VIII
Los días se sucedieron según avanzaban por la Ruta Jacobea, mientras el paisaje, cambiante y diverso como las mismas gentes que encontraban, no dejaba de sorprenderle. Hermosos burgos medievales, llanuras fértiles bañadas por los ríos, viñedos y olivares que se extendían hasta donde la vista podía alcanzar.... Mientras sus compañeros de viaje muggles marchaban cada vez más silentes, debido seguramente a que empezaban a resentirse de las posaderas, Cadmus habló mucho con Martín. Por él supo que recorrían lo que llamaban el Camino Francés, por el interior, pero que existía otra ruta más al norte, por la costa. Supo también que el soldado acudía a la boda de su hermana Beatriz, la bruja, que se iba a celebrar en Compostela. Para su asombro, estaba muy, pero que muy bien relacionado con la comunidad mágica, y allí donde iba los encontraba con facilidad y le trataban amablemente, y eso a pesar de su condición de squib. Cadmus se preguntó si sería que, en aquel Reino minúsculo pero sorprendentemente bien conectado con los poderosos vecinos, era la costumbre, o por alguna razón era un privilegio del enorme navarro. El caso es que los contactos de Martín le permitieron preguntar a muchos magos y brujas sobre el objeto de su búsqueda, aunque sólo consiguió que le mostraran algunos amuletos de azabache y la opinión unánime de que los mejores magos talladores estaban en Compostela.
Le llamó poderosamente la atención las varas de aquellos magos. Estaban tan poco trabajadas externamente que parecían ramas directamente arrancadas de los árboles, y parecían muy frágiles. En comparación, su varita de fresno con núcleo de nervios de corazón de dragón, adquirida en Londres en la tienda de Ollivander, el milenario proveedor, era un prodigio de resistencia y belleza. Preguntó a Martín al respecto.
- No soy un experto en el tema. Solo te puedo decir que los niños reciben su primera varita a los siete años. Son varitas infantiles, pequeñas y con poca capacidad mágica. Según crecen, van necesitando varitas más poderosas.
Al final de la primera semana se encontraron entrando en el Reino de Castilla. Pasaron tranquilamente las aduanas castellanas cuando Martín mostró unas credenciales y abonó las tasas. Ese mismo día pernoctarían en Logroño.
Logroño, la segunda gran ciudad del Camino Francés, les recibió tras su Puente de Piedra sobre el caudaloso río Ebro. Allí, por primera vez, tomaría contacto con magos de otras Tradiciones. Fue en una plazoleta detrás de una iglesia llamada de Santiago, en la que localizó a un grupo de magos que jugaban en un tablero a la oca, rodeados de chiquillos apretujados en torno a ellos. Observó sorprendido que los niños permanecían en silencio mientras contemplaban la partida. La mayoría eran niños muggles, y curiosamente los había de las tres comunidades religiosas, mezclados indistintamente. De pronto, una mujer vestida con ropajes musulmanes gritó algo ininteligible y el corrillo de niños se dispersó sin que los magos se inmutaran. Seguían jugando una partida que parecía eterna y solamente quedaba él como observador.
Por fin, las fichas fueron entrando en la última casilla. Se trataba de un hermoso y colorido dibujo de un jardín con un estanque, donde las ocas correteaban, aleteaban y nadaban de manera caótica. El mago más anciano, que no había sido el que había metido su ficha primero, levantó la vista y le saludó en un latín correcto, mientras los demás recogían el juego.
- Buenas tardes. ¿Vienes de muy lejos, hermano?
- De la mayor de las islas británicas. Me llamo Cadmus, Cadmus Peverell. Recorro el camino hasta Compostela.
- Bienvenido a Logroño, Cadmus Peverell. Yo soy Fernando de Haro, y mis compañeros de partida son Mohamed Niangadou, Benjamín de Toledo y Vicente de Mena. ¿Aceptarías tomar algo con nosotros?
- Sois muy amables, gracias. Logroño es una hermosa ciudad.
- Hermosa, sí. Y de buen yantar.- dijo el que se llamaba Vicente.
- Y beber, aunque esté mal que yo lo diga.- añadió Mohamed con una risita.
- Acompáñanos, pues. En mi casa estaremos más tranquilos y podrás comer y beber.
Cadmus agradeció tanta hospitalidad. Callejearon hasta una casona de piedra, con un escudo en lo alto del portón, que se abrió solo a un toque de varita de Fernando de Haro.
- Si necesitas alojamiento, puedes quedarte aquí. Mis hijos están fuera, y hay sitio de sobra. El trasgo puede prepararte un cuarto.
- Gracias. Formo parte de un grupo organizado, dirigido por un soldado navarro del vizconde de Baygorri. Tal vez sepas de quién hablo.
- Por aquí pasa mucha gente.
- Es un... ¿cómo se dice?...¿NoMago?
- Un NoMago, sí.
- Muy grande, más de dos metros.
- No se. ¿Vosotros lo conocéis?
- Debe tratarse del hermano de Beatriz de Baygorri.- dijo Vicente.
- ¡Ah! ¡Sí!, Beatriz. Olvidaba que tenía un hermano. ¿Y dices que mide más de dos metros? Entonces, si lo veo por Logroño, lo reconoceré seguro.- dijo risueño Fernando.- El mago chasqueó los dedos y una criatura muy parecida a un elfo doméstico vestida de rojo chillón se apareció causando bastante ruido.
- Chisco, por favor, ¿puedes traernos algo de comer y de beber?
El elfo, o lo que fuera, asintió con la cabeza y desapareció sin decir ni una palabra mientras los magos se sentaban alrededor de una mesa redonda. Al poco regresó acompañado de una jarra de vino, copas, vajilla, un queso y otras fuentes de viandas que le seguían flotando dócilmente por el aire. La criatura, sin decir palabra, señaló el tablero de la mesa y enseres y alimentos se posaron obedientemente.
