de ira bastante intimidante.— "OH, PODEROSO SEÑOR OSCURO..."
— Oh, poderoso Señor Oscuro...— repitieron todos a coro, Valka también, delirando entre el dolor y la muerte. Los gemelos completamente aterrados.
— "...POR QUIEN TODO VEO ARDER A MI ALREDEDOR..."
— ...Por quien todo veo arder a mi alrededor...
— "...QUE MI DESEO SEA TU VOLUNTAD..."
—... Que mi deseo sea tu voluntad...
— "... Y QUE MI CAMINO SEA TU PODER..."
— ...¡y que mi camino sea tu poder!...— gritaron los gemelos en medio de los murmullos.
— "... ¡ASÍ EN LA TIERRA COMO EN EL INFIERNO!"
— ... ¡Así en la tierra como en el infierno!— gritaron todos al unisono.
— "... ¡ALABADO SEA SATÁN!"— finalizó con orgullo.
— ¡Alabado sea Satán!— le imitaron los demás, pero no sonaba con tanto orgullo, sonaba con urgencia, terror, desesperación y dolor. Otro trueno cayó, sobre lo que quedaba del Gran Salón.
— ¡Muy bien!— los felicitó, sonriendo, bajando una octava el volumen de su voz. La joven inhaló profundo, antes de continuar, casi riendo maleficamente. — Voy a ignorar lo rápido que los vikingos le han dado la espalda a sus falsos dioses... Solo por cuidar a las criaturas mas puras que existen, los dragones. Lo que no ignoraré, es lo rápido que le han dado la espalda a Satán, brujas.
Mørke alzó la cabeza, que había permanecido gacha todo ese tiempo. La miraba con una mezcla de desconcierto, terror y enfado.
— Tu no eres Astrid.— espetó, su voz sonaba rota, pastosa, cargada de dolor físico.— Ni eres una bruja... ¡¿QUE ERES?!— le preguntó.
"Astrid" ensanchó su sonrisa, mostrando los dientes. Truenos cayendo detrás de sí, uno tras otro.
— Yo soy todo lo que has estado buscando, lo que has esperado, por lo que has matado.— contestó, abriendo los brazos, todavía en llamas.— Lo que tu familia cuido desde hace siglos, soy lo que tu hermana ocultó de ti tan sabiamente para evitar desatarme... Yo soy una Tryllestav, la varita convertida en mujer.— se presentó, dicho esto, el rostro de Mørke se desencajó.— Pero no soy cualquier Tryllestav...— negó con la cabeza lentamente.— ¡YO SOY LA ESPADA DEL SEÑOR OSCURO!
Dicho esto, columnas de fuego salieron del suelo donde las brujas estaban, quemándolas hasta los huesos, en medio de gritos. Unicamente Mørke, Tålmodighet, Iris, Kaysa y Helga, la mas anciana de todas las brujas del aquelarre se salvaron del furioso fuego.
Terminó. Ni bien lo hizo, los huesos calcinados cayeron al suelo, repleto de sangre de dragón. Un cráneo le cayó a Snotlout cerca de los pies, asustado, y como pudo, lo pateó lejos.
— ¡ESTA TIERRA ME PERTENECE!— declaró la Tryllestav. Un ultimó rayo cayó frente a ella, sellando lo dicho. La joven bajó la cabeza, mientras lo hacia, el fuego en sus manos se extinguía conforme bajaba los brazos. Miró por unos segundos el entorno, seria otra vez, para luego volver a hablar.— ¡LEVÁNTENSE, DRAGONES!— ordenó, subiendo sus manos, como si con ese ademan, pudiera levantarlos. Acto seguido, los dragones se levantaron, volviendo de la muerte, sacudiendo sus cabezas o rascándose, como si despertasen de un profundo sueño. Toothless también lo hizo, perezosamente.— VUELEN ALTO, RESGUARDEN BERK...
Los dragones le hicieron caso, excepto Toothless, quien parecía mas bien preocupado por lo que estaba pasando, vio a Hiccup tirado en el suelo y corrió hasta él, gimiendo.
—VE, MADRE.— la Tryllestav señaló a Valka con ambas manos. Una vez esto pasó, las heridas de la mujer sanaron y sus ataduras desaparecieron.— Ve a llorarle a tu hijo.— le ordenó. Valka cayó al suelo, para después levantarse, medio sin saber que hacer, hasta que se decidió a correr hacía su hijo. Abrazó sus restos, mientras lloraba con suavidad y lo mecía, como si le arrullara.— ¡VIKINGOS, HOY CORREN CON SUERTE, QUIZÁ A LA PROXIMA NO PASE LO MISMO!— amenazó, bajando lentamente. Las ataduras de los vikingos se soltarón, haciéndolos caer.
La Tryllestav aún levitaba, pero en dirección a Mørke, quien respiraba con fuerza. Estuvieron frente a frente, la joven levitando y la mujer de rodillas, sosteniendo su mano todavía adolorida.
— Ella...— dijo la Tryllestav, pero Mørke no le entendió a la primera.— Este cuerpo, me esta pidiendo algo.— anunció, Mørke no respondió.— Me dice que te obligue a revivir a ese mortal, a mi guardián.— señaló en dirección a Hiccup, su madre llorando amargamente a su hijo de fondo, mientras los aldeanos que quedaban corrían a ver lo que le había pasado a su jefe.— Ahora.— dictaminó.
Mørke entornó los ojos.
— ¿No se supone que eres la Tryllestav? ¡Hazlo tú!
El rostro de su sobrina volvió a sonreír, perversa.
— No, no, ella quiere que lo hagas tú.— respondió, gozando el momento.— Lo quiere, y lo quiere... ¡AHORA!— le exigió, extendiendo una de sus manos. Mørke se llevó una de sus manos al cuello, mientras sentía algo elevándola mientras la estrangulara.— ¿ESTÁ CLARO? ¡REVIVE A ESE MORTAL!— y tan pronto la elevó, la arrojó al suelo.
Mørke tosió, jadeo en busca de aire, miró a lo que quedaba de su aquelarre, herida y humillada.
Las hogueras habían desaparecido, en su lugar, había un enorme circulo de tiza dibujado en el suelo, dentro de esta, dibujaron una estrella de cinco puntas, todas tocando el circulo. En medio, alguien colocó ropa del jefe de la isla, extendida, formando su silueta. Velas rodeaban el circulo Así como piedras.
Las brujas estaban en cada punta. La Tryllestav ocupaba la punta superior, todavía flotando.
— Empieza.— le ordenó a Mørke, empujándola. La mujer se dejó hacer.
— Sabuesos del Cielo, Sabuesos Del Infierno, Sabuesos De La Tierra, Guardianes De La Puerta.— llamó Mørke, abriendo sus brazos, con voz solemne.— Los llamamos para que nos ayudes a resucitar a este filii reprobi...
— Nos ivocare te, nos ivocare te...— dijeron todas al unisono, excepto la Tryllestav, que estaba atenta a sus palabras.— Nos ivocare te, nos ivocare te...
Se detuvieron al escuchar un ladrido, varios en realidad. Para el siguiente paso, debían abrir la "puerta".
— Nos inclinamos ante la Puerta que divide el Mundo de los Vivos del Mundo de los Muertos. Con humilde gratitud, pedimos que se abra. Aperit ianuam...
— Aperit ianuam, aperit ianuam, aperit ianuam, aperit ianuam...
Una ráfaga de viento atravesó la plaza, apagando las velas y asustando a Iris. La bruja anciana la reprendió.
Se escuchó el chillido de una puerta, todos contuvieron el aliento.
— Esta abierta.— anunció Mørke, volvió hacia la Tryllestav.— Es la ultima parte, viene el sacrificio, ¿a quién quieres sacrificar?
— A tí.— le respondió con simpleza. Mørke saltó de su lugar.— Eres la que lo mató, dos veces si mal no recuerdo. Es lo justo. Un alma por otra, tú tomarás su lugar en el infierno.— sentenció. De su mano, emergió una daga, Mørke negó con la cabeza.— ¡ESPIRITUS PROFANOS, TE OFRECEMOS UNA VIDA POR OTRA! Oh, poderoso señor oscuro, por quien todo veo arder a mi alrededor, que mi deseo sea tu voluntad, y que mi camino sea tu poder...— la tomó de los hombros, a su espalda, obligándola a quedarse quieta. Mørke lloriqueó.
— Astrid, estoy segura de que sigues ahí... Por favor, corderito, no hagas esto.
La Tryllestav sonrió. Colocó el filo sobre la garganta de la bruja y susurró en su oído, usando esta vez la voz de la dueña del cuerpo:
— Un día vas a entender que fue necesario.— repitió las palabras que le había dicho cuando le reveló que había asesinado a Hiccup por primera vez.— Que era algo que se debía hacer... Y me lo vas a agradecer.— finalizó antes de cortarle la garganta. Mørke cayó al suelo, desangrándose, la sangre manchó las ropas de Hiccup, tiñiendolas de un oscuro color rojo.— Los perros se invocaron, la puerta esta abierta, el precio de sangre está pagado, Hiccup Horrendous Haddock III, te suplicamos, levántate...