- Gracias.- dijeron los cuatro magos al unísono. La criatura se inclinó y desapareció de la misma manera ruidosa con la que se había corporeizado antes.
- Bien, amigo. ¿Encuentras lo que buscas en el Camino?.- preguntó Vicente.
- En realidad, no. Voy buscando información sobre un caldero mágico hecho de piedra. Pienso que es posible que fuera de azabache.- dijo Cadmus.
- Aquí, nuestro amigo Benjamín es el que más entiende de piedras mágicas. De hecho, en su familia hay muchos orfebres de gran prestigio.
Cadmus se sorprendió. En Inglaterra la orfebrería de calidad estaba en manos de goblins.
- El azabache o Succinum Nigrum, el ámbar negro.- dijo el mago hebreo.- Es un carbón mineral, negro como la noche y poderosamente mágico. Lo llaman el Talismán del Camino o el Protector del Peregrino. Anula el mal de ojo, ahuyenta la mirada del basilisco y cura las enfermedades de la vista. El mejor del mundo se obtiene en Cudillero, en Asturias. Y los mejores magos talladores están en Compostela. Hay una Calle de Azabacheros en la villa...aunque pocos, muy pocos, son realmente magos. Los Freixo son los mejores talladores desde hace generaciones.
- Se trata de un caldero fabricado hace muchos siglos, que proporcionaba un bebedizo que curaba las heridas y alimentaba a cualquiera.- añadió.- El noble del que dependo no me dejará volver a Inglaterra sin información fidedigna sobre el caldero.
- ¡Ah! Los gobernantes...¡Siempre queriendo comprometer la vida de los magos....!.- dijo Mohamed.
- Este en particular tiene buenos apoyos en el mundo mágico.- La imagen de Mortimer y de su grupo de leales Slytherins vino por un momento a visitar la mente de Cadmus, y su semblante se ensombreció.
- Se parece al Grial.- dijo Fernando intentando animarle.
- No lo había pensado. Pero ciertamente, tiene propiedades comunes con lo que llaman el Santo Grial. Según me dijeron, una bruja llamada Senlas, procedente de un lugar llamado Murias lo llevó a la menor de las islas británicas hace muchos siglos.
- Murias es una villa de Asturias.- dijo Mohamed.- No es un lugar que produzca la Piedra Negra, pero ahora que lo dices existe una vieja leyenda que cuenta que, antes de que Roma siquiera existiese, maestros azabacheros gallegos tallaron por encargo de un caudillo astur un cuenco en una piedra de singulares propiedades, y lo hechizaron siguiendo arcanos procesos alquímicos. El caudillo emprendió un viaje de conquista hacia el norte, por el mar, llevándoselo consigo.
- ¡Ese cuenco podría ser el caldero del que me hablaron!- exclamó Cadmus excitado.
- Vaya, Mohamed. Me sorprendes. Una leyenda de astures anterior a Roma...
- Es que yo soy un mago curioso, Vicente, no como tu, que solo piensas en comer y beber.- El tal Vicente, que tenía entre manos un enorme pedazo de queso, se echó a reir.
- Pero ni siquiera sabemos si la historia es verdad.- intervino Fernando.
- Es posible que el caldero fuera destruido. Reducido a polvo...- insinuó Cadmus.
- Interesante.- dijo de pronto Benjamín.- Una piedra de semejantes características, si existiera y fuera destruida dejaría un polvo embrujado. Seguramente se resistiría a dispersarse. Yo consideraría también la búsqueda de una especie de cortina negra, pero hecha de polvo, claro. Y tendría cuidado. Los objetos con propiedades, digamos, griálicas, suelen abrir pasos entre los mundos.
- ¿Pasos entre los mundos?
- Si yo fuera trovador, me inventaría una historia en la que las huestes del guerrero astur colgaran el velo de un arco de piedra y pasaran a través del mismo al mundo de los muertos, antes de rendirse al enemigo.- dijo Mohamed.
- ¡Como Numancia con los romanos!.- dijo Vicente.
- ¡Como Numancia!.- corearon los otros tres magos.
La velada transcurrió, entre bromas y risas, hasta bien tarde. Cadmus dejó la casa de Fernando de Haro más animado. En parte por el excelente vino, y en parte porque se abrían nuevas perspectivas. Tal vez pudiera, disimuladamente, hacer una visita a Murias. En cualquier caso, la imagen de Santiago de Compostela, por primera vez, provocó expectación en su ánimo.
Notas Varias:
- Lo que se dice del azabache, como talismán apreciado en la edad media y que se adquiría en Compostela, es verdad. También lo es que uno de los mejores del mundo se obtiene en Cudillero y que hay una localidad asturiana con el nombre de Murias.
- Chisco es un trasgo, una variedad local de elfo doméstico, aunque mucho más rebelde. Si se le trata mal, se enfadará mucho, muchísimo, llegando a volverse molesto. Entonces habría que deshacerse de él ordenándole una tarea imposible, como convertir una piel de oveja negra en blanca a base de lavarla. Como se observa, lo de la ropa no funciona con los trasgos.
- En Logroño, delante de una iglesia, hay un enorme juego de la oca en losetas en el suelo. Se ha dicho que el juego representa un viaje parecido al que hace el peregrino por el Camino y que tiene múltiples significados esotéricos.
- Si, si. Aquí anda suelta una posible explicación de cierto velo que cuelga de un arco de piedra desde tiempo inmemorial en el Ministerio de Magia, en Londres...
¡Qué sociable y amable es esta gente! Voy a tener que pensar en algún mago borde...
See you soon.