— Levántate, levántate, levántate...— repitieron todas al mismo tiempo.
— ¡LEVÁNTATE!
La brisa cesó. El cuerpo de Astrid mantenía la mirada fija al cielo nocturno, como si pudiese ver a través de la cúpula; se quedó inmóvil, sin respirar.
— ¿Ahora qué?— preguntó la bruja mas joven a la mas vieja en un susurro. La bruja mayor le miró como si le hubiera preguntado una estupidez.
— Esperamos treinta minutos, a que el alma de Mørke salga de su cuerpo.— explicó.
Valka, que seguía en la misma posición arrullando a su hijo, meciéndolo delicadamente. Gobber había sido quien recuperó la ropa de Hiccup para el ritual y justo ahora estaba detrás de Valka, mirando el ritual, Gothi estaba junto a él, impasible.
— ¿Qué sabias sobre esto?— le preguntó Gobber a Gothi. Esta solo le sonrió.— Es aterrador, ¿significa que Astrid esta muerta o algo así?
Gothi no respondió.
La Tryllestav empezó a levitar, alejándose cada vez mas del suelo, extendió la mano derecha al cielo, manteniendo la otra debajo, una luz blanca salió de su mano, elevándose al cielo. Cuando esta tocó la cúpula, inmediatamente esta se partió, como si se tratase de un cristal frágil, fragmentándose en extensos pedazos, dejando a la vista la luz de las estrellas y el cielo a punto de amanecer, teñido de malva.
Conforme los trozos se difuminaban con el cielo, los arboles se sacudieron levemente, sus hojas enverdecían de nuevo, y como si nada hubiese pasado, las flores florecían de nuevo; para sorpresa de Gobber y los demás vikingos, las cenizas de las casas se elevaban y convertidas en madera de nuevo, volvieron a acomodarse, dándole forma nuevamente a las casas. El Gran Salón se reconstruyó también, junto con los tapices y pinturas de los antiguos jefes, los libros y manuales de Hiccup, las ollas y los platos, las mesas estaban igual de gastadas que hacía una semana.
El tapiz de Stoick The Vast y su hijo volvió a estar presente en el Gran Salon.
Los dragones, quienes habían dado vueltas por todo Berk como locos, aterrizaron, corriendo hacía sus dueños. Toothless era el único que se había quedado en el suelo, cuidando a Hiccup.
— ¡Barf!— Ruffnut corrió a la cabeza de su respectivo dragón, con los brazos abiertos para abrazarle.
— ¡Blench!— exclamó a su vez su gemelo, de igual forma que su hermana.
Fishlegs hizo lo mismo con el Gronckle que había entrenado, le había agarrado un cariño especial a ese dragón que no había sido brusco a la hora de volar con él. Snotlout miró al Pesadilla Monstruosa, enojado.
— Oh, estas vivo, bien por ti.— le dijo con desagrado. El dragón rugió en respuesta.— Me alegro, que te mataran no fue justo.— agregó con timidez, el dragón acercó su hocico a Snotlout. Este suspiró y alargó su mano hacía el hocico del Pesadilla Monstruosa, tal y como Hiccup le había dicho.
Cuando su mano tocó la piel del dragón soltó un grito de jubilo.
— ¡Heeey! ¡Miren eso! ¡Toqué a este dragón y ahora somos...!— miró al dragón, sin saber con que palabra definir su relación.— ¿Qué somos, exactamente? ¿Soy como tu amo o algo así?— El dragón le gruñó de forma amenazante en respuesta. Snotlout puso sus manos frente a su cara, asustado.— De acuerdo, esta bien, seamos como amigos, ¿te parece?
Eret observaba a Astrid, quien seguía arriba, mirando fijamente al cielo, mientras reconstruía todo Berk y la curaba de toda la oscuridad. La interminable noche había terminado.
Las brujas ahí, hacían lo mismo, esperando. Conforme la luz del amanecer se apoderaba de la aldea, bañando las nuevas casas de tonos naranja, amarillo y purpura, ellas empezaron a desaparecer, quemándose lentamente, sin gritar, solo convirtiéndose en polvo. Una luz baño el cuerpo de la joven, fragmentándola, regresándola a la vida, sin pertenecer a la oscuridad o a la luz. Neutra.
Aunque la Tryllestav tenía ese origen oscuro, al ser magia pura, no podía aceptar traer a Astrid de vuelta siendo una bruja o una völva. Decidió concederle eso.
Mientras bajaba Astrid sintió que recuperaba el control, que nuevamente, sus pulmones eran suyos, que el corazón que latía, latía por ella y no por la magia. Pudo sentir sus costillas rotas volverse a juntar, como si nada hubiese pasado, lo mismo con su muñeca, la cual ya no estaba inflamada, justo ahora era móvil, como antes. Una vez ambos pies tocaron el suelo, parpadeó un par de veces, ajustando sus ojos a la luz creciente del amanecer.
Bajó su mano derecha, y la llevó a su abdomen, donde se localizaba una de las flechas. Jadeando de sorpresa, la extrajó de su cuerpo con brusquedad, lo mismo hizo cuando se topo con las otras. De su cuerpo no manó sangre y las flechas salían completamente limpias; reparó en sus muñecas, así como en sus manos: sus marcas habían cambiado, la izquierda había vuelto a ser oscura como la noche, pero la derecha resaltaba sus venas con un potente color blanco. No era lo único en ella que había cambiado, también lo habían hecho los iris de sus ojos, el izquierdo siendo de color azul ultramar, y el derecho de un brilloso azul celeste.
Miró a su alrededor, los vikingos la observaban, algunos con miedo y otros a la expectativa. A su espalda, estaba el cuerpo de Mørke, completamente muerto; Astrid recordaba poco, ver a su tía así hizo que su corazón se apretara un poco.
La había criado después de todo. Además, su muerte daría paso a una vida nueva, ¿no?
— ¡Está respirando!— exclamó Valka de improviso, viendo como el pecho de su hijo volvía a subir y a bajar, con un ritmo regular. Astrid la escuchó y sintió que las mejillas se contraían en una sonrisa.
— ¡Hiccup!— exclamó, para después correr en su dirección.
Toothless dio un salto y gorjeo en su dirección, observando como el castaño parecía despertar. Valka soltó unas lagrimas de felicidad.
Finalmente, Hiccup abrió los ojos, lentamente y sin abrirlos completamente, vio brevemente a Toothless y luego a su madre. Le sonrió a ambos como pudo, estaba cansado, tenía fiebre y le dolía todo el pecho.
Sus heridas desaparecían, curándose superficialmente.
— Hola... mamá.— dijo en voz baja, haciendo esfuerzo para hablar. Esta sollozó en respuesta, abrazándolo.— Volví... el infierno es... horrible.— dijo medio bromeando. En realidad, si había estado un breve tiempo ahí, no recordaba mucho, y no quería hacerlo en ese momento.— Hola, Toothless.— saludó al dragón, quien estaba tan emocionado que sacó la lengua para lamerle la cara.— Ew... ¿así... de asquerosos... eramos?— le preguntó.
Astrid se arrodilló junto a él, Hiccup reparó en Astrid y ensanchó su sonrisa.
— Hola Astrid, hola Astrid, hola Astrid.— la saludó, la fiebre atontaba su mente, pero a ella no le importaba demasiado.
— Hola, Hiccup.— le saludó.— No te esfuerces, debes descansar, no cualquiera vuelve de la muerte dos veces.
Hiccup hizo una mueca.
— Ya sé, ya sé...— farfulló, Astrid negó con la cabeza, mirándolo con dulzura.— Oye... espera un... minuto... tus ojos cambiaron.— señaló el castaño, Astrid, quien no se había dado cuenta aún, parpadeo confundida.— Y tu cabello... Creo que me gusta mas así. No, de hecho no, solo me gustas y ya. Sí, me gustas, me gustas mucho...— admitió con una sonrisa boba, antes de cerrar los ojos y dormir. Astrid colocó uno de sus mechones rubios detrás de la oreja, halagada.
Valka le tomó del hombro, sonriendo entre lagrimas de felicidad.
— Gracias.— susurró, Astrid asintió.— Gracias por traerlo de vuelta.
— No hay de qué.— repuso ella.
— Bueno, la mayor parte de él.— señaló Gobber, mirando la pierna izquierda del muchacho. Astrid y Valka le miraron con el ceño fruncido. Astrid siguió la mirada de Gobber, observando el horrible estado de la pierna de Hiccup.
— Creo que puedo ayudar con eso.— aseguró Astrid, antes de morderse el labio inferior.
FIN.
Aveda? Jajaja, no se crean, falta el epilogo. Lo publico la siguiente semana o en estos días.
Todavía hay dudas que resolver, no los voy a dejar así xd
